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¿Sabes qué son los derechos fundamentales?, ¿cuáles son?, ¿cómo se regulan y garantiza su cumplimiento? Comprender su naturaleza, alcance e importancia es clave para fortalecer la convivencia, la justicia y el respeto mutuo en nuestra sociedad contemporánea. Hoy en Ratio Legis, trataremos de aproximar al lector a cuestiones capitales de los mismos de manera informal, breve y sencilla,fomentando el conocimiento e interés de esta rama del Derecho Constitucional.
¿Qué son los derechos fundamentales y en qué se diferencian de un derecho general?
Un derecho es una facultad otorgada por el ordenamiento jurídico a un sujeto, con el fin de que este pueda exigir a terceros el cumplimiento de determinados deberes. En el caso de los Derechos Fundamentales (DDFF, en adelante) ese apoderamiento lo otorga la Constitución (la norma suprema o ley de leyes).
¿Quiénes son los sujetos de los derechos fundamentales?
Los sujetos de los Derechos Fundamentales son todas las personas que tengan residencia en el territorio español (no solo quienes poseen la nacionalidad). Sin embargo, la Constitución, las leyes y los Tratados Internacionales pueden determinar la subjetividad de los derechos; por ejemplo, el voto en las elecciones generales o autonómicas, que sólo está atribuido a los ciudadanos mayores de dieciocho años y que ostenten la nacionalidad española.
¿Es lo mismo un DF que un derecho humano?
No. Los Derechos Humanos son demandas morales derivadas de la dignidad humana. Pertenecen a todo el género humano. Los Derechos Humanos pasan a ser de índole fundamental cuando son reconocidos por la Constitución.
Entonces, ¿todos los derechos reconocidos en la Constitución son derechos fundamentales?
Tampoco. Los DDFF son aquellos reconocidos en la Sección Primera del Capítulo II del Título I de la Constitución, es decir, los contemplados entre los artículos 14 y 29 (ambos inclusive), añadiendo la objeción de conciencia al servicio militar regulada en el artículo 30. Entre ellos, destacan, el derecho a la igualdad, a la vida, al honor e intimidad, a la expresión, al voto, a la tutela judicial efectiva, a la educación, etc. No obstante, el resto de los derechos reconocidos por nuestra Carta Magna, reciben el nombre de derechos programáticos. Se trata de un conjunto de prestaciones que el Estado debe promover e intentar garantizar a los ciudadanos, pero que no son jurídicamente reclamables ante los Tribunales (como el derecho a la vivienda regulado en el artículo 47.
¿Cuáles son las vías legales en caso de vulneración de estos derechos?
En primer lugar, los jueces ordinarios son los encargados, en primera instancia, de garantizar los derechos fundamentales de la CE 1978. No obstante, si no conseguimos una sentencia condenatoria o el fallo de la misma no nos convence, podemos apelar a instancias superiores hasta llegar al Tribunal Supremo. Una vez allí, si todavía no estamos satisfechos con la resolución judicial, podremos acudir al Tribunal Constitucional a través del recurso de amparo -sí, has leído bien, Amparo no es una persona-.
Este recurso encuentra su fundamento – según la LO 6/2007 – en: “garantizar la interpretación de la Constitución (…) y para la determinación del contenido y alcance de los derechos fundamentales”. Por lo que, si el recurso no cumple con esta condición o alguna de otras expuestas en la ley o en cualesquiera de las sentencias del Tribunal Constitucional (TC), nos tendremos que conformar con la sentencia del alto Tribunal español (el TS).
¿Tienen relación los derechos fundamentales con los principios del estado?
Los DDFF están profundamente vinculados y encuentran su fundamento en los siguientes principios:
El principio del Estado de Derecho implica que, con respecto a los derechos fundamentales, se refuerza la tutela judicial, se controla la actividad de los poderes públicos contraria a los derechos y se dota a los mismos de un conjunto de garantías generales y particulares.
El principio democrático se basa en la capacidad de autodeterminación (libertad para decidir) individual y colectiva, lo que obliga a instaurar un sistema de derechos especialmente atento a la participación de los ciudadanos. Los derechos implican, como fragmentos de soberanía, límites a la democracia absoluta.
El principio del Estado social obliga a todos los poderes públicos a luchar en favor de un orden socialmente justo. Su objetivo fundamental es la consecución de una mayor igualdad material entre los ciudadanos, garantizando que sus necesidades básicas resulten cubiertas.
Esperemos que la explicación haya sido de vuestro interés. Hemos intentado sintetizarlo al máximo para favorecer la comprensión. Cualquier duda que tengáis, consultarnos por RRSS ¡Hasta la próxima entrega!
Qué mejor plan que comentar un domingo por la tarde un peliculón como es Silencio de Martin Scorsese, de la mano de 14 elus, Inés Pastor y el Padre Pou.
Así comenzó el primer cinefórum de la nueva iniciativa El Contrafuerte, creada por Juan Cava, Colate, Inés Pastor y Lucía Ciprés como soporte para indagar en el mundo de las artes y la cultura.
Nos reunimos por videollamada y, a pesar de las ganas de juntarnos cara a cara, las pantallas no fueron impedimento para compartir las preguntas que suscitó la película sobre la fe y el silencio. Elegimos este tema para calentar motores de cara al próximo fin de semana de la ELU, aprovechando la profundidad que ofrece la pieza de Scorsese.
Basada en la novela de Shusaku Endo, la historia narra el viaje de los padres Rodrigues y Garupe al Japón de la segunda mitad del siglo XVII, que prohibió el cristianismo. Allí descubren que los cristianos eran perseguidos y obligados a realizar el fumie —pisar una imagen sagrada— para demostrar públicamente que habían renunciado a su fe, bajo amenaza de terribles torturas para ellos y para sus comunidades.
El objetivo del gobierno japonés no era solo ejecutar a los cristianos, sino quebrar la voluntad de los sacerdotes y forzar su apostasía para demostrar la “superioridad” de su cultura sobre la fe extranjera.
Cada uno compartió qué había removido la película en su interior: ¿Por qué Dios calla en estas situaciones? ¿Cómo lo encontramos en el silencio, en la clandestinidad? ¿Está de verdad ahí? El Padre Pou nos brindó su reflexión para profundizar en estas cuestiones y arrojar luz sobre las dudas iniciales.
Analizamos la evolución del Padre Rodrigues, un misionero que personifica la entrega absoluta frente al sufrimiento de los campesinos y que encuentra las respuestas de Dios ante tanto dolor en la fe de los humildes. Su camino nos muestra un dilema más duro: su apostasía para evitar el dolor de su comunidad.
Frente a él, la figura deKichijironos puso ante el espejo de nuestra propia fragilidad. Capturado una y otra vez, elige renunciar a su fe para salvar su vida —incluso a costa de abandonar a su familia—, para volver recurrentemente a los pies de Dios a pedir perdón. Su figura nos hizo preguntarnos: ¿quiénes seríamos nosotros en su lugar? ¿Es el perdón de Dios una fuente inagotable, incluso para el que traiciona frecuentemente por miedo?
El debate sobre la coherencia fue intenso: ¿es legítimo apostatar? ¿Puede ser la fe verdadera si solo se lleva por dentro? Cerramos cuestionando si el cristianismo es una verdad universal o si, como apunta el inquisidor en el filme, a veces se intenta plantar semillas en un “pantano” donde las raíces no pueden prosperar, tal y como argumentaba el inquisidor en la pieza.
Nos fuimos con más preguntas que respuestas, pero con la certeza de que El Contrafuerte ha nacido para sostener grandes cuestiones. Gracias al Padre Pou por ayudarnos a inaugurar este espacio por todo lo alto y a cada elu por regalarnos su tiempo y su mirada.
Queda poco para la próxima película… y tú, ¿te apuntas a buscar respuestas con nosotros?
Queridos elus, me hace especial ilusión publicar mi fragmento de experiencia respecto a mi Erasmus. Cierto es que lo traigo al mundo prácticamente cuando mi movilidad ha llegado a su fin, pero es síntoma de mi condición de procrastinador nato. No obstante, es este el punto en el que puedo aportar cierta perspectiva a la experiencia que he tenido la fortuna de vivir, con el fin de no hablar de qué he estado haciendo este Erasmus, sino de quién he podido llegar a ser.
Para quien tenga la suerte de no conocerme todavía, soy Nicolás Santana Tristancho, pero mejor dejémoslo en Colate, y estudio 3º de Ingeniería Aeroespacial en la Universidad Carlos III de Madrid. De la misma manera, curso 3º de la ELU, con mucho más disfrute y menos sufrimiento, no cabe duda. El año pasado tuve la suerte de recibir la oportunidad de estudiar el primer cuatrimestre de este curso en la longeva y prestigiosa Universidad de Bolonia, pasando a ser uno de los miles de alumnos que han vivido entre las murallas de esta curiosa ciudad que alberga una de las primeras universidades de la historia.
Cuando llegas a una ciudad que es completamente novedosa para ti, existen unos días innegables de transición de turista a, como nos gusta a nosotros, peregrinos. Debemos andar unos días de puntillas antes de aprender a correr como es debido, y esto, en la gran mayoría de los casos, nos lleva a adentrarnos en uno de los mayores inventos de la posmodernidad: los free-tours. Si alguna vez tienen la suerte de poder visitar esta Salamanca Psicodélica, verán como la forma más común de turistear por las calles de la ciudad italiana es siguiendo los famosos7 secretos de la ciudad de Bolonia. Cierto es que son curiosos, llamativos, víctimas de numerosas historias de Instagram, y te pueden sacar alguna carcajada, pero estos meses entre las torres boloñesas me han convertido en un verdadero entendido de la ciudad. Por ello, queridos amigos, me siento afortunado de poder compartir con ustedes los verdaderos secretos de un Erasmus en Bolonia.
El primer secreto que descubrí en esta ciudad es que no existe mejor carta de bienvenida que ser tu mismo. En un destino como este, miles de alumnos llegan cada año con ganas de vivir un Erasmus en el que hacer amigos de verdad. No obstante, el ritmo a seguir es acelerado, los planes abundan y es fácil sentir que uno se queda atrás. Recuerdo mi llegada como un auténtico frenesí, donde el “FOMO” te presiona a querer estar en todos lados y no perderte ningún momento ni persona. En esta situación, no es raro dejarse llevar y amoldar por el primer grupo que te encuentre para saciar esta necesidad y cubrir la inseguridad que plantea el encontrarse solo. En ese momento, Bolonia te muestra este secreto para que no olvides que ser tu mismo plantea también un filtro.
Mostrarte tal como eres otorga la seguridad de que la gente te aceptará por nada más que por ello, resultando enrelaciones mucho más fructíferas y reales. En mi caso, ha resultado en un gran grupo de amigos que han sido mi esencial compañía durante estos meses, además de ser la razón de mis mayores experiencias y enseñanzas de la movilidad. Gracias a este secreto, tengo claro que no termina aquí, y que han venido para quedarse.
La aparición de estas personas me llevó a conocer el segundo secreto, que formularé en palabras de Herman Hesse en su obra Demian: “Uno nunca llega a casa, pero donde quiera que se crucen caminos amistosos, todo el mundo parece estar en casa por un tiempo.” Al llegar a esta ciudad desconocida, me sentí fuera de lugar. Diferente cultura, modales, comida, idioma, ambiente… Mi cuarto volvía a cambiar, y no se sentía mi casa aunque lo llenara de mi decoración.
Sin embargo, de un momento a otro, recuerdo volver a sentir el calor del hogar al pisar mi residencia. Recuerdo volver a sentir la hospitalidad y la seguridad de entrar por las puertas de mi casa en Las Palmas de Gran Canaria. En efecto, cualquier casa se convierte en hogar cuando, de pronto, hay alguien en ella que te espera. De un momento a otro, pisar mi residencia significaba volver a ver a personas interesadas en mi día, mis decisiones y mi estado. Significaba encontrar a personas que consideraban que los momentos por vivir mejoraban si yo era parte de ellos. Por supuesto, esto es más que recíproco. Y lo mejor, es que no solo Bolonia pasó a ser una ciudad iluminada por el calor del hogar, sino que simultáneamente, Valladolid, San Sebastián, Albacete, Málaga, Barcelona y Arévalo sufrían el mismo cambio a la distancia, pues se que siempre tendré amigos esperándome en ellas.
Como buen Erasmus, una de las primeras cosas que hicimos al juntarnos fue llenar el calendario de viajes. Siempre que el dinero dé y el tiempo acompañe, es bueno recordar el tercer secreto de esta ciudad: viajar no está sobrevalorado. Recomiendo encarecidamente a todo aquel que se disponga a hacer su Erasmus que saque su espíritu más aventurero y salte a encontrarse de cara con lugares nuevos con la mayor frecuencia posible. Siento que emplear un tiempo de tu vida en esto es una enseñanza llena de valor donde, no solo conoces los alrededores del mundo, su historia, cultura y arte, sino también atraviesas una prueba para conocerte y entenderte a ti mismo. Es un ejercicio de culturización y refinamiento del pensamiento y gusto crítico donde uno puede analizar sus conductas cotidianas y entender qué debemos mejorar en base a culturas ajenas. No es cambiar el escenario de tu vida, tal y como la conoces, a otro donde harás lo mismo, sino que, con la actitud adecuada, puede constituir una embarcación junto a tus amigos para integrarte en la naturaleza o el ambiente de una población ajena a la tuya. De esta manera, uno involuntariamente abre su corazón y su alma, predisponiéndose a que ocurran cosas maravillosas.
En línea de conocerse a uno mismo, el Erasmus me ha servido para ralentizar el ritmo que llevo en mi rutina universitaria y desactivar el piloto automático de la vida cotidiana. Esto me ha hecho replantearme mi futuro, tanto laboral como vital, pues aún siendo muy joven, ya no sirve hablar de mis deseos para “cuando sea mayor…”. Decía Martín Tami en un encuentro de Filosofía de Bar que con 10 años se le cayeron los dientes, con 20 perdió parte de la vista, y con 30 aparecieron las canas, y solo eran señales de que la vida se estaba poniendo interesante. De esta manera, siento que, a cada año que pasa, más se acercan todas esas cosas que tanto anhelaba ser cuando era un niño, pero del mismo modo, soy cada vez más responsable de poner la carne en el asador para que eso ocurra.
Así, Timothée Chalamet me hizo ver el siguiente secreto de Bolonia cuando dijo en una entrevista (y cito preservando el idioma, pues disfruto de la sonoridad de la frase de este modo): “You can be the master of your fate, you can be the captain of your soul, but you have to realize that life is coming from not and not at you, and that takes time…”. Esta respuesta del actor a Invictus, el poema de William Ernest Henley, resultó ser, para mí, un llamamiento a no desperdiciar el presente para cumplir con el futuro que quiero llegar a merecerme. Es ahora el momento de lanzarme a perseguir mis ambiciones y pasiones para convertir el potencial —que no es más que la el posible resultado de emplear tus capacidades— en realidades que transformen mi vida y la de los demás para bien. En este sentido, el Erasmus ha cumplido su función de cambio de aires y “reset”, trayendo consigo este golpe de realidad que me ha incitado a retomar mi vida cotidiana con ilusión de lanzarme a soñar, trabajar, y no temer la posibilidad de encontrar fracasos por el camino.
Por último, quisiera compartir un secreto de esta ciudad que ha traído consigo numerosos momentos icónicos. En este caso, se trata de un lugar que se convirtió en cierta manera también en nuestro hogar. Como estudiante, existen veces donde el tiempo o el dinero no dan para terminar un largo y provechoso día con el bocado más placentero. Así, cuando esto ocurría, nuestra segunda madre nos acogía en el local de Pizzacasa, donde por tan solo 3 euros, se nos ofrecía la oportunidad de disfrutar en una de las plazas más icónicas de la ciudad de una pizza margarita que, fuera de tratar de ser gourmet, cumple con su carácter napolitano, un sabor a la altura, y siempre trae consigo una historia que contar. Los entendidos cuentan que el euro extra por añadirle jamón es la definición de rentabilidad.
Con esto, concluyo lo que pretende ser un resumen de las experiencias y enseñanzas vitales que me llevo tras haber vivido estos meses en la vieja Bolonia. Y lo especial es que miles de estudiantes antes de mí se llevaron las suyas, pues la magia de esta ciudad está en que las personas vienen a estudiar lo que les gusta, y se van sabiendo quién quieren ser. Se van siendo verdaderos universitarios.
Llegué a Australia a finales de agosto, cuando el verano empezaba a asomar tímidamente, y me fui justo antes de Navidad, cuando todo parecía estar en su mejor momento. Tal vez por eso cuesta todavía más explicar lo que fue: porque no tuvo un principio claro ni un final rotundo, sino más bien la sensación constante de estar viviendo una de esas vidas posibles de las que hablaba Sabina en El pirata cojo. Esa idea de que no vivimos una sola vida, sino muchas versiones de nosotros mismos, algunas elegidas y otras que simplemente llegan a ti.
Australia es un país que sabe vivir. No en el sentido superficial de la palabra, sino en ese equilibrio extraño y admirable entre hacer muchas cosas y no vivir estresado por ninguna. Allí la gente estudia, trabaja, surfea, viaja, queda con amigos y, aun así, parece llegar a todo con una calma envidiable. La calidad de vida no es un eslogan: se respira. Es un país que te recibe, que te lo pone fácil, que no te exige demostrar quién eres para darte un sitio. Simplemente llegas, y con eso ya es suficiente.
Esa forma de entender la vida se notaba también en la universidad. La University of New South Wales era enorme y muy moderna, ¡a ratos casi demasiado! El campus parecía una pequeña ciudad: edificios nuevos, zonas verdes, cafeterías siempre llenas y gente yendo de un lado a otro con calma, como si no tuvieran prisa por llegar. Las clases eran muy prácticas y los profesores, cercanos y accesibles, siempre dispuestos a escucharte y a plantearte las cosas desde otro punto de vista. No sentías que fueras solo a estudiar, sino a aprender a mirar mejor.
Sídney, en concreto, es una ciudad profundamente multicultural, llena de personas que no quieren estar en ningún otro lugar. Gente de todas partes del mundo que, por razones muy distintas, ha decidido quedarse. Tal vez por eso se siente tan viva: porque está hecha de elecciones conscientes.
Yo vivía en una casa con 33 personas jóvenes, de todos los rincones del planeta. Llegué más tarde que el resto, cuando los grupos ya parecían formados, pero aun así me sentí bienvenida desde el primer momento. Como en casa. Martes de trivial, karaokes improvisados, muchísima playa, fiestas, beerpong y esa sensación de que siempre había alguien dispuesto a compartir tiempo, historias o silencios.
Cuando Joaquín, mi novio y estudiante de cuarto en la ELU, vino a verme a finales de septiembre, entendí hasta qué punto esta red humana lo atravesaba todo. No sabía muy bien por dónde empezar a enseñarle la ciudad ni cómo explicarle la rutina que a mí tanto me llenaba, así que hicimos lo único que tenía sentido: vivirla. Y juntos recorrimos Sídney de arriba abajo, como si la ciudad también se dejara conocer mejor cuando se comparte: miradores, paseos interminables y planes sencillos que acababan siendo memorables.
Viajar con amigos fue una prolongación natural de esa forma de vivir. Los destinos importaban menos que la compañía, aunque algunos se quedaran grabados para siempre: Fiyi, uno de los lugares que más me han impresionado nunca; Nueva Zelanda; varios road trips improvisados. Salté en paracaídas (mejor pedir perdón que permiso, sobre todo cuando se trata de padres…) y entendí que hay experiencias que solo tienen sentido cuando se viven sin pensarlas demasiado. Descubrí, casi sin querer, que vivir dentro de un coche puede ser el planazo del siglo: dormir donde te pilla la noche, despertarte frente al mar e improvisar constantemente. Una libertad tan básica que casi se olvida que existe.
Australia ha sido, sin duda, junto con el viaje de Becas Europa, una de las experiencias que más me ha ayudado a encontrarme. A entender quién soy cuando no tengo referencias, cuando nadie me conoce de antes, cuando todo está por construir. Y, sin embargo, me costaría verme viviendo allí indefinidamente. Muchos de mis amigos planean volver y establecerse, y lo entiendo perfectamente. Es difícil no verse a uno mismo feliz construyendo una vida allí. Pero hay algo en mí que no sabría dejar de mirar hacia casa, hacia mi familia, hacia mis amigos de siempre.
Y no es una contradicción. No le resta nada a lo vivido ni a lo increíble que para mi ha sido vivir allí. Al contrario: quizá lo hace aún más valioso. Porque hay lugares maravillosos para quedarse, pero también hay algo profundamente bonito en tener un sitio al que volver. En saber que puedes vivir muchas vidas, sin necesidad de renunciar del todo a la que te espera al otro lado del mundo, cuando te toca volver a tu realidad.
Cuando intentamos explicar lo que entendemos por justicia, nos sucede algo similar a lo que narraba San Agustín en sus Confesiones en relación al concepto de tiempo: “¿Qué es, pues, el tiempo? Si nadie me lo pregunta, lo sé; pero si quiero explicárselo al que me lo pregunta, no lo sé”. Aun así, debemos intentar aproximarnos lo máximo posible a este concepto, dada su importancia para el Derecho y para la sociedad en su conjunto. Sin justicia no hay Derecho, o al menos, no debería haberlo.
Una primera vía de aproximación a la justicia puede realizarse a través de la filosofía, que concibe la justicia como virtud. Mientras que para Platón, la justicia es aquella virtud que ordena las virtudes de la sabiduría, la fortaleza y la templanza, para Aristóteles, la justicia está intrínsecamente relacionada con la equidad, pues permite corregir los sinsabores de la desigualdad. En el caso del Derecho Romano, la justicia consiste en “sum cuique tribuere”, es decir, en dar a cada uno lo suyo. El cristianismo diferencia la justicia humana, siempre imperfecta, de la justicia divina, la única que puede dar a cada uno realmente lo que merece.
Toda esta herencia filosófica ha cristalizado en el Derecho, que concibe la justicia como un valor superior de nuestro ordenamiento jurídico. El artículo 1.1 de nuestra Constitución proclama: “España se constituye en un Estado social y democrático de Derecho, que propugna como valores superiores de su ordenamiento jurídico la libertad, la justicia, la igualdad y el pluralismo político”. No es el único instrumento jurídico que la menciona, pues también lo hacen la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948, el Tratado de Funcionamiento de la UE y el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos de 1966.
De lo anterior quizás podríamos deducir que la Justicia es uno de esos conceptos que no puede definirse sin hacer referencia a otros conceptos que paradójicamente también necesitarían ser definidos: libertad, igualdad, Estado de Derecho, democracia…
O quizás, ante la vorágine de acontecimientos del mundo, es natural que nos surja la misma pregunta que a León Felipe en El payaso de las bofetadas: “¿la justicia es esto? ¿Un truco de pista? ¿Un número de circo? ¿Un vocablo gracioso para distraer a los hombres y a los dioses? Que me conteste alguien… ¿Qué es la justicia? Silencio… Silencio”.
Un pequeño grupo de alumnos de tercero junto con nuestra responsable de comunicación, Inés Pastor, nos hemos unido para desarrollar una nueva iniciativa en el seno de la ELU.
Somos algo ambiciosos y hemos querido abarcar muchas cuestiones dentro de El Contrafuerte, pero si tuviéramos que responder a la pregunta de qué es exactamente, habría que decir que es un movimiento que pretende acercarse a la realidad respondiendo sus preguntas últimas a través de las artes. Consideramos que el cine, la pintura, la música, la arquitectura o la poesía, son tremendamente útiles, por su capacidad mimética, por su trasfondo intelectual y por lenguaje propio, para comprender algo mejor el mundo que nos rodea.
Por ello, hemos querido dividir este proyecto en dos partes fundamentales. La primera se centra directamente en la organización de un cinefórum mensual donde tratar temas de profundidad filosófica a la luz de una película. En la primera reunión, la película Silencio (2016) de Martin Scorsese nos servirá como base para un coloquio acerca de la coexistencia de Dios y el mal y el silencio divino ante el sufrimiento.
Una segunda parte del proyecto pretende generar contenido, a modo de artículos, podcasts o videos en redes sociales, tratando los temas propuestos, ya sea por nosotros a través del cinefórum o por la ELU orientados a los fines de semana, a través de las artes en un sentido amplio. Nos encontramos ahora trabajando en un primer episodio de podcast que nos permita, con vistas al viaje académico, comprender mejor la permanente modernidad de la arquitectura de Estambul.
Más allá de estas dos, hay una tercera pata que resulta fundamental para nosotros: la colaboración de toda la escuela en el proyecto. Queremos que elus, profesores y mentores se impliquen directamente participando en las actividades y proponiendo temas y contenidos que tratar. El Contrafuerte está abierto a todos.
En suma, haciendo honor a su nombre, El Contrafuerte es un refuerzo en cuestiones de arte para toda la ELU que nos permitirá, desde una perspectiva peculiar, dar respuesta a las preguntas que rondan los módulos, los fines de semana y los viajes académicos. Iniciamos este proyecto con mucha ilusión
Nunca pensé que una obra contemporánea pudiera reflejarse en la mirada eterna de los grandes clásicos del arte. Así nos lo contaba Rafa Macarrón el pasado viernes 23 de enero, durante la visita a su estudio.
En un primer momento, me gustaría hablar un poco de Rafa. Si uno pregunta a internet, se le presenta como un artista madrileño, una de las figuras más reconocibles del arte contemporáneo español actual. Sin embargo, yo vi a una persona muy humana y auténtica, fiel a sus valores pero con una mirada que va más allá de lo evidente. Un reflejo de dedicación, entrega, disciplina y trabajo. Me rompió completamente mis esquemas de padre de familia, de artista, de persona de nuestra época. Porque como dijo Sabrina Lucas, “nadie sabe lo que hay en la cabeza de un artista”, pero me parece alucinante.
Así, con una pequeña idea de lo que íbamos a ver, llegamos un grupo de elus en una tarde lluviosa de invierno. Atraídos por la ventana que se abrió el pasado findELU, muchos sentimos el impulso de asomarnos y descubrir todo lo que podía ofrecernos ese arte tan singular y emergente.
Tuvimos la oportunidad de ver la exposición en óleo que llevaba preparando ya varios meses. Los cuadros más grandes que había dibujado, según nos contaba. El primer destino de esta colección será una exposición a primeros de marzo, una cita que esperamos con muchas ganas.
A través de una visita cercana y pausada, fuimos descubriendo lo que se esconde detrás de una obra. Una visión cuidada y sensible, determinada por cada tono de color —podría haber trescientos tubos de pintura—, cada textura, cada sombra, cada detalle. Una alusión a lo clásico que dialoga con los hitos de la moda actual; la tradición combinada con lo contemporáneo. Todo ello solo puede ser fruto de una cabeza formada en la sensibilidad, receptiva al asombro, capaz de otorgar valor a aquello que muchos pasarían por alto y de construir una visión del mundo auténticamente genuina.
Una de mis preguntas fue por qué las caras aparecían serias y, con gran acierto, Rafa me respondió que cada personaje merecía una interpretación personal por parte del espectador: quién era y cuál podría haber sido su vida. Ese pequeño detalle en el gesto del rostro resultaba necesario para establecer un diálogo personal con cada figura. Esto me llevó a pensar si no merece la pena detenernos y cultivar esa capacidad de apreciar lo pequeño, de ser nosotros también un poco artistas.
Conforme nos enseñaba cómo había evolucionado su arte a lo largo de los años, el estudio se fue revelando como un lugar vivo, en constante diálogo entre el artista y su trabajo. Rafa nos explicó que se trata de un proceso que, aunque nace de manera espontánea, está lleno de intuición, ensayo y error, y que precisa de tiempo e incluso, en ocasiones, de más de un artista. Nos compartió también cómo necesita de su equipo y que, sin él, no podría alcanzar el nivel de detalle que su idea exige. Además, me asombró pensar cómo, de manera inconsciente, pinta aquello que un día será reflejo de nuestra sociedad, porque las obras, al final, hablan por sí solas.
Y entre conversaciones, oídos atentos y miradas fijas en cada detalle, llegó la hora de marcharse. Sin embargo, nos fuimos con una mirada renovada y, por supuesto, con ganas de la prometida exposición.
Todo muy humano. Todo muy comprensible. Todo jurídicamente… erróneo… la mayoría de las veces. Porque no, no siempre que algo sale mal hay un culpable. Y no, no todo el que cobra promete resultados.
Y sí, esta diferencia —aparentemente técnica, casi aburrida— es una de las líneas maestras que separa una sociedad adulta de una infantil.
El Derecho Civil lo sabe desde hace décadas, pero nosotros insistimos en olvidarlo: no es lo mismo prometer un resultado que comprometerse a poner los medios. No es lo mismo entregar un paquete que operar un corazón. No es lo mismo garantizar un beneficio que darlo todo por defender a un reo de la perpetua.
Sin embargo, cada vez que un juicio se pierde, una operación fracasa o una inversión se hunde, reaparece la misma frase, pronunciada con ira, con el puño apretado y con la convicción de saber más derecho que el equipo de Ratio Legis combinado:
—“Para eso te pagué”.
Este artículo va de eso.
De lo que realmente se promete cuando se firma un contrato. De por qué el Derecho no castiga la mala suerte, pero sí la negligencia. Y de cómo confundir una obligación de medios con una de resultado no es solo un error jurídico, sino una forma muy peligrosa de pensar la responsabilidad en una sociedad compleja. Como siempre, esto no va de tecnicismos, va de entender cómo funciona el mundo cuando se levanta la vista del código.
Un cirujano opera. El paciente muere. Un abogado defiende. El cliente pierde. Un profesor enseña. El alumno suspende. La reacción instintiva es siempre la misma:
—“Para esto te pagué”.
Y, sin embargo, el Derecho responde con frialdad:
—”No te prometí el éxito. Te prometí hacer bien mi trabajo”.
Esto es una obligación de medios. El médico no garantiza la curación, sino actuar conforme a la Lex Artis. El abogado no garantiza la victoria, sino diligencia técnica, estrategia razonable y respeto escrupuloso de los plazos. El profesor no garantiza aprobarte, sino enseñarte con rigor. Si el profesional actúa correctamente y aun así el resultado es negativo, no hay incumplimiento. No porque el Derecho sea insensible, sino porque castigar el riesgo sería paralizar la acción humana. Si cada operación tuviera que acabar bien para no generar responsabilidad, nadie operaría casos difíciles. Si cada pleito perdido fuera una indemnización automática, nadie asumiría defensas complejas. El resultado sería una sociedad cobarde, no más justa.
Ahora cambia el escenario. Un repartidor no entrega tu pedido de Vinted semanal. Una empresa no construye tu casa prometida. Una plataforma no te presta el servicio contratado. Aquí al Derecho no le interesa el esfuerzo interior, ni las lágrimas logísticas, ni los problemas existenciales de quienquiera que se haya comprometido al servicio.
¿Está el resultado? No. Entonces hay incumplimiento.
Esto es una obligación de resultado. Quien controla el desenlace responde por él. Por eso Amazon no te manda una carta explicando que el repartidor lo intentó con ganas: te devuelve el dinero. Y hace bien.
Buena parte de la litigiosidad actual en España nace de confundir estas dos categorías: en sanidad no se suele juzgar el desenlace sino la conducta profesional; en el mundo académico no te prometen aprobados sino preparación.
Otros casos son más grises, y dependen de los términos empleados. Por ejemplo, en inversiones financieras (donde, lo sabemos, todo se vuelve más resbaladizo) cuando una entidad insinúa garantías, el juez empieza a afinar el lápiz. Por eso los contratos parecen escritos con sadismo paranoico y por eso los estudiantes de derecho toman tantas aspirinas: porque los términos importan, y nadie quiere convertir una obligación de medios en una de resultado sin darse cuenta. Si prometes seguridad, resultados o rendimientos, el Derecho no acepta excusas.
Las Leyes no castigan la mala suerte. Castigan la negligencia. No protegen nuestras expectativas subjetivas sino los compromisos objetivos, escritos negro sobre blanco. Y eso incomoda, y genera muchas migrañas, porque nos obliga a asumir algo muy poco popular: que no todo fracaso es culpa de alguien. Así que la próxima vez que alguien te diga: “Hice todo lo posible, así que no te debo nada”, tú sabrás que dependerá de lo que prometió en primer lugar. El Derecho se sienta en la silla de las expectativas. Porque entender esto no solo sirve para ganar pleitos, sino para pensar mejor la responsabilidad en una sociedad adulta.
Soy Maite Tormo, y este primer cuatrimestre he estado de intercambio en la Universidad de Edimburgo en mi cuarto año estudiando Derecho y Filosofía, Política y Economía.
¿Pero de qué sirve el Erasmus? -preguntaba repetidamente mi abuelo antes de irme, muy escéptico de una experiencia que a sus ojos, era sinónimo de una temporada de vacaciones. Hoy, cuatro meses después, puedo dar mi propia respuesta a esa pregunta.
Lo primero es que el erasmus supone una experiencia muy intensa de libertad. Llegas a un lugar desconocido, cargada de maletas, entras en una habitación que al principio te resulta hostil y al sentarte en la cama te das cuenta de que estos cuatro meses tienes que decidirlo tú todo: desde lo más nimio, el qué comer, hasta cosas más relevantes como la organización de tu tiempo, los amigos, el deporte, la misa, etc.
Hay dos posibles actitudes ante esta experiencia de libertad, ambas válidas. La primera es el terror o el bloqueo al ver que estás absolutamente solo en una nueva ciudad, sin amistades ni sitios de confianza. La segunda es la tranquilidad o serenidad al no ser la primera vez que estás solo en una ciudad. En mi caso, acogí esa sensación de nueva libertad como un regalo que disfrutar con cabeza y sentido, sabiendo que la libertad exterior no sirve de nada si no hay un ejercicio de libertad interior que la acompaña.
Y así empecé mi erasmus. Hice mil planes nuevos en la primera semana, desde apuntarme a baile escocés, beber la cerveza típica en el pub típico, ver las famosas vacas peludas, subir Arthur’s seat, salir de fiesta con un grupo masivo de españoles, hacer un tour de fantasmas en el cementerio de Greyfriars…
Con el tiempo, creamos un grupo de amigos que, como dice Sofía, no está unido por el paso del tiempo, pues apenas fueron tres meses y medio, sino por la intensidad de la experiencia. Comidas con sobremesas interminables en nuestro piso, viajes por las Highlands escocesas, tortilla de patata para cuarenta, un francés cantante, algún que otro ratón de invitado especial, apuestas para llegar puntuales a la biblioteca, un pamplonica con nivel de inglés proficiency, un escocés fan de las patatas bravas y del jiu-jitsu, anécdotas que jamás olvidaremos… Incluso nos dábamos cuenta de que empezábamos a tener una jerga propia, con palabros que pocos entendían.
La parte académica también fue importante, pues la Universidad de Edimburgo es una de las universidades más prestigiosas en Europa. Me dieron clase profesores que trabajaban en la House of Lords (la cámara alta del Parlamento de Reino Unido), y aprendí de ellos sobre temas de lo más diversos, como el Brexit o la teoría del juego. Una parte importante de las universidades británicas son las “societies”, asociaciones de alumnos con temas muy variopintos, desde la hotchoc society, para los amantes del chocolate caliente (pero sin churros), hasta la edinburgh justice initiative, en la que colaboré para un proyecto pro bono de Derecho.
En definitiva, el erasmus es una experiencia única. No debe idealizarse, porque siempre hay un componente de suerte en el destino y la gente con la que te encuentres, pero sí valorarse como una oportunidad para ser independiente, abrirse a otras culturas y forjar amistades para toda la vida.
He tenido la suerte de pasar este cuatrimestre en París, una ciudad que todo el mundo conoce, aunque sea solo de oídas. Posiblemente, cuando oyes “París”, la imagen que aparece en tu cabeza sea la Torre Eiffel, unas orejas de Mickey Mouse, una catedral centenaria como es Notre Dame o, quizá, incluso un parisino con boina y baguette. Todo eso es válido, menos lo último, que no suele pasar. Así que la pregunta es: más allá del mito, ¿en qué se traduce vivir en la Ciudad de la Luz?
Esta era la pregunta que yo me hacía al seleccionar destino. Para situarnos, os cuento que me llamo Sofía García-Escribano Camino, estudio Ingeniería Industrial en la Universidad Carlos III de Madrid y estoy en tercero de la ELU. Como os pasará o habrá pasado a muchos de vosotros, se me presentó la ocasión de hacer un Erasmus y en ningún momento se me pasó por la cabeza no aprovechar la oportunidad.
Mi criterio de selección era claro: quería una ciudad grande y dinámica donde pudiera mantener un nivel de actividad similar al de Madrid, pero con un toque francés. Sin embargo, aquí estoy en diciembre, escribiendo esto desde mi cuarto en París y dándome cuenta de que mi vida aquí no ha tenido nada que ver con mi vida en España. Y me alegro mucho, porque si hubiera pretendido replicar lo que allí tengo, habría perdido la oportunidad de abrirme a una nueva realidad.
El 31 de agosto abrí la puerta de la que se convertiría en mi habitación durante los próximos meses. Estaba despejada, llena de espacios para rellenar con el equipaje que traía de mi casa “de verdad”. Lo que al principio parecía un cuarto impersonal se transformó, poco a poco, en el rincón al que venía a descansar y donde me sentía a gusto. Como nunca había vivido fuera de casa, el proceso fue revelador: me di cuenta de que no necesitaba llenarlo con objetos de Madrid para que replicara mi hogar; el propio acto de vivir y desenvolverme en ese espacio ya lo hacía mío.
Lo que pasó con mi habitación es lo mismo que ocurrió con mi rutina y mis prioridades. Al llegar a París, me encontré con un lienzo en blanco. Habían desaparecido las inercias de Madrid, no por una decisión consciente, sino porque simplemente no habían cogido el vuelo conmigo. Al principio, ese vacío me asustaba, pero pronto se convirtió en un espacio para ser llenado con lo que verdaderamente quería. Aunque aún no tengo la perspectiva completa de esta experiencia (¡me queda enero, afortunadamente!), creo que el mayor cambio ha sido aprender a discernir y priorizar aquello que resuena conmigo. Al liberarme del afán de hacer cosas sin saber muy bien por qué, descubrí que sí tenía la capacidad de elegir, simplemente no la estaba ejerciendo.
Este cambio de mirada lo viví de la mano de otros. En París, además de turistas en cada esquina y franceses apresurados, encontré a gente con mucho corazón. El proceso fue gradual. Un primer fin de semana en el que se organiza una visita a Versalles con lo que en un principio son quince extraños a los que conociste hace dos días, pero resulta que os lleváis bien, así que quedáis a tomar algo al día siguiente. Como la conversación fluye, la próxima semana te das cuenta de que has acabado en Montmartre con ellos. Al poco tiempo, una de las que empezaban a ser más que “conocidas” propone ir a un castillo a las afueras de la ciudad, Fontainebleau. Se tarda un rato en llegar, pero dicen que merece la pena e, incluso si no te gusta, compensa, porque lo importante en la segunda semana es pasar ratos divertidos con la gente. Entre paseos, quedar para tomar algo después de la uni, jugar al billar, hacer picnics y conseguir que todos llegáramos al récord personal de crêpes ingeridos, llega el final de septiembre y te das cuenta de que sois un grupo de amigos. Un grupo unido no por el paso del tiempo, sino por la intensidad de la experiencia.
Buscando la integración cultural, hemos aprendido a hacer fondue, hemos sido víctimas de varios macarons y hemos hecho más planes de tarde en el Louvre que un parisino promedio. También hemos explorado Francia: Normandía, Orleans, el Mont-Saint-Michel o Lille, terminando con un programa intensivo de mercados navideños en Estrasburgo y Reims.
En paralelo, también he disfrutado de los planes más tranquilos: dar un paseo por los Jardines de Luxemburgo que acaba en una de esas sillas verdes, en las zonas menos concurridas, perfectas para leer un libro un sábado por la mañana; caminar por la ciudad para explorar y aprovechar unos reconfortantes rayos de sol de domingo o ir sola a un museo y darme cuenta de que estaba viendo por primera vez un cuadro que llevaba tiempo en esa pared, al lado de otro que siempre me había gustado, pero al que nunca le había dedicado atención. Incluso he aprendido a agradecer algo a los turistas: me recuerdan que lo que veo todos los días merece la sorpresa. Pasar por Notre Dame y levantar la vista no debería ser un mero trámite, que algo sea cotidiano no significa que tenga menos valor, sino que tienes la suerte de disfrutarlo a diario.
Lo que también he visto casi todos los días ha sido la universidad, pues la razón principal de mi estancia fue estudiar en la Sorbonne Université, en el campus de ingeniería Jussieu. Su entrada, entre dos altos edificios, da paso a un jardín con una torre de cristal situada en medio de una cuadrícula de torres unidas por amplios pasillos. En este espacio se desenvuelve una vida estudiantil mucho más intensa que la que percibía en Madrid. Es un lugar vivo, con decenas de asociaciones y bibliotecas llenas, dominado por estudiantes que no están simplemente de paso y se sienten orgullosos de su institución. Las clases en francés han sido un reto, pero también la vía para conocer a estudiantes internacionales y para transformar por completo la rutina académica a la que venía acostumbrada.
Si en algún momento tenéis la oportunidad de ser tentados por un croissant, aceptadlo. Por lo que habéis leído, no hace falta aclarar que París me parece una ciudad fantástica para hacer una movilidad, pero si en vez de un croissant es un gofre belga, una pizza italiana o un pretzel alemán, estará igual de bien, porque más allá de la admiración por ciertos monumentos, lo verdaderamente relevante de la ciudad es el cambio que provoca en uno mismo. Al fin y al cabo, eso puede pasar en cualquier rincón del mapa.
En la ELU pretendemos no quedarnos solo en una formación puramente académica. Buscamos ponernos en juego, participar de nuestro entorno y asumir un liderazgo orientado al servicio y al bien común. En este marco, el pasado viernes 5 de diciembre tuvimos la oportunidad de encarnar de manera concreta nuestra misión social en una actividad comunitaria impulsada por Margarita Gutiérrez, Santiago Aragón y Jaime López, alumnos de 3º ELU. Nos reunimos en el local junto al Primer Monasterio de la Visitación (Salesas), cuyas puertas nos abrió generosamente Javier Puelles (1ºELU). Allí preparamos bocadillos, termos con caldo, manzanas y algunos dulces y, quienes lo desearon, dedicaron también un tiempo a la oración del voluntario antes de comenzar la ruta.
Acompañados por Javier , que desde hace tiempo recorre esta ruta cada lunes y conoce a quienes viven en ella, fuimos deteniéndonos para conversar con cada uno. Charlamos con Jordi, con David y con otros tantos, escuchando fragmentos de sus historias de vida, sus juicios sobre la situación en la que se encontraban y sus distintas formas de afrontarla. Más que repartir comida, compartimos tiempo, escucha y presencia, poniendo nombre y rostro a realidades que con frecuencia permanecen invisibles.
Al finalizar, regresamos al Primer Monasterio de la Visitación, donde pudimos compartir en grupo lo vivido: las sensaciones, las preguntas que surgieron y el sentido de una experiencia que nos confrontó con nuestra manera de mirar y atender a quien vive en la calle. Sabemos que una tarde no cambia el mundo, ni tampoco era ese nuestro objetivo. Sin embargo, creemos en la importancia del contacto con lo real, en la fuerza del encuentro personal y en el valor de ofrecer el propio tiempo al servicio del otro, descubriéndolo como persona y no como problema o necesidad anónima.
El pasado 3 de noviembre, desde ELU Valencia tuvimos el placer de recibir la visita de nuestra querida mentora, Marta Luquero. Dada la ocasión, además de aprovechar para hacer mentorías presenciales, nuestro estimado delegado Marcos Ranchal y nuestra codelegada Cecilia Uriol organizaron una cena de Navidad en la que nos reunimos tanto los ELUs como algunos Elumni. Allí pudimos celebrar el cumpleaños de Marta y compartir experiencias, risas, juegos y, sobre todo, mucha ilusión.
Muchos de nosotros aprovechamos la oportunidad de conocer a Elumni de nuestra ciudad y hacerles miles de preguntas sobre su paso por la ELU. También tuvimos ocasión de conocernos mejor entre nosotros, ya que, muchas veces, aunque vivamos en el mismo sitio, cuando coincidimos suele ser en Madrid y no nos da tiempo a vernos de verdad.
Durante la cena se plantearon algunas iniciativas solidarias y lúdicas. Marta, como siempre, apoyó nuestras ideas y nos animó a seguir trabajando en ellas. Comentamos cómo había ido la primera reunión de “Beers & Books” Valencia y nos alegramos al darnos cuenta de que, poco a poco, ELU Valencia se está convirtiendo en algo más que llevar un pañuelo fallero a Madrid: se está convirtiendo en una familia.
Resulta llamativo que la RAE defina ‘cártel’ como ‘organización ilícita que trafica con drogas o con armas’ o ‘convenio entre empresas para evitar la competencia’; y aún resulta más llamativo que la primera acepción sea la que más ha calado en nuestra sociedad, la que asociamos automáticamente al oír el término cuando, realmente, es la segunda práctica la más común que nos afecta a todos como consumidores. Sí, has escuchado bien, con toda probabilidad tanto tú como yo nos hayamos visto afectados por un cártel, y me arriesgo a afirmar que no precisamente por el de la droga.
Para evitar que este artículo se convierta en una mera transcripción de legislación de la UE o del Derecho de Defensa de la Competencia (rama que protege el funcionamiento libre y leal de los mercados garantizando la competencia entre empresas), me gustaría traer a colación una serie de casos que se han dado recientemente en España en los que quizás te hayas podido ver afectado por estos acuerdos colusorios.
El “cártel de la leche” se dio entre los años 2000-2013, y consistió en que varias grandes empresas lácteas coordinaron precios y compras de la leche, lo que afectaba a ganaderos y consumidores. En la década de los 90, los productores de azúcar pactaron serios precios y cuotas de venta dando lugar al “cártel del azúcar”; o el “cártel del papel higiénico” entre el año 2000 y 2011. Este patrón de conducta se repite también en los casos de de productos como el “cártel de detergentes” (2002-2005), el “cártel de carburantes” de los años 2000; o en otros servicios como el “cártel de servicios funerarios” (2000-2009), en el que funerarias pactaron precios y condiciones de esta prestación. Otro de gran actualidad, por el que muchos consumidores se encuentran reclamando hoy en día, es el “cártel de los coches”.
Quizás te digas a ti mismo, “muy bien, pero ¿qué más me da a mí que las empresas se organicen internamente para evitar competir si muy probablemente ni me entere?”. Más allá de las consecuencias obvias que esto puede acarrear, como precios más altos, menor calidad o menos innovación, cabe contemplar que, cuando estos acuerdos ilegales afectan a bienes adquiridos por las Administraciones Públicas, el dinero perjudicado es el de los ciudadanos, dinero que no se está destinando a otros fines. Y no precisamente se trata de cantidades irrisorias sino, a menudo, millonarias… sólo con pensar en la diferencia que éstas pueden suponer en una situación de necesidad (como en plena pandemia, por ejemplo), cabe reflexionar sobre el impacto real que tienen estas infracciones.
En definitiva, los cárteles no son una realidad lejana, todo lo contrario: tienen que ver con nuestra vida diaria de manera directa. Operan de forma silenciosa, diluidos en el precio de un litro de leche, el coste de llenar el depósito del coche o en poner una lavadora. Precisamente ahí radica su peligrosidad, en que suelen pasar desapercibidos para quien los sufre, mientras perjudican activamente la competencia, el bienestar del consumidor y la confianza en el propio mercado.
La reflexión que debería quedarnos es la de que la competencia no resulta un mero concepto abstracto, se trata de un mecanismo esencial que protege nuestros intereses más cotidianos. Porque, aunque no siempre lo percibamos, la ausencia de ésta no se paga en abstracto, se paga, casi siempre, de nuestro propio bolsillo.
Gracias por vuestro tiempo, una vez más, y ¡hasta la próxima entrega de Ratio Legis!
El 18 de noviembre nos encontramos en la comodidad de la casa de los hermanos Aragón para una sesión que se convirtió en un auténtico espacio de pensamiento compartido. Después de revisar el material que nos envió María Torras, nos sumergimos en un debate que no dejó a nadie indiferente.
Las ideas fueron tan diversas como estimulantes. Nos preguntamos si la intencionalidad de las acciones puede justificar un mal por un bien mayor y sobre qué depende realmente esa valoración. Algunos llevaron la conversación al plano más teórico y ético, explorando principios universales y dilemas morales, mientras otros la conectaron con su vida cotidiana y con la política actual, donde aparecieron reflexiones desesperanzadoras sobre el rumbo de la sociedad, contrastadas con visiones más optimistas que invitaban a la esperanza. Esa mezcla de perspectivas hizo que la discusión fuera viva y profunda, porque más allá de las diferencias, lo que nos unió fue la certeza de que el tema nos tocó a todos y nos obligó a pensar.
Con tortilla de patata, kikos y un ambiente cercano, tuvimos la suerte de contar con nuestros mentores y profesores: el Padre Pou, María Torras, María Longás y Marta Luquero, cuya presencia enriqueció la conversación con preguntas incisivas y ejemplos que nos ayudaron a mirar más allá de lo evidente. Quiero recalcar lo mucho que me gusta esta iniciativa y dar las gracias a Luis Muñoz y Alejandro Aragón por crear este gran espacio para reflexionar, porque no todos los días se encuentra un lugar donde la filosofía se mezcla con la vida real y nos invita a cuestionarnos cómo queremos vivir.
“Ella estará satisfecha. Porque ese día sabrá que no era el viento invisible lo que todos los domingos llegaba a su altar y le desordenaba las rosas”.
Gracias García Márquez. Gracias porque nos brindaste la oportunidad de sumergiros en una conversación que supera, con creces, lo superficial. Entre retazos y retazos de recuerdos, aquella tarde nos dimos el lujo de compartir nuestras experiencias, pero no de cualquier tipo: unas que parecen estar prohibidas. Canceladas por la sociedad. Como si tuviéramos miedo a siquiera mencionarlas por lo que pudiera pasar. Pero que, al final del día, describen lo único que tenemos seguro en esta vida: la muerte.
En su relato “Alguien desordena estas rosas”, el escritor juega con el lector de una manera espeluznantemente maravillosa. Hace danzar al narrador, el alma de un niño que falleció, por las turbulencias del tiempo como si de algo sencillo se tratase. Es a través de él que, poco a poco, se nos va revelando la historia, pero siempre incompleta. Quizás al llegar al punto final de la obra conocemos ciertos detalles de la relación que une a los protagonistas: al niño que queda atrapado en la monotonía de los años con la señora mayor que parece rozar la muerte con tan sólo respirar. Sin embargo, jamás sabremos los “por qué”. Por qué ella decide volver a la casa abandonada después de dos décadas. Por qué el pequeño se empeña en llevar las rosas del altar, y no otras, a su propia tumba. Por qué rosas “rojas y blancas”. Por qué a la mujer le aterroriza distraerse y despegar la vista del altar por más de un segundo. ¿Acaso sabe que su final se acerca y se niega a aceptarlo? Como si manteniéndose tensa, a la espera, fuese a ser capaz de resarcirse del destino de todo ser humano: morir. Por qué ese saquito oscuro y esas medias rosadas. Por qué él afirma que “quedará definitivamente solo en el cuarto”. ¿Qué es aquello que, tan vilmente, lo mantiene subordinado al mundo de los vivos?
Efectivamente, quizás nunca lleguemos a responder con total seguridad ninguna de estas preguntas. Nunca conoceremos el “porqué” escondido tras las líneas de García Márquez. Pero algo en lo que creo que llegamos a coincidir durante aquel encuentro, es que los relatos son mucho más que palabras hiladas con cautela para contar una historia: son puertas al corazón de los demás. Y lo bonito es que no solamente a aquel que lo escribió, sino a aquellos que tienen la suerte de leerlo.
Por eso mismo, me reitero: gracias García Márquez. Abriste a través de ese duelo entre el pasado y el futuro un tema de conversación que, probablemente, debería de ser tratado más a menudo: la muerte. Así, nos enredamos en un debate que pivotó sobre cuestiones como: ¿le tenemos miedo a la muerte?, ¿nos preocupa más la nuestra o la de los demás? Si nos muriéramos mañana, ¿estaríamos satisfechos?. Eso sí, como buenos ELUs no nos quedamos ahí. Se podría decir que fuimos un poquito más allá.
Uno por uno, bajo decisión propia, pusimos sobre la mesa nuestras experiencias con la muerte. En un espacio donde la confianza era la protagonista principal. Reforzamos, o establecimos por primera vez, vínculos que quizás jamás habríamos imaginado. No sabría explicar cómo ni por qué, pero podría afirmar con los ojos cerrados que aquellas horas de conversación nos devolvieron ese oxígeno que no sabíamos que nos faltaba. Y es que creo firmemente que no hay desperdicio mayor que el de dejar nuestra vida en manos de la homogeneidad y la inercia del día a día.
Así, lágrimas, risas y silencios inundaron la sala del JJ, demostrándonos una vez más que la mejor manera de conocerse es arriesgándonos y mostrándonos vulnerables con los demás.
El pasado 24 de noviembre, tras un largo paréntesis de varios años, tuvimos el privilegio de vivir un encuentro que unió a elus y elumnis. Todo esto fue posible gracias a la gran iniciativa de Sabrina Lucas y María Longás, quienes nos acompañaron durante la jornada. Además, tuvimos la suerte de aprovechar su visita para realizar mentorías presenciales, un auténtico lujo que agradecemos enormemente.
Fue una reunión preciosa que nos permitió poner cara a quienes ya han terminado su camino en la ELU. Pudimos escuchar cómo vivieron ellos su etapa en la Escuela y cómo funcionaba cuando formaban parte de ella; dado que algunos se graduaron hace más de diez años. La sorpresa fue mutua al comprobar cómo ha crecido y evolucionado el proyecto.
Aunque veníamos inspirados por un grandísimo Fin de Semana asombrados por el arte y pensamos en visitar alguna exhibición, decidimos que la mejor forma de aprovechar este encuentro especial era repartir bocadillos por el centro de la ciudad. Fue una actividad que trascendió la mera acción de voluntariado. Nos permitió “salir de nosotros mismos” y generar un espacio de conversaciones profundas, no solo con las personas a las que ayudábamos, sino también entre nosotros.
Algunos no lo habían hecho nunca y para otros elus, recién llegados este curso a la ciudad, supuso el descubrimiento de una acción social que seguro repetiremos entre nosotros. Allí, compartiendo el frío y el servicio, chocamos con una realidad que muchas veces nos pasa desapercibida. Entendimos que lo importante no era la comida que entregábamos, sino el hecho de compartir tiempo y palabras con los que nos íbamos encontrando, conociendo además a los elumnis, a los que la mayoría no habíamos visto nunca.
La jornada se cerró con una cena numerosa que dio para muchas conversaciones y alguna que otra anécdota también. De hecho, por las horas que eran casi que nos tuvieron que acabar echando del restaurante de lo a gusto que estábamos, pudimos reunirnos unos 20 y disfrutar de la compañía.
El encuentro nos dejó con un sentimiento de inmensa gratitud y, sobre todo, con ganas de más. Tanto es así que ya hemos fijado fecha para el próximo, estrenándonos próximamente con los “Jueves de Juegos”. Barcelona ha vuelto a despertar y esto es solo el comienzo.
Bruselas es el lugar donde Europa se piensa a sí misma.
Un lugar donde el peso de la historia, la ligereza de los sueño y los fantasmas de guerras pasadas se sientan a conversar en las mismas mesas que los arquitectos de las paces futuras. Es el lugar donde resuena el eco de las pisadas de todas aquellas personas que vienen desde muy lejos, buscando construir un futuro común para todos. Y allí, durante los primeros días de noviembre, tres ELUS: Paula de Alfonso (3º), Marisa Rico (elumni de la XV promoción) y yo, Irene Sánchez (2º), hemos tenido el placer y el privilegio de poder conocer de primera mano las instituciones europeas y la ciudad gracias a la Fundación Civismo. Han sido unos días memorables, llenos de conversaciones, risas, convivencia, intercambio de opiniones y un gran aprendizaje junto al resto de nuestros compañeros.
Sin embargo, en este viaje la ELU ha estado más presente que nunca. No sólo por poder compartir una experiencia de esta magnitud entre tres promociones diferentes, sino especialmente, por habernos podido reencontrar con otro elumni, Abraham Velarde, alumno de la XI promoción de la ELU. Desde hace dos años, Abraham es asesor de una prestigiosa eurodiputada española, y es él quien además se ha encargado de recibir a las últimas promociones de Becas Europa en su paso por la capital belga. Fue un verdadero regalo compartir tiempo con él en la que ya es su casa. De pronto, ya no éramos simples visitantes. Éramos parte de algo más grande, de algo que sentíamos profundamente nuestro. En su mirada y en sus palabras, reconocimos el reflejo de nuestro propio camino: una formación que trasciende las aulas, esfuerzo y perseverancia como faro en la vida y la huella de la ELU que crece y permanece. Porque más allá de la edad, el tiempo o la distancia nos puedan separar, siempre habrá un lenguaje común que nos una, un modo de mirar el mundo con asombro, compromiso y esperanza.
Supongamos —con el debido toque gore matutino— que estoy cortando un árbol en un jardín de la España profunda y, por una de esas ironías de la vida, me corto la mano. Mientras me retuerzo en el suelo en busca de un torniquete y de sentido a mi existencia, un transeúnte —pongamos, un turista— recoge mi mano y huye con ella, quizá para conservarla en formol o venderla a un museo de curiosidades anatómicas de esta especie particular que es el homus ibericus. La pregunta, deliciosa en su absurdo, es inmediata:
¿esa mano sigue siendo mía? — mía, claro está, en el sentido más fríamente jurídico.
El Código civil español, heredero bastardo del francés, responde con un silencio digno. Para el derecho civil, sólo existen personas y cosas; el cuerpo humano, en su unidad inerte, no cabe en ninguna de las dos categorías. Mientras estoy entero, soy persona; pero si pierdo una parte de mí, esa parte, de pronto, no es nada. No persona. No cosa. Un limbo jurídico: terra nullius corporal. ¿De quién son tus lorzas?
El derecho romano, tan obsesionado con la propiedad, jamás reconoció una relación de dominio entre el individuo y su cuerpo. Corpus meum non est meum. La persona era sujeto, no objeto de propiedad; y admitir lo contrario hubiera abierto la caja de Pandora del comercio del ser humano. Pero al negar toda naturaleza jurídica al cuerpo, el Derecho civil terminó construyendo una ficción cómoda: el cuerpo, simplemente, “no existe” como entidad jurídica. El cuerpo no tiene estatuto; sólo sufre o muere.
Volvamos entonces al juicio imposible: el ladrón de la mano. Y el tribunal, lógicamente, lo absuelve. No ha robado una cosa (porque no lo es), ni ha lesionado a una persona (pues la mano ya no forma parte de ella). Un acto monstruoso, pero, en principio, no jurídicamente punible. La perfecta laguna legal: la mano como res non grata.
¿Podríamos hacer mejor en el sistema español? El Código civil no reconoce la propiedad sobre el cuerpo. La jurisprudencia se limita a decir que el cuerpo es incomerciable, indisponible, y que sólo cabe consentir sobre él dentro de ciertos límites médicos o científicos. Pero esto deja abierta la pregunta esencial: si no soy dueño de mi cuerpo, ¿quién lo es?
La tesis más provocadora consistiría en reclasificar el cuerpo como “cosa fuera del comercio”, al modo de los bienes del dominio público o las obras de arte inalienables por su naturaleza o relevancia. Una idea blasfema para el civilista tradicional, pero con una lógica impecable: sólo reconociendo al individuo como propietario moral de su cuerpo puede el Derecho protegerlo de la apropiación ajena —del mercado de órganos, del ADN patentado, del esperma como mercancía—. No se trata de cosificar al ser humano, sino de inmunizarlo frente al capitalismo biológico.
Llevado al extremo, el argumento adquiere tintes revolucionarios. Si poseo mi cuerpo, poseo también el derecho a utilizarlo para sobrevivir. Si admitimos que para toda persona es vital poseer su cuerpo ninguna regla moral podrá ser invocada contra quién se procure lo necesario para no morir.
Volvamos, pues, a mi mano robada. En el fondo, el dilema no es sobre propiedad, sino sobre identidad. Si mi cuerpo no me pertenece, ¿soy realmente libre? Si mi mano, una vez amputada, no es jurídicamente mía, ¿dónde acaba mi “yo”? En el codo, en el DNI, o en la conciencia. El Derecho, en su literalidad, sigue sin decidirlo. En todo caso, no se podrá tratar de un hurto. En el mejor de los escenarios (considerando que la hipótesis en la que te amputas una mano ya es un poco fastidiosa de por sí) se podría aplicar el régimen del delito contra la integridad moral, pues tal robo atentaría contra tu dignididad y tu bienestar psíquico o emocional, menoscabando así tu integridad moral.
Quizá por eso el caso fascina tanto: porque, en el fondo, no habla de un miembro amputado, sino de una civilización que lleva dos mil años sin atreverse a mirar de frente su propia carne.
Mientras tanto, yo sigo esperando que alguien me devuelva la mano.
Soy Jorge Marín, y si algo he aprendido este último año es que la vida se expande cuando uno se atreve a mirar de verdad.
He pasado diez meses en University of California San Diego, cursando el tercer año de la carrera de Física, en un intercambio que acabó marcando un antes y un después en mi forma de entender la vida universitaria, la amistad y, sobre todo, a mí mismo. Apliqué a varias universidades de California, y al final, fui admitido en UCSD. Hoy no puedo estar más agradecido ni más feliz con esa decisión.
Recuerdo los primeros días como una avalancha de estímulos: el brillo del campus junto al Pacífico, las conversaciones en mil acentos, la sensación de que cada persona que conocía me abría una ventana distinta del mundo. Terminar el día agotado era lo normal; al fin y al cabo, vivía hablando, aprendiendo, escuchando, sorprendiéndome. Pero también terminaba cada jornada con una sonrisa silenciosa, sabiendo que ese cansancio era el precio justo de estar creciendo.
Una de las primeras imágenes que guardo es la llegada a mi apartamento. Iba con las maletas, algo nervioso por lo que me esperaría dentro. Al abrir la puerta, me encontré con mi compañero japonés. Esperaba quizá una presentación rápida, y en cambio, lo que me encontré fue con horas de conversación. Sin saberlo, ese día conocí a uno de mis grandes amigos, a un hermano mayor. A través de él entendí lo que significa vivir con apertura: dejarte sorprender, decir que sí a lo inesperado, descubrir que la conexión humana trasciende idioma o cultura.
A lo largo del año descubrí que mirar no es solo ver, sino abrirse al asombro. En San Diego aprendí a mirar a los demás con curiosidad sincera y también a mirarme a mí con más gratitud. Descubrí que cuando cambias la mirada, todo cambia. Lo que antes podía parecer rutina se volvía oportunidad; lo que era diferente se volvía fascinante.
El Jorge que llegó a California era alguien prudente, acostumbrado a cierto orden y previsibilidad. El Jorge que volvió es alguien que se lanza, que no se piensa dos veces un plan, que busca nuevas experiencias y que ha hecho del movimiento una forma de estar en el mundo. Viajé por todo el oeste americano y entendí que los lugares se graban no por sus paisajes, sino por las personas con las que los compartes.
Me sumergí por completo en el ambiente internacional: amigos de Japón, Alemania, Australia, Italia, Corea, Estados Unidos… Gente que me enseñó que la vida universitaria no se mide en créditos, sino en encuentros. Que no hay excusa para quedarse quieto, porque siempre hay un motivo para salir, explorar, hablar, reír. Aprendí que las culturas cambian, pero la alegría de compartir es la misma en todas partes.
Hubo mañanas de surf y atardeceres en la playa, conversaciones infinitas, silencios mirando el mar. Cada día era distinto, y todos estaban llenos de algo que no sé cómo nombrar: una mezcla de libertad, gratitud y asombro. Tal vez esa sea la palabra que define mi año: asombro.
Si tuviera que resumir mi experiencia en una frase, diría: no tengas expectativas, solo déjate sorprender. Porque cuando sueltas la necesidad de controlar, la vida te enseña mucho más de lo que habrías planeado.
Este año me ha hecho más independiente, más libre y más agradecido. Me enseñó que el conocimiento no solo está en los libros o en los laboratorios, sino en la forma en que miras lo que te rodea: con curiosidad, con entrega, con deseo de comprender. Y entendí algo que ahora intento no olvidar: cuando cambias tu mirada, cambia tu mundo.
Por eso mi próximo objetivo no está en otro país ni en otra universidad. Está aquí, en España.
Mi objetivo es mantener vivo al Jorge que conocí allí, ese que se lanza sin miedo, que se asombra de lo cotidiano, que mira a los demás con gratitud y deseo de aprender. Quiero que esa mirada no se apague, que siga siendo el motor de este último año de universidad.
Porque al final, lo importante no fue irme, sino volver con una mirada nueva, y atreverme a mantenerla viva cada día.
“El crimen donde la ley se enfrenta a la intención más oscura: la destrucción de una identidad, donde el juicio no sólo pesa sobre actos, sino sobre la voluntad de llevarla a cabo.”
Las devastadoras imágenes que nos llegan a diario han derivado en que el término “genocidio” se haya convertido una constante en los telediarios, titulares y opiniones políticas. En mi caso, como estudiante de Derecho y Relaciones Internacionales, la chispa que me llevó a investigar durante los últimos meses cómo se regula este tipo penal fue doble: la intensidad del debate público y la pregunta planteada para la liga de debate académico de mi universidad, “¿Son constitutivas de genocidio las acciones del Estado de Israel en Palestina desde el 7 de octubre de 2023?” Más allá del fragor político y lejos de posicionarnos en ninguna postura, me gustaría compartir qué dice el Derecho al respecto.
¿Cómo surge el “genocidio”? Su origen se remonta al contexto post Segunda Guerra Mundial, el jurista polaco Raphael Lemkin propone por vez primera el concepto; posteriormente, se codifica internacional y oficialmente en 1948, en la Convención para la Prevención y Sanción del Delito de Genocidio por la Asamblea General de la ONU. Su artículo II define el genocidio de forma precisa: actos cometidos con la intención de destruir total o parcialmente a un grupo nacional, étnico, racial o religioso como tal. Se requiere:
El actus reus(conducta externa): acciones llevadas a cabo como matar, causar daños graves, someter a condiciones de destrucción, impedir nacimientos, traslado forzoso de menores.
El dolus specialis: la intención específica de destruir un grupo. Aquí reside su singularidad y su excepcionalidad.
Sobre los devastadores delitos de crímenes de guerra y de lesa humanidad se eleva la categoría de genocidio, el crimen de crímenes. No con un afán retórico, sino porque exige un rigor probatorio estricto: demostrar que la finalidad no era vencer o castigar, sino eliminar a un grupo protegido como tal. Por tanto, la última palabra al determinar esto, no es el debate público ni los gobiernos. La determinación final compete a tribunales internacionales. La calificación es excepcional, ya que se trata de evitar la banalización de un término de tal magnitud.
A raíz de casos previos reconocidos como genocidio, se ha generado jurisprudencia que sirve de brújula para analizar la situación, algunos matices decisivos son los siguientes.
Se puede inferir la intención genocida de un patrón de comportamiento siempre que sea la única conclusión razonable (caso Croacia vs. Serbia, 2015).
La conclusión debe quedar probada más allá de toda duda razonable, debe ser la única explicación posible (caso anterior y Bosnia vs. Serbia, 2007).
Necesidad de probar una concertación de intereses, es decir, una deliberación y sistematización.
Llegados aquí surge la pregunta: ¿qué implica que una situación sea declarada genocidio? Supone responsabilidades estatales, sanciones penales a líderes, obligaciones de reparación y prevención, tensiones diplomáticas y un ejercicio colectivo de memoria. Una calificación así deja una huella jurídica, política, histórica y moral de enorme alcance.
Por supuesto, las consecuencias de facto de un acto no calificado como genocidio pueden resultar igualmente terribles e injustificables, lo que requiere concienciación y movilización. Ahora bien, demostrar la intención es clave para activar la categoría más grave; debería evitarse hacerlo en base a la crueldad de las acciones. La justicia internacional no se caracteriza por la rapidez, pero si aspiramos a un debate público serio, debemos contemplar la complejidad del asunto antes de emitir juicios. El Derecho no siempre ofrece respuestas inmediatas, pero reclama evidencia, establece límites y responsabilidad; porque ante los hechos que interpelan a la conciencia colectiva, su tarea es avanzar con firmeza y precaución.
Muchas gracias por vuestro tiempo y nos vemos en la próxima entrega de Ratio Legis.
Sí. Vuelvo a pasarme por aquí tan sólo unos meses después. No obstante, esta vez he dejado el Mediterráneo en mayor lejanía. Tras la aventura italiana, este cuatrimestre me encuentro más próximo al mar del Norte, entre calles empedradas que huelen a gofre recién hecho, nubes caprichosas e intentando entender qué significa, de verdad, vivir en el corazón de Europa.
Para quienes no me conozcáis, me llamo Lázaro Cruz Danta. Soy estudiante del doble grado en Estudios Internacionales y Derecho en la Universidad Carlos III de Madrid y alumno de cuarto curso (*gritos de pánico*) de la ELU. El cuatrimestre pasado estuve de Erasmus en Turín y este cuatrimestre he metido algún que otro abrigo más en la maleta y me hallo en Bruselas.
La elección de vivir durante unos meses en Bruselas siempre la he tenido presente por mi carrera, pero, sobre todo, como europeísta convencido. Y el encontrarme con la posibilidad de poder estudiar en una ubicación tan estratégica —cerca de las instituciones europeas y de la sociedad civil transnacional—, que me ofreciera una perspectiva privilegiada para comprender la Unión Europea en acción, no podía dejarla pasar.
La Université Libre de Bruxelles es un sueño. Es una universidad viva, dinámica, enfocada en crear comunidad, llena de asociaciones y que ofrece infinitas facilidades y oportunidades para los estudiantes. Me encanta pasar horas en sus aulas, en sus miles de actividades, en los cursos de idiomas, en las instalaciones deportivas… Además, poder estar estudiando en el Institut d’Études européennes, uno de los centros más antiguos dedicados a la docencia, la investigación y el debate público en el ámbito de los estudios europeos, suma valor personal a esta experiencia.
Como también suma un infinito valor la diversidad de Bruselas, que es, sencillamente, fascinante. Para mí, es lo mejor de la ciudad y lo que más me está enriqueciendo como ser humano. En una misma mesa me siento con personas de todos los continentes. Las historias biográficas se explican mejor con mapamundi en mano. Aprendo sobre la vida en Egipto, charlo sobre la diversidad lingüística de Sudáfrica, me intereso sobre la situación socioeconómica en Pakistán, me recomiendan qué hacer en São Paulo o me invitan a visitar Ciudad de México. Y momentos así, todos y cada uno de los días. A veces pienso que mi Erasmus aquí es un mapa que se va coloreando a golpe de amistad. ¡Y qué maravilla toda la gastronomía que estoy pudiendo probar cuando organizamos alguna cena!
Por supuesto, tanta diversidad se refleja también en las lenguas. Nunca he presenciado con tanta claridad que la finalidad última de los idiomas es permitir la comunicación y, con ello, fomentar la unión y la apertura. En casa la lengua vehicular es el inglés, pero, ni por asomo, es la lengua oficial. A mis dos compañeros alemanes les gusta compartir palabras en alemán a cambio de expresiones en español. En la universidad, el francés impone su cadencia, pues la ULB es una universidad francófona a la que le gusta hacer gala de ello. Donde no se impone tanto es en la calle; siempre se saluda con un “bonjour” para, dos frases después, darse uno cuenta de que está interactuando con un paisano de Jerez de la Frontera o de una finlandesa que llegó hace unas semanas y aún no chapurrea la lengua de Molière.
Con amigos españoles e hispanoamericanos, me siento como en casa con el castellano; con los catalanes, el catalán me permite colaborar en hacerles sentir a ellos como en casa; y con los italianos, el italiano me sigue haciendo tener muy presente mis meses en Turín. Cuando estamos con unos y otros, a veces mezclamos sin querer: empezamos una conversación en un idioma y la cerramos en otro. Me hace gracia descubrir que no es confusión: es hospitalidad. Las lenguas van acogiéndose las unas a las otras para que la comunicación llegue a buen puerto y el intercambio sea fructífero.
Los fines de semana, cuando la agenda lo permite, con todas estas personas tan maravillosas que estoy conociendo, realizo escapadas a ciudades de alrededor, aprovechando la posición estratégica de Bruselas. Ámsterdam, Róterdam, Gante, Amberes y Luxemburgo son las que, por el momento, he podido visitar.
No obstante, aquellos en los que no se puede, me encanta disfrutar de la ciudad sin prisas, como cada día. Recorrer sus parques: empezando en el Bois de la Cambre, para seguir hacia el Parc de Bruxelles y terminar rendidos en el Cinquantenaire, contemplando el arco con tanta atención como quien contempla un Magritte. Perderme por Marolles y curiosear en el mercadillo de la plaza del Jeu de Balle. Levantar la vista en el Sablon para cazar fachadas art nouveau. Quedarme con el claroscuro perfecto del Mont des Arts al atardecer. Aceptar que el Atomium, por muchas fotos que hayas visto, siempre sorprende. O disfrutar de unos moules-frites aunque antes de venir renegara de ellos por su simpleza.
¿Que Bruselas tiene fama de gris? Es verdad que los botes de suplementos de vitamina D están siempre agotados en el supermercado y mi regalo de bienvenida por parte de la universidad fue un paraguas. Pero quizá es precisamente en ese telón neutro donde mejor resalta lo importante. Porque si el clima no le da color a la ciudad, ya se lo ponemos quienes la habitamos.
En mi caso, esta ciudad me está regalando una escuela de convivencia. Convivencia entre culturas, lenguas, ritmos y maneras de pensar; entre lo práctico y lo simbólico; entre lo que venía a aprender y lo que no sospechaba que me asombraría. Y, sobre todo, convivencia entre personas que se eligen cada día para compartir lo que son, con su experiencia y sus ganas.
Aunque aún me queda un poco de tiempo, mi año de Erasmus está llegando a su fin y, como es común en Elus por el mundo, os animo a que si estáis pensando en realizar un Erasmus porque contéis con esa oportunidad, tiréis para adelante sin miedo y con convicción. No hace falta convertir el Erasmus en una épica forzada ni en una crisis existencial. Simplemente la experiencia cambia algo, por dentro, de forma discreta pero irreversible. Se amplía la forma de mirar, se aprende a hacer hogar lejos de casa y se entiende Europa no solo como una construcción institucional, sino como una forma de vivir en plural.
Con todo esto, me despido deseando reencontrarnos de nuevo muy pronto.
A veces, olvidamos las maravillas que hay dónde vivimos. Cuando vino nuestra mentora María el pasado lunes, decidimos que queríamos visitar una vez más la Basílica del Pilar de Zaragoza. Entre abrazos, risas y bromas, Lucía, una estudiante ELU, nos regaló un precioso tour por este monumento a la Virgen. Entre palabrejas de arquitecta y muchos gestos difusos, conseguimos hacernos una idea de la obra de arte que estaba ante nuestros ojos. Eso sí, al terminar le hicimos prometer que nos tendría que dar más como este.
Después, con la garganta seca, optamos por terminar el día de cháchara en un acogedor bar. Con un par de cervezas, por supuesto.
“All is fair in love and war”. Una frase que ha inspirado infinitas canciones hasta el día de hoy, colándose incluso en las letras de artistas contemporáneos como Taylor Swift. ¿Pero es esto realmente cierto? ¿Vale todo en la guerra?
En el artículo de hoy os traemos un tema complejo a la par que trágico: las leyes de la guerra. Desgraciadamente vivimos en un mundo dónde el hombre está más cerca de ser el “lobo para el hombre” de Hobbes que el “buen salvaje” de Rousseau. Tanto es así que existen leyes que regulan cómo debe librarse una guerra y qué límites deben ponerse a semejante barbarie.
Así surgen los Convenios de Ginebra, cuatro tratados internacionales adoptados tras las grandes guerras del siglo XX para proteger a quienes no participaban en la lucha armada: civiles, heridos, prisioneros de guerra o personal sanitario. Entre ellos destaca el IV Convenio, firmado en 1959, que se dirige exclusivamente a los civiles en tiempos de guerra. Su finalidad es erradicar el concepto de “guerra total”.
El IV Convenio protege a las personas civiles que se hallan en poder de una parte en conflicto o de una potencia ocupante. En otras palabras, a ti y a mí si cayéramos en manos de un Estado enemigo en un conflicto armado internacional o si España fuera ocupada por fuerzas extranjeras. Junto con la protección de derechos y garantías fundamentales, el texto establece límites claros a la acción de los Estados:
Prohibición de la violencia y la tortura (art. 32), incluyendo los experimentos científicos sobre las personas.
Prohibición de los castigos colectivos (art. 33), inspirada en las represalias y ejecuciones de civiles durante las guerras mundiales.
Derecho a la ayuda humanitaria y bienestar básico (arts. 55 y 59): cuando el Estado no puede garantizar el suministro de alimentos o medicinas, debe aceptar el acceso de la ayuda internacional.
Protección especial a las mujeres y niños (arts. 24-27).
Protección de los hospitales (art. 18): no pueden ser atacados bajo ninguna circunstancia, salvo que se utilicen para fines militares.
Asimismo, el Convenio reserva una sección específica para las potencias ocupantes, impidiendo deportar a las personas protegidas o trasladar a su propia población civil al territorio ocupado (art. 49).
Uno de los casos más debatidos en la actualidad es el de los territorios palestinos ocupados por Israel. La ONU ha declarado que el IV Convenio de Ginebra se aplica a esos territorios, en especial al artículo 49, que prohíbe desplazar a la población local o trasladar al territorio ocupado a la población civil de la potencia ocupante. En 2025, Suiza —depositaria de los Convenios de Ginebra— convocó la Conferencia de Altas Partes Contratantes para garantizar el respeto del Derecho Internacional Humanitario en Palestina. Sin embargo, la víspera de su celebración, el Gobierno suizo anunció su cancelación, alegando “profundas diferencias entre las altas partes contratantes”.
Todo esto nos puede hacer cuestionar la eficacia real del Derecho Internacional, que depende de la voluntad de los Estados para garantizar el cumplimiento de sus obligaciones. Pero esa reflexión daría para otro artículo.
Por ahora, no parece haber perdido su amarga actualidad aquella frase que tantos repitieron: “All is fair in love and war”.
En un mundo donde los conflictos forman parte inevitable de la convivencia, no siempre la mejor solución está en sala de juicios. Hoy traigo a colación una de las reformas legales más importantes del ordenamiento jurídico español: la nueva Ley Orgánica 1/2025.
En los últimos años, el Derecho Procesal (aquella rama del Derecho encargada de regular cómo se van a llevar a cabo los juicios– desde la admisión de la demanda, hasta la ejecución de la sentencia-) se venía regulando por la Ley Orgánica del Poder Judicial del año 1985; pero, a pesar de sus múltiples reformas a lo largo de los años para adaptarse a la realidad, no ha sido hasta el 3 de abril de 2025 cuando se ha producido un hito histórico para los juristas: la Ley de medidas en materia de eficiencia del Servicio Público de Justicia o, como es coloquialmente conocida, la Ley de eficiencia procesal; que modifica sustancialmente a la ley de 1985.
La justicia llevaba años buscando caminos más ágiles y dialogantes para resolver las diferencias entre personas y entidades, en aras de reducir la carga de los tribunales hasta en uno de cada cuatro asuntos civiles. Con esta ley, nacen los Medios Adecuados de Solución de Controversias (MASC, en adelante), un conjunto de herramientas que ponen el acento en el diálogo y el entendimiento mutuo entre las partes del conflicto jurídico.
Pero ¿cómo van a aplicar estas nuevas medidas los jueces y magistrados?
He aquí la genialidad de este proyecto legal, estas medidas no van a ser aplicadas por los juecesy magistrados, quienes podrán dedicar su tiempo a asuntos donde su presencia es más necesaria (los casos de índoles penal, laboral, concursal y de menores, así como los relacionados con Derechos Fundamentales), sino por terceros ajenos al proceso que tengan conocimientos técnicos o jurídicos relacionados con la materia sobre la que verse el caso (no tienen por qué ser estrictamente personas con estudios de Derecho). Su aplicación fundamental entroncará la mayoría de los asuntos de Derecho Civil y Mercantil.
¿Cuáles son estas medidas?
Las más importantes contempladas por la ley son:
La mediación, donde un tercero imparcial, llamado mediador, actúa como un facilitador para ayudar a las partes a comunicarse y llegar a un acuerdo voluntario.
La conciliación, en la que un conciliador propone soluciones o hace sugerencias que pueden ser aceptadas o rechazadas por las partes.
El arbitraje, donde un árbitro neutral escucha las pruebas y argumentos de ambas partes y luego toma una decisión vinculante para ellasllamada laudo.
¿Qué ocurre si, a pesar de todos los esfuerzos, las partes no llegan a un acuerdo?, ¿hay consecuencias?
Puesto que se trata de facilitar la resolución de un conflicto y no de forzarla; la terminación del proceso sin acuerdo no produce sanción legal alguna para las partes. De hecho, el artículo 10 de la ley hace referencia a los casos en los que se entenderá que no se ha llegado a acuerdo alguno (si transcurren tres meses desde la primera reunión, si transcurren treinta días naturales desde que una de las partes hace una propuesta y esta no es valorada por la otra…).
Una vez se haya producido la terminación sin acuerdo, la persona encargada (árbitro, mediador, conciliador) expedirá un documento o declaración responsable firmada por las partes. Esta se presentará ante el juzgado con la demanda.
¿Y si quiero ir directamente al juez porque me parece muy tedioso todo esto de la negociación?
No podrás, ya que la ley establece la obligatoriedad de recurrir a estos medios legales para la admisión de la demanda en el juzgado competente. No te preocupes por los plazos, puesto que estos quedarán “congelados” durante el tiempo que dure la negociación, por lo que tendrás el mismo plazo que dicta la ley para entablar la acción legal correspondiente ante el juez.
Voy a poner un ejemplo para asegurarme de que lo hayáis entendido:
Era un 11 de marzo de 2025. Claudia había salido a dar un paseo por el parque en su bicicleta nueva. Todo transcurría con tranquilidad hasta que, al doblar una esquina, perdió el equilibrio y tropezó en la acera. El golpe fue leve, pero su bicicleta cayó y terminó rompiendo el parabrisas del coche de Fernando, que se encontraba correctamente aparcado.
Para resolver este caso, Fernando deberá ejercer la acción de responsabilidad civil extracontractual (regulada en el artículo 1902 del Código Civil), ya que no existe contrato alguno entre él y Claudia. Según el Código Civil, el plazo para ejercitar esta acción es de un año, por lo que Fernando tendría hasta el 11 de marzo de 2026 para reclamarle a Claudia la cuantía económica.
Con todo esto, ¿puede ir Fernando directamente el juez? No. Como hemos visto, deberá antes recurrir a uno de los MASC. Supongamos que recurre a la mediación un mes después de los hechos, el 11 de abril de 2025, pero esta se alarga hasta el 18 de julio de 2025 sin llegar a acuerdo alguno; ¿cuánto le queda a Fernando de plazo para presentar la demanda ante el juzgado? Como ya sabéis, la mediación “congela” el plazo, por lo que tendrá once meses (los doce le otorgaba la ley, menos el mes que tardó en recurrir a la mediación), es decir, hasta el 18 de abril de 2026.
En conclusión, estas instituciones pretenden apostar por una justicia dinámica y de diálogo, reduciendo la carga de los tribunales en conflictos legales tan diversos y comunes en los que todos nosotros podremos vernos inmersos algún día, como los relativos a herencias y al incumplimiento contractual, entre otros, que pueden ser resueltos perfectamente, e incluso con más ventajas para sendas partes, que con la intervención judicial.
El sábado 27 de septiembre tuvo lugar la Jornada de Inicio de Curso que reunió a todos los alumnos del programa, con especial atención a los de primer curso, que se incorporan este año.
Durante la mañana se presentó la estructura del curso y se compartió el lema que acompañará a los alumnos a lo largo del año: “Solo vemos bien con el corazón” una invitación a mirar más allá de lo evidente. Los dos fines de semana formativos estarán centrados en arte y religiones, respectivamente.
También se comunicaron algunos cambios en el equipo directivo:
Laura Llamas asume la dirección académica en sustitución de Juan Serrano y se aprovechó la jornada para que pudiera despedirse con los alumnos dando la Lectio de este curso.
María Torras comenzará en los próximos meses como directora ejecutiva, en un proceso de transición junto a Carola Díaz de Lope-Díaz.
La jornada incluyó las primeras clases de las asignaturas, una comida conjunta, un encuentro con los mentores y una actividad de integración organizada por los alumnos de cursos superiores.
Con todo en marcha, el curso arranca con muchas ganas de seguir creciendo juntos.
El pasado sábado, 14 de junio, se celebró la graduación de la XV promoción de la Escuela de Liderazgo Universitario en la Universidad Francisco de Vitoria.
El evento dio inicio a las 15:00 horas, momento en el cual los alumnos de cuarto año presentaron sus proyectos y artículos finales. Estos trabajos reflejaron el aprendizaje adquirido durante su trayectoria en la Escuela, abordando diversos temas vinculados a sus áreas profesionales, pero todos orientados a la búsqueda de la verdad en cada asunto. Los estudiantes colaboraron en equipo para encontrar soluciones a problemas humanos, evidenciando su capacidad de trabajo conjunto y compromiso.
Varios Elumni con una trayectoria destacada colaboraron siendo parte de los tribunales, donde tuvieron la oportunidad de compartir su perspectiva y ofrecer críticas constructivas.
Más tarde comenzó el Acto de Graduación; los profesores, académicos, alumnos y familiares se reunieron en el Aula Magna para conmemorar a la promoción. La Ilustrísima Dña. Ainhoa Fernández del Rincón, fue elegida madrina en reconocimiento a su trayectoria como Coordinadora del Área de Acompañamiento en la Escuela de Liderazgo Universitario.
Después de la ceremonia, celebramos con una cena y mucha música para compartir y disfrutar de los recuerdos y experiencias acumulados a lo largo de estos cuatro años.
Muchas gracias a todos por, un año más, confiar en nosotros, por apostar por el pensamiento crítico, la búsqueda de la belleza y la verdad a través de la universidad.
Hace poco tiempo a los alumnos del módulo 2 de la ELU, ‘Grandes libros’, se les propuso como tarea final llevar a cabo un concurso de relatos.
Este invitaba a los participantes a escribir un relato corto de aproximadamente 1000 palabras bajo un mismo título “Cosmogonía”. Y después de una votación en la que participaron tanto los profesores de la Escuela de Liderazgo Universitario y los alumnos del módulo, podemos anunciar tres ganadores.
¡Hola a todos! Os escribo desde mi casa en Valencia, tras casi cinco meses sin venir después de haber pasado este último cuatrimestre de la carrera un poco lejos de España, en Nueva York. Entre la graduación de la ELU y los reencuentros, es ahora cuando empiezo a asimilar lo que allí he vivido y aprendido, y lo comparto aquí con vosotros.
Empezaré contándoos qué me llevó hasta allí, y es que el objetivo de esta estancia era hacer las prácticas curriculares de mi carrera (Biomedicina) en Icahn School of Medicine at Mount Sinai, un hospital y centro de investigación en pleno Manhattan. Allí me incorporé a un grupo especializado en cáncer de hígado, colaborando en sus proyectos para, a partir de lo aprendido, hacer mi TFG. En este sentido, ha sido una gran oportunidad para entender cómo se trabaja en un centro de alto nivel, comparando la metodología española con la estadounidense y conociendo personas de todo el mundo. Y es que, si algo define Nueva York, es la mezcla de culturas. He podido compartir trabajo con profesionales de todos los continentes, aprendiendo sus costumbres, celebrando los cumpleaños de mil formas y probando platos muy diferentes. Esto enriquecía enormemente mi aprendizaje, que fue más allá de lo académico para demostrarme la maravilla de la diversidad, que diferencia pero no distancia, porque siempre se mantiene algo común que nos une, visible en la colaboración y el apoyo entre todos orientado hacia un bien mayor, hacia la mejora de la vida de las personas.
Como veis, tenía una rutina marcada por las prácticas, pero eso no me ha impedido aprovechar las tardes y los fines de semana para conocer la ciudad y ahora, poder afirmar que -aunque siempre queda algo por ver- he conocido Nueva York a fondo. Y es que, si algo tiene Nueva York es muchísimas cosas que hacer. Junto a compañeros de la universidad, que vinieron conmigo desde España a otros centros de investigación, aprovechamos las primeras semanas para recorrer la gran manzana visitando Times Square, Grand Central, Brooklyn Bridge… y todos esos lugares emblemáticos. Eso sí, todo esto fue en febrero, donde se agradecía la ausencia de turistas en muchos lugares, pero se sustituían por varios centímetros de nieve y un viento gélido. Además, no os voy a mentir, Nueva York es una ciudad de contrastes, y cuando sales de las zonas turísticas a otros barrios, recorres varias líneas del NYC Subway y conoces la ciudad como quien la habita, te das cuenta de que, si no estás despierto, la ciudad te come.
Esto hizo que mi primer mes fuese complicado, sentía que era una ciudad excesivamente grande y caótica para mí: demasiadas personas, demasiada prisa, demasiado ruido… Veía imposible llegar a sentirme cómoda y parte de ella. ¡Y cuánto me equivocaba! Con el tiempo y de la mano del grupo de españoles -entre los que algunos ya son amigos- entendí que Nueva York no te acoge, pero siempre te invita. Te invita a la acción, a la actividad, a buscar tu sitio y, sobre todo, a cambiar. Que no puedes esperar a encontrar tu lugar, sino que debes buscarlo activamente. Porque en medio del individualismo, los empujones en el metro y el trabajo incansable buscando el ansiado sueño americano, te invade una sensación de pertenencia. Parece que nadie es de Nueva York, que todos están de paso, pero por algo es la ciudad que todos eligen y donde uno va a cumplir sus sueños, a cambiar su vida o a empezar de cero. Y esto no es un mito, os prometo que así lo cuenta la señora del metro, mi compañero de laboratorio y la española que conoces en un pub.
A donde quiero llegar, es a que Nueva York ha sido contra todo pronóstico, la ciudad donde he desarrollado parte de mi identidad. Que no está definida por la ciudad, pero el hecho de que la ciudad sea tan diversa, donde todo a tu alrededor inspira, donde todos tienen un hueco y una comunidad -uno de mis sitios favoritos era Washington Square Park, un lugar que era vivo ejemplo de esto- hace que uno no tenga miedo a conocerse a sí mismo. Yo que siempre he sido de pensarme mucho ciertas cosas, he podido definir qué hacer el año que viene, en qué quiero trabajar en el futuro y qué sentido tiene en mi vida y en la de otros. He aprendido a disfrutar de mi propia compañía -cosa que en Madrid nunca se me ha dado muy bien- y a entender qué me gusta y qué es importante para mí, los pilares de mi vida y de la persona que estoy construyendo. Todo esto, gracias a una ciudad en la que te sorprende alguien con una historia de vida en la que te reconoces, o un muelle al lado del Hudson donde no se escucha ni una sola bocina de coche, o un paseo interminable por una de las avenidas donde encuentras arte, música, pobreza y riqueza, iglesias y templos… lo que es el mundo, que es mucho y muy diverso, pero en el que todos encuentran su sitio y conviven.
Además, he compartido mucho tiempo con familiares que viven en Estados Unidos, pudiendo visitar otras ciudades y pasar tiempo con tíos y primos que veo con poca frecuencia. Esto también me ha ayudado a sentirme en casa, a sentir ese amor familiar e innato que no desaparece a pesar de los años y la distancia, y que me ha permitido tener un hogar lejos de mis padres, donde sentirme siempre bienvenida y acogida para descansar de la locura de la ciudad cuando lo necesitaba.
No puedo dejar de comentar otra cosa que me ha fascinado: el arte. Y es que siempre he sido una persona que disfruta mucho visitando un museo y aprendiendo el estilo de distintos artistas, y Nueva York me ha permitido explotar al máximo este hobby. Además, el Trabajo Final de la ELU que he estado desarrollando con mis amigas llamada tras llamada, me ha hecho aumentar esa sensibilidad ante las obras y hacer turismo muy atenta del arte que me rodeaba. El MoMA, el MET, el Guggenheim, pero también el barrio del Soho, un músico en Central Park o las paredes del metro me han permitido aprender muchísimo y vivir enamorada de la belleza que somos capaces de crear las personas, y que, si te fijas, está en todas partes para hablarte e inspirarte.
Y por supuesto, todo lo vivido y aprendido ha sido de la mano de personas que me han acompañado. Familia, compañeros de trabajo y universitarios que me han brindado compañía, apoyo, conversaciones y momentazos que me llevo en el corazón y que, gracias a ellos, han calado y han cobrado mucho más sentido. Algunos ya son amigos, que espero poder mantener en mi vida y recordar con ellos la huella que ha dejado esta ciudad en nosotros y que nos ha hecho tanto bien. En definitiva, creo que mi frase más repetida en este cuatri ha sido “se me rompe la cabeza”, que se podría traducir en un agradecimiento profundo ante tantos regalos que considero que Dios ha puesto en mi vida y ante los que sólo me queda la responsabilidad de aprovecharlos al máximo, siempre consciente y feliz por cada viaje, paseo y momento vivido.
Sabiendo que Nueva York es un destino que a muchos nos llama la atención, termino ofreciendo una lista que he trabajado con sudor y lágrimas en estos meses, llena de lugares, planes y comida (la mayoría “sitios sin mantel” como me gusta llamar a los restaurantes asequibles y que me podía permitir) que merecen mucho la pena. Considero que, entre otras, en esa lista están las mejores chocolate chip cookies y rooftops de la ciudad 😉
Y nada ELUs, solo me queda invitaros a visitar esta ciudad y a decir un SÍ en mayúsculas a cualquier experiencia que se os presente en el extranjero. Porque a veces, aunque no lo creamos, hace falta salir para reconectar con nuestro origen y con uno mismo, para crecer en aspectos que en la cotidianeidad habíamos descuidado y con ello, volver a casa con un bagaje que nos hará vivir mejor, más felices, y de forma mucho más universitaria.
¡Gracias por leerme!
Y ánimo con la resaca emocional de la graduación, yo aún no lo he superado.
¡Hola a todos! Os escribo desde mi habitación de Delft, en Países Bajos, observando como de costumbre la típica lluvia holandesa en el fondo de la ventana de mi habitación, aun siendo junio. Y eso que mi gran amigo holandés, Sergio Küppers, me avisó antes de elegir mi Erasmus que Holanda no sería un buen destino desde un punto de vista del tiempo, ¡pero aquí estoy!
Y entonces si me preguntáis como he acabado aquí os diría que fue el saber que era una buena universidad en Arquitectura, que quería perfeccionar mi inglés, que era un buen sitio desde el que viajar y que era un cambio de aires respecto a la cultura española en comparación con un Italia, Grecia, etc. Pero realmente, el destino no era tanto lo que me importaba sino el salir de mi vida 5 meses porque algo que no sabría describir me decía que lo necesitaba para seguir dando pasos en lo personal y seguir cambiando hacia aquello que quiero ser.
Y así acabé el 4 de febrero llegando al aeropuerto de Ámsterdam, ¡lloviendo!, solo y cagado de miedo pensando en qué momento se me ocurrió a mí que era buena idea eso de seguir creciendo personalmente en el extranjero. Esa sensación duró poco tiempo pues los siguientes tres días la universidad organizaba unas jornadas de convivencia y pronto escuché a ese grupo de gente hablando con el peor acento de inglés posible que te hace intuir que son españoles… Quizás al principio nos juntamos por un sentimiento de soledad compartido, pero a día de hoy solo puedo decir que se han convertido en personas esenciales en mi vida y con las que he compartido planes y viajes imaginables.
Luego la universidad empezó y ya con más seguridad por no sentirme tan solo me empecé a acercar a gente no española superando la barrera cultural y del idioma. Descubrí como el deseo humano de no sentirse solo, de reírse, de sentir la gratificación de ser servicial no entiende mucho de países ni idiomas. Y entre maqueta y maqueta acabé compartiendo un viaje a Pisa y Florencia con un australiano, un alemán, dos españoles y ¡cinco canadienses!
Los viajes empezaron a coger carrerilla y sin saber cómo aparecí también, ya con mi grupo de españoles, en Bélgica, Turquía, Alemania, ¡Jordania! y Dinamarca. Viajar no me ha hecho disfrutar solo de lo más “mundano” de un viaje, sino que me ha hecho conocer a mis amigos en profundidad y darme cuenta de lo mucho que me gusta mi carrera entendiendo la historia y la cultura de un país a través de su Arquitectura. Aunque todos los viajes hayan sido muy especiales tengo que recomendaros encarecidamente que vayáis a Jordania, ¡creo que Petra es de mis lugares favoritos del mundo!
Pero por mucho que haya viajado, ¡Delft también me ha dado para mucho! En una semana normal aquí la universidad no ocupa mucho espacio por lo que tengo bastante tiempo para hacer más deporte que nunca (ir al “gym” y ¡hacer 10 km semanales!), salir de fiesta a descubrir que el “techno” europeo me gusta mucho más de lo que pensaba o dedicar tiempo al TFELU con mis amigos de la ELU. También tengo tiempo para intentar sacarle alguna palabra a mis compañeros de piso de China, Turquía y Portugal que estuve los primeros 15 días sin escuchar sus voces… o para descubrir nuevas rutas en Delft con mi bicicleta.
Pero sobre todo tiempo para disfrutar con mis amigos de aquí haciendo cualquier plan. Tiempo no solo porque me río y disfruto mucho, que también, sino por descubrirme en relación con ellos. Y aquí siento que está ese gran crecimiento que buscaba al irme, en relacionarme con gente diferente a mí, diferente a lo que venían siendo mis amistades en Madrid para descubrirme con ellos en nuevas facetas y seguir construyendo mi identidad; seguir cambiando hacia aquello que quiero ser como persona que no es un trabajo fácil.
Está muy bien eso de cambiar en relación con los otros, pero siempre buscando ese momento de silencio en tu día, aunque parezca que no lo hay entre tantos planes. Este silencio, curiosamente, la encuentro muchas veces en una sala de meditación de mi universidad donde un día teniendo a un musulmán enfrente y a una chica meditando al lado me paraba a pensar la necesidad innata que tiene el ser humano de conectar con algo espiritual sea de la manera que sea, y cada uno con la suya.
En este proceso de cambiar cosas de uno mismo siempre es importante para mí volver un poco a mis raíces y que en una mentoría, María Longás; en una visita a Amsterdam, mi familia; o en una llamada, mis amigos de la ELU; me digan que me ven mejor que nunca.
Como siempre solo puedo agradecer a Dios, a la vida o a aquello que sea; la suerte de tener la oportunidad de estar viviendo esto porque me siento lleno de nuevas experiencias y amistades increíbles, mucho más abierto hacia la gente y hacia la vida y sobre todo mucho más cerca de la persona que quiero ser.
Y por eso, recomendaros a todos aquellos que tenéis en mente iros de Erasmus y lo estáis dudando que os vayáis. Que os vayáis y os juntéis con gente que quizás nunca antes habríais hecho, que salgáis de verdad de lo que os da comodidad , que seáis sinceros con la persona que queráis ser y que volváis siempre a vuestras raíces a coger fuerza y compartir.
Y para los que no tengáis esta oportunidad, daros la buena noticia de que lo que realmente importa está siempre a nuestro alcance y no depende de estar viviendo en España o en Holanda.
El pasado martes 20 de mayo las calles vallisoletanas recibieron a nuestro mentor Diego y a Martín Tami, dispuestos a disfrutar de un día con las elus de Valladolid y a descubrir la capital castellanoleonesa.
La estación de tren fue el punto de encuentro y, como no podía ser de otra manera, a este recibimiento siguió un agradable paseo por lugares imprescindibles de la ciudad como el Campo Grande y la Academia de Caballería, San Pablo, la Plaza Mayor, la Catedral y la Universidad. Y entre historias de Castilla, edificios que esconden más de lo que muestran, arquitectos que huyen a la capital dejando a los pucelanos sin su anhelada catedral, o plazas de toros que bien podrían confundirse con corrales de comedias, Diego y Martín fueron descubriendo poco a poco la historia escondida tras las burguesas avenidas de Valladolid.
Tras varias mentorías y reuniéndonos al encuentro de Vicky, nos dirigimos al Museo Nacional de Escultura. La visita comenzó con una sensación compartida de asombro: los recién llegados, ya profundamente impresionados tras contemplar la imponente fachada de la Iglesia de San Pablo, se adentraban ahora en un espacio que desborda historia y belleza.
El museo no solo ofrecía una colección excepcional, sino también una atmósfera que invitaba al silencio, a la contemplación y al respeto por un patrimonio que sobrecoge tanto por su calidad artística como por su carga espiritual.
La mañana se fue convirtiendo en tarde, y la parada para recuperar fuerzas fue necesaria. A mesa redonda hablamos y nos preguntamos por el significado de la ELU y nuestra motivación hacia ella, sobre exámenes finales, sobre experiencias universitarias fuera de casa y nuevas perspectivas, y planes de verano. Sacamos a relucir ideas y preguntas de los módulos, contamos experiencias pasadas en la ELU, y miramos hacia la futura graduación en junio.
Como siempre en buena compañía, se nos echó el tiempo encima y antes de que saliera el tren destino Madrid, una última mentoría nos hizo despedirnos de nuestro mentor con deseos y planes para el próximo encuentro. Y así, entre el desajuste que provoca la amargura ante los próximos exámenes finales y la emoción por lo que está por venir, la ELU Valladolid se despedía de un nuevo y renovador encuentro.
A ti, estudiante de ingeniería, de empresariales o de moda, ¿te debería importar que una ley sea declarada inconstitucional? ¿O que se politice el poder judicial? ¿O que cada vez salgan a la luz más casos de corrupción del poder político?
A ti, que aparentemente no quieres tener nada que ver con el mundo jurídico, ¿te debería importar el Estado de Derecho?
Por ser esta mi última entrega de Ratio Legis de este curso, he querido abordar un tema que, a mis ojos, es esencial. Hablamos constantemente de la degradación de las instituciones, de su politización, del desgaste de la democracia, pero no siempre nos detenemos a pensar que una gran parte de la población —en especial, quienes no se dedican al Derecho— vive esta crisis como algo ajeno. Como si no les afectara.
Pero les afecta. Y mucho.
El Estado de Derecho no es una abstracción del mundo de las ideas de Platón. Es el principio que sostiene que todos—ciudadanos y poderes públicos— estamos sometidos a la ley. Que no hay nadie por encima de ella. Que existen límites. Que hay garantías. Que con el dinero público no se juega. Y que los derechos no son favores.
Y aunque no lo parezca a primera vista, esto afecta directamente a tu vida cotidiana. A ti, que estudias cálculo y física, que diseñas circuitos o estructuras, que modelas datos o sueñas con lanzar una startup tecnológica. Nada de eso tiene sentido sin un entorno institucional sólido. A continuación algunos ejemplos:
Carlos acaba de lanzar una empresa de coches eléctricos registrando una patente de un sistema de batería específico. Sin un Estado de Derecho, cualquier gran empresa o el propio Estado podría copiarle la idea sin consecuencias.
Lucía estudia Derecho en una universidad privada, pero como no puede costeárselo es beneficiaria de una beca de estudios. Sin Estado de Derecho, se otorgaría esa beca a alguien con contactos, incluso aunque no cumpliera los requisitos.
Laura fue a una manifestación en Valencia en protesta por la gestión de la DANA. Sin Estado de Derecho, podría ser detenida por alterar el orden público, sin motivación ni justificación alguna.
Andrés ha denunciado la corrupción de un ministro. Sin Estado de Derecho, podría desaparecer y ser torturado, pues no hay garantías de protección ni de justicia.
En cada uno de estos casos actúa el Estado de Derecho: garantiza que todos seamos iguales ante la ley, que las normas sean claras y acordes con los principios básicos de nuestro sistema constitucional, que nadie abuse del poder, que los tribunales sean independientes…
Sin estos principios, tu vida privada, tu trabajo y tus derechos quedarían a merced de arbitrariedades y abusos. Por eso, cuando leas en la prensa que una ley se aprueba saltándose Todos los controles legales, o que se intercambian favores por nombramientos, o que se bloquea el poder judicial por cálculos partidistas, no caigas en la indiferencia.
Nos queda mucho por mejorar; así lo reflejan los informes sobre el Estado de Derecho de la Unión Europea y de asociaciones como Hay Derecho. Porque cuando bajamos la guardia, la política deja de servir al interés general, la justicia no es independiente y los derechos quedan indefensos.
La ciudad de Sevilla fue punto de encuentro de un grupo de elus bien acompañados por mentores, profesores y elumnis el pasado 26 de abril. ELU Andalucía, con algún infiltrado exterior, se reunió a las puertas de la catedral hispalense para dar comienzo a un intenso día de visitas, paseos, retablos y helados. Pudimos descubrir de primera mano las maravillas que atesora en su interior el templo mayor más grande de España, nos perdimos entre sus naves e hicimos un intenso esfuerzo de subida hacia las campanas de la Giralda abriéndonos paso entre turistas y curiosos.
Nuestra siguiente parada fue la Colegiata del Divino Salvador, a pocos metros de la catedral. Acompañados de aficionados de blanco y blaugrana que esperaban impacientes la llegada de la final de Copa pudimos contemplar la inmensidad de los tres retablos que presiden esta señera iglesia del centro de Sevilla. No fuimos capaces de pasar por alto los pasos de las hermandades allí asentadas que todavía esperaban ser retirados del templo tras una intensa Semana Santa.
La tarde se nos echaba encima. Con el calor y el hambre apretando tuvimos que hacer una parada estratégica para recargar fuerzas y como todavía parecía haber entre los elus más ganas de Barroco, en busca de un helado que nos levantara el azúcar paseamos por el entorno del Hospital de la Caridad, el Arco del Postigo y cómo no, la Capilla de la Pura y Limpia junto a la que encontramos el lugar adecuado para el postre. Para poner la guinda al pastel nos adentramos entre las callejuelas de la Judería y el barrio de Santa Cruz hasta llegar a Santa María la Blanca, nuestra última oportunidad para profundizar en la retablística sevillana antes de dispersarnos.
Así, de iglesia en iglesia en las vísperas de una final de Copa ELU Andalucía conoció los lugares más íntimos de la Sevilla profunda.
El próximo 12 de junio tendremos nuestro último encuentro del Club de Lectura y la oportunidad de disfrutar junto al traductor de la novela Gabriel Rodríguez Pazos y el profesor de humanidades de la UFV Javier Aranguren de este libro.
Será como siempre en Rodilla UFV y cerraremos el ciclo de encuentros de este año con la próxima lectura que podréis disfrutar este verano.
Os recordamos que nuestro Club de Lectura, está pensado para poder participar en encuentros literarios y disfrutar de pequeñas obras que nos permiten compartir y entender mejor el mundo de manos de nuestros profesores, donde pueden asistir Antiguos Alumnos y familiares y amigos de la Universidad.
Hay momentos en la vida en los que uno siente que está llamado a hacer algo, aunque no sepa muy bien por qué, y aunque haya quienes tampoco entiendan las razones de ello. Puestos en esta situación, aparece la disyuntiva sobre cómo proceder: ¿te dejas llevar por la corriente o decides tirar hacia adelante con esperanza y convicción? Yo, afortunadamente, elegí lo segundo, y, hoy, este alma sureña se complace de haberse dejado guiar hasta el norte de Italia, hasta la discreta Turín.
Cuando hace ya más de un año me dispuse a realizar mi solicitud de Erasmus para tercero de carrera, no tardé mucho. Leí “Turín” y la marqué como primera opción. Quizá por intuición; aunque creo, sinceramente, que por algo más profundo.
Ya desde bien pequeño, por los trece años que estudié en un colegio de los Salesianos, Turín nunca me ha sido una ciudad ajena. Todas aquellas historias de un sacerdote, Juan Bosco, que dedicó su vida, en los tiempos de la industrialización, a ayudar a niños y jóvenes empobrecidos que llegaban a la metrópolis y terminaban maltratados, explotados y negados en sus derechos y libertades, me marcaron para siempre. Por ello, de algún modo, sentía que ese lugar, cargado de significado para mí, tenía algo especial esperándome.
Y no me equivoqué.
Estudiar Derecho —o como tanto me gusta que lo llamen aquí, Giurisprudenza—, en la Universidad de Turín —mi querida UniTo— ha sido una experiencia profundamente enriquecedora. Turín, con su carácter sobrio y elegante, reflejo de una ciudad industrial que ha sabido reinventarse sin perder su esencia, es un entorno ideal para formarse, sobre todo en el campo del derecho laboral, del que he tenido la suerte de cursar dos asignaturas durante mi estancia.
Italia nació en Turín, y ese espíritu fundacional sigue vivo en el ADN del país. No creo que sea casualidad que la Constitución italiana defina a la nación como una “Repubblica democratica, fondata sul lavoro”. Ese valor del trabajo como motor de dignidad y progreso se percibe claramente en esta ciudad. La presencia de empresas importantes como FIAT, Lavazza, MAT, Martini o Ferrero, junto con el Centro Internacional de Formación de la Organización Internacional del Trabajo, hacen que la UniTo se beneficie de un ambiente de innovación y dinamismo, y que cuente en sus aulas con profesores de inmensa calidad, de esos de los que uno se alegra de haber tenido en su formación universitaria.
En la UniTo recordé que el primer libro de literatura italiana que leí fue El nombre de la rosa, de Umberto Eco, quien también fue alumno de los Salesianos y, posteriormente, de esta universidad. Haber podido estudiar aquí le ha dado a mi experiencia un valor simbólico añadido, siendo esta novela una de las primeras que me hizo ver la importancia del conocimiento y la búsqueda de la verdad.
Por supuesto, mi Erasmus va mucho más allá de las aulas. Mi Erasmus es, en la mayor proporción, las personas con las que lo estoy compartiendo. Personas maravillosas que, en un abrir y cerrar de ojos —como todo en el Erasmus—, se han convertido en mi familia improvisada. La cotidianidad de esta nueva vida la comparto con ellos; los paseos sin rumbo fijo por la orilla del Po y por los soportales de Via Roma o las visitas a los innumerables y excepcionales museos de la ciudad: desde el egipcio —que es el más antiguo del mundo— hasta el del cine —en la imponente Mole Antonelliana—, pasando por el del automóvil, el de Lavazza y el de arte oriental, ¡y todavía nos faltan un montón!
Además, nos hemos vuelto adictos a observar la ciudad desde lo alto: las vistas desde el Monte dei Cappuccini al atardecer son algo que me llevaré en la retina para siempre. Tras esto, el ritual del aperitivo nos reúne: spritz en mano, risas, confidencias y alguna que otra declaración improvisada en las plazas más bellas de la ciudad, desde San Carlo hasta Vittorio Veneto. Siempre, de fondo, una canción que parece perseguirnos por donde vamos: “Maledetta primavera”, que se ha convertido en la banda sonora de nuestro Erasmus.
Con ellos no solo recorro la ciudad de arriba a abajo, sino que tampoco hemos parado de recorrernos otras muchas ciudades de Europa: Venecia, Milán, Génova, Budapest, Viena, Ginebra, Praga y Estocolmo. De cada ciudad me llevo nuevos aprendizajes e historias que nunca olvidaré, todo ello envuelto en la sensación compartida de estar viviendo algo irrepetible, y con cada uno de nosotros poniendo de su parte para que así fuera.
Sin embargo, de todos esos recuerdos compartidos, hay uno que guardaré con especial cariño: nuestra aventura en las Dolomitas. Durante semanas, el horizonte de Turín nos había mostrado los Alpes como una postal que enmarcaba la ciudad. Hasta que un día decidimos no conformarnos con mirarlos desde la distancia. Cogimos varias campers, llenamos mochilas y nos pusimos encima varias capas de abrigo, y nos fuimos en busca de esas montañas mágicas. Aquellas caminatas entre montañas nevadas, con el silencio roto solo por nuestros pasos y la belleza imponente de sus valles y sus lagos, fue uno de esos momentos que se graban para siempre.
En definitiva, Turín, por todo lo que me ha dado y la forma en la que me ha acogido con los brazos abiertos, se siente como casa. Tengo claro que es una joya escondida de Italia. No es ruidosa como Roma, ni ostentosa como Milán. Aquí, la belleza se revela sin alardes. Sus habitantes son discretos, modestos, incluso celosos de su ciudad, y quizá por eso no desean que se convierta en un destino turístico de masas. Y sinceramente, qué suerte que así sea. Porque eso la hace aún más auténtica. Turín no se exhibe: se ofrece a quien sabe mirar.
El pasado 5 de mayo, tras una larga espera que sirvió para aumentar la ilusión, los elus gallegos tuvimos el placer de recibir otro año más a nuestro mentor, Diego. Esta vez llegó en tren a Santiago de Compostela, ciudad con una niebla casi perpetua que, por una vez, decidió darnos tregua y amanecer soleada.
María Castro fue la encargada de recibirle, y, como no podía ser de otra manera, comenzó la jornada con una mentoría matinal acompañada de un paseo por las calles compostelanas. Las torres de la Catedral se iluminaban bajo ese cielo despejado, y los soportales de la zona vieja les ofrecieron un camino tranquilo para que la conversación fluyese con naturalidad.
Pero la jornada no acababa ahí. Al mediodía, un tren los llevó a A Coruña (ciudad que, discutimos, podría ser la mejor de España). Allí los esperaba María Calo, quien, como anfitriona, los llevó a un lugar donde, según se cuenta (y también lo confirmó el jurado de la XVII edición del Campeonato de España de Tortilla de Patatas) se sirve la mejor tortilla de patatas del país.
Con el estómago y el ánimo satisfechos, Jacobo se unió al grupo para visitar la exposición del pintor coruñés Francisco Lloréns en la Fundación Barrié. Sus paisajes, cargados de devoción por su tierra, nos regalaron no solo su belleza, sino también una excusa perfecta para reflexionar el arte puede capturar algo tan intangible como la memoria de un lugar.
Aprovechando la inspiración del momento, Jacobo Vega y Alejandro Álvarez llevaron a cabo sus mentorías, mostrando a Diego rincones de la ciudad que les vio crecer, ofreciendo no solo conversación, sino también recuerdos y vivencias personales que sumergieron al mentor en este rincón del norte.
La jornada se cerró con una cena para recordar. Pulpo, empanada, conversación sin prisa y una sobremesa que se convirtió en tertulia sobre vocación, propósito y la inevitable búsqueda de sentido que nos atraviesa a todos. Diego, tras más de 20 kilómetros caminados, aún encontraba fuerzas para seguir despierto este día tan agotador. Ya entrada la noche, las dos Marías y Diego emprendieron el regreso en coche hacia Santiago. La carretera se convirtió en extensión natural de la sobremesa y consiguió recoger las ideas más importantes del día.
La mañana siguiente, 6 de mayo, comenzó con un desayuno compostelano con María Calo, quien, entre cafés, tostadas y cuenco de yogur, cerraba su ciclo de mentorías presenciales.
La despedida se acercaba, pero no sin una última parada: el Mercado da Galiciana. Un rincón bullicioso y moderno donde María Castro acompañó a Diego en su última comida antes de partir. Fue una despedida triste, pero, como siempre, con sabor a gratitud. Y así, con las mochilas más ligeras que cuando empezó la semana, pusimos fin a una visita que, como todas las que importan, se nos hizo corta. Pero también necesaria para tomar perspectiva en este mes de exámenes.
Se trata quizás de uno de los casos más virales de la historia.
El 17 de junio de 1994, noventa y cinco millones de personas sincronizaban sus televisores para ver, en tiempo real, la persecución a baja velocidad de una de los máximos exponentes del fútbol americano: Orenthal James Simpson.
Poco tiempo antes, un perro suelto trotaba indiferente por la acera de un barrio residencial, dejando una senda de huellas ensangrentadas sobre el asfalto. Un paseante nocturno repara en él y se acerca para ver si está herido. Pero el perro, con una sana vitalidad, se gira y comienza a deshacer el camino andado, seguido dócilmente por el curioso testigo. Llegan al jardín de una casa donde, detrás de una pequeña valla blanca, yacen dos cadáveres bañados en un charco rojo y espeso. Al lado, un guante de cuero negro ensangrentado y otra senda de gotas rojas por el lado izquierdo del camino.
Estaba claro: no era la obra de un profesional.
Llegan entonces los girofaros azules, las ambulancias y los forenses. Las víctimas son Nicole Brown y su “amigo” Ronald Goldman. La primera fue fácil de identificar por las fuerzas del orden. Era la ex-mujer del deportista de élite de fútbol americano, conocida por todos los medios sensacionalistas como la mujer maltratada y sumisa de un matrimonio interracial que una vez hizo soñar a las masas.
La policía sigue esta pista e intenta contactar con el deportista por teléfono, pero es su secretaria quién responde:
—OJ no está en Los Ángeles. Cogió un vuelo a Chicago, pueden consultar el registro de aviación.
Y el vuelo, en efecto, constaba en los registros. Pero la presencia de OJ al momento y lugar de los hechos no debía ser descartada.
En efecto, cuando la LAPD llegó a la residencia del futbolista, encontraron en su porche algunas gotas de sangre en el lazo izquierdo del caminito de entrada, unos rastros sospechosos en el interior de su coche y -la guinda del pastel- el guante de cuero parejo al hallado en la escena del crimen.
Comienza entonces una búsqueda del icono del fútbol. Tras varias horas sin recibir noticia alguna, la centralita de la LAPD recibe una llamada:
—Soy Al Cowlings, estoy en un Bronco de color blanco. OJ está en el asiento de atrás, tiene una pistola apuntada a su cabeza.
—Disculpe, ¿quién dice que es?
—¡Sabe perfectamente quién soy, por el amor de Dios!
Inmediatamente, 22 helicópteros y un número aún mayor de coches policiales se lanzan a la persecución. El Bronco blanco, sin embargo, no acelera. Las imágenes tomadas por los periodistas a bordo de los helicópteros quedarán por siempre grabadas en la retina del mundo entero: la autovía desierta, un coche blanco avanzando solemne, una formación de coches policiales que le sigue la senda y miles de curiosos abarrotados en los arcenes.
OJ Simpson llega a su destino, a su hogar. Una vez allí, negocia con los agentes. Le permiten reposar unos minutos en el interior de su casa y tomarse un zumo. Pero en el momento en el que puso el pie en el porche, es arrestado y llevado a juicio. Nadie se ocupó de fregar el vaso de zumo.
Los Estados Unidos tienen un sistema judicial acusatorio. En oposición a nuestro sistema inquisitivo, en vez de ser juzgado por un juez, las partes se oponen en igualdad de condiciones ante un jurado imparcial. No resalto esta palabra en vano, ni porque quede bonito, sino porque es el principio que ha de guiar todo proceso penal al otro lado del charco. En virtud de la imparcialidad, los abogados de ambas partes y el juez se aseguran de que los doce elegidos sean, lo dicho, imparciales. Ahora bien, cuando se trata del afroamericano más conocido de su época, la imparcialidad, como podréis comprender, es algo difícil de conseguir. A tal efecto, 250 jurados fueron sometidos a exámenes exasperantes para asegurar su neutralidad.
Los doce seleccionados (diez de los cuales eran afroamericanos) fueron “secuestrados” en un hotel durante todos los meses que duró el juicio. No tenían acceso a la televisión, ni a la radio, ni al mundo exterior — con tal de que las opiniones sensacionalistas no contaminasen su criterio.
Llegada la hora de la verdad, los jurados comenzaron sus deliberaciones. Las masas barajaban todas las opciones: cadena perpetua, 20 años de cárcel, trabajos forzosos… la silla. Finalmente, la decisión que en circunstancias normales suele tomar el jurado en varias semanas de diálogo y debate, fue tomada en tan solo cuatro horas.
La evidencia era aplastante, pero el equipo legal de OJ supo dónde poner el enfoque. Durante el proceso sacaron a la luz numerosos casos de violencia racial policial y otros casos de manipulación de pruebas de forma deliberada. En otras palabras, jugaron el as de la raza. Buena decisión, conociendo la composición del jurado. La tensión del juicio explotó en el que pasó a ser uno de los momentos más notables de la litigación americana. La fiscalía ordenó que OJ se probara el guante de cuero encontrado en la escena del crimen. Justo antes, uno de los abogados del deportista pronunció la célebre frase:
— If it doesn’t fit, you must acquit.
“Si no encaja, no se le imputa”.
Y el guante no encajó.
Debido a esta genial intervención del abogado, al componente mayoritario racial del jurado, a que los juicios se llevaron a cabo en el barrio afroamericano de Los Ángeles, y a muchas otras razones que hoy en día remueven la curiosidad de unos y la rabia de otros, el jurado tomó su decisión.
Escribo estas palabras apenas 24 horas antes de que mi vuelo despegue rumbo a la madre patria, después de la que ha sido la experiencia del año: mi cuatrimestre de intercambio en la Erasmus Universiteit Rotterdam.
¿Puede haber algo más genuino que hacer un Erasmus en Róterdam en la Universidad de Erasmo? De hecho, una curiosidad es que a los alumnos que estamos aquí de Erasmus se nos conoce como los exchange students, no como los Erasmus students, porque claro está, los Erasmus students son los alumnos de la universidad. Al final, resulta que de una manera o de otra, todos somos Erasmus students. Y la segunda curiosidad es la cantidad de bicicletas que hay. Me quedé perpleja cuando llegué al campus de la universidad por primera vez y vi miles de ellas aparcadas. En pocos días ya me había unido yo también a la tendencia alquilando mi bici. Al principio no me gustaba especialmente, pero después me hice a ello y sé que el moverse en bici va a ser una de las cosas que más eche de menos de esta ciudad.
Volviendo al Erasmus, debo decir que las expectativas que traía no eran muy altas. Lo último que me dijo mi tía, cuando me iba a subir en el avión, fue: “Te lo vas a pasar genial”. La verdad es que en aquel momento no la creía, pero sí que tenía 4 cosas claras: quería aprovechar la universidad, mejorar mi inglés, hacer amigos internacionales y conocer Países Bajos.
Los comienzos son difíciles. Reconozco que me daba mucho vértigo venir a Róterdam. Llevaba cuatro años viviendo en Madrid, muy cómoda con la vida que había ido construyendo poco a poco en la capital. Venir aquí sin conocer absolutamente a nadie, a tantos kilómetros de casa, se me hacía como empezar de cero otra vez. Afortunadamente, la soledad absoluta de aquel primer día, martes 7 de enero, duró tan solo unas horas, hasta que conocí la tarde del miércoles a los que serían mis nuevos amigos: los smashitos (nuestro grupo de amigos internacionales).
Un colombiano, una turca, un surcoreano, un ucraniano-francés y una servidora fundamos aquella tarde un grupo que luego crecería y al que se unirían otro español, italiano, brasileño, danesa, chileno, griega, australiano y un par de belgas. Vencimos la soledad. Primer obstáculo superado; primer objetivo conseguido: hacer amigos internacionales. Evité deliberadamente el típico círculo cerrado de españoles que se forma en los Erasmus: yo quería la experiencia internacional más inmersiva posible.
En su compañía conseguí mi segundo objetivo: conocer Los Países Bajos. Primero fue La Haya, donde en un gélido pero soleado mes de enero vi por primera vez cómo la espuma de las olas se posaba sólida sobre la orilla del mar. Después vino Ámsterdam, donde vi por primera vez los emblemáticos canales; regresé más tarde un par de veces para disfrutar de dos magníficos conciertos en el Het Concertgebouw (Real Salón de Conciertos).
A estas las siguieron la bellísima Delft, Utrecht y su Torre Dom, Gouda y su Museo del Queso, Kinderdijk y sus molinos, Leiden y su jardín botánico, Zandvoort y su circuito de Fórmula 1, Bolduque, Haarlem, Zaanse Schans y sus casas verdes; y, por último, Maastricht.
Por supuesto, el ocio es necesario y está muy bien, pero el motivo principal que me llevó a escoger Róterdam como destino no fue su maravilloso clima o su exquisita gastronomía. El motivo para elegir venir aquí fue el poder estudiar en la Erasmus School of Economics, una de las escuelas de economía más prestigiosas de Europa y del mundo entero. En este sentido, la experiencia ha sido inmejorable.
Las instalaciones de la universidad son increíbles: modernas y estéticas. Pese a no ser esto lo esencial, contribuye a que uno se sienta llamado a permanecer en el campus, a pasar tiempo allí. Al darme cuenta de esto me vinieron a la cabeza unas palabras, que algunos ELUs recordarán, del rector de la UFV Daniel Sada, cuando en una ocasión nos manifestó cuán importante era para él hacer de la universidad un lugar agradable que facilitara el encuentro.
En lo estrictamente académico, he podido estudiar un Seminario en Economía urbana, de transporte y de puertos. Me interesaba especialmente dado que el Puerto de Róterdam es el más importante de Europa y uno de los más importantes del mundo. De hecho, tuvimos la oportunidad de visitar el puerto en dos excursiones organizadas por la asignatura. Otro objetivo más conseguido.
Lo más significativo de esta experiencia ha sido el regreso. Fue muy emocionante volver a España para el finde ELU de marzo y darme cuenta de que había muchas personas esperándome. Algunas de ellas han venido a visitarme durante estos meses: mi novio, con quien fui al Rotterdam Open de tenis donde vimos a Alcaraz en directo por primera vez; mi amigo David, con quien crucé la frontera belga y visité Bruselas, Brujas y Gante; y con mi querida ELU Mery de Burgos, con quien he pasado estos últimos días entre canales y tulipanes. Me voy con la pena propia de una despedida, pero al mismo tiempo alegre por saber que siempre hay alguien que me espera en casa.
El pasado sábado 26 de abril, los ELUS de Vizcaya y Santander tuvimos un encuentro extraoficial en la capital cántabra.
A pesar de que la lluvia no nos dio casi tregua en todo el día, fue una magnífica ocasión para estar juntos y conocernos mejor de una manera más informal.
Comencé la mañana recogiendo a Laura y Lucila en la estación para ir a tomar un refrigerio al Mercado del Este, una parada obligatoria para sumergirse en la cultura local de Santander. Después de ponernos al día y de reflexionar sobre cosas varias, fuimos al restaurante Bodega de Fuente Dé; donde pudimos degustar, ya junto a Miguel, raciones de comida tradicional española. Además, por si eso fuera poco, pusimos el broche de oro al almuerzo con un Regma, el mejor helado de Cantabria y del mundo ;), mientras recorríamos la bahía paraguas en mano.
Terminamos la tarde entre librerías y en una cafetería con un buen açaí y un “intento” de grupo de trabajo, que, para ser el primero y sin mentores, no estuvo nada mal…
Esperamos poder volver a vernos pronto para poder retomar, entre otras cosas, el magnífico diálogo filosófico/religioso/espiritual entablado.
Desde ELUMNI os invitamos a participar en las Misiones Alumni UFV en Tánger, que tendrán lugar del 21 al 28 de septiembre. Allí colaboraremos con cuatro proyectos:
1. Misioneras de la Caridad. Es un proyecto que ayuda a madres solteras y a sus bebés. Además, tienen proyectos de acompañamiento a jóvenes que viven en la calle y acuden a casa de las sisters varios días por semana.
2. Casa Nazaret. Trabajan con adultos que tienen discapacidad psíquica y física.
3. Orfanato La Chréche de Tánger. Es el orfanato público para bebés y niños abandonados de la ciudad. Actualmente acoge a 79 niños, 21 de los cuales tienen necesidades especiales.
4. El Faro. Este proyecto de la archidiócesis de Tánger ayuda y acoge a niños de la calle, ofreciéndoles la posibilidad de tener un poco de higiene, alimento, ropa limpia, algo de formación y compañía.
¡Las plazas son limitadas!, así que si quieres ir no dejes de apuntarte. Pueden asistir cualquier antiguo alumno ELU y actuales alumnos de 4º de la ELU.
Misiones Alumni UFV
21-28 de septiembre 2025
650€ (incluye vuelos, desplazamientos, alojamiento en Casa Riera con pensión completa)
Nos encantaría que pudierais uniros a esta experiencia. Si alguno tiene dudas, os animo a leeros de nuevo la entrevista a Daniel García (ELUMNI04) y (Mar Corruchaga ELUMNI10) donde nos cuentan su experiencia en las Misiones del pasado mes de septiembre https://alumni-ufv.es/es/comunicacion/entrevistas/Mar-Corruchaga-y-Daniel-Garcia
El 28 de abril de 2025, España sufre un apagón que pone de manifiesto la vulnerabilidad e incertidumbre que nos genera hoy en día la falta la electricidad. A raíz de ese episodio, muchos negocios afectados se hicieron la misma pregunta: ¿y si pierdo productos o ingresos por un corte de luz, puedo reclamar?
Dejando de lado por un momento lo sucedido la semana pasada, utilicemos un caso ficticio con consecuencias similares para tratar de comprender cómo funciona la responsabilidad civil y posteriormente recuperaremos la pregunta en cuestión.
Durante la noche del 26 de julio, sin aviso alguno, la calle Alcalá de Madrid, donde se sitúa la heladería-bombonería Gelato Reale, se quedó sin luz debido a una operación técnica programada por la eléctrica Voltiva S.A. en el tramo comprendido entre calle Alcalá núm. 150-156 y Arturo Soria núm. 200-206, desde las 21:00 hasta las 7:00 del día siguiente. Ahora bien, la cuestión radica no tanto en el apagón en sí, sino la falta de aviso, que impidió a Gelato Real tomar medidas para proteger sus productos congelados. Resultado: todos los helados y bombones derretidos, y un día entero de cierre obligado para limpiar el local.
Este caso no es solo un drama para los amantes de los dulces, sino ¡un ejemplo perfecto de responsabilidad civil por negligencia! Voltiva realizó una actuación planificada y necesaria, sí, pero falló en su deber de diligencia al no comunicarla adecuadamente a los que podrían verse afectados. Cuando alguien sufre un daño porque otro no actuó con el cuidado debido (Voltiva podría haber avisado para evitarlo y no lo hizo), surge la obligación de reparar el daño. El perjuicio es claro: pérdida del producto (lo que llamamos “daño emergente”), y la pérdida de ingresos por no poder abrir al día siguiente (“lucro cesante”). Ambos pueden reclamarse para obtener una indemnización por daños y perjuicios, siempre que se justifiquen debidamente con facturas, inventarios o registros de ventas.
Además, si el contrato de suministro contemplase condiciones adicionales, también podrían activarse automáticamente. Ante la concurrencia de todo esto, si Voltiva se niega a indemnizar voluntariamente, Gelato Reale podría acudir a los tribunales para exigir la reparación.
En cuanto a daños morales (el estrés, el mal rato que pasaron los dueños al ver el desperdicio o la imagen afectada del negocio), son más difíciles de reclamar ya que no se reconocen fácilmente, y normalmente no se da base contractual o legal específica.
Ahora bien, no todos los apagones son iguales. Recuperando el “gran apagón” del 28 de abril, todavía se está investigando su origen exacto. Si se determina que fue un fallo totalmente imprevisible y ajeno al control de las compañías (como un problema técnico global, un ciberataque o una incidencia internacional, por ejemplo), podría considerarse un caso de fuerza mayor. Si esto fuera así, no hay obligación de indemnizar si se prueba que no era posible evitar el daño ni con la máxima diligencia. Por eso, aunque la lógica pueda parecer la misma, la clave está en si el apagón era previsible… o no. Si lo fuera, ¿quién lo causó?
Por tanto, aunque la electricidad puede irse sin avisar, la responsabilidad no siempre se “apaga” tan fácilmente. Es más, si hay un daño que podía haberse evitado con una simple advertencia, la ley suele estar del lado de quien se quedó… con el congelador vacío.
Muchas gracias por acompañarnos una vez más, esperamos que hayáis encontrado interesante este tema jurídico de tan rabiosa actualidad y, por supuesto, ¡nos vemos en la próxima entrega de Ratio Legis!
El pasado 26 de abril tuvimos la suerte de embarcarnos juntos en una búsqueda muy particular: la del tiempo perdido. De la mano de Carola, Marta, María y varios amigos de la ELU, nos adentramos en el París burgués de finales del siglo XIX, un mundo intensamente vivido y delicadamente narrado por Marcel Proust.
No vinimos a ver la obra de un pintor. Para sorpresa de muchos, el encuentro sería con un universo estético, literario y vital; que aún hoy nos interpela. La exposición que visitamos es mucho más que un recorrido por obras maestras: es el espejo de una sensibilidad artística que nace a partir de una mirada no apartada a sus contemporáneos, una mirada que también se reconoce hijo de su tiempo.
Proust, profundamente consciente de que su obra no surgía en el vacío, supo mirar el arte —y a través del arte, el alma de su época— como parte esencial de su creación. Y precisamente gracias a esa mirada atenta, tuvimos el privilegio de contemplar la excelencia de Manet, Monet, Turner, Renoir, Rembrandt o Harrison, entre otros. Desde su admiración por el gótico veneciano hasta su apertura a los movimientos vanguardistas, caminamos a través de los lazos de la herencia y su ruptura; con la curiosa y placentera sensación de estar recorriendo los pasillos del Louvre.
Aquella mañana de sábado, nos sumergimos en la vida social, artística e intelectual de un tiempo fascinante. Vimos cómo el arte puede ser refugio, espejo, resistencia. Y, sobre todo, entendimos algo que Proust supo decir mejor que nadie:
“Porque había que transformar la vida en arte para que no se perdiera. Y así me puse a escribir, no para recordar, sino para comprender. Y así, mientras el tiempo lo borra todo, la palabra escrita lo recobra.”
El tiempo se va —implacable—, y precisamente por eso esta visita fue también un acto de gratitud: por el arte que nos sobrevive, por las preguntas que nos despierta, y por haberlo compartido con amigos.
Porque no hay mejor forma de recorrer un museo…
Y quizá, algún día, al abrir por azar una página de Proust, sintamos lo mismo que él al probar su magdalena con té: el sabor inesperado de un recuerdo feliz.
El pasado 25 de abril, aprovechando que seguíamos de pascua, ELU Valencia tuvo el placer de acoger, en nuestra preciosa y soleada ciudad, a nuestra mentora Marta Luquero y a Sabrina, responsable del grupo de Elumnis.
Este encuentro en Valencia se venía gestando desde hacía meses pues teníamos muchas ganas de tener un tiempo para compartir sensaciones del curso, módulos y fines de semana anteriores.
Algunos ELU ‘s aprovecharon la visita de Marta para hacer mentorías presenciales, tomando café, cerca de la cerca de la estación donde habían llegado desde Madrid.
Mientras, otros nos situamos ya en el distrito de l’Eixample, donde se encuentra el conocido y céntrico barrio de moda, Ruzafa. Nuestro encuentro tendría lugar en el casal fallero de nuestra ELU de 1º, Irene. Allí empezamos a organizar la comida y esperamos con ganas la llegada de todos los elus. En el casal, como no podía ser de otra forma, comimos una paella valenciana y Marta pudo llevarse incluso un tupper. La experiencia para nuestras visitantes no podía ser más de “la terreta”, como decimos aquí.
Durante la comida, en un sitio tan característico de la cultura y fiesta valenciana, pudimos explicar a Marta y Sabrina el origen de la tradición fallera y como se vivía la fiesta desde dentro, llegando a entonar entre todos la canción “El fallero”, que habla de ello.
Tuvimos además la suerte de contar con varios Elumnis, comiendo y pasando la tarde con nosotros. Fue una oportunidad para conocer sus trayectorias y experiencias académicas con las que, sin duda, nos inspiramos.
Para conocernos mejor tratamos de hacer un juego – en el que compartimos nuestros lugares especiales de la ciudad, palabras favoritas – del que surgieron planes tan variados como: ir al KafCafé, un espacio cultural donde compartir poesía y tomar algo; aprender a bailar con las clases de Óscar, uno de los elumnis que nos acompañaron; o hacer sambo con la ayuda de Marcos.
Tampoco dejamos de lado la pregunta de Sabrina en el juego “¿Viajarías al pasado o al futuro?” con la que se abrió un debate, encontrando entre nosotros posiciones muy distintas. Unos afirmaban que viajarían sin miedo al futuro mientras que otros, por miedo a condicionarlo, nos decantamos por el pasado.
Esperemos que en la próxima visita de Marta y Sabrina a Valencia, tengamos la oportunidad de organizarles un itinerario empezando por las Plazas del Ayuntamiento y de la Virgen, hasta terminar en el cauce del río Túria, pasando por muchos otros lugares favoritos que nos encantará compartir con ellas.
En la semana en la que celebramos el Día del Libro desde UFV ELUMNI compartimos unas recomendaciones de lecturas que nos hecho los antiguos alumnos ELU para acompañarnos en distintos momentos de la vida.
Hay libros que consuelan, otros que inspiran y algunos que llegan justo cuando lo necesitas, aún sin saberlo, porque en realidad, a veces una buena historia es precisamente lo que nos hace falta.
Gracias a todos los ELUMNI que habéis colaborado a crear esta lista.
“Europa ha perdido sus raíces”. “La Unión Europea no tiene sentido”. “En realidad tengo más en común con un argentino que con un alemán”. Estas son afirmaciones que, sin duda, podrían escucharse en el ágora moderna de nuestras ciudades y que abordan un debate muy interesante: ¿realmente existe una identidad europea?
A la hora de analizar distintas identidades, los estudiosos suelen apoyarse en tres grandes teorías: la cultural, la instrumental y la cívica. La teoría cultural afirma que las identidades tienen su raíz en factores étnico-culturales que han evolucionado y se han estabilizado a lo largo de la historia. La teoría instrumental afirma que la identidad se elige racionalmente en función de los beneficios que aporta. Finalmente, la teoría cívica defiende que la identidad se basa en un acuerdo sobre unas reglas para la convivencia pacífica, especialmente sobre unos valores compartidos.
¿Y cuál es, entonces, la naturaleza de la identidad europea? ¿Responde a alguna de estas teorías?
Los más pragmáticos afirmarán sin vacilar que la identidad europea tiene un carácter esencialmente instrumental, pues está vinculada a ventajas económicas tangibles como la eurozona, el espacio Schengen, los Erasmus, el mercado único… Para ellos, más allá de estas utilidades, no existiría una verdadera identidad europea.
Los más idealistas, por el contrario, defenderán que se trata de una identidad cívica, pues la UE se fundamenta en los valores del artículo 2 del Tratado de la Unión Europea: respeto de la dignidad humana, libertad, democracia, igualdad, Estado de Derecho y de los derechos humanos.
Y por último, los más entusiastas afirmarán que Europa es también una comunidad cultural, enraizada en lo que el Preámbulo del Tratado de la UE denomina “herencia cultural, religiosa y humanista”.
En esta línea, un estudio realizado por la Fundación Robert Schuman sostiene que la identidad europea se edifica sobre una dialéctica constante entre una cultura común y una fragmentación política histórica. Por un lado, Europa es la Antigüedad grecolatina, el cristianismo, las universidades, el Renacimiento, el grito por la libertad de las revoluciones liberales…. Por otro lado, cada Estado miembro ha seguido caminos políticos y culturales muchas veces irreconciliables: la tardía unificación de Alemania e Italia, frente al parlamentarismo inglés consolidado desde hace siglos, o incluso la histórica rivalidad entre países como Francia y España, que aún resuena en frases como el popular “I don’t want to be French”.
Y aun así, la identidad europea sigue mostrando signos de vida. Según el Standard Eurobarometer 84, un 42% de los ciudadanos considera que la historia y la cultura son la base de esa identidad, y un 56% afirma sentirse tanto nacional como europeo al mismo tiempo, sin percibir contradicción alguna entre ambas pertenencias.
Tal vez, entonces, se puede hablar de una identidad europea intermedia, con componentes culturales y cívicos que han permitido construir una unión políticamente estable y económicamente ventajosa entre 27 países. Pero también es cierto que esta identidad se presenta débil, como lo demuestra el simple hecho de que su existencia aún se cuestione. La historia europea no se enseña de manera común en las escuelas, y los ciudadanos a menudo desconocen los valores compartidos que sustentan la Unión.
Por ello, como ya advertía Jacques Delors, octavo presidente de la Comisión Europea, es fundamental “dar a Europa un alma, una espiritualidad y un significado que trascienda las realidades económicas y administrativas”.
El pasado martes 1 de abril, tuve la oportunidad de asistir a una conferencia de Carmen Calvo, presidenta del Consejo de Estado, celebrada en mi facultad. A pesar de haber estudiado el rol de esta institución en diversas materias de la carrera, muchos de mis compañeros y yo no terminábamos de entender la trascendencia que podían llegar a alcanzar las decisiones de este órgano constitucional, por lo que, gracias a las explicaciones de la Profesora Calvo, (pues ella se define, ante todo, como Profesora de Derecho Constitucional) pudimos ahondar aún más en él, comprendiendo la importancia que tiene en nuestro Estado de Derecho.
Hoy, en Ratio Legis, abordaré, de la manera más breve y sencilla posible, diversas cuestiones acerca del Consejo de Estado, con el fin de que este deje de ser un completo desconocido para el lector.
Los que me conocéis, sabréis que soy incapaz de atacar cualquier cuestión jurídica sin referirme previamente a la norma en la que esta se regula, por lo que comenzaré diciendo que el art. 107 de nuestra querida Constitución (en adelante, CE) manifiesta que: “El Consejo de Estado es el supremo órgano consultivo del Gobierno (…)”. ¿Consul qué…? Significa que está creado con la intención de dictaminar -emite dictámenes u opiniones técnicas- acerca de cualquier consulta que le formule el Gobierno Nacional y/o el de Cantabria – el resto de CC. AA tienen sus propios Consejos de Estado, denominados Consejos Consultivos -.
¿Qué tipos de dudas puede tener el Gobierno Nacional? Principalmente, acerca de si los reglamentos – y excepcionalmente las leyes – que este vaya a aprobar son acordes, o no, a la CE y al resto del ordenamiento jurídico.
Por consiguiente, tal y como la Profesora Calvo explicó: “la función del Consejo de Estado es exclusivamente consultiva, se limita a dar su opinión fundada sobre el objeto de la consulta o a proponer otra solución más adecuada. Además, ha de procurar la armonía del sistema, el rigor de la técnica normativa y el buen hacer de la Administración, para reducir al mínimo la conflictividad con los ciudadanos, pues es necesario garantizar el entendimiento de las leyes para lograr el orden social”. Es decir, no se trata de un órgano político, aunque parte de sus miembros lo hayan sido, sino que se trata de un órgano formado por los mejores juristas del país, pero neutrales.
Entonces, ¿quién compone el Consejo de Estado, juristas o políticos? Según los arts. 3 – 15 bis de la ley orgánica que lo regula (3/1980), encontramos varios tipos de miembros, además del Presidente y del Secretario General:
Los Consejeros permanentes (9) – se trata de un cargo vitalicio (de los pocos en el mundo de la justicia en los que no se contempla la jubilación, además de los miembros del Tribunal Supremo americano, que lo son por imitación este Consejo) ocupado, por personas que hayan desempeñado alguno de los cargos del art. 7 de la ley (exministros, exvicepresidentes, etc.), aunque serlo no es un requisito que garantice la vía de acceso con total seguridad.
Los Consejeros natos (11) – pertenecientes a otros sectores ajenos al Consejo, incluso del Derecho, pero relevantes en la sociedad (Directores y/o Presidentes de la RAE, del Estado Mayor de la Defensa, del Banco de España, expresidentes del Gobierno – art. 8.1 de la ley ya mencionada. Estas personas sí están elegidas por el cargo que desempeñan en ese momento.
Los Consejeros electivos (12) – que lo son durante cuatro años por haber desempeñado cargos como Alcaldías de provincia, Presidencia del Tribunal de Cuentas, Rectores de Universidad … aunque, como ya se ya explicado, haberlo sido no garantiza de manera automática un puesto en el Consejo.
Además, actualmente, existen 23 letrados, agrupados en 9 secciones con un Letrado Mayor en cada una para su dirección. A este cargo se accede, después de cursar la carrera de Derecho, por una de las oposiciones más duras que existen; no solo por la extensión del temario (466 temas de diversas ramas del Derecho y 57 de Humanidades), sino por la inexistencia de material didáctico alguno para prepararlas, pues es el propio opositor quien tiene que redactarlo de su puño y letra ¿Os imagináis presentaros al MIR o a cualquier oposición sin manuales o apuntes de referencia? Ahora mismo no hay oposiciones convocadas, pero se está estudiando que se convoquen periódicamente cada 3 años.
En conclusión, el Consejo de Estado es una prestigiosa institución con los mejores conocedores del Derecho español, encargado de velar porque las futuras leyes y reglamentos que lo innoven respeten la CE y el resto del ordenamiento, así como de resolver cualquier cuestión que tenga el gobierno. En definitiva, su Chat GPT jurídico, pero sin IA ni prompts.
Espero que se haya comprendido bien la idea general de este órgano. Con un poco de suerte, tenemos entre los elus al próximo Letrado del Consejo ¡Hasta la próxima entrega!
Lluvia, castillos, cerveza y whiskey. Así imaginaba Irlanda desde la distancia. Pero ocho meses en Dublín me enseñaron que hay mucho más bajo el cielo gris. Porque Irlanda no solo se ve, se vive en los saludos espontáneos de los extraños y en la música que brota de cada rincón; también en la forma en la que el cielo cambia diez veces en un día, o en cómo un simple pub puede ser tu hogar tras unas pocas horas y un par de pintas de Guinness.
Este artículo no es una guía turística, ni una lista de los mejores sitios para visitar. Es más bien una carta abierta, un pequeño homenaje a todo lo que he aprendido y vivido durante mi experiencia internacional en Dublín. Otro ELU por el mundo…
Recuerdo el día que aterricé en septiembre junto a mis compañeras de universidad. Llegamos de madrugada a la residencia de Griffith College, y ahí estaba yo, frente a la habitación en la cual me iba a hospedar el resto del año. Y aquí viene el primer detalle: en ese momento, más que un hogar, me pareció una oficina fría, sin alma. Hoy, en cambio, está llena de vida; con fotos, recuerdos y pequeños objetos que han ido ocupando cada rincón, como si el tiempo y la experiencia la hubieran redecorado desde dentro.
El inicio no fue fácil. Nunca había vivido fuera de casa, y encontraba difícil no poder compartir cada vivencia con la gente que más quiero: mi familia, mi pareja y mis amigos de toda la vida. Todo era nuevo, todo estaba por construir. Las rutinas, los lugares, las conversaciones, incluso los silencios. Tenía que empezar de cero. Pero hubo algo o, mejor dicho, alguien, que marcó la diferencia: vivir esta experiencia con mi amiga Lucía. No voy a decir que aquí he hecho veinticinco amigos, ni que cada semana he conocido a alguien nuevo que ha cambiado mi vida. Pero sí puedo decir que he tenido la suerte de compartir el día a día con alguien con quien he reído, me he encontrado y he aprendido a mirar Irlanda con otros ojos. A través de ella he descubierto el país y, sin darme cuenta, también me he descubierto un poco más a mí mismo.
He recorrido Dublín de norte a sur y de este a oeste andando. He entrado en más de medio centenar de pubs (sí, los he contado), he escuchado más de veinte conciertos en directo, algunos planeados, otros encontrados por sorpresa en alguna esquina, he caminado por infinidad de campos verdes, de esos que parecen sacados de una postal, y he aprendido a convivir con la lluvia como si fuera un vecino más. Pero si algo ha hecho especial todo esto, ha sido hacerlo acompañado. Un país se descubre también a través de la gente con la que lo compartes. Y yo he sido afortunado porque las visitas de mis seres queridos desde España, que traen consigo un pedacito de casa a mi nueva vida, están siendo más que recurrentes. Además, cuento con un grupo internacional de personas abiertas, curiosas y dispuestas a compartir historias.
También he vivido una serie de milagros cotidianos. Por ejemplo, he aprendido a cocinar. Sí, yo, que después de vivir tres años con mi abuela, me consideraba completamente incapaz de freír un huevo sin supervisión. Pero oye, la necesidad aprieta: ahora hago pasta con “cosas” que es el primer paso a la alta cocina, y me atrevo incluso con tortillas, y comida al horno.
Como he dicho, empecé de cero y resulta que ahora me he convertido en un hombre atareado. Teletrabajo en remoto para una startup española, de esas con reuniones a deshora y Slack echando humo, mientras intento atender a las clases, bueno, al menos a las que me interesan. Y, por si fuera poco, también estamos a tope sacando adelante el proyecto “Con V de Voluntario”, que nos está dando muchas alegrías… y algún dolor de cabeza.
So lad… what’s the craic? Si me lo preguntaras hoy, creo que ya sabría qué responder. Berta, creo que debes estar orgullosa de que reflexione hoy por mí mismo lo siguiente: las preguntas que me hacía sobre qué se espera de mí en este Erasmus no se responden, se caminan. Y eso es justo lo que estoy haciendo: caminarlas.
No he vivido un Erasmus instagrameable, de esos llenos de fiestas y stories con filtros perfectos. He vivido algo más real, más mío. He aprendido de los demás, en conversaciones sencillas y momentos inolvidables: he estado una mañana entera con Sofi mirando al mar y diciendo solo aquello que mejorase ese silencio; he descubierto cada rincón de la ciudad de la mano con Carol como dos enamorados; he compartido una habitación de 4m² durante tres días con mis hermanas Claudia y Aitana haciendo que fuera el mejor hotel del mundo; con Gali hemos estado encerrados por tormenta haciendo real lo de “al mal tiempo buena cara”; he recorrido el oeste de la isla con mis amigos internacionales llenándome los ojos de paisajes espectaculares. Y ahora estoy esperando con ganas esas visitas que aún están por llegar, y que, seguro, darán mucho de sí.
Al final, Dublín, me está enseñando que no se trata de encontrar todas las respuestas, sino de vivir las preguntas y esto es algo que espero seguir haciendo; pues niego haberos contado todo acerca de mi experiencia. Es algo que sigue sucediendo.
En Sevilla ya huele azahar y en esta maravillosa ciudad, eso es sinónimo de alegría. Bien lo sabe nuestro mentor Diego que ha elegido estos días, cuando ya se vislumbra el final de la Cuaresma, para venir a visitarnos. También Sabrina, responsable de Elumni, a quien hemos tenido el gusto de conocer en este encuentro, y que esperamos que venga más de una vez, pues así le hemos tomado la palabra. Como sabemos que ambos tienen una sevillanía oculta, decidimos darles un tour por los rincones más emblemáticos de la ciudad que, como no podía ser de otra manera, están estrechamente vinculados a nuestra Semana Santa.
Nuestro tour cofrade comenzó en la calle Feria, en el casco antiguo, donde se encuentra la Capilla de Monte-Sión, sede canónica de la hermandad homónima. Allí contemplamos el palio de Nuestra Señora del Rosario y hablamos del origen del paso de palio, su composición y su simbología.
Después, caminamos hasta San Juan de la Palma, donde ya estaba alzado el palio de la Virgen de la Amargura y el misterio del Desprecio de Herodes. Charlando sobre la piedad popular del pueblo andaluz y la autonomía de las hermandades, llegamos a Santa Catalina, sede de la Hermandad de la Exaltación.
Finalmente, tras una breve parada en San Pedro para visitar a los titulares de la Hermandad del Cristo de Burgos, acabamos en la Iglesia de la Anunciación. Allí pudimos presenciar uno de esos momentos mágicos que regala Sevilla en Cuaresma: la subida al altar de cultos de la Virgen del Valle.
Este encuentro no sólo nos ha permitido conocer más acerca del origen de las hermandades que han tejido hilo a hilo la historia de esta ciudad, sino también ha dado pie a un debate interesante sobre la belleza, el arte, y sobre cómo el culto a las imágenes ha constituido la identidad de la religiosidad andaluza, así como una gran parte de su cultura y prestigio social.
Todo lo que rodea a la Semana Santa sevillana es arte en sí mismo. Las leyendas, los bordados, la imaginería, los pregones, la penitencia, la mantilla, las marchas procesionales… todo ello. Hemos podido compartir nuestras experiencias relacionadas con la Semana Santa, transmitidas desde la herencia del pasado y el recuerdo de la infancia.
La cena, faltaría más, en Triana, que para eso estamos en tierra castiza. Pudimos conversar acerca de nuestras impresiones del segundo fin de semana de este curso, y charlar con los Elumnis que vinieron a compartir este rato con nosotros. Fue un encuentro muy fructífero y enriquecedor, tanto que ya estamos con la mente puesta en el próximo.
El pasado 28 de marzo nuestro mentor, Ignacio Álvarez O’Dogherty, visitó Salamanca y pasamos el primer viernes al sol en mucho tiempo acompañados de Sara Muñoz, Jimena Olmos y Elena Delgado. Si bien comenzamos con un café en la Plaza Mayor –sobre la que discutimos ser la mejor de España–, terminaríamos con otro café en la plaza contigua.
Invertimos la mañana, mientras esperábamos a que Elena y Jimena terminaran las prácticas, en mentorías sobre lo terrestre y lo celeste; nosotros y nuestro futuro. Hicimos también crónica de ciertas peculiaridades de una ciudad de la presencia e historia de Salamanca y de la vida universitaria que, esperamos, Ignacio pudo comprobar.
Tras la comida, que por la fecha que era no pudo ser todo lo castellana que hubiésemos querido, visitamos las torres de la Clerecía –y la espectacular vista con la que parecíamos gobernar la ciudad–, el Palacio de Anaya, el huerto de Calisto y Melibea y el edificio histórico de la Universidad.
Pudimos constatar –y recordar– la esencia misma de lo que significa Universidad, la historia que aquí, en Salamanca, se ayudó a forjar: Francisco de Vitoria, Fray Luis de León, San Juan de la Cruz, Unamuno… Desde el Paraninfo de aquel discurso del bilbaíno hasta los jardines junto al río de Calisto y Melibea nos gustaría destacar la impresión de Nacho: «esto debe ser la Universidad».
Terminamos, como ya hemos comentado, con un café en la Plaza de la Libertad y con la sensación y esperanza de haber pasado un buen día.
Desde pequeño, cuando pasaba quince horas en el coche para visitar a mi familia en la ciudad de Maastricht, en el sur de Países Bajos, he crecido con una cierta desconfianza hacia los franceses. Mi padre, con razón, se quejaba de sus malos hábitos al volante, y era imposible comunicarse con ellos porque, al no hablar francés, pasaban de ti en las gasolineras. Esta relación un tanto hostil con nuestro país vecino hizo que, de vuelta a Barcelona cada verano desde Holanda, decidiésemos descubrir cualquier parte de Europa salvo Francia.
A la hora de decidir un destino para este tercer año de carrera (después de haber pasado por Barcelona y Madrid), Francia llamó a mi puerta por primera vez para que le diese una nueva oportunidad. Llevado principalmente por mi interés por las relaciones internacionales, poder estudiar en la gran universidad de SciencesPo fue una de las principales razones por las que me lancé a París. Luego se le juntaron la curiosidad por una ciudad vibrante y elegante, llena de historia, aunque, desgraciadamente, rematadamente cara. Ahora, seis meses después de llegar cargado con maletas, una air fryer y mi almohada de toda la vida, la ciudad no me ha defraudado.
El primer semestre de mi Erasmus nada ha tenido que ver con el segundo. De septiembre a diciembre, viví en una residencia de estudiantes del 15ème. La cadena que había escogido no facilitaba espacios para el encuentro entre los que ahí vivíamos (cerraron la sala común durante 2 meses porque hicimos una cena la primera semana), y, aunque la había escogido porque vivir solo me parecía en ese momento lo más conveniente, tardé poco en echar de menos vivir con gente.
Tocó trabajar amistades fuera de lo que pensaba que iba a ser el ambiente más sencillo, y me junté con un buen grupo de internacionales de mi clase de Políticas de Urbanismo, y con otro de españoles sabe Dios cómo. Con los primeros viajé a la zona de los castillos del Valle del Loira, y con los segundos a Alsacia, por ejemplo. Recuerdo con mucho cariño esos días juntos: de mis amigos de fuera saqué aprender sobre culturas que desconocía y sobre los segundos lo que es sentirte en casa estando en una París en la que no deja de llover.
Veo ahora esos meses como un constante sembrar para recoger frutos. Allá por diciembre ya puse rostros concretos a la pregunta de con quién quería acabar mi Erasmus: Ignacio, Bea, Laia, Antonio, Teresa, Jackson, Ricardo… Personas a las que, a pesar de conocer desde hace poco, podía recurrir, tanto para viajes y diversión, como para buenas conversaciones que unan en poco tiempo la distancia de una vida sin conocernos. Además, tengo mucha suerte de haber encontrado a un par de ellos que viven en Barcelona, por lo que no veo fecha de caducidad a nuestra amistad 😉 Con otros me decidí a tomar un camino distinto dados nuestros caracteres incompatibles, y de cómo decir adiós con cariño uno se lleva un gran aprendizaje, os lo garantizo.
Al volver de Navidad, me mudé a un piso con Ignacio y Cosi. Habíamos hecho muchas migas desde el primer momento, y no podía sentirme más a gusto con ellos. Compartir qué tal ha ido el día a la hora de cenar, cocinar juntos o hacer deporte en la sala de estar ha transformado por completo mi experiencia más solitaria en la residencia. ¡Qué suerte haberme ido todo el año para ahora disfrutar mucho más!
Desde enero he seguido viajando con grupos de amigos distintos a países como Polonia o Croacia, también con las catas de quesos y chocolate, visitas a museos, y he empezado a potenciar el voluntariado. Las Misioneras de la Caridad tienen una sede cerca de République, y ayudando en su comedor social he descubierto a jóvenes franceses inquietos y con los que ponerme al servicio de los demás. Otras actividades que llenan mi semana son las clases de salsa de Puerto Rico o las de ping-pong. Realmente la oferta de cosas que hacer es inmensa y me he lanzado a lo más curioso y divertido que he encontrado jeje…
Justo hoy, dos días después de que mis amigos de la ELU se hayan ido después de pasar un fin de semana conmigo, me pilláis en uno de los momentos logísticamente más complicados de mi Erasmus. Ayer por la mañana decidieron cortarnos la electricidad sin razón alguna, y hasta el 4 de abril nadie va a dignarse a aparecer para arreglar lo que parece un fallo en el contador. Voy a aprender a vivir a oscuras, a utilizar sal para conservar alimentos y a ducharme con agua fría; rezad por mis dos compañeros de piso y por mí.
Si algo puedo agradecer en medio esta situación es que me ha enseñado a transmitir mi enfado en francés, ¡y por teléfono!. Je suis très énervé! Llevaba apostando por aprender francés desde el año pasado, y saber comunicarme en las boulangeries me dio ánimos a seguir en el arduo camino de las lenguas. Siempre lo había visto como un idioma un tanto cursi y muy refinado, pero desde ayer lo veo como una potente herramienta para hacerte valer contundentemente en Francia.
Aunque hoy me vaya a dormir con 300 euros menos en la cuenta por llamar a la compañía eléctrica, París me está tratando bien, os lo prometo. Empieza a hacer buen tiempo, estoy aprendiendo mucho de mí mismo con cada nuevo reto que me encuentro, y tengo muchas ganas de aplicar todo lo que estoy viviendo a mi día a día en Barcelona. Un abrazo muy grande, ¡nos vemos el 14 de junio!
Madrid, 2021. En el contexto de la pandemia, un grupo de jóvenes se encuentra reunido en un pequeño piso de centro de la ciudad, charlan con música baja, son las tres de la mañana. Sin embargo, la calma se rompe cuando comienzan a sonar unos fuertes golpes en la puerta: “¡Policía, abran!”. Confundidos y asustados, deciden no abrir: no han cometido ningún delito. Segundos después, la puerta cae.
Estos agentes de policía irrumpieron en el domicilio sin autorización judicial y sometieron al grupo a un registro, alegando el incumplimiento de medidas sanitarias. Un tiempo después, un juez declaró que esta intervención era ilegal, y el caso quedó archivado dado que no existía un “flagrante delito”.
A fecha de hoy, con motivo del 5º aniversario del confinamiento por la COVID-19, la nueva entrega de Ratio Legis llega para explicar cómo este y otros casos similares dieron lugar al debate sobre la “inviolabilidad de domicilio”, un derecho fundamental amparado por nuestra querida Constitución (en adelante, CE). ¡Entremos en materia!
INVIOLABILIDAD DEL DOMICILIO
El Art. 18.2 CE versa lo siguiente:
“El domicilio es inviolable. Ninguna entrada o registro podrá hacerse en él sin consentimiento del titular o resolución judicial, salvo en caso de flagrante delito.”
Este artículo sirve como garantía de la protección de espacio privado frente a injerencias estatales. Sin embargo, durante los dos estados de alarma en España (14 marzo al 21 de junio de 2020; 25 de octubre de 2020 al 9 de mayo de 2021), se produjeron varias intervenciones de las fuerzas de seguridad en viviendas privadas bajo el pretexto de incumplir medidas sanitarias. Esto desencadenó en un debate sobre el artículo recién mencionado y el Art. 55.1 CE, que establece qué derechos fundamentales pueden ser suspendidos en los estados de excepción y de sitio, pero no en el estado de alarma.
Esto planteó serios conflictos por las restricciones impuestas por el estado de alarma. Aunque se limitó la libertad de circulación, este estado excepcional no permite la inviolabilidad del domicilio. Sólo podría darse en los casos mencionados de estados de excepción (p.ej. terrorismo, ante una grave amenaza a la seguridad pública) o sitio (p.ej. guerra o conflicto armado que amenace la soberanía del estado). Por tanto, la policía no estaba legitimada para realizar estas intromisiones en estado de alarma.
ENTONCES… ¿PUEDE EL ESTADO ENTRAR EN UNA VIVIENDA?
En respuesta a esta pregunta, se dan tres supuestos en los que sí se podría:
1. Bajo consentimiento del titular
2. Bajo orden/autorización judicial
3. En caso de flagrante delito (p. ej. que la policía presencie un delito en la vivienda)
Cualquier entrada fuera de estos es ilegal y vulneraría el derecho fundamental. Sin embargo, no sólo en la pandemia se ha puesto a prueba este principio.
REGISTROS DOMICILIARIOS Y NUEVAS TECNOLOGÍAS
Os estaréis preguntando, ¿qué se considera infracción de la inviolabilidad del domicilio? Podríamos concluir que no sólo la entrada física en una vivienda, sino también las comunicaciones y dispositivos dentro de ella. Por ello:
· La instalación de cámaras y micrófonos en domicilios sin autorización judicial vulneran principios legales.
· Los ordenadores, teléfonos y servidores personales están comenzando a ser equiparados a estos mismos efectos por la jurisprudencia. La intervención mediante los mismos requiere una orden judicial, salvo acceso voluntario del usuario.
CONCLUSIÓN
En definitiva, resulta innegable que este derecho da lugar a diversas interpretaciones y puede llegar a resultar polémico cuando entra en juego el equilibrio entre seguridad y privacidad. Desde lo acontecido en la pandemia, ha dado mucho de qué hablar y se enfrenta a nuevos desafíos que reclaman replantear sus límites y garantías. Lo que está claro es que hay una clara pregunta que ha resurgido en los últimos cinco años, ¿cuándo puede el Estado derribar nuestra puerta?
Muchas gracias por vuestra atención y ¡nos vemos en la próxima entrega de Ratio Legis!
El pasado 7 de marzo tuvimos un nuevo encuentro de “Filosofía de Bar” en el que reflexionamossobre la identidad. En esta ocasión, contamos con la compañía del Padre Rafa Pou, Martín Tami y Marta Luquero.
El encuentro comenzó con una presentación del tema por parte del Padre Pou en la que planteó la relación entre el nombre y la identidad. Nos invitó a preguntarnos: ¿quién eres?, ¿cuál es tu nombre? Partiendo de la idea de que sí existe un nombre para cada uno pero no lo conocemos verdaderamente, sino que tenemos que salir a buscarlo con el otro. Una búsqueda en la que hay cabida para el error y que solo adquiere sentido en el diálogo con los otros y con el Otro. También nos lanzó otras preguntas como ¿es posible darme forma a mí mismo? o mi yo se crea o se descubre.
Después, realizamos una ronda en la que cada uno compartió las preguntas que le habían surgido antes del encuentro y a partir de las palabras del Padre Pou, así como los aspectos que más nos inquietaban sobre este tema. En este punto, Martín nos introdujo el concepto de la vocación y la relación entre las dualidades permanencia-cambio y llamada-pertenencia en el descubrimiento de la identidad. Y es que cuando soy capaz de reconocer la llamada, tenemos la responsabilidad de responder porque nuestra identidad está vinculada con el otro ya que pertenecemos al otro porque el otro conoce nuestro nombre y es capaz de interpelarnos.
A partir de este momento, mantuvimos un diálogo abierto en el que abordamos cuestiones como la influencia del entorno en nuestra identidad, el papel de los errores en la búsqueda de nuestro yo, la forma en a que las personas que nos rodean nos moldean y la relación entre nuestro yo y los cambios que este ha experimentado a lo largo de nuestra vida.
Durante la conversación comprendimos que somos una mezcla de las personas que nos rodean, las decisiones que tomamos y aquello que se escapa de nuestro control. Entendimos que no podemos conocer quienes somos sin la mirada del otro, porque solo se conoce lo que se ama y, ¿cómo voy a conocer si no amo y soy amado? Además, reflexionamos sobre cómo nos definimos a través de la entrega al otro en el presente y la fidelidad a nuestros valores frente a los desafíos de la vida. Coincidimos en que para saber si nos estamos equivocando en la búsqueda de nuestra identidad, la respuesta se encuentra en el silencio. Solo cuando conectamos con nuestra interioridad sin que esto nos genere ruido, podemos saber que estamos en el camino correcto.
Para cerrar, hicimos una ronda final en la que recopilamos qué es lo que más nos había llegado a cada uno y compartimos las preguntas que nos llevábamos, además de agradecer el tiempo compartido.
Personalmente, era la primera vez que asistía a un encuentro de Filosofía de Bar y la experiencia no me dejó indiferente, salí con más preguntas que respuestas, lo que en filosofía solo puede ser algo positivo. Pero, sobre todo, disfruté de escuchar a mis compañeros, de la oportunidad de conocerlos un poco más, de compartir nuestro tiempo y nuestras ideas. Me fui con una profunda sensación de calidez de poder formar parte de algo tan especial como la ELU.
El pasado miércoles 26 de febrero, los elus de Cantabria tuvimos la suerte de tener encuentro con Marta Luquero, nuestra mentora. Digamos que el día no empezó de la mejor de las maneras, puesto que el tren de Marta se retrasó. No obstante, la espera mereció la pena, ya que pude tener mi primera mentoría presencial en la cafetería del Centro Botín, que tiene las mejores vistas de Santander: al Mar Cantábrico.
Fue una magnífica ocasión para aprovechar y poder conocernos un poco mejor. Además, a Marta, como buena Madrileña, le encantó el sitio, por lo que nuestra mañana terminó con un broche de oro.
Durante nuestra primera comida juntos, nos pusimos al día mientras comentábamos las inquietudes que teníamos sobre el segundo cuatrimestre. Además, tuvimos la suerte de poder disfrutar de la compañía de la Elumni Carmen De la Iglesia.
Al acabar, tuvimos de manera individual nuestra primera mentoría presencial. El tiempo nos acompañó de manera espléndida, por lo que aprovechamos el sol e hicimos la mentoría paseando por la Bahía de Santander.
¡¡¡Esperamos poder repetir el plan muy pronto!!! ¡¡¡Es un verdadero privilegio poder pasar tiempo juntos!!!
“Siempre acabamos llegando a los lugares donde nos esperan“.
Cierro los ojos y respiro profundo. Estoy aquí, en Münster, en lo que alguna vez fue un destino incierto y que ahora es mi hogar. Un hogar que no está hecho de calles ni edificios, sino de rostros, de voces y de pequeños gestos que han cambiado mi vida. Porque, al final, no es el destino que has elegido, tranquilo… es la gente la que hace el destino. “Nos ilusiona lo que va a llegar, lo que va a venir, lo que va a acontecer; bien porque algo se acerque hasta mí, o porque yo salga a su encuentro.” Y así es el Erasmus: un encuentro continuo, con todo lo inesperado y todo loimprevisible que conlleva.
Como bien me dijo una vez una gran amiga: “Lo que importa no se busca, sino que irrumpe”. Y no os engaño si os digo que cada día me siento un poco como cuando La Bien Querida canta: “Y es que siento como si toda mi vida me hubiera estado conduciendo a este preciso momento”, en cada conversación, en cada clase y en cada persona.
Me llamo Marisa Rico, soy estudiante de 4º en la ELU y curso el doble grado en Farmacia y Nutrición en la Universidad de Valencia. Ahora, habito en la pequeña ciudad de Münster, en el norte de Alemania, y si algo me ha enseñado este Erasmus es que la vida no se construye con planes, sino con vínculos.
Por mucho que no os lo creáis, en Alemania existe el cariño, el amor, la buena cocina y la cercanía. Donde no creíais que podríais ver el sol, soportar el frío o encontrar amistad verdadera… la vida siempre te sorprende superando todas las expectativas. Quizás la necesidad inmanente de comunicar y compartir lo que me hace feliz es lo que me impulsa a escribir esto. Espero hacer justicia a todo lo que estoy viviendo, pero perdonadme si me dejo algo… Creo que aún no soy consciente de todo lo que estoy viviendo.
Si leéis esto pensando en iros, dejadme deciros que el Erasmus empieza mucho antes de marcharse. Porque “en la medida en que soy yo mismo, estoy lleno de todo aquello que me ha precedido.” Irse te hace consciente de la importancia de todo lo construido anteriormente, de la base, de las personas hogar, aquellas que son la estancia más segura donde habitan las pequeñas cosas más grandes de tu vida. Son orza y no ancla, son motor de tus inicios y te esperan a la vuelta con los brazos abiertos, recordándote que siempre hay un lugar donde volver.
Si pensáis que el Erasmus es un paréntesis en vuestra carrera, una pausa para aplazar el tomarse en serio la vida, estáis equivocados. Al contrario, es una oportunidad para ir aún más al fondo de lo que realmente deseáis. No es solo un cambio de idioma, casa, rutina o círculo, sino una ocasión para descubrir quién eres, donde cada decisión, encuentro y paso reflejan lo que más valoras. Ojalá que, allá donde lleguéis, aprendáis a mirar la ciudad con profundidad, a sumergiros en la cultura, a construir relaciones auténticas, a asumir sacrificios con alegría y renuncias con certeza. Ojalá que, desde la libertad, elijáis vincularos. Ojalá podáis responder a preguntas de la mano de Guardini ¿Hacia dónde quiero perder mi vida? ¿Quién soy sin la rutina, sin el peso de la costumbre? ¿Cómo me presento a los otros? ¿Qué características potencio y de cuáles intento desprenderme? ¿Qué dones he recibido?¿Qué espero de mí que quiero que recuerden?.
Porque si algo me ha enseñado el Erasmus es que la vida se comprende en virtud de lo que puede ser, que el presente siempre incluye una zona de pretérito y otra de futuro, y que los encuentros cambian la vida. Déjate sorprender por lo nuevo, sin tratar de replicar lo que ya conocías, porque el Erasmus en sí es “cambiar el tesoro a cambio del mapa” una y otra vez.
Una vez leí que “hacer que dos vidas se encuentren es prometerles a ambas una vida nueva.” Y es por ello que no puedo dejar de mencionar todas las vidas nuevas que se han cruzado en la mía: Ukasha, que siempre me espera con un té caliente, como si con cada taza me recordara que no estoy sola. Becca, que ha hecho del yogurt con mango un ritual sagrado y que me enseñó que las pequeñas cosas pueden ser las más valiosas. Amelie, con quien hasta lavarme los dientes a las 8 de la mañana se convierte en una fiesta. Kinan, que me entiende cuando nadie más lo hace y que ha sido mi espejo en los días de dudas. Lorenz, que me cuida en los detalles, en los pequeños gestos que me recuerdan que hay alguien que piensa en mí. Aylin, que llena cada espacio de la casa para que nunca nadie se sienta solo. Julius, Veronica, Lara y todos aquellos que siempre tienen un “sí” esperándome.. Alisa, Wael, Laura y Amelie, que guardan un sitio para mí en el sofá y un abrazo en los días en que más lo necesito. Angela, Sandra, María y Marina, con quienes viajar no es solo moverse, sino abrirse al mundo. Hannah, Luis, Carla y todas las personas que Dios ha puesto en mi vida, gracias a las cuales canto un poco mejor. Linnus, Christin, Florian, Kimi y todos los que han hecho que aprobar Farma sea un poco más fácil y que las tardes de laboratorio se conviertan en una auténtica aventura. Nataly, Paula, Amelie y Kim que hacen gimnasio un refugio en las tardes frías y lluviosas de invierno. Cada persona que me sonríe mientras corro, que me ofrece un saludo cuando estoy perdida o que simplemente me regala un “Hallo” al llegar a cualquier lugar.
“Más allá de lo que es, la vida del hombre se comprende en virtud de lo que puede ser. Si el ser del hombre es posibilidad, la trayectoria que siga su vida estará muy influida por la amplitud del horizonte que sea capaz de vislumbrar”.
Y hoy, mi horizonte es más amplio que nunca.
Ojalá leer esto os suscite más preguntas que respuestas, las cuales solo fuera de casa podréis responder. Nos vemos en alguna esquina del mundo.
El Derecho a la vivienda se ha convertido en uno de los debates sociales más suscitados del momento. Las constantes manifestaciones y exigencias de la población han convertido este asunto legal en una de las preocupaciones capitales de la sociedad, tanto es así, que se postula en el tercer lugar según el sondeo del CIS (Centro de Investigaciones Sociológicas) realizado durante el pasado mes de febrero. Hoy, me gustaría arrojar un poco de luz sobre el asunto en cuestión, explicando qué vías legales ostentan – o no – los ciudadanos en la reclamación de este Derecho.
¿Dónde aparece regulado este Derecho?
En nuestra querida Constitución, CE en adelante, concretamente, en su artículo 47: “Todos los españoles tienen derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada. Los poderes públicos promoverán las condiciones necesarias y establecerán las normas pertinentes para hacer efectivo este derecho, regulando la utilización del suelo de acuerdo con el interés general para impedir la especulación. La comunidad participará en las plusvalías que genere la acción urbanística de los entes públicos”. Este precepto forma parte del Capítulo III del Título I de la Norma Normarum.
¿Puede exigirse del algún modo?
Puesto que aparece regulado como principio rector de la política social y económica (Capítulo III del Título I); este derecho se define como “Derecho programático”, se trata, por lo tanto, de un derecho de carácter jurídicamente no exigible ante los tribunales – los que sí se pueden exigir ante los jueces son los Derechos Subjetivos (arts. 15-38 CE).
Entonces… ¿qué sentido tiene manifestarse?
A pesar de no ser reclamables, los poderes públicos deberán promover este derecho, especialmente, mediante la creación de normas pertinentes para su optimización en la medida de lo posible. Este Derecho solo se puede convertir en exigible si el legislador (quien redacta las leyes) así lo quiere.
Cuestión diferente – he aquí el kit de la cuestión – es que el no acceso a la vivienda colisione con los Derechos Subjetivos (arts. 14-38) esos que hemos visto que sí se podían exigir ante los tribunales. Algunos ejemplos son: la salud (art. 43 CE) – la mendicidad favorece al repunte de enfermedades como el Covid o la Tuberculosis en los barrios más humildes – y la educación (art. 27 CE) – pues son las personas sintecho quienes ostentan una mayor tasa de fracaso escolar, reduciendo, considerablemente, sus posibilidades de progreso laboral.
¿Existen visos de mejora?
Existe una sentencia del Tribunal Constitucional del año pasado (STC 79/2024), que se remite a su jurisprudencia previa (conjunto de sentencias y demás resoluciones judiciales emitidas en un mismo sentido por los órganos judiciales, que sirven para realizar una interpretación conjunta de las leyes y del resto del Ordenamiento Jurídico) para sostener que el art. 47 CE no reconoce un Derecho Fundamental a la vivienda, sino que enuncia un mandato o directriz constitucional que ha de informar la actuación de todos los poderes públicos en el ejercicio de sus respectivas competencias (las competencias de las CC.AA aparecen reguladas en el art. 148 CE y las estatales en el art. 149 CE – existen delegadas y mixtas, en las que no voy a entrar, pues pretendo ser breve – ).
En conclusión, a pesar de que hacer realidad este Derecho sea una tarea muy laboriosa para la administración, en un Estado descentralizado como el nuestro, la coordinación, cooperación y colaboración entre ambos niveles competenciales (autonómicos y estatal) debería ser una tarea a reforzar en el futuro. Además, el TJUE (Tribunal de Justicia de la UE, encargado, entre otras cosas, de garantizar que la legislación de la UE se interprete y aplique de la misma manera en cada uno de los países miembros y que estos la cumplan) ha declarado que la vivienda es un derecho fundamental que se deriva del art. 7 de la Carta de Derechos Fundamentales; por lo que nuestro país está a la cola en cuanto a la promoción y garantía de este Derecho, así como en el control de los factores que impiden su correcto ejercicio (especulación, burbujas inmobiliarias, etc.,).
Espero que este artículo haya aclarado vuestras dudas acerca de este Derecho. Cualquier duda, no dudéis en preguntarnos por RRSS ¡Hasta la próxima entrega!
El pasado 13 de febrero tuvimos un nuevo encuentro de “Filosofía de Bar” en el que abordamos uno de los temas más atractivos que se han podido tratar, la felicidad. En esta ocasión, contamos con la ayuda y compañía de Martín Tami, el Padre Rafa Pou y Diego Martínez.
Al empezar, Martín nos hizo una introducción del tema en la que vimos diversos ejemplos de lo que era la felicidad para distintas personas, o según películas como “El Rey León” o “La vida es bella”. A continuación, se recogieron las ideas principales de filósofos como Aristóteles o Immanuel Kant, y también del sacerdote Luigi Giussani lo que nos llevó cuestionarnos sobre la relación de la felicidad con nuestra manera de entender la vida. Por último, la presentación del tema acabó con la lectura de dos poemas, “Si yo pudiera morder la tierra toda”, de Fernando Pessoa y “Nostalgia del presente”, de Jorge Luis Borges, los que plantean el tema de búsqueda y el anhelo de la felicidad pero también de la presencia de la infelicidad en nuestra vida.
Tras la presentación del tema, pasamos a hacer un turno de preguntas en el que todos participamos y compartimos nuestras preguntas y planteamientos acerca de los ejemplos vistos previamente, pero también de la situación actual de la felicidad. A lo largo de todo el diálogo que mantuvimos, relacionamos la felicidad con otros temas como el amor o la libertad, y nos planteamos cómo influyen las personas en nosotros mismos, pero también nuestra forma de actuar, pues son dos de las bases que nos condiciona la felicidad por nuestra propia naturaleza. Por otra parte, nos dimos cuenta de que, para abordar el tema de la felicidad, hay que diferenciar entre una felicidad directamente relacionada con las emociones como la alegría, y la verdadera sensación de Felicidad, referida a un estado de plenitud que buscamos alcanzar y en el que nosotros “somos”. Además, comprendimos que la felicidad no se trata de una recompensa, sino que tenemos que buscarla, pero eso nos condujo a cuestionarnos otros aspectos y hacernos más preguntas.
Finalmente, hicimos una ronda de conclusión, en la que hicimos una recopilación de todo lo que más nos había llamado la atención del tema y mencionamos alguna pregunta que nos habían surgido al final.
Personalmente, disfruté mucho de mi primer encuentro de Filosofía de Bar. El tiempo se me pasó volando por la gran compañía que hubo, además del tema que tratamos, pues me pareció muy interesante aprender de los puntos de vista de otros compañeros de la ELU y poder compartir yo los míos con ellos. Fue una tarde increíble y, a pesar de que acabamos con más preguntas que respuestas, estoy seguro de que cuando acabó, todos nos fuimos más felices.
“Chat GPT, hazme un resumen de esta sentencia”. “Chat GPT, escríbeme una carta de motivación para esta entrevista”. Muchos de vosotros, como yo, estaréis más que familiarizados con esta nueva manifestación de la Inteligencia Artificial (IA) que ha irrumpido en nuestras vidas estudiantiles. Además, en los grupos de Whatsapp cada vez es más frecuente que se compartan vídeos creados por la IA que recrean situaciones absurdas o cómicas y que solamente la persona menos tecnológica del grupo —normalmente nuestra abuela— piensa que son reales: vídeos de enemigos políticos bailando sevillanas juntos, cortos de la Gioconda cantando ópera, del Papa tocando la guitarra en un concierto de rock…
Dejando de lado los ejemplos irrisorios, ¿qué ocurre cuando, gracias a la IA, una impresora 3Dde un museo logra crear una nueva pintura de Rembrandt replicando su estilo, su temática y su paleta de colores? ¿Quién es el autor de dicha obra? ¿Es protegible? Como siempre, el Derecho es el responsable de seguir de cerca la realidad social de su tiempo e idear soluciones jurídicas.
La rama del Derecho que protege las creaciones de los autores se denomina “Propiedad Intelectual” y está regulada en el Texto Refundido de la Ley de Propiedad Intelectual y en diversas directivas de la Unión Europea. Para que una obra pueda ser protegida por derechos de autor, deben cumplirse dos criterios fundamentales:
Originalidad: la obra debe presentar una novedad o altura creativa suficiente para hacerla reconocible y diferenciable de otras.
Intervención humana: solo las personas físicas —y, en algunas excepciones, las jurídicas— pueden ser consideradas autores.
En el caso de las obras generadas por IA, ambos requisitos plantean problemas. En cuanto a la originalidad, tomemos como ejemplo la pintura de Rembrandt, creada mediante algoritmos entrenados con el estilo del artista neerlandés. ¿Puede considerarse original una obra que, aunque es nueva, es producto de la imitación precisa de un estilo preexistente? ¿O debe ser considerada una obra derivada de todas aquellas utilizadas para entrenar la IA? Algunos argumentan que desde el principio de los tiempos, los artistas han pasado horas interminables en museos como el Prado en busca de inspiración, y que incluso en casos como La Gran Ola de Kanagawa de Hokusai y La Noche Estrellada de Van Gogh pueden hallarse similitudes e influencias, sin que por ello se cuestione su originalidad. ¿La IA no haría lo mismo que estos autores, inspirándose y creando nuevas obras? De momento, no hay respuesta legal o judicial a estas preguntas.
En cuanto al criterio de intervención humana, una resolución del Parlamento Europeo en 2020 lo aplica al contexto de la IA, estableciendo una distinción clave:
Si la obra es generada de manera totalmente autónoma por la IA, no se reconoce protección por derechos de autor.
Si existe intervención humana significativa —por ejemplo, mediante la introducción de un “prompt” (una instrucción detallada)—, podría considerarse protegible, siempre que se cumpla el criterio de originalidad. En ese caso, la titularidad de la obra correspondería a la persona que la edite o la presente públicamente, salvo que los creadores de la tecnología subyacente reclamen derechos sobre ella.
¿Y qué ocurre con los propios prompts? ¿Son protegibles? Algunos podrían argumentar que una instrucción precisa y creativa es en sí misma una forma de autoría, pero los organismos reguladores no lo ven así. La legislación actual no reconoce a los usuarios como autores de las obras generadas por IA, ya que el simple hecho de introducir una serie de palabras clave no alcanza el nivel de “altura creativa” exigido para considerar una creación como protegible.
En definitiva, el debate sobre la autoría y la originalidad en las creaciones generadas por IA está lejos de resolverse. La tecnología avanza más rápido que la normativa, y el Derecho, como siempre, deberá encontrar la manera de equilibrar innovación y protección de la creatividad humana.
Y finalmente, querido lector, ¿no será también este texto fruto de los esfuerzos de la IA?
¡Hola a todos! Soy Ángel Honrubia Rodríguez, estudiante de Ingeniería Aeroespacial en la Universidad Carlos III de Madrid y, desde septiembre, estoy viviendo una experiencia que está marcando un antes y un después en mi vida como estudiante de intercambio en la Universidad de California Irvine. Al tomar la decisión de venir aquí, no solo lo hice por un motivo académico, sino también para sumergirme en un entorno que me permitiera crecer de manera integral, profesional y personalmente. Lo que he descubierto aquí es un lugar donde la innovación y el aprendizaje se dan la mano con la práctica, donde cada día es una nueva oportunidad para desafiarme a mí mismo y explorar nuevas formas de pensar y hacer.
Como todos sabéis en Estados Unidos la manera en que se aborda la educación es radicalmente distinta. No se trata solo de teoría la cual sin duda es muy importante, sino de transformar lo aprendido en soluciones prácticas. Al fin y al cabo, ese es el trabajo de un ingeniero, proyectos que estoy realizando como el diseño de aviones o vehículos submarinos conecta la creatividad con la resolución de problemas reales. Este enfoque me ha permitido conectar con mi vocación y poder ver el resultado del trabajo de estos años para construir una base de conceptos sólida. Cada vez que trabajo en un proyecto o participo en un debate con mis compañeros, me doy cuenta de que la verdadera esencia de lo que aprendo no está en los libros, sino en cómo soy capaz de usar ese conocimiento para afrontar los desafíos del presente y futuro desde una nueva perspectiva y la importancia de la colaboración.
Es esto lo que realmente hace que esta experiencia sea única, las personas que conoces en el proceso. Tanto los españoles que también están de intercambio como los internacionales y los que viven aquí, son una parte esencial de cada día. Cada conversación, cada proyecto, cada viaje, me ha mostrado lo valioso que es compartir ideas, tiempo, opiniones y las cosas que te gustan. Por supuesto sin olvidar a la familia y todos los amigos que siguen en España a los que aprovecho para mandar enormes GRACIAS por acompañarme en este gran año y hacer que todo funcione a la perfección. Sin duda esta experiencia también es de todos vosotros que habéis respondido con un sí a esta gran oportunidad en la que me aventuré el año pasado, toda esa energía, consejos y aprendizaje sin duda es esencial para sacar lo mejor de cada situación. Y es que en parte la experiencia de la ELU es esto, una gran comunidad en la que todos contribuimos a crear un ambiente en el que todos crezcamos.
Pese a esa seguridad que tenía yo de que esta oportunidad iba a ser fuente inmensa de bien, la incertidumbre es algo inherente a esta experiencia debido al gran cambio que supone. Algo que en principio parece malo, se ha convertido en una parte fundamental de este proceso ya que salir de la cotidianeidad te pone en juego. Como Kierkegaard dijo: “El que no es capaz de vivir la incertidumbre, no es capaz de vivir la vida.” Esta cita ha cobrado un significado profundo y es núcleo de esta aventura. En este entorno nuevo de constantes variaciones se ha hecho evidente que las respuestas no siempre llegan de inmediato y que el proceso de buscar soluciones, de fallar y volver a intentarlo, es en sí mismo un camino de aprendizaje. Por tanto, aprender a navegar por esa incertidumbre ha sido, en muchos casos, el mayor de los aprendizajes.
Es por esto que aprovecho para lanzar una invitación a todo el mundo que este planteándose o dudando de embarcarse en este viaje para que lo hagan definitivamente. Aprovecha cada minuto y cada segundo, porque todo lo que vivirás es valioso. ¡¡Un gran abrazo!!
El pasado viernes 14 de febrero, Beers & Books volvió a encontrarse de nuevo. Un hombre había sido traído misteriosamente por la bravura del océano, devuelto por un mar que devolvía lo que la tierra no olvidaba. Un hombre que pronto sería llamado Esteban, « El Ahogado más hermoso del mundo» de Gabriel García Márquez que a todos nos tuvo inquietos y cautivados aquella tarde. En esta ocasión, Beers & Books no estuvo solo. Contamos con la presencia del Club de Lectura Lectio, asociado a la Facultad de Medicina de la Universidad Complutense de Madrid.
Así, tanto Elumnis como presentes elus y demás participantes, fuimos testigos de cómo la belleza puede ser hallada hasta en una historia trágica. De cómo la llegada de un hombre sin nombre y pasado es capaz de cohesionar, asombrar y ser el punto de partida para el renacer de un pueblo.
Un pueblo que honró, dignificó y supo darle un final a la altura de su «ahogado». Gabriel García-Márquez, combinando realismo mágico, una narración envolvente a la manera de un bravo oleaje que no te deja respiro, y un léxico muy cuidado y rico en simbolismo, consiguió atraparnos desde el inicio. Autor de otras obras como “100 años de soledad” o “Crónica de una muerte anunciada”, fue premio Nobel en 1982. Este autor consiguió que reflexionáramos acerca de las diferencias entre las personas, sobre el papel de la religión en esta obra y cómo nombrar las cosas otorga un nombre, una identidad, una historia. Rescatando un fragmento de la obra vemos esto mismo: “Tiene cara de llamarse Esteban”.
Era verdad. A la mayoría le bastó con mirarlo otra vez para comprender que no podía tener otro nombre. Tras muchas preguntas que nos surgieron, reflexiones, risas y anécdotas, llegamos a la conclusión de que la de Esteban era una historia destinada a ser luz para aquel pueblo.
Los presentes del encuentro del viernes tarde salimos con la certeza renovada de que la grandeza no siempre está en el poder o riqueza, sino en la huella que dejamos en los demás. De que no nos damos cuenta de lo vacíos que estamos hasta que algo llega y nos llena. De que somos llamados por el resto, y nos reconocemos en el prójimo. Tomemos el ejemplo de aquel pueblo, que supo vislumbrar en la silueta inabarcable y desmesurada del ahogado, la posibilidad de una nueva existencia, una más grande, más libre, digna de ser recordada. Seamos esa promesa de futuro personificada en el que tenemos al lado, ese anhelo de esperanza en “Tiempos de Cólera”, esa reconciliación frente a las diferencias que separan y crean prejuicios.
Terminamos nuestro encuentro con la lectura de otros fragmentos poéticos y conversaciones distendidas entre todos para poder conocernos. Así, Beers & Books y Lectio disfrutaron de una tarde muy enriquecedora. Os esperamos en el próximo encuentro, y para amenizar la espera, os animamos a todos a leer esta obra. Merece verdaderamente la pena. A continuación os dejamos un pequeño fragmento.
¡Nos vemos pronto!
“Lo soltaron sin ancla, para que volviera si quería, y cuando lo quisiera (…) No tuvieron la necesidad de mirarse los unos a los otros para darse cuenta de que ya no estaban completos, ni volverían a estarlo jamás. Pero también sabían que todo sería diferente desde entonces, que sus casas iban a tener las puertas más anchas, los techos más altos, los pisos más firmes, para que el recuerdo de Esteban pudiera andar por todas partes sin tropezar tropezar con los travesaños, (…), porque ellos iban a pintar las fachadas de colores alegres para eternizar la memoria de Esteban…”.
Se puede saber mucho de una persona solo por cómo camina por la ciudad en hora punta. ¿Va con prisa o disfruta del paseo? ¿Se dirige hacia un estimulante destino o camina con la resignación del reo que sube los peldaños del patíbulo? En la aún calurosa mañana del 2 de septiembre, en Lyon, un joven de 20 años, cabello castaño, camisa de rayas, y mochila al hombro avanza con la ligereza del que está a punto de empezar una nueva vida. Se llama Guillermo Pierres y acaba de lograr plaza en una de las universidades más codiciadas de Francia, cantera de futuros togados de renombre. Y, si se fijan bien, podrían jurar que sus pies ni siquiera tocan el suelo.
Llega a la antigua manufactura de tabaco, reconvertida en santuario del Derecho, y tras quince minutos deambulando por pasillos que parecen diseñados por Escher, encuentra el anfiteatro. Dentro, el decano, con un aplomo digno de orador de la Asamblea Nacional, desgrana ya su discurso:
— 12.250 euros. Esa es la inversión que el Estado francés deposita en cada uno de vosotros, cada año. No es un número al azar, es una apuesta. Una apuesta por vuestro talento, por vuestra capacidad, por vuestro futuro. Habéis cruzado las puertas de esta facultad no solo para ocupar un asiento, sino para conquistar un lugar en la historia de esta institución. Las promociones anteriores han llevado esta facultad a lo más alto, consolidándola como la tercera mejor del país. Pero los rankings no son medallas que se exhiben, son responsabilidades que se asumen. Ahora es vuestro turno. Os toca sostener ese legado, elevarlo, superarlo.
Un retumbar de aplausos sella el speech y entra en escena el primer profesor. Joven, trajeado, con la seguridad de quien factura seis ceros en un bufete, pero prefiere torturar a alumnos con el Código Civil. Abre la boca y los estudiantes los portátiles. Y, como una sinfonía mecanizada, el tecleo inunda hasta el último recoveco del aula. Guillermo se gira. Ojos clavados en las pantallas. Mentes proyectadas en un año por venir que ya se antoja interminable.
Ese joven de veinte años, de camisa de rayas y aire perdido, será vuestro narrador en un viaje por la jungla del Derecho en Francia. Y, de paso, os contará cómo esto se parece y, sobre todo, cómo se diferencia del aprendizaje jurídico en España.
Confieso que, como español, me cuesta admitirlo: no ha sido hasta llegar a Francia que he sentido que de verdad aprendía Derecho. Aquí la clave es el rigor. Un rigor que en los exámenes prima la metodología sobre el contenido y que convierte el razonamiento jurídico en un proceso matemático, un álgebra de jurisprudencia donde no hay margen para el arte de la retórica. El Derecho, aquí, se reduce a una sucesión de pasos precisos, fríos, inapelables. Eficiente, quirúrgico, aterrador.
El estudiante francés, dicho sea de paso, es un ser resignado, quejica, llorón, con la fatiga de quien lleva tres vidas encadenado a un escritorio. No es que estudie más, es que descansa menos. Atrapado entre muros desde las 8 de la mañana hasta las 8 de la tarde, con el tedio apretándole la garganta. En medio de las clases, cuando el tecleo cesa y emergen los tupperware, se palpa la desesperación en cada cucharada de pasta recalentada. Porque aquí no solo se estudia en clase: aquí se come, se vive, se vegeta.
Las clases se dividen en dos ecosistemas. Primero, los anfiteatros, donde 300 almas escuchan a un profesor que dicta mientras 300 portátiles transcriben con la sincronización de una secta. Preguntar es un riesgo: podrías atraer la atención y, en esta jungla, mejor pasar desapercibido. Luego están los Travaux Dirigés, seminarios de entre 15 y 25 personas donde se exige leer entre 15 y 20 sentencias por semana y hacer un caso práctico, un comentario jurisprudencial o una disertación. Y aquí, amigos, la asistencia cuenta. En España, basta con recopilar apuntes de compañeros y apurar el café antes del examen. En Francia, o haces el trabajo, o el trabajo te aplasta.
Los profesores, por cierto, son todos, o casi todos, absolutas eminencias. No meros docentes, sino abogados en ejercicio, juristas, consultores de alto nivel. A modo de ejemplo, mi profesor de penal, un tipo que parece sacado de una serie de HBO, fue defensor en los atentados de Niza. Y ahí lo tienes, impartiendo clase con el aplomo de quien ya lo ha visto todo. Dando collejas académicas y corrigiendo caso por caso con una dedicación que rozaría el sadismo si no fuera por su impecable elegancia.
Y aquí está la paradoja. El sistema francés es intenso, metódico y exigente hasta lo inhumano. Y, sin embargo, es tremendamente ineficiente. Habiendo cursado Derecho en España, ya he estudiado todo lo que aquí se enseña. Pero donde en España se hace en cuatro mañanas a la semana, en Francia hay que someterse a jornadas de 12 horas, con prácticas y deberes hasta en sábados. Algo falla, mes amis. Quizá por eso los franceses no saben inglés. No les queda tiempo para aprenderlo. No saben escribir con corrección, ni estructurar bien, ni sintetizar. Respiran Derecho, lo mastican, lo sudan. Pero el español, con su pragmatismo, le saca el mismo jugo con la mitad de esfuerzo.
Y aquí la gran verdad: si destaco en este sistema, si los españoles brillamos en esta jungla, no es por superioridad intelectual, sino porque el sistema español nos ha hecho versátiles, adaptables, resilientes. Francia nos exprime, pero nosotros nos crecemos. Y eso, chers amis, es lo que hace que cuando un ibérico desembarca aquí, sobresalga. Porque sabemos encontrar atajos, porque hemos aprendido a aprender con eficiencia, porque entendemos que el Derecho no es una ciencia exacta, sino un arte.
Y en esas nos sumergimos en sus trincheras y salimos ilesos, vino en mano, listos para brindar por la victoria.
Soy Isabel Carmen, estudio medicina en Zaragoza y soy estudiante de 4º de la ELU, pero lo que más diría que soy ahora mismo, es una estudiante de Erasmus en Bratislava.
Hace ya cinco meses, empezó esta aventura subiéndome a un avión para vivir fuera de casa por primera vez, sin estar arropada por mis familiares y amigos de siempre, para finalmente terminar arropada por mis nuevos amigos, que se acaban convirtiendo en la familia de aquí.
A la hora de tomar la decisión de irme de Erasmus, no tuve ninguna duda, ya que la Isabel de hace 6 años que fue a ver a su hermano a París ya había tomado la decisión por mí. Por otro lado, la oportunidad de vivir en lo que los eslovacos llaman “el corazón de Europa” me llamó especialmente por la posibilidad de viajar en autobús o tren por todo Europa fácilmente (según la capacidad de dormir en transportes de cada uno). Tengo que decir que este aspecto lo he aprovechado al máximo, sin parar casi ningún fin de semana en Bratislava, pero conociendo la cultura, la gastronomía y la historia de grandes y pequeñas ciudades por todo Europa.
Sin embargo, como dice una muy buena amiga del Erasmus, no todo es viajar porque lo mejor está siempre en casa, y es que no puedo sentirme más afortunada de las personas que me acompañan en esta aventura. Aunque las primeras semanas supusiera un poco de agobio conocer a los más de trescientos españoles con los que comparto la residencia, al final todo toma su lugar y yo puedo decir con toda la seguridad que estoy justo donde tengo que estar.
Durante este año, también tengo la oportunidad de aprender en un sistema sanitario muy distinto al que estoy acostumbrada en mis prácticas de España. El mayor obstáculo que encuentro es el idioma, ya que la mayoría de los pacientes solo hablan eslovaco y puede llevar a momentos de frustración al no poder entenderse con ellos. Sin embargo, este aspecto provoca unas prácticas más colaborativas en las que cuento con mis compañeros para entender a los pacientes pero también cuentan conmigo para hacerles preguntas y llegar a conclusiones.
Toda esta nueva vida se traduce en un crecimiento personal, un conocerme más a través de los otros, y sobre todo una gran oportunidad para no pasar de puntillas por esta experiencia, siendo consciente de que se acabará y habrá que saber llevar todo lo aprendido a mi vida de Zaragoza.
En definitiva, espero haber sido capaz de contar y compartir todo lo bueno que me está dando el Erasmus, e intentar que si habéis llegado hasta aquí, os den un poco más de ganas de vivir esta gran experiencia.
El pasado 20 de diciembre nos reunimos en Bilbao varios elus del norte de España con nuestro mentor Ignacio Álvarez para despedir el año juntos.
Tras un largo día de exámenes, buses y trenes llegamos a la Sociedad Bilbaína, un club social fundado en 1839, donde fuimos recibidos por el Vocal de Cultura de la Sociedad gracias a la organización de Lucila.
Allí, tras conocer la mayor parte del edificio y su historia, visitamos la inmensa biblioteca de la sociedad. En ella, el ambiente y la presencia de varios incunables hacían imposible que uno no se sintiese el mismísimo Willy Fog en el Redford club de Londres. Finalmente, subimos a la planta alta para poder contemplar la ría de Bilbao, completamente adornada y preparada para celebrar la Navidad.
Tras la visita, compartimos nuestras impresiones acerca del último fin de semana e hicimos nuestro “rewind 2024” particular sobre la ELU y Becas Europa. De la misma manera, reflexionamos sobre los retos que este 2025 nos depara, y también, sobre el tema del próximo fin de semana, la amistad, que es lo que permite que estos encuentros, y la propia ELU, tengan lugar.
Don Segismundo Arrubal, de 38 años, oriundo de la localidad conquense de La Parra de las Vegas, se encontraba el 13 de agosto de 2024 celebrando junto a los demás vecinos durante las fiestas del pueblo. Entre las actividades organizadas por el Ayuntamiento, destacaba la trashumancia de reses bravas (práctica que consiste en el traslado de toros de un lugar a otro estacionalmente); en este caso, a modo de demostración cultural ganadera. De esta manera, el camino recorrido finalizaría en la plaza del pueblo, que se encontraba cercada mediante vallas de una altura considerable, separando la zona por la que circularían los toros de los espectadores como medida de seguridad.
Alrededor de las 11:45, los toros llegaron a dicho lugar acompañados de profesionales de la ganadería, mientras los vecinos, entre los que se encontraba Segismundo, observaban con gran interés. De improviso, Don Segismundo, apasionado de los toros y frustrado por no haber tenido nunca la oportunidad de correr en los encierros de los Sanfermines de Pamplona, se dejó llevar por un impulso de adrenalina y decidió cumplir su sueño. Sin dejar tiempo a que cualquier persona reaccionase, o lo hubiese podido evitar, trepó con gran agilidad, saltó la valla hasta encontrarse frente a los bovinos de lidia y empezó a correr despavoridamente. Fue en este mismo momento, en medio de ambiente de agitación de los vecinos y autoridades, alarmados ante tal situación, cuando Segismundo tropieza y es herido por asta de toro. Afortunadamente, los ganaderos lograron evitar un trágico desenlace y la herida no fue letal. Sin embargo, ésta le impediría mover la pierna durante los próximos 6 meses, por lo que no podría ejercer su trabajo como albañil autónomo.
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El 31 de enero de 2025, acude a nuestro despacho por recomendación de un amigo, consultando si podría reclamar de alguna manera al Ayuntamiento quien, en un primer lugar, organizó el evento en el que tuvieron lugar los sucesos. Además, alega que, transcurrido un mes desde el accidente, se manifestó un daño adicional por el que la lesión se extendió, impidiendo que pudiera usar el pie durante un período adicional. Por tanto, quiere saber si tendría derecho a una indemnización por daños y perjuicios.
Para poder aconsejar a Don Segismundo, primeramente identificamos en qué rama del Derecho se enmarca el supuesto. En este caso, nos centraremos en el Derecho Administrativo, pero… ¿cómo responden las Administraciones Públicas (en adelante, “AAPP”) ante este tipo de circunstancias?
En esta entrega de Ratio Legis trataremos no sólo de dar respuesta a Don Segismundo, sino también de aportar unas nociones generales sobre los requisitos y procedimientos de reclamación de responsabilidad a las AAPP que, lejos de darse únicamente en situaciones extraordinarias como la de nuestro cliente, son perfectamente aplicables a casos cotidianos en los que la Administración genera daños y perjuicios a los ciudadanos. ¡Pongámonos manos a la obra!
———— SISTEMA DE RESPONSABILIDAD DE LAS AAPP ————
La responsabilidad patrimonial de las AAPP es aquella en la que una Administración Pública (AP) tiene el deber reparar un daño patrimonial (cuyas características enumeraremos más adelante) que ha ocasionado otro. Esta responsabilidad es extracontractual, lo cual quiere decir que no hay un vínculo negociar entre ambos sujetos (en el caso, Segismundo no había negociado previamente con el Ayuntamiento las consecuencias que podrían derivarse de su funcionamiento). Además, por tratarse de poderes públicos (y no de la responsabilidad civil de los particulares), se trata de una responsabilidad objetiva, lo que implica que la AP responderá incluso cuando no exista dolo (entendido como “mala intención”), culpa o negligencia grave (irresponsabilidad seria, “falta de diligencia”).
Concretamente, el artículo 9.3 CE recoge el principio de responsabilidad de los poderes públicos, por el cual los particulares tendrán derecho a indemnización por lesiones que sufran en sus bienes o derechos, consecuencia del funcionamiento de servicios públicos (como las fiestas organizadas por el Ayuntamiento de La Parra de las Vegas), salvo en casos de fuerza mayor o en determinadas situaciones de caso fortuito.
En el sistema legal español, se puede ejercer una reclamar ante cualquier AP (ya sea de la Administración General del Estado, ministerios, cuerpos de seguridad, hospitales públicos, universidades públicas, Diputaciones, Ayuntamientos, etc.), que haya causado un daño o perjuicio a los ciudadanos. Este régimen de responsabilidad se recoge tanto en las leyes: LPAC y LJRSP.
———— REQUISITOS MATERIALES PARA LA RECLAMACIÓN ————
Ahora bien, comprendida la base del sistema, es innegable que nuestro cliente ha sufrido un daño. Analicemos, pues, si lo sucedido a Don Segismundo Arrubal cumple con todos los requisitos para poder reclamar una indemnización y si se pueden demostrar (estos criterios son aplicables a cualquier otro supuesto de este estilo frente a la Administración).
IMPUTACIÓN – ¿quién ha generado el daño?
El daño se ha generado dentro del giro o tráfico administrativo (en las fiestas locales organizadas por el Ayuntamiento de La Parra de las Vegas) – por tanto, la Administración sería imputable en un primer momento (aunque veremos que este elemento se verá afectado más adelante).
FUNCIONAMIENTO NORMAL / ANORMAL DEL SERVICIO
El criterio estándar para determinar que se ha producido un funcionamiento anormal es si el servicio ha funcionado defectuosamente o con retraso. Pese a que se podría interpretar que en el caso de Don Segismundo no se cumple con dicho criterio (podría calificarse como anormal, por ejemplo, si la instalación de vallas en la plaza que estaba programada, no hubiese tenido lugar por negligencia de un funcionario).
No obstante, tal como hemos mencionado antes, la responsabilidad es objetiva, lo que podría dar lugar a imputación, incluso mediante funcionamiento normal del servicio. (Por ejemplo, en el ámbito de la Medicina, sólo se responde si se infringe la lex artis o si se produce la “pérdida de oportunidad”). Para Don Segismundo, será necesario continuar valorando.
RELACIÓN / NEXO DE CAUSALIDAD – ¿existe una relación causa-efecto?
Se produce un nexo causal cuando relación entre la actuación de la Administración y el efecto generado. Aplicación al caso: el Ayuntamiento organizó como actividad cultural la transhumancia (causa), y uno de los vecinos resultó herido por hasta de esos toros (efecto). Por tanto, se podría interpretar que hay un nexo causalentre la actividad de la AP y el daño. Sin embargo, se dan tres circunstancias que interfieren con el nexo causal, pudiendo debilitarlo, o incluso romperlo:
Culpa de la víctima: provoca la reducción o exclusión de la responsabilidad de la AP.
Aplicación al caso: Don Segismundo decidió voluntaria y autónomamente saltar el vallado (medida de seguridad que hubiese podido impedir el accidente), y situarse en el espacio en el que se encontraban los toros. De esta forma, se incurre en culpa de la víctima, lo que anula el vínculo que da lugar a responsabilidad de la AP.
Culpa de un tercero: provoca un reparto de responsabilidad entre los causantes.
No se ha dado en el caso de Don Segismundo.
Fuerza mayor: exime de responsabilidad a la AP (por ejemplo, un viento huracanado inesperado que hubiese derrumbado el vallado -si éste estaba correctamente instalado-, y hubiese puesto en peligro a los vecinos).
No se ha dado en el caso de Don Segismundo.
CARACTERÍSTICAS DEL DAÑO – ¿los cumple el daño generado a Don Segismundo?
Daño real y efectivo (no meras expectativas): se ha producido un daño emergente (la lesión en la pierna y posteriormente en el pie), y un lucro cesante (no puede trabajar, al menos, durante 6 meses; además, se trata de un autónomo, por lo que sus beneficios probablemente se verán disminuidos durante ese tiempo).
Individualizable: debe recaer en un sujeto o grupo concreto de personas (Don Segismundo, o varios vecinos, si así hubiese sucedido). En cambio, no se indemnizarían cargas generales sobre la colectividad (como puede ser el ruido que se derive de unas obras, o la contaminación ambiental).
Evaluable económicamente: que el daño sea material o personal y que se pueda monetizar (el tratamiento que haya recibido Don Segismundo es monetizable, al igual que el lucro cesante que ha sufrido de su impedimento para trabajar).
Daño antijurídico (el sujeto no tiene el deber de soportarlo en base a la ley): aunque pueda parecer que lo sea, el daño sufrido por Don Segismundo es antijurídico, porque legalmente no tiene por qué soportar una cornada de toro. No sería antijurídico, por ejemplo, el pago de impuestos, dado que es un deber establecido por ley en el Ordenamiento Jurídico español.
———— RESOLUCIÓN DE CASO ————
Dado que el daño es real, efectivo, individualizable y evaluable económicamente (se incluyen gastos médicos y lucro cesante), además de antijurídico, Don Segismundo Arrubal podría proceder a reclamar una indemnización al Ayuntamiento de La Parra de las Vegas en un plazo de un año. Sin embargo, es muy probable que esta reclamación no prosperase ante la AP, si se prueba que Segismundo actuó por culpa propia al saltar el vallado de seguridad.
Por todo ello, si la resolución de la AP fuera desestimatoria (si no prosperase la reclamación de indemnización), cabría la interposición de un recurso. En ese caso, sería un tribunal quien tendría la última palabra. En todo caso, debería probar aquellas alegaciones que presentase en su defensa.
Finalmente, en función de lo que se acuerde, si Don Segismundo terminara siendo compensado por el daño, esta podrá constar de una indemnización o reparación sustitutiva / cumplimiento por equivalencia (compensación de daños y perjuicios en metálico); o una reparación in natura(consistirá en compensar en especie los daños y perjuicios), aunque esta segunda opción sería menos probable. Para una reparación integral, será necesaria la valoración de daños tanto materiales como personales y la cuantía de la indemnización se calculará con referencia al día en que se produjo efectivamente la lesión (sin perjuicio de su actualización a la fecha en que se termine el procedimiento de responsabilidad).
———— CONCLUSIÓN ————
Llegados al final de la consulta de nuestro cliente, hasta aquí llega nuestra labor para aconsejar a Don Segismundo. Esperamos que os haya resultado interesante y útil para todos esos casos en las que las actuaciones de la Administración o los poderes públicos generan daños y perjuicios, tal como le sucedió a nuestro protagonista, con independencia de que su actuación fuese irrazonable y temeraria. Dicho esto, muchas gracias por vuestro tiempo y esperamos que hayáis disfrutado poniéndoos en el papel de un abogado. ¡Nos vemos en la próxima entrega de Ratio Legis!
Escribo estas palabras desde el interior de otro de esos aviones low cost ajustados al bolsillo de un estudiante internacional sin frenos. En este caso, con destino a Budapest, a las puertas de una nueva aventura.
Soy Mar Sanz, estudiante de Medicina en Zaragoza y alumna de 4.º curso de la Escuela de Liderazgo Universitario. Hace apenas cinco meses comenzó mi Erasmus en Bruselas, la ciudad de los gofres y la cerveza, corazón de la Unión Europea, que está marcando, sin duda, una de las experiencias más increíbles de mi vida.
Siempre tuve claro que necesitaba vivir la experiencia de estudiar un tiempo lejos de mi casa y de la rutina para completar mi formación universitaria. Quería experimentar un año de cambios, de apertura a la realidad, y aprender a centrarme en exprimir el presente en lugar de vivir preocupada por el futuro. Necesitaba alejarme de lo cotidiano y de la comodidad para seguir creciendo como persona. Y, desde luego, mi vida no ha cambiado solo externamente; algo dentro de mí también se ha transformado.
Elegir el destino de esta nueva aventura no fue fácil. Tenía claro que buscaba una ciudad cosmopolita, llena de vida y energía y, casi instintivamente, tras algunas recomendaciones y mi afán por desenvolverme mejor en el mundo francófono, elegí Bruselas como primera opción.
Recuerdo mi llegada a la que sería mi nueva casa como uno de los momentos más especiales, con una mezcla de nervios e ilusión. Desde el principio, me rodeé de personas que han marcado por completo mi experiencia. No puedo sentirme más afortunada de haber encontrado a quienes, día tras día, sacan lo mejor de mí y hacen que cada instante sea más especial que el anterior. Mi vida aquí no tendría sentido sin alguien con quien compartirla. Más allá de los planes, los viajes y las aventuras, como bien sabemos en la ELU, lo que realmente prevalece son las personas con quienes los compartes, y yo me siento inmensamente agradecida de haber encontrado aquí una pequeña familia.
Ya asentada en esta nueva vida, la capital belga no me ha defraudado en absoluto. Es una ciudad con un ambiente universitario impresionante, una diversidad cultural que permite ampliar la mente y una vitalidad incansable, todo lo cual ayuda a sobrellevar mejor los incontables días de lluvia y las escasas horas de sol. Los paseos por Bois de la Cambre ya forman parte de mi día a día, al igual que los gofres de Pascalino (¡pequeña recomendación!) y las sobremesas eternas en la resi. Eso sí, cada vez que cruzo la Grand Place me quedo boquiabierta, como si fuera la primera vez.
Aquí, los días de la semana pierden su significado y la monotonía de la rutina desaparece. Durante el Erasmus, se pierde la noción del tiempo y la conciencia del paso de los días (algo que, a veces, me da vértigo). Es esa etapa de la vida en la que normalizas estar un lunes paseando por los canales de Ámsterdam, un martes recorriendo las calles del Gamla Stan en Estocolmo o emocionarte un miércoles con la belleza de París.
Por supuesto, no siempre es fácil. Estar rodeada de tantos estímulos, personas y planes me hace preguntarme muchas veces quién soy yo en medio de todo esto. A veces, necesito parar y reconectar conmigo misma para no perderme entre el caos y vivir más conscientemente. Al mismo tiempo, esta experiencia me ha enseñado a valorar mucho más todo lo bueno que me rodea en mi realidad en España.
También he tenido la oportunidad de visitar y recibir a otros amigos elus que viven su Erasmus en otras ciudades europeas. Del mismo modo, he tenido la suerte de reencontrarme con algunos elumnis con quienes comparto destino. Al final, encontrarse con un elu es como regresar a casa y siempre recarga el corazón.
Otra de las experiencias que más me ha marcado en estos meses ha sido mi maravilloso mes de prácticas en el hospital, que me ha reafirmado en mi vocación por la Medicina y el servicio a los demás. Ahora estoy más segura que nunca de que estoy en el lugar adecuado. No pude tener más suerte cuando me adjudicaron la plaza en el servicio de cirugía de la mano en el Hospital CHIREC Delta. Aunque en un principio no llamó mi atención, resultó ser uno de los equipos más prestigiosos de Europa en este campo. Desde el inicio, me sorprendió gratamente la profesionalidad, tanto técnica como humana, de cada miembro del equipo y su atención a cada detalle. Durante estos días descubrí una cara de la cirugía completamente humanizada y cercana al paciente, donde siempre se le veía “más allá de la enfermedad”.
Mis días en el hospital fueron muy distintos a las prácticas que solía hacer en España, ya que aquí se espera del alumnado un nivel de exigencia e implicación mucho mayor. Te hacen sentir un miembro activo de un equipo de verdaderos profesionales. Desenvolverme en un quirófano y atender consultas en francés fue todo un reto, pero me sentí tan bien cuidada y acogida que valió la pena cada pequeño esfuerzo.
Actualmente, me encuentro en el ecuador de esta experiencia y, tras haber finalizado un duro periodo de exámenes, solo puedo pensar en aprovechar cada momento al máximo. Estoy segura de que todavía me queda mucho por vivir, crecer y aprender, y quiero hacerlo intensamente. No concibo que sea de otra manera.
Dicho esto, me despido y os animo de corazón a vivir la experiencia Erasmus.
La primera cena de Navidad ELU Madrid, pero esperamos que la primera de muchas, tuvo lugar el pasado 21 de diciembre. Nada más y nada menos que 45 elus (y algún que otro elumni) disfrutamos de una animada cena llena de encuentros y conversaciones de esas que nunca se acaban. Pudimos compartir lo vivido este cuatrimestre, aprendizajes y reflexiones sobre el primer Fin de Semana del curso y las expectativas para el nuevo año, conociendo a elus de otros cursos y reencontrándonos con varios elumnis.
Merecen una mención especial los muchos elus de 1° que se animaron a venir y los elus que, aún habiendo vuelto de su Erasmus en EEUU el día de antes, vinieron con sueño, pero con muchas ganas.
Tras no pocas peripecias para organizar una cena tan numerosa, sorprendentemente nadie se quedó con hambre… ¡Hasta alguno salió con tupper!
Muchas gracias a todos los que vinisteis, fue un plan muy especial para empezar la Navidad y, ya que fue todo un éxito ¡convirtamos la cena de Navidad en tradición!
Soy Carla Moreno, alumna de 3º de la ELU. Hoy quiero compartir con vosotros una iniciativa increíble que llegó el año pasado a mi universidad, la Universidad Politécnica de Valencia, en la que me embarqué y que me ha permitido descubrir nuevas formas de poner mis conocimientos al servicio de los demás: “180 Degrees Consulting”.
Se trata de la mayor organización de consultoría universitaria a nivel mundial, nacida en Australia y con más de 170 sedes en todo el mundo. Su misión es ofrecer servicios de consultoría a ONGs, startups y proyectos sociales, ayudándoles a maximizar su impacto positivo en las comunidades de forma eficiente y sostenible. En España, cuenta con presencia en Madrid, Barcelona y, desde el año pasado, en Valencia.
Lo que hace especial a este proyecto es su capacidad para conectar el talento de estudiantes universitarios de diferentes carreras con organizaciones que necesitan apoyo. Formamos equipos multidisciplinares para abordar desafíos reales, aplicando los conocimientos de nuestras carreras mientras adquirimos habilidades clave como el liderazgo, el trabajo en equipo y la resolución de problemas. Es una oportunidad única para crecer personal y profesionalmente mientras aportamos valor a causas que realmente importan.
Desde que me uní a 180 Degrees Consulting, he tenido la oportunidad de colaborar con personas que realmente destacan en muchos campos, tanto por su nivel profesional como por su compromiso con las causas sociales. Son compañeros con ideas claras, ambición sana y una gran capacidad para encontrar soluciones creativas a los retos a los que nos enfrentamos. Trabajar con ellos no solo ha sido un desafío intelectual, sino también una fuente constante de aprendizaje y motivación.
Lo que marca la diferencia en 180 Degrees Consulting es que se combina el rigor del trabajo profesional con un propósito que trasciende por encima de todo: aplicar nuestras habilidades para marcar una diferencia tangible en proyectos con un fuerte impacto positivo social y en organizaciones que necesitan ese servicio de consultoría y apoyo. No se trata solo de aprender o crecer en muchos ámbitos, sino de poner nuestro conocimiento e ilusión a su servicio para conseguir ese crecimiento de algo que importa y que repercute directamente en la sociedad.
¿Te interesa? Si te apasiona marcar la diferencia y quieres aprovechar tu talento para apoyar causas reales con un impacto social positivo, este es tu momento. Únete a 180 Degrees Consulting y descubre todo lo que puedes aportar… ¡y todo lo que puedes aprender en el camino! Si en tu universidad todavía no hay una sede de 180 Degrees Consulting, ¡quizá seas tú quien pueda fundarla! Y si ya estás en una ciudad con sede, como Valencia, Madrid o Barcelona, no dudes en dar el paso, contactar y formar parte del equipo.
Nuestra sociedad ha evolucionado de forma exponencial en los últimos años. Cambios que antes tardaban décadas en apreciar, están ahora a la orden del día: la globalización, el streaming y la inteligencia artificial son algunos de los ejemplos que nos muestran la volatilidad de la humanidad; lo que nos lleva a un consumismo dinámico, en aras de adaptarse a los frenéticos cambios: rápidos y sin control alguno. Es aquí cuando entra en juego una de las instituciones más importantes de nuestro sistema jurídico: EL CONTRATO.
El artículo de hoy pretende dar unas píldoras de Derecho de Obligaciones y Contratos al lector, con la finalidad de que comprendas varias cuestiones importantes que, espero, te sean útiles en el día a día.
Empecemos por lo básico…
¿Qué es un contrato?
Es el medio por el cual, mediante un acuerdo de voluntades, realizamos el intercambio o entrega de bienes y/o servicios, que precisamos para satisfacer nuestras necesidades, a cambio de una prestación de valor económico. (Ejemplo: un contrato de compraventa de un inmueble. El comprador entrega una cantidad de dinero al vendedor a cambio de una casa, que le permite satisfacer una necesidad vital).
¿Puedo contratar cualquier todo lo que se me ocurra?
En España, radica el principio de la autonomía privada. Esta se encuentra regulada en el art. 1255 del Código Civil (en adelante CC). Este precepto mantiene que los contratantes pueden establecer los pactos, cláusulas y condiciones que tengan por conveniente, siempre que no sean contrarios a las leyes (contratos que establezcan acciones ilegales, como provocar la muerte de un tercero), a la moral (contratos que puedan atentar contra la dignidad de las personas) ni al orden público (contratos que vulneren, por ejemplo, la seguridad y algunos Derechos Fundamentales, como la igualdad, la libertad, etc.).
¿Qué elementos debe tener un contrato para que sea legal?
Aparecen regulados en el art. 1261 CC y son 4:
? El consentimiento libre y voluntario de los contratantes con capacidad para contratar (esto se aplica, generalmente, a mayores de 18 años, aunque el Código Civil prevé en su art. 1263 CC que los menores de edad puedan celebrar contratos que las leyes les permitan realizar por sí mismos o con asistencia de sus representantes y los relativos a bienes y servicios propios de su edad – por ejemplo, comprar gominolas en un quiosco).
? El objeto, es decir, los bienes o servicios que interfieren en el contrato y que deben ser susceptibles de valoración económica (en el ejemplo previo serían las gominolas). Además, el objeto debe ser lícito (legal), posible (no te puedo vender, por ejemplo, la luna), ha de estar determinado y tiene que estar dentro del comercio – no puede ser un elemento de Dominio Público (como una farola) ni pertenecer a una Entidad Pública de manera privativa (el Palacio de la Zarzuela).
? La causa, definida como la función económico-social que cumple cada tipo de contrato. El fin que persiguen las partes contratantes (en el caso anterior, el fin del niño sería el de satisfacer su anhelo de dulce y el del vendedor, enriquecerse).
? La forma. Se trata del medio de exteriorización de la voluntad interna a través de distintos medios de exteriorización (palabra, escritura, conducta, etc). Esta se exige de manera restrictiva por el Ordenamiento Jurídico (solo en los casos tasados por él -ej.art. 1280 CC-,si no, bastaría con, por ejemplo, un pacto verbal y un apretón de manos). Los ejemplos más relevantes son las capitulaciones matrimoniales, la donación de un bien inmueble, la hipoteca, etc. Se trata, según el contrato, de la elevación del mismo a Escritura Pública para, como es el caso de la Hipoteca, su consiguiente inscripción en el Registro de la Propiedad.
¿Qué pasa si el objeto de mi contrato atenta contra los límites de la autonomía privada (art. 1255 CC)? ¿Y si le falta algún elemento de los que se acaban de explicar?
Es aquí cuando entran en juego dos de las acciones legales más importantes en el Derecho de Obligaciones y Contratos: la nulidad y anulabilidad. Ambas se diferencian, entre otras muchas cosas; en el plazo para su interposición (sin límite alguno en el primer caso y de hasta 4 años a contar, según el vicio o defecto del contrato, de acuerdo con el art. 1301 CC). Se trata de acciones que pretenden dejar sin efecto jurídico a los contratos y por las cuales, según los casos, las partes tendrán la obligación de restituirse el objeto del contrato y la cantidad pagada por él.
Por ello, tanto si el contrato traspasa los límites de la autonomía privada, como si carece de alguno de los elementos del art. 1261 CC (consentimiento, objeto y causa –forma solo en los supuestos tasados por las leyes-), será nulo de pleno derecho y podrás ejercer la acción de nulidad sin plazo alguno.
¿Desde cuándo me obligo en un contrato? ¿Necesito siquiera un documento o escrito en el que figuren mis obligaciones?
En aras del art. 1258 CC, los contratos se perfeccionan por el mero consentimiento, y desde entonces obligan al cumplimiento de lo expresamente pactado y a las consecuencias que deriven de estos.
Es por ello por lo que, no en todos los casos será necesaria la firma expresa de un documento; son los casos, según la doctrina (estudios jurídicos de profesionales del Derecho) y la jurisprudencia (el entendimiento de las normas jurídicas basado en las sentencias que han resuelto casos basándose en esas normas legales) de la promesa pública y la declaración unilateral de la voluntad. Para entenderlo mejor, véase el siguiente ejemplo: supongamos que pierdo a mi perro y, aterrada por la necesidad de encontrarlo cuanto antes, pego carteles con su foto y ofrezco mil euros de recompensa a quien lo encuentre. En este caso, aunque no haya firmado contrato alguno e incluso desconociendo a la otra parte contractual, deberé abonarle la cantidad estipulada.
¿Tengo que cumplir siempre lo acordado en un contrato o puedo modificar las cláusulas?
Para terminar, cabe resaltar que, en nuestro país radica el principio del pacta sunt servanda. Este latinajo da a entender que las partes SIEMPRE deben cumplir lo acordado (haya o no contrato expreso).
Sin embargo, existe otro principio (el rebus sic stantibus), por el cual, en caso de alteraciones en las condiciones iniciales en las que se firmó el contrato, pueden modificarse las cláusulas de este, pero siempre en vía judicial (serán los jueces de lo civil quienes lo revisen). Ejemplo: pongamos que, el 1 de enero de 2019 el dueño de una cadena de pubs firma un contrato de arrendamiento de un local, acordando el pago de 2500 euros al mes a su arrendador. Llega el 13 de marzo de 2020 y el Gobierno decreta el estado de alarma (hay un artículo previo sobre este asunto en Ratio Legis) y ordena el cierre de todos los locales de ocio nocturno ¿Sería justo para el dueño de la discoteca seguir pagando 2500 euros sin tener ingreso alguno? No. Es por ello, por lo que, al haber cambiado la situación en la que el contrato se firmo (antes sin pandemia ni orden de cierre) se podrá llevar el contrato para que el juez lo revise y modifique sus cláusulas(pagar una cantidad menor, etc.).
**Hasta aquí el artículo de hoy. Espero que os haya gustado. El Derecho de Contratos de una de las ramas más extensas del Derecho y por ello, he tratado de resumir al máximo las ideas más importantes. No obstante, soy consciente de que me he dejado cosas en el tintero, por lo que, si alguien se queda con alguna duda o quiere ampliar conocimientos, que no dude en escribirnos por RRSS.
El pasado mes de noviembre tuvimos un encuentro en Bruselas con antiguos alumnos que viven o trabajan en Bélgica, Luxemburgo, París o Países Bajos.
Asistieron al evento antiguos alumnos ELU y antiguos alumnos UFV y durante la jornada pudieron conocer las novedades de la universidad y compartir tiempo y conocerse entre ellos.
Si algo caracteriza el mes de diciembre, además de la Navidad y el tiempo en familia, son esas tradiciones que nos hacen echar la vista atrás y cerrar el año desde el agradecimiento. Entre ellas, la despedida anual de la ELU Galicia nos invita a compartir ideas, risas y muy buenos momentos.
Como de costumbre, fuimos citados el domingo 29 de diciembre por José Rama en la emblemática plaza de María Pita da Coruña. Allí disfrutamos de una excelente comida en un acogedor restaurante de cocina tradicional gallega, especialmente aclamada por Belén tras un cuatrimestre en Florencia.
Durante las próximas horas, compartimos nuestra experiencia universitaria: destinos erasmus, el I Fin de Semana de la ELU y reflexiones enriquecidas por la formación en Derecho de nuestros compañeros Álex y Jacobo. Cómo no podía ser de otra manera, acabamos aterrizando en nuestro tema estrella: el amor, en el que las reflexiones de María Calo y María Castro no nos dejaron en absoluto indiferentes.
Con el estómago lleno y las pilas recargadas, nos acercamos al Ayuntamiento para visitar el Belén. Este representaba, mediante destacados personajes vinculados a la historia de la ciudad da Coruña, las diferentes escenas del Nacimiento de Jesucristo. Surgió aquí una interesante conversación sobre el laicismo del Estado y la vocación religiosa.
Tras la visita, dimos un paseo por el casco antiguo guiados por nuestro compañero Jacobo, que nos sorprendió con su conocimiento de la ciudad. Nos adentramos en plazas y rincones desconocidos —incluso para los propios coruñeses— de camino al puerto.
Ya había oscurecido cuando llegamos a nuestro último destino: chocolate con churros. Así terminamos esta quedada ELU Galicia y despedimos el 2024, con la promesa de reencontrarnos pronto y de seguir disfrutando de días como este.
Soy Beatriz Fermina Baena Martín, y si tuviera que decir algo respecto a mi vida en este momento, estoy segura de que diría que estoy de Erasmus. Probablemente esto conlleve algunos pensamientos en el receptor, ideas preconcebidas sobre esta experiencia. Algunas de las cuales son ciertas, otras, a medias. Quizás la necesidad inmanente de comunicar y compartir lo que nos hace felices es lo que me hace escribir esto, así que espero hacer justicia a todo lo que me está dando esta oportunidad en este breve monólogo.
Estos dos años anteriores he cursado el grado de Filosofía en la Universidad de Granada, y ahora mismo estoy viviendo mi tercer año, tanto en la carrera como en la ELU, en Lublin (no Dublín, casi como Dublín pero con “L”), una ciudad, no muy grande y sí muy universitaria, al Este de Polonia. Para comenzar por el principio, he de decir que la decisión de venirme a Lublin fue casi totalmente aleatoria. Tenía claro que quería moverme a un país radicalmente distinto aun estando dentro de Europa, y el Este me pareció una buena opción, teniendo también en cuenta que uno de mis más grandes intereses es la II Guerra Mundial. Esta ha sido una oportunidad única para profundizar en esta zona, donde la historia se vivió de una forma radicalmente distinta, cosa que se nota en el ambiente y en su gente. Por otro lado, mi universidad aquí es la UMCS, la Uniwersytet Marii Curie-Sk?odowska, la cual me está brindando la oportunidad de aproximarme a la Filosofía desde un punto de visto más científico, ya que parte de mis asignaturas son de la carrera que aquí llaman Cognitive Science, de la cual nunca había oído hablar antes, pero que estoy disfrutando muchísimo, además de ser un reto más, intelectualmente hablando. Siempre me ha llamado más un modelo multidisciplinar de educación y considero que aquí lo estoy recibiendo. La accesibilidad con los profesores, el equilibrio entre el contenido práctico y el teórico y la novedad, que para mí es un incentivo, son razones por las que este año está siendo estimulante y beneficioso para mí a partes iguales académicamente hablando.
Sin embargo, este curso no estaría siendo tan importante sin otro sentido más allá del ya mencionado académico. Vivir en otro país requiere de una apertura maravillosa, si uno quiere empaparse de la realidad del mismo. Yo quise ir desde un inicio con esa mentalidad, con la intención de ampliar así mi empatía y enriquecer mi cosmovisión, además de hablar inglés lo máximo posible, al menos en el ambiente universitario (y quizás un poco de polaco). Estoy totalmente agradecida, porque aunque realmente vine con pocas expectativas, sólo para dejarme sorprender, ha superado, y está superando cualquier posibilidad que hubiera podido venirme a la mente.
Otro de los temas que merece la pena abordar es, por supuesto, el de las relaciones que se forman durante el Erasmus. Para mí suele ser sencillo hablar con la gente, pero aquí en un primer momento puede resultar desesperante, incluso un poco vacío, superficial, a veces hace aflorar la inseguridad, el estímulo es constante, al ser todo (todo) nuevo. Pero hay que seguir una intuición hacia lo Bello, y es que dando su tiempo se fraguan amistades muy profundas en muy poco tiempo, por las circunstancias. En concreto, es una oportunidad para conocer a gente internacional, cosa que en mi caso se ha hecho una realidad, y enriquece aún más la experiencia. Puedo afirmar con enorme alegría, que tanto de las personas que se quedarán todo el año como yo, como de los que ahora se van, ya que sólo estarán un cuatrimestre, me llevo gente muy especial, que está haciendo de mi Erasmus el mejor que podría haber resultado.
No puedo decir una cosa diferente a que recomiendo con creces a cualquier persona apostar por esto. A veces se hace un poco difícil, pero remueve por dentro, y la realidad está hecha de tal manera que, al menos para mí, algo que mueve es algo que merece la pena probar, y vivir con consciencia. Personalmente, me apasiona por diversas razones salir de mi zona de confort, y no podría haber tomado una decisión mejor que venir. He aquí mi alegato y experiencia personal en lo relativo a este año vertiginoso y a la vez reconfortante y precioso.
El pasado martes 3 de diciembre, los elus de Barcelona tuvimos nuestro primer encuentro aprovechando la visita de nuestra mentora María a la ciudad. Escogimos como actividad principal de nuestra reunión la exposición Sorolla: Una Nueva Dimensión, una experiencia inmersiva que conmemoraba el centenario del fallecimiento del pintor valenciano.
Comenzamos la actividad repasando brevemente la trayectoria del artista, y para ello cada uno de nosotros compartió su obra favorita de su colección. A través de las historias y los colores de cada cuadro, conocimos a fondo su estilo, así como la esencia mediterránea y española que compone cada uno de sus lienzos. Su trazo libre pero delicado, y su capacidad única para capturar la luz fueron sin duda lo que más nos sorprendió.
La exposición, ubicada en la emblemática Casa Amatller, uno de los edificios modernistas más destacados de Barcelona, nos ofreció una experiencia inolvidable. Rodeados por sus obras y detalles biográficos poco conocidos, nos adentramos en el universo de Sorolla, y el recorrido finalizó con una simulación con gafas de realidad virtual que nos dejó boquiabiertos.
Para cerrar el día, cenamos todos juntos en los alrededores del Paseo de Gracia, momento que aprovechamos para conocernos mejor, dar la bienvenida a los nuevos ELU y compartir impresiones sobre el primer fin de semana. Fue un encuentro muy enriquecedor y divertido, que nos dejó con ganas de más a todos nosotros.
No hay nada más plúmbeo que estudiar Derecho. Tan solo pronunciarlo me genera profunda desgana. Es esta una carrera de horizontes cerrados, un universo de rigidez; un espejo de la realidad tal como es, no como quisiéramos que fuese. En última instancia, este enfoque puede desembocar en la adopción de una perspectiva positivista de la realidad; y ésta termina por perder su chispa, su sabor, su salseo. Pero hay veces en las que estos profesionales de toga y peluca han dejado boquiabierta a la recia y austera comunidad de juristas y al mundo entero. Hoy, que imagino que las pilas estarán descargadas, no nos pondremos técnicos. Hoy hablaremos de poesía y de justicia (que no son antónimos, lo aseguro); de cuando no juzgó la ley sino la metáfora. Hoy hablaremos de las sentencias más bellas de la historia del derecho.
Ha habido magistrados cuyos veredictos, tan poéticos como justos, han perdurado más por el ingenio que por el contenido. A tal efecto, os he ordenado las que a mi parecer suponen las tres sentencias más nobles en forma y en fondo de la historia.
Empecemos pues por el Reino Unido. He seleccionado esta sentencia porque demuestra hasta qué punto difiere nuestro modo de ver el derecho del suyo; y quién dice derecho, claro está, dice la vida. Los absurdamente educados bebedores de té, lo sabemos todos, respiran escepticismo. En palabras más banales, ni de su sombra se fían. Debido a esto, su modo de redactar y aplicar contratos se caracteriza por el rigor y por un férreo literalismo. Dicho de otro modo, se aplica lo que dice el contrato; nada más, nada menos. En estas, Shylock, un prestamista, exige una libra de carne como garantía de un préstamo. En el juicio, el juez dicta que puede tomar la carne, pero a condición de que no derrame ni una gota de sangre, ya que la sangre no estaba estipulada en el contrato. Voilá. Que viva la confianza.
De los tribunales británicos saltamos a un escenario bíblico. Este es, quizás, el caso más famoso de todos. Es esta una sentencia bíblica. Una sentencia de amor. Un cierto día, el rey Salomón recibe a dos mujeres que declaran ser madres del mismo hijo, disputándoselo como quién juega a la soga. No siendo estas pareja, significaba que una decía la verdad y la otra mentía. Salomón, entonces, agarró su mandoble, lo alzó al cielo, y se dispuso a duplicar el bebé por mitosis. Pero en menos de lo que canta un gallo, una de las mujeres se le abalanzó encima, rogándole que no lo matara, sino que se lo diera a la otra. El sabio rey lo vio entonces claro: que la verdadera madre era aquella dispuesta a sacrificar su gozo por la vida de su pequeño. Esto, señores, es el culmen de la sabiduría; el culmen de la naturaleza humana.
La última, y personalmente mi favorita, se la debemos a un santo y abogado (que, de nuevo, tampoco tienen por qué ser antónimos). En la Francia del siglo XIII, un mendigo se acercó a la ventana de la casa de un rico para oler lo que preparaban en la cocina. El ricachón, entonces, descubrió al vagabundo curioso y hambriento y, sin mediar palabra, lo denunció ante el juez por oler su comida. San Ivo, que tenía fama de justo, escuchó a las partes y dictó su veredicto. Entonces, en un gesto teatral, pidió al mendigo que dejara caer su única moneda sobre el estrado, la única que poseía. El rico, complacido, prestó oído al sonido del metal al caer sobre la madera. Entonces, el juez, con una leve sonrisa, sentenció:
– Si he juzgado justo que este hombre pague por el aroma de tu comida, tú también te contentarás con el sonido de su moneda.
Y, ante la mirada incrédula del comerciante, devolvió la moneda al pobre.
Estas son, queridos lectores, algunos de los destellos inconstantes de genialidad que se presentan en la carrera jurídica. Hoy los sigue habiendo, no me malinterpretéis, pero está eso de que cualquier tiempo pasado fue mejor. Y ya quisiera yo ver a Calatayud resolver un litigio con una semejante sensibilidad. O, al menos, con un semejante ingenio. En esta disciplina de tediosos tecnicismos encuentro consuelo en el afán de unos poco de trascender lo rigorista. Porque a veces la ocasión requiere frialdad, pero en el resto, ¿qué nos impide divertirnos un poco? ¿Qué nos impide, acaso, hacer de la vida —y del derecho— un arte? Y quién sabe, quizás algún día volvamos a ver a un jurista con la audacia y la sensibilidad de un Salomón o un San Ivo. Hasta entonces, nos queda el recuerdo de aquellos que supieron decidir como humanos y no como autómatas. Aquellos que, con la justa finura, rascaron la superficie del derecho y se atrevieron a desafiar lo prosaico.
Soy Carmen Rojo, de 3º de la ELU y del doble grado de Derecho y Administración y Dirección de Empresas en la Universidad de Granada y este año estoy teniendo la gran suerte de vivir en Roma.
Cuando llegó el momento de solicitar el Erasmus ni me lo pensé. Era una experiencia que no me podía perder. En mi caso, elegí Roma porque era un destino que reunía muchas de las cosas que buscaba: buen clima y mejor gastronomía, un extraordinario patrimonio histórico y cultural, la posibilidad de aprender un nuevo idioma y mucho ambiente estudiantil. Hoy, al mirar atrás, me doy cuenta de que acerté con mi elección de destino ya que Roma no solo ha superado mis expectativas con creces, sino que era lo que necesitaba en este momento de mi vida.
Ahora, aunque tenía muy claro que quería irme, al principio, no todo fue fácil. Roma es una ciudad impresionante, pero ante todo, caótica, que para una persona como yo, acostumbrada a vivir en una ciudad pequeña impone de primeras. Esto, unido a la incertidumbre y la lejanía de mi familia y amigos me hizo vivir algún que otro momento de vértigo los primeros días. Pero, como dice una buena amiga mía del erasmus: ”todo cae por su propio peso”, y así fue. A las pocas semanas, todo se fue ordenando, comencé a conocer a muchos de mis actuales amigos aquí e incluso me acostumbré a cruzar los pasos de cebra con actitud (porque en Roma es ver a un peatón y los coches aceleran). De un momento a otro, aquella sensación había desaparecido y no me veía en otro sitio que no fuera aquí.
Por otro lado, uno de los factores que más ha marcado mi experiencia ha sido decidir dónde iba a vivir. Y es que, pese a que la mayoría de erasmus españoles optan por vivir en piso, yo en cambio, me decanté por una residencia a apenas cinco minutos andando del Vaticano. Gracias a esto, estoy pudiendo disfrutar de una experiencia más internacional, ya que convivo principalmente con italianos, lo que me está ayudando a sumergirme en su cultura y a aprender el idioma. Por supuesto, esto no ha sido un obstáculo para conocer a otros españoles (porque, como bien sabéis, en Italia estamos por todas partes), quienes, en pocos meses, se han convertido en piezas fundamentales de mi vida aquí, en mi segunda familia.
Como decía, esta ciudad rompe con tus esquemas y te enseña a vivir en el presente, porque aunque siempre sabes cómo va a comenzar el día, nunca sabes cómo va a acabar. Roma te despierta y te devuelve la atención y el asombro envolviéndote en sus calles y en su belleza descomunal. Te permite disfrutar de algunos de los monumentos más emblemáticos como el Coliseo, pero también de lo sencillo como un café en tu cafetería de confianza o un buen atardecer.
Pero, sobre todo, Roma me está permitiendo encontrarme y encontrar a gente auténtica, llena de inquietudes, con las que puedo reafirmar, una vez más, que la vida tiene mucho más “de con quién qué, de dónde”. Me sobrecoge pensar en todos los gestos de cariño que he recibido y sigo recibiendo de esta ciudad y su gente. Esto me recuerda lo esencial que es conocer genuinamente al otro, ponernos en juego y hacer saber a la gente que estamos a su lado a través de las palabras y las acciones. Me doy cuenta, de lo importante que es trabajar las relaciones y tener paciencia. Que lo bueno tarda en llegar y construirse pero, siempre acaba llegando.
Sin embargo, sé que aún me queda mucho por vivir, ya que al fin y al cabo, esto no ha hecho más que empezar. Y es que, no es casual que Roma se conozca como la ciudad eterna, ya que siempre hay algo nuevo que te espera y cada día se convierte en una oportunidad.
Por último, me gustaría acabar con algo que el Erasmus ha despertado en mí, la necesidad de amar, con todo lo que ello implica. El miedo es normal cuando nos enfrentamos a lo desconocido, así como las dificultades y el caos sobrecogen. Pero eso no lo hace menos valioso, porque cuando eres capaz de ver la belleza y el valor detrás de ello (ya sea en tus amistades, tu experiencia erasmus etc.), descubres que merece la pena querer con todo, abrazando la realidad en su totalidad. Es decir, tan valiosos son los momentos en los que estaba alegre, viajando o conociendo a gente, como aquellos en los que tenía dudas, echaba de menos o tenía que enfrentarme a situaciones nuevas. Porque todos ellos forman parte del proceso y todos ellos conforman una vida que me está permitiendo crecer y ser feliz.
Con esto, os animo a todos los que estéis pensando en vivir una experiencia así a que deis el paso.
Todos los lunes por la tarde tengo la suerte de ayudar a Javi, un abogado que decidió que quería dedicar sus tardes a ofrecer asesoramiento jurídico gratuito a refugiados e inmigrantes. Sentados en el despacho, cada día conocemos una cara nueva con historias que contar, muchas veces muy difíciles de asimilar: están Alice y Kenny que han huido de la persecución religiosa y quieren residir legalmente en España, Marumbi que está a punto de ser desahuciada y tiene un niño de 2 años, Annette que ha estudiado un máster de finanzas y no encuentra trabajo por ser extranjera…
¿Y qué tienen en común todos ellos? Que sus vidas a día de hoy se rigen por el régimen de extranjería, que responde a preguntas fundamentales como: ¿Bajo qué condiciones puede una persona extranjera vivir y trabajar en España? ¿Qué derechos y obligaciones tiene? Hoy en Ratio Legis os traemos unas breves pinceladas divulgativas sobre este tema.
Primero, tenemos que diferenciar entre los trabajadores que poseen la nacionalidad de un país miembro de la Unión Europea o del Espacio Económico Europeo (ej. un español) de aquellos que no la tienen (ej. un senegalés). A los primeros, el artículo 45 del Tratado de Funcionamiento de la UE les reconoce el derecho a la libre circulación, es decir a poder vivir y trabajar en cualquier país de la UE independientemente de su nacionalidad.
En cambio, los segundos se rigen por un régimen más estricto. Concretamente, el Reglamento de la LO 4/2000 sobre derechos y libertades de los extranjeros en España y su integración social, divide dichos permisos de residencia en función de aquello que los justifica, que es, a grandes rasgos:
Por trabajo: puede ser por cuenta propia (para trabajar como autónomo o crear un negocio propio) y por cuenta ajena (la autorización es solicitada por el empresario que quiere contratar al extranjero).
Por reagrupación familiar: se concede a las personas que tengan familiares residentes en España (cónyuges, hijos menores de 18, ascendientes a su cargo, etc.).
Por estudios: se concede a las personas que vienen a España a cursar estudios superiores, realizar investigaciones o participar en programas de formación.
Por circunstancias excepcionales: este permiso, a diferencia de los anteriores, busca regularizar la situación de personas que llevan 2 años en España sin autorización administrativa (¡ojo! No tener permiso de residencia no es un delito, es una infracción administrativa que nunca puede implicar una pena de cárcel). Ante esta situación, por motivos humanitarios y socioeconómicos, el Estado concede la residencia a aquellas personas que han desarrollado una conexión con el país o que se enfrentan a situaciones excepcionales, siempre que carezcan de antecedentes penales y que no representen una amenaza para el orden público. Concretamente, lo hace principalmente a través de 4 tipos de arraigo, recientemente reformados:
Arraigo social: para quienes han demostrado estar integrados socialmente —por tener vínculos familiares con otros residentes o por existir informe favorable de la Comunidad Autónoma correspondiente—. Arraigo sociolaboral: para quienes tienen un contrato de trabajo que garantice al menos el salario mínimo interprofesional. Arraigo familiar: para quienes tienen un vínculo con un ciudadano español. Es el único arraigo que no exige una residencia mínima de 2 años. Arraigo socioformativo: para quienes quieren matricularse en un curso de formación reglada o técnica en España
Otra circunstancia excepcional ajena al arraigo es la protección internacional, que incluye el derecho de asilo y otras formas de protección subsidiaria para aquellas personas que huyen de situaciones de persecución religiosa, política, de género, así como de conflictos armados o violaciones grandes de derechos humanos. Cuando se acepta su solicitud, en ningún caso pueden ser expulsados de España.
Tras esta breve exposición jurídica, no podemos perder de vista lo esencial: lo humano. Cuando Javi, el abogado con el que trabajo, recibe a una persona y le asesora, siempre intenta que se sienta lo más cómoda posible. No resulta fácil descifrar quién es la persona que tienes delante y cuál es su historia: puede tratarse de una madre en dificultades, de un hijo abandonado, o de una víctima de trata. De lo que no cabe duda es que una vez que descubres lo que necesita, cada permiso concedido abre las puertas a una nueva realidad, a nuevas oportunidades.
El miércoles 27 de noviembre tuvimos encuentro de Beers & Books. ¿La lectura que nos reunió? La obra de teatro A puerta cerrada de Sartre, recomendada por nuestra querida Laura Llamas, a quien tuvimos el placer de tener entre nosotros. Muchas caras conocidas y algunos compañeros de 1° que con mucha ilusión se animaron a su primer B & B.
Sartre escribe esta obra en 1944, en plena II Guerra Mundial con lo que ello implica en el pensamiento de este polémico autor existencialista. ¿Me define más lo que hago que lo que soy en esencia? Sartre habría dicho que sí.
A puerta cerrada se desarrolla en una habitación. Sartre encierra a tres desconocidos y entre esas cuatro paredes se pronuncia la mítica frase “El infierno son los otros”. No tienen tortura física, y, sin embargo, están en el infierno. “El verdugo es cada uno de nosotros para los demás”. Nosotros llegamos a la conclusión de que no puedo vivir sin el otro, a pesar de que esto me haga vulnerable, a pesar de que esto me pueda hacer daño. “En el otro está lo bueno y lo malo de nosotros mismos”, dijo uno de nosotros, ¿qué opináis?
En la obra las miradas y los espejos son clave. La obsesión de los ojos abiertos y las miradas fijas unos en otros, se repite sin cesar: “todos tenían los ojos clavados en mí”, “cuando no me veo, me pregunto si existo de verdad”, “no puedo amarte mientras tengan los ojos puestos en mí”… Parece que necesitamos que el otro nos vea para “ser”.
“Yo sí soy mala, necesito el sufrimiento de los demás para existir. Soy como una antorcha; una antorcha en los corazones, en cuanto estoy sola me apago”. Las palabras del personaje de Inés nos trasladaron al fin de semana ELU. “Necesito tener un enemigo”. Entrar en diálogo tiene efecto sanador, pero ¿cómo lograrlo?
Otra de las grandes preguntas que surgió entre nosotros: ¿y si el infierno soy yo para los otros? ¿Qué hacer?
Afortunadamente, no podemos olvidar que A puerta cerrada no muestra la otra cara de la moneda, como nos dijo Enrique. No hay nada más grande que una relación verdadera con el otro. Ese otro que me ama con todo: con lo bueno, con lo malo, con lo que ni yo acojo de mí mismo. “Soy cuando soy con otros”. Yo no soy sin el otro, y esto nos hace vulnerables, sí, pero también humanos, y eso es maravilloso.
El encuentro finalizó minutos antes de que el partido de la Champions Liverpool – Madrid se debutase. ¿Con qué equipo creéis que habría ido Sartre?
Laura Llamas concluyó con otra recomendación de cara al II FindElu: La dama del alba, de Alejandro Casona. Apuntado queda, mientras tanto, que los libros nos sigan juntando !!
“Ninguno de nosotros puede salvarse solo; tenemos que perder juntos o salir juntos del apuro. Elija”. Jean-Paul Sartre.
Soy Cristina, estudiante de Ingeniería Mecánica en la Universidad Carlos III de Madrid, y este año tengo la suerte de estar de intercambio en la Universidad de California, Santa Barbara (UCSB). Cuando se presentó esta oportunidad, sabía que no podía dejarla pasar. Los días antes de venir fueron un poco intensos, con la cabeza llena de pensamientos sobre todo lo que dejaba atrás y lo mucho que lo iba a echar de menos, pero también con la certeza de que esto era una experiencia única a la que tenía que responder con un gran Sí.
Desde que llegué, me di cuenta de que este cambio era justo lo que necesitaba. En este lugar, he tenido la oportunidad de empezar de nuevo, de centrarme en las cosas que realmente me hacen feliz y de reconectar con lo que me apasiona. Mi objetivo este año era recuperar las ganas de todo, al igual que muchos de nosotros vivimos los Fines de Semana ELU como una recarga de baterías durante el curso. En ese momento, sentí que este año en California sería como un gran fin de la ELU, donde debía estar constantemente en el momento, diciendo sí a todo y aprovechando todas las oportunidades que se me presentaran. Este año ha sido esa recarga de energía y motivación que me permitirá volver a España con renovadas ganas de seguir aprendiendo.
Siento que he recuperado, y sigo recuperando, la motivación por todo lo que hago, y eso me llena de orgullo. Estoy haciendo espacio para probar cosas que en España nunca consideraría que tenía tiempo para hacer, como participar en proyectos como el Ideathon o unirme al Excursion Club donde se hacen actividades como escalada, yoga, surf, senderismo…
Estar aquí me ha enseñado a encontrar la belleza en lo sencillo: los atardeceres en la playa con amigos, las caminatas tranquilas sin un destino fijo por el campus, o el simple placer de sentarme a comer en la terraza con una buena conversación. Estos momentos, que en otro contexto podrían parecer cotidianos, aquí tienen un valor inmenso. Me he dado cuenta de que en España, aunque también aprecio estos momentos, a menudo me siento atrapada por la necesidad de hacer planes más elaborados. Pero al estar aquí, me he dado cuenta de que la verdadera magia está en los planes más espontáneos: ver los colores del atardecer reflejarse en el mar, quedarme mirando a los surferos en el agua o simplemente disfrutar de la calma que trae un paseo sin rumbo fijo.
Santa Bárbara, con su belleza natural, es un lugar increíble. El mar, el lago y las montañas se entrelazan en un paisaje espectacular, tan cerca unos de otros que casi parece irreal. Aunque a veces siento que vivo dentro de una película como La La Land, lo que realmente hace que esta experiencia sea única no es solo el lugar, sino las personas con las que la comparto. El ambiente aquí es especial, la gente tiene una actitud increíblemente abierta y siempre está dispuesta a decir “sí” a todo, lo que genera una energía positiva que se contagia. La alegría con la que afrontan todo, la facilidad de adaptarse y el calor humano con el que me han acogido, me han ayudado a sentirme en casa. Es una mentalidad muy parecida a la que vemos en los elus o en los Erasmus, esa actitud abierta y de aprovechar todo lo que el momento te ofrece.
Al principio, estar lejos de mi familia era algo que me inquietaba, pero al llegar aquí me di cuenta de que he encontrado una nueva familia. El apoyo mutuo, la complicidad y la forma en que nos enfrentamos a todo juntos me ha dado una sensación de pertenencia que hace que esta experiencia sea aún más especial.
Si estás pensando en hacer un intercambio, te animo a que lo hagas sin pensarlo dos veces. Es una oportunidad increíble para descubrirte a ti mismo, aprender de todo lo que te rodea y vivir experiencias que realmente te marcan. Para mí, California siempre será un lugar especial, no solo por lo que he vivido, sino por todo lo que me ha ayudado a descubrir sobre mí misma.
Quería terminar con una frase que para mí está definiendo mi experiencia “Prioriza lo importante, no lo urgente”.
Desde que aconteció la catástrofe meteorológica en la Comunidad Valenciana, son muchas las preguntas que se plantean en los medios de comunicación y RRSS acerca de la gestión de la situación, lo que conlleva, en ocasiones, bulos y fake news causados, principalmente, por el desconocimiento del Derecho. Hoy en Ratio Legis, trataré de aclarar de manera sencilla qué opciones legales ostentan los gobiernos (nacional y autonómico) y qué consecuencias derivarían de cada uno de ellos.
No podría empezar por otra ley que no fuese nuestra querida Constitución, norma suprema del Ordenamiento Jurídico, ley de leyes. En su artículo 116 se regulan los tres estados de emergencia (alarma, excepción y sitio). Como mi intención es ser breve y concisa, abordaré, únicamente, el estado de alarma, pues es el aplicable a la cuestión que nos ocupa.
¿Qué es el estado de alarma?
El estado de alarma (art. 116.2 CE) es una vía declarada por el Gobierno mediante Real Decreto (RD)* acordado en el Consejo de Ministros (Ministros, Vicepresidente y Presidente). Este RD tiene un plazo máximo de quince días, por lo que, pasados estos, el Congreso (todos los partidos que tengan representación política en él, no solo los dos partidos gobernantes) deberá decidir, o no, prorrogarlo el tiempo necesario.
¿Cuándo se emplea?
Este precepto se podrá declarar en los casos recogidos en el art.4 LO 4/1981: catástrofes, desgracias y calamidades públicas, tales como terremotos, inundaciones, incendios, crisis sanitarias; que no puedan ser resultas por la Autoridad con el empleo de medios ordinarios (art. 1 LO 4/81). Se podrá decretar en todo o parte del territorio nacional (como sería en este caso, una única C.A).
¿Qué consecuencias tiene?
Según el art. 9 LO 4/1981, con la declaración del estado de alarma todas las Autoridades civiles de la Administración Pública del territorio afectado, la policía, los demás funcionarios y trabajadores de la C.Aquedarán bajo las órdenes directas de la Autoridad competente (del Presidente nacional o autonómico). No obstante, cuando la Autoridad competente sea el Presidente de una C.A, se podrá requerir la colaboración de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado (Policía, Policía Forestal y Guardia Civil, entre otros. El ejército, que es competencia del Estado por el art. 149.1.4 CE no conforma este gremio), que actuarán bajo la dirección de sus superiores.
¿Puede suspenderse derechos?
No. Pueden aplicarse medidas limitadoras de los mismos, pero no la suspensión total. Esta cuestión se manifiesta en el art. 9 de la mencionada ley y, entre las medidas, destacan: la limitación de la libertad de circulación en ciertos lugares – así como la permanencia en los mismos (ejemplo: el confinamiento permanente en nuestros hogares durante el Covid – 19) – pero durante horas, no todo el tiempo; la ocupación provisional de industrias; la aplicación del raciocinio de bienes, entre otras.
¿Puede decretarlo, en este caso, el Presidente de la Comunidad Valenciana?
Como ya se ha explicado, solo puede decretarlo el Gobierno por RD (el Congreso gestiona la prórroga). No obstante, el Presidente autonómico puede ser delegado por parte del Gobierno para, dentro de unos límites, aplicarlo, pero jamás delegarlo o finalizarlo.
¿En qué se diferencia con la famosa “situación de emergencia catastrófica”?
Su régimen jurídico es prácticamente idéntico al del estado de alarma, con la excepción en lo relativo a su declaración, pues es el Presidente de la Generalitat a quien le compete por el art.12.2.4 de la Ley 13/2010, de 23 de noviembre, de Protección Civil y Gestión de Emergencias de la Comunidad Valenciana (cada C.A tiene la suya propia, sin perjuicio de la LO 4/1981). Será esta la casuística en la que todas las actividades de la emergencia pasarán a ser depender de él.
¿Cuántos niveles de emergencia hay?
Esta cuestión es bien diferente, puesto que aparece regulada en el PLEGEM (Plan Estatal General de Emergencias de Protección Civil). Este es aprobado por Acuerdo del Consejo de ministros, a propuesta de la persona titular del Ministerio del Interior, previo informe del Consejo Nacional de Protección Civil.
Por consiguiente, existen 4 niveles;
Situación operativa 1: declarada por la Dirección General de Protección Civil cuando la o las emergencias puedan controlarse mediante el empleo de los medios y recursos ordinarios disponibles en la C.A o con apoyos puntuales de otra C.A sin necesidad de una coordinación específica por los órganos centrales del Sistema Nacional de Protección Civil.
Situación operativa 2: declarada por el Ministerio del Interior cuando la o las emergencias no puedan controlarse con los medios ordinarios propios de la o las CC.AA afectadas y sea necesaria la aportación de recursos por parte del Estado o de otras CC.AA.
Situación operativa 3: se activará con la declaración de interés nacional de una emergencia (esto es, lo que denomina en derecho, concepto jurídico indeterminado, pues no puede deducirse con absoluta seguridad cuándo existe o no el mencionado interés, pues radica la arbitrariedad). En este caso, el Ministro del Interior encomendará al Jefe de la UME la dirección de la situación de emergencia.
Situación operativa E: se declarará por el Ministro del Interior por Real Decreto*.
*El Real Decreto es un reglamento, es decir, una norma aprobada por el Consejo de Ministros. Está subordinado a la ley, pues, al contrario que esta, no expresa la voluntad popular al no ser aprobado por las Cortes Generales (Congreso y Senado), que representan a todos los grupos políticos, sino por el Gobierno que, en la actualidad, representa a dos partidos. No obstante, el RD que regula los estados de emergencia no es exactamente igual al RD convencional (el empleado para regular, por ejemplo, los criterios de las grandes superficies, el Bono Cultural, etc.)
El pasado miércoles 30 de octubre tuvo lugar uno de los muy queridos y aclamados encuentros de “Filosofía de Bar”, iniciativa promovida por Luis Muñoz, de 3º de la ELU, y Alejandro Aragón, de 4º de la ELU, que lleva ya más de un año en activo y cuya popularidad no decae. En este caso, tuvimos el placer de contar con la compañía y guía de Carola Díaz de Lope-Díaz, directora de la ELU, arquitecta y doctora en humanidades por la UFV, para darnos rumbo en el desarrollo del tema propuesto: “El arte, la belleza y el sentido.”
La conversación comenzó como siempre, con una breve introducción del profesor. En este caso, Carola sentó unas bases sobre las definiciones más generales del arte y su variación durante la historia, proponiendo referencias bibliográficas donde podíamos investigar sobre el tema, como “La Historia del Arte” de Gombrich. Asimismo, pudimos empezar a entender las relaciones y diferencias entre el arte, el ser, la verdad, la belleza, el artista y el sujeto. Finalmente, la introducción terminó relacionando todo esto con nosotros y la actualidad, analizando como ve el arte nuestra sociedad, nuestro rol como espectadores y contempladores y el llamamiento a entrenar nuestro gusto y mirada para aprender a distinguir realmente entre qué es arte y qué es solo un producto consecuencia del mercado actual.
Con esto, se dio apertura al turno de cuestiones y diálogo, donde cada uno planteó sus más interesantes dudas y opiniones sobre el tema y pudimos enriquecernos unos a otros con diferentes puntos de vista y dudas sobre qué deberíamos considerar arte y de qué manera deberíamos disfrutar de ello. En un tema como este, es común caer en cierto escepticismo, pues muchas obras envueltas en la narrativa adecuada pueden pasar por el filtro de arte de calidad sin llegar a serlo realmente, pues el factor relación entre la obra, el artista y el espectador conlleva consigo mismo una gran cantidad de subjetividad. Tanto es así, que llegó a surgir la duda de si realmente es necesario establecer un baremo objetivo que nos permita separar lo que es arte de lo que no. No obstante, es bonito el proceso en el que juntamos todos nuestra manera de verlo y, dentro de la subjetividad de cada uno, poco a poco podemos ir creando un criterio más unificado mediante el descarte de lo que sabemos que no es arte, y Carola fue una pieza clave en ayudarnos en este camino. Así, pudimos empezar a sacar conclusiones concretas que nos iban enfocando y orientando a mirar de otra manera el supuesto arte que consumimos diariamente, llevándonos a empezar a descartar aquello que carece de verdad y sentido e incluso a ampliar nuestra perspectiva para comprender en nuestro análisis de una obra más aspectos que dicha obra, como su contexto y el del artista y su relación con el nuestro, su destreza técnica o el mensaje o las emociones que realmente están volcadas sobre la obra final.
A título personal, disfruté enormemente de la sesión como siempre, pues soy un fiel seguidor de la iniciativa propuesta por Luis y Alejandro, pero esta en concreto consiguió tocarme de lleno. Todos los temas que hemos hablado en FDB me han parecido de gran interés y los he disfrutado como un niño, pero esta sesión y este tema permitían que pudiera trasladar lo hablado a mi vida al momento, mientras que con otros temas debo madurar las conclusiones en frío. Aquí, cada comentario de Carola o de mis compañeros iba directo a mi corazón y, por cada respuesta me surgían otras muchas preguntas que me ayudaron a valorar mi criterio artístico y ponerlo a prueba en aquellos aspectos en los que todavía flaquea.
Concluyendo, todos disfrutamos de esas casi tres horas de charla que se sintieron como una sola, pues la manera en la que el tema fue enfocado permitía que todos nos sintiéramos en parte identificados y provocados y, así, plantearnos nuestra postura e interés hacia el arte actualmente.
Tras unos días siendo testigos, con tristeza y dolor, de lo que está sucediendo en las zonas afectadas por la DANA queríamos escribir unas líneas que nos ayudasen a reflexionar juntos.
Las imágenes que llegan al resto de España son desoladoras y la realidad nos consta que es peor aún. ¿Qué queda después de algo así? ¿Cómo manejo la mezcla de sensaciones que tengo? ¿Qué puedo hacer? ¿Qué debo hacer? ¿Cómo ayudo? Son preguntas que todos tenemos en nuestra cabeza y sobre todo en nuestro corazón, que intenta ponerse en el lugar de las personas que lo han perdido todo y que siente impotencia por lo grande que es el problema y lo pequeños que somos nosotros ante él. Pero es en esa pequeñez donde seguimos teniendo algo que decir y que también nos dice algo a nosotros.
Todos compartimos la sensación de querer dejarlo todo y hacernos presentes ayudando a limpiar, repartir alimentos y ropa o acompañar y escuchar a aquellos que necesitan hablar con alguien. Algunos podrán hacerlo, pero otros no. ¿Cómo es que en esa pequeñez todos compartamos el querer estar allí? ¿Puede esto decirnos algo del corazón humano, de los grandes deseos que tiene y de lo pequeña que es a veces la realidad para poder satisfacerlos? ¿Y entonces? ¿No hago nada? ¿Qué hago?
Puede ser que una clave para intentar dar respuesta a tanta pregunta sea mirar al otro, al que se ha quedado sin nada, al que va a necesitar mucho tiempo y dinero para que su vida vuelva a ser lo que era, al que ha perdido un familiar, un amigo, un vecino, o al que ha vivido algo que le va a costar olvidar. Mirarles a ellos – y no tanto a nosotros mismos- y lo que necesitan y si hay algo en lo que creo que puedo ayudar, hacerlo. Cada uno desde el sitio en el que estamos, en lo que nos toca y responsabilizarnos de ello.
¿Cómo es posible que se junten en el horror momentos de belleza y humanidad? ¿Puede ser que esos pequeños e incluso diminutos momentos de belleza sean lo que pueda dar esperanza a aquellos que la han perdido?
El ser humano, aparentemente débil frente a la fuerza de la naturaleza –aunque a menudo, en nuestro tiempo, se haya creído que puede someterlo todo a su medida y orden— es sin embargo capaz de sacar lo mejor de sí mismo en momentos de destrucción y desolación.
Y es que el ser humano se aferra a la belleza para poder vislumbrar en ella la esperanza de un futuro. Ojalá cada uno seamos desde donde nos toque y elijamos estar una ventana a la esperanza que hoy, allí, es muy necesaria.
Hola a todos!!! El pasado viernes 25 de octubre tuvimos un encuentro en Beers & Books.
“El ruiseñor y la rosa” fue la breve, pero intensa obra de Oscar Wilde que nos tuvo ocupados durante horas entre cervezas y buena compañía. Este escritor, poeta y dramaturgo irlandés es conocido por su agudo ingenio y su estilo estético, promoviendo el arte por el arte, sin necesidad de fines morales o utilitarios. Seguro que conocéis su famosa obra “El retrato de Dorian Gray”. Pues bien, en “El ruiseñor y la rosa” Wilde juega con la ironía y critica directamente a las concepciones superficiales del amor y a la incapacidad humana para reconocer la grandeza en actos desinteresados. Nada mal…
“El ruiseñor y la rosa” nos habla de amor, sacrificio, belleza, superficialidad… La RAE define el amor como “Sentimiento intenso del ser humano que, partiendo de su propia insuficiencia, necesita y busca el encuentro y unión con otro ser”. Nosotros nos estuvimos preguntando acerca de ello. Entrega, vínculo, compromiso… Hablamos de un amor que no te atonta, sino que te descentra, haciéndote quitarte del foco para poner a la otra persona; de un amor de amigo (del latín amiantus, que viene de amiantos sin mancha, incorruptible); de un amor inherente al ser humano, pero a veces desvirtuado en nuestra sociedad…
Surgieron muchas preguntas. ¿Es necesario conocer algo en su totalidad para poder amarlo? ¿Debemos sentirnos amados para poder amar? Discutimos que esto podría ser posible gracias al amor padres-hijos, una de las experiencias de disposición y sacrificio más gratuitas. Sin embargo, ¿qué pasa con los huérfanos? ¿Los que se sienten abandonados por la sociedad? Para nosotros creyentes, podemos intuir el Amor de Dios con mayúsculas. Mas somos un reflejo bastante imperfecto de dicho amor. ¡Qué importante es ser conscientes de nuestra limitación y escribir historias reales! La realidad de las relaciones es imperfecta. Es más, quizás el amor humano también lo es. Quizás justamente eso sea el amor. Aprender a amar lo imperfecto, las luces y las sombras, poder bajar la guardia. Saber que hay quien conoce tus tormentas y se queda a afrontarlas contigo. El amor no es un espejo donde mirarse, es un mirar al otro y descubrirlo como alguien a quien quieres.
Por supuesto, no faltaron risas, anécdotas y muchos temas que quedaron en el tintero. Os dejamos un fragmento de la obra para que os animéis a leerla. Merece la pena.
Nos vemos pronto en Beers & Books!!!!
“Alégrate -gritó el Ruiseñor-. Alégrate, pues tendrás tu rosa roja. La fabricaré con música a la luz de la luna y la teñiré con la sangre de mi propio corazón. Cuanto te pido a cambio es que seas un enamorado sincero, pues el Amor es más sabio que la Filosofía, aunque ésta es sabia, y más poderoso que el Poder, aunque éste sea poderoso. Del color de las llamas son sus alas y del color de las llamas es su cuerpo. Sus labios son dulces como la miel, y su aliento es como incienso. Desde el césped, el Estudiante alzó la vista y escuchó, pero no pudo entender lo que el Ruiseñor decía, porque sólo dominaba las cosas que están escritas en los libros”.
¡Hola a todos! Soy Rodrigo Pérez Díez, de 4º de la ELU y estudiante del doble grado en Estudios Internacionales y Derecho en la Universidad Carlos III de Madrid. Durante el segundo cuatrimestre del curso pasado tuve la suerte de experimentar qué es el Erasmus en Maastricht, una preciosa ciudad al sur de los Países Bajos. Es posible que este lugar no os suene a muchas de las personas que estáis leyendo este blog, pero Maastricht es la capital de Limburgo, la región más al sur del país. Esta encantadora localidad se erige sobre el río Maas y ha sido protagonista en el proceso de integración europea, pues aquí es donde se firmó el famoso Tratado de Maastricht.
Irme de Erasmus siempre ocupó un apartado esencial en mi lista de pendientes, aunque hace unos años concebía esta experiencia como inalcanzable. ¡Quién lo diría! Cuando me adjudicaron la plaza, sentí como si ya supiera todo lo que quería vivir y lo que quería que me sucediera, pero no contaba con que este tipo de vivencias siempre tienen algo guardado con lo que sorprenderte…
Si una cosa tenía clara es que quería vivir mi propio Erasmus, es decir, tenía que construirlo a mi medida, y no dejarme influenciar por lo que otros estaban haciendo o iban a hacer, sino por lo que yo quería que me pasase. Fue un acierto afrontarlo desde esta perspectiva, y siempre que amigos que están a punto de irse me preguntan por un consejo respondo lo mismo: vive tu propio Erasmus.
Cuando llegó el tan esperado día, incluso cuando se acercaba la fecha, pensaba que no tenía que irme, que en realidad no era tan buena idea, a pesar de que llevaba meses deseándolo. Al ser de Madrid y, por tanto, estudiar allí, nunca había salido a estudiar fuera, lo cual me producía una mezcla de sensaciones un tanto extrañas. No obstante, ya no había marcha atrás. Era momento de dar un paso al frente, de armarme de valor y confiar en que sería una experiencia transformadora. Hoy puedo decir que menos mal que lo hice. Desde su inicio, la aventura fue de lo más intensa, y es que un vuelo, tres trenes y un autobús fueron suficientes para llegar a mi destino. Sea como fuere ya me encontraba en lo que sería mi casa durante medio año y sentía una amalgama de emociones: alegría, alivio, entusiasmo, o inquietud entre ellas.
En mi caso, anticipé mi llegada unos días antes del inicio del curso, pero para mi sorpresa, debido al Carnaval, las clases no empezaban hasta casi un mes después. Aproveché, entonces, esas semanas para hacerme a la ciudad, conocer gente, organizarme y tenerlo todo preparado para mi comienzo en la Universidad de Maastricht. En este tiempo —en realidad durante todo el Erasmus— tuve momentos muy especiales conmigo mismo. Descubrí la ciudad yo solo, maravillándome a cada paso de lo que me rodeaba: el río, el mercado, la plaza, el puente antiguo, los parques, las iglesias… Sinceramente, este fue uno de los retos que me propuse conseguir durante esos meses, esto es, disfrutar de momentos conmigo mismo y ser consciente del valor de mi propia compañía. Caminar solo y protagonizar de este modo el asombro que se da en el conocimiento de un nuevo lugar es una sensación inefable y de gran valor.
Si bien es cierto que los dos primeros días opté por esta opción “bohemia”, pronto comencé a juntarme con muchísima gente de muy diversas partes del mundo –brasileños, italianos, alemanes, franceses…– y de España. Cada una de estas personas fue especial, y con ellas no solo compartí un destino de intercambio, sino también intrigas, sueños, conversaciones profundas y mucha diversión. Puede sonar a cliché, pero el Erasmus, como tantas cosas en la vida, son las personas. Con gente buena y que te hace vibrar te animas a descubrir lugares nuevos, y sientes unas emociones y creas unas conexiones tan sumamente fuertes y bonitas que jamás se borrarán de la memoria; por lo menos de la mía.
Así, cuando antes hablaba de “construirme mi propia experiencia Erasmus”, me refería a encontrar un equilibrio entre todas las áreas que son importantes en mi vida, sin descuidar mi apertura y disposición a aprender y experimentar cosas nuevas para mí. Por este motivo, y trayendo a colación nuestro tan conocido lema en la ELU, “solo tú pero no tu solo” se convirtió en una de mis máximas durante esos meses y además la puse en práctica como nunca antes.
En la búsqueda de ese equilibrio personal, entremezclando la universidad, mis hábitos, las nuevas amistades, y mis proyectos, se encontraba el viajar. Aunque no tuve mucho tiempo para ello dado que las clases eran obligatorias y mi estancia limitada, creo que sí lo aproveché bien. Bruselas, Luxemburgo, Praga, Selva Negra, Aquisgrán, y varias ciudades de Holanda, como Utrecht y Amsterdam, acogieron mi fascinación al descubrir estos nuevos lugares. De hecho, me atrevería a decir que más allá de la cantidad de sitios, lo verdaderamente importante cuando los visité fueron las enseñanzas extraídas de esos viajes: tener cuidado con los radares alemanes; las ciudades (del norte de Europa) pierden encanto con el mal tiempo; FlixBus es un gran aliado (¡aunque implique un viaje de doce horas!); come comida local; los free tours funcionan bastante bien menos cuando estás cansado… En fin, poco os puedo decir que no sepáis, elus, porque somos todos unos viajeros natos.
En lo que respecta a la universidad, como ya os he contado, las clases eran obligatorias y eso condicionaba mi experiencia en muchos aspectos. Aún así, era consciente de lo afortunado que era de estar en otro país estudiando y, en consecuencia, absorbiendo todo cuanto era posible del sistema educativo holandés, lo cual era algo novedoso para mí. En la Facultad de Artes y Ciencias Sociales y en la Facultad de Económicas —que eran ambas donde se impartían mis clases— las dinámicas pedagógicas funcionaban como en España, es decir, había clases magistrales y clases prácticas. En los grupos más reducidos era donde residía el verdadero valor y el aprendizaje real, ya que se organizaban pequeños debates y discusiones para que entre todos construyamos un aprendizaje colectivo. Las magistrales, en cambio, representaban una mera contextualización de estas clases prácticas y, por este motivo, los estudiantes teníamos la responsabilidad de preparar el material complementario leyendo papers, manuales y libros. Es cierto que este sistema de Problem Based Learning tiene aspectos muy positivos y beneficiosos, pero cuando uno lo vive en sus propias carnes también se da cuenta de las fallas o las desventajas que presentan este tipo de sistemas.
Asimismo, el ambiente universitario era muy bueno. Concretamente, el entorno Erasmus era un auténtico sinsentido porque la ciudad estaba prácticamente dominada por estudiantes internacionales. Esto es debido a que la Universidad de Maastricht acoge a más de un cincuenta por ciento de estudiantes de fuera. ¿Cuál es el resultado? Una ciudad con una diversidad cultural y social espectacular, con oportunidades por doquier para conocer personas de distintos ambientes y orígenes, y una ciudad con mucha vida y movimiento.
Como curiosidad, permitidme contaros que si estáis pensando en estudiar en Países Bajos o viajar por puro disfrute allí, hablan inglés perfectamente. De hecho, dicen que es el país que mejor inglés habla sin ser esta su lengua oficial. Las cajeras de los supermercados o los camareros en los restaurantes te hablan de primeras en inglés (menos en un par de ocasiones en las que debieron verme de los suyos: rubio y con ojos azules).
Para los que os preguntáis si es caro vivir en Países Bajos el tema de la vivienda es un tema complejo. Digamos que hay un exceso de demanda y poca oferta, lo cual encarece los precios. En el caso de las residencias de estudiantes, hay algunas en las que hay que buscarse edredón, microondas, vajilla, sartenes… Ahora bien, lo que sí me chocó un poco —acostumbrado quizá a España— fue lo costoso que es ir a comer fuera o tomar algo en una terraza (cuando hacía buen tiempo, claro). Menos mal que no fue necesario, me refiero, a una cuestión de vida o muerte, ya que en lo tocante a habilidades culinarias tuve tiempo de perfeccionar mis técnicas en este campo, lo cual también disfruté bastante.
En cuanto al mal tiempo, que sé que alguno lo estará pensando, dejadme deciros que sí, que el clima no es como en España. Pero ya sabéis lo que dicen, ¿no?: al mal tiempo buena cara. Personalmente, tenía muy claro que un poco de lluvia no arruinaría mis días, aunque sí me haría algo incómodo y difícil pedalear en la bicicleta de segunda mano con frenos defectuosos que compré a un vietnamita y luego vendí a un portugués. El tema de la bicicleta era una de las cosas que más ilusión me hacía, y aunque seguí manteniendo las horas peninsulares de comidas, he de reconocer en este sentido que me apetecía sentirme local o, al menos, moverme como uno. Según la estadística, teniendo en cuenta la proporción habitante-número de bicicletas, cada holandés tiene más de una bicicleta y, en consecuencia, hay un gran mercado en torno a las mismas: alquileres, apps de renting, compra-venta, estafas de bicicletas robadas… He de decir que era muy cómodo —menos cuando había que afrontar algunas cuestas— ir en bicicleta a todas partes; parecía, incluso, que las ciudades estaban hechas por y para ese fin, hasta el punto de que los ciclistas, con respecto a los automóviles, tenían preferencia absoluta.
Continuando con cosas interesantes o que pueden llegar a sorprender de primeras, la época de exámenes transcurría en unos pabellones gigantescos, que eran donde los hacíamos con unos ordenadores ya puestos por la universidad. Se trataba de un edificio multiusos que se empleaba para acoger grandes eventos y, entre ellos, los exámenes de la UM. Cuando me advirtieron de esto, al igual que de los métodos holandeses anti plagio, quise quitar peso al asunto, pero cuando me tocó vivirlo por primera vez fue impactante cuando menos. Esta meticulosidad, en coherencia, se vio reflejada de igual modo a la hora de poner las notas y corregir, es decir, que siguiendo esa efectividad holandesa respetaban los plazos a la perfección, lo cual se agradece mucho y, sobre esto, en algunos casos, la universidad española debería aprender.
En fin, podría seguir contando mil historias o peculiaridades, pero llega el momento de concluir este relato. En mi caso, me despedí de Maastricht a mi manera. Concretamente, lo hice diciendo adiós tal y como llegué diciendo hola: con un paseo solitario o, mejor dicho, en mi compañía. Sin embargo, sobre él no os diré mucho ya que, quizás, lo podéis imaginar. Fue algo nostálgico, incluso emocionante, volver a caminar por esas calles, por esos lugares y esos rincones tan especiales que un día descubrí por primera vez; la única diferencia es que ahora estaban llenos de recuerdos.
Sin lugar a duda, somos tremendamente afortunados de poder ir o haber ido a la universidad, y de que la vida nos brinde este tipo de oportunidades. Por eso, si estáis dudando en embarcaros en una aventura como el Erasmus, incluso si tenéis miedo (“hazlo, y si tienes miedo hazlo con miedo”), os diría, primero, que lo hagáis sin reflexionarlo mucho y, segundo, que no es tanto el destino de vuestro año en el extranjero sino la actitud con la que lo vivís. Da igual si es Europa, América o Asia, simplemente hacedlo, porque vayáis donde vayáis, como elus, sabréis admirar lo que tenéis en derredor y sabréis aprovechar la experiencia al máximo, o incluso vivirla como vosotros queráis hacerlo.
¿Qué me llevo de toda esta aventura? No sé por dónde empezar, esta redacción es una pequeña parte de ella. Lo que sí puedo afirmar sin ambages es que el Rodrigo que marchó no es el mismo que el que volvió, porque este último ha recibido un regalo invaluable como resultado de las grandes amistades construidas, los aprendizajes adquiridos a diario y la suerte de haber podido continuar mis estudios en un ambiente totalmente distinto.
Si habéis llegado hasta aquí, muchas gracias por acompañarme.
“El honor es patrimonio del alma y el alma solo es de Dios”. Con esta frase nos marcaba la obra de Calderón de la Barca “El alcalde de Zalamea”. El jueves 10 de octubre los alumnos de mARTEs nos reunimos en Madrid con la idea de dar respuesta a una pregunta: ¿Hasta dónde puede llegar nuestra búsqueda de igualdad? Es por ello que decidimos buscarla en los Teatros del Canal, donde ese jueves se representaba una de las más famosas obras de Calderón en su conocida Sala Verde.
“El alcalde de Zalamea”, una obra sobre la honra y el deseo de justicia, narra la historia de Pedro Crespo, un villano cuya hija fue mancillada por el capitán don Álvaro de Ataide. En aras de encontrar una respuesta a su mancillado honor, le pide al capitán que se case con su hija Isabel. Sin embargo, su rechazo a pesar de la súplica de Crespo, le lleva a tomarse la justicia por su mano.
Recién nombrado alcalde de Zalamea, Crespo se opone al Consejo de Guerra que iba a juzgar a don Álvaro, pues reclama ver restaurada su honra tras ser pisoteada por el pedante capitán. No será hasta la llegada del rey Felipe II a esas tierras, mientras que emprendía su campaña hacia Portugal, que el conflicto terminaría con la muerte de don Álvaro y Pedro Crespo siendo nombrado alcalde vitalicio de Zalamea.
Esta versión adaptada del director José Luis Alonso Santos, no deja indiferente a ningún espectador esta vez. No solo sus actores hicieron una actuación impecable cargada de emoción (dicho por el mismísimo público), sino que lograron ensalzar uno de los temas que incluso a día de hoy compromete a nuestra sociedad: la defensa de los derechos de la mujer.
Tras la representación, tuvimos la oportunidad de hacer un encuentro con sus actores, quienes estuvieron encantados de compartir sus experiencias sobre el teatro y hablar del estado actual del mismo. Durante este coloquio, el público dio sus agradecimientos y se estuvo debatiendo sobre el mantenimiento del teatro en nuestros días. ¿Cómo puede ser que un elemento tan inherente al ser humano esté desapareciendo entre los más jóvenes?
Esta y muchas otras preguntas se les presentaron al elenco de actores. Uno de ellos, Daniel Albaladejo, nos dejó con una intrigante respuesta: “El teatro se vende solo. Es imposible que algo que nos emociona tanto como que nos cuenten historias acabe desapareciendo. Siempre habrá personas que inspiradas por el amor hacia los clásicos vengan a ver las más grandes obras de la historia”.
Y es con esta idea con la que concluíamos la tarde. Los mismos pensamientos que nos vienen ahora a nuestra mente, los mismos deseos de igualdad, de justicia y de libertad, llevan siglos siendo una pregunta constante para el ser humano.
Decía Arthur Miller: “El teatro no puede desaparecer porque es el único arte donde la humanidad se enfrenta a sí misma”. Es precisamente por ello que recurrimos al teatro, porque sus versos nos enamoran, porque sus gestos nos trasladan a otro tiempo, porque sus historias nos hacen ser quienes somos: humanos.
¿Os habéis planteado alguna vez qué sucedería si tanto la Princesa Leonor como la Infanta Sofía renunciasen a heredar la Corona española? ¿Quién sería regente o tutor en caso de fallecer el Rey Felipe VI y la Princesa Leonor? En caso de extinguirse la línea sucesoria, ¿quién sería Rey?… ¡Veamos qué opina la Constitución española respecto a estos supuestos!
El artículo 1.3 de la Constitución española de 1978 establece que “La forma política del Estado español es la Monarquía parlamentaria”. Sin embargo, es en el Título II de este texto legal donde se incluyen todos los aspectos relativos a la Corona. Partiendo de la base de que el Art. 56 se recoge la figura del Rey como Jefe del Estado, símbolo de su unidad y permanencia, sus diversas funciones e inviolabilidad; sumerjámonos a analizar los artículos del 57 al 60 CE. Mediante ellos, trataremos de explicar cómo se articula el sistema de sucesión, regencia y tutela, procesos prácticamente “automáticos” que darían respuesta a cualquier tipo de conjetura en esta materia en el Ordenamiento Jurídico español. Para ello, examinaremos la “regla general” que la CE contempla y la veremos aplicada a diversos casos ficticios para comprender cómo se aplicaría en cada situación. ¡Allá vamos!
SUCESIÓN
¿Qué supuestos abren paso a la sucesión en la Corona?
Fallecimiento del Monarca
Abdicación: cuando el Rey decide, por razones que estime oportunas, abandonar la titularidad de la Corona (por ejemplo, la abdicación del Rey Juan Carlos I en 2014).
Inhabilitación permanente para el ejercicio de su autoridad reconocida por las Cortes Generales.
El artículo 57 CE establece un criterio automático de sucesión, siguiendo el principio hereditario. Por tanto, “la Corona de España es hereditaria en los sucesores de S.M. don Juan Carlos de Borbón”.
Los dos principios del orden sucesorio son:
Primogenitura (prioridad quien haya nacido antes)
Representación (los descendientes representan a sus ascendientes directos, aunque no hayan llegado a reinar).
Estos se complementan con las siguientes reglas:
Preferencia de la línea anterior a las posteriores (es decir, línea recta -personas que descienden unas de otras, de distintas generaciones-, prevalece a las colaterales -descienden de un tronco común, pero no unas de otras).
Preferencia del grado más próximo al remoto.
En el mismo grado, preferencia del varón sobre la mujer (hermano frente a hermana).
En el mismo sexo, preferencia de la persona de más edad a la menor.
Otros aspectos sobre sucesión del Artículo 57 CE:
El Príncipe heredero ostentará el título de Príncipe de Asturias desde su nacimiento o cuando se produzca el llamamiento.
Si se extinguieran todas las líneas sucesorias, las Cortes Generales decidirán la sucesión de acuerdo con los intereses de España.
Quienes contraigan matrimonio sin la autorización del Rey y las Cortes quedarán excluidos de la sucesión, junto a sus descendientes.
Cualquier abdicación, renuncia o duda sobre la sucesión será resuelta mediante una ley orgánica.
En base al artículo 58 CE, la mujer que se casa con el Rey ostenta el título de “Reina consorte”; mientras que el varón que se casare con la Reina ostentaría el de “consorte de la Reina”.
LA REGENCIA
La regencia, es el mecanismo que se activa cuando el Rey es menor de edad o está incapacitado para ejercer sus funciones. Durante este tiempo, otra persona asume temporalmente las funciones del Rey hasta que él pueda hacerlo. (Art. 59 CE)
Un ejemplo histórico de regencia en España es la regencia de María Cristina de Borbón, madre de Isabel II (1833-1840), cuando Isabel II era aún menor de edad tras la muerte de su padre, el Rey Fernando VII.
¿Qué supuestos existen respecto a la Regencia?
Por minoría de edad del Rey: la Regencia será ejercida por el padre o madre del Rey o, en caso contrario, el pariente mayor de edad más próximo a la sucesión (según el orden que establece la Constitución).
Por inhabilitación del Rey:
El Príncipe heredero ejercería la Regencia, si fuese mayor de edad.
En su defecto, se aplicaría lo mismo que en el caso de minoría de edad del Rey.
Si no se cumpliera ninguna de las dos normas anteriores, las Cortes Generales nombrarían a 1, 3 o 5 personas para ejercer la Regencia.
LA TUTELA
Sucede únicamente en el caso de minoría de edad del Rey. La figura del tutor se recoge en el Art. 60 CE y corresponde al mecanismo por el cual se nombra a una persona o entidad para cuidar y representar al Rey.
¿Cómo se elige al tutor?
Tutela testamentaria: se nombra a aquella persona que el difunto Rey haya establecido en el testamento como tutor, siempre y cuando sea mayor de edad y español de nacimiento.
En caso de no haberlo establecido en su testamento, se contemplan dos supuestos:
Tutela legítima: será tutor el padre o madre del Rey menor, el cónyuge del Rey difunto, mientras permanezcan viudos.
Tutela parlamentaria: las Cortes Generales nombran a un tutor.
CASOS
Bien, una vez planteada la teoría, ¡es hora de ponerla en práctica mediante cinco casos ficticios! Las soluciones se encuentran al final del artículo, tras los casos enunciados.
En la situación actual, en la que Felipe VI es Rey, la Princesa Leonor la heredera a la Corona, la infanta Sofía es menor y la Familia Real se encuentra de la siguiente manera:
CASO 1: ¿Quién sería el sucesor, regente y tutor si fallecieran el Rey Felipe VI, la Princesa Leonor, el Rey Emérito Juan Carlos I, la Reina Emérita Sofía y la Infanta Elena? Supongamos que, tras enviudar el Rey Felipe VI, la Reina Letizia se vuelve a casar.
CASO 2: ¿Quién sería el sucesor, regente y tutor si fallecieran el Rey Felipe VI, la Reina Letizia, la Princesa Leonor, el Rey Emérito Juan Carlos I, la Reina Emérita Sofía, la Infanta Elena y Felipe Juan Froilán?
CASO 3: ¿Quién sería el Rey / Reina en caso de extinguirse todas las líneas sucesorias?
CASO 4: ¿Quién sería el sucesor, regente y tutor si fallecieran el Rey Felipe VI, la Infanta Sofía, el Rey Emérito Juan Carlos I, la Reina emérita Sofía y la Infanta Elena?
CASO 5: ¿Quién sería el sucesor, regente y tutor si el Rey Felipe VI quedase inhabilitado (temporalmente), fallecieran la Princesa Leonor, la Infanta Sofía, la Infanta Elena y el Rey Emérito Juan Carlos I?
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SOLUCIONES A LOS CASOS
CASO 1:
Sucesión: Infanta Sofía
Regencia: Reina Letizia
Tutela: elegida por las Cortes
CASO 2:
Sucesión: Infanta Sofía
Regencia: Victoria Federica
Tutela: elegida por las Cortes
CASO 3:
Las Cortes Generales elegirían al nuevo Rey / Reina (español, mayor de edad).
CASO 4:
Sucesión: Princesa Leonor
Regencia: no habría, puesto que Leonor es mayor de edad
Tutela: no habría, puesto que Leonor es mayor de edad
CASO 5:
Sucesión: Felipe VI seguiría siendo Rey (no se abriría la sucesión por inhabilitación temporal)
Regencia: Reina Emérita Sofía
Tutela: no habría, puesto que el Rey Felipe VI es mayor de edad
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Esperamos que este artículo haya sido útil a la vez de entretenido para comprender ciertos aspectos en materia de la Corona recogidos en la Constitución española, además de haber ayudado a aclarar esas dudas que pueden surgir respecto a supuestos.
Tras la cantidad de alumnos y profesores de la ELU que nos han estado preguntando por las misiones en Polonia de este verano y la falta de tiempo para contarles bien lo vivido, al fin escribo esto donde espero que pueda entenderse algo mejor lo sucedido.
Realmente, todo empezó el verano pasado cuando me fui de misiones con la ELU a Tanzania. Allí viví una experiencia que me marcó y me marcará para siempre, y parte de ello se debió a las misioneras con las que realizábamos el voluntariado, las Misioneras de la Caridad. Siempre recordaré que son las mujeres más felices con las que he estado, viviendo una vida de entrega y servicio absoluto. Esto me hizo darle muchas vueltas a dónde están las pistas para vivir una vida plenamente feliz como la de ellas y darme cuenta de que yo en mi vida cotidiana quería vivir algo parecido a esto.
Con todos estos pensamientos durante el curso, pensaba continuamente en volver a irme de voluntariado con ellas, pero solo tenía libre las dos últimas semanas de julio y era poco tiempo para irme tan lejos como a Tanzania o Calcuta. Fue entonces cuando decidí irme con ellas por Europa y llamándolas me dijeron que en Varsovia había mucho necesitado y pocos voluntarios y que estaría bien si íbamos un grupo de 10/12 personas.
A partir de este momento, gracias a mis amigos de la ELU y a los de mi hermano, conseguí darle forma a esto y reunir a 14 personas y 10 de ellas de la ELU; Sergio Küppers, Sofía Sánchez-Bleda, Luis Muñoz, Santiago Aragón, Luis Gato, Santiago Díez, Margarita Gutiérrez, Anna Font, Jimmy López y yo, Alejandro Aragón. Además, se unieron Javier Díez, hermano de Santi Díez; Isabel Llaquet, prima de Marga; Sara Muñoz, hermana de Luis y ¡ELU de 1º!; y mi otro hermano, Miguel Aragón.
Una vez reunido el equipo y cogidos los vuelos no nos quedó más que esperar con mucha ilusión e incertidumbre al 17 de julio para irnos hasta allí.
Realmente para Luis, Sofía, Sergio y yo la misión empezó unos días antes cuando al volver del Camino de Santiago, quisimos preparar todo aquello que veíamos fundamental en una experiencia de voluntariado después de lo que habíamos vivido el verano anterior. Nos parecía muy importante sobre todo dar algún tipo de formación mediante grupos de trabajo para ir encaminando la experiencia e ir profundizando en lo que uno iba viviendo, pues no queríamos que se quedase en una experiencia aislada del resto de tu vida.
Y tras esto, llegó el día, el 17 de julio sin darnos cuenta estábamos en la casa de las Misioneras. En ella, alimentan y dan refugio a mendigos que encuentran en muy malas condiciones en la calle. Y este mismo centro iba a ser el sitio donde también nosotros dormiríamos y comeríamos durante dos semanas mientras las ayudábamos. Realmente, la acogida por su parte desde el primer día fue espectacular.
En un día normal con ellas, íbamos a misa antes de desayunar, y después de hacer la oración de la mañana nos dividíamos para ayudarlas con las tareas que tenían allí. Cocinar para los internos, limpiar sus habitaciones y el centro, llevar neveras a familias que las necesitaban, ir a ver a niños a sus casas y sacarlos a jugar, ir a ver a ancianos sin familiares o traer a gente de la calle al centro para asearlos. Durante las tardes cambiábamos de tarea e íbamos a la adoración que ellas hacían. Por las noches solíamos estar más libres para hablar entre nosotros, hacer algún grupo de trabajo y algunos jugar mucho al mus… Hubo algunos días excepcionales donde organizamos un campamento de verano durante todo el día para niños en situaciones familiares complicadas y nos íbamos con ellos y las misioneras al zoo o al parque de atracciones.
Excepto alguna experiencia puntual, a medida que avanzaban los días me daba cuenta de que todas estas actividades en las que les ayudábamos no me hacían tener grandes sentimientos como en Tanzania, que es quizás lo que uno busca yéndose de voluntariado. Al final eran actividades que uno puede hacer también en España y no había tampoco ningún impacto cultural. Es entonces cuando confirmas que no hay que sentir para ponerse a hacer, que hay que esperar algo más allá que el simple sentimiento de apetencia o no apetencia. Levantarse a las 7 de la mañana para estar todo el día fregando, si te tocaba esto, no te va a hacer sentir nada nuevo, pero cuando acabas el día sabes, sin sentir, que algo has hecho bien en ese servicio y que te encuentras en paz contigo mismo. Realmente profundizar y poner en práctica esto ha sido de mis mayores aprendizajes de Polonia.
Esto intenté que nos ayudase también a enfocar la vuelta, pues una parte importante de una misión es al volver ser capaz de vivir en clave se servicio como lo hacías allí. Cuando te vas a sitios muy lejanos y sientes cosas muy fuertes por todo lo que ves, es muy fácil al volver no ayudar en tu metro cuadrado porque no sientes cosas tan fuertes como las de allí. Pero cuando vienes de una experiencia donde el sentimiento no ha sido lo principal sino justamente el servir sin sentir por el simple hecho de saber que servir es bueno, es mucho más fácil ayudar en tu día a día sin verte recompensado por un buen sentimiento.
“Los sentimientos que uno siente no dicen la verdad sobre sí mismo”; Sister Jonafa, Superiora de la Casa.
Creo que sin duda otra gran parte de lo que nos llevamos todos fue el hecho de todo lo que íbamos haciendo durante el día, hacerlo con una misionera al lado con la que hablar, a la que preguntar, pero, sobre todo, a la que escuchar. Una vez más, viviendo 15 días con ellas puedo decir que vi a unas mujeres más felices que toda la gente de mi entorno a través de una vida de entrega y de renuncia completa. Y esto te hace pensar una vez más dónde está la felicidad y cómo alcanzarla desde mi realidad. Sigo y seguiré en este camino, pero si algo de respuesta me he llevado de Polonia es que el olvidarse de uno mismo y sus sentimientos y entregarse completamente al otro tiene mucho que ver.
Me gustaría destacar además el equipo que hemos ido, sin el cual habría sido todo mucho más diferente y difícil. Irte de misiones con gente que al terminar el día quiera comentar lo que ha pasado, lo que ha vivido, lo que se ha preguntado; con gente que después de un día sin para quiera sentarse a hacer un grupo de trabajo para seguir preguntándose y escuchando, es fascinante. Creo que ha sido una buena experiencia para buscar y valorar la amistad y las experiencias de verdad.
Me quedan muchas cosas para contar todo lo que ha supuesto esta experiencia, pero espero al menos haber resumido lo más importante de ella; la importancia de no parar de buscar aquello que nos da pistas para vivir de una manera plena, para vivir de verdad.
Queridos, para que engañarnos, Francia es un país con clase. Francia tiene cafés de mesas redondas y sillitas de mimbre; fachadas señoriales, pisos de techos altos; ríos caudalosos… Francia es también un país de apasionados, donde los sentimientos -sobre todo los políticos- se manifiestan en las calles, en las avenidas y en la ciudad entera. Aquí persiste aún una implacable vena revolucionaria, un arrebato atroz. He normalizado las fogatas en la calle, los megáfonos y las pancartas; la Revolución. He dominado el arte de esquivar botellas y de orientarme con soltura; porque no es lo mismo llegar a casa por Science-Po que por la jungla de Guillotière. En esta ciudad, o desarrollas el sentido del mercenario, o eres presa de los que perturban la concordia de lo que podría ser una villa de paz.
Francia es un país de estudiantes resignados a un sistema fallido, que han convertido las paredes de la universidad en las de su propia casa. Allí, en las mismas aulas —junto al ocasional ratón ¡Une souris, Monsieur Bavitot!— los alumnos comen, ríen, planifican, sueñan. Porque todo gabacho -me he percatado- anhela la misma cosa: llegar, vivir y morir en París, su final de línea, su Ítaca. Porque de la cuna a París, y de París al cielo.
Esta ciudad, por cierto, cumple con creces mi riguroso barómetro, el del jazz, que nada tiene que envidiar al de los otros grandes epicentros: la gran manzana, la bota o la capital de mi querida patria. En sus garitos me suelo perder, meditabundo, pensando que quizá no sería mala idea dejarlo todo y dedicarme al saxofón, o al piano, que da más juego. Pero en fin, no son más que bobadas de un universitario que solo quiere calmar la nostalgia de su añorado hogar. Porque sí, compatriotas, este país me ha acogido bien, como a uno más, pero quién me va a quitar mi mollete de tomate y aceite (en ese orden, que no estamos para improvisar), mis churros, mis cañas, mi gente, mis balcones; mi decadente ciudad, su belleza, su ternura, mi Alhambra (ay! que la echo yo de menos); la lengua de Cervantes, su riqueza, nuestro humor, nuestra alma mediterránea, el aceite y el bronceado; el espíritu ibérico, el espíritu más fraterno.
Volveré con el alma rica en experiencias. Volveré, algo afrancesado, quizá. Volveré, mis queridos compatriotas, con más ganas que nunca, con el ánimo renovado. Echaré de menos esta jungla, sin duda, pero volveré.
PD: Más de esto cada semana | https://substack.com/@guillepierh
El pasado 4 de octubre fue la “Noche en Blanco” en Sevilla, inspirada en eventos similares como la Noche Larga de Berlín en 1997 y La Nuit Blanche de París en 2002, esta iniciativa busca ofrecer una programación cultural nocturna a los ciudadanos. A lo largo de los años, esta tendencia ha ganado popularidad en ciudades europeas y del mundo, promoviendo el acceso a la cultura en un ambiente diferente al habitual.
Aprovechando esta propuesta cultural que nos ofrecía un año más nuestra ciudad, decidimos hacer una ruta teatralizada por el barrio de Triana, que nos sumergía en la historia de Sevilla, del barrio, de sus calles y sus gentes de una forma totalmente nueva, dinámica y apasionante.
Fue la ocasión perfecta para poder dar comienzo a un gran nuevo año de ELU Sevilla, con muchísima ilusión. Empezamos la noche con una cena, para enfocarnos en lo realmente importante: poder conocernos mejor y dar la bienvenida a los nuevos elus. Justo ese día cada uno supo quién era su buddy y algunos pudieron empezar a conocerse bien entre ellos, lo que fue muy guay. Aprovechamos para hablar de este nuevo curso que estaba comenzando, de nuestras vidas, cómo se nos planteaban los próximos meses, qué esperamos de la elu y de nosotros… poniendo las cuestiones sobre la mesa. También fue una alegría que vinieran dos preciadas Elumnis, Ana y Carmen, que nos contaban cómo habían vivido y qué ha sido para ellas la ELU y el paso por la Universidad, y lo que ahora tenían entre manos.
Después, pudimos adentrarnos en la historia del barrio de Triana gracias a la dinámica ruta, que acompañados de nuestro guía, se servía de personajes famosos del barrio para contarnos algunos pellizcos de su historia. Pudimos escuchar las hazañas del navegante Sebastián Elcano y del pícaro rinconete, sacado de las novelas de Cervantes , conocer a Santa Rufina o al mismísimo inquisidor Francisco de Torquemada. Además, paseamos por los lugares emblemáticos del barrio, como la iglesia de Santa Ana o la famosa calle Pureza, donde se encuentra la capilla de los marineros. El barrio de los alfareros de Sevilla, con su luz única, había revivido por unas horas. La ruta sirvió de puente entre el presente y el pasado, entre las leyendas que nunca mueren y las calles que la custodian.
Deseando seguir haciendo planazos como este y disfrutando de estar juntos. ¡Nos vemos pronto!
El pasado 25 de septiembre en el mítico Bar JJ se produjo al fin entre risas, música, algún que otro libro sagrado y por supuesto cervezas la vuelta de Filosofía de Bar. A finales del primer cuatrimestre del año pasado Alejandro Aragón, el Padre Pou y yo, Luis Muñoz, lanzamos esta nueva iniciativa, que por ahora ha tenido un más que cálido recibimiento demostrado en las tasas de asistencia de cada encuentro y en el entusiasmo que nos habéis transmitido después de cada sesión, en los findelus o en el trato individual; por ello queríamos dejar constancia de nuestro agradecimiento con todos los que habéis apoyado este proyecto.
En el inicio de este nuevo curso nos topamos con un obstáculo que no era otro que la noticia acerca de la ausencia del Padre Pou durante todo el primer cuatrimestre, ya que se halla en Texas terminando su doctorado, por ello el primer encuentro de este curso era vital para ver qué rumbo iba a seguir esta iniciativa y gracias a Santiago Huvelle, que ha sido nuestro referente intelectual en este debate, podemos considerar el regreso de Filosofía de Bar todo un éxito.
El tema tratado fue la especialidad de Santiago Huvelle: las religiones. Tras una introducción teórica y contextualización por parte de Santiago, comenzamos la sesión comentando un texto perteneciente a “Lo sagrado y lo profano”, libro de Mircea Eliade, un titán en su campo y después de debatir acerca de si el hombre podía vivir sin religión o pseudorreligiones nos aventuramos a explorar las características principales de cada una de las grandes religiones, sin dejarnos por el camino curiosidades acerca de religiones históricas generalmente desconocidas. Introducido esto pasamos a discutir sobre la veracidad de unas declaraciones que el Papa había hecho recientemente en Singapur, proclamando que había distintos caminos para llegar a Dios haciendo referencia a la variedad de religiones existentes en el mundo. En esta temática se encuadró la tónica principal del debate dimos paso a que Santiago nos ilustrase con las posibles contracciones y compatibilidades entre religiones sirviéndose, además de su vasta memoria, de varios textos sagrados que había traído él personalmente, siendo los que más destacaron e interesaron el Corán y el libro de Los Upanishads; saliendo a la luz la pregunta acerca de cuánto en una religión es cultural y cuánto es trascendente a lo humano. Finalmente cada uno procedió a sacar sus conclusiones personales y algunos incluso se atrevieron a ponerlas en común, aunque como es habitual estas conclusiones suponen una montaña de dudas incluso mayor a la existente previo el encuentro.
Dicho esto y a modo de conclusión, sugiero a todo aquel que no forme parte de esta iniciativa y que haya sentido interés por lo tratado en este artículo que nos escriba a Alejandro Aragón (673929756) o a mí, Luis Muñoz (675068282), si quiere asistir a alguno de los encuentros de Filosofía de Bar, tenemos preparados invitados muy buenos para las tres sesiones restantes que quedan este cuatrimestre y si esto nos convence estoy seguro que lo hará la cerveza bien fría que marida estos encuentros.
El pasado 19 de septiembre tuvimos nuestro primer encuentro del curso en Beers and Books. Aprovechando que el Festival de las Ideas tenía lugar en Madrid, varios elus de la capital, acompañados de nuestro querido Martín Tami, nos juntamos para escuchar una ponencia sobre la historia de las emociones de la mano de Barbara H. Rosenwein, historiadora catedrática emérita en la Loyola University de Chicago.
“Las velas del viento: ¿Qué cosas amamos y por qué?” Este era el título de la charla que tuvo lugar en el Club Matador, donde Rosenwein, a través de las preguntas de Montserrat Iglesias, cohesionó emociones e historia durante 60 minutos.
“Decía Voltaire que las emociones son el viento que mueve las velas de la vida. En esta ponencia, y de la mano de la experta en historia de las emociones, la profesora Barbara Rosenwein, nos preguntaremos cómo han cambiado los deseos y las emociones a lo largo de la geografía y de la historia. Decía el antropólogo francés René Girard que, como no sabemos lo que desear, deseamos lo que quieren otros. Quizá sea así, pero nadie mejor que Rosenwein para hablarnos del amor hacia lo que se quiere poseer y de la rabia ante la frustración y el fracaso. Y nadie mejor que la profesora Montserrat Iglesias, profesora de la Universidad Carlos III, pero sobre todo persona que conoce bien las relaciones entre la empresa y el conocimiento, para detener ese barco del que hablaba Voltaire y pensar en la fuerza del viento y en la cualidad de las velas”.
Este párrafo en el panfleto del Festival de las Ideas atrajo nuestra atención cuando la lluvia y un contratiempo nos hicieron tener que buscar un plan B en el último momento (algo que con los elus siempre es posible). Así pues, ¿qué es lo que nos llevamos de esta charla?
“We may better understand our own emotions by thinking of the emotions others had in the past”.
¿Acaso hay que replantearse la Edad Media desde el punto de vista de las emociones? ¿Es la Edad Media un espejo en el que podemos mirarnos? ¿Dónde están esas huellas del amor, la ira o la tristeza en la historia? ¿Cuáles son esas palabras del pasado cargadas de emoción? ¿Fueron olvidadas? Si las emociones las expresamos con palabras y esas palabras han ido cambiando con el tiempo, ¿cómo podemos identificarlas?
“Lo que más me maravilla es el mucho amor que yo de amistad siento por ti”. Garcilaso de la Vega era capaz de expresar algo tan grande como el amor a un amigo, ¿no es esto tremendamente poderoso? ¿Somos nosotros capaces de expresar nuestras emociones en una sociedad que vive a través de la pantalla?
Don Quijote, por ejemplo, idealiza el amor y, al hacerlo, se nos presenta como humillado, pero ¿y si ese amor no lo humilla sino que lo eleva?
Estos son algunos de los puntos que se abordaron en la ponencia. Salimos de ella queriendo entender cuáles son esas palabras del pasado que expresan lo que sentían entonces y que quizá sentimos nosotros. La lluvia no pudo con nosotros y cena, cervezas y mucha conversación concluyeron nuestro día. Un gusto reencontrarse de nuevo con todos.
El pasado sábado, 15 de junio, se celebró la graduación de la XIV promoción de la Escuela de Liderazgo Universitario en la Universidad Francisco de Vitoria.
El evento dio inicio a las 15:00 horas, momento en el cual los alumnos de cuarto año presentaron sus trabajos y artículos finales. Estos proyectos reflejaron todo lo aprendido a lo largo de su recorrido en la Escuela, abordando una variedad de temas relacionados con sus ámbitos profesionales, pero todos con la misión de buscar la verdad en cada cuestión. Los estudiantes trabajaron en equipo para encontrar soluciones a problemas humanos, demostrando su capacidad de colaboración y compromiso.
Exalumnos de la ELU con una trayectoria destacada formaron parte de los tribunales, donde tuvieron la oportunidad de compartir su perspectiva y ofrecer críticas constructivas.
Más tarde comenzó el Acto de Graduación; los profesores, académicos, alumnos y familiares se reunieron en el Aula Magna para conmemorar a la promoción. Esther de Arenas, mentora de la ELU desde hace seis años y que desde enero está en otro proyecto de la Universidad Francisco de Vitoria, fue elegida madrina en reconocimiento a su destacada trayectoria en la Escuela de Liderazgo Universitario.
Después de la ceremonia, celebramos con una cena y mucha música para compartir y disfrutar de los recuerdos y experiencias acumulados a lo largo de estos cuatro años.
Muchas gracias a todos por, un año más, confiar en nosotros, por apostar por el pensamiento crítico y por buscar la belleza y la verdad a través de la universidad.
El bloqueo del Consejo General del Poder Judicial (de ahora en adelante, CGPJ) está suscitando un gran debate en las esferas política y jurídica. Hoy, en Ratio Legis, analizaré, a través de estas líneas, distintos conceptos y problemáticas, otorgando al lector la comprensión del asunto jurídico.
¿QUÉ ES EL CGPJ?
Es un órgano constitucional con funciones de naturaleza administrativa-gubernativa. El encargado de garantizar la independencia del poder judicial (uno de los tres poderes del Estado, junto con el ejecutivo y el legislativo) y el gobierno de este,por lo que tanto los presidentes y demás órganos de gobierno de Juzgados y Tribunales, están subordinados a él.Este órgano, según el art. 558 LOPJ (Ley Orgánica del Poder Judicial) ejerce sus competencias en todo el territorio nacional y tiene su sede en la villa de Madrid (C/Marqués de la Ensenada 8).
¿CUÁLES SON SUS FUNCIONES?
Son veinticuatro, más todas aquellas que le sean atribuidas por la LOPJ. Aparecen reguladas en el art.560 de la mencionada ley. Las más importantes son:
Proponer el nombramiento de: Jueces, Magistrados, Magistrados del Tribunal Supremo y de dos Magistrados del Tribunal Constitucional.
Ejercer la potestad disciplinaria, es decir, sancionar a los jueces, desde multas a la expulsión de la Carrera Judicial.
Participar en la selección de Jueces y Magistrados, a través del concurso de oposición, y elegir al director y profesorado de la Escuela Judicial (donde ingresan, durante año y medio, quienes aprueban las oposiciones, para estudiar y realizar prácticas antes de elegir destino donde ejercer la profesión judicial).
Encargarse de la alta inspección de Tribunales, así como de la coordinación de la actividad inspectora ordinaria de los presidentes y Salas de Gobierno de estos.
Cuidar de la publicación oficial de las sentencias y demás resoluciones que se determinen del Tribunal Supremo y del resto de órganos judiciales
¿CÓMO SE COMPONE? Art. 122.3 de la Constitución y art. 556 LOPJ.
Está conformado por 20 vocales:
8 miembros: 4 vocales elegidos por el Congreso + 4 por el Senado, por mayoría de 3/5, entre abogados y juristas de reconocida competencia y más de 15 años de profesión.
12 miembros: 6 vocales elegidos por el Congreso + 6 por el Senado, igualmente por mayoría de 3/5, entre jueces y magistrados que tengan aval de, al menos, 25 miembros de una asociación judicial.
De esos 20, resulta electo un presidente, que es, a su vez el Presidente del Tribunal Supremo, por también mayoría de 3/5 entre juristas de reconocida competencia con más de 25 años de experiencia y un vicepresidente, por mayoría absoluta (11 votos).
En cuanto a la temporalidad, todos pueden permanecer en el cargo no más de cinco años, salvo el presidente, que puede ser reelegido por otros cinco, es decir, presidir hasta diez años.
¿CUÁL ES EL PROBLEMA TAN MEDIÁTICO?
El verdadero dilema jurídico reside en el bloqueo del órgano. Este consiste en su falta de renovación desde el 4 de diciembre de 2018, a causa de la escasa voluntad política. Gracias a la STC (Sentencia del Tribunal del Constitucional) del 2 de octubre de 2023 se ha conseguido prorrogar el mandato de los miembros, dando lugar a un órgano en funciones. No obstante, esta situación es insostenible, pues acarrea diversas problemáticas:
En primer lugar, las cuatro vacantes de vocales del CGPJ que quedan descubiertas conforme sus miembros se han ido jubilando (según el art. 386 LOPJ, un juez debe jubilarse a los 65 años y, a más tardar, a los 70 años, con prórroga de 2 años; esta casuística se denomina jubilación forzosa).
Por consiguiente, el bloqueo del órgano imposibilita los nombramientos, lo que ocasiona 87 plazas desiertas: 36 en Tribunales Superiores de Justicia (los tribunales de mayor rango de cada Comunidad Autónoma), 25 en Audiencias provinciales (los tribunales de mayor rango de cada provincia), 25 en Tribunal Supremo y una en la Audiencia Nacional. Todo ello deriva en el retraso de los asuntos judiciales, que se han incrementado en más de un 50%.
¿CUÁLES SON SUS POSIBLES CAUSAS?
Todo parece apuntar a que esta situación se basa en el interés político de las funciones de nombramiento. Son las CCGG quienes nombran a los miembros del órgano, de acuerdo con sus preferencias ideológicas. Ello se basa en una única razón: el aforamiento.
El aforamiento es una posibilidad, una condición especial (beneficiosa o no) por la cual los ministros, consejeros y presidentes (autonómicos y del gobierno) serán juzgados, en caso de cometer un delito relacionado con el ejercicio de sus funciones -y solo bajo este precepto-, por la Sala 2ª de lo Penal del Supremo (en caso de ministros y presidente del Gobierno) o por la sala de lo civil y penal de un TSJ (consejeros y presidentes autonómicos). Esto no sería aplicable en el caso de, por ejemplo, atropellar a alguien por conducir bajo los efectos del alcohol; ahí serían juzgados por jueces de instrucción, como cualquier ciudadano; hablamos solo de delitos relacionados con funciones asociadas a su cargo.
No me voy a extender en si esta cláusula es un privilegio o no, para no cansar al lector, pero lo que sí cabe dilucidar es que la cuestión radica en que a la comunidad política le interesaría, en caso de ser juzgados, tener a jueces con ideologías similares a las suyas.
¿QUÉ SOLUCIONES SE PROPONEN?
Finalmente, Vicente Guilarte, Presidente actual del CGPJ, ha propuesto un modelo de elección de miembros en el que sean los propios jueces quienes se elijan íntegramente entre ellos, para evitar las susceptibilidades políticas. Esta opción es respaldada por la recomendación CM/Rec (2010)12 del Comité de Ministros del Consejo de Europa, que aconseja que los vocales judiciales de los consejos de la magistratura sean elegidos por sus pares. A juicio del TJUE (Tribunal de Justicia de la Unión Europea), el sistema vigente rompe con la independencia judicial, al inmiscuirse el poder legislativo.
Espero que la explicación os haya sido útil para comprender la situación actual que mantiene en vilo a los juristas ¡Hasta la próxima entrega!
Por fin consigo sentarme a escribir esta breve reflexión, pero creo que merecía que le dedicara el tiempo y el cariño suficientes. Y es que no es fácil plasmar en un papel lo que siente el corazón, pero espero lograr transmitir en estas líneas lo que ha significado para mí formar parte del equipo de Cirugía en Turkana y vivir el proyecto en terreno, allá al Noroeste de Kenia, a orillas del lago Turkana.
Las primeras veces siempre son especiales. No lo voy a negar, viajar como cooperante a África por primera vez con tan solo 21 años da vértigo al principio. Sobre todo porque sabes que vas con la misión de llevar un poco más de salud donde hay tanta enfermedad, de darlo todo donde no tienen tanto y de abrazar a quienes más lo necesitan. Y luego te das cuenta de que eso supone largas y calurosas jornadas en quirófano, un sinfín de pacientes en consulta y muchas horas de intenso trabajo en el laboratorio. Y era inmensamente feliz mientras lo hacía, porque era consciente de la suerte, el privilegio y también de la responsabilidad que habían depositado en mí.
Empezaré por el principio. Creo que nunca antes había cogido tantos aviones en un periodo tan corto de tiempo. Era enero y acababa de terminar mis exámenes del primer cuatrimestre de cuarto de Medicina. Al día siguiente volaba a Londres para pasar unos días con mi hermana, y desde allí viajé hasta París para visitar a mi amiga Elena. Tras volver a Santander, tan solo disponía de un par de días para preparar un viaje totalmente diferente: África. Llegar hasta Turkana también implicaba enlazar varios aviones consecutivos, de modo que mi trayecto fue el siguiente: Santander-Madrid Doha-Nairobi-Turkana. Sin duda, el modo avión pasó a ser una forma de vida.
La buena compañía hace que te sientas en casa aunque estés en uno de los lugares más remotos del planeta. Nunca pensé que sería tan fácil encajar tan bien con cada uno de los miembros del equipo, a pesar de las diferentes edades y procedencias. Hasta tal punto que, aquel equipo de Cirugía en Turkana que despegaba desde Madrid, cuando aterrizamos en el aeropuerto de Nairobi ya empezaba a considerarlo “familia”. Sin duda, Cirugía en Turkana no solo es un proyecto quirúrgico, sino también una forma de entender la vida.
Y hablando de entender la vida, también he aprendido mucho de los turkana, el verdadero motivo de esta campaña. Me llama la atención su forma de afrontar la enfermedad: no sienten resignación por el pasado o por su falta de salud, ni tampoco excesivo temor por el futuro, simplemente viven el presente con la mayor serenidad posible, afrontando la vida tal y como viene. Se te encoge especialmente el corazón cuando ves a los niños, algunos corriendo de un lado a otro del hospital y otros sufriendo las consecuencias de la enfermedad. De cualquier modo, una piruleta y un abrazo es suficiente para que se sientan las personas más afortunadas del planeta. Es, simplemente, admirable y maravilloso. Por muy diferentes que seamos en cuanto a lenguaje, cultura o color de piel, cuando llegas a Turkana te das cuenta de que la necesidad de salud y de amor (y concretamente la necesidad de amar y sentirse amado) es lo único intrínseco a cualquier ser humano sobre la faz de la tierra.
Nunca pensé que cumpliría 22 años en África. Aquel día no solo cumplí años, sino también un sueño: ver por primera vez la llegada de una nueva vida al mundo. A un mundo mucho más inhóspito del que me tocó a mí hace 22 años y una vida por delante indudablemente más dura. No creo mucho en las casualidades pero sí creo profundamente en la Providencia y nunca olvidaré que, a partir de ahora, no solo comparto cumple con mi hermana melliza, sino también con aquel “peque” que nació ese día en Kenia, delante de mis ojos, y al que pude dar la bienvenida al mundo mientras le sostenía en mis brazos. Cada 7 de febrero me acordaré de rezar por él y por su vida, pero también de dar gracias a Dios por la mía y por el regalo de unos padres que no me han soltado de la mano desde entonces.
No puedo evitar sonreír (e incluso que se me caiga alguna lagrimilla) al recordar cada uno de estos momentos, cada una de estas personas y este lugar, Turkana, mientras escribo estas líneas desde mi habitación, después de un curso muy intenso a nivel personal y académico, pero también inolvidable por muchos motivos. La palabra recordar viene del latín re (volver a) y cordis (corazón); recordar: volver a pasar por el corazón. Y cada vez que recuerdo Turkana, mi corazón late un poco más fuerte. Y es que, ahora, de vuelta en Santander, cada vez que me preguntan por mi viaje a África, empiezo a contarles, sin saber por dónde empezar ni tampoco por dónde terminar, porque es complejo hablar de un sentimiento que va más allá de las palabras… pero, como está escrito en el Evangelio según San Lucas: “de lo que rebosa el corazón habla la boca”.
Turkana siempre permanecerá en mi corazón por ser ese lugar donde es fácil ser feliz intentando hacer un poco más felices a los demás. Turkana es ese lugar donde, como diría Madre Teresa de Calcuta, solo hacen falta “dos manos para servir y un corazón para amar”.
¡Buenas a todos! Primero de todo, soy Alonso Císcar, recién graduado de la ELU y estudiante de Física y Matemáticas en la Universidad de Valencia. Recién regresado a España, vengo a contaros un poco de mi experiencia de mi Erasmus en Estrasburgo, Francia, lo que ha sido una de las mejores experiencias de mi vida.
El hecho de haber hecho mi intercambio en Estrasburgo no es para nada una casualidad, y es de hecho una decisión que tomé ya en primero de carrera. Yo formo parte de la primera promoción de mi doble grado en la Universidad de Valencia, por lo que cuando comencé los estudios, todavía no había ningún destino cerrado para realizar el Erasmus. Tras unirme a la Comisión de Seguimiento del grado, me comprometí para asegurar que hubieran destinos interesantes, y tras saber las opciones posibles y escuchar Estrasburgo, no paré de presionar a los coordinadores para que consiguieran ofertar ese destino. Cuando firmaron el convenio, incluso me llamaron para contarme las buenas noticias.
Tras haber vivido casi un año en Estrasburgo, puedo decir que elegí el destino perfecto. La ciudad parece sacada de cuento, y se encuentra en la histórica y preciosa región de Alsacia, que combina pinceladas de cultura francesa y alemana, increíbles parajes naturales y para los amantes de la Navidad, tiene de los mercados más impresionantes del mundo, por algo la llaman Capital de la Navidad. Además, no podemos olvidar que es sede del Consejo de Europa y el Parlamento Europeo, y a pesar de que soy estudiante de ciencias, los que me conocéis, sabéis que me apasiona la política europea. La historia de Alsacia y en particular Estrasburgo es apasionante, en sus calles puedes observar la unión de Francia y Alemania y en sus museos el difícil pasado de la región, las múltiples guerras, todo contribuyendo a la gran ciudad que es ahora. No puedo dejar de hablar de la increíble pastelería francesa y los vinos de la región, donde he destinado muy alegremente, gran parte de mis fondos del Erasmus.
Podría hablar durante horas sobre lo enamorado que estoy de la ciudad, lo mucho que he disfrutado utilizando y mejorando mi francés, y lo bien que me han acogido en la Universidad de Estrasburgo. La realidad es que en el Erasmus, no solo he aprendido física y matemáticas, sino que he aprendido sobre mí mismo y sobre la vida. El salir de mi casa, enfrentarme a ser independiente, y darme cuenta de que lo que pasara dependía de mí, lo cual es emocionante y da vértigo en partes iguales. Lo siguiente va a sonar muy cliché pero lo que el primer día era un piso vacío y una ciudad desconocida, se ha convertido en un hogar lleno de recuerdos, y dejarlo ha sido difícil.
Al final, el alma del Erasmus está en las personas que conoces en el proceso, que de repente, se convierten en grandes amigos y forman parte de la rutina. En mi caso, fue inevitable formar un grupo inseparable de españoles, con los que compartimos comidas, cenas, viajes, fiestas, aprendizajes y experiencias, amigos que invadían mi habitación, con los que he recorrido norte y sur de Europa y a los que pronto volveré a ver en España. Es increíble la capacidad que tenemos los españoles de formar comunidad en cualquier parte del mundo. Aunque no os cerréis tampoco solo a los españoles, el mundo es grande y conoceréis a personas maravillosas de otros países.
El Erasmus me ha enseñado a dejarme llevar y fluir, no pasa nada por no tener los próximos meses calendarizados minuto a minuto y el enfrentarse al día a día abierto a ser espontáneo ha traído recuerdos inolvidables que no tendría si hubiera sido algo más prudent o temeroso. Abrir la mente y dejarse sorprender por las personas que se han puesto en mi camino ha sido un regalo, y me ha permitido conocerme más, ser yo mismo y valorar mis vivencias. Y quién diría que a pesar de ir con el dinero justo como para no comer pescado en un año, he podido pasear por Praga, Bruselas, Berlín París, Viena, Oslo, Zagreb, Ljubljana, Estocolmo y Copenhague, entre otros (ignorando el dormir en autobuses y aeropuertos).
Leyendo los testimonios de mis compañeros, creo que todos estamos de acuerdo en que el Erasmus supone una evolución como persona, y que es desde luego una experiencia de lo más recomendable, yo desde luego lo recomendaría mil y una veces, y más si es en Estrasburgo. Eso sí, os deseo suerte con la burocracia francesa, la vais a necesitar. Esta experiencia te abre la mente y para mi ha supuesto un punto de inflexión en la visión que tengo de mí mismo y de mi futuro, por haber sido capaz de vivirlo, de encontrar un hogar, de compaginar con el trabajo, de mantener una relación a distancia sana y de disfrutar de mis estudios (sí, algunos hemos estudiado en nuestro Erasmus). Ahora que me queda poco tiempo en la universidad, me llevo los aprendizajes y las memorias en el corazón para seguir con mi vida, y miro al futuro con ganas de descubrir las sorpresas que vienen, con menos ansia de controlar y sobreplanificar cada paso que tomo, pero con la confianza de que estoy preparado para avanzar.
Por último, aprovecho este párrafo final para agradecer a mi universidad por pelear este destino por mi insistencia, al apoyo de mi familia, a las personas maravillosas que he conocido en mi Erasmus y a todos aquellos que hayáis llegado hasta el final, os animo a dar el paso y a vivir una experiencia única e inolvidable, ojalá pronto leer sobre vuestras propias experiencias. Finalmente, gracias a la ELU por darme la oportunidad de reflexionar sobre mi Erasmus, una buena forma de lidiar con la pena de terminarlo y también de graduarme, os mando un abrazo enorme y os deseo un feliz verano!
¡Buenas a todos! Soy Eugenia Huergo (más conocida en la ELU como Maru) y, antes de nada, ¡me presento! Soy madrileña, estudio el grado de Psicología en la Universidad Pontificia de Comillas y actualmente estoy en segundo. En la newsletter de hoy, tengo el placer de contaros un poquito sobre mi experiencia como estudiante de intercambio.
Tras varios intentos fallidos de salir a estudiar al extranjero debido al COVID, lesiones y algún que otro inconveniente, finalmente el pasado semestre estuve en el sur de Estados Unidos. Más concretamente, en Loyola University, situada en Nueva Orleans. Os sorprenderá que decidiese irme de intercambio en segundo de carrera (es antes de lo normal, lo sé), pero delante de mis narices se presentó una oportunidad que no podía rechazar: una iniciativa de la Asociación Internacional de Universidades Jesuitas (IAJU) llamada Magis Exchange Program. Este programa tiene como objetivo ayudar a los estudiantes a discernir su papel como agentes globales de cambio, fomentando el liderazgo para los demás y la reflexión sobre los actuales problemas sociales y ambientales. El programa se desarrolla en tres dimensiones a lo largo de un año: un curso online sobre Ciudadanía Global y Justicia Ambiental impartido por la Universidad Loyola de Chicago, un intercambio académico de un semestre en una universidad extranjera y una experiencia relacionada con la misión. En mi caso, durante mi estancia en Nueva Orleans fui voluntaria en un albergue para personas sin hogar. Una experiencia que, sin duda, me ha transformado el corazón.
La verdad, desde que aterricé en el Louis Armstrong con una mezcla de nervios y emoción, supe que este sitio y su gente iban a ser muy especiales. Es asombroso cómo cada rincón de esta ciudad tiene una historia y un ritmo propio. Empezando por una gastronomía peculiar (que incluye desde cocodrilo hasta los mejores beignets), jazz en cada esquina, pantanos llenos de “alligators” y un medio de transporte público que parece salido de Hogwarts. Ah, y por supuesto, Mardi Gras: la madre de todas las fiestas, una vorágine de coloridos disfraces, desfiles y muchos, muchos collares de cuentas. Aprendí rápidamente que aquí, “mostrar algo” para conseguir un collar es una tradición (mejor no os cuento qué hay que enseñar). Como podréis ver, empaparme de la experiencia y de la cultura fue sencillo.
Desde el comienzo, quise tener cuidado. No pretendía que el ideal de la experiencia se convirtiera en rodar y rodar sin sentido. Quería estar muy atenta. Me gusta pensar que todo pasa por algo, y los encuentros, descubrimientos y decisiones fueron marcando mi camino. Además, el grupo de estudiantes internacionales que me rodeaba fue una suerte. Cada persona que conocí, cada situación que viví, me ayudó a crecer y a comprender mejor el mundo y a mí misma. Desde los voluntarios en el albergue hasta el resto de internacionales que ahora se han convertido en grandes amigos. Siempre le digo a mis padres que aquí aprendí un poco de inglés, algo de italiano y, sobre todo, mucho de la vida. Entendí la importancia de fiarse del proceso, encontrando un lugar donde no necesitaba dar la talla, sino que siendo lo que soy, correspondía a darla.
En cuanto a la parteacadémica, una de las mayores diferencias que noté fue la oferta extracurricular. Hay clubes de todo y si no, tienes la opción de crearlo. Personalmente, yo me he enriquecido mucho de toda esta parte práctica. En los laboratorios pude diseccionar diferentes partes del cerebro, aprender sobre aparatos de biofeedback, monitorizar el sueño, entre otras muchas oportunidades de aterrizar todos los conceptos de mi carrera. Sin embargo, en Europa se escucha mucho hablar del famoso “Sueño Americano” y tras pasar unos meses aquí, puede que este sea una ilusión más que una realidad. La brecha entre ricos y pobres en Estados Unidos es impactante (al menos en el estado de Luisiana), y la movilidad social es mucho más limitada de lo que se sugiere. La educación, por ejemplo, es una de las áreas donde esta desigualdad se manifiesta con mayor claridad. Esta es vista como una clave para el éxito, pero aquí conlleva un precio altísimo.
Para terminar, mis consejos son sencillos. Empezando por uno que parece muy obvio, pero no lo es tanto: ser feliz aquí me permitió serlo allí. Al principio, la idea de dejar mi zona de confort y adaptarme a una nueva cultura me asustaba (y más cuando adoro mi vida en Madrid). Sin embargo, la felicidad no depende del lugar, sino de la actitud con la que enfrentas las circunstancias y por encima de todo, “con quién” eliges hacerlo. No sirve de nada irte de Erasmus para huir de tu vida o aprovecharlo para convertirte en algo que no eres. Decidí abrazar cada experiencia con una mente abierta y un corazón dispuesto y realmente, creo que esta mentalidad me permitió disfrutar al máximo mi estancia. En segundo lugar, no tener miedo. No tener miedo de lanzarse a lo desconocido, de cometer errores, de enfrentarse a nuevos retos y redescubrirse en un entorno completamente diferente. Por último, ser consciente de la suerte que es volver a casa y tener a alguien que te espera. Después de meses lejos de mi familia y amigos, regresar a Madrid con sus reencuentros fue un gran regalo. Me di cuenta de lo afortunada que soy de tener un hogar al que volver, un lugar donde sentirme amada y “como en casa”. Espero veros pronto y, ¡hasta la próxima!
El pasado 3 de junio, Universia del Banco Santander organizó un evento con la CRUE Universidades Españolas y alumnos de distintas universidades de España, entre ellos varios elus. La CRUE Universidades es una asociación sin ánimo de lucro, fundada en 1994 que actúa como el principal interlocutor entre las universidades y el gobierno central, desempeñando un papel clave en la educación en nuestro país. Esta consta de un total de 77 universidades españolas: 50 públicas y 27 privadas.
Nuestros elus y los rectores de las universidades más influyentes del país asistieron al Colegio Mayor Universitario San Pablo con ganas de comprender la importancia de la institución en la sociedad actual. El evento comenzó para los rectores con una conferencia sobre las posibles líneas de acción que se podrían tomar para afrontar las dificultades de una sociedad en constante transformación. La inteligencia artificial, la diversidad del alumnado y la necesidad de globalización fueron algunos de los temas tratados. Mientras tanto, los alumnos participaron en un taller bajo el lema “Make Them Care” que abordó la importancia del “storytelling”; una estrategia para hacer que la comunicación sea más efectiva y consiga el objetivo deseado.
Más tarde, los elus acudieron al coloquio con Ana Botín, presidenta del Banco Santander, Eva Alcón Soler, presidenta de la CRUE, y otras figuras relevantes del mundo educativo. Los temas abordados no solo incluyeron la función de la universidad, una de las instituciones más antiguas del mundo, sino también la importancia de las vivencias y la involucración de los ponentes en la institución, así como sus aspiraciones para conseguir una universidad mejor. La tarde concluyó con un cóctel, durante el cual los alumnos, gracias al Banco Santander, tuvieron la oportunidad de conversar con los rectores sobre las inquietudes que afectan directamente a los estudiantes.
El pasado 9 de mayo, los alumnos de la ELU de Cataluña nos reunimos para compartir nuestros rincones favoritos de la ciudad de Barcelona.
Así descubrimos algunos lugares históricos que suelen pasar desapercibidos, como las ruinas del acueducto y el foro de la época romana, los jardines cercanos a la catedral, el Museo Frederic Marès, el mercado de Santa Caterina e incluso los restos de la muralla en la estación de Plaza Cataluña. Durante el encuentro, también cenamos todos juntos antes de terminar nuestra ruta en la Casa de les Punxes.
María Longás, nuestra mentora, viajó hasta Barcelona para realizar mentorías presenciales y nos acompañó durante la tarde. Sin duda, fue una gran oportunidad para redescubrir nuestra ciudad con la mejor compañía.
¡Hola a todos! Antes de empezar, me presento, soy Álvaro Monllor, de cuarto de la ELU y estudiante de Economía y ADE en la Universidad de Alicante. Si hace unas semanas Elena escribió sobre su Erasmus en Inglaterra, hoy me toca a mi cruzar un pequeño mar para cambiar al país vecino y hablar de mi erasmus en Irlanda, concretamente, en la Universidad de Limerick, en la ciudad con el mismo nombre situada al oeste del país.
Debo decir, que en un primer momento no tenía pensado realizar ningún intercambio durante mis estudios de grado. Sin embargo, un “milagro” burocrático que consistió en un cambio en las bases de la convocatoria para este curso 2023-2024 me permitió poder solicitar movilidad para cursar asignaturas de ADE durante el segundo cuatrimestre de este curso. Tuve en ese momento claro que no iba a desaprovechar esta oportunidad que se presentaba ante mí y que me pedía a gritos que buscara algún destino para pasar unos meses estudiando en el extranjero.
Mi requisito a la hora de escoger el país fue sencillo, tenía que ser angloparlante, por lo que mi lista de posibles destinos se redujo bastante desde el primer momento. Finalmente, tras analizar asignaturas e instalaciones, decidí escoger Limerick como primera opción.
El 21 de enero, tras unas pocas turbulencias y un aterrizaje no muy suave, llegué al aeropuerto de Shannon. El motivo de un final de vuelo tan intranquilo me azotó en la cara nada más salir del avión dado que el país se encontraba en alerta meteorológica por la tormenta Isha. El fuerte viento y la lluvia provocada por la tormenta dejaba claro por qué este país, conocido como la Isla Esmeralda, es tan verde: llueve mucho. Pero yo ya estaba mentalizado de que dejaba atrás el sol del Mediterráneo y como decimos, al mal tiempo buena cara y palos con gusto no duelen.
Tras acomodarme en la residencia, llegó la semana de introducción donde, a parte de conocer a mucha gente de muchos países, nos introdujimos de lleno en la cultura irlandesa (bebiendo mucha cerveza Guinness) disfrutando de un espectáculo de baile típico y de música irlandesa.
A medida que comenzaban las clases y avanzaba el cuatrimestre, comenzaban a surgir numerosas oportunidades para viajar. Y es que, sin ninguna duda, una de las mejores partes de mi experiencia erasmus fue la de descubrir los rincones de este país. Irlanda es un país pequeño, lo que facilita los viajes de fin de semana. Visité ciudades como Dublín, Cork, Galway, Belfast y Derry (estas dos últimas en Irlanda del Norte, país perteneciente al Reino Unido) y pueblos como Ardara, Adare, Kinsale, Ennis, Kilkee, Killarney y Killaloe, todos ellos con su característico encanto: casas de colores y un pub donde (tomarse una buena Guinness) disfrutar de buena música en directo. Pero si hay algo de verdad impresionante es la naturaleza (y el número de vacas y ovejas que hay por todos los lados). Los acantilados de Moher, el Parque natural de Killarney, los faros de Loophead y de Sheep’s Head, la Calzada del Gigante y el área de Binevenagh (estas dos últimas en Irlanda del Norte) además de numerosas rutas de senderismo que hacen obligatorio pararse, mirar a todos los lados y asombrarse por la belleza y grandeza de la naturaleza que se muestra ante ti. He viajado con mis compañeros de resi, con amigos internacionales, con amigos de la Universidad de Alicante que estaban también de erasmus en la ciudad de Cork, con mi madre y con amigos que vinieron a Irlanda a vernos, cada viaje ha sido un regalo y me ha servido para recordar, una vez más, la importancia del “con quién”.
En cuanto a la vida académica, debo decir que la universidad presenta una oferta de actividades extraacadémicas impresionantes. Hay numerosos clubes deportivos y sociedades y un campus precioso con instalaciones deportivas de categoría. Es decir, siempre hay algo que hacer.
Sin embargo, hay algunos aspectos que hay que mencionar. El coste del alojamiento en Irlanda es bastante alto y, para visitar muchos lugares, es necesario alquilar un coche ya que los autobuses no llegan. Además, aquellos erasmus que busquen fiesta deben saber que aquí se termina temprano, alrededor de las dos de la mañana.
Finalmente, mi conclusión es que se me ha quedado corto. Han sido cuatro meses muy intensos en los que he hecho mucho, pero me ha quedado mucho por hacer. Me quedo con muchas personas y muchos lugares. La despedida fue dura pero necesaria para nuevos rencuentros que si llegan serán acompañados de ilusión, alegría y emoción. Mi recomendación va muy en línea con las recomendaciones de otros elus que han estado de Erasmus, aprovechad la oportunidad, salid de vuestra zona de confort e id a conocer nuevas metodologías, universidades y personas. Exprimid al máximo el tiempo libre y poned al límite vuestras habilidades de gestión del tiempo para viajar, pasar tiempo de ocio y estudiar (no nos olvidemos tampoco que seguimos siendo estudiantes). No conozco a ninguna persona que se haya ido de erasmus y se haya arrepentido de esta decisión. Puede ser que Irlanda no sea vuestro destino idílico, no os preocupéis porque afortunadamente hay más países, pero os lo recomiendo si queréis practicar mucho inglés, os gusta la naturaleza, queréis hacer muchas actividades extraacadémicas y queréis (beber Guinness) ver muchas ovejas y vacas.
El pasado 25 de abril, Diego aterrizaba en Santiago.
Aunque el plan inicial era organizar una visita a alguna exposición de pintura o fotos, las ganas de hacer las mentorías por fin presenciales ganó a la cultura esta vez. Aún así, y aunque el tiempo lluvioso como de costumbre no acompañó, pudimos irnos turnando entre clases para pasear más o menos toda la ciudad, empezando con un desayuno cerca de la catedral, siguiendo por un paseo por la alameda y plaza de abastos y, después de un descanso para comer en un clásico sitio de la ciudad, continuar la tarde de mentorías, cuando ya fue inevitable tener que comprar un paraguas.
Para terminar el día, nos reunimos todos para cenar entre conversaciones tanto banales como un poco más profundas, para acabarnos despidiendo ya con ganas de su próxima visita.
Al día siguiente, tras dar un último paseo por la zona vieja, al mediodía Jacobo despedía a Diego, esperamos que no hasta dentro de mucho tiempo.
La vida tiene formas curiosas de sorprendernos. Aún me parece difícil creer que esté aquí, en Londres, ya que el único destino en mi mente, y en mi solicitud del programa Erasmus, fue siempre París. Sin embargo, un error administrativo me trajo a la capital del Reino Unido. Mis padres siempre me apoyaron, mis hermanos nunca dudaron, pero yo inicialmente no confié. Y, ahora que este curso tan extraordinario llega a su fin, entiendo que todo tiene un sentido, que el plan de Dios es más pleno que el que yo crea tener y que no cambiaría lo que he vivido durante estos últimos meses por nada del mundo.
Recuerdo mis primeros días con especial cariño. Mientras entraba un dieciséis de septiembre en la residencia que sería mi casa durante nueve meses, me pareció ver salir a la niña de Santander a la que acompañaron sus padres hasta un colegio mayor de Madrid hacía tres años. Nos detuvimos, nos miramos y, simplemente, sonreímos. No sé si, por aquel entonces, ella habría podido imaginar que las aulas del King’s College London le acogerían algún día con los brazos abiertos durante un curso académico entero. A orillas del Támesis, me siento enormemente afortunada de haber formado parte de una prestigiosa universidad situada en el corazón de Londres que cree con firmeza en sus alumnos, y que, bajo el lema “con santidad y con sabiduría”, hace de las diferencias culturales su fortaleza. Londres no era una ciudad desconocida para mí, pero de su mano he disfrutado de tours por los barrios más emblemáticos, paseos en barco por el río, noches en clubs de la comedia, voluntariados en pueblos como Margate, conferencias y eventos a través de sus societies y de visitas a las oficinas más espectaculares de la City, el famoso distrito financiero.
Me emociona darme cuenta de que he conocido a las personas más especiales de la forma más inesperada. Echando la vista atrás con una amiga de intercambio en diciembre, llegamos a la conclusión de que hacía tiempo que ya no se trataba de Londres, sino de la gente. Por eso, cuando me preguntan por mis rincones favoritos, enmudezco. Porque, por supuesto, me ha fascinado el mirador del edificio más alto de la Square Mile y he paseado embelesada entre las preciosas viviendas de Kensington. Sin embargo, en mi cabeza únicamente bailan las veces que nos hemos reunido en torno a una mesa o en una biblioteca, retumban las numerosas ocasiones en las que hemos llorado de risa sin tener un gran motivo para hacerlo y vociferan los deseos de que un trayecto en metro se extendiera con tal de estar juntos un poco más.
En algún momento, se volvió normal quedar para estudiar con amigas de México y de Singapur, ir a la celebración de cumpleaños de un estudiante de intercambio estadounidense el mismo día que lo conocí, asistir a la fiesta de una chica de Canadá con una amiga australiana o trabajar en un proyecto por equipos con compañeros de los Emiratos Árabes Unidos, China, Italia, la India y Rumanía. Y yo, que estudio matemáticas, no puedo evitar preguntarme, ¿cuál es la probabilidad de que nuestros caminos se cruzasen? Me niego a pensar que conocernos aquí y ahora ha sido una mera casualidad.
¡Es verdad! Los cielos de Londres a menudo son grises y sus adoquines están constantemente mojados. No obstante, la ciudad que yo he conocido ha sido la dispuesta a vestir una sonrisa, y vivir cualquier aventura con un paraguas en la mano. Además, no ha sido sólo mi destino y el de las amigas que han venido a verme sino también punto de partida a Edimburgo, a Múnich y a Madrid. Tengo la sensación de que no podré dejar de identificar recuerdos con cada una de sus esquinas. Y, en fin, de que esta experiencia me ha enseñado mucho, pero, especialmente, que a veces nos valoramos poco y juzgamos demasiado, y que nos podemos hacer a nosotros mismos, pero que siempre estaremos hechos de los demás.
Sé que, algún día, volveré a cruzar el puente de Waterloo, por el que hoy paso a diario. Ese puente que, cuando tienes prisa parece muy largo y, cuando tienes tiempo, lo disfrutas despacio: el Big Ben y el London Eye a un lado, St Paul’s Cathedral, Canary Wharf y la City a ciento ochenta grados. Caminaré por él, quizás incluso deseando tener clases de nuevo a las que correr. Me detendré a la mitad y el viento me hará rememorar muchos momentos pasados. Pensaré: ¿acaso fue todo un sueño, y es que he despertado? Por ahora, mi etapa en el King’s ya ha terminado, pero me hace ilusión pensar que pronto comenzará una nueva en UC Berkeley.
Me marcho de Londres con alguna que otra lagrimilla y profundamente agradecida, especialmente con todas las personas que han sido aquí como mi familia, y con quienes lo son y han renunciado desde el amor a tenerme en su día a día.
El 11 de julio de 2010 fue un día bonito: España disputaba su primera Copa del Mundo, su primera final. Manolo -no el del bombo- estaba con sus colegas al son de un corazón, fuego y pasión, con la mirada clavada en el televisor. Con tres cervezas en sangre y otra abierta en mano, contemplaba mudo la jugada que ahora ha quedado grabada en la retina de todos los españoles: un tiro cruzado, un gol, el de Iniesta, que pasó a engrosar el panteón de los goles históricos del fútbol. Manolo y sus amigos celebraban como neandertales, y éste bebió de hidalgo la cuarta cerveza de la noche.
De seguido Manolo miró el reloj, que señalaba las Iniesta en punto, o sea las 22:55, y se percató de que, o desplazaba el coche antes de las 23:00, o le multaban. Entonces bajó, consciente de su estado de embriaguez, escudriñó la callejuela, cerciorándose bien de que estaba desierta, y recorrió marcha atrás los tres metros que le sacaban de la zona azul. Luego salió, vio que la calle seguía vacía, y subió de vuelta al piso.
Bien, pues ahora quiero que leas estos dos artículos, que me he permitido resumir a efectos de comprensión:
379 Código Penal:
El que condujere un vehículo a más de 60 km/h en áreas urbanas o a más de 80 km/h en zonas interurbanas, será castigado con… (las penas no nos importan).
Se aplicarán las mismas sanciones a quien conduzca bajo la influencia de drogas o alcohol, o supere los límites permitidos de alcohol en el cuerpo.
380 Código Penal:
El que condujere un vehículo con temeridad manifiesta poniendo en peligro la vida o integridad de otros, será castigado con…(las penas siguen sin importarnos).
Se entiende por temeridad manifiesta la conducción que reúna las circunstancias mencionadas en el artículo 379, incluida la alcoholemia.
Estos dos artículos hacen mención a dos delitos distintos: el 379.2 al delito de alcoholemia, el 380 al de conducción temeraria. De su primera lectura comprendemos que Manolo ha infringido ambos preceptos, dado que:
Ha conducido bajo una alta influencia de alcohol (entendiendo que dar marcha atrás tres metros es conducir).
Ha conducido un vehículo con “temeridad manifiesta”, al ser la circunstancia anterior (la alcoholemia) una de las contempladas para apreciar dicha condición.
Ahora bien, estudiando los preceptos, si fueses el abogado de Manolo ¿qué alegarías en su beneficio?
Pues bien, a fin de elaborar una buena defensa primero has de saber una cosa:
Para apreciar un delito en Derecho Penal se atiende al bien jurídico. Un bien jurídico es una cosa o valor que la ley considera valiosa y que se debe cuidar para que todos estemos seguros y felices. Por ejemplo, la vida, la libertad, el orden social o la integridad física. Habida cuenta de esto, podemos constatar que existen dos tipos de delitos:
Delitos de resultado: los que lesionan o ponen en peligro un bien jurídico, siendo esta puesta en peligro o lesión condición indispensable para que haya delito.
Delitos de simple actividad: los que se consuman con la mera realización de la conducta descrita en el artículo penal, sin que se requiera la producción de un resultado.
Ahora que sabes esto, vuelve a leer los artículos e intenta pensar en cómo defenderías al pobre Manolo.
Yo mientras tanto te doy una pista: de la pena del artículo 379 no se va a librar ni aunque fuese Harvey Specter quien lo defendiera; sencillamente porque se desprende de su lectura que se trata de un delito de simple actividad, esto es, que el mero hecho de dar marcha atrás, ciego como una cuba, consuma el delito, sin necesidad de que haya una víctima o una pierna rota de por medio.
Pero ¿qué hay del delito de conducción temeraria? Aquí se podría alegar que es necesaria la flagrante puesta en peligro (o lesión) del bien jurídico para apreciarlo. Pero ¿de qué bien jurídico hablamos? Porque si consideramos como bien jurídico la seguridad vial, el juez determinaría que ha sido lesionada por el mero hecho de haber generado un riesgo; pero si consideramos otros como la vida o la salud, podríamos argumentar que en una calle desierta -sabiendo que estaban todos celebrando a Iniesta en sus casas- poco riesgo hay, y que tomó las medidas de precaución necesarias para no vulnerarlos.
Por lo que la cuestión del pleito giraría en torno a determinar dónde está barrera de precaución, y si está debe ser adelantada (y culpar a Manolo por conducción temeraria) o no. Y sobre esto la ley no se pronuncia, así que su libertad depende tan sólo de tu capacidad de argumentación. Que fuerte, ¿no?
¿Qué opinas? ¿Dónde situarías la barrera de precaución?
Me costaba pensar que terminara haciendo mío un lugar nuevo en un tiempo relativamente corto. O mejor dicho, saber que en algunos de sus rincones, quedara algo de mí, de mi forma de ser y ver el mundo. Nunca pensé que mi tan soñada París fuera tan amplia, elegante, especial. Cuánta belleza envuelta en ternura y cotidianidad, en sus cielos anaranjados en lienzo grisáceo, en su tránsito por el Sena, en sus impresionantes calles llenas de promesas ajenas. Cuánta profundidad descifrada a través de su historia, escondida en su cultura y cuántos secretos albergan cada una de sus esquinas: desde las más turísticas a aquellas que tan solo conocen a los que más les gusta perderse. Es en esa mirada atenta e inquieta de donde brota la sensibilidad y el agradecimiento ante lo que sucede, lo que se me pide y dónde me llaman.
El “sí” a París fue meditado, confiado y convencido.
La incertidumbre envolvía la plena ilusión. Por qué mi corazón intuía que debía marcharme a París si estaba feliz en Madrid, pensando en cómo continuaría mi cuarto año de medicina en la Universidad Complutense. Qué me movía a querer hacer maletas para entregarme en todos los sentidos a esta nueva llamada, a esta ventana llena de luz que se presentaba como un regalo inmerecido. El entusiasmo abrazó al vértigo y saltando con él, empezó un año tan bonito en mi vida…
La ciudad del amor, París. Y sí, es la ciudad que te invita continuamente a amar quién eres, de dónde vienes y hacia dónde anhelas construir tu proyecto. En esa vuelta a la raíz y haciendo memoria, uno no puede dejar de agradecer a quiénes te esperan en casa con el mayor de los abrazos. Y saber que, a tan solo una llamada o un mensaje, tienes la palabra de alivio de siempre, es otro privilegio. Y al mismo tiempo, te recuerda la importancia de cuidar a quiénes más quieres, diariamente y sin excusas para que ese vínculo siga creciendo, en una circunstancia algo particular.
Echo la vista unos meses atrás y me impresiona el enorme esfuerzo que he hecho por estar a la altura de un ritmo académico muy exigente. Y, también, valoro el entramado de lazos que he construido, en todos los ámbitos. Y aunque muchos de ellos vuelven conmigo a Madrid, una gran parte de ellos se queda en París, especialmente con mis pacientes y la suma de sus historias, cicatrices y vidas que han sido un destello que me ha ayudado a entender parte de la mía.
Gracias a su generosidad, conversación y paciencia durante mi aprendizaje, he vuelto a reafirmar, redescubrir y entender qué es ser médico con mayor profundidad, con plena entrega y compromiso. La propia vocación se desarrolla viviéndola y aunque no tiene que estar necesariamente vinculada a un lugar en concreto, es innegable que en París he encontrado un mirador con vistas más amplias: de expansión, de explorar y servir a través de la escucha.
Ahí reside la mayor belleza de nuestra profesión: en quién nos mira con su vulnerabilidad al descubierto, en quién nos busca a través de una mirada y en quién necesita la palabra justa en un momento puntual o tan solo esperar en silencio.
Las visitas cada mañana al pie de una cama, encontrarme con muchas personas en los momentos más bellos o amargos de sus vidas, traer vida al mundo y agarrarla con mis propias manos, disfrutar de un descanso al sol leyendo en los Jardines de Luxemburgo o ver Montmartre iluminado por la ventana en una noche de guardia, han sido algunas pinceladas de estos meses. Hace una semana, hablando con una paciente que se había dedicado toda su vida a la pediatría, me recordaba que en lo que más nos debemos esforzar es en cultivar nuestras relaciones humanas, como elemento vertebrador de nuestra persona. Y aunque el idioma puede llegar a dificultar algunas de estas conversaciones, hay un lenguaje que es universal y que trasciende cualquier barrera; al contrario, crea puentes: la sonrisa y la empatía.
Rescatando las palabras de una gran amiga, no solo hay lugares e instantes cosidos al corazón; sino más aún, personas. A todos los rostros que empezaron siendo coincidencia y pura casualidad y que han terminado siendo fuente de verdad, diversión, felicidad y amistad, no puedo dejar de darles las gracias. A través de ellos, he podido conocerme más aún en profundidad y compartir nuestras vivencias, distintas pero no lejanas.
“Al final del camino me dirán: ¿Has vivido? ¿Has amado? Y yo, sin decir nada, abriré el corazón lleno de nombres” (Pedro Casaldaliga)
Como todo lo que nos conmueve, salir de casa nos empuja a hacernos preguntas casi de forma cotidiana, a querer comprender el porqué de nuestras decisiones, a tener la posibilidad de elegir continuamente cómo y con quién vincularnos o de qué forma encontrar descanso en el corazón por medio del silencio. Es precisamente por esa toma de decisiones continua, la que nos permite elegir cómo construir nuestro propio Erasmus, cómo hacer de París, tú propio París.
El agradecimiento es infinito porque París ha sido un sueño y me resisto un poco a pensar en que, en poco tiempo, tocará volver a hacer maletas de nuevo. Me las llevo con sobrepeso de nombres, recuerdos, muchísimas risas, mucho esfuerzo, visitas express desde Madrid, atardeceres, paseos, silencio y reflexiones. Y lo más importante de todo, de mucha vida.
Ojalá mi París sea siempre un lugar donde recordar todo lo que crecí, aprendí y todo lo feliz que fui. Y volveré a Madrid no de igual forma que cuando vine pero sí con todo el corazón y con la tranquilidad de saber que la vida tiene que continuar y sucederse allí donde uno sienta que el mundo le reclama.
¡¡Un abrazo con mucho cariño y sabéis dónde estoy, para lo que necesitéis!!!
¿Sabes qué es la Constitución? ¿Cómo se estructura? ¿Cómo se aprobó la actual? ¿Cuántas veces ha sido reformada? Si lo desconoces, tranquilo. Hoy en Ratio Legis te lo explicamos.
¿QUÉ ES LA CONSTITUCIÓN?
Según la RAE (Real Academia Española), la Constitución se define como “la ley fundamental de un Estado, con rango superior a las leyes, que define el régimen de los derechos y libertades de los ciudadanos y delimita los poderes e instituciones de la organización política”. Es decir, la Constitución es la norma suprema del ordenamiento jurídico, “la ley de leyes”. De ella emanan las normas ordinarias a través de dos principios: el de jerarquía y el de competencia (sobre esto profundizaremos otro día…).
¿CÓMO SE ESTRUCTURA?
La Constitución consta de un Preámbulo, 169 artículos, 4 Disposiciones Adicionales (podríamos definirlas como posdatas que añaden estipulaciones complementarias), 9 Disposiciones Transitorias (estas regulan los supuestos en los que continúa aplicándose a la legislación que estaba vigente antes de la aprobación del nuevo texto normativo), 1 Disposición Derogatoria (que anula las normas anteriores) y 1 Disposición Final, que establece su entrada en vigor, el comienzo de la eficacia normativa.
Por consiguiente, cabe resaltar su división en 11 títulos (cada uno puede dividirse, a su vez, en capítulos y secciones)
I. Título Preliminar (arts. 1 a 9) en él se plasman principios generales
II. Título Primero (arts. 10 a 55) de los derechos y deberes fundamentales
III. Título Segundo (arts. 55 a 65) de la Corona
IV. Título Tercero (arts. 66 a 96) de las Cortes Generales (CCGG)
V. Título Cuarto (arts. 97 a 107) del Gobierno y la Administración
VI. Título Quinto (arts. 108 a 116) de las relaciones entre el Gobierno y las CCGG
VII. Título Sexto (arts. 117 a 127) del Poder Judicial – régimen de los jueces y magistrados
VIII. Título Séptimo (arts. 128 a 136) de la Economía y la Hacienda
IX. Título Octavo (arts. Arts. 137 a 158) de la organización territorial del Estado – todo lo relativo a las CC.AA y el reparto de las competencias
X. Título Noveno (arts. 159 a 165) al Tribunal Constitucional (TC) – el único órgano capaz de declarar la inconstitucionalidad de una ley
XI. Título Décimo (arts. 166 a 169) de la reforma constitucional
A los Títulos Preliminar y Primero se les suele denominar como “parte dogmática”, que regulan los derechos y libertades fundamentales y al resto – del Título Segundo al Décimo – parte orgánica. Esta última pauta la organización de los diversos poderes e instituciones del Estado.
¿CÓMO SE APROBÓ LA CONSTITUCIÓN DE 1978?
La Constitución de 1978 es la séptima de toda la historia constitucional española. Las anteriores fueron las de 1812, 1837, 1845, 1869, 1876 y 1931. A diferencia de aquellas, la de 1978 fue el fruto de un gran acuerdo en torno a la convivencia colectiva, que versaba sobre temas tan importantes y pioneros como los Derechos Constitucionales y sus mecanismos de defensa, la estructura territorial y la de índole económica.
Para su aprobación se constituyó la Ponencia Constitucional, una comisión formada por 7 miembros: 3 de la UCD (Miguel Herrero y Rodríguez de Miñón, José Pedro Pérez Llorca y Gabriel Cisneros Laborda), 1 de la AP (Manuel Fraga Iribarne), 1 del PSOE (Gregorio Peces Barba Martínez) y 1 de la minoría vasco-catalana (Miguel Roca Junyent). La ponencia se desarrolló a lo largo de 29 sesiones – entre agosto y diciembre de 1977 – bajo el principio de confidencialidad.
Tras pasar los trámites pertinentes como anteproyecto – sobre los que no me quiero extender, pero dejo los más importantes enumeradas (publicación en el Boletín Oficial de las CCGG, las enmiendas y votos particulares, el debate en el pleno, el Senado, la modificación conforme a la Ley de Reforma, la aprobación por el Congreso y el Senado y la aprobación del Dictamen de la Comisión Mixta Congreso-Senado) – se sometió al refrendo popular el 6 de diciembre de 1978 (de ahí el día de la Constitución), obteniendo el apoyo del 87,8 % de los votantes, de 15.706.078 ciudadanos. Hubo, además, 1.400.505 votos en contra, 133.786 nulos y 632.902 en blanco. La participación ciudadana osciló el 67.1%.
Finalmente, la Constitución fue sancionada y promulgada por el Rey Juan Carlos I el 27 de diciembre de 1978 y publicada en el BOE el 29 de diciembre, en castellano y en las de lenguas cooficiales. El día de retraso en su divulgación se debe a la connotación derivada del día 28 (el de Los Santos Inocentes), pues se quería evitar a toda costa los apodos, como el de la Constitución de 1812 (“La Pepa”), al ser publicada el día de San José, 19 de marzo ¿Os imagináis tener una constitución conocida popularmente como “La Inocente”? ¿Os resultaría creíble? 😉
¿CUÁNTAS VECES HA SIDO REFORMADA?
La reforma constitucional aparece regulada, como ya se ha explicado, en el Título X (arts. 166 a 169). Hasta el día de hoy, la Carta Magna ha sido remodelada en 3 ocasiones:
La primera, en 1992. Esta consistió en incluir el inciso “y pasivo” en el art. 13.2. El cambio en cuestión tenía como objetivo permitir a los extranjeros residentes en el territorio nacional ser elegibles en las elecciones municipales (aquellas en las que se votan alcalde y concejales).
La segunda afectó al art. 135 y fue aprobada conforme al procedimiento del art. 167 el 27 de septiembre de 2011. Con ella, se perseguía garantizar la sostenibilidad económica y social, así como limitar la actuación de los poderes públicos.
Respecto a la tercera y más reciente, la del art. 49 CE. Tuvo lugar el pasado 15 de febrero de 2024, con su correspondiente publicación en el BOE nº.43 el 17 de febrero.
Con esta reforma se buscaba, en primer lugar, la supresión del término “disminuido”, así como la adaptación a la LO 8/2021, de 2 de junio, (…) para el apoyo de personas con discapacidad en la práctica del ejercicio de su capacidad jurídica.
Sobre esta última cuestión, la de la reforma constitucional, si os parece interesante, podemos extendernos en un futuro artículo.
Espero que la explicación haya sido de vuestro agrado ¡Hasta la próxima entrega!