Ladrones de sonrisas

26 FEB

Ignacio Bengoechea, 1º de la ELU


Segundo día de esta gran iniciativa de la ELU, formada por tres alumnos de tercero, Margarita Gutiérrez, Jaime López y Santiago Aragón. Nos reunimos catorce personas en la puerta de la Residencia Las Praderas, en Pozuelo, un 13 de febrero. Creo que no sabíamos bien qué buscábamos ni qué íbamos a encontrar, pero sí teníamos muchas ganas de vivir una experiencia que nos sacara de nosotros mismos.


Entramos algo fríos, sintiendo cierta incomodidad por el “no saber” o el “no conocer”. Algunos incluso nos vimos rechazados puntualmente por algún residente que estaba cansado o poco receptivo. Pero esa sensación desapareció pronto al comenzar las conversaciones, al ir ganándonos su confianza con la ayuda de las trabajadoras y, cómo no, de la guitarra. Fueron alrededor de dos horas muy agradables, llenas de conversaciones triviales y profundas (muchas de ellas repetidas, sí, pero igualmente valiosas).


Guitarras, cantos, flamenco, unas jotas… e incluso clásicos de Nino Bravo. ¿Qué no haríamos por robar unas sonrisas, varias carcajadas y algún que otro piropo?
Después tocaba parar, dejar que lo vivido bajara al corazón y compartirlo. En un bar de la zona, Santi comenzó con una breve pero profunda reflexión sobre los límites que encontramos al hacer voluntariado. Luego hicimos una ronda para compartir nuestras experiencias.

Me quedo con tres ideas: primero, en el voluntariado hay que mirar al prójimo a los ojos, de tú a tú, con respeto y humildad; segundo, no vamos a salvar a nadie, simplemente a compartir un buen rato sin esperar nada a cambio; y tercero, los límites pueden verse como un obstáculo… o como una oportunidad.
Al final, lo esencial no es lo que haces, ni siquiera lo que “robas”, sino desde dónde pones el corazón.