Teresa Sanz, 4º de ELU
El pasado 12 de marzo tuvimos la suerte de recibir, un año más, a nuestro mentor Diego en Valladolid. Algo que, poco a poco, se está convirtiendo en tradición, al mismo ritmo que crece la familia ELU en esta ciudad castellana.
La mañana arrancó con Ruth, que fue la encargada de recibirle y dar comienzo a un día que prometía. Empezaron con una mentoría paseando al sol por las calles de Valladolid. Más tarde se unieron Gloria y Vicky, y juntos hicieron un pequeño recorrido por algunos de los lugares más emblemáticos de la ciudad en estas fechas: la iglesia de Las Angustias y la del Nazareno, donde, a las puertas de la Semana Santa, las cofradías ya tenían expuestos sus pasos.
Poco a poco nos fuimos sumando más, y casi sin darnos cuenta terminamos la mañana en el Museo Patio Herreriano de Arte Contemporáneo. Aunque, siendo sinceros, nos sumergimos mucho más en las conversaciones que llevábamos entre manos que en las propias obras del museo.

Valladolid también es sinónimo de vermut y de bares con buenas tapas, así que no podíamos dejar pasar la oportunidad. Mientras esperábamos a que llegaran Julia, Marta y Leyre, hicimos una parada en El Corcho (parada obligatoria para cualquiera que pase por aquí) donde cayeron unas croquetas que supieron a gloria.
Con el hambre ya despierta, nos fuimos a comer. Y ahí llegó, sin duda, uno de los momentos más especiales del día. Hablamos de vocación, de la búsqueda de sentido, de la etapa universitaria… de cómo cambia la mirada cuando estás empezando frente a cuando ya llevas unos años de camino. Fue una conversación de las que recolocan, de las que te devuelven preguntas que creías olvidadas o te crea algunas nuevas. Personalmente, me ayudó a reconectar con esa ilusión que, entre la rutina y las prisas, a veces se va apagando sin que nos demos cuenta.
Diego, con su manera de preguntar, nos empuja a mirarnos con honestidad. A preguntarnos si estamos donde queremos estar, si estamos viviendo con sentido, a perder el miedo a incomodarnos, a ponernos en juego de verdad.
Y casi sin darnos cuenta, el tiempo se nos echó encima. Tocaba acompañar a Diego a la estación y despedirnos, con la sensación de que el día se había quedado corto. Así terminaba un nuevo encuentro de la ELU Valladolid.
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