elus por el mundo

Vida ELU

Elus por el mundo – María de Jorge

Por: ELU Admin

Hola a todos! Soy María de Jorge, de cuarto de la ELU. Yo no quería irme de Erasmus y, sin embargo, este cuatri en Paris ha sido una de las mejores experiencias de mi vida. Voy a contaros aquí cómo he vivido estos meses.

Estudio Farmacia en la Universidad de Valencia, y he hecho el primer semestre de cuarto de carrera en la Universidad de París Cité (antes Universidad de París V René Descartes).

Yo no quería irme de Erasmus porque, al contrario que muchas de mis compañeras de clase de farmacia, no sentía la necesidad de salir de casa. La verdad es que estaba muy cómoda en Valencia, yendo a la universidad que está a 5 minutos de dónde vivo y a la que cada mañana me llevaba en coche una de mis mejores amigas de toda la vida.

Al final dije que sí porque me ilusionaba París y porque intuía que podía ser un bien para mí, aunque aún no supiera muy bien de qué manera. Me bastaron un par de semanas para saber que había sido una de las mejores decisiones de mi vida.

Estoy feliz de poder haber vivido unos meses aquí y de poder haberlo visto a través de los ojos de con quienes lo he compartido, porque mi Erasmus ha estado marcado en gran medida por la ciudad y por las personas. He aprendido sobre los edificios con Anna, mi amiga de Barcelona que estudia arquitectura, he podido vivir la semana de la moda con amigos a los que les apasiona esta industria, he paseado con Luisa por Saint Germain y las calles por las que ahora vive ella también, he probado el sitio de bocadillos de Sofi, el de los croissants de Inés, o he podido descubrir aquella cafetería del barrio judío con Jaime y Paula y las esculturas del Rodin con Olivia (es su museo preferido) el finde que vinieron las dos de visita.

He podido descubrir París también en lo cotidiano. He ido a clase a mi facultad en frente de los jardines de Luxemburgo, he podido estudiar en la biblioteca delante del Panteón, salir de fiesta y que suene la de Quevedo debajo de la torre Eiffel, ir un día cualquiera a misa a Madeleine, hartarme a crepes, vivir un mundial fuera de casa. Me ha conmovido el impresionismo, me ha asombrado la escultura, y he disfrutado como nunca de los museos. He cogido también algún que otro flixbus (genial para viajes baratos), y he aprendido más francés que nunca. En todo ello puedo decir que he tenido un encuentro con la Belleza, desde la inmensidad de una puesta de sol desde el Sena hasta en la amabilidad de las personas que han acabado por convertirse en verdaderos amigos.

Y lo cierto es que no se acaban las cosas que hacer en esta ciudad. Aun ahora, a dos semanas de volverme, intento hacer una lista de los lugares que me faltan por visitar sabiendo que nunca podré acabar de ver todo lo que me gustaría.

He de decir también que no todo es idílico: la burocracia deja mucho que desear (cuando llegué a mi universidad no aparecía mi nombre en ninguna de las listas de las asignaturas en las que me había matriculado y, por si fuera poco, no existía ninguna persona con el puesto de coordinador internacional). Además, hay que ser consciente de los precios (lejos queda el café con leche de la cafetería de la UV por 1,20€), incluso hay aplicaciones diseñadas específicamente para encontrar los bares en los que la cerveza no cueste un ojo de la cara. Por último, es verdad también que París es una ciudad grande: para coincidir con las personas que quieres ver hay que organizarse, es fácil no cruzártelas.

Pero, aun así, merece la pena. He sido feliz y he aprendido mucho. Como dice Ainhoa siempre, la vida se abre paso. Esa es una de las lecciones que me llevo, la mayor quizás de todo este tiempo: que, a pesar de las dudas y la incertidumbre, a veces basta con intuir que hay algo bueno delante, e ir a por ello. Hacer lo que está en nuestras manos, y en lo que no, confiar y esperar.

Beltrán, que estuvo en París también el año pasado y me ayudó enormemente a tomar la decisión (a quien se lo esté planteando, le puedo reenviar su audio de 8:26 minutos en el que habla exclusivamente sobre el distrito 3), escribía al final de su erasmus, ya en Madrid, que es una verdadera suerte darse cuenta de que siempre vas a tener una casa a la que volver. Cuando yo se lo he recordado en alguna ocasión, él me respondía que para llegar a esa conclusión primero había que salir de ella.

Pues bien, Beltrán: ahora, con más conocimiento de causa, te doy la razón. Es una verdadera suerte tener un lugar al que volver; y que ese lugar esté en Valencia, con mi familia, mis amigos de siempre y mi facultad a cinco minutos de casa, pero que también ese lugar esté en París, en sus calles que ahora también son algo mías, y en las personas que he conocido, que en un tiempo volverán a estar repartidas por España y por el mundo.

Estoy realmente agradecida por estos meses. Si alguno de vosotros, elus, está dudando sobre esto, escribidme, en serio. Estaré encantada de ayudar en lo que pueda.

Un abrazo! Nos vemos pronto.

Vida ELU

Elus por el mundo – Clara Sánchez

Por: ELU Admin

¡Hola elus!

Soy Clara Sánchez Fernández-Pedraza, elu de 4º y estudiante de Derecho en la Universidad Complutense de Madrid. Desde que era pequeña la idea de irme de Erasmus rondaba por mi cabeza y, debido a las características de mi carrera, consideré oportuno realizarlo en mi último año ya que podía estudiar las optativas más internacionales y universales de mi plan de estudios. Así, entre todos los destinos que me ofrecían, escogí Budapest, una ciudad maravillosa en la que estoy viviendo una experiencia increíble. Con muchísima ilusión, ganas y nervios llegué a mi Universidad (National University of the Public Service), y para mi sorpresa – y suerte – ¡descubrí que era la única española en toda la universidad! Así, el inglés estaba asegurado desde el minuto uno.

En cuanto a las clases, pude escoger asignaturas que me ofrecían una formación más práctica y dinámica, en las que se interactuaba mucho durante las sesiones y parte de la evaluación consistía en presentaciones de 30 minutos exponiendo el tema que hubieras investigado. Además, se fomentaban mucho las conferencias sobre temas geopolíticos de la actualidad que me han permitido conocer más el panorama internacional. Y, aparte de lo académico, el deporte era uno de los pilares de la universidad, fomentado a través de los diferentes equipos de fútbol, baloncesto, hípica, equitación… Como con las instalaciones que ponían a nuestra disposición a un precio muy económico. Sin duda, lo mejor de la universidad ha sido el grupo de internacionales que hemos hecho, compartiendo muchísimo tiempo juntos tanto en la universidad como fuera de ella. De esta manera con las clases, actividades y amigos de la universidad he vivido en un ambiente internacional al completo.

Así, cuando llegaba a mi piso en el centro de Budapest, que compartía con tres españolas y una andorrana, me sentía como en casa. Cinco chicas, completas desconocidas al principio, y que a lo largo de los cuatro meses viviendo, compartiendo y creciendo juntas, la amistad ha venido sola. Cada una con nuestra personalidad y dando lo mejor de nosotras para generar un buen ambiente de confianza y generosidad. ¡Hasta hacíamos compra conjunta y compartíamos la comida! Lo más parecido a una familia que te puedes encontrar de Erasmus. Y, además, ha sido con ellas con quien he viajado durante estos meses.

Porque aparte de lo que os contamos hace un tiempo Blanca, Jorge y yo en la Newsletter sobre el transporte, la gastronomía y la gente de Budapest, otra de las maravillas de esta ciudad es su ubicación en Europa. Viena, Bratislava, Cracovia, Serbia y Praga son ciudades que he tenido la suerte de conocer en estos meses y que me han hecho empaparme de su historia y, principalmente, de los acontecimientos de la Segunda Guerra Mundial, con los estragos que causaron el nacismo y comunismo en ellas, como nunca antes lo había hecho. Es impactante ver cómo en todas ellas hay un free tour sobre “El barrio judío y la Segunda Guerra mundial” en los que te cuenta cómo se vivió aquello en estos países y cuánto ha marcado a la sociedad y a su gente.

Escribiendo estas líneas todavía me queda un mes más para terminar esta gran experiencia. No obstante, a día de hoy soy consciente de cuánto he aprendido, vivido y conocido durante estos meses. Vivir fuera de casa, en el extranjero, con otro idioma y cultura completamente diferentes a la tuya, te presenta situaciones que, más o menos agradables, tienes que hacer frente y, sin duda, te ayudan a crecer, ser consciente y valorar cuánto cuestan las cosas, la actitud con la que lo quieres vivir, saber lo que merece la pena y dedicarle el tiempo que necesita.

Y, sobre todo, me reafirma aún más un lema que es de esta casa, y es que “La felicidad sólo es real cuando es compartida” y en mi caso no habría sido así de no haber tenido a las personas con quienes lo he vivido y con quienes he compartido mi experiencia al volver a España.

Os animo a todos los que podáis, de decir que sí a la oportunidad de hacer un Erasmus y vivir así una de las mejores experiencias de vuestras vidas. ¡Nos vemos pronto!

Un abrazo,

Clara

Vida ELU

Elus por el Mundo – Santi Bercedo

Por: ELU Admin

¡Hola a todos!

Soy Santiago Bercedo alumno de 4º de la Escuela de Liderazgo Universitario y estudio un doble grado de Ingeniería Industrial y Administración y Dirección de Empresas, en I.C.A.I.

El año pasado se me presentó la oportunidad de aplicar para cursar el último año de ingeniería en un país extranjero y desde septiembre estoy viviendo en Estados Unidos, concretamente en Minnesota, el estado de los 10.000 lagos.

La vida en un campus americano.
Estoy estudiando en la University of Minnesota, cuyo campus cuenta con aproximadamente 51.000 estudiantes y se encuentra repartido por dos ciudades, las Twin Cities o, mejor dicho, las ciudades gemelas: Minneapolis y Saint Paul, divididas por el río Misisipi. El hecho de que la Universidad sea tan grande permite albergar grandes laboratorios y recursos enfocados en la investigación y de los cuales he podido hacer uso en alguna asignatura.

En cuanto a la gente, sobre todo las primeras semanas, Vicente (otro compañero de I.C.A.I.) y yo, nos rodeamos del resto de alumnos internacionales por tener la misma sed de conocer y descubrir todo lo nuevo que se nos presentaba por delante. Hemos conocido a gente de todos los rincones del mundo: de China, Australia, Alemania, Suecia, Inglaterra, Colombia, Francia o Noruega, además de otros muchos españoles.

Después, durante los primeros días recorriendo las calles de Minneapolis, nos quedábamos sorprendidos de que todo el mundo nos sonriera al cruzarnos con ellos. Y es que aquí, en Minnesota, hay una expresión conocida como Minnesota Nice, entendida como que la gente tiende a ser inusualmente cortés con los desconocidos.

Así que no tardamos mucho tiempo en hacernos nuevos amigos americanos y descubrir la verdadera cultura desde el “interior”. España gusta, y gusta mucho. Cada vez que digo que soy de España la gente se queda impresionada y empezamos a hablar de Madrid o Barcelona y, como no podría ser de otra manera, del fútbol español. El caso es que no tardamos en empezar a ir a los partidos de fútbol americano o hockey sobre hielo de la universidad. ¡Menudo ambiente! Los estudiantes de Minnesota nos llamamos los Gophers y a los equipos deportivos Minnesota Golden Gophers. El estadio de fútbol americano tiene una capacidad de 51.000 personas y todos los allí presentes (antiguos alumnos, padres y actuales estudiantes) animan al grito de Go Gophers!

La universidad también cuenta con su frat row, con sus fraternidades y hermandades, pero eso ya es otra historia. Lo que especialmente me gusta de esta universidad es que puedes intercalar vida de campus con vida de ciudad, teniendo Minneapolis y Saint Paul a tan solo unos minutos en trasporte público.

El frío no nos para.
El frío era una de mis grandes preocupaciones antes de venir a este estado. La universidad cuenta con pasadizos subterráneos, el gopher way, para conectar los diferentes edificios y no tener que salir a la calle. Además, en Minneapolis existe el skyway system que se podría definir como pasarelas climatizadas entre los grandes rascacielos para recorrer el centro urbano sin tener que salir a la calle.

Yo ya he llegado a experimentar lo que supone una sensación térmica de -20ºC. Pero pensé que iba a ser mucho peor; buen abrigo, buenas botas y para delante. También os diré que me han dicho que lo peor todavía está por llegar, será en el mes de enero donde, según los locales, “no podrás a salir a la calle con el pelo mojado porque por las bajas temperaturas se te congelará y te lo podrás cortar con la mano.”

El intercambio da para mucho.
Durante mi estancia aquí he tenido la suerte de recorrer algunas de las grandes ciudades de Estados Unidos como Nueva York, Chicago o Los Ángeles. Y no os voy a engañar, impresiona ver como cada estado es totalmente diferente.

Es la primera vez que “cruzo el charco” y me esta encantando poder conocer la cultura americana de primera mano. Este intercambio está siendo una experiencia única. Nueva gente, nuevos sitios, nuevo estudio y sobre todo muchísimo disfrute. Ahora tocan exámenes finales, así que muchísimo animo a todos.

Aprovecho para desearos una feliz Navidad y muy felices fiestas.

¡Un saludo fuerte!

Santi.

Vida ELU

mARTEs – Los amantes

Por: ELU Admin

Seguro que muchos conocéis la obra de hoy: Los amantes, del pintor surrealista belga René Magritte (cuyo cuadro El principio del placer ya protagonizó mARTEs). Si algo amaba este artista, era provocar confusión y reflexión acerca de sus figuras: los críticos se afanaban en encontrar explicaciones que él continuamente negaba, afirmando que no pretendía alcanzar ningún significado profundo. Pero, ¿cómo no pensar que hay alguna conexión entre los motivos que repetía una y otra vez, como una máquina?

Elena Sánchez ha tenido la generosidad de compartirnos sus pensamientos. Es estudiante de tercer curso de Medicina en la Universidad Complutense de Madrid y también elu de tercero. Os invitamos a dejaros llevar por las palabras del texto:

«Dueños del mundo de la eterna prisa, de la infatigable queja, del mínimo esfuerzo, de la pertenencia obligatoria y de mi propia razón como verdad absoluta; parece como si, al igual que representa Magritte en su obra, viviéramos cubiertos por el velo de la ignorancia. Como si hubiéramos perdido la capacidad de abrazarnos con sinceridad y ya no pudiéramos entendernos a través de la mirada sincera.

Rescatar esta obra evoca el reflejo de los tiempos posmodernos en los que vivimos: marcados por el individualismo de una comunidad que no cesa su exigencia a cambio de no ofrecer nada, construido sobre falsas verdades que se consolidan a pasos agigantados, en el que todo tiene una fecha de caducidad y donde, intentando llegar y contestar a lo ‘aparentemente urgente’, nos desviamos de lo ‘realmente importante’. Parece impensable echar la vista atrás, como si quisiéramos huir del legado que nos han dejado tantas generaciones con tesón y determinación. El paso de los años y mi propia experiencia me han corroborado la importancia de vivir el día a día desde el más profundo agradecimiento. No hay mayor acto de humildad que reconocer que somos quienes somos gracias a lo que nos ha sido dado. Alejarnos de todo aquello que atrofia el corazón es un acto de valentía y de paz.

Alumbrar el sendero de todos aquellos que viven bajo ese velo de la ignorancia no es algo sencillo. Decidir ponerse en juego es un acto de generosidad infinito. Es más, tener la posibilidad de abrazar ese vértigo y acoger un nuevo mundo en cada una de las decisiones que tomamos, es la suerte de unos pocos afortunados.

¿Y cómo vivir el día a día sin dejarnos cubrir los ojos? Aspirando a lo grande, apostando fuerte y viendo el mundo con una mirada que confíe en que las cosas pueden cambiar sin las grandes dosis de burocracia mental que, a veces, atrofian el corazón con los años. La edad de los juicios críticos, inconformistas, pero no resabiados; sabiendo exprimir todos los sueños y proyectos que se abren, vírgenes, ante nosotros. Es el momento de disfrutar de los primeros frutos del trabajo bien hecho y el alivio de encontrar luz en las decisiones maduradas con mucho tiempo.

Quizá el secreto esté en agarrarse al presente, por si un día tenemos que prescindir de ello. O, de mirar el regalo que es vivir desde los ojos del anhelo por si, algún día, como “Los amantes”, no somos capaces de verlo».

Vida ELU

Elus por el Mundo – Pablo Espinosa

Por: ELU Admin

Querida comunidad ELU:

Os escribe Pablo Espinosa, alumno de cuarto curso de la Escuela. Aunque soy estudiante de tercero de Ingeniería Industrial en la Universidad Carlos III, este año tengo la suerte de poder disfrutar del programa Erasmus en Suiza. Aunque os podría concretar mi experiencia en la ciudad donde está mi universidad, Brugg-Windisch, al ser pequeña y estar un poco en tierra de nadie os contaré mi experiencia de intercambio en toda Suiza en general, ya que tengo la suerte de estar en país relativamente pequeño en el que todo me queda a un paseo en tren como mucho.

Empecemos por el principio. Aunque no fuera una de mis primeras opciones al echar mi solicitud, sabía que era una posibilidad probable por no ser muy querida como destino de Erasmus. Una vez me asignaron plaza y me decidí solo había una idea que allá donde le comentase se repetía: “te vas a un sitio caro y aburrido”. Pues bien, aunque pueda estar de acuerdo hasta cierto punto con lo primero, no puedo estar más en desacuerdo con lo segundo. Os cuento esto principalmente porque desde el primer momento que tomamos tierra un amigo de clase y yo, nos dedicamos a recopilar lo que llamamos “Las grandes mentiras de Suiza”, y como las más de treinta entradas que hemos ideado resumen bien lo que hemos vivido, usaré alguna para este trocito de Elus por el Mundo.

Mentira no.1: En Suiza hace frío
Vale, sí, sé lo que podréis estar pensando: la Confederación no tiene el clima de Córdoba un día cualquiera de primavera, pero tampoco tiene ese frío siberiano que tantos me advertían. Os estoy escribiendo ya entrado diciembre y el abrigo no ha sido realmente necesario hasta hace una semana o dos. Además de esto, quitando la temporada invernal (que lejos de ser árida, tiene su propio encanto por las grandes decoraciones de Navidad y el paisaje nevado allá donde mires) Suiza tiene un clima suave y agradable el resto del año que te permite hacer una infinidad de planes al aire libre.

Mentira no.4: Suiza es caro
Decididamente no me he ido de intercambio a un país donde la vida sea asequible para cualquiera, pero con la mentalidad apropiada de estudiante de Erasmus, uno se puede organizar para no gastar mucho. Sabiendo a qué supermercados ir, como Lidl o Aldi, dónde comprar cosas básicas a buen precio, los sitios en los que tomarse algo no suponga un agujero en la cartera, y el cómo moverse en transporte con abonos más que rentables, la vida se vuelve mucho más asumible y parecida a lo que uno se encuentra en otros destinos Erasmus popular como Francia o Italia. Además, un extra a tener en cuenta es que el estado suizo (no la UE) te proporciona una ayuda mucho más generosa, además de otros descuentos y facilidades para salir adelante.

Mentira no.12: En Suiza se trabaja mucho
Aquí tengo que romper una baza en favor de nuestra tierra, y es que a pesar de la fama que tenemos de perezosos y vagos, y la buena fama que tienen los países germanófonos en cuanto a diligencia y trabajo, en este país la gente se toma la vida con mucha filosofía. La administración pública aunque eficaz, no siempre es rápida. Ésta tiene unos horarios muy escuetos donde encontrar ayuda fuera de ellos o por un canal distinto a ‘en persona’ es cercano a imposible.

Mentira no.16: En Suiza con el inglés te basta
Aunque esto es verdad si solo te mueves por las grandes ciudades como Zúrich, Ginebra o Basilea, la realidad es que fuera de ellas no es tan común que la gente hable bien inglés. Al ser un país con cuatro lenguas oficiales (alemán, francés, italiano y romanche), tienes más posibilidades de encontrar alguna que sepas con la que puedas apañártelas. Aun así, en función del cantón (región) en el que te encuentres uno u otro será la oficial y la mayormente hablada, así que conviene saberse un buen puñado de básicos de cada uno para poder pedir un café o ir a comprar a un supermercado.

Más allá de lo que os he comentado, que es un poco crítica doble al prejuicio a veces excesivamente generoso y otras injustamente peyorativo que tenemos los españoles hacia Suiza, mi experiencia aquí está siendo sobresaliente. La gente es muy amable y atenta, donde te sorprende una mezcolanza entre la practicidad y rectitud germana y la cercanía y extroversión propia de italos y galos. Este crisol cultural europeo es apreciable en cualquiera de sus ciudades, pero os recomiendo verla con vuestros propios ojos visitando las distintas regiones que lo conforman, donde seguro que disfrutaréis mucho y acabará por encantaros tanto como a mí. En definitiva, para que veáis hasta qué punto es tal mi satisfacción con este intercambio, que al principio solo me iba a quedar un cuatrimestre, pero tras verme tan a gusto, decidí solicitar una prórroga que me concedieron sin problema alguno.

Este es un país muy bueno para un estudiante equilibrado, que quiera disfrutar de una infinidad de planes distintos (desde fiesta y ocio nocturno hasta senderismo, esquí y otras actividades al aire libre) y viajes variados (moverse por Europa es realmente barato y rápido desde aquí), pero que también quiera recibir un buen complemento a su educación y formación. Esta última aquí destaca por su sencillez y lo asequible que es, pero sobre todo por el gran énfasis en lo práctico que le ponen desde el principio. Ya sea desde la propia universidad o en conjunción con ella, avanzar y dar los primeros pasos en la vida profesional es tremendamente sencillo, donde verte colaborando con
empresas prestigiosas de distintos sectores es la norma.. Por lo tanto es un gran destino, completo en muchos aspectos y que sin duda dejará una buena señal en ti, como experiencia de vida, y en tu expediente como experiencia universitaria que es.

A pesar de que lo recomiendo a cualquiera que lo esté considerando (e incluso si no está en su radar) sobre todo creo que es ideal para personas que estudien carreras más prácticas, en el ámbito de la ingeniería y empresa, por lo previamente mencionado. Con estas palabras me despido, espero que os haya gustado y esta entrada haya servido para que podáis ver con otros ojos a este gran y bello país.

Vida ELU

Elus por el Mundo – Jaime Osorio

Por: ELU Admin

¡Hola a todos! Aquí Jaime Osorio, desde La Haya, Países Bajos. Este es mi último año de uni, pues estoy en 5º de Derecho y Relaciones Internacionales en la UFV y 4º de ELU. Si ya de por sí iba a ser un año “divertido” con prácticas, dos TFGs y el TFELU, ¿por qué no meter un Erasmus entre medias? Por supuesto que esta no era la idea que tenía al principio (pretendía haber venido aquí hace dos años), pero sinceramente creo que está siendo un buen momento para vivir esta experiencia.

Han pasado ya más de tres meses desde que aterricé en esta ciudad. Venía con miedos, dudas e inseguridades, pero también con ganas de cambiar de aires y demostrarme que podía desenvolverme perfectamente alejado de las comodidades de Madrid. Afortunadamente, ya a estas alturas puedo comprobar las numerosas ocasiones en las que me he puesto en juego y las mejoras que he conseguido a nivel personal.

¿Cómo es la vida aquí? Pues resido en un edificio de estudiantes, tengo mi propia habitación y comparto cocina y baño con David (República Checa), Ángel (Barcelona) y Klaudius (Alemania). Es una suerte tener unos compañeros con los que sentirte cómodo y considerarles amigos, pues la convivencia es mucho más fácil. Por no hablar de lo increíble que es tener a tus mejores amigos de aquí dos/tres pisos arriba o abajo; nos podemos ver tanto que parecemos una familia.

Por continuar escribiendo sobre los habitantes de La Haya, me sorprendió la enorme cantidad de españoles (e hispanohablantes) que han venido aquí. No me avergüenza reconocer que mi grupo más cercano está compuesto mayoritariamente por madrileños, pero son personas que la vida pone por delante y a las que probablemente no habría conocido si no hubiera venido aquí.

Sin embargo, quiero destacar que La Haya es una ciudad increíblemente internacional (yendo a misa, por ejemplo, me percaté de que habría más de veinte nacionalidades distintas allí presentes), y gracias a ello he ganado soltura tanto para hablar en inglés como para cambiar rápidamente de este idioma al español y viceversa en una misma conversación. No pocas veces nos hemos juntado con nuestros amigos alemanes para visitar algún lugar, montar una fiesta, jugar a las cartas o al póker… y también me vienen a la cabeza todas las personas que he conocido por compartir clase, facultad, deportes o amistades.

Respecto de la uni (The Hague University of Applied Sciences), esta es un ejemplo más de la multiculturalidad de la ciudad. Hay un sinfín de asignaturas (la mayoría de 15 créditos, por tanto, como dos o tres de España) en inglés y están enseñadas de una manera mucho más práctica que en España, algo que se agradece como estudiante de Derecho. Destaco especialmente la asignatura que he cursado de Unión Europea, donde he realizado desde un podcast simulado hasta una infografía, haciendo también las veces de abogado en cuestiones de ciudadanía europea. Esto, junto con dos trabajos más académicos y sin necesidad de un examen, me ha permitido comprender por fin cómo colaboran entre sí la Comisión, el Parlamento y el Consejo.

Además, la universidad tiene actividades prácticamente todos los días, y a los estudiantes de Erasmus nos trataron muy bien desde el principio. Por ejemplo, la asociación de estudiantes de Derecho nos explicó cómo hay que redactar y citar los trabajos aquí, lo cual fue de gran utilidad. También nos llevaron a conocer la ciudad de Delft, y gracias al departamento de deportes he podido jugar al bádminton o al ultimate frisbee (juego por equipos en el que hay que pasarse el frisbee sin que lo intercepten). Tampoco me olvido de la feria de prácticas, el torneo de FIFA y otros videojuegos o la proyección de películas como Grease. En definitiva, estudio en una universidad enorme y dinámica, y encima vivo a cinco minutos de ella.

Erasmus es, asimismo, tiempo de viajar y conocer (a poder ser como peregrino y no como turista, según las palabras de Juan Serrano). Si dentro de La Haya visité el Mauritshuis con el archiconocido conocido cuadro de La joven de la perla, por un precio reducido me he podido acercar a otras ciudades como Ámsterdam, Leiden o Róterdam, tierra de Erasmo. Y fuera de Países Bajos, disfruté muchísimo caminando por Budapest (donde me encontré con Clara, de 4º de ELU) y estaré disfrutando cuando se publiquen estas líneas (saludos desde Cracovia, Polonia). Precisamente volviendo de Budapest, me sorprendí experimentando la sensación de que estaba retornando a mi “casa”, una habitación de un edificio gigante de La Haya. Si esto me lo dicen hace no tanto tiempo… vamos, ni me lo imaginaba.

Pero sí, La Haya es mi casa. Una ciudad tranquila de un país más acogedor de lo que pensaba, con sus molinos, canales, bicicletas y habitantes en su mayoría angloparlantes (asignatura todavía un poco pendiente en España). En ella sigo viviendo una experiencia que supone un cierto alto en el camino, en la que me sorprendo exponiéndome en situaciones en las que antes no me atrevía y que por supuesto me hace valorar con cariño todo lo bueno que tiene mi país de origen. Animo a todo aquel que pueda a sumergirse en esta experiencia pero, como ya hemos aprendido, se puede admirar y buscar bien, verdad y belleza en los rincones más insospechados.
Un abrazo, ¡y a seguir viviendo!

Vida ELU

Elus por el Mundo – Nacho Artero

Por: ELU Admin

Querida comunidad ELU, soy Nacho Artero, alumno de 4º de la Escuela de Liderazgo y de Derecho y Business Analytics en la Universidad Pontificia de Comillas, ICADE. Hasta diciembre estoy viviendo una experiencia hasta ahora inolvidable: poder realizar mi Erasmus en Roma.

Visto que el anterior Elus por el Mundo versa también sobre la Ciudad Eterna, y que Alberto hace de la experiencia de vivir en ella una descripción magnífica, en esta columna me centraré en lo práctico.

En primer lugar, conviene destacar que el Erasmus, antes que nada, es una experiencia académica. Este dato de no menor importancia parece perderse entre tantas otras vivencias, pero conviene no olvidarlo del todo. Mi universidad aquí es la LUISS Guido Carli, una prestigiosa institución privada de muy difícil acceso para los romanos y con tres campuses repartidos por la ciudad y que consisten en amplios palacetes con jardines. Durante mi estancia en Roma estoy cursando Derecho, y debo confesar que estoy fascinado con el plan de estudios de esta universidad: los profesores son excelentes y las asignaturas que he podido elegir, muy interesantes.

Además de la LUISS, que no es de las universidades más concurridas, los Erasmus estudian en otros muchos centros. De entre ellos destaca la Universidad de La Sapienza, una macro universidad pública situada cerca de la estación de trenes de Termini y muy prestigiosa también a nivel internacional. Si tienes la oportunidad de ir a Roma de Erasmus, lo más probable es que te toque esta institución.

En segundo lugar, me gustaría advertiros acerca de la odisea que es conseguir piso de estudiantes aquí. Mi consejo es que una vez sepáis vuestro destino, os pongáis a buscar piso inmediatamente y no confiéis en el “llego allí sin piso y busco inmobiliarias”. Eso pensaban también cientos de estudiantes españoles y muchos han tenido que volverse por falta de oferta. Los mejores portales son Spotahome y similares, y recomiendo no reservar por webs poco conocidas, ya que la cantidad de estafa de las que he oído hablar es sorprendente. Por otro lado, el alojamiento en Roma deja mucho que desear casi siempre: las casas, por mucho que puedan tener todo lo necesario para vivir en ellas, suelen ser cutres. Olvídate de tener salón, por cierto.

Por último, no puedo despedirme sin aportar un par de consejos acerca de la gastronomía romana. Os pediré un favor, no vayáis a Fortunata ni a Tonnarello. Sí, lo sé, Instagram y Tik Tok babean con estos restaurantes, pero si vais a Roma de Erasmus debéis comportaros como romanos y no como turistas. Por lo general, si escucháis hablar inglés entre los clientes del local, suele ser un “tourist trap”. Con una excepción: el magnífico Da Enzo al 29, custodio de la mejor carbonara de Roma según dicen. Tendrás que hacer un poco de cola en la calle pero merece la pena. Asimismo, te recomiendo que vayas a Baffeto para probar una auténtica pizza romana.

Roma es inagotable y de ahí su encanto. Si vienes, déjate llevar por sus calles y ¡deja el reloj en casa!

Vida ELU

Elus por el Mundo – Alberto Pradas

Por: ELU Admin

¡Hola a todos! Soy Alberto Pradas, alumno de 4º curso de la ELU y de 5º en Derecho y Relaciones Internacionales en la UFV. Durante estos meses estoy viviendo una experiencia increíble en mi último año académico, tanto de universidad como de la ELU, disfrutando un Erasmus en Roma, Italia.

Mucho se ha escrito sobre la Ciudad Eterna, y no voy a ser el primero que lo haga en esta newsletter, pero como un gran historiador alemán del siglo XIX dijo, “en Roma se encuentra lo que uno lleva consigo”. Y eso hace que cada una de las personas que pasen por ella se sientan interpeladas de una manera única y especial. ¿Qué significa Roma para mí? Roma es hermosa y descuidada, ilustrada y disoluta, de los césares y de los papas, milenaria y cosmopolita. Como decía antes, cada uno de nosotros llevamos una Roma singular en nuestro corazón.

Pero vivir una experiencia plenamente internacional no siempre puede ser fácil en esta ciudad. A cada pocos pasos que des en la calle escucharás a alguien hablando español, y si algo tenemos en común italianos y españoles es que, allá a donde vamos, tendemos a ser conformistas y cerrarnos en nuestro grupo hispanohablante. Esto se hace particularmente evidente en lo que al ocio nocturno se refiere: se sale a las fiestas de los españoles donde suena reggaeton o a las internacionales con música comercial. Cuál de las dos es mejor ni se discute.

Un día bromeaba con un amigo diciendo que una “iglesia de barrio” de las docenas que tiene Roma sería considerada catedral en cualquier otra ciudad. En estos meses he aprendido a disfrutar las tardes de visitar Caravaggios, los atardeceres en el Giardino degli Aranci, deambular por los Museos Capitolinos, fantasear con la historia que se vivió en los foros imperiales, a perderme entre las calles estrechas y desembocar en un monumento impresionante.

Viajar dentro de Italia en tren o autobús tiene un coste muy económico, lo que sumado al precio reducido en museos públicos que disfrutan los menores de 25 años, anima a que los estudiantes de Erasmus puedan moverse y conocer la inmensa riqueza cultural del país. Por ello, es común que los estudiantes que se encuentran en Italia prioricen desplazarse dentro de ésta en lugar de viajar a otros países europeos, porque Italia es mucho más que Roma o Milán: es también el sueño renacentista de Florencia, el patrimonio cultural árabo-bizantino de Palermo, las ruinas silenciosas de Pompeya, el viaje al medievo en Siena, los pueblos blancos de pescadores en la región de Apulia.

El Erasmus me ha permitido revivir lo que en los siglos XVIII y XIX se conocía como el Grand Tour. El “viaje continental” atraía a jóvenes aristócratas e intelectuales europeos a recorrer Europa y llegar hasta Italia, movidos por conocer la cultura grecorromana y las obras de arte renacentistas y barrocas. Para los “grandtouristas” que emprendieron este viaje se consideraba una especie de iniciación fundamental para acceder a la vida adulta y descubrir los orígenes de la civilización europea. ¿No os recuerda un poco a Becas Europa?

Ahora que escribo habiendo superado el ecuador del Erasmus me siento profundamente agradecido porque Roma sea mi hogar durante estos meses. Roma ha reanimado en mí el sentido del asombro, y lo ha hecho de la mano de unos amigos junto a los que he podido descubrir y compartir la alegría de esta aventura. Más allá de haber despertado la sensibilidad para sorprenderse y preguntarse, este viaje compartido me ha permitido descubrir lo valioso y bello que late en cada uno de nosotros, pero que muchas veces no somos pacientes ni estamos interesados en descubrirlo. Me gusta llamar a estas experiencias “recordatorios”, porque creo que existen en todas las personas, pero que hasta que alguien o algo no los desadormece, permanecen pasivos e indiferentes en nuestro interior. Y conviene que nos recuerden las cosas a diario.

Hay una sensación extraña que me acompaña desde el primer día que llegué a la ciudad. Me siento turista a la vez que nativo de Roma. Camino embelesado entre sus maravillas, como si fuera la primera vez que las contemplo, a la par que con orgullo las aprecio como propias, como si me sintiera en casa. Quizá de esta sensación nazca el adagio que reza que todos los caminos llevan a Roma.

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Elus por el mundo – Carmen Godoy

Por: ELU Admin

Hola, otra vez. Soy Carmen Godoy, de cuarto de la ELU y quinto de Derecho y Ciencias Políticas, y aunque me presente más o menos igual que la última vez que me pasé por ELUS por el Mundo, no puedo decir que sea la misma persona que entonces.

A unos 6255 km de distancia, os saludo desde Washington and Jefferson College, el que es mi nuevo hogar desde el pasado agosto. Ojalá tuviera la habilidad de haceros entender con solo palabras lo feliz que me siento aquí. No se parece a nada que haya vivido antes, y, sin embargo, está siendo una experiencia que me está ayudando a recordar, pararme un segundo en mitad del perfecto caos que es mi vida aquí y sentirme orgullosa del camino recorrido.

Este es mi último año de universidad, una experiencia que he vivido a vuestro lado y que ha exprimido lo peor y mejor en mí para hacerme la Carmen del hoy.

Si me hubierais preguntado hace cinco años donde me vería a día de hoy, habría dicho que aquí, porque los que me conocen saben que soy de estas personas con la vida planificada desde que tuvieron uso de razón (y acceso a calendarios de google). Sin embargo, lo que nunca me habría imaginado es lo dura, intensa y bonita que iba ser la travesía y lo plena que me siento en esta pequeña universidad al oeste de Pennsylvania.


Todos los estudiantes de W&J vivimos en diferentes residencias en un acogedor campus, a media hora de Pittsburgh, con edificios históricos y un encuadre realmente de película (de hecho ha sido protagonista en la serie de Netflix; “la Directora” por si queréis echarle un vistazo). Es un campus pequeño al tratarse de una universidad privada, pero sus más de 50 clubs y departamento atlético ofrecen la oportunidad perfecta para que cualquier persona encuentre el complemento ideal a sus estudios. Una de las cosas que más me ha llamado la atención en este país es la habilidad de los estudiantes de compaginar una carga de trabajo académico diaria mucho más exigente que a la que estamos acostumbrados en España, una vida paralela como atleta semiprofesional y, aun así, encontrar tiempo y energía para desarrollar alguno de sus hobbies en los diferentes club, formar parte de una sororidad o fraternidad y tener una vida social activa. En esta universidad a veces da la sensación de que el día tiene más de 24 horas y, sin embargo, todo el mundo tiene tiempo para saludarte, interesarse por ti, tu cultura y hacerte sentir como en casa. Aquí me he rodeado de personas que no están dispuestas a pasar por la universidad de puntillas, que buscan dejar una huella en su comunidad y que definitivamente deberían considerar dormir un par de horas más al día.

Es mi segundo año académico en este país, pero la diferencia entre las aulas de un instituto y las de una universidad privada es abismal. Mis amigos aquí, la mayoría con becas deportivas, son auténticos privilegiados de un sistema que no impulsa a los jóvenes estadounidenses a recibir una educación superior. La mayoría es consciente de estos privilegios y trabajan duro para mantenerlos, lo cual no es fácil y los somete a una presión que, como beneficiaria de un sistema de educación universitaria público, me sorprende. De hecho, me impactó tanto que he decidido probar ese tipo de vida en primera persona. Durante estos meses me he visto crecer, dar más de lo que pensaba que podría dar, física y mentalmente. Mis días empiezan a las 6’30 de la mañana en el que las risas con mis compañeras de Lacrosse en el gimnasio hacen que me olvide momentáneamente de las agujetas de la noche anterior. Siguen con un desayuno de equipo y clases (de asistencia obligatoria) de entre 5 y 15 alumnos que me exponen a un debate multicultural sobre temas de los que jamás me imaginaría hablando en un aula, con profesores interesados en lo que tengo que decir y en las que estoy desarrollando habilidades que ni era consciente que necesitaba. Luego llega el momento de sacar mi yo creativo en el coro o de mis sesiones de estudio y charlas con Niouma (Francia) en una de las mesas a la sombra de los árboles que, camaleónicos, van cambiando de tonalidades para conjuntarse con la estación entrante. A las 6 de la tarde los lunes, miércoles y viernes me convierto en cheerleader, y los martes, jueves y sábados cambio los pompones por la equipación de Lacrosse y doy lo mejor de mi en cada entrenamiento. A las 10 de la noche llego a CASA, donde siempre hago una parada obligatoria en el tercer piso para ver a Noa (Países Bajos), Juliette (Francia), Harriet (Ghana), Emiru (Japón), Franka (Alemania) y Julia (España), mi pequeña familia internacional, ponernos al día y planear nuestros findes porque si, a pesar de mi no demasiado flexible horario, siempre hay tiempo para disfrutar de viajes y excursiones juntas.

Por último, llego a mi cuarto agotada, pero feliz, en el que Lou (Francia), mi roommate, siempre me espera con el abrazo que necesito. Jueves de pub, viernes de Feel Good Friday, sábados de football, animadoras y fraternidades o de partido de béisbol y explorar Pittsburgh con Jackson, domingos de tour por las Iglesias de la zona con la asociación cristiana y prácticas en el Partido Democrático, y celebrar cada festividad (literalmente todas las que os podáis imaginar) a lo grande.

En esta universidad hay algo para todos y yo he decidido que decir SI iba a ser mi personalidad durante mis meses aquí. No es fácil jugar a estar en todos lados al mismo tiempo, pero en W&J he recordado que no se VIVE con mayúsculas desde la cama viendo Netflix, sino dibujandote cada mañana una sonrisa y saliendo de casa dispuesto a ser tu mejor versión.

En 2017, cuando me fui de este país tras mi año en un instituto en Oregón, me prometí que me llevaría conmigo a España las ganas de SER y ESTAR PRESENTE, de ponerme siempre al límite y no ponerme límites, de vivir en COMUNIDAD y de aprovechar cada oportunidad que la vida me pusiera en el camino. En una semana vuelo a Oregón a visitar el que hace tiempo fue mi hogar. Probablemente todo siga casi igual, pero estoy segura de que, 6 años después, veré todo distinto. Y eso es lo que, después de esta experiencia en W&J, me llevaré en la maleta y el corazón de vuelta a casa este diciembre: la inspiración, las ganas, el espíritu y el recuerdo de de dónde vengo con la ilusión y el corazón puesto en aquello que vendrá.

Vida ELU

Elus por el Mundo – Clara Sánchez, Blanca Lirio y Jorge Úbeda

Por: ELU Admin

¡Hola, elus!

Somos Blanca Lirio, Clara Sánchez y Jorge Úbeda: una veterana y dos alumnos de 4º de ELU, respectivamente, que estamos cursando un cuatrimestre universitario en Budapest, Hungría, y queríamos contaros un poco lo que está siendo nuestra experiencia aquí.

Cuando llegamos, a finales de agosto, la ciudad aún acogía muchos turistas que aprovechaban los últimos días de verano para visitar la ciudad. Y nosotros, recién llegados, nos sentíamos un poco como ellos; “de paso”: ninguno asimilábamos mucho que esta se iba a convertir en nuestra casa durante los siguientes cinco meses.

Poco a poco, nos hemos ido instalando, y hemos descubierto una ciudad que tiene un sinfín de cosas para hacer y visitar. Y, es que, dividida por el río Danubio en dos partes, Buda y Pest; Budapest es una de las ciudades con más ambiente nocturno, y planes día a día que hemos conocido: tiene desde islas convertidas en parques, hasta castillos de lo que fue el gran Imperio Austro-Húngaro; pasando por el parlamento más grande de toda Europa, y los “ruins-bars” más icónicos de la zona.

Sin embargo, es una ciudad que no necesita de grandes planes para disfrutarla; pues, por ejemplo, pasear por la ciudad es una experiencia genial, que, aprovechando el buen tiempo que está haciendo ahora; (el invierno en Budapest puede alcanzar los -10º C) a todos nos encanta hacer.

En lo que respecta a la universidad, estamos teniendo experiencias algo distintas. Cuando quedamos para hablar de cómo vivimos los retos académicos, a dos de nosotros nos pareció que había que estudiar más de lo esperado, mientras que hubo un “voto particular” en el que se opinó que la vida académica para un Erasmus en Budapest es más bien relajada. Suponemos que depende mucho de la universidad a la que vayas.

Sobre las amistades internacionales, nos parece muy curiosa la forma en la que los españoles nos relacionamos de Erasmus. Tras estar aquí un mes y medio, nos hemos dado cuenta de que los estudiantes españoles somos los únicos que, por regla general, no hacen piña con los alumnos del resto de países. Así, está el grupo de italianos, franceses, alemanes, etc. y, por otro lado, el grupo de españoles. Lo hemos estado hablando con amigos que están o han estado de Erasmus en otros países, y pasa lo mismo en todos los destinos. Salvo honrosas excepciones, somos mucho más gregarios de lo que en un primer momento se pueda pensar. Culturalmente somos gente simpática y abierta, pero en el Erasmus nos acomodamos. No nos complicamos mucho la vida.

Después de charlar un rato, caímos en la cuenta de que podía ser por tener que hablar en inglés. Ya no es que ser sociable en un idioma que no es el tuyo requiera un esfuerzo extra, que también, sino que, además, nos da corte hablar en inglés delante de nuestros propios compañeros españoles. Es muy difícil mezclar grupos y que nazcan verdaderas amistades porque nos ponemos a hablar entre nosotros en castellano a la menor oportunidad. Sería buenísimo que nos quitáramos ese complejo de encima porque nos estamos perdiendo a mucha gente estupenda.

Por otro lado, en un primer contacto con los autóctonos te puede sorprender la diferencia de comportamiento que tienen dependiendo del grupo generacional en el que se encuentren. Si tienes cualquier duda o necesitas ayuda en la calle, la gente joven es muy abierta y está dispuesta a ayudarte en lo que necesites; los de mediana edad lo harán también, pero si después de intentarlo no consiguen entenderte, seguirán su camino sin dedicar más atención. En cambio, los mayores tendrán una actitud distante y fría desde el principio, sin posibilidad de entablar contacto con ellos. Es importante entender que esto es reflejo de los tiempos que han tenido que vivir, puesto que la etapa comunista en este país no acabó hace mucho y marcó fuertemente a la sociedad en un clima de desconfianza y discreción extrema. También nos ha sorprendido la cantidad de “homeless” que puedes encontrar en las calles, tanto si es una avenida principal como una más secundaria. No obstante, la ciudad es muy segura, tanto de día como de noche hay mucha gente y el ambiente de la ciudad te hace sentir rápido como en casa.

Una de las mayores joyas que tiene Budapest es su transporte público. Tranvía, metro, bus, trolebús, conectan prácticamente todos los puntos de la ciudad permitiéndote ir, de una manera muy intuitiva y rápida, a cualquier parte. Aunque si tienes la oportunidad y las ganas, te recomendamos alquilar una bici y recorrer las calles de Budapest con ella. Desde el Puente de la Libertad, cualquier mirador o incluso a orillas del Danubio puedes disfrutar de un atardecer espectacular y deslumbrarte con la iluminación de la ciudad de noche. Tampoco te puedes ir sin probar el famoso Goulash, una sopa densa con trozos de ternera, verduras y paprika (también muy popular aquí) o el Langos, pan frito caliente al que le puedes añadir diferentes ingredientes como queso, jamón, nata, etc. y que está delicioso.

Nosotros sólo llevamos un mes y medio aquí y ya estamos enamorados de la ciudad. Sabemos que todavía tenemos muchas cosas por descubrir y vivir durante los próximos meses, y esperamos seguir creciendo personalmente como lo estamos haciendo con esta gran experiencia.

¡Un abrazo a todos y nos vemos pronto!

ELUMNI

¿Dónde están los Elumnis?

Por: ELU Admin

¿Sabías que hay Elumnis en todos los continentes de la tierra? Desde los rascacielos de Nueva York hasta una aldea de Benín, sin dejar pasar las principales capitales europeas.  ¿Quizás alguno vive donde estás estudiando ahora mismo? Descubre en estos mapas de #Elumniporelmundo dónde puedes encontrar a los Antiguos Alumnos de la Escuela de Liderazgo de Universitario.

Vida ELU

Elus por el Mundo – Inma Arrebola

Por: ELU Admin

¡Hola a mis queridísimos elus!

Soy Inmaculada, de 4º curso, y estudio Medicina en Córdoba. Este año he tenido la inmensa suerte de haber pasado el mes de agosto haciendo prácticas hospitalarias en Polonia con IFMSA, la Federación Internacional de Asociaciones de Estudiantes de Medicina. Allí estuve en Lublin, una ciudad de tamaño medio situada al sureste y cercana a Ucrania. 

Cuando a finales de junio me adjudicaron la ciudad me sorprendió mucho, pues ni siquiera estaba entre mis prioridades, pero al final donde realmente puedes impregnarte de la cultura y vivirla más en profundidad es en una ciudad no tan grande ni tan cosmopolita como una capital. Así que me puse en marcha repleta de ilusión y el 2 de agosto llegué a Lublin. Era la primera vez que estaba fuera de mi casa tanto tiempo y sin ser un viaje organizado como tal, así que me invadía la incertidumbre, tanto por cómo sería vivir la cultura polaca como por ver cómo me desenvolvería.

Una vez allí, mi contact person, Julia, me enseñó la residencia de estudiantes donde me alojaría, y me presentó al resto de estudiantes que venían de otras partes del mundo también con IFMSA. Estábamos 14 estudiantes de diferentes nacionalidades: tenía compañeros de Indonesia, Pakistán, Marruecos, Croacia, Rumanía, Portugal, Italia, Egipto, Turquía, Albania y la India. Yo era la única española, y compartía habitación con Goesfen, de Egipto, y Aleksandra y Alicja, otras dos chicas polacas que estaban de apoyo parte de la asociación. Desde el primer día la convivencia fue muy curiosa, y en ocasiones todo un reto, pero ha sido una de las mejores cosas que me han pasado en esta experiencia. Cada día conversábamos acerca de nuestras culturas, tradiciones y religiones, y nos maravillábamos al discutir las similitudes inesperadamente encontradas entre tantas diferencias. Ha sido precioso experimentar el entendimiento, el apoyo, el respeto y la amistad que hemos cultivado a pesar de tener orígenes y circunstancias vitales diferentes. Vivir el significado de la palabra tolerancia ha hecho que adquiera sentido nuevo en mi vida y que me sienta increíblemente afortunada por ello.

En cuanto a mis prácticas, yo roté en el Hospital Clínico nº4, donde pasé dos semanas en Cirugía Torácica y otras dos en Neumología. Mis tutores fueron muy amables, y en todo momento me explicaban y traducían todo, además de dejarme hacer exploraciones a los pacientes. Tuve la oportunidad de rotar por Oncología, consultas externas de asma y pruebas diagnósticas, por lo que he podido adquirir competencias de numerosos ámbitos relacionados con la salud del pulmón, y ha sido muy enriquecedor. A veces sentía cierta impotencia por no poder comunicarme con los pacientes, pero he aprendido que una sonrisa con un dzi?kuj? bardzo también pueden ser sanadores.

Por otra parte, tengo que hablaros del choque cultural que me he llevado con el sistema sanitario. No creí que la sanidad fuera a variar mucho de la española, pero en cuanto llegué comprobé que tienen muchos menos medios que aquí, las infraestructuras son más antiguas, hay poco personal disponible y la atención al paciente ingresado es más escasa. Los estudiantes de ciencias de la salud solemos ser más conscientes de las carencias de nuestro sistema, pero en Polonia realmente he podido constatar lo afortunada que soy de poder estudiar en el sistema sanitario español, la gran cantidad de medios que tenemos y lo bien tratados y atendidos que están nuestros pacientes.

Tras salir de las prácticas y almorzar teníamos el resto del día libre, y los polacos de la asociación siempre nos hacían actividades para sumergirnos en la cultura, como excursiones, visitas gastronómicas, talleres de educación médica, clases de idioma… Se portaron fenomenal con nosotros, fueron muy acogedores y atentos, y han sido la pieza clave para que haya disfrutado tanto de la vida polaca. Una de las cosas que más he disfrutado ha sido la comida, a pesar de los horarios tan extraños por los que se rigen. En la región de Lubelskie no se suele comer pescado por su lejanía al mar y a los lagos (al contrario que otras partes de Polonia), entonces comían cerdo y pollo prácticamente todas las comidas. Lo suelen acompañar con ensalada de apio, pepino o remolacha (es la verdura que más comen), además de añadir gran cantidad de salsas muy cremosas y de sabor intenso. Otros platos muy típicos eran las sopas de, por ejemplo, remolacha o fermentos de pan, así como tortitas de patata, las tortitas dulces o nalesniki y los famosos pierogi.

Un aspecto que me resultó curioso y bastante coherente es que allí los cristianos no comen carne ningún viernes del año, así que en todas las cafeterías ponen menú vegetariano. En el aspecto religioso me he sentido muy acompañada y acogida, y he experimentado la Fe de una forma distinta y muy bonita.

Y sobre el polaco… ¡qué os puedo decir! Uno de los idiomas más complicados del mundo, con numerosos sonidos que no tenemos en castellano, 8 formas de pronunciar la S y letras que no tenemos en nuestro abecedario. Como curiosidad, os contaré que cuando llegué allí, pronunciaba la ciudad ?ód? como la leeríamos nosotros, y resultaba que en polaco se dice “wuch”. Yo hice lo que pude y aprendí las palabras, aunque por respeto casi siempre pedía en polaco en restaurantes y bares gracias a las frases que me chivaban nuestros amigos locales.

Una de las cosas más impactantes ha sido visitar museos de la II Guerra Mundial y saber que eso que nos contaban había ocurrido sobre el suelo que pisábamos. Me resultó bastante duro salir a pasear y caminar sobre las entradas de los guetos, y de hecho uno de los más grandes se encontraba en Lublin, junto con Majdanek, el primer campo de concentración en ser liberado por los rusos. Tuvimos la gran suerte de que uno de los chicos polacos que nos acompañaba fuera judío y siempre estuviera abierto a explicarnos sobre su religión; ¡incluso nos llevó a visitar su sinagoga! Para que os hagáis una idea de la situación, en Lublin antes de la guerra el 39% de la población era judía, y ahora solo quedan 40 judíos. También nos explicaron que debido a todo lo que habían tenido que soportar, los polacos y especialmente los judíos polacos se identificaban con el pueblo ucraniano y estaban acogiéndolos en sus casas y sus templos. Igualmente, era sorprendente que en cada lugar del país encontrabas carteles ofreciendo ayuda, y había un constante flujo de gente que llegaba a estaciones y puestos de ayuda, además de todas las familias ya asentadas. Todo el mundo se desvivía por las personas que huían de la guerra, y me ha conmocionado aprender la historia de un continente y ver tan de cerca cómo se está repitiendo.

Para mí todo el mes en Polonia ha sido un descubrimiento constante y un choque con la realidad. Ha sido, en todos los sentidos, una experiencia real. Digo esta palabra porque mientras estaba allí vi este post de RC que describía perfectamente el modo en que estaba viviendo mi experiencia, aprovechando lo que se me presentaba sin un ápice de idealización (algo ocurre frecuentemente cuando se habla de este tipo de experiencias). He exprimido al máximo una realidad nueva y emocionante, pero que en ocasiones se hacía complicada, en la que encontraba dificultades y aspectos que quizá no me gustaban tanto. Y he sido feliz viviendo eso, disfrutando la experiencia no a pesar de lo menos bueno, sino con ello. Este ha sido quizá el mayor de los numerosos aprendizajes que he podido reflexionar y que realmente me ha dado una paz indescriptible y ha hecho que mi mes allí sea maravilloso.

Muchas gracias a todos por haber leído hasta aquí y por haberme permitido compartir con vosotros esta parte tan especial de mi verano. ¡Nos vemos muy pronto! 

Vida ELU

Elus por el Mundo – Lourdes Borja y Jorge Martín

Por: ELU Admin

¡Hola!

Somos Lourdes Borja y Jorge Martín, de 4º de la ELU. Los dos somos de Sevilla, donde estudiamos Medicina, 4º y 5º respectivamente. Este curso lo hemos cursado gracias al programa Erasmus en la ciudad austriaca de Innsbruck, capital del estado de Tirol.

Innsbruck debe su nombre al río Eno, en alemán río Inn, un afluente del Danubio que discurre por Suiza, Austria y Alemania. Es una ciudad de 130.000 habitantes con gran presencia de estudiantes. Conocida internacionalmente por los deportes invernales, atrae numerosos esquiadores durante los meses de invierno. Por lo que el ambiente es joven, en las calles hay un bullicio constante y la oferta de actividades es interminable.

Su privilegiada localización en el corazón de los Alpes es ideal para los amantes de la naturaleza y la montaña. Su tamaño accesible permite desplazarse en veinte minutos desde el centro histórico hasta lo alto de la cordillera de Nordkette, nuestro lugar favorito para ver el atardecer con cervezas y amigos.

Una salida en senderismo, una ruta en bicicleta o un día de esquí son algunos de nuestros planes favoritos. Poder realizar tanta variedad de deportes no se debe solo a su excelente ubicación, el propio gobierno regional favorece que los habitantes practiquen multitud de deportes y actividades gracias a unos Forfaits de temporada a un precio muy económico. Estos incluyen la entrada a más de 90 estaciones de esquís, que se encuentran en la región del Tirol, así como acceso a teleféricos en las montañas; museos, piscinas, el museo de Swarovski (empresa originaria de un pueblo junto a Innsbruck), pistas de patinaje sobre hielo y otras instalaciones deportivas.

Bueno… pero el objetivo principal de este año era estudiar Medicina en Innsbruck… no esquiar tanto… (al menos eso le dijimos a nuestros padres antes de venirnos). Estamos en la Tirol Kliniken, hospital de referencia para todo el centro de Europa; siendo muy puntero en las áreas de traumatología, neurocirugía y medicina intensiva. A este centro acuden en helicóptero todos los accidentados practicando deportes de invierno o en la montaña de la zona.

Nos hemos dado cuenta durante este año el enfoque tan diferente que se le da a la formación médica en este país. Estábamos acostumbrados a recibir una enseñanza en su mayoría teórica, muy detallada y completa. En Innsbruck, la formación tiene una fuerte carga práctica en los años de universidad y posteriormente, en la especialización, se adquieren conocimientos más detallados. La dinámica de las prácticas en esta universidad tiene como objetivo que el alumno adquiera y domine las habilidades médicas correspondientes a cada asignatura, y para ello se basan en prácticas en pequeños grupos, el uso de simuladores y muñecos, una gran oferta de cursos, como son los de sutura, ecografía, primeros auxilios…

A principios de curso, nos costó adaptarnos a esta forma de aprender. Sumado al alemán (que en realidad es dialecto tirolés), hizo que el comienzo no fuera fácil. Sin embargo, con el paso de las semanas, fuimos notando cómo nos soltábamos e íbamos adquiriendo autonomía por los pasillos del hospital.

Una vez cumplidas nuestras obligaciones, fuera del hospital hacemos mucha vida en nuestra residencia de estudiantes. Hemos tenido la suerte de hacer muchas y muy buenas amistades. Es una ciudad que recibe multitud de alumnos Erasmus de diversas nacionalidades. En general, quienes solicitan este destino suelen ser apasionados del esquí, del senderismo, de la escalada, con muchas ganas de hacer planes y de conocer gente nueva. Además, en Innsbruck se organizan continuamente distintos eventos culturales que reúnen a la población en los sitios más emblemáticos de la ciudad. Cuando caminamos por Markplatz, el famoso spot de casitas de colores que es imagen de la ciudad, o por Maria Theresien, la calle principal, encontramos con bastante frecuencia algo diferente en la ciudad: mercadillos de invierno, exposiciones de arte, exhibiciones de skate, puestos de comida…

Sin ninguna duda, es un sitio poco conocido (mejor que siga siendo así) pero que parte de su encanto radica en ello. Animamos a todo apasionado de los deportes de invierno que el próximo viaje de esquí que planee con los amigos el destino sea Innsbruck (¡es más barato que en España!) Y en general a cualquier persona que disfrute de la combinación entre naturaleza y entorno urbano. Es una ciudad que seguro que no te deja indiferente. Y si necesitáis consejos sobre la ciudad, escribidnos!

Un abrazo muy fuerte,

Lourdes y Jorge

Vida ELU

Elus por el Mundo – Cristina Laprea

Por: ELU Admin

Se me ha hecho muy difícil escribir estas palabras en mayo, cuando estoy tan solo a un mes vista de volver a casa y despedir este año y esta ciudad que, como bien dicen, es eterna, y tira siempre para ella. Sin embargo, me hace mucha ilusión poder contaros la experiencia tan bonita e inesperada que he vivido este año, y aunque me cueste, creo que es una forma bonita de agradecer y despedir este año que ha sido nada más (y nada menos) que un regalo, y animaros, si está en vuestros planes, a emprender viajes, de cualquier tipo, que de primeras puedan resultar algo aterradores pero que, sin duda, son siempre el comienzo de algo importante (como bien hemos escuchado tantas veces).

La verdad es que ya había estado en Roma un par de veces, y siempre me había dado la impresión de que era una ciudad con aroma de cielo. Es difícil explicarlo, pero siempre había pensado que, si se me presentaba la oportunidad, viviría un tiempo en Roma antes que en ninguna otra ciudad. Me llamó bastante las veces que vine. No entendía mucho de la belleza que había, y sigo sin entender mucho, pero aún sin entenderla, me llamaba poderosamente.

Venirme en un principio fue una odisea; me faltaban todos los requisitos que pedían y no sabía cómo iba a apañármelas para conseguirlo. El Cielo se puso de mi parte y se resolvieron asuntos muy difíciles (como sacarme el first en una semana, y algunos más complicados) milagrosamente. Me vine aquí a la Universidad de la Sapienza, que es una de las más antiguas de Italia (y la más antigua de Roma, si no me equivoco), que está cerca de Piazza Bologna. Es una Universidad inmensa con gente de muchos sitios diferentes (de hecho, en algunas clases somos sólo internacionales).

Cuando llegué, me sorprendió mucho que Roma no era la Roma que yo había conocido como turista; era una Roma mucho más sucia, donde el camión de la basura pasa cada cambio de estación, ocurren algunos sucesos que pueden dar un poco de miedo, conducen, como sabéis, a su manera, los pasos de peatones son sólo sugerencias, te dicen cosas raras por la calle, te intentan timar por muchos medios, no hablaba nada de italiano, no entendía a nadie y hacía por hacerme entender, pero en sitios menos turísticos (como donde vivo), resultaba complicado, los autobuses siempre te dan platón, y, por consiguiente, tú a todo el mundo… Bueno, ya os podéis imaginar. Realmente son problemas de primer mundo, pero cuando llegas sola a una ciudad esas cosas te hacen estar en cierto estado de alarma.

Al principio, como en todos lados, hablas con mucha gente, personas de muchísimas procedencias, y conoces a una media de 20 personas nuevas cada día. Es emocionante ver como todo el mundo, cada persona, es esa persona y nada más. Yo en Madrid estaba bastante acostumbrada a etiquetar a las personas según distintos criterios. Sin embargo, por cómodo que hubiera sido, no puedo hacerlo. El “mundillo” de cada persona es tan nuevo y desconocido, que no hay forma. Ha sido un regalo. Es algo muy interesante poder descubrir a las personas según lo que son, sin ser de donde vienen, o su pueblo, o su opinión, o su rollo, o mis suposiciones. Esto ha sido para mí, muy enriquecedor.

También es un golpe de realidad muy potente verte tan pequeña en una ciudad tan grande. Irte de erasmus a una ciudad grande es muy diferente que irte a una pequeña. Aquí no hay residencias (o muy pocas), con lo cual, estar aquí se parece más a vivir aquí que a estar de Erasmus. Sentirte tan pequeña en una ciudad tan grande, como decía, te hace sentir que tienes mucho que aprender y que exprimir de lo que estás viviendo. Cada día las cosas son distintas, tienes planes nuevos y diferentes, aprendes alguna palabra nueva, alguna calle nueva, de repente te ubicas andando por calles que al principio parecían todas iguales… Vives todo con mucha novedad, con gran curiosidad y con ojos de piñón.

Es curioso, porque, en una ciudad con tanta historia, donde en cada esquina hay un secreto escondido, tienes que ir poco a poco averiguándolo. Empiezas a tirar de free tours; hay muchos datos turísticos que son muy famosos aquí y que te repiten por todos lados. Poco a poco vas contrastando fuentes y vas queriendo saber más y más.

Es brutal ir paseando con un gelato y sin quererlo encontrarte en el lugar donde Rómulo se debatió la división del territorio de las siete colinas con Remo, después donde Julio Cesar pronunció su “Et tu, Brute?”, ruinas a consecuencia del incendio de Nerón, la calle donde San Pedro se encontró a Cristo saliendo de Roma y ocurrió el famoso “Domine, quo vadis?”, la primera iglesia dedicada a la Virgen, supuestos piques entre Borromini y Bernini, un templo católico barroco construido sobre un antiguo templo romano, una estatua intencionadamente orientada hacia el Vaticano por Miguel Ángel, un piano en el que Mozart toco su réquiem, obras hechas por Mussolini para la exaltación de la Patria, placas de judíos capturados y extraditados bajo los portales de sus casas… Empiezas a moverte, a meterte más en la historia infinita de sus calles, y te das cuenta de que muchos datos son leyendas, muchas historias inciertas, y que cada vez hay más y más datos, rincones y secretos … Descubres la dificultad que supuso construir ciertas iglesias, como destruyen y reconstruyen, la búsqueda de soluciones de diferentes arquitectos y artistas durante años hasta que algún genio, un Bernini o un Miguel Ángel, dan con ella… Parece que la Historia de la Civilización te persigue en cualquier plan, y da la impresión de que, estés donde estés, muchas cosas han ocurrido allí mismo que han significado algo para la Humanidad. A veces tanta proporción, tanto poder, tanto conflicto, tanta historia, y tanta belleza, abruma; pero no cansa nunca.

Sigo sin saber mucho de arte y arquitectura, aunque me encantaría saber más; pero algo que me llevo de Roma es que es una ciudad que, poco a poco, despierta en ti una sensibilidad hacia la belleza. Al principio todas las iglesias son iguales, las recorres en 5 minutos, y poco a poco, cada Iglesia te va pareciendo diferente, vas buscando Rafaellos y Caravaggios por todas a ver si hay suerte, aprendes a contemplar la inmensidad y belleza de una cúpula, las proporciones de una Iglesia, la belleza de fachadas que antes ni mirabas, te interesa la historia de cada una, buscas atardeceres bonitos y los enumeras según número de cúpulas que se ven, orientación con respecto a la puesta, músicos callejeros que acompañan y cantidad de turistas presentes… Es una pasada.

He tenido la suerte de poder conocer otras ciudades de Italia, pero creo que vale la pena solo hablar de Roma; cada vez que tenía que dejarla, me daba lástima perder un fin de semana en la ciudad que siempre me está llamando. Claro que vale la pena conocer otras ciudades, y disfrutas muchísimo. Pero, que queréis que os diga… No soy muy imparcial :).

Y como no, las personas que conoces son increíbles. Conoces a un montón de gente, hablas con bastantes personas (además aquí hay muchísimos erasmus). Pero las amistades verdaderas que puedes llegar a forjar son una pasada. Convivís tanto que no puedes ocultar ni tus defectos; aprendes a querer a las personas con todo lo que son, te conoces en facetas nuevas, disfrutas muchísimo, y es curioso ver como juntos, los que estamos aquí, venimos con nuestra historia y nuestra “vida real” de origen y nos vamos, poco a poco, metiendo en esas vidas, que parecen tan lejanas, para que al volver podamos llevar muchos asuntos “mejor zanjados”. No se si es así para todo el mundo que realiza un intercambio; pero el crecimiento personal que haces, y que hacéis, de la mano de otros es una pasada. Esta distancia de España ayuda mucho en la forma de compartir y convivir con los demás. No os puedo explicar muy bien la sensación, pero supongo que los que os habéis ido lo entendéis.

No sé tampoco expresar lo agradecida que me siento por esta experiencia. La pena que me da irme no os la puedo explicar, pero el agradecimiento es aún mayor. Os animo a iros si tenéis la posibilidad: para los que volvemos a la “vida real”, o permanecemos en ella, creo que es posible vivir con esta actitud de apertura, de asombro, de novedad y de curiosidad sana hacia el mundo y todo lo que nos rodea. Creo que he aprendido a estar mucho más despierta.

Si alguno os vais a Roma, aunque sea de viaje, quedo a vuestra disposición para cualquier cosa. Y si alguien se está pensando el Erasmus aquí, le diría que se lo piense bien, porque es un Erasmus muy independiente… Pero en mi opinión, esta ciudad eterna no tiene desperdicio, ni comparación con ninguna otra. Da igual cuanto tiempo estés: es inagotable. Y, por último, pero no menos importante…

¡No os imagináis cómo se come!

Ci vediamo!

Vida ELU

Elus por el Mundo – Gustavo Álvarez

Por: ELU Admin

Estimados Elus y ELUMNIS,

Si todavía no nos hemos presentado, permitidme comenzar por ahí. Me llamo Gustavo Álvarez y actualmente curso mi cuarto año de Ingeniería Industrial y ADE en ICAI, Madrid. Soy un asturiano de 22 años disfrutando de un Erasmus en Holanda o, dicho con más rigor, en Delft, ciudad situada en la región holandesa de los Países Bajos. Llegué en agosto y aquí permaneceré hasta principios de junio, momento en que volveré a España para el acto de clausura de la ELU como graduando. Ha sido un año sin precedentes para mí, por lo que me gustaría compartir con vosotros mis impresiones al respecto.

¿Qué es un Erasmus? Esta pregunta puede tener una y mil respuestas más. Supongo que, para cada uno, esta experiencia significa algo distinto. Tal vez un horizonte por descubrir para algunos, tal vez un mero pasatiempo para otros. En mi caso, describiría la experiencia como una oportunidad de transformación. Oportunidad por estar supeditada a la voluntad individual de vivir al máximo el momento presente. Transformación por conllevar un cambio sobre la persona que decide aprovechar dicha oportunidad. Este cambio no se sitúa en ninguna dirección concreta, ni apunta en un sentido determinado. Para algunos significa su primera emancipación, aunque esto no haya sido así en mi caso.

Mi primera burbuja explotó a los 18 años, cuando abandoné Asturias y me desplacé a Madrid en busca de mejores expectativas académicas y laborales. Tras tres cursos en residencia, una nueva burbuja comenzaba a tomar forma. En mi opinión, esto, no necesariamente malo, sí conlleva el riesgo de abrazar cierto conformismo social. Como consecuencia de la fortuna de verse muy bien rodeado, uno puede relegar la idea de que, especialmente a nuestra edad, se debe estar en constante búsqueda y crecimiento. Creo que, a tal efecto, el Erasmus es una experiencia idónea.

TU Delft, Technische Universiteit Delft, es una universidad donde solo hay ingenieros. Esto implica que, en una acogedora ciudad de 100.000 habitantes, haya 25.000 estudiantes de ingeniería. Esto dota a la urbe de un dinamismo sin par, aunque obliga a uno a adentrarse en la cercana Róterdam para encontrar mayor diversidad de alumnado. La exigencia de la universidad no tiene nada que envidiar a las españolas; por lo que, exceptuando para aquellos que nos encontramos de intercambio, el resto de alumnos tiende a recluirse con asiduidad.

Con una de las carreras más prestigiosas de Europa en el campo aerospacial, TU Delft es una maravilla. Un campus muy cuidado, con instalaciones muy modernas y vanguardistas. Por tener, tiene hasta el Instituto de Investigación Nuclear, con un pequeño reactor. Las instalaciones deportivas parecen una ensoñación, de verdad. Como colofón, cabe mencionar que TU Delft es pública; lo cual, sumado a lo anterior, contribuye a que mucho talento internacional —también español— decida realizar aquí sus estudios.

Por todo lo dicho, Delft ofrece muchas posibilidades. Entre otras cosas, he tenido la suerte de apuntarme a la rama holandesa de 180 Degrees Consulting, que opera como una suerte de consultoría social donde colaboro con un proyecto de microfinanzas en Zambia. Además, con tanto estudiante, siempre hay planes que hacer. Cada época del año tiene lo suyo y, aunque enero y febrero fueron ciertamente fríos y lluviosos, en general no hace mal tiempo. La meteorología viene predominada por el viento y las nubes, pero diría sin ninguna duda que llueve más en Asturias que aquí. Aunque claro, comparado con Madrid…

Los neerlandeses tienen fama de cerrados entre los internacionales, pero esto no es del todo cierto. Por lo general, tienden a ser muy cercanos y amigables una vez superas la primera barrera social. Sin embargo, su gusto por el tecno es, en ocasiones, ciertamente abrumador. Hay una vasta cantidad de festivales en cuyos escenarios encontrarás tecno duro, acid, house… Aunque en diciembre todo estuvo cerrado por COVID19, desde hace un par de meses no hay ningún tipo de restricción. Y, aunque hay bastante fiesta, no es un país con mucho día festivo. Que yo sepa solo hay cuatro, exceptuando los propios de Navidad y Semana Santa: Koningsdag (“El día del Rey”), día en que se celebra el cumpleaños del monarca regente y donde todos han de vestir algo naranja; Bevrijdingsdag (“El día de la Liberación”), que conmemora la rendición nazi en Holanda; el Hemelvaartsdag (“El día de la Ascensión”); y Pinkersteren (“Pentecostés”), ambas de fundamento cristiano.

Los Países Bajos ofrecen una escasa cultura gastronómica, especialmente comparada con su variopinta gama de ciudades. Delft, mismamente, es una pequeña ciudad con la mayor densidad de canales por metro cuadrado, al estilo de Ámsterdam. Prácticamente no se ven coches, ya que aquí la bicicleta tiene prioridad absoluta. La Haya, a tan solo cinco minutos en tren de Delft, presenta un centro histórico muy bien cuidado y sirve como sede para muchas instituciones del país. En contraste, Róterdam es una ciudad muy dinámica y moderna. En Ámsterdam, se visita; en Róterdam, se trabaja; en Delft, se estudia; y en La Haya, se jubila.

Como conclusión, el Erasmus es una experiencia muy interesante. Te permite explorar, viajar y descubrir a muchos niveles. Como impacte en ti depende exclusivamente de cómo decidas encararlo. Soy de los que cree que no hay un destino mejor que otro, puesto que cada lugar ofrece un sinfín de oportunidades que debemos estar dispuestos a aprovechar. Está en tu mano hacer de ello una experiencia transformadora e inolvidable.

Vida ELU

Elus por el Mundo – Teresa Calatayud

Por: ELU Admin

Teresa Calatayud, 3º ELU

¡Hola a todos!

Antes que nada, me presento: mi nombre es Teresa Calatayud y estudio 3º de Filosofía en la Universidad de Granada, aunque este año, quizá por decisiones no muy sopesadas y casualidades de la vida, estoy viviendo mi experiencia Erasmus en Nápoles, capital de la región de Campania.

La verdad es que no indagué mucho sobre la ciudad antes de venir y tampoco la elegí motivada por alguna razón en concreto, simplemente era uno de los pocos destinos a los que podía optar por la falta de convenios en mi grado y tenía claro que quería vivir la experiencia de estudiar un año fuera de España. Tampoco quise prestar excesiva atención a las reacciones de aquellos a los que les comentaba cual era mi destino Erasmus, pues todos eran conocedores de los estigmas y estereotipos que en ocasiones condenan a una de las ciudades más anárquicas y canallas del sur de Italia.  

No os voy a engañar, la mayoría de estos prejuicios no son infundados (sí papá, reconozco que los programas de Callejeros Viajeros saben de lo que hablan) pero no son toda la verdad. Y no me arrepiento para nada de haber descubierto la que ahora es mi hogar sin un ápice de aprensión, pues ha hecho que me encuentre de frente con la parte más genuina de esta original, viva y contradictoria ciudad. Digo contradictoria porque en este espacio situado a los pies del Vesubio conviven la belleza y el peligro, lo profano y lo sagrado, el turismo y la cultura popular. El estrepitoso ruido de las motos que circulan sin ton ni son se entremezcla con la envolvente música napolitana que suena en cada rincón, y en medio de la decadencia que caracteriza la mayoría de las fachadas de esta ciudad, te encuentras con el inmenso patrimonio histórico de una capital que alberga más de cuatrocientas iglesias. Nápoles es una ciudad plagada de simbolismos, tradiciones, mitos y supersticiones y los napolitanos, devotos de San Gennaro y Maradona a partes iguales, llenan sus calles con una infinidad de altares.

Durante estos siete meses que llevo viviendo en Nápoles he tenido la oportunidad de disfrutar de su amplia gastronomía -pues está plagada de puestos de comida callejera- desde la auténtica pizza margarita que representa la sencillez de la ciudad hasta la sfogliattela, uno de los dulces más típicos. He podido disfrutar de la costa amalfitana montada en moto y recorrer a pie el famoso sendero de los Dioses, situado entre el mar y los grandes acantilados. Me he perdido por las ruinas de Pompeya y Herculano, he dado largos paseos por lungomare y he visto atardeceres preciosos desde los tres castillos con los que cuenta Nápoles. He visitado Prócida, la isla de la cultura, y me he dejado seducir por sus casitas de colores. He viajado por muchas ciudades europeas y sobre todo por Italia, viviendo el contraste entre el norte y el sur de este país, lo cual me ha permitido entender mejor por qué los napolitanos, en su mayoría, no se consideran italianos. He aprendido a seguir el ritmo que la propia ciudad te marca y a seguir las leyes internas que rigen la misma.

Por supuesto también he tenido tiempo de salir de fiesta (muuucha fiesta) pues es imposible no unirse a la vida nocturna de la que goza esta ciudad tan universitaria y probar el famoso Spritz en barrios como el Español o en cualquiera de sus plazas pues, aprovechando el buen tiempo de la costa y siguiendo las costumbres de los habitantes partenopeos, todo se hace en la calle. Puedes ver la colada de la gente tendida en la misma vía en la que se sitúa el Duomo y a mujeres tomando el sol en sus sillas de playa en las cercanías de la mismísima Piazza Plebiscito. Porque, aunque es cierto que es una ciudad frenética con cerca de un millón de habitantes, es acogedora como si de un pueblecito se tratase.

Me ha encantado experimentar el modo enérgico y pasional que caracteriza el modo de vivir de los napolitanos quienes dicen que, con el Vesubio activo, cualquier día puede ser el último. Personalmente no creo que este sea el único motivo por el que viven como lo hacen, pero comparto con ellos que el presente solo puede agarrarse con presencia… ¡y qué presencia! No obstante, el retrato vital de esta ciudad en movimiento también es vertiginoso, y la miseria y pobreza son fácilmente perceptibles en muchos de sus barrios pues, como dice uno de los numerosos murales que decoran las paredes de la ciudad: “Nápoles no esconde su sufrimiento, Nápoles no esconde sus cicatrices”.

En cuanto al ámbito académico… Bueno, entiendo que cada caso es un mundo y no tengo intención de dictar sentencia, pero, de acuerdo con mi experiencia y a pesar de estudiar en la principal universidad napolitana y una de las más importantes de Italia por ser la primera universidad secular del mundo, la Federico II deja mucho que desear en lo que a la atención a los estudiantes Erasmus se refiere. Pero siendo sincera, no estoy tan disgustada como quizá debiera, ya que he aprendido a gestionar situaciones que meses atrás me hubiesen hecho perder el juicio y tal vez la falta de exigencia de esta universidad me ha permitido tener tiempo suficiente…porque, aunque en septiembre pensaba que 10 meses eran muchos meses, desde luego no lo son.

Por último, no puedo dejar de hablar de todas las personas con las que me he encontrado este año, con quienes he tenido y sigo teniendo la suerte de compartir esta experiencia. No me cabe ninguna duda de que he podido adaptarme al caos de esta indomable ciudad porque tenía al lado a gente que lo apaciguaba, que lo hacía fácil, amable, tranquilo. Y he podido aprender a apreciar el arte de Nápoles -a veces escondido entre tanta dejadez- porque tenía al lado a gente que me prestaba sus ojos, que me compartía sus pensamientos y que me recordaba qué es lo verdaderamente importante de esta experiencia. Gracias a esta ciudad y a su gente, he aprendido que el amor, como otras muchas cosas, es una actividad. Me he dado cuenta de que no depende únicamente de lo que tenemos delante. El descaro y desenfreno de Nápoles me lo puso difícil al principio, pero ahora me sale solo.

Una de las primeras cosas que me dijeron cuando llegué a Nápoles, y de acuerdo con el carácter extremista de esta temperamental ciudad, fue que o la amas o la odias, no existe punto medio. Desde luego puedo garantizaros que, si alguna vez venís a esta ciudad, no os dejará indiferentes.

Llegados a este punto me despido y, aunque no soy mucho de citas, os dejo la famosa frase que Goethe dedicó a la ciudad de Pulcinella: “Vedi Napoli e poi muori”

Vida ELU

Elus por el Mundo – Fátima Rebollo

Por: ELU Admin

¡Hola a todos!

Estreno mi participación en esta Newsletter presentándome para que los que no me conozcáis pongáis cara y nombre a esta historia. Los que sí sabéis quien soy, quedaos también: seguro que os echáis unas risas.

Me llamo Fátima Rebollo Molina y estoy en 4º de la ELU y de Ingeniería Industrial en Sevilla– no por mucho más tiempo, si Dios quiere; y vengo a contaros la historia de mi experiencia Erasmus en…

(redoble de tambores)

¡LISBOA!

¿Desilusionados? Pregunto porque probablemente lo que más he escuchado por parte de mis compañeros en España son cosas como “¿Irse allí también se llama Erasmus?” o “Vaya, que es como hacerse un Erasmus a Utrera” ¿Sabéis? Si me hubierais preguntado hace unos años, probablemente os habría dicho lo mismo: que está demasiado cerca, que es demasiado conocida y por eso le falta esa pizca de aventura y de misterio, del evadirse y huir de la zona de confort que buscas en una experiencia internacional… Quizás prejuicios que, con el tiempo, he aprendido a evitar. Pero luego hablaremos más de eso.

Los que siguen mi historia- y a los que no, os la cuento ahora- sabrán que hace poco más de un año me encontraba en proceso de sellar mi estancia nada más y nada menos que en la India, por convenio con mi universidad. Proceso del que, por supuesto, mis padres no estaban al corriente (no intentar en casa). Sin embargo Dios en su infinita sabiduría, tenía otros planes para mí.

Cuando en la última adjudicación del Erasmus me concedieron plaza en Lisboa, yo todavía no entendía esos planes, pero me dejé llevar como solo alguien que está sometido a la burocracia propia de la Universidad sabe. Hoy, un año más tarde, yo he podido disfrutar de esta experiencia mientras los compañeros que vendrían conmigo al país asiático terminan sus estudios en la Universidad de Sevilla sin haber podido realizar ningún intercambio. Pero oye, ellos van a la Feria.

Hoy, un año más tarde, me he enamorado de la que es la capital más antigua de la Unión Europea- lo siento, chicos de Roma, Lisboa os da mil vueltas-, he llorado escuchando fado en directo, he visto el atardecer en los 20 o 30 y pico miradores que tiene la ciudad- mi galería es un mosaico de rosas, naranjas y rojos; he aprendido el idioma de Pessoa, de Saramago y de Camões. He probado las francesinhas en Oporto, los ovos moles en Aveiro, el coçido en las Azores (lo cocinan en geíseres, es brutal), la ginjinha en Óbidos y, mis favoritos, los auténticos pastéis de Belém en la fábrica del Monasterio de los Jerónimos. He encontrado las diferencias y las similitudes con la cultura, la comida, las costumbres y la gente de nuestro país vecino; pero también he aprendido muchísimo del resto del mundo: a cocinar Xiao Long Bao con mi compañero vietnamita, Havla iraní, las nosecuantas variedades de sopas que los portugueses comen..

Y sin embargo, lo que más me ha sorprendido es que he podido conocer mucho más y más a fondo nuestro propio país y a sus gentes- porque sí, Lisboa está lleno de españoles. ¿Es verdad eso de que de Despeñaperros para arriba no sabéis lo que es el rebujito? (soy un topicazo, lo sé).

También he podido experimentar lo que es el verdadero plan Bolonia– no la versión descafeinada que implementa mi universidad- y una forma de trabajo que nada tiene que ver con la que estoy acostumbrada. Durante casi 8 meses he hecho vida en la que está considerada como la mejor facultad técnica de Portugal- el Instituto Técnico Superior (IST); compartiendo aula y proyectos con miles de estudiantes internacionales y con antiguos secretarios de estado o dirigentes de algunas de las empresas más potentes del panorama internacional como profesores. Cada día hay un evento, un seminario, un taller, un concurso…incluso organizan óperas o teatros un par de veces al trimestre. Es una facultad muy viva y con una comunidad y un poder de convocatoria enormes; y por ello, estoy disfrutando enormemente de la faceta académica de mi estancia Erasmus.

Y esto me lleva a la lección más importantes que de momento me han enseñado estos meses- y alguna que otra persona: no dejes que nadie te diga cuándo y cómo vivir las cosas.

Empecé el año preocupada por la cantidad de horas que tendría que dedicar entre clases, proyectos y exámenes a mi querida Ingeniería, que distaban mucho de todo lo que anteriormente había escuchado a mis compañeros decir sobre lo que es el Erasmus; y que también contrastaba con lo que mis amigos estaban viviendo este año en sus propias experiencias. Comparando. Insatisfecha. Convencida de que no estaría viviendo al máximo estos meses si al final de ellos no tenía la absoluta certeza de que habían sido los mejores de mi vida; de que la gente que había conocido aquí era mi verdadera “familia”, de que en ningún año anterior o posterior podría volver a llevar una vida de fiestas y viajes cada semana. Y no es que el Erasmus no sea así. Para algunos.

Mi mayor aprendizaje ha sido el empezar a poner en valor mis propias experiencias, el conseguir dejar de lado las expectativas de los demás y empezar a centrarme en las mías, en lo que yo quiero que me pase, en lo que no quiero perderme (@diego). No dejéis que nadie os diga como tenéis que vivir las cosas, porque entonces no viviréis nada que merezca la pena.

Y con esto no quiero dejaros un mal sabor de boca: Lisboa es una ciudad maravillosa, en la que se respira tanto el olor de la Europa moderna como de la Portugal tradicional; con un aire maravillosamente decadente que contrasta con la mentalidad de sus gentes y la novedad de su oferta cultural. No es solo la ciudad que ve mezclarse el Tajo y el Atlántico, sino que durante siglos ha sido la puerta a nuevos mundos y culturas, la capital de un imperio de cinco siglos de historia; y todo eso se refleja en sus fachadas y sus calles; pero también en la forma en la que sabe lidiar con los miles de turistas que llegan cada año sin perder la esencia lusa que encandila al que sabe dónde buscarla.

Y es una ciudad que me ha dado muchas amistades de las de salir de copas, algunas de las de viajar juntos, y tan solo unas pocas de las que duran toda la vida. En definitiva, he aprendido que no son los kilómetros de distancia con tu casa los que definen la riqueza de tu experiencia, sino la mirada con la que estes dispuesto a vivir la vida.

Dicho esto me despido y quedo a vuestra disposición para los siguientes supuestos: que vengáis a Lisboa y necesitéis una guía o que os hayáis identificado con la experiencia de la insatisfacción permanente y queráis discutirla conmigo- y quizás con mi querido Diego.

Como diría mi buen amigo Enrique Mochilas- quiero decir, Mochales- me voy que se me enfría el bacalao.

¡Un saludo!

Vida ELU

Elus por el Mundo – Jaime López Espada

Por: ELU Admin

Buenas, soy Jaime López Espada y estoy en tercero de la ELU. Soy de Madrid y estudio ingeniería industrial en dos universidades; la primera parte la he hecho en la famosa y reconocida entre los ELUs ETSII (UPM) de Madrid y la segunda la estoy haciendo en la École CentraleSupélec (CS) de París. La verdad que siempre había tenido claro que en el momento indicado intentaría hacer un Erasmus, pero nunca me había planteado la posibilidad de hacer un Doble Diploma, lo cual es una opción bastante interesante, y menos aún en Francia. Sin embargo, es de esto sobre lo que os vengo a hablar.

Desde bien pequeño he tenido siempre claro que quería dedicarme a la ingeniería, y teniendo una idea aproximada del panorama tecnológico todo apuntaba a que lo más interesante sería poder formarse en países punteros tales como Alemania o los Estados Unidos, y por ello las lenguas de estos lugares fueron las que me dediqué a aprender; ambos el inglés y el alemán desde la primaria hasta primero de carrera. Todo esto para que después de conocer a un veterano de mi universidad durante una peregrinación en Roma, este me contara las maravillas de una universidad, o más concretamente “École” (cf. Sistema francés), que existía cerca de París y en la que él había hecho ya una doble titulación. “CentraleSupélec” se llamaba, era la primera vez que escuchaba a alguien hablar tan bien de una universidad; me habló del método diferente de enseñanza, de lo dinámico y variado que era, de la cantidad de actividades del campus, es decir, de los foros de opinión, de empresas, de las fiestas, de los deportes y competiciones, de las oportunidades, de los viajes organizados y de muchísimas cosas más. Tal fue el asombro que me produjo el escuchar que existía algo que se asemejaba tanto a aquello que me habían explicado en el viaje de Becas que decidí frenar en seco y cambiar drásticamente mi rumbo universitario para ponerlo en dirección a París.

El camino no fue fácil, era necesario tener unas notas lo suficientemente buenas como para recibir el sí de la institución de partida (UPM) y la de llegada (CS), además de aprender el francés, del que no conocía ni una sola palabra, pero bueno señores, y aquí viene frase MrWonderful, el que la sigue la consigue, y así pasado un año logré cumplir los requisitos para poder partir a París a realizar un doble diploma.

Con las agonías y la inseguridad del camino recorrido para poder llegar a ser aceptado no fui consciente de que al final iba a irme hasta el último momento, y por eso, una vez allí todo fue bastante chocante, sin embargo, puedo decir que fue para bien. Desde el momento en que pisé el campus, hecho a la americana, es decir, enorme y a las afueras de la ciudad, con todo lo necesario para vivir entorno a ella, supe que este lugar era diferente; desde el calibre de los edificios hasta la manera en la que se nos acogió, con dos semanas llenas de actividades dedicadas a la integración de todos los alumnos, se podía sentir un espíritu diferente en esta manera de ver la educación.

A medida que ha ido pasando el tiempo, y con un poco de perspectiva ya, he podido observar como en esta universidad hay una combinación mágica entre motivación, recursos y colaboración. Es de verdad impresionante el tamaño de la vida universitaria que existe en este lugar, siempre en constante ebullición. La institución se pone completamente al servicio de los alumnos y facilita el acceso a multitud de recursos, desde la posibilidad inmediata y facilísima para reservar cualquier espacio de la uni, hasta el acceso a cualquier tipo de consejo o fondos para comenzar cualquier nuevo proyecto; provocando así que surja un ecosistema increíble en el que la propia École acaba siendo aquello tan bonito que nos decían en Becas Europa, es decir, un ayuntamiento entre alumnos y formadores.

Es cierto sin embargo que no todo es brillante y de color rosa, hay también cosas que fallan y no todo es perfecto, como el horario, bastante largo y absorbente, o la manera de enseñar de algunos profesores, que como es típico en muchas facultades de ingeniería son más investigadores que buenos profesores, pero a pesar de todo y haciendo balance, puedo afirmar que este lugar y la experiencia que estoy viviendo en él son increíbles.

En estos últimos meses he podido hacer de todo, cosas tan increíbles como poder subir a París cada fin de semana, como si fuera el patio de mi casa, recorrerme media Francia con la excusa de los viajes de “cohesión” o con los cursos de formación de la universidad, esquiar en los Alpes o, algo que me dejó sin palabras, montar gratis en un globo aerostático a la salida de clase, porque, ¡atentos!, la asociación de aeronáutica había decidido montar uno en los terrenos de rugby de la uni.

Académicamente el cambio ha supuesto un reto y he tropezado más de una vez en Centrale, ha habido momentos duros en los que uno se plantea bastantes cosas, y múltiples fracasos acompañados de muchos noes, más una vez más puedo confirmar que la experiencia ha sido positiva y que todas estas caídas han podido servir para aprender, total, unas veces se gana, y otras se aprende. Además, agradezco la gran libertad que existe para elegir el camino de formación que uno quiere seguir, con muchas opciones y variedad a la hora de elegir asignaturas y especialidades, además de la formación completa que se busca con bastantes cursos de formación en dominios trasversales.

Paralelamente a los estudios he tenido la suerte también de poder formar parte de una asociación llamada Perunidad, dedicada al apoyo de proyectos humanitarios en Perú, los cuales se financian y funcionan gracias al dinero recolectado durante todo el año por los miembros de la asociación y por la ayuda de gestión prestada desde la distancia, para finalmente acudir para ayudar en persona durante nuestro “stage” de verano. También he tenido la suerte de ser miembro del equipo de remo de CentralSupélec, la ACP, con la que he podido competir, perder y ganar en equipo, una verdadera suerte.

No puedo acabar esta crónica sin hablar de la gente tan maravillosa que esta experiencia me ha permitido conocer. Desde la familia de españoles con los que prácticamente vivo el día a día, pasando por mis compañeros de piso David y Sebas, hasta la infinidad de amigos franceses e internacionales de todas las puntas del globo que he podido hacer. Estoy muy agradecido por lo mucho que me han abierto los ojos y por los tantos buenos momentos que he podido compartir con ellos, pero aún más por saber que aún solo ha pasado un cuarto del tiempo que debo estar aquí.

De esta forma, termino ya de enrollarme cual persiana y os digo que me tenéis disponible para cualquier duda o consejo en caso de que alguno de vosotros quiera irse de Erasmus a Francia o que quiera aprender el francés “vite fait”, porque ya os digo que no solo es el inglés el que se enseña mal. ?

Bisous desde el bonito prado a las afueras de París en el que se encuentra esta maravillosa universidad, y ¡hasta la próxima!

Vida ELU

Elus por el Mundo – Isabella Romero

Por: ELU Admin

¡Hola! Yo también me uno a compartir mi experiencia internacional por la newsletter. Soy Isabella, alumna de tercero de la ELU y de Ingeniería biomédica en la Universidad Politécnica de Madrid.

Al empezar la universidad sabía que una de las cosas que no me podían faltar en estos cuatro años era la de vivir una experiencia internacional. Cuando llegó el momento de elegir destino, por tema de idiomas y asignaturas, el único destino al que podía optar era Estados Unidos. Es curioso que desde siempre he sentido especial interés por la vida universitaria americana, puede ser debido a todas las películas que he visto.

Estoy haciendo un año escolar en George Mason University, una universidad pública situada al norte del estado de Virginia, a poco más de media hora en coche de Washington DC. Su nombre viene del patriota revolucionario norteamericano George Mason, uno de los tres representantes que rechazaron firmar la Constitución federal, ley suprema de EE. UU. El campus en el que estoy ubicada es el de Fairfax. Es el típico campus de universidad americana alejado de la ciudad, en el que aparte de los edificios donde se da clase y las residencias de estudiantes, hay muchísimos restaurantes, gimnasios y pistas de tenis, futbol… alguna tienda, un supermercado a diez minutos andando… Además, la característica más importante y destacable de esta universidad es la diversidad e interculturalidad de los estudiantes y profesores.

El estado de Virginia es uno de los estados más bonitos de Estados Unidos por la variedad de paisajes que tiene. En la costa al sur tiene zonas de playa, al norte está la montaña, tiene ciudades importantes como Richmond, capital del estado, pero a la vez pueblecitos costeros como Occoquan. Aprovechamos a conocer los lugares que están alrededor. Solemos ir bastante a visitar Washington DC, es una ciudad preciosa, con mucha historia, y fuimos una vez a ver un partido de la NBA, ¡Go Wizards!

Además, estamos a cuatro horas en autobús de Nueva York, y allá que nos fuimos en noviembre. Estuvimos una semana recorriendo las calles de Nueva York, viendo el Empire State, la Estatua de la Libertad, paseando por Central Park…

La vida universitaria aquí es bastante diferente a la de España. Las clases son más interactivas, hay una planificación fuerte de trabajos y deberes hay que completar cada semana y que en ocasiones cuentan más para la nota que los exámenes y se promueven mucho los trabajos en grupo… Además, este cuatrimestre una de mis asignaturas es un laboratorio, de bioinstrumentación, y una vez a la semana vamos a hacer proyectos muy interesantes. Desde mi primer día de clase mis compañeros me han acogido muy bien y nos ayudamos con los deberes y trabajos.

Aparte de las clases, he buscado participar en otras actividades y así, por ejemplo, el semestre pasado me apunté en el club de baloncesto. Los deportes en Estados Unidos son muy importantes y fue una buena oportunidad para retomar el baloncesto, que solía hacer en España, y conocer nuevas amigas, la mayor parte de ellas americanas.

He tenido muchísima suerte con mi grupo de amigos. Desde la primera semana formamos un grupo con cuatro chicos americanos que nos han ayudado a los extranjeros con una inmersión rápida y entender ciertos aspectos de la cultura americana, los mejores restaurantes, actividades y lugares de la zona, y como no podía ser de otra manera el funcionamiento de la lavadora en la lavandería de la residencia. Son mi familia aquí y pasamos muchas horas juntos. Sin duda, son una parte muy importante en esta experiencia.

Un consejo que daría a la gente que está pensando en hacer cualquier experiencia de estudio internacional el año que viene es que no se lo piensen, que aprovechen la oportunidad y que nunca se van a arrepentir. Es una experiencia que enriquece, te hace crecer personalmente y guardas recuerdos para el resto de la vida.

Vida ELU

Elus por el Mundo – Jorge Romanillos

Por: ELU Admin

¡Buenas! Soy Jorge Romanillos, estoy en cuarto (¡cuarto ya!) de la ELU, y estudio Derecho por la UNED y Filosofía, Política y Economía, que, por un lado, no es un triple grado, sino sólo uno que combina estas tres disciplinas, y que, por otro lado, no se estudia en una universidad, sino entre cuatro españolas: dos de Barcelona (UAM y UPF) y dos de Madrid (UAM y UC3M). Así pues, este año estudio en mi quinta universidad, y es de esta etapa, de mi Erasmus en París, de la que os quiero hablar, aunque dando un pequeño rodeo que no tenía previsto, pero que me ha parecido interesante recorrer y compartir con vosotros, pues el año de Erasmus no es un ensayo del que se puede hablar realistamente de forma aislada (no lo es al menos para mí), sino un capítulo más que sólo tiene sentido en el marco amplio de la historia de una vida.

Yo soy un chaval de Guadalajara, y me encanta mi ciudad, pero en el fondo siempre he sabido que se me hacía pequeña (85.000 habitantes, entre otras cosas), y que yo quería volar. De hecho, la madrugada del 16 de septiembre de 2018, mientras desaparecía Guadalajara en nuestro retrovisor rumbo a Barcelona, escribí estos versillos que ilustran bastante bien cómo me sentía:

Es fascinación, no miedo,
lo que siente el polluelo
al mirar hacia arriba,
al mirar hacia el cielo,
al saltar del nido
para empezar su vuelo.

¿Qué pasará?
No lo sabemos,
de momento…
¡soñemos!

Ese mismo sentimiento invadió mi pecho atravesando media España y tres cuartos de Francia para llegar con mis padres a mi nueva casa, una pequeña habitación de una residencia pública de París (el CROUS de Bercy). Ya en el año en Barcelona había vivido solo, y podía intuir lo que se venía, pero esta vez era un pasito más el que daba al salir de España, y uno siempre se siente muy emocionado ante este tipo de nuevos comienzos.

Además, el momento vital también era muy diferente para mí: de algún modo, cada año de carrera se ha correspondido con una pregunta fundamental que me ha rondado y que ha orientado mi vida. En primero me preguntaba si quería coger un camino (¿para qué vivo? ¿por qué no suicidarse? Porque yo era muy feliz, pero no quería vivir por inercia); en segundo, habiéndome respondido y convencido de que sí, de que quería coger un camino, me preguntaba cuál, pues ya decía Séneca que “ningún viento será bueno para quien no sabe a qué puerto se encamina” (una vez sabía y sentía con toda mi alma que quería vivir y por qué, me preguntaba a qué quería dedicar mi vida para poder vivir de un modo coherente); en tercero, tras haber probado diferentes vías y tras un largo proceso de discernimiento, tuve una intuición crecientemente clara de mi meta (quería servir a través de la política y, en concreto, promocionando la integración política europea y mundial de acuerdo con los valores y las ideas socialdemócratas, que son las que más nobles y prácticas me parecen, -aunque no siempre se apliquen de manera acertada, por ello también quería involucrarme y aportar-); en cuarto, saber adónde quiero llegar me ha dado un criterio a la hora de elegir los senderos que recorren mis pies (así, voy dirigiendo consecuentemente mi tiempo, mis estudios, mis compromisos…). Es decir, que aunque este es mi segundo año fuera de casa, no tiene prácticamente nada que ver este en París con el anterior en Barcelona.

Centrándome ya más en mi Erasmus, elegí París porque es París, porque es una ciudad muy especial: una de las más bonitas del mundo ¡y la que más museos tiene por metro cuadrado! Elegí París también porque quería mejorar mi francés, porque tiene una posición privilegiada para viajar por Europa… y lo cierto es que fue un grandísimo acierto: me tiene enamorado la ciudad del Amor 😉

Las dos primeras semanas fueron de una intensidad tan preciosa como insostenible, es el momento de ubicarse en la ciudad, de pateársela, de conocer a la gente, de dormir poco y de formar tu grupo, que es como encontrar tu pequeña familia en esta nueva casa tan lejos de casa.

He de decir, sin embargo, que esta claridad acerca de lo que quiero en mi vida hace que tenga sentido no haber tenido una experiencia tan inmersiva durante el primer cuatrimestre como quien está en un Erasmus quizá más clásico, ya que mis diversas responsabilidades y las oportunidades que me ofrece formar parte de asociaciones y partidos políticos me han llevado a viajar bastante este primer cuatrimestre.

Por ilustrar esto que digo, como miembro de Jóvenes Europeos Federalistas y presidente de la sección de Castilla-La Mancha he viajado a cursos y eventos sobre cómo mejorar la Unión Europea en Bruselas, Praga, Sofía, Estrasburgo y Cuenca; como miembro de Young World Federalists estuve en Berlín en la “Week for World Parliament”; y como militante de Juventudes Socialistas y del PSOE estuve en el 40º Congreso Nacional de Valencia y en el 12º Congreso Regional de Toledo. Es decir, que muchas de mis semanas en el primer cuatri consistían en estudiar y disfrutar de París de martes a jueves y en viajar de viernes a lunes.

No obstante, este segundo cuatrimestre está siendo y va a ser mucho más París (¡aunque iré al segundo finde y a la graduación de la ELU!), y acabo los exámenes a principios de abril, así que voy a tener bastante tiempo en mayo y hasta el 30 de junio para empaparme de las Luces y de las calles de la ciudad de la torre Eiffel, e incluso para explorar sus alrededores. El otro día estuvimos, por ejemplo, en el Château de Fontainebleu, donde firmó Napoleón con Godoy lo de ir a por Portugal con sus ejércitos a través de España… que ya sabéis cómo salió.

Además, viendo mis amigos que no estoy de viaje, están decidiendo viajar ellos y estoy haciendo yo de anfitrión, que también es algo muy bonito de irse fuera. Y ver a mis amigos de Guadalajara, por ejemplo, venirse a las soirées y hablar en inglés con mis amigos de por aquí de Brasil, Líbano, Grecia, Taiwán… no tiene precio, la verdad.

Cierro ya, que me he alargado bastante al final, con unos versos que escribí el 24 de septiembre, cuando apenas llevaba un mes en París, y en los que hablo sobre lo que ha sido mi camino en estos últimos años y sobre lo que estaba y está siendo París para mí:

París está siendo,
yo que soy muy de soñar,
la ciudad de mis sueños.

Guadalajara es, sin duda,
la ciudad de mi corazón;
Barcelona fue una crisis tremenda
que me hizo parar
y mirar a mi interior;
Madrid fueron dos años de discernimiento,
y de encontrar mi dirección;
y aquí en París me siento
como quien sabe a qué ha venido,
y se pone en acción.
Y estoy viviendo una paz…
y me está ocurriendo una magia…
que de verdad que os digo
que es muy difícil de explicar,
pero que me flipa, vaya.

Así que, resumiendo:
París está siendo,
yo que soy muy de soñar,
la ciudad de mis sueños.

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Elus por el Mundo – Jorge Paredes

Por: ELU Admin

¡Hola a todos!

Soy Jorge Paredes, de 4° de la ELU. Estudio Derecho y Relaciones Internacionales en ICADE y ahora estoy de intercambio en Israel.

Estoy estudiando en IDC Herzliya, que este curso ha pasado a llamarse Reichman University. Está a las afueras de Tel Aviv.

Cuando uno piensa en irse de intercambio, generalmente no se le va inmediatamente la cabeza a Oriente Medio. Tampoco fue mi caso. Cuando empecé a pensar si quería irme fuera de España un cuatrimestre empecé pensando en Europa, pero no me terminaba de convencer. Me parecía una experiencia muy parecida a la Universidad en España. Después pensé en Estados Unidos y no lo descarté de primeras, pero también había algo que no me terminaba de convencer. Entonces cambié de forma de pensar sitio. Pasé a buscar universidades y destinos que fueran buenos en los temas académicos que me interesan. Así, empecé a buscar universidades que tuvieran buenas asignaturas de Relaciones Internacionales, y más concretamente en temas de defensa y conflictos armados. Ahí es cuando en mi mente apareció Israel. Israel me permitía poder estudiar temas relacionados con seguridad y defensa, conflictos armados y Oriente Medio, y además desde dentro. De estos temas nadie sabe más que Israel. Además, la situación de la pandemia aquí siempre ha estado más o menos controlada.

Sumado a esto, vivir en Israel me iba a permitir aprender más sobre las tres grandes religiones. Israel es la tierra que Yahveh prometió a su pueblo elegido y donde el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros. Y desde Jerusalén, según la tradición musulmana, Mahoma ascendió al cielo.

Es un crisol de culturas, lenguas, tradiciones y ritos. Y el mejor ejemplo es Jerusalén, donde lo mismo te cruzas con un judío ultraortodoxo que con una mujer musulmana con hijab, con un franciscano con su hábito y sus sandalias o con un armenio o un copto.

Todo esto hacía de Israel el lugar perfecto para mi intercambio. Y si antes de venir ya parecía perfecto, estando aquí puedo decir que ha superado con mucho todas mis expectativas.

Tel Aviv es una ciudad con muchísima vida, muy occidental para lo que es Israel y para lo que es Oriente Medio. La gente es de lo más internacional, desde estudiantes de intercambio de un sinfín de países a israelíes de ascendencia de Europa del Este, de Estados Unidos, Hispanoamérica o Sudáfrica. Aun así, todo el país está marcado por la huella del judaísmo. Desde que las semanas empiezan el domingo y el fin de semana es viernes y sábado a el parón casi absoluto por el Shabbat, el carácter judío del Estado y de la sociedad se nota en muchos detalles del día a día. Otro ejemplo es la comida kosher, es decir, según las normas de la Ley judía. Entre ellas, por ejemplo, la prohibición de comer carne de cerdo o no mezclar carne y queso. Si venís a Israel, no intentéis pedir una bacon cheeseburger, nadie las hace.

Desde Haifa en el norte a Eilat en el sur, pasando por Jerusalén; desde las playas de Tel Aviv al Mar Muerto o al río Jordán, Israel tiene una infinidad de ciudades que visitar, lugares históricos como Masada para descubrir y todos los Santos Lugares por los que Cristo, María y José y los Apóstoles pasaron. Desde Nazaret al Santo Sepulcro, Tierra Santa es el lugar perfecto para descubrir o redescubrir a aquel Hombre que se pretendía Dios.

Pero no solo Israel, sino que también Palestina es un lugar interesantísimo y lleno de sitios impresionantes. De Belén a Ramallah pasando por Jericó, Palestina muestra otra vida y otra cultura completamente diferentes. Aunque también se palpan las diferencias entre Israel y los territorios palestinos. El muro de hormigón que recuerda a Berlín o los checkpoints por los que hay que entrar y salir dejan ver que, en estas tierras, por desgracia, no todo son playas, lugares bonitos y sonrisas. La marca de la guerra y del conflicto está muy presente en las vidas de sus habitantes.

Con todo, la experiencia está siendo fantástica. Así que solo puedo seguir animando a las cúpulas de la ELU a que, cuando la situación de la pandemia lo permita, se haga un viaje académico a estas tierras.

¡Un saludo a todos desde ?????!

Vida ELU

Elus por el Mundo – Gonzalo Aranda

Por: ELU Admin

Gonzalo Aranda, 3º ELU

¡Hola a todos! Soy Gonzalo Aranda y estoy en mi tercer curso de la ELU. Normalmente vivo en Sevilla y estudio el doble grado de ADE bilingüe y Comunicación en la Universidad Loyola Andalucía. Sin embargo, como algunos ya sabréis, este cuatrimestre ha sido un poco especial para mí. He tenido la suerte de poder estudiar unos meses en Estados Unidos como estudiante de intercambio en la Universidad de San Francisco, California, así que me he animado a compartir con vosotros un poco de esta experiencia.

Siempre he planeado hacer un intercambio académico como universitario. Además, una de las mejores oportunidades que ofrece mi universidad, como parte de la Compañía de Jesús, es la posibilidad de estudiar en muy buenas universidades por todo el mundo. Así que, cuando llegó el momento de solicitar el destino, mi cabeza ya estaba pensando en Estados Unidos y ni la incertidumbre del COVID pudo quitarme la ilusión por esta aventura.

Y así fue, después de meses de preocupaciones por vuelos, visados, convalidaciones y demás, aterricé en la bahía de San Francisco. Una de las zonas económicamente más prósperas del mundo, cuna de startups y grandes multinacionales tecnológicas, con una ciudad que ha servido de escenario a tantas películas clásicas y actuales, y que además es uno de los focos de los grandes movimientos sociales en la historia reciente de este país.

Durante mi estancia aquí, mi casa ha sido la residencia Pedro Arrupe. En “Pedro”, como la llamamos nosotros, he encontrado una familia de estudiantes nacionales e internacionales que me han acogido y han sido mi día a día durante cuatro meses haciendo de este semestre una de las etapas más felices de mi vida. Quizás muchos de los que viváis fuera de casa entendáis mejor a lo que me refiero, pero he tenido la suerte de tener un grupo de más de 10 hermanos y hermanas, de países, edades y estudios distintos, con los que compartir y comparar cada uno de nuestros descubrimientos y experiencias en estos meses.

En cuanto a la universidad, me he encontrado con un sistema completamente distinto al que estaba acostumbrado. El número de clases semanales aquí es mucho menor, los exámenes no tienen tanta importancia, el trabajo en equipo es fundamental y, y esto es lo que más me ha impactado, prácticamente todos los universitarios trabajan y tienen cierta experiencia profesional que vuelcan en las clases. Personalmente, ver a tantos jóvenes de mi edad compaginando sus estudios con trabajos reales que les permiten ir conociéndose en el ámbito laboral, me ha animado a esforzarme yo también por crecer en este aspecto, dentro de mis posibilidades, y aplicar para prácticas laborales durante este verano.

De la ciudad, y lo que he podido visitar del estado, solo puedo decir cosas buenas. Las personas que he podido conocer han sido muy acogedores, siempre dispuestos a ayudar y con un gran sentido de la responsabilidad social y el liderazgo. Me ha gustado ver que el legado español sigue muy presente mediante la lengua que compartimos con muchos de ellos, pero también en las misiones históricas que conservan por todo el territorio.

Una visita casi obligada durante estos meses era Los Ángeles, la otra gran ciudad de California, así que aprovechamos nuestras primeras vacaciones para ir a explorarla. En comparación con San Francisco, diría que es una ciudad más salvaje y caótica, lo cual era de esperar estando cuatro veces más poblada que esta otra. Pero, si algo me encanta de Los Ángeles, es que representa perfectamente todo aquello que hemos visto en el cine desde pequeños sobre Estados Unidos. Muchas de sus lugares icónicos, como el Paseo de la Fama o el Pier Santa Mónica se sienten familiares, aunque sea la primera vez que los visitas fuera de una pantalla.

Por último, como amante de la naturaleza que soy, no puedo acabar sin escribir algunas palabras de la de California. Sus parques naturales, bosques, lagos, playas y montañas que merecen muchísimo la pena. Si me tuviera que quedar con un lugar me quedo con el lago Tahoe, una enorme masa de agua cristalina rodeada de montañas con picos nevados y bosques de pinos. Tuvimos la suerte de visitarlo dos días y nos encontramos con algunos de los paisajes más impresionantes que hemos visto estos meses.

Para terminar, solo me gustaría animar a aquellos que tengáis la posibilidad a realizar un intercambio académico. Merece mucho la pena y puede ser muy útil para coger fuerzas y afrontar con ganas y nuevas perspectivas nuestros estudios universitarios.

Espero veros pronto.

Un saludo,

Vida ELU

Elus por el Mundo – Marta Yarto

Por: ELU Admin

¡Hola! Me llamo Marta Yarto, estoy en tercero de la ELU y en tercero de ADE bilingüe en ICADE y de Educación Primaria en la UNIR. Ahora estoy de intercambio de la parte de ADE en Marquette University en Milwaukee, Wisconsin. La idea de irme de intercambio nunca me atrajo pero sabía que debía hacerlo porque era muy buena oportunidad. También sabía que si me iba sería a EEUU para poder vivir la experiencia americana, quería lo más distinto a mi experiencia universitaria en Madrid.

Tomé la decisión de irme sin pensármelo mucho, sabía que si lo hacía no me iba a ir, así que me presenté y aquí estoy y ha sido una de las mejores decisiones de mi vida! Si alguno está dudando en ir, si tienes la oportunidad, ¡no te lo pienses! Soy de las que piensa que en esta vida hay cosas que no hay que pensar mucho, y esta es una de ellas.
Lo que a mí me ayudó es que pensar en irme, en salir de mi ciudad, de mi casa tanto tiempo, salir de mi zona de confort me generaba “ansiedad” así que decidí no pensar en el tema hasta el día que me fuera y cuando llegó el día de irme hay tantas emociones juntas que ni lo piensas.

Os cuento un poco de cómo es mi vida aquí. Marquette es una universidad católica, jesuita y privada, esto no lo supe hasta que llegué. Se encuentra en Milwaukee, en una zona especialmente peligrosa, hemos tenido algún pequeño susto pero la verdad es que tenemos policía propia de la Universidad y servicios que se encargan de la seguridad. Vivo en una residencia donde todos somos internacionales y en cada apartamento también vive un americano y es una de las cosas que más me gustan. Conoces gente del mundo entero pero a la vez te integras con la vida y cultura americana porque vives con americanos.

Nuestro campus es una pasada. Lo que más me gusta es que tenemos de todo en el campus, supermercados, lavandería, restaurantes, cafeterías incluso una bolera, no hace falta salir del campus para nada y lo que más me gusta de eso es que todo el mundo que trabaja en estos negocios son los propios estudiantes de la universidad. Otra cosa que me encanta, que además es muy importante para mí y que desconocía de esta universidad, es que al ser jesuita el campus cuenta con varias iglesias y capillas, hay misa diaria, exposiciones del Santísimo, retiros, actividades de pastoral etc.

He aprendido mucho de la cultura americana, pero resumiendo una de las cosas que envidio de ellos es el sentimiento de pertenencia y amor a su país que tienen, ojalá en España, todos los españoles estemos tan orgullosos de nuestro país como los americanos de América. Otra cosa que me gustaría resaltar de su sociedad es que es muy heterogénea, eso hace que todo les parece bien, respetan más de lo que se hace en España y me da la sensación de que se juzga mucho menos que en España. Tenemos mucho de lo que aprender de ellos. Sin embargo, por mucho que haya disfrutado de esta experiencia, me atrevería a decir que nunca viviría aquí. Comentando con amigos, hemos llegado a la conclusión de que nos da la impresión que ser verdaderamente feliz en este país es más difícil que por lo menos en España, o por lo menos lo sería para mí. Es una sociedad para mi gusto muy superficial, completamente comida por el consumismo y materialismo. Dejan a su familia a los 18 para irse a otros estados a estudiar la carrera y ya no vuelven a casa… Se van a trabajar a otros estados y es muy difícil mantener las amistades.

En cuanto al tema académico, la verdad es que nada que ver con España. Las horas de clase son la mitad de la mitad que en España, eso me ha permitido tener más tiempo libre para hacer otras cosas y sacar adelante proyectos que en España no hubiera podido. La ELU, al ser online, ¡la he podido seguir fenomenal!

Por otro lado, aunque he estado solo cuatro meses me ha dado tiempo a hacer de todo, tenía una lista de las experiencias americanas que quería tener, y creo que puedo decir que la he cumplido entera. Un consejo que daría si alguien se va fuera es que se apunte a todo lo que se le propone. Es una oportunidad para conocer a más gente, conocer mejor la cultura… He hecho voluntariado, me he ido de convivencias a un campamento de YMCA, partidos de NBA, games de la universidad, partidos de hockey sobre hielo, tradiciones americanas como Thanksgiving o ir a una granja a recoger manzanas etc.

Además, hemos podido hacer varios viajes. Hemos ido varias veces a Chicago, ciudad de la que estoy completamente enamorada, está solo a hora y media de mi ciudad. También hemos ido a Nueva York y Miami. ¡Todos estos viajes los hemos hecho con todos nuestros amigos internacionales y ha sido una pasada!

En conclusión, estoy muy orgullosa de haber salido de mi zona de confort y haber tomado la decisión de irme. Me siento una auténtica afortunada por esta experiencia, por la suerte que he tenido con la universidad de la que me siento muy parte de ella, de la gente con la que he vivido estos meses y de poder vivir la experiencia americana universitaria al 100%. Habiendo conocido esta cultura, puedo decir que como en España, en ningún sitio. Somos unos afortunados por vivir en el país en el que vivimos y creo que es necesario salir de él un tiempo para poder darse cuenta de esto y valorarlo.

¡Si tenéis la oportunidad no dudéis en iros!

Un saludo,
Marta Yarto

Vida ELU Elus por el Mundo – Diego Galindo

Elus por el Mundo – Diego Galindo

Por: ELU Admin

Diego Galindo, 3º ELU

Hola a tod@s! Para los que no me conozcáis soy Diego Atanasio Galindo Détré y estoy en el 3º año de la ELU. Hoy me paso por aquí para contaros una de mis grandes experiencias que viví hace mes y medio. Tuve la oportunidad de ir a Sudamérica por primera vez en mi vida, pero esta vez no consistía en hacer una visita turística, sino vivir la realidad de la Medicina, carrera que empecé hace ya 2 años, desde otro punto de vista.

Siempre he querido visitar algún país sudamericano, no solo por toda la belleza que ofrece y los increíbles paisajes que tiene, sino por la cercanía en la tradición y la cultura con España. Durante un mes pude empaparme del clima tan acogedor de Perú y vivir como uno más de ellos.

Unos meses antes irme me concedieron una beca de intercambio de investigación, pero el futuro era un poco incierto. En un país donde el Covid-19 seguía acechando gravemente a la población y donde las restricciones eran bastante duras, la estancia en él suponía grandes riesgos. Además, debido a que procedía de un país extranjero era necesario que pasara una semana en cuarentena y siguiera un protocolo estricto, añadiendo el hecho de que estaría en un hospital con pacientes COVID, donde el contagio era una posibilidad bastante cercana. Todo ello me hizo dudar bastante, pero hay algo que finalmente me pregunté a mí mismo: ¿si no me han cancelado ellos mismos el intercambio, por qué debería hacerlo yo? ¿de verdad iba a dejar pasar una oportunidad de oro como esta? Y así es chavales, me tiré a la piscina de cabeza y qué a gustito me sentí.

Un mes antes de irme me cambiaron de destino, ya que Arequipa, la ciudad blanca donde en un inicio estaba destinado, se encontraba gravemente afectada por la variante delta del virus, por lo que fui destinado a Trujillo, la ciudad de la eterna primavera.

Así fue como un 26 de julio con la pechá de levante de Cai y to er caló de Sevilla, me planté en el aeropuerto. Tras casi 35 horas de viaje, entre vuelos, escalas y pequeñas cabezaditas en el aeropuerto, llegué. Y es que queridos amigos y amigas, eso fue increíble. Todo era como os podéis imaginar según se ve en las películas. Era como si entraras en un nuevo mundo. Para empezar me sentía bastante observado, un rubio alto rodeado de personas morenas y bajitas, ya os podéis imaginar cómo llamé la atención jajajajaja. Afortunadamente, al llegar, pude librarme de ese calor sofocante y disfrutar de un poco de frío (que nunca viene mal) y algún que otro chubasco. Por aquel mes eran las vacaciones de invierno y eso hizo posible que pasáramos más tiempo con los estudiantes de allí (digo pasáramos porque como os contaré en esta aventura no estoy solo jejejejeje). El invierno allí era bastante raro a decir verdad. Por la mañana me levantaba con un frío horrible, pero durante el día pegaba un buen sol. La temperatura media era de unos 25ºC.

Lo primero que me sorprendió al llegar fueron los medios de transporte. Para coger el taxi lo curioso era que no había taxímetro, sino que tu tenías que calcular cuanto podía costar según la distancia y aquí viene lo importante: que no os la cuelen por ser de fuera y os peguen un sablazo jajajaja. Otro medio de transporte no tan recomendado eran los microbuses, o microbios como le decían allí (que cada uno saque sus conclusiones). No eran tan cómodos, pero eran mucho más baratos. Poseían los mismos recursos e instalaciones que nosotros, pero la diferencia estaba en que el nivel de desarrollo era mucho menor. Las carreteras estaban peor cuidadas y los coches eran sorprendentes.

Tras una semana de cuarentena, conocí a la familia que me acogería durante toda mi estancia: eran increíblemente cariñosos y siempre se preocupaban por mí. El hecho de poder convivir con una familia te permitía adentrarte aún más en el hábito de vida y en su rutina. Te contaban anécdotas y tradiciones familiares y muchas veces hacíamos actividades juntos cada noche.

Empecé las prácticas en el hospital al día siguiente, donde tendría que ir 6 horas, 4 veces a la semana y para lo que necesitaría coger una van a las 6:30 de la mañana. Este se encontraba en la ciudad de Chocope, a una hora de Trujillo. El resto de días serían seminarios online.

Los hospitales allí funcionan por tres niveles, donde el nivel uno es el más bajo, con los recursos mínimos de atención primaria y el tres era el más alto, donde se hacían todas las cirugías necesarias y de mayor complicación. Nosotros estuvimos destinados a un hospital de ssegundo nivel en el área de Medicina Interna, en la ciudad de Chocope. Nuestra tutora clínica, Joana Magallanes, nos explicaba cómo funcionaba cada área y qué procedimientos se seguían según el paciente. Nos guió durante nuestra estancia y nos ayudó con nuestro proyecto.

Durante el mes que duraría el intercambio tendríamos que hacer un proyecto de investigación que consistía en analizar, a través de las historias clínicas de los pacientes y de los datos que se poseían, por qué la estancia de los pacientes era superior a lo que debía (en nuestro hospital, por ser de segundo nivel, tenía que ser de seis días como máximo). Así, cada día íbamos rotando por el hospital de Chocope, en las distintas especialidades, y en casos concretos íbamos a Casa Grande, un pueblo situado a 10km donde algunos pacientes eran trasladados. Hay días en los que realizábamos actividades para conocer más acerca del sistema de salud peruano. Por ejemplo, dos días estuvimos en una cámara de Gesell, a través de la cual era posible observar cómo discurría una consulta médica y el trato con el paciente; un día estuvimos en la planta de Medicina Interna, donde nosotros mismos debíamos realizar la Historia Clínica del paciente.

Así fue cómo conocimos algunas cosas peculiares del sistema sanitario. Al final de cada mañana acabábamos reventados y al llegar a casa teníamos que preparar las memorias de los trabajos que después expondríamos, pero sin duda alguna merecía la pena, hacedme caso.

El tío de la chica que me acogía tenía una clínica en la ciudad de Chocope y un día me invitó a asistir a una colecistectomía. Era mi primera operación e incluso participé en ella jejeje. Estaba previsto que hiciéramos varias actividades sociales durante nuestra estancia pero debido a la situación COVID se tuvieron que cancelar por el riesgo que suponía para la población (muchas eran tribus y, debido al poco contacto con las ciudades, nos contaban que el acceso a los bienes sanitarios eran muy escasos. Totalmente reacios a la idea del coronavirus, muchos no estaban vacunados o se negaban a ello).

A menudo preguntábamos a médicos o a personas sobre la situación del país y cómo veían el futuro. La mayoría nos contaba tristemente que el problema reside especialmente en la elevada corrupción. Era raro encontrar a un miembro del gobierno que no tuviera antecedentes de extorsión o que hubiera sido acusado por algún cargo mayor de corrupción. Incluso el propio presidente del hospital realizaba tratos o acuerdos que resultaban desconcertantes o en el que indicaba que los precios de los materiales comprados era superior al real (así una gran parte iba destinado a su propio bolsillo). Los jóvenes nos contaban esto con cierta tristeza, ya que muchos de ellos buscaban que el futuro del país fuera a mejor. La situación se veía empeorada por las recientes olas de inmigración procedentes sobre todo de Venezuela, que hacía que la economía del país decayera de forma importante.

Como os estaréis preguntando no todo fue ir al hospital. Pudimos hacer viajes a distintos sitios del país y, claro, con lo grande que era y todo lo que había por ver, era necesario seleccionar. Fui a Chimbote, una ciudad pesquera al sur de Trujillo, donde disfruté del magnífico ceviche y el olor a mar. Una semana después hicimos nuestra pequeña rutita, visitando ciudades como Ica (muy conocida por el Pisco y la leyenda de brujas), Puno (la ciudad más alta a nivel del mar habitable) y Cuzco.

Para mí sin duda la más bonita fue Puno. No solo porque soy un gran amante de la montaña, sino por las preciosas vistas que ofrecía del lago Titicaca y de cómo vivían las poblaciones a esas grandes alturas: la trucha al horno era el plato principal y para hacer frente al mal de montañas tomaban mates, de manzanilla o de coca habitualmente, y podías ver como muchos mascaban la hoja de coca, que te ayudaba para combatir el dolor de cabeza. En esta ciudad puedes ver el prototipo cuando se piensa en un peruano: todos eran bajitos, de cuerpo ancho y veías sus mejillas rojas y vestidos con los trajes típicos de colores muy vivos. Era sorprendente ver cómo eran capaces de subir esas enormes cuestas cargados de cestas de mimbre y bolsas.

Algunos lugares que tuvimos la oportunidad de visitar fueron el desierto de Huacachina (lugar ideal para ver la puesta de Sol); el lago Titicaca, donde todavía habitan tribus, como las islas flotantes de los Uros o la isla Taquile, cuya población no posee nada de electricidad y todo funciona por la mera actividad humana (pero lo mas curioso es cómo su cultura está basada en una sociedad matriarcal y donde los diferentes cargos de la sociedad se distinguen por los trajes que llevan); o la montaña de los siete colores, pero sobre todo, como no podía ser de otra forma, me quedo con Machu Pichu (ojito con la pronunciación). Es ahora cuando entiendo el por qué es una de las siete maravillas del mundo: no diría tanto por el paisaje, sino por la sensación que transmite y cómo te sientes una vez has llegado arriba: es algo increíble, difícil de explicar. Es como si de repente sintieras una energía que te recorre por dentro, tantos años de cultura Inca, esas piedras madres, llevadas desde las grandes montañas de los alrededores, haciendo uso simplemente de la mecánica y de la fuerza humana, con más de 500 años necesarios para su construcción hacen de este sitio algo único. Por un momento sentía que había viajado a otro mundo, que había ascendido hasta lo más alto. Cuando llegas arriba y ves esa inmensidad en lo alto del valle, rodeado del río de Aguas Calientes y de grandes montañas, piensas que eso no ha podido ser un acto humano: debe haber algo más. No es posible tanta perfección al mismo tiempo. Tanto, que por un momento se te corta la respiración y se te pone la piel de gallina.

Como no podía ser de otra forma, las alpacas y las llamas estaban por todos lados. Os diré solo que la llama es más alta y tiene menos pelo, mientras que la alpaca es más bajita y tiene un pelaje increíble. Ya os digo yo que eso es lo más suave que hay, te pones una manta o un poncho hecho de alpaca en invierno y además de no pasar nada de frío estás super a gusto.

Como gran amante de la montaña, para finalizar mi estancia hice una ruta por la ciudad de Huaraz, a la Laguna 69. Son unas tres horas de subida, a 4.604 metros sobre el nivel del mar, rodeado de cascadas preciosas. Aunque el frío y el viento se te mete por los huesos ni siquiera piensas en eso (porque creedme, es para olvidarse con todo lo que hay a tu alrededor).

Perú es bien conocido por su comida, tanto que este año fue el 5º consecutivo en llevarse el premio al país con la mejor gastronomía del mundo. Cada día probaba un plato distinto, y por si fuera poco, la cantidad no se quedaba corta. Os prometo que en mi vida había comido tanto (y con lo que me gusta a mi comer…). Me gusto tanto que hasta yo mismo acababa cocinando para llevarme las recetas a casa jajaja. Todavía hoy echo de menos la papa a la huancaína, el lomito saltado, las mollejitas, el arroz verde, el Shámbar, cabrito, ají de gallina, anticuchos o los riquísimos picarones.

Hay sabores únicos y uno de ellos es el del Maracuyá, ¡madre mía qué bueno está eso illo! No había comida en la que no pidiera una jarra de maracuyá para beber. ¿Habéis oído hablar del maíz morado? Sí, habéis entendido bien: maíz, morado. Y es que la bebida que se prepara con eso, la chica morada, ¡¡¡¡está riquísima!!! ¿Sabíais que en Perú hay más de 6.000 variedades distintas de patatas? Pero me quedo con el camote, la verdad, una patata dulce que con cualquier plato pegaba.

Aunque hay algo que sinceramente no me gusto nada: el café. Os juro que jamás he probado algo tan malo. Allí no le echan ni leche. Tu le pides un café y lo que te sirven es el café echo en cafetera y luego le añades agua caliente. Imaginaos cómo os ponía eso, estabais como una moto todo el día.

Hablando un poco de la cultura y las tradiciones, el país se ha forjado por las influencias que procedían de fuera a lo largo de los años. Cuando preguntaba a los peruanos sobre algunas jergas o el acento característico, me decían: “Perú ha adoptado influencias desde otros países. Muchas palabras provienen de personas que llegaron aquí hace años. Mas allá del “ah ya!” o del “pues” al final de cada frase no hay nada que nos caracterice. Puedes imitar el acento argentino, colombiano o mexicano, pero no el peruano, porque directamente no lo tenemos” ¿Es algo curioso verdad? Como un país se ha forjado a partir de la influencia de otros países y resulta ser un todo.

Aprendí también cómo con el paso de los años, han transformado la cultura española y la han incluido como parte de ellos mismos. Tienen un gran amor por España y cualquier turista español era considerado como uno más de ellos. El caballo andaluz forma parte de muchos de los bailes típicos, así como la guitarra flamenca o la caja. Muchos de los vestidos y de la música te hacen recordar al flamenco.

El baile típico que aprendí de Trujillo, la Marinera, era tan bonito como su significado: el cortejo del hombre hacia la mujer y en el que muchas veces, el hombre se subía a caballo para impresionarla. La danza criolla es propia de las tribus del Amazonas, pero presenta variaciones según la región de Perú. La música era conmovedora. Los instrumentos, como la quena o la zampoña, que caracterizan a Perú tenían un sonido muy relajante. Recuerdo cómo cada noche no podía irme a la cama sin antes oír un fragmento del “Condor Pasa”. Para mí era como la nana que cantas a un bebé y que inmediatamente se queda dormido.

Pero por supuesto todo esto no habría sido lo mismo sin dos grandes personas: Ario y Trifon. ¿Quién imaginaría que se podría forjar una gran amistad entre un italiano, un búlgaro y un español a kilómetros de distancia de sus casas? Un deseo común nos unía: descubrir el mundo, y es que nunca el idioma resulta ser una barrera, sino más bien un reto. Nos aventurábamos solos en un país que no conocíamos, pero que era como si hubiéramos nacido allí. Juntos organizamos e hicimos nuestros viajes y compartimos grandes momentos. Nos sentíamos libres y especiales, y es que la gente que nos rodeaba lo hacía posible. No me acuerdo de cuantas veces en los restaurantes nos ofrecían un aperitivo o nos pidieron que nos echáramos una foto con ellos, e incluso nos invitaban a comer con ellos. Recuerdo que hasta un día acabamos jugando un partido de fútbol en uno de los campos de la ciudad.

En el hospital fue aún más increíble. Cuando vas a un país subdesarrollado puedes pensar que las condiciones allí son ínfimas o que los profesionales no están lo suficientemente preparados pero ¿sabéis que? Allí la carrera de Medicina dura siete años y empiezan dos años antes que nosotros. Nada más que en Trujillo había tres facultades de Medicina y en cada clase cerca de 600 alumnos. Cuando veías a los profesionales estos trabajaban con una dedicación increíble, eran las personas más honestas y con una pasión que jamás había conocido, cada uno con una historia de superación distinta. Es en ese momento donde te das cuenta de lo agradecido que debes estar y de la suerte que tienes de estar rodeado de ellos.

Pero todo tiene un final y así fue como nuestra estancia ponía fin el 31 de julio. Sin embargo, debido a la situación de la pandemia nos retrasaron el vuelo de vuelta y volvimos una semana más tarde (cosa de la que no me puedo quejar). Aún recuerdo aquella despedida en el aeropuerto y cómo acabé con 9 kilos de más en la maleta por querer traerme de vuelta tanta comida y recuerdos jajajajaja, lo que resultó en llevar tres bolsas de mas. De ahí me fui con una sonrisa y una alegría increíble, muchísimos números de teléfonos para llamarnos cada semana (o al menos esa era la idea) y con la esperanza de volver en un futuro cercano.

Sin duda alguna ese mes fue único. A pesar de las circunstancias por las que pasaba el país, con la pandemia y la elección de un nuevo presidente unos días atrás, disfruté al máximo. Descubrí qué es lo que se esconde “al otro lado del charco” y, sin duda alguna, lo más importante para mí fue romper con muchos de los prejuicios o con la imagen que muchas veces se vende desde fuera. Allí la realidad era bastante diferente. La gente se sentía muy agradecida por tenernos allí y compartir con ellos grandes momentos. Nos sentíamos más seguros de lo que creíamos. De todo esto saqué dos conclusiones: lo primero es que viajar es la mayor fuente de conocimiento. No hay mejor forma de conocer el mundo en el que vives y descubrir qué es lo que hay más allá de tu día a día que saliendo de tu entorno. No importa cuán lejos esté o cómo de loco pueda sonar, lánzate. Afortunadamente vivimos en un mundo donde la conexión resulta muy fácil y sencilla. Hay mucho por descubrir y no dejéis que el tiempo lo llegue a consumir. Lo segundo es que los mejores momentos se viven con los demás. No me imagino haber vivido tan al máximo, estando tan feliz y a gusto si no hubiera sido por todas las personas que me acompañaron durante este viaje.

Bueno, después de haberos soltado toda esta historia creo que ya es hora de que me despida. Para todas aquellas personas inquietas y con ganas de descubrir el mundo (que sé que hay muchos entre vosotros), deciros que no tengáis miedo (ojito con que yo os esté diciendo esto). Detrás de cada frontera se esconden personas que merecen mucho la pena, grandes maravillas al ojo humano y con una riqueza más valiosa que cualquier libro que podáis encontrar en una biblioteca. Lo único que necesitáis es una mochila y ¡manos a la obra! que el resto quien sabe lo que será.

Saludos y un fuerte abrazo.

Vida ELU

Elus por el Mundo – Ignacio Pueyo

Por:

¡Hola de nuevo a todos!, aunque muchos ya nos conocemos, soy Ignacio Pueyo. Casi ya exalumno ELU, ¡qué vértigo pensar que esto se termina en nada!

Estudio 4º de Medicina en la Universidad de Zaragoza, y desde septiembre estoy de Erasmus en Bruselas, en la ULB (Université Libre de Bruxelles) para realizar este extraño curso académico afectado por la pandemia.

La verdad que podría contaros que está siendo un curso muy bueno, o muy malo depende desde qué perspectiva lo mires, pero voy a intentar ser plenamente objetivo contándoos mi experiencia.

BRU 6

Todo empezó por el ya lejano mes de septiembre, donde después de escuchar las mil anécdotas de mi querido amigo Enrique Mochales (también 4º ELU) que estuvo en este mismo destino el curso anterior, uno se piensa que va a poder visitar todos los destinos lejanos y cercanos que ofrece este interesante destino de Erasmus. Pero cuando apenas llevábamos un mes disfrutando de buen tiempo y terrazas, nos cierran todo por la nueva ola de la pandemia. Ya todos sabéis de sobras lo que conlleva. Y así llevamos hasta la fecha en la que os escribo a mediados del mes de abril. Bares, restaurantes y clases llevan cerrados a los estudiantes universitarios durante todos estos meses. Así pintado puede parecer un Erasmus muy desolador respecto a lo que la mayoría de nosotros podríamos tener en mente a un año normal.

Pero lo cierto es que también está teniendo muchísimas cosas buenas. Estoy viviendo en una residencia de estudiantes internacionales en pleno centro de Bruselas y he podido disfrutar de todos los alrededores para hacer planes con ellos. Vivimos a ocho minutos andando de la Gare Central, y al no haber impuesto confinamientos perimetrales entre regiones, hemos viajado por todo el país muchos fines de semana. Entre ellos, Brujas, Gante, Amberes, Dinant, Namur, Spa…. y seguro que me olvido algún sitio más. Y, al tener frontera cerca con otros países, también hemos podido visitar Luxemburgo, Amsterdam y espero que dentro de poco París y Colonia. La verdad que ha sido una oportunidad muy buena para conocer el país a fondo.

Y lo mismo ha pasado con la gente de la residencia. Las personas con las que he compartido todos estos meses hemos convivido más intensamente que en un Erasmus normal, y ha sido una buena oportunidad para conocerlas de verdad, y creo que la amistad con ellas perdurará por esto mismo. De hecho, he convivido todos estos meses casualmente con una persona del Fin de Semana de Selección de mi promoción Becas XII.

Respecto a la parte académica la verdad que no he podido tener más suerte. Bélgica ha sido de los pocos países europeos que no ha interrumpido las prácticas clínicas para sus estudiantes de medicina. Y la verdad que esto ha sido sin duda lo mejor de mi Erasmus. Para los que estudiéis medicina no sé cómo serán las prácticas en vuestras facultades durante los primeros cursos, pero en Zaragoza no tenemos prácticamente ni una práctica clínica hasta el segundo semestre de 5º. Aquí en Bélgica nos dan mil vueltas. Los estudiantes desde 2º de carrera hacen “stages” = prácticas clínicas en hospitales como enfermeros. Al llegar a 4º la mayoría saben perfectamente hacer extracciones de sangre, suturar heridas, realizar gasometrías, completar dosieres con anamnesis completas… Es una enseñanza mucho más práctica, de hecho en la ULB para graduarse deben completar 40 guardias nocturnas en urgencias, por las cuales te pagan entre 30-50 euros cada una.

BRU 5

Yo en principio me apunté a dos meses completos de prácticas de 8:30 a 16:00, que hay que compaginar con exámenes si estás en 4º. Pero visto al final la situación de la pandemia, y que no se podían hacer muchos planes de ocio, he acabado realizando cuatro meses enteros de prácticas en radiología, neurología, gastroenterología médica y oftalmología. Estas, si eres erasmus, se pueden solicitar aleatoriamente por una lista de preferencias y siempre son de cuatro semanas de duración.

La verdad que el primer mes de prácticas en noviembre-diciembre se hizo duro. En septiembre yo aterricé en Bélgica con un B1/B2 de Francés bastante oxidado, y para colmo algunos pacientes más ancianos hablaban en Neerlandés durante las consultas. Aquí en Bélgica son los dos idiomas oficiales y hay que hablarlos para poder trabajar en hospitales, aunque como estudiante solo te exigen el francés. Lo bueno es que antes de empezar las prácticas la propia universidad te ofrece clases de francés médico. Y la verdad que, a día de hoy, después trabajar a diario 4 meses en francés he podido mejorarlo muchísimo.

Sobre todo lo mejor ha sido renovar verdaderamente mi vocación por la medicina. Durante el mes de marzo en las prácticas de gastroenterología la mayoría de pacientes estaban muy enfermos, y tenían las visitas de familiares muy restringidas por el Covid-19. Poder pasar un rato con pacientes, hablar con ellos tranquilamente y que incluso algunos te digan que les has alegrado el día es verdaderamente muy reconfortarte. Y te das cuenta de la suerte que tendremos el día de mañana en poder trabajar en una profesión tan humana y agradecida. En el mismo mes, tuve la mala suerte de aprender también a gestionar la muerte de un paciente, pudiendo comprobar y certificar a los pocos minutos su fallecimiento con el médico.

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Por todo lo contado hasta el momento, el balance a nivel personal de esta experiencia ha sido muy positivo. De hecho, me daba tanta pena que se terminase que apliqué hace poco a otro Erasmus. Y tengo la suerte de haber sido aceptado el año que viene a realizar otro con prácticas clínicas muy interesantes en LMU (Ludwig-Maximilians Universität de Munich).

Espero que no me guste tanto, y que me aleje de España temporalmente. Ya que a nivel de investigación y docencia estos países realmente ofrecen muy buenas e interesantes oportunidades.

Espero que todos os encontréis muy bien, y que podamos vernos dentro de poco.

Un abrazo grande,

Ignacio

Vida ELU

Elus por el Mundo – Kike Mochales

Por:

Kike Mochales, 4º de la ELU

¡Muy buenas a todos!

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Es increíble cómo vuela el tiempo. Hace 450 días estaba por esta sección de la newsletter hablando de mi experiencia en Bruselas, sin saber qué era el coronavirus y sin imaginarme que ahora os estaría hablando de mi experiencia a 9000 km de casa. Mi nombre es Enrique Mochales y estoy cursando este semestre en el Tecnológico de Monterrey, en Monterrey, México.

Cualquier persona que me conozca sabe que soy una persona muy inquieta y que disfruta muchísimo viajando. Tras mi experiencia en Bruselas, quería seguir viviendo y exprimiendo la etapa universitaria fuera de mi querida Sevilla, y entre las opciones que tenía, México era la que más me llamaba la atención. Solo había un mini obstáculo que superar: el convencer a mis padres, estando yo en Bruselas para irme a México. Pero he de decir que tampoco fue muy complicado.

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¿Habéis visto la película Coco? Bienvenidos a México. Una gastronomía deliciosa a la par que picante, chilaquiles, tacos, enchiladas, mole, tequila, mezcal, margaritas…; la gente súper amable y cercana; los mariachis de Guadalajara; las playas de la Riviera Maya, las montañas de Monterrey o la cultura desbordante en Chiapas, Puebla o Oaxaca hacen de este país un país increíble. No era consciente de que me venía a estudiar tan lejos de casa, pero estaba seguro de que iba a ser una experiencia increíble y así está siendo.

Monterrey es la segunda ciudad más poblada de México, por detrás de Ciudad de México. Es una ciudad cuya extensión es enorme, delimitada por cerros y fronteriza con Texas, lo que explica la gran influencia americana que existe en la región. Un claro ejemplo de la dependencia americana fue en febrero, cuando tuvimos un temporal de heladas, llegando a estar a -11º, sin luz ni agua, ya que a Texas no le era posible mantener el suministro eléctrico para sus habitantes texanos y los del estado de Nuevo León. Y yo con mi ropa de verano… Un show jajaja.

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En la actualidad, Monterrey es azotada por una gran inestabilidad tanto política como social. No se recomienda el andar por la calle y cualquier traslado tiene que hacerse en Uber. No es poco habitual encontrarse con militares armados por las calles, e incluso retenes en mitad de las carreteras, donde los policías comprueban los coches uno a uno de una manera totalmente arbitraria. Pero quitando esto, y como dicen los centroamericanos, “es seguro, siempre y cuando no te metas donde no te tienes que meter”.

Vivo en un piso con un boliviano, y hago mi vida con gente de Honduras, El Salvador, Argentina, Martinica, Francia, Marruecos, Italia o Alemania, por nombrar algunos países. La pandemia ha frenado la llegada de estudiantes internacionales, pero hay muchos locos que han seguido viniendo, así que estoy pudiendo disfrutar de una experiencia increíble, aprendiendo muchísimo sobre distintas culturas y cuestionándome asuntos que daba por hecho antes.

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El TEC de Monterrey es la mejor universidad de México y a pesar de tener las clases online, lo estoy pudiendo comprobar. Estoy cursando seis asignaturas de Derecho y estoy exprimiendo y sacándole mucho partido a (casi) todas las clases. Los profesores están altamente preparados, y son muy cercanos y atentos, aunque también tendrá algo que ver que sea el único estudiante extranjero en las clases. Me da pena no haber podido conocer el campus, ya que es verdaderamente increíble, pero confío en que el semáforo epidemiológico permita la reapertura de este antes de que termine mi experiencia mexicana.

¡Por último toca hablar de los viajes! En un primer momento, antes de venir, estaba ansioso por conocer América del Sur, hasta que llegué a México y comprobé como esto no era Europa: no existía Ryanair (como es lógico) y las distancias eran larguísimas. Por lo que decidí conocer lo máximo de México posible, que no es poco. He tenido la suerte de conocer las playas de Puerto Vallarta y Sayulita, en Jalisco y Nayarit; la cultura de Guadalajara; degustar el Tequila en Tequila; hacer snorkel en los cenotes de Mérida; asombrarme con Valladolid y Chichén Itzá (una auténtica maravilla), en Yucatán; y por último descansar en la Riviera Maya, estando en Cancún y Tulum, el famoso Caribe mexicano, al cual sinceramente no tiene nada que envidiarle mi Puerto de Santa María.

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Está siendo una aventura increíble, antojada complicada de primeras debido a la incertidumbre existente y a ese “miedo” que siempre se tiene al desplazarte solo a vivir a otro lado del mundo sin conocer a nadie. Pero en esto también está la magia y lo que hace que esta experiencia sea tan atractiva. Este aprendizaje constante de gente tan distinta a ti que te llena y te complementa tanto, demostrándote que hay mucho más allá además de la “visión europea” del mundo. La suerte de poder vivir en un país que podría ser una auténtica potencia mundial, pero que debido a los problemas relacionados con el narcotráfico y la altísima dependencia de Estados Unidos, hacen que este no lo sea. Y por último, hace darte cuenta y reafirmarte de la suerte de lo que tenemos en casa, que creedme que no es poco.

Ya solo queda disfrutar de los tres meses que me quedan a este lado del charco y exprimir la experiencia a tope. Eso sí, teniendo mucho cuidado con el virus que aunque parezca que aquí no existe, la situación sigue siendo muy delicada. Si alguien tiene dudas relacionadas sobre realizar un intercambio a México o algo en que pueda ayudar, ¡estoy aquí para lo que haga falta!

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¡Os dejo que se me calienta la margarita!

Un fuerte abrazo a todos, cuidaos mucho y nos vemos prontito (espero).

Vida ELU

Elus por el Mundo – Beatriz González del Yerro

Por:

Realmente no somos del todo conscientes del gran privilegio que supone hoy día ser universitario. Generaciones y generaciones han trabajado por conseguir que, hoy nosotros, tengamos la oportunidad de formarnos en ciencia y conciencia, de dedicar unos cuantos años de nuestra vida para aprender y maravillarnos con lo que el mundo puede ofrecer al hombre, y que, con todo ello, podamos nosotros también responder a las necesidades de nuestro tiempo.

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Desde un primer momento, estamos rodeados de muchísimas oportunidades entre las que nos es muy difícil escoger y, aunque a medida que pasan los años y avanzas en la carrera, parece que la línea a seguir ya está muy encauzada, te das cuenta de que no es así: que las decisiones y elecciones aún están por tomar, que es a través de ellas como encaminas tu vida y que dependen de ti el tomarlas.

Así, con estas reflexiones, empecé este verano sin saber que en tan solo un par de meses, me encontraría viviendo en la impresionante capital del antiguo Imperio Austro-Húngaro: ¡Viena!

La oportunidad se presentó la última semana de agosto, y en tan solo un par de semanas, me encontraba ya en la capital austríaca, viviendo en una residencia de estudiantes, practicando y aprendiendo alemán, conociendo la ciudad, haciendo nuevos amigos. Muchas veces esperamos que se den las circunstancias perfectas para realizar los planes que tenemos en nuestra cabeza sobre cómo tiene que ser nuestra etapa universitaria y por ello, muchas veces, acabamos separándonos de la realidad. Por ello, es tan importante el saber adaptarse a las circunstancias que vayan surgiendo y saber sacar el máximo partido a lo que ellas nos pueden ofrecer.

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Así, ante la incertidumbre generada por la situación sanitaria respecto a la posible modalidad presencial de las aulas y aprovechando la oportunidad que se nos concedía desde la Universidad Carlos III de Madrid de realizar durante este año lectivo las clases totalmente online, me lancé a vivir a Viena. Sin duda alguna, he podido sumergirme totalmente en la cultura austriaca, viviendo en una pequeña residencia de estudiantes, donde he tenido la oportunidad de trabajar a tiempo parcial también. He podido aprender el respeto que tienen unos por otros, que se refleja en su tan conocida puntualidad y orden, la tranquilidad y sosiego en el vivir, su respeto por la tradición y la herencia recibida, cultivadas en la música, el teatro y el baile así como su vocación internacional sin dejar atrás su identidad como eminencia histórica.

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Si bien es cierto que desde el pasado día 17 de noviembre, Austria se encuentra en un completo lockdown por la terrible pandemia COVID y el gran aumento de casos, entre la preocupación por el sufrimiento, la tristeza por la situación y consecuencias que está dejando, he aprendido a fijarme en el lado positivo, a valorar aquello que tenemos, que sigue siendo mucho y a pedir y dar gracias a Dios por todo lo que hemos recibido y por todas las personas que nos pone en nuestro camino.

Liebe Grüße und bis bald!

Beatriz González del Yerro

Vida ELU

Elus por el Mundo – Laura Márquez Malia

Por:

Hola, familia:
En primer lugar, espero que vuestra salud esté en estado óptimo y, en segundo lugar, ¡viva Andalucía!, que un día como hoy hace 43 años alzamos la bandera blanca y verde que nos arropa en esta tierra de poetas.
Mi nombre es Laura, tengo veintidós años y, para los que no me conozcan, vengo de la bella ciudad de Málaga, a la que tanto extraño cuando el cielo se cubre de nubes.

EPM 1Para poneros en contexto os contaré que en septiembre terminé la carrera de Derecho hispano-alemán en Bayreuth, una ciudad pequeñita de Baviera, después de un curso sui géneris. Y, a pesar de que extrañaba mucho mi tierra, y todo lo que ello implica, decidí quedarme en el extranjero haciendo un Máster.
Al final me decanté por quedarme en Alemania, pero trasladándome al Oeste, donde la tierra alemana tiene sabor y acento francés. Y es así como estoy en la pequeña, pero más grande que Bayreuth, ciudad de Saarbrücken. Es un rincón digno de conocer, por el simple hecho de haber sido motivo de disputa entre alemanes y franceses a lo largo de la historia y, aunque el nombre no os suene de nada, ¡casi fue sede de las instituciones de la Unión Europea!
Supongo que os preguntaréis qué estoy haciendo aquí. Pues bien, como ya habréis supuesto, sigo estudiando, porque, yo no sé si os pasará u os ha pasado, pero, cuando acabas una fase de estudio, te das cuenta de que seguir aprendiendo y ser universitario en lo mejor que hay.
A inicios de noviembre comencé con un Máster en Derecho Europeo e Internacional en inglés y en alemán en el Europa-Institut y, aunque solo lleve un mes, ya he hecho tres exámenes y he conocido a gente que ha cambiado mi manera de ver el mundo.

EPM 4Estoy viviendo en un piso compartido, a lo que en Alemania se le llama WG, con tres alemanes y una francesa. En casa, como imaginaréis, aprendo mucho, pero es que, cuando llego a la facultad, sigo aprendiendo. ¡En mi programa de máster hay gente de 38 nacionalidades distintas! E imaginaos… cada uno con su trasfondo, con su contexto social e histórico-cultural a cuestas, pero con ganas de indagar en los contextos ajenos. Es cierto que el virus este, que tiene hasta cuenta de Twitter, no nos deja socializar como nos gustaría, pero, respetando las medidas, nos hemos tomado más de un vino caliente en la plaza del mercado de la ciudad. Y qué rico sabe un vino caliente cuando hace frío… pero solo en Alemania. Es como comer paella en Berlín. No pega. No sé si me explico.
Hoy por hoy, no sé a qué me quiero dedicar. Supongo que esto es lo que os quería transmitir hoy: yo que, como todos, estoy llena de miedos e inseguridades, estoy feliz de estar aprendiendo desde cero y desde fallos. Así que, desde aquí, a los que os invada el estrés por la presión de la duda de qué haréis en un futuro, os quiero transmitir un aliento de alivio. Ojalá aprovechéis tanto vuestra etapa universitaria que se os olvide lo poco que se duerme en exámenes.

EPM 2Asimismo, disfrutad la Navidad con cabeza y abrazad a vuestra familia fuerte, por todos aquellos españoles que esta Nochebuena no la pasaremos de la mano de los nuestros.
Mi madre, desde que yo era una niña, me ha leído poesía. Hoy en día, me la manda por WhatsApp. Es lo que tienen las nuevas tecnologías…
A lo que voy es que ella siempre me ha dicho que vuele y vuele como las golondrinas de Bécquer porque, a casa, siempre se vuelve. Y eso es lo que estoy haciendo y os animo a hacer.
Os mando un abrazo cálido y os deseo mucha salud.
Feliz viernes.
Con cariño,

Laura Márquez Malia

Vida ELU

Elus por el Mundo – Carmen Godoy

Por:

Hola!! Soy Carmen Godoy, alumna de 2º de la ELU y de 3º del Doble grado de Derecho y Ciencias Políticas en la Universidad Pablo de Olavide, en Sevilla. Este curso estoy viviendo mi experiencia Erasmus en la University College of London, donde soy una affiliate student en el grado de Estudios Socio-Políticos Europeos.

Como podréis comprobar, si leísteis la última Newsletter, mi experiencia en Londres está bastante ligada a la de Álvaro. Realmente, no creo que pueda describir mejor que él cómo estamos viviendo el intercambio de culturas, el choque gastronómico, la vida en una ciudad llena de contrastes y el ser universitarios en tiempos de coronavirus y en una institución tan global como defensora del autoaprendizaje, a la vez que exigente, llena de oportunidades y, a ratos estresante, como la UCL. He decidido, por lo tanto, tomarme la libertad de escribir acerca de lo que me está haciendo sentir todo lo que estoy viviendo, porque, al fin y al cabo, para mí, esos sentimientos son los que constituyen mi Erasmus.

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Erasmus es esfuerzo bidireccional por mantener vínculos. Son Clara e Isa llenándome el corazón de vida planeando lo que haremos juntas cuando puedan venir a verme. Son las videollamadas llenas de risas, cariño y recuerdos con Carlos. Erasmus es echar de menos a María, a Nuria, a Carmen, a Victoria, a Margarita, a Tomás, a Jesús… Es querer ver todos los días a Jaime, Beltrán, Javi, Rafa, Piluca, Julia… Pero también es tener la certeza de que el amor desafía todas las barreras que impone la distancia (y una pandemia con la que nos ha tocado convivir). Son las llamadas con mis abuelos y el apoyo de mi familia, que me llenan el corazón y el alma de calma. Es saber que no volveré a casa por Navidad, pero que sentiré el cariño de los que más me quieren cada segundo.

Pero para mí, Erasmus también significa nuevos comienzos y nuevos vínculos. Aunque como Álvaro dice, un Londres en tiempos de COVID-19 no es precisamente la ciudad de los abrazos, yo me siento una privilegiada, por tener la fortuna de rodearme de personas aquí que han sabido abrazarme el corazón.

IMG_2052Erasmus es la libertad y la felicidad que me ha regalado Javi. Son su apoyo, su cariño, su paciencia y su capacidad de transformar el tomarse un café esperando un bus en un momento que repetiría en bucle. Conocerlo me ha demostrado que Erasmus es intensidad, son conexiones inmediatas y vivir en gerundio. Mi Erasmus es también compartir ciudad con Claudia, que sabe ver lo mejor en mí y me hace sentir como en casa. Es improvisar y dejarse llevar con Jesús tras un día estresante, y saber que, pase lo que pase, siempre puedo contar con él para salir a respirar aire puro y fotografiar flores en el bosque de al lado de la resi.

Es disfrutar la ciudad con Álvaro y su don para hacerme reír (si no está ocupado haciendo la colada), sentirme querida con Inés y Gabri, escuchar los dramas de Pablito y cantar Hamilton con Carmen. Mi Erasmus es ver puestas de sol a través de cristaleras en el Victoria and Albert Museum con Pablo.  Son las noches de Tea Club con Tamara, Phoebe, Dan… Es bailar frente a atardeceres, chocolate caliente, cinco visitas al día al Pret y vino barato del Tesco. Son lunch breaks en el parque con acento francés que saben a Italia. Son Mimi y Déborah y todas las risas, cariño y planes que compartimos. Es conectar de manera especial con culturas que no conocía, sentir a Haya como un apoyo y una española más, y son las ganas inmensas que tengo que viajar a Egipto en verano para visitarla.

Erasmus para mí es saber que mi experiencia no se centra solo en Londres, ni se va a limitar a 9 meses, sino que me ha abierto las puertas a un mundo mucho más grande que una ciudad de 9M de habitantes: me ha hecho ser consciente de que soy ciudadana de una sociedad global preciosa de la que aún me queda mucho que descubrir. Mi Erasmus son nuevas emociones, que no me había permitido vivir antes. Es confiar en mí misma, atravesar las dificultades, con un poco de estrés, pero con una sonrisa, es llevar la esperanza por bandera y lanzarme a vivir nuevas experiencias a través de las cuales reconectar con la realidad, mi realidad, o empezar a hacerlo de una manera mucho más sincera a como lo hacía antes.

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Mi Erasmus están siendo las personas que me rodean y cada uno de los sentimientos que están despertando en mí. No podría hablar de lo libre que me siento, lo feliz que soy, sin mi experiencia, y mi experiencia no sería la que es sin todas y cada una de las personas que en algún momento, por insignificante que parezca, han alterado mi realidad. El conductor de Bolt que evitó que perdiera el tren a Brighton, el del autobús que me abrió la puerta fuera de la parada, la cocinera de la resi que me hace sentir como en casa. El barista simpático, el profesor comprensivo, los compañeros que comparten conmigo sus ideas. Es la satisfacción personal que siento al dar lo mejor de mi en un essay para la clase de Why Democracy, es el compañerismo en cada entrenamiento de Lacrosse, y lo enriquecedor de compartir opiniones en la Sociedad Diplomática. Es ser consciente de las oportunidades que ofrece mi nueva realidad y buscar el compromiso sincero con ella.

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También diría que Erasmus es fracaso, errores, decepción, frustación, incertidumbre, miedo… Pero no como límites a la libertad que siento, sino como puntos de partida para construir mi nueva actitud ante las dificultades que la vida me plantee. De cada experiencia y cada instante aquí aprendo algo, aunque de quien más estoy descubriendo es de mí misma. Solo cuando salimos de nuestra zona de confort nos desarrollamos como realmente somos, y, en mi caso, he descubierto que soy mucho más fuerte, capaz de disfrutar de lo bonito del presente sin estar condicionada por un pasado o un futuro, y mucho más independiente de lo que pensaba que era. En Londres, me he enamorado de cada rincón, de las hojas cayendo en un otoño idílico, de los colores pastel por las mañanas y las luces neón por las noches, del ruido y prisa de la ciudad y la calma y quietud de los parques, de Muswell Hill, mi nuevo hogar, de los atardeceres, del sonido del viento agitando los árboles, de los fuegos artificiales sin motivo aparente y de un río que refleja la ciudad que me ha robado el corazón.

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Me he enamorado de mis compañeros de experiencia, mi familia londinense. Me he enganchado a lo tranquila, segura y querida que me hacen sentir. Pero, sobre todo, me he enamorado de mi vida, de todo lo que me traje en la maleta y en el corazón y que me acompaña a cada paso que doy, de las oportunidades y la felicidad que me está regalando mi presente, y de un futuro que, después de todo lo que estoy viviendo, tengo muchísimas ganas de descubrir. Para mí, Erasmus es la felicidad que me produce emocionarme escribiendo estas líneas, darme cuenta de lo mucho que he cambiado, el sentir y conectar libremente con la realidad y sobre todo, el no querer dejar de hacerlo nunca más.

Vida ELU

Elus por el Mundo – Álvaro Salgado

Por:

¡Buenas! Para los que no me conozcáis, mi nombre es Álvaro Salgado. Soy un alumno de 3º de la Escuela de Liderazgo Universitario, que estudia Derecho y Estudios Internacionales en la Universidad Carlos III de Madrid, y que está de Erasmus desde septiembre y, si todo va bien, hasta junio, en Londres, en la University College London, que ya muchos conoceréis de primera mano.

¿Qué es un Erasmus? ¿Es la tierra prometida a todo alumno español que entra a la universidad bajo la cascada de rumores acerca de lo extraordinario de la experiencia? ¿Es la oportunidad de escapar de los pasillos y las aulas que ya nos resultan no solo conocidos sino agotadores y poder así hacer nuestras las historias y las paredes de lugares lejanos que siempre tendrán nuestra impronta? ¿Es el espacio para conocer a personas nuevas cada día y fraguar lazos que se sienten viejos por mucho que no tengan ni un mes de vida? ¿Es, quizás, un sueño roto por la pandemia que ha paralizado nuestras vidas y que cada día nos asesta un nuevo ataque a nuestras ilusiones?

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Erasmus es todo eso y mucho más. Es un mundo de nuevos horizontes para quienes por primera vez se van de casa, es un horizonte renovado para quienes ya lo hicimos. Tuve la enorme suerte de poder estudiar fuera de mi ciudad de nacimiento desde primero de carrera, y con ello también hube de sufrir la enorme desgracia que es alejarse de todo lo que has querido y mantenido cerca durante dieciocho años. Sin embargo, la experiencia Erasmus te lleva un poco más allá, y te obliga no únicamente ya a cuidarte a ti mismo, no únicamente a responsabilizarte de tu supervivencia en una ciudad ajena y extraña, sino también a renovarte y volverte a hacer a ti mismo. Te obliga a ser de nuevo aquel niño de dieciocho años que llega asustadizo a un paraíso oculto que le queda por conocer. Te obliga a crear de nuevo tu círculo de personas de confianza, te obliga a ponerte frente a tus propios prejuicios al conocer a personas que provienen no ya únicamente de rincones diversos de España, sino de todos y cada uno de los países de este mundo que hoy necesita de personas que sepan ver más allá de las diferencias que marcan nuestras fronteras. Cuando nos ocultamos bajo una mascarilla para proteger y protegernos, todos somos lo mismo: jóvenes tratando de asegurar el futuro de este mundo. Cuando brindamos juntos, no hay diferencia entre alemanes, franceses, españoles ni egipcios. Solo un clamor al cielo para que las cosas vayan bien y podamos disfrutar los unos al lado de los otros. Y también para que UCL, esa universidad que siempre había soñado, no nos arrebate la libertad bajo una nueva montaña de trabajo.

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La universidad es diferente allende los mares. UCL te otorga la independencia que desees, y eso es tan bueno como terrible. Tú llevas tu estudio, tú decides cuánto tiempo le dedicas, tú decides en qué temas te centras, tú decides, en definitiva, cómo deseas que se construya tu experiencia. Los profesores te acompañan, te explican ciertas cuestiones y de vez en cuando te señalan cuáles son los puntos más relevantes. Por lo demás, está en tu poder. La independencia conlleva responsabilidad, y por eso este sistema me parece al mismo tiempo una forma de tratarnos como adultos y una educación insuficiente. Universidad es una enseñanza compartida entre el alumno y el maestro, y creo que en ese sentido hay una fuerte carencia de tutelaje en las aulas inglesas. Por no hablar, claro está, de las limitaciones que impone la enseñanza online.

La COVID19 ha cambiado cómo se vive Erasmus. Lejos quedan aquellas fiestas tremebundas de las que nos hablaron nuestros veteranos y aquellas semanas de conocer cada noche a decenas de personas nuevas. Muchos son los que no se han atrevido o no han podido al final venir hasta las tierras de la (quizás no tan) pérfida Albión y muchas las restricciones en pie que en pos de asegurar nuestra salud han cotado lo que nos podemos permitir hacer con nuestros amigos. Pero en cierta manera también nos ha brindado una oportunidad. Nos ha permitido conocer mucho mejor a las personas que nos rodean, sustituir el frenesí incierto de cientos de personas por la aún tímida pero incipiente amistad cierta y verdadera que nace entre quienes se enfrentan a la adversidad hombro con hombro. He tenido una enorme suerte.

IMG_20201105_094747_310En el tiempo que llevo aquí, he podido conocer a personas extraordinarias. He podido empezar de cero con compañeros de clase de Madrid que jamás pensé que querría tanto (y que encima me cuidan como si fueran mi madre en este mundo foráneo), conocer a compañeros de la ELU que ya lo son también de incertidumbre y fotografía (Carmen, te quiero mucho), amigos de Madrid y de Alicante y de Burgos y del Cairo y de Múnich y de París, y ver que todos somos lo mismo en este Londres que nos acoge bajo su luz tenue y su lluvia permanente. Londres es una ciudad que nunca descansa, una ciudad que no deja de llorar y de gritar pero a la que nadie hace nunca caso, como le pasa a todas las ciudades que nunca duermen. Es una ciudad que te atrapa y te ahoga y te hace vivir de nuevo. Es una ciudad que no sabe comer, y reitero que la calificación del fish and chips como plato nacional habla de una cultura gastronómica cuestionable, pero es una ciudad que sabe abrazar. Una ciudad peligrosa, complicada y a tiempos oscura, pero que te recibe en sus calles adoquinadas y bajo el resplandor de los mil y un relojes que iluminan el firmamento londinense te susurra que aquí todo es posible y que si lo sueñas puede hacerse realidad. Inglaterra es más parecida a España de lo que jamás pensé, pero también distinta. Siento en los ingleses una falta de empatía, una suerte de poso de cariño y de respeto hacia el prójimo que vive en el corazón hasta del español más bruto y que en cambio aquí desiste, derrotado bajo la frialdad de una cultura en la que los abrazos no existen. Creo que eso es lo que más echo de menos: gente que quiera dar muchos abrazos.

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Cuando estéis leyendo estas líneas, yo probablemente me halle bajo el nuevo confinamiento impuesto en Reino Unido para tratar de detener el imparable avance de contagiados y de víctimas. Jamás, bajo ninguna posibilidad, pensé que nos veríamos obligados como generación a enfrentarnos a tiempos tan complejos y difíciles. Pero precisamente por ello solo hay una forma de sobrevivir y de ganarle el pulso al tiempo: ser valientes. Aventurarse en todos los rincones del mundo y hablar todos los idiomas que sepáis, y chapurrear los que no. Enamorarse de quienes no te corresponden y emocionarte cuando ves en los ojos ajenos la misma chispa, y hacer amigos que te invitan a viajes en cada rincón del mundo, y soñar siempre con el día en que desde Primrose Hill, la colina que domina Londres y que ya se ha tornado en colonia española, podamos ver iluminarse el cielo con los fuegos artificiales que celebren nuestra victoria.

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¿Qué es Erasmus? Para mí, está siendo el reencuentro con aquel niño de dieciocho años, mi reconciliación con él y conmigo, con lo que será y con lo que ya ha sido. Es la promesa de todo y de nada, solo de aquello que te atrevas a vivir y a arrebatarle de las garras al tiempo. Erasmus es un horizonte nuevo y una forma de hacer enormes y nuevos y vivos los ya existentes. Ha sido un regalo, que me ha dado a Javi, a Carmen, a Gabriel y a Inés y a Carmen y a Pablo y a Antía y a Ignasi y a Haya y a Déborah y a Myriam y a Josef y a tantos otros.

Sentado al pie del pórtico de UCL donde un día posé con mis compañeros de Becas Europa XIII solo puedo pensar: ¡viva Erasmus!