Miguel Escalante – ELUs por el Mundo

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24 JUN

Habían pasado 4 años desde la última vez que estuve en París, ocasión que pude disfrutar con varios de vosotros en el viaje de Becas Europa. Tanto me estaba gustando la ciudad aquel verano de 2016 que, por apurar y apurar nuestro tiempo libre en los Campos de Marte, a los pies de la Torre Eiffel, acabamos llegando tarde al hotel (15 mins). Ni la llamada de atención de Carola (merecida) a las puertas del albergue FIAP Jean Monnet consiguió que me quedara con un mal recuerdo de la capital francesa y el destino caprichoso hizo que volviera, esta vez para cursar un curso completo.

Bueno, curso completo… digamos 6 meses gracias a nuestro querido Coronavirus.

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Para el que no me conozca, estudio Farmacia en la Universidad de Sevilla y entre todas las opciones que me ofrecía mi facultad, París no era a priori la que más me llamaba la atención. Esto era debido a que nunca me había enfrentado a vivir en una gran ciudad, ya que he vivido siempre entre Huelva y Sevilla, por lo que no puedo negar que me imponía un poco dar el salto a una capital europea de tal calibre. Sí tenía claro que quería ir a Francia para mejorar el idioma y valoré opciones como Marsella o Lyon, pero finalmente mis padres sobre todo me animaron a decidirme por París y el tiempo me ha demostrado que tomé la decisión correcta.

La aventura comenzaba a principios de septiembre con la base de conocer ya a 3 personas de mi facultad que también iban para allá, por lo que jugaba en modo fácil. Iban también a la misma universidad que yo, por lo que siempre estábamos arropados. Cuando elegí Francia y más concretamente París, sabía que no iba a ser un Erasmus de cachondeo en el que limpiar asignaturas fácilmente, ya que el nivel de la universidad de destino, Université Paris Sud – XI, era bastante alto y mis predicciones han sido acertadas. Si bien es cierto que he tenido que estudiar bastante, no me ha faltado el tiempo para disfrutar de los que han sido los mejores meses de mi vida sin lugar a duda.

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A pesar de haber estado un par de veces en París, el hecho de vivir en una ciudad te permite empaparte de ella y justo ésta tenía mucho de lo que empaparse. Durante los primeros días, entre papeleos interminables para conseguir cuadrar el Acuerdo de Estudios, conseguir la tarjeta de transporte, una beca de alojamiento, etc… comenzamos nuestro intento de “desguirización” (hecho de ser cada vez menos “guiri”) visitando y conociendo los monumentos más míticos, pero también los menos famosos. Porque París es mucho más que Torre Eiffel, Arco del Triunfo y Museo del Louvre… que ya de por sí no es poco.

Lo que más me impresionaba era que no se acababan las cosas que visitar y planes que hacer. Tardes enteras visitando jardines como el de Luxemburgo o las Tullerías, miles de plazas como la Concordia o Vendome, infinitos barrios con encanto como el latino o Montmatre y monumentos que en cualquier ciudad del mundo serían los principales a visitar pero que aquí eran “uno más” como el Panteón o los Inválidos. Tendría que dedicar otra newsletter entera para hablaros de los museos, que más allá de haber memorizado el ya mencionado Louvre, el d’Orsay y el Pompidou, que son los más típicos, también he podido disfrutar de los recovecos de los menos conocidos como el Rodin, l’Orangerie o el museo de las Guerras Mundiales que se encuentra dentro de los Inválidos. Así podría llevarme horas y horas, enumerando sin parar lugares de interés turístico, pero paro ya.

Algunos de estos sitios que he mencionado los conocí de mano de la pequeña comunidad ELU Francia que nos montamos Diego, Tessa, Paula y Rubén, que aparte de alguna que otra cervecita, fuimos al museo Rodin y a los Inválidos, donde, además de un par de museos, se encuentra la tumba de Napoleón.

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Otra gran ventaja que tiene París es su ubicación geográfica, la cual nos permitió viajar muy cómodamente a varios destinos: primero fuimos a Bélgica (poco más de 3 horas en bus) donde visitamos Bruselas y Brujas; después acompañamos al Sevilla Fútbol Club hasta Luxemburgo (5 horitas en Flixbus), donde jugaba un partido, el cual por supuesto ganamos; nos alquilamos un par de coches y fuimos hasta Véretz, un pequeño pueblo cerca de Tours, donde una amiga que conocimos nos invitó a pasar un finde al humilde castillo de su tía abuela (sin coña jajajaja). Por ultimo, pillamos unos vuelos baratos para hacer un mini-interra y visitamos en una semana Praga, Bratislava, Viena y Budapest.

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Otra experiencia que me encantó fue la posibilidad de ir al Parc des Princes, estadio de fútbol del PSG, gracias a que nuestro compañero de la ELU Manu Santamaría, en una visita que hizo, compró las entradas sin saber todavía la fecha y hora exacta en la que era el partido y finalmente no podía ir, por lo que unos amigos y yo le hicimos el favor de ir en su lugar.

Muchos findes teníamos visitas de amigos de nuestros amigos que iban viniendo poco a poco, ya que París es una ciudad muy apetecible y de buena conexión gracias a sus tres aeropuertos principales, por lo que he podido conocer a más gente si cabe, pero sin duda el mejor fue cuando diez amigos míos vinieron a la vez y pude enseñarles la ciudad que tanto me estaba gustando tanto de día como de noche.

Han sido 6 meses que me saben a muy poco y que me dejan con alguna espinita clavada pero completamente enamorado de París y con la certeza de que volveré muchas veces y seguiré mirando a mi alrededor mientras se me cae la baba al igual que el primer día.

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Miguel Escalante Cabeza