Francia

Vida ELU

Elus por el Mundo – Jaime López Espada

Por: ELU Admin

Buenas, soy Jaime López Espada y estoy en tercero de la ELU. Soy de Madrid y estudio ingeniería industrial en dos universidades; la primera parte la he hecho en la famosa y reconocida entre los ELUs ETSII (UPM) de Madrid y la segunda la estoy haciendo en la École CentraleSupélec (CS) de París. La verdad que siempre había tenido claro que en el momento indicado intentaría hacer un Erasmus, pero nunca me había planteado la posibilidad de hacer un Doble Diploma, lo cual es una opción bastante interesante, y menos aún en Francia. Sin embargo, es de esto sobre lo que os vengo a hablar.

Desde bien pequeño he tenido siempre claro que quería dedicarme a la ingeniería, y teniendo una idea aproximada del panorama tecnológico todo apuntaba a que lo más interesante sería poder formarse en países punteros tales como Alemania o los Estados Unidos, y por ello las lenguas de estos lugares fueron las que me dediqué a aprender; ambos el inglés y el alemán desde la primaria hasta primero de carrera. Todo esto para que después de conocer a un veterano de mi universidad durante una peregrinación en Roma, este me contara las maravillas de una universidad, o más concretamente “École” (cf. Sistema francés), que existía cerca de París y en la que él había hecho ya una doble titulación. “CentraleSupélec” se llamaba, era la primera vez que escuchaba a alguien hablar tan bien de una universidad; me habló del método diferente de enseñanza, de lo dinámico y variado que era, de la cantidad de actividades del campus, es decir, de los foros de opinión, de empresas, de las fiestas, de los deportes y competiciones, de las oportunidades, de los viajes organizados y de muchísimas cosas más. Tal fue el asombro que me produjo el escuchar que existía algo que se asemejaba tanto a aquello que me habían explicado en el viaje de Becas que decidí frenar en seco y cambiar drásticamente mi rumbo universitario para ponerlo en dirección a París.

El camino no fue fácil, era necesario tener unas notas lo suficientemente buenas como para recibir el sí de la institución de partida (UPM) y la de llegada (CS), además de aprender el francés, del que no conocía ni una sola palabra, pero bueno señores, y aquí viene frase MrWonderful, el que la sigue la consigue, y así pasado un año logré cumplir los requisitos para poder partir a París a realizar un doble diploma.

Con las agonías y la inseguridad del camino recorrido para poder llegar a ser aceptado no fui consciente de que al final iba a irme hasta el último momento, y por eso, una vez allí todo fue bastante chocante, sin embargo, puedo decir que fue para bien. Desde el momento en que pisé el campus, hecho a la americana, es decir, enorme y a las afueras de la ciudad, con todo lo necesario para vivir entorno a ella, supe que este lugar era diferente; desde el calibre de los edificios hasta la manera en la que se nos acogió, con dos semanas llenas de actividades dedicadas a la integración de todos los alumnos, se podía sentir un espíritu diferente en esta manera de ver la educación.

A medida que ha ido pasando el tiempo, y con un poco de perspectiva ya, he podido observar como en esta universidad hay una combinación mágica entre motivación, recursos y colaboración. Es de verdad impresionante el tamaño de la vida universitaria que existe en este lugar, siempre en constante ebullición. La institución se pone completamente al servicio de los alumnos y facilita el acceso a multitud de recursos, desde la posibilidad inmediata y facilísima para reservar cualquier espacio de la uni, hasta el acceso a cualquier tipo de consejo o fondos para comenzar cualquier nuevo proyecto; provocando así que surja un ecosistema increíble en el que la propia École acaba siendo aquello tan bonito que nos decían en Becas Europa, es decir, un ayuntamiento entre alumnos y formadores.

Es cierto sin embargo que no todo es brillante y de color rosa, hay también cosas que fallan y no todo es perfecto, como el horario, bastante largo y absorbente, o la manera de enseñar de algunos profesores, que como es típico en muchas facultades de ingeniería son más investigadores que buenos profesores, pero a pesar de todo y haciendo balance, puedo afirmar que este lugar y la experiencia que estoy viviendo en él son increíbles.

En estos últimos meses he podido hacer de todo, cosas tan increíbles como poder subir a París cada fin de semana, como si fuera el patio de mi casa, recorrerme media Francia con la excusa de los viajes de “cohesión” o con los cursos de formación de la universidad, esquiar en los Alpes o, algo que me dejó sin palabras, montar gratis en un globo aerostático a la salida de clase, porque, ¡atentos!, la asociación de aeronáutica había decidido montar uno en los terrenos de rugby de la uni.

Académicamente el cambio ha supuesto un reto y he tropezado más de una vez en Centrale, ha habido momentos duros en los que uno se plantea bastantes cosas, y múltiples fracasos acompañados de muchos noes, más una vez más puedo confirmar que la experiencia ha sido positiva y que todas estas caídas han podido servir para aprender, total, unas veces se gana, y otras se aprende. Además, agradezco la gran libertad que existe para elegir el camino de formación que uno quiere seguir, con muchas opciones y variedad a la hora de elegir asignaturas y especialidades, además de la formación completa que se busca con bastantes cursos de formación en dominios trasversales.

Paralelamente a los estudios he tenido la suerte también de poder formar parte de una asociación llamada Perunidad, dedicada al apoyo de proyectos humanitarios en Perú, los cuales se financian y funcionan gracias al dinero recolectado durante todo el año por los miembros de la asociación y por la ayuda de gestión prestada desde la distancia, para finalmente acudir para ayudar en persona durante nuestro “stage” de verano. También he tenido la suerte de ser miembro del equipo de remo de CentralSupélec, la ACP, con la que he podido competir, perder y ganar en equipo, una verdadera suerte.

No puedo acabar esta crónica sin hablar de la gente tan maravillosa que esta experiencia me ha permitido conocer. Desde la familia de españoles con los que prácticamente vivo el día a día, pasando por mis compañeros de piso David y Sebas, hasta la infinidad de amigos franceses e internacionales de todas las puntas del globo que he podido hacer. Estoy muy agradecido por lo mucho que me han abierto los ojos y por los tantos buenos momentos que he podido compartir con ellos, pero aún más por saber que aún solo ha pasado un cuarto del tiempo que debo estar aquí.

De esta forma, termino ya de enrollarme cual persiana y os digo que me tenéis disponible para cualquier duda o consejo en caso de que alguno de vosotros quiera irse de Erasmus a Francia o que quiera aprender el francés “vite fait”, porque ya os digo que no solo es el inglés el que se enseña mal. ?

Bisous desde el bonito prado a las afueras de París en el que se encuentra esta maravillosa universidad, y ¡hasta la próxima!

Vida ELU

Elus por el Mundo – Jorge Romanillos

Por: ELU Admin

¡Buenas! Soy Jorge Romanillos, estoy en cuarto (¡cuarto ya!) de la ELU, y estudio Derecho por la UNED y Filosofía, Política y Economía, que, por un lado, no es un triple grado, sino sólo uno que combina estas tres disciplinas, y que, por otro lado, no se estudia en una universidad, sino entre cuatro españolas: dos de Barcelona (UAM y UPF) y dos de Madrid (UAM y UC3M). Así pues, este año estudio en mi quinta universidad, y es de esta etapa, de mi Erasmus en París, de la que os quiero hablar, aunque dando un pequeño rodeo que no tenía previsto, pero que me ha parecido interesante recorrer y compartir con vosotros, pues el año de Erasmus no es un ensayo del que se puede hablar realistamente de forma aislada (no lo es al menos para mí), sino un capítulo más que sólo tiene sentido en el marco amplio de la historia de una vida.

Yo soy un chaval de Guadalajara, y me encanta mi ciudad, pero en el fondo siempre he sabido que se me hacía pequeña (85.000 habitantes, entre otras cosas), y que yo quería volar. De hecho, la madrugada del 16 de septiembre de 2018, mientras desaparecía Guadalajara en nuestro retrovisor rumbo a Barcelona, escribí estos versillos que ilustran bastante bien cómo me sentía:

Es fascinación, no miedo,
lo que siente el polluelo
al mirar hacia arriba,
al mirar hacia el cielo,
al saltar del nido
para empezar su vuelo.

¿Qué pasará?
No lo sabemos,
de momento…
¡soñemos!

Ese mismo sentimiento invadió mi pecho atravesando media España y tres cuartos de Francia para llegar con mis padres a mi nueva casa, una pequeña habitación de una residencia pública de París (el CROUS de Bercy). Ya en el año en Barcelona había vivido solo, y podía intuir lo que se venía, pero esta vez era un pasito más el que daba al salir de España, y uno siempre se siente muy emocionado ante este tipo de nuevos comienzos.

Además, el momento vital también era muy diferente para mí: de algún modo, cada año de carrera se ha correspondido con una pregunta fundamental que me ha rondado y que ha orientado mi vida. En primero me preguntaba si quería coger un camino (¿para qué vivo? ¿por qué no suicidarse? Porque yo era muy feliz, pero no quería vivir por inercia); en segundo, habiéndome respondido y convencido de que sí, de que quería coger un camino, me preguntaba cuál, pues ya decía Séneca que “ningún viento será bueno para quien no sabe a qué puerto se encamina” (una vez sabía y sentía con toda mi alma que quería vivir y por qué, me preguntaba a qué quería dedicar mi vida para poder vivir de un modo coherente); en tercero, tras haber probado diferentes vías y tras un largo proceso de discernimiento, tuve una intuición crecientemente clara de mi meta (quería servir a través de la política y, en concreto, promocionando la integración política europea y mundial de acuerdo con los valores y las ideas socialdemócratas, que son las que más nobles y prácticas me parecen, -aunque no siempre se apliquen de manera acertada, por ello también quería involucrarme y aportar-); en cuarto, saber adónde quiero llegar me ha dado un criterio a la hora de elegir los senderos que recorren mis pies (así, voy dirigiendo consecuentemente mi tiempo, mis estudios, mis compromisos…). Es decir, que aunque este es mi segundo año fuera de casa, no tiene prácticamente nada que ver este en París con el anterior en Barcelona.

Centrándome ya más en mi Erasmus, elegí París porque es París, porque es una ciudad muy especial: una de las más bonitas del mundo ¡y la que más museos tiene por metro cuadrado! Elegí París también porque quería mejorar mi francés, porque tiene una posición privilegiada para viajar por Europa… y lo cierto es que fue un grandísimo acierto: me tiene enamorado la ciudad del Amor 😉

Las dos primeras semanas fueron de una intensidad tan preciosa como insostenible, es el momento de ubicarse en la ciudad, de pateársela, de conocer a la gente, de dormir poco y de formar tu grupo, que es como encontrar tu pequeña familia en esta nueva casa tan lejos de casa.

He de decir, sin embargo, que esta claridad acerca de lo que quiero en mi vida hace que tenga sentido no haber tenido una experiencia tan inmersiva durante el primer cuatrimestre como quien está en un Erasmus quizá más clásico, ya que mis diversas responsabilidades y las oportunidades que me ofrece formar parte de asociaciones y partidos políticos me han llevado a viajar bastante este primer cuatrimestre.

Por ilustrar esto que digo, como miembro de Jóvenes Europeos Federalistas y presidente de la sección de Castilla-La Mancha he viajado a cursos y eventos sobre cómo mejorar la Unión Europea en Bruselas, Praga, Sofía, Estrasburgo y Cuenca; como miembro de Young World Federalists estuve en Berlín en la “Week for World Parliament”; y como militante de Juventudes Socialistas y del PSOE estuve en el 40º Congreso Nacional de Valencia y en el 12º Congreso Regional de Toledo. Es decir, que muchas de mis semanas en el primer cuatri consistían en estudiar y disfrutar de París de martes a jueves y en viajar de viernes a lunes.

No obstante, este segundo cuatrimestre está siendo y va a ser mucho más París (¡aunque iré al segundo finde y a la graduación de la ELU!), y acabo los exámenes a principios de abril, así que voy a tener bastante tiempo en mayo y hasta el 30 de junio para empaparme de las Luces y de las calles de la ciudad de la torre Eiffel, e incluso para explorar sus alrededores. El otro día estuvimos, por ejemplo, en el Château de Fontainebleu, donde firmó Napoleón con Godoy lo de ir a por Portugal con sus ejércitos a través de España… que ya sabéis cómo salió.

Además, viendo mis amigos que no estoy de viaje, están decidiendo viajar ellos y estoy haciendo yo de anfitrión, que también es algo muy bonito de irse fuera. Y ver a mis amigos de Guadalajara, por ejemplo, venirse a las soirées y hablar en inglés con mis amigos de por aquí de Brasil, Líbano, Grecia, Taiwán… no tiene precio, la verdad.

Cierro ya, que me he alargado bastante al final, con unos versos que escribí el 24 de septiembre, cuando apenas llevaba un mes en París, y en los que hablo sobre lo que ha sido mi camino en estos últimos años y sobre lo que estaba y está siendo París para mí:

París está siendo,
yo que soy muy de soñar,
la ciudad de mis sueños.

Guadalajara es, sin duda,
la ciudad de mi corazón;
Barcelona fue una crisis tremenda
que me hizo parar
y mirar a mi interior;
Madrid fueron dos años de discernimiento,
y de encontrar mi dirección;
y aquí en París me siento
como quien sabe a qué ha venido,
y se pone en acción.
Y estoy viviendo una paz…
y me está ocurriendo una magia…
que de verdad que os digo
que es muy difícil de explicar,
pero que me flipa, vaya.

Así que, resumiendo:
París está siendo,
yo que soy muy de soñar,
la ciudad de mis sueños.

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Miguel Escalante – ELUs por el Mundo

Por:

Habían pasado 4 años desde la última vez que estuve en París, ocasión que pude disfrutar con varios de vosotros en el viaje de Becas Europa. Tanto me estaba gustando la ciudad aquel verano de 2016 que, por apurar y apurar nuestro tiempo libre en los Campos de Marte, a los pies de la Torre Eiffel, acabamos llegando tarde al hotel (15 mins). Ni la llamada de atención de Carola (merecida) a las puertas del albergue FIAP Jean Monnet consiguió que me quedara con un mal recuerdo de la capital francesa y el destino caprichoso hizo que volviera, esta vez para cursar un curso completo.

Bueno, curso completo… digamos 6 meses gracias a nuestro querido Coronavirus.

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Para el que no me conozca, estudio Farmacia en la Universidad de Sevilla y entre todas las opciones que me ofrecía mi facultad, París no era a priori la que más me llamaba la atención. Esto era debido a que nunca me había enfrentado a vivir en una gran ciudad, ya que he vivido siempre entre Huelva y Sevilla, por lo que no puedo negar que me imponía un poco dar el salto a una capital europea de tal calibre. Sí tenía claro que quería ir a Francia para mejorar el idioma y valoré opciones como Marsella o Lyon, pero finalmente mis padres sobre todo me animaron a decidirme por París y el tiempo me ha demostrado que tomé la decisión correcta.

La aventura comenzaba a principios de septiembre con la base de conocer ya a 3 personas de mi facultad que también iban para allá, por lo que jugaba en modo fácil. Iban también a la misma universidad que yo, por lo que siempre estábamos arropados. Cuando elegí Francia y más concretamente París, sabía que no iba a ser un Erasmus de cachondeo en el que limpiar asignaturas fácilmente, ya que el nivel de la universidad de destino, Université Paris Sud – XI, era bastante alto y mis predicciones han sido acertadas. Si bien es cierto que he tenido que estudiar bastante, no me ha faltado el tiempo para disfrutar de los que han sido los mejores meses de mi vida sin lugar a duda.

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A pesar de haber estado un par de veces en París, el hecho de vivir en una ciudad te permite empaparte de ella y justo ésta tenía mucho de lo que empaparse. Durante los primeros días, entre papeleos interminables para conseguir cuadrar el Acuerdo de Estudios, conseguir la tarjeta de transporte, una beca de alojamiento, etc… comenzamos nuestro intento de “desguirización” (hecho de ser cada vez menos “guiri”) visitando y conociendo los monumentos más míticos, pero también los menos famosos. Porque París es mucho más que Torre Eiffel, Arco del Triunfo y Museo del Louvre… que ya de por sí no es poco.

Lo que más me impresionaba era que no se acababan las cosas que visitar y planes que hacer. Tardes enteras visitando jardines como el de Luxemburgo o las Tullerías, miles de plazas como la Concordia o Vendome, infinitos barrios con encanto como el latino o Montmatre y monumentos que en cualquier ciudad del mundo serían los principales a visitar pero que aquí eran “uno más” como el Panteón o los Inválidos. Tendría que dedicar otra newsletter entera para hablaros de los museos, que más allá de haber memorizado el ya mencionado Louvre, el d’Orsay y el Pompidou, que son los más típicos, también he podido disfrutar de los recovecos de los menos conocidos como el Rodin, l’Orangerie o el museo de las Guerras Mundiales que se encuentra dentro de los Inválidos. Así podría llevarme horas y horas, enumerando sin parar lugares de interés turístico, pero paro ya.

Algunos de estos sitios que he mencionado los conocí de mano de la pequeña comunidad ELU Francia que nos montamos Diego, Tessa, Paula y Rubén, que aparte de alguna que otra cervecita, fuimos al museo Rodin y a los Inválidos, donde, además de un par de museos, se encuentra la tumba de Napoleón.

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Otra gran ventaja que tiene París es su ubicación geográfica, la cual nos permitió viajar muy cómodamente a varios destinos: primero fuimos a Bélgica (poco más de 3 horas en bus) donde visitamos Bruselas y Brujas; después acompañamos al Sevilla Fútbol Club hasta Luxemburgo (5 horitas en Flixbus), donde jugaba un partido, el cual por supuesto ganamos; nos alquilamos un par de coches y fuimos hasta Véretz, un pequeño pueblo cerca de Tours, donde una amiga que conocimos nos invitó a pasar un finde al humilde castillo de su tía abuela (sin coña jajajaja). Por ultimo, pillamos unos vuelos baratos para hacer un mini-interra y visitamos en una semana Praga, Bratislava, Viena y Budapest.

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Otra experiencia que me encantó fue la posibilidad de ir al Parc des Princes, estadio de fútbol del PSG, gracias a que nuestro compañero de la ELU Manu Santamaría, en una visita que hizo, compró las entradas sin saber todavía la fecha y hora exacta en la que era el partido y finalmente no podía ir, por lo que unos amigos y yo le hicimos el favor de ir en su lugar.

Muchos findes teníamos visitas de amigos de nuestros amigos que iban viniendo poco a poco, ya que París es una ciudad muy apetecible y de buena conexión gracias a sus tres aeropuertos principales, por lo que he podido conocer a más gente si cabe, pero sin duda el mejor fue cuando diez amigos míos vinieron a la vez y pude enseñarles la ciudad que tanto me estaba gustando tanto de día como de noche.

Han sido 6 meses que me saben a muy poco y que me dejan con alguna espinita clavada pero completamente enamorado de París y con la certeza de que volveré muchas veces y seguiré mirando a mi alrededor mientras se me cae la baba al igual que el primer día.

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Miguel Escalante Cabeza

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Rebeca Arranz- ELUs por el Mundo

Por:

¡Hola chicos! Soy Rebeca Arranz, ELU de tercero, y este año estoy viviendo mi Erasmus en Toulouse.

Toulouse es una ciudad al suroeste de Francia perteneciente a la “région Occitanie”. Mi elección, de última hora. Finalmente me decanté por el idioma y la esperanza de no pasar un año con un clima despiadado. Uno que no me dificultara demasiado el desprenderme de mi querido sol, casi perpetuo en Madrid, por unos meses. El resultado, una ciudad que me ha encandilado y de la cual me va a costar trabajo despedirme.

Es la cuarta ciudad más grande de Francia, detrás de París, Marsella y Lyon, con alrededor de medio millón de habitantes. Para mí, que vengo de Madrid, justo lo que quería. Una ciudad acogedora donde poder pasear a todas partes prescindiendo del transporte público. Gracias a ello, he podido cumplir uno de mis sueños, ir en bici a la universidad, a entrenar e incluso para volver de fiesta. Es un placer que voy a echar mucho de menos a la vuelta cuando tenga que atravesar Madrid cada día para ir a la uni. Aquí se toman muy en serio la necesidad de reducir el uso de transportes privados y la ciudad está acondicionada para los miles de ciclistas que circulan por sus calles todos los días.

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Y es que Toulouse es una ciudad para patear ya sea en bici o andando. Recorrer sus numerosos canales alimentados por el río Garona no tiene precio, sobre todo cuando vienes de una ciudad donde al río le cuesta mantenerse con vida. Sus calles adoquinadas y sus edificios, en su mayoría de poca altura con ese característico color rosado, te invitan a pasar las tardes sin mirar el reloj buscando un rinconcito donde disfrutar de un buen libro con un imprescindible crêpe de chocolate. Es por ello que la ciudad recibe el nombre de “Ville Rose” y convierte sus atardeceres en los más bonitos que he visto en mi vida.

Las visitas obligadas son numerosas: la plaza del Capitolio, la catedral de Saint-Étienne, caminar por el barrio de Carmes, las vidrieras del convento de los Jacobinos y, con la que no puedo evitar quedarme embobada, la basílica de Saint-Sernin, la cual se puede ver desde casi todos los puntos de la ciudad. Toulouse es culturalmente muy activa. Cada día tienen lugar numerosos conciertos, conferencias y exposiciones de los temas más diversos. Es también una ciudad muy universitaria por lo que te acabas dando cuenta de que amigos franceses los que menos y españoles en cada esquina.

Aunque parezca que no vine a estudiar, lo he hecho y mucho. Yo venía a la Université Toulouse I Capitole donde se pueden estudiar grados como Derecho, Informática o Economía. Aun así, mi llegada guardaba una sorpresa, y es que mi plaza era más bien para estudiar asignaturas de Máster en la TSE (Toulouse School of Economics) donde me ha tocado sufrir un poquito aunque con mucho aprendizaje a todos los niveles. Tendría que haberme esperado un regalito como éste de mi querida Carlos III, muchos me entenderéis.

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Este pequeño obstáculo me ha servido para afrontar mi carrera de una manera diferente y para conocer gente apasionada que me ha hecho ver aquello que puede llegar a gustarme de lo que hago o más bien, aquello a lo que no estoy llamada ni por asomo. Como no podía ser de otra forma, también ha habido tiempo para el deporte. Otro sueño cumplido ha sido el poder entrenar en otro país y clasificarme para el nacional universitario de Cross en Grenoble. Experimentar de primera mano cómo viven el deporte que practico ha sido súper enriquecedor como atleta y como persona.

Y como en casi todo Erasmus no han faltado los viajes. Entre ellos salidas curiosas por los alrededores de Toulouse (Carcasonne, Albi, Burdeos o Montpellier) y otras que me han llevado a coger buses de, mejor no os digo las horas, para visitar Lausana, Constanza, Zúrich o, esta vez en avión, Nápoles, huyendo por los pelos de la que se avecinaba.

Mi idea era escribir estas palabras una vez finalizada mi estancia para hacer un balance global de esta experiencia transformadora, pues sabes dónde empieza pero nunca dónde acabará. Tristemente, estos últimos meses se han visto truncados por la difícil situación que estamos viviendo. No obstante, decidí no poner un punto y final tan brusco y aquí sigo exprimiendo las últimas gotas de mi primera vez fuera de casa. Unos meses en los que he conocido gente de todas las partes del mundo y sobre todo, me he conocido a mí misma, sintiendo que este es también el camino que me lleva a ser más útil para los demás.

Espero que todos estéis lo mejor posible y que estéis convirtiendo esta situación en oportunidades que aprovechar. Yo seguiré disfrutando de los atardeceres más bonitos que conozco, aunque esta vez sea desde mi ventana.

Bisous!

 

Vida ELU

Paula Hortas – Elus por el Mundo

Por:

Hola a todos, soy Paula Hortas Grandal, de 4º de la ELU y ahora mismo me encuentro en una burbuja de la que no quiero salir. Esta burbuja se llama Reims, una ciudad que está casi a dos horas de París, al noreste de la ciudad, en plena Champagne, en la que estoy haciendo mi año de Erasmus.

La burbuja comenzó el pasado mes de agosto cuando empaqué (casi) toda mi ropa (pido perdón desde aquí a mi hermana por haberme traído “accidentalmente” alguna cosa suya), un par de carpetas y me tuve que dejar mi guitarra en casa porque ya no había más hueco en el coche. Llegué a una ciudad tranquila en la que para saciar la sed y el calor del verano no bebían agua, sino Champagne. Y no es que exagere, al contrario; Reims es considerada una de las dos ciudades del Champagne, un vino de fiesta para todos, un vino de aperitivo para los champenoises (dícese de los verdaderos habitantes de la comarca del Champagne), y ahora casi para mí. Empezaba una aventura en la que estoy aprendiendo mucho y descubriendo más.

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Reims me ha descubierto y reafirmado que he encontrado mi vocación. Sí, cada día estoy más segura de que estoy llamada al mundo del vino… En serio, sin bromas… Cada día disfruto más descubriendo todo lo que hay detrás de una copa: desde la tierra de cultivo, hasta la cultura que lleva consigo, la ciencia y sobre todo, la pasión. He tenido la suerte de encontrarme con personas que aman su carrera tanto como yo, lo que hace que nuestra curiosidad se multiplique. Catas improvisadas, sesiones de estudio tras las clases, curiosidades sobre las diferentes regiones vitivinícolas, aspiraciones comunes, concursos y visitas a congresos… Digamos, que mi clase de este año es como una pequeña ELU monotemática que gira en torno al vino y la viticultura.

Reims, como podéis ver, me está enseñando otro tipo de modelo universitario. Como ya decían otros ELUS, la universidad francesa es mucho más magistral. De hecho, es así como llaman a las clases: “Cursos Magistrales”. Sin embargo, ellos mismos aceptan que allí estamos para aprender los aspectos teóricos. Es nuestra responsabilidad ser curiosos, profundizar fuera de las clases, investigar… A la vez, saben que hay que darle importancia a las prácticas de empresa (aquí llamados Stage). El Stage es el momento en el que todo el conocimiento teórico se pone al servicio de la sociedad, donde realmente se aprende y se está en contacto con el mundo laboral. Están tan seguros de ello que la relación universidad-empresa es muy fuerte; colaboraciones, visitas, salidas de campo y ponentes están en mi agenda prácticamente todas las semanas. Como ya nos dicen en la ELU, la Universidad no se da sin servicio a la sociedad, y para ello, es necesario estar en contacto con esa sociedad.

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Reims se cruzó en mi camino de forma inesperada, es el primer año que mi universidad ofrecía este destino, así que el proceso fue todo algo a ciegas. Sin embargo, parecía que estaba predestinado. Sí, empecé con incertidumbre, pero que poco a poco todo se fue resolviendo solo: un Learning Agreement listo en una semana (sí, parece fantasía pero fue real) o las prácticas de empresa en Domaine Vranken Pommery durante la vendimia que surgieron de la noche a la mañana eran solo algunas de las señales que me anticipaban lo que a día de hoy puedo afirmar: Reims estaba esperándome, o mejor dicho, yo estaba esperando a que Reims llamara a mi puerta. Y es que, cada día me siento más agradecida, más feliz de estar aquí…

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Reims también tiene sus cosas, eso no lo puedo negar: la familia lejos y los días grises y cortos son de las cosas más complicadas de llevar, pero también me hacen apreciar las tardes con mi hermana en el jardín, las puestas de sol en la playa, o las tardes por Jerez de tabanquitos. Reims me hace sentir más cerca de casa que incluso estando allí.

Reims me está enseñando el “savoir faire” de los franceses de convertir en modo de vida el placer. Y es que no podemos negar que saben vivir muy bien; son unos disfrutones. Consiguen rendir culto a la gastronomía, el vino, la moda… Pero sobre todo a los pequeños momentos compartidos en los que nadie espera nada, pero de los que todos sacamos algo: ya sea aprender a bailar rock and roll como aprender una nueva palabra que en un idioma que no es el tuyo.

Reims me ha presentado a gente que no hubiera podido conocer de ninguna otra forma: Francia, Bélgica, Alemania, Italia, Turquía, EEUU, Taiwán… e incluso España, son ahora caras de personas, formas de vivir, conversaciones, viajes, risas… Son horas en coche, autobús e incluso en clase. Son comidas compartidas, son preguntas con (y a veces) sin respuestas, son canciones cantadas… Son parte de mí.

Reims, me ha atrapado en su burbuja, que crece, y crece, y crece… Reims se vuelve cada día más hogar que el anterior, más cómodo y cercano. Y el día que explote quiero recordar, al menos, una décima parte de su maravillosa magia chispeante. En definitiva, no os vayáis de Erasmus, no vaya a ser que os pase como a mí…

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Tessa Mondría – ELUs por el Mundo

Por:

“Cuando hice las maletas en septiembre y me monté en el tren (porque con tanto equipaje en el avión ni me dejaban subir) de camino a París, no sabía para nada todo lo que me depararían estos meses. Ahora mismo me encuentro en el ecuador del Erasmus, y creo que es el momento perfecto para contaros lo que he ido descubriendo de una ciudad tan “conocida” por fuera y con tanta sorpresa dentro, pero también para hacer reflexión sobre lo vivido y poder enfocar mejor lo que me queda de esta experiencia.

Primero de todo, para los que no me conozcáis, soy Tessa, estoy en tercero de la ELU y este año me encuentro estudiando en l’Université Sorbonne Nouvelle de París. Y no soy la única ELU por aquí, también están Diego Sánchez, Miguel Escalante, Rubén Almendros de CLAVIS, y Paula Hortas que está en Reims, muy cerquita de París. Así que podemos decir que este año ha habido actividades ELU por provincias en la capital francesa.

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Aunque tenía muy decidido desde hace tiempo que quería aprovechar la oportunidad del Erasmus para vivir un tiempo en París y experimentar a fondo la cultura y sociedad de la ciudad, he de decir que llegué en septiembre con muchos miedos. Miedos, sobre todo, de que la experiencia no llegara a las altas expectativas que tenía, alimentadas por las buenas palabras de cada persona que me recomendaba irme de Erasmus, los anteriores “ELUs por el Mundo”, y en definitiva, la concepción previa que tenía de París a través de varios viajes. Y no ha sido para nada como me lo esperaba, y no puedo alegrarme más por ello. Estos meses me han servido para desmontar todos los mitos de vivir en la gran capital de la cultura, y solo por eso ya ha valido la pena.

París no es para nada una ciudad Erasmus al uso. Al ser tan grande, los Erasmus estamos muy repartidos y coincidir con la gente puede ser difícil, pero ya desde la primera semana, las fiestas y actividades Erasmus dieron su fruto y fue súper fácil conocer a gente nueva. Que los españoles nos hemos juntado mucho y hablar en francés se nos olvidó al principio… pues es verdad, pero los amigos internacionales no tardaron en llegar tampoco. Y es que hay tantísimos estudiantes de todas partes del mundo aquí que no hay día que no se conozca a alguien nuevo, no solo durante las primeras semanas, sino a lo largo de todo el curso, y es increíble, saber que siempre queda gente por descubrir.

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Lo mismo pasa con la oferta cultural de la ciudad. Inocente de mí cuando creí que ya conocía París, que me acabaría aburriendo de ver la Torre Eiffel, el Arco del Triunfo, o de pasear junto al Sena, de visitar una y otra vez los museos…. No es que no me haya cansado, es que no dejo de asombrarme y aún no me creo que tenga la oportunidad de en cualquier momento ir a ver los cuadros de Monet, Picasso, Renoir… O de salir de la universidad y andar 15 minutos para estar en el Panthéon, o en los Jardines de Luxemburgo… Solo hace falta no darlo por sentado, y aprovechar cada momento para seguir descubriendo rincones de la ciudad.

Y los mitos sobre la Universidad de la Sorbona no se quedan atrás. Estudiar medios y cine en la cuna del séptimo arte en Europa está siendo una experiencia única. Es curioso ver el amor que tienen por lo propio, y lo orgullosos que están de todas las creaciones artísticas que se han realizado en el país a lo largo de la historia, ya que la base de los contenidos de todas las asignaturas está enfocada en el ámbito francés, algo poco común en temas de comunicación, donde el enfoque tiende a ser global.

La Universidad aquí también tiene un enfoque muchísimo más teórico que en España, ya que el concepto de Licence (equivalente a Grado) no es un medio para entrar al mercado laboral, sino la adquisición de conocimiento teórico en sí. Y lo que más me llama la atención, es que parece que el espíritu de Mayo del 68 sigue presente en los pasillos de la universidad, donde las reivindicaciones de estudiantes (y ahora también de los profesores) son más frecuentes de lo que parece.

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Lo que sí que nadie se esperaba, que tampoco nadie quería y que, desafortunadamente, ha definido gran parte del Erasmus de cualquier estudiante en París, han sido las huelgas. Se puede ver cómo hemos vivido un momento histórico en el país, y es que la huelga de transportes que comenzó el 5 de diciembre ha sido la más larga de la historia de Francia. Era un “entretenimiento” adicional, por llamarlo de alguna manera, encontrar la única de entre todas las combinaciones posibles para volver a casa sin tener que andar dos horas en el frío de París en las semanas de mayor bloqueo. Junto con el desastre de su sistema burocrático, han sido la parte “no tan buena” del Erasmus aquí, pero la balanza contrarresta con creces todo lo bueno vivido y no lo cambiaría por nada.

Para terminar, deciros que no dudéis en venir si todavía no habéis descubierto la ciudad, que los ELUs que estamos aquí os recibimos con ganas, y que, si alguno todavía no tiene claro si irse de Erasmus, a París o a cualquier otra ciudad, decirles solo una cosa: empieza a hacer ya la maleta, porque va a ser una de las mejores experiencias de tu vida, y no te lo vas a querer perder. Como dicen, “Once an Erasmus, always an Erasmus”, y es que esta experiencia, por mucho que se quiera, no se puede describir en palabras: hay que vivirla para entender lo mucho que vale la pena.”

Vida ELU

Elus por el Mundo – Marta Navas

Por:

¡Hola a todos!

Soy Marta Navas de tercero de la ELU, estudiante de Derecho y Estudios Internacionales en la Universidad Carlos III de Madrid y me encuentro ahora mismo en Montpellier, Francia.

Nunca llegamos a darnos cuenta verdaderamente de lo mucho que una experiencia tal como el Erasmus nos cambia, nos llega al corazón y nos transforma. No es sólo la burbuja en la que creemos no estar, sino que se trata de todo aquello que aprendemos, de la manera personal de manejarnos en una nueva situación.

Hace cinco años, pasé un verano en Montpellier, ciudad al sur de Francia de unos 300 000 habitantes. Era pequeña pero acogedora, extrañamente familiar para ser francesa, con encanto. Me enamoré de sus calles pero sobre todo de su gente. Fue todo un placer pasar uno de los mejores veranos de mi vida allí.

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Por eso, decidí volver. Y así fue.

Me dieron el Erasmus allí y recuerdo la emoción de pensar en volver a vivir todo aquello que una vez viví. Con miedo de llevarme un chasco, por supuesto. Creo que aunque había barajado otras opciones como Viena o Bremen, realmente siempre había pensado en Montpellier como destino definitivo.

Seis meses después, tengo claro que parte de mi corazón está aquí.

Montpellier es una ciudad caracterizada por caminantes. Muchas gentes llevan pasando por allí desde tiempos lejanos. Primero, como camino comercial, puente de unión entre pueblos, después, como lugar de paso entre Roma y Santiago. Siempre ha acogido a todo tipo de personas, de religiones, de culturas. Nunca distinguieron a los judíos ni prejuzgaron a musulmanes. Su aire internacional pronto llamó a estudiantes de todo el mundo y ahora, poco más que decir que es la Salamanca francesa.

Ahora bien, no solo escogí Montpellier por su gran riqueza histórica ni por un sentimiento melancólico hacia veranos anteriores. La Universidad de Montpellier es una de las más prestigiosas de Francia tanto en medicina (siendo la facultad en funcionamiento más antigua de Europa) como en Derecho. Se nota la calidad del profesorado, la competitividad entre el alumnado, la amplia variedad de prácticas y el gran interés internacional. Intentan facilitar todo a los Erasmus (no en la oficina internacional en la que pasaréis horas enteras) mediante la recomendación de libros, estructuras de los temas… En Derecho específicamente son exámenes orales de una o dos preguntas a desarrollar que, a mi modo de ver, es un punto positivo para los que llevamos la gramática francesa regular.

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Creo que se debe destacar que Francia no es un país donde el nivel de vida sea barato pero parece que todo está dirigido a facilitar la vida económica a los estudiantes. Residencias a 250€ y ayudas económicas por mes que oscilan entre los 85€ y los 120€. ¿Qué más pedir?
Septiembre queda muy atrás y solo decir que esta experiencia nos ha cambiado a todos; hemos abierto nuestra mente y hemos puesto los pies en el mundo. Veníamos con prejuicios y se fueron, veníamos con miedo y desapareció, veníamos con ilusión y más ha aumentado.
Si os estáis pensando el tema, por favor, no lo dudéis más.

Creo que hay pocas experiencias tan enriquecedoras para un estudiante como irse un año fuera.