Patria (2016) – Cuaderno de Bitácora

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19 FEB

Lola Álvarez, 1º de la ELU

Nunca ha sido tarea sencilla, ni lo será por el momento, retratar en una novela conflictos tan recientes y cercanos como lo es el vasco. Son precisamente su actualidad y cercanía las causantes de que, a día de hoy, uno tenga que andarse con pies de plomo a la hora de tratar un tema que sigue generando tanta controversia. En efecto, me refiero a Patria, la novela que Fernando Aramburu publicó en 2016 y que enseguida se convirtió en una auténtico best seller.

La historia narra el impacto del terrorismo etarra en dos familias, amigas de toda la vida, cuyas vidas se verán alteradas por completo cuando el padre de una de ellas, apodado el Txato, es asesinado a sangre fría por Joxe Mari, el primogénito de la otra, y ahora encarcelado por sus otros crímenes y atentados en la banda terrorista. A través de analepsis y prolepsis, Aramburu emprende un viaje en el tiempo a caballo entre los años de más afluencia terrorista y la actualidad, analizando en profundidad qué ha sido de todos y cada uno de los personajes principales y las consecuencias del asesinato en sus vidas.

Es precisamente esa profundidad uno de los aspectos a destacar de la novela, aunque con un pequeño matiz. Con sumo detalle, el autor pretende que el lector conozca el trasfondo de los protagonistas, tanto de la familia de la víctima de la del terrorista, para mostrar (o al menos eso creo yo) que, al fin y al cabo, son familias como la tuya o como la mía, con sus más y sus menos.

Trata, en mi opinión, de humanizar a los personajes. Ahora bien, lo hace hasta un cierto punto. Me explico: una vez leído el libro, el lector conoce ambas perspectivas de la historia, pero sin olvidar en ningún momento qué lugar ocupa cada una y teniendo siempre en cuenta quién es la víctima y quién es el terrorista (roles que, en mi opinión, quedan un tanto sesgados en la adaptación de Aitor Gabilondo a la pequeña pantalla).

Otro de los elementos a destacar es el estilo en el que está escrito el libro. Y es que pudiendo publicar una novela dramática llena de metáforas y eufemismos que podrían perfectamente dejarnos a todos con los pelos de punta, los sentimentalismos y las palabras grandilocuentes quedan en segundo plano y, en cambio, Aramburu opta por ir al grano y redactar con esa frialdad que estereotípicamente caracteriza al pueblo vasco. Es más, añadiría con convicción que no le hace falta. La aparente apatía con la que narra la historia es más que suficiente para que el lector quede hipnotizado y sobrecogido a medida que avanza la lectura.

Uno puede presuponer, a priori, que Patria es pura y simplemente una novela cuya temática gira en torno al conflicto vasco y el terrorismo etarra. Sin embargo, la trama trata temas cuanto menos diversos como el dolor, la pérdida, la injusticia, el perdón, la reconciliación, el amor incondicional de una madre, el peligro de las ideologías, la complicidad de todos aquellos que miraron para otro lado, la fractura de una sociedad politizada en el odio … La lista se alarga. Esto, junto con el retorcimiento de la gramática y la exposición de las dos caras de una misma moneda, producen una combinación armónica de manera que se genera en el lector un cúmulo de emociones distintas en cada capítulo: rabia, tristeza, dolor, confusión, pena… Pero que, a su vez, hace que uno no pueda dejar de leer esas seiscientas páginas, que se pasan volando.

Yo tenía tan solo nueve años cuando ETA anunció que dejaba las armas, de modo que no, no he vivido el conflicto de manera directa. Quizás es precisamente esa la razón por la cual Patria me ha fascinado y dolido a partes iguales. Mi poca y humilde experiencia como lectora me ha llevado a concluir que cuando un autor es capaz de plasmar todo ese arsenal de emociones merece la atención y reconocimiento por parte del público. Es por ello que invito a todo aquel que, desde el conocimiento o la ignorancia, como era mi caso, se deje asombrar y se adentre en el universo del que muchos ya consideran un clásico moderno.