Cuaderno de bitácora

Vida ELU Diario-de-un-seductor

Cuaderno de Bitácora – Diario de un seductor

Por:

Belén Gundín, 1º ELU

En 1843, el filósofo danés Søren Kierkegaard (1813-1855) publica Diario de un seductor. Podríamos pensar que el sugerente título nos desvela la totalidad de la obra. Sin embargo, ya en el prólogo se nos advierte de que lo que tenemos entre nuestras manos no es lo que típicamente nos esperaríamos encontrar asociado a un diario. Si bien es cierto que, en un plano más superficial, el libro recorre las estrategias de Juan para seducir a Cordelia, éste va mucho más allá y profundiza en cuestiones universales como el amor y el encuentro. Es la preocupación por estos temas la que verdaderamente impregna toda la obra y conforma el hilo conductor.

Diario de un seductor no es una novela que se reduzca a la mera acumulación de hechos en un eje de causalidad, articulados para apuntar hacia un final como único propósito posible. Se trata más bien de una ventana hacia el complejo mundo interior del protagonista, un ser que vive en un monólogo interior tan incesante que lo aleja de la realidad que lo rodea. Desde nuestra condición de lectores, asistimos a un escenario empapado de reflexiones y constantes debates morales del que, sin tener poder sobre la acción, somos partícipes. Kierkegaard ahonda, a través de la figura de Juan, en los sentimientos más íntimos del ser, exponiéndolos con una riqueza prodigiosa.

Por otra parte, esta obra nos adelanta el peligro del esteticismo y de poetizar la realidad hasta el extremo: tener una vida vacía de encuentros. Muestra cómo la utilización del mundo en búsqueda de una sensación de exaltación estética nos conduce hacia la vertiginosa pérdida de la alteridad. Además, otra característica que destacaría de Diario de un seductor es el cuidado con el que está escrito que queda reflejado en la gran variedad de vocabulario y referencias literarias. La destreza artística del autor lanza la obra hacia un espacio que se escapa del territorio propio del diario y que nos involucra. Así, a medida que avanzamos en la lectura, sentimos impotencia por no poder evitar un final anunciado, disputas internas acerca del significado del amor o, incluso en algún momento, miedo a vernos reflejados en el protagonista.

Personalmente, este libro que me regaló el Módulo 2 me ha ayudado a aterrizar las ideas que hemos ido descubriendo durante el curso. Realmente ha conseguido que me sienta parte de la Gran Conversación, y por ello, os invito a leerlo y a dejaros sorprender por todo lo que esta obra tiene que contar.

“¿De dónde procede todo esto?… ¿De la rica unidad de tu ser o de la pobre complejidad del mío?… ¿Amarte, no es tal vez amar un mundo?.”
Diario de un seductor, S. Kierkegaard

Vida ELU flat,750x,075,f-pad,750x1000,f8f8f8

Cuaderno de Bitácora – Emma

Por:

Marta Morcillo, 2º ELU

A Emma Woodhouse, ‘’hermosa, lista y rica’’, o la adoras o no puedes con ella, no hay término medio. Esta señorita de la alta sociedad de la Inglaterra del S.XIX es la encargada de los diversos tejemanejes que se dan en su pueblo. Así, tras el fructífero matrimonio (no hay spoiler) de su institutriz, orquestado por ella misma, se ve en la tesitura de urdir nuevos planes de casamiento para su amiga Harriet Smith.

Puede parecer una mera comedia romántica con la que pasar el rato en la playa, pero no es así. Jane Austen (1775-1817) nos presenta una heroína egoísta y vanidosa, que, lejos de ser un personaje plano, tendrá que aprender y evolucionar como persona a lo largo de la obra. No se trata, pues, de una simple niña mimada (como al principio puede parecer) que no sabe qué hacer con su tiempo libre. Austen siempre ha destacado por su maestría a la hora de definir los personajes de sus historias que comparten el autorreconocimiento, la debilidad, las vanidades

Emma sufre y disimula, vive en un mundo de vanidades falso para no enfrentarse a su verdad: está sola. La obra es un baile de personajes, cada cual digno de analizar por separado, que irán mostrando las diversas partes de la personalidad de Emma y sacando sus peores y mejores aspectos. Ella siempre busca lo superfluo, la diversión con pasiones vacías para entretener a su mente sin importarle a quien tenga que utilizar para ello. Le gusta compararse con los demás y sentirse superior, mirar por encima del hombro y después mostrar condescendencia. No obstante, aprenderá a vivir en verdad y descubrir la vida a través del amor. Un amor que crea y que hace dar tu mejor versión.

Para mí, fue una obra reveladora. Me la esperaba, pues eso, como la típica comedia para echar el rato. Pero se encargó de darme una lección de humildad muy grande. Yo, personalmente, llegué a identificarme con Emma y comprar su discurso como si fuera mío. No podía con Jane Fairfax y quería que siguiera divirtiéndose sin pensar en nada más. Quería que todo el mundo la adorara porque lo hacía todo bien. ¿Para qué? Es joven, guapa y muy rica, no necesita más.

Esa es la magia de los clásicos: hablan de ti y de mí y de toda la humanidad sin importar la época en la que se escriban. Por eso hay que leerlo dejándose llevar por la magia narrativa del libro y la maestría de Jane Austen a la vez que leer entre líneas. Espero que cuando lo leas tengas la sensación de estar leyéndolo en la playa con el calor de verano y el ruido del mar de fondo porque no se merece menos.

Vida ELU werther

Cuaderno de Bitácora – Las penas del joven Werther

Por:

Goethe, el amor y la sensibilidad

Berta Coll, 2º ELU

Más que reseñar una novela, me gustaría hoy dirigirme directamente a los profesores: «Por favor, convertid Las penas del joven Werther, de Johann Wolfgang von Goethe, en lectura obligatoria en todas las universidades del país». Seguramente lo he leído demasiado tarde. No lo digo porque crea que los libros, si no se leen en una determinada edad, no se deban ya abordar. Al contrario, pienso que nunca es tarde, que una de las ventajas más valiosas de la literatura es que se amolda al lector, pase lo que pase, pasen los años que pasen. Ahora bien, desde que conozco las desventuras, el amor y los goces estéticos del joven Werther, no puedo dejar de pensar que me habría encantado —o, más bien, me habría ayudado enormemente— leerlo antes.

La juventud suele llevar consigo las primeras experiencias de enamoramiento, lógicamente abrumadoras, llenas de un ardor desconocido y a menudo inentendible. Cuando me enamoré por primera vez, me faltaban palabras para explicármelo y así poder comprenderlo. El joven Werther —o Goethe— es un maestro a la hora de verbalizar esos sentimientos vivísimos, ese bullicio intenso que baila dentro de un corazón enamorado. Werther es un joven ya a punto de entrar en la adultez, pero su amor hacia Charlotte, por suerte o por desgracia, tiene muchos rasgos de ese amor primerizo y dulcemente ingenuo. Recomiendo vivamente Las penas del joven Werther, porque leer palabras —¡y qué palabras!— sobre el amor permite vivirlo con más plenitud.

De este libro, más que la historia y el dramatismo que arrastra, destaco las descripciones de las interioridades de un espíritu inquieto, que no solo sobresale al hablar del amor, sino también al observar el mundo y captar la belleza que se expande en bosques y montañas, en ciudades y fuentes, en los grandes edificios y en los pequeños detalles. Impregnarse de los frutos que nos regala la sensibilidad debería ser uno de los objetivos primordiales de los jóvenes.

El joven Werther puede guiarnos por dos caminos realmente importantes: la senda del enamoramiento y el paseo del goce estético. Por eso, no me cansaré de pedirlo: «Por favor, convertidlo en lectura obligatoria en todas las universidades del país», «Por favor, convertidlo en lectura obligatoria en todas las universidades del país»…

Vida ELU Platero-y-yo_alta

Cuaderno de Bitácora – Platero y yo

Por:

Platero y…todos nosotros

Marta Morcillo Martínez, 2º ELU.

Gracias a Juan Ramón Jiménez (1881-1958), premio Nobel de Literatura en 1956, hoy podemos disfrutar de una de las obras más bonitas de la literatura española: Platero y yo.

Publicada en 1914, narra las aventuras en Moguer, Andalucía, del burro Platero que es ‘’pequeño, peludo, suave; tan blando por fuera, que se diría todo de algodón, que no lleva huesos’’. En este escenario puramente andaluz, con sus fiestas, sus tradiciones, sus maneras de hablar y de entender la vida, se narran distintas épocas y vivencias de Platero y su dueño.

Lo que caracteriza a esta obra es su prosa poética. Es con esta sencillez de la prosa combinada con la belleza de la poesía como se desarrollan los sucesivos capítulos. No obstante, cada capítulo es independiente uno del otro, aunque todos comparten la profunda belleza encontrada en los pequeños detalles de la realidad. Todo se convierte a ojos de Juan Ramón Jiménez en merecedor de un canto: desde el sol, las flores, los niños, las golondrinas, la alegría y la pena, hasta la muerte. Pero, sobre todo, Platero, ‘’dulce Platero trotón, burrillo mío, que llevaste mi alma tantas veces.’’

Este libro puedes leerlo en el orden que tú quieras y al ritmo que sientas. Yo, personalmente, lo leía a pequeñas dosis, si no, corría el riesgo de creer que era una novela y perder la profundidad de cada palabra. Lo importante es la actitud con la que tomes la lectura: dejándote sorprender. A lomos de Platero, vas a recorrer las distintas escenas que componen la vida de toda persona. Si te dejas alcanzar por el libro, no te arrepentirás.

Personalmente, este libro significa mucho para mí. Pienso que conecta con lo más íntimo de cada persona, llevándote a tu propio Moguer y tus propias experiencias. Está teñido de esa nostalgia con la que miras hacia el verano pasado. Pero también está teñido del más puro y simple amor y belleza. Está
lleno de aquello que nos hace personas: la amistad, el sentimiento, la razón, la belleza, la verdad, el bien, el asombro y la curiosidad, la búsqueda y el encuentro.

Cuando acabas de leerlo, piensas que habla de ti. Es una auténtica preciosidad. Como reza el prólogo del libro:

De su Platero y yo, libro universal, ha dicho Juan Ramón Jiménez que << estaba escrito para… ¡qué sé yo para quién!>> Pero en verdad, Platero y yo ha quedado escrito para todos, para cuantos vuelven sus ojos a esa edad de oro de la infancia, isla espiritual del hombre ante la que nada puede el fragor tumultuoso de vivir: <<isla de gracia, de frescura y de dicha>>.

Vida ELU libro_descargable_667

Cuaderno de Bitácora – Macbeth

Por:

De la libertad en Macbeth

Natalia Aldaba Petrina, 2º de la ELU

Vivimos en un mundo con una riqueza cultural y una variedad maravillosas. Gracias a ello, las personas somos muy diferentes en nuestra manera de pensar, sentir y actuar. No obstante, hay algo esencial en nuestra naturaleza que nos une: la libertad. Vivimos en la constante necesidad de tomar decisiones, elegimos en todos y cada uno de los ámbitos y momentos de nuestra vida y, en una última instancia, elegimos incluso la actitud con que afrontarlos.

Shakespeare, como uno de los autores más importantes de la Literatura, no pasó este hecho por alto y decidió escribir sobre el gran tema en su obra Macbeth (1606). En ella, el protagonista- uno de los caballeros del rey- es visitado por unas brujas que como si de oráculos se tratasen, le vaticinan que será proclamado rey. Macbeth entonces se ve tentado por la posibilidad de matar al monarca para ostentar su poder. Gran parte del comienzo de la obra trata el dilema presentado al personaje principal que refleja la importancia de nuestras elecciones y sus consecuencias.

De esta manera, el autor opone la libertad de los protagonistas a la fatalidad predicha por los oráculos. Aquellos que optan por el mal teniendo plena consciencia de sus actos son atacados por su propia conciencia moral. Shakespeare nos muestra así unos personajes que, atrapados por un círculo de mal, van perdiendo libertad, y junto a ella pierden el sentido. Muestra cómo la ira deshumaniza al ser humano y lo convierte en un monstruo, o cómo la pérdida de uno mismo arrastra hacia el camino de la locura y a las decisiones más desesperadas, acabando en una pérdida del yo. En contraposición, también se puede ver a través de varios personajes la importancia del buen uso de la libertad: quien elige el bien, haciendo caso omiso de los vaticinios, es acompañado de sus seres queridos y persiste en la búsqueda de sus ideales.

La libertad y el sentido en relación a la identidad de uno mismo fueron para mí los temas claves encontrados en esta gran obra. Recomendaría la lectura de esta obra a cualquiera, puesto que además es idónea por su brevedad y por pertenecer al género teatral, que muchas veces acompaña en la imaginación del universo propuesto por el autor.

Quizás no exista mejor momento para leer esta obra, ahora que se está empleando tantísimo el término “libertad”. Puede que sea el momento perfecto para recordar lo que realmente significa, también dentro de la sociedad, y valorar si se contempla en su totalidad o si, por el contrario, estamos cayendo en discursos rápidos y vacíos. Ojalá hagamos un buen uso de la libertad para que podamos seguir buscando nuestro sentido.

Vida ELU 91E3n5QLMYL

Cuaderno de Bitácora – El camino

Por:

Silvia Tévar, 3º de la ELU.

Título: El camino
Autor: Miguel Delibes (1920-2010)
Año: 1950
Editorial: Austral
Ciudad: Barcelona
Número de páginas: 272

17 de octubre de 1920. Valladolid. Número 12 de la acera de Recoletos. Su obra: un auténtico tesoro de novelas, ensayos, artículos, relatos y libros de caza y viajes; un antes y un después en el rumbo de nuestras letras. ¿Quieres más pistas? Dieciocho premios, entre los que se cuentan el Premio Nadal (1948), el Premio Nacional de la Crítica (1962), el Premio Príncipe de Asturias de las Letras (1982), doctor honoris causa por la Universidad de Valladolid (1983), la Universidad Complutense de Madrid (1987) y la Universidad de El Sarre (1990); y, cuando parecía haber dado por zanjada su producción, el Premio Nacional de Narrativa (1999). Sí, has acertado. Su nombre es Miguel y su apellido Delibes: uno de los más grandes autores de nuestra narrativa.

Sin duda habrás escuchado hablar de Las ratas, esa sucesión de anécdotas en un pueblo desaparecido de Castilla; o quizás hayas leído algún comentario sobre El hereje, la guinda de su trayectoria. Es posible, incluso, que en algún momento te hayas cruzado con el innovador monólogo interior de Cinco horas con Mario. Sin embargo, no queríamos dejar pasar esta oportunidad para acordarnos de El camino, esa obra con la que nuestro autor encuentra su verdadero camino —valga la redundancia— como novelista.

La trama se articula a través de una retrospección: Daniel, también conocido como «el Mochuelo», experimenta su última noche en el pueblo. Por ello, recuerda poco a poco cómo ha sido vivir en ese espacio que le ha visto crecer y madurar, en ese valle que lo es «todo para él». Su padre, el quesero, quiere que su hijo progrese, que vaya a la ciudad para formarse y «ser alguien». Sin embargo, nuestro protagonista prefiere quedarse en ese lugar en el que ha aprendido «la emoción de la consanguinidad», en el que ha descubierto qué significa el amor platónico, la amistad, el cariño verdadero, y que «la voluntad del hombre no lo es todo en la vida».

Así, junto a él, los lectores vamos a recorrer los campos, a saltar las vías de los trenes, a bañarnos en la Poza del Inglés, a pasear por el prado de la Encina. Vamos a robar manzanas, a «pescar cangrejos a mano», a jugar con tirachinas entre «las zarzamoras y los bardales». Acompañados de Roque —para los amigos el Moñigo— y de Germán, el Tiñoso, comprenderemos que los leones «son más grandes que los perros», que las madres llevan «leche en la barriga» y que «la vida es rara, absurda y caprichosa». Descubriremos que las fronteras y los puntos de encuentro entre la vida y la muerte son imprevisibles y que no entienden de razones: «Sentía que algo grande se velaba dentro de él y que en adelante nada sería como había sido».

En efecto, en El camino reaparece ese miedo a la muerte, ese temor a «dejar o ser dejado» que obsesionó a Miguel Delibes durante toda su vida y que ya se refleja en La sombra del ciprés es alargada (1948). El tema vuelve a ser el mismo: una amistad infantil truncada por la muerte. Sin embargo, esta vez nos acercamos a él a través de una mirada inocente, infantil, que refleja la conciencia de todo el pueblo (Vilanova, 1951). De hecho, es aquí donde reside la importancia de El camino. Con él, Miguel Delibes abandona esa «máscara de grandilocuencia» que había caracterizado su anterior producción y apuesta por la sencillez, la naturalidad, el vocabulario llano, el «escribir como hablo» (Delibes, 2011), y, en definitiva, por la búsqueda de la autenticidad.

A esto debemos añadir la maestría con la que capta hasta los más mínimos detalles de la vida cotidiana. Gracias a ellos, los lectores nos vemos envueltos en ese ambiente provinciano y castellano tan característico de sus obras. Se trata, una vez más, de la unión de «un paisaje, un hombre y una pasión» (Sotelo, 1995, p. 5). No en vano, Carmen Laforet apuntaba: «Por esta novela, por su sencilla belleza, yo le estoy agradecida» (Laforet, 1951, p.9, en Delibes, 1950).

Asimismo, sus personajes (las hermanas Guindilla, el que «de perfil no se ve», el Manco y Mariuca-uca, entre otros) no solo reflejan ese mundo rural a través de sus sobrenombres y acciones; sino que forman parte de su biografía. El propio Delibes (1994) señaló: «Pasé la vida disfrazándome de otros, imaginando, ingenuamente, que este juego de máscaras amplificaba mi existencia, facilitaba nuevos horizontes (…) La vida, en realidad, no se ampliaba con los disfraces, antes al contrario, dejaba de vivirse» (p. 65).

Así pues, podemos concluir que El camino es mucho más que una novela costumbrista. Se trata de un canto a la naturaleza, a esa vida rural y sencilla. El camino es, a la manera de Ortega, un auténtico «puente entre el autor y el lector», un intento de que los lectores, junto al protagonista y el propio autor, exploremos y desnudemos el corazón humano; una puerta para bucear en nuestro interior, para indagar sobre el sentido de nuestras vidas. Y es que, con El camino, Delibes nos descubre que las fronteras entre realidad y ficción son más volubles de lo que parecen, que «ser» y «escribir» son una misma acción, y que hay vidas pequeñas que encierran grandes historias. Solo hace falta buscarlas, escribirlas desde la realidad del corazón.

Bibliografía
• Delibes, M. (1950). El camino. Austral: Barcelona.
• Delibes, M. (1994, abril 23). Discurso de recepción del Premio Miguel de Cervantes [Vídeo]. Recuperado de https://www.rtve.es/alacarta/videos/premios-cervantes-enel-archivo-de-rtve/discurso-miguel-delibes-premio-cervantes-1993/2785562/
• RTVE. (Prod.). (2011, enero 28). En memoria de Miguel Delibes [Vídeo]. Recuperado de https://www.rtve.es/alacarta/videos/en-memoria-de/memoria-migueldelibes/748603/
• Laforet, C. (10 de febrero 1951) «La libertad de leer». Destino. Recuperado de https://arca.bnc.cat/arcabib_pro/ca/catalogo_imagenes/grupo.do?path=1337919 (17 octubre 2020).
• Vilanova, A. (1951). “El camino”, de Miguel Delibes. Destino, 705, pp. 14-15.

Vida ELU Fahrenheit 451 (1)

Cuaderno de Bitácora – Fahrenheit 451, combustible para la mente

Por:

María Castillo Persiva, 1º ELU

Escrita por Ray Bradbury (1920-2012) y publicada en 1953, es una novela distópica que no te dejará indiferente. La historia tiene lugar en una sociedad futurista en la que los libros están prohibidos y los bomberos en lugar de sofocar incendios, los provocan.

El protagonista, Guy Montag, nos conduce por esta distopía en la que los ciudadanos son meras gotas que se disipan en la masa. Bombardeados por el entretenimiento que reciben de las pantallas, tienen la sensación de que piensan y eso les hace felices. Podemos creer que Montag es uno más de ellos; sin embargo, de sus conversaciones con Clarisse McClellan -una adolescente tachada injustamente de antisocial- extraemos reflexiones e inquietudes difíciles de hallar en otros personajes. El punto de inflexión en la vida de Montag tiene lugar en un suceso inesperado durante su jornada laboral: una mujer a la que habían denunciado toma la decisión de morir quemada junto con sus libros. A partir de este momento, empieza a cuestionarse la realidad en la que vive y decide buscar la verdad en los libros que decide salvar de las llamas; siendo esta la causa por la que el sistema (representado por el capitán Beatty) se vuelve contra él. Para el protagonista es evidente: “tiene que haber algo en los libros, uno no se sacrifica por nada”.

Uno de los hechos más inquietantes de esta obra es cómo se llegó a la indiferencia combinada con la persecución de los libros. Inicialmente el gobierno no lo impuso, ni hubo censura alguna. Fueron los propios ciudadanos (víctimas de la explotación de las masas, la presión social y el placer procedente de la inmediatez de la tecnología) los responsables de la ignorancia generalizada. Resulta complicado no encontrar similitudes con nuestro día a día.

De hecho, el capitán Beatty describe la formación de la ciudadanía de una manera muy esclarecedora: “Salir de la guardería infantil para ir a la Universidad y regresar a la guardería. Esta ha sido la formación intelectual”.

En Fahrenheit 451 se tratan cuestiones como la libertad, la soledad, el valor de la vida o el control de masas a través de los medios de comunicación. También destaca la necesidad de desarrollar un pensamiento crítico, lo influyente que puede ser el silencio de los buenos, la búsqueda del sentido y la urgencia de una revolución cultural.

Recomiendo encarecidamente su lectura. La narración te atrapa desde las primeras páginas, y te conmueve hasta el final. Personalmente, lo que más me impacto? de esta obra es la cantidad de preguntas que te dispara, invitándote a participar en el diálogo, detenerte y replantearte aspectos sobre ti mismo y sobre el mundo.

Fahrenheit 451, representación de la capacidad salvadora de la literatura.

Vida ELU patria-hbo

Patria (2016) – Cuaderno de Bitácora

Por:

Lola Álvarez, 1º de la ELU

Nunca ha sido tarea sencilla, ni lo será por el momento, retratar en una novela conflictos tan recientes y cercanos como lo es el vasco. Son precisamente su actualidad y cercanía las causantes de que, a día de hoy, uno tenga que andarse con pies de plomo a la hora de tratar un tema que sigue generando tanta controversia. En efecto, me refiero a Patria, la novela que Fernando Aramburu publicó en 2016 y que enseguida se convirtió en una auténtico best seller.

La historia narra el impacto del terrorismo etarra en dos familias, amigas de toda la vida, cuyas vidas se verán alteradas por completo cuando el padre de una de ellas, apodado el Txato, es asesinado a sangre fría por Joxe Mari, el primogénito de la otra, y ahora encarcelado por sus otros crímenes y atentados en la banda terrorista. A través de analepsis y prolepsis, Aramburu emprende un viaje en el tiempo a caballo entre los años de más afluencia terrorista y la actualidad, analizando en profundidad qué ha sido de todos y cada uno de los personajes principales y las consecuencias del asesinato en sus vidas.

Es precisamente esa profundidad uno de los aspectos a destacar de la novela, aunque con un pequeño matiz. Con sumo detalle, el autor pretende que el lector conozca el trasfondo de los protagonistas, tanto de la familia de la víctima de la del terrorista, para mostrar (o al menos eso creo yo) que, al fin y al cabo, son familias como la tuya o como la mía, con sus más y sus menos.

Trata, en mi opinión, de humanizar a los personajes. Ahora bien, lo hace hasta un cierto punto. Me explico: una vez leído el libro, el lector conoce ambas perspectivas de la historia, pero sin olvidar en ningún momento qué lugar ocupa cada una y teniendo siempre en cuenta quién es la víctima y quién es el terrorista (roles que, en mi opinión, quedan un tanto sesgados en la adaptación de Aitor Gabilondo a la pequeña pantalla).

Otro de los elementos a destacar es el estilo en el que está escrito el libro. Y es que pudiendo publicar una novela dramática llena de metáforas y eufemismos que podrían perfectamente dejarnos a todos con los pelos de punta, los sentimentalismos y las palabras grandilocuentes quedan en segundo plano y, en cambio, Aramburu opta por ir al grano y redactar con esa frialdad que estereotípicamente caracteriza al pueblo vasco. Es más, añadiría con convicción que no le hace falta. La aparente apatía con la que narra la historia es más que suficiente para que el lector quede hipnotizado y sobrecogido a medida que avanza la lectura.

Uno puede presuponer, a priori, que Patria es pura y simplemente una novela cuya temática gira en torno al conflicto vasco y el terrorismo etarra. Sin embargo, la trama trata temas cuanto menos diversos como el dolor, la pérdida, la injusticia, el perdón, la reconciliación, el amor incondicional de una madre, el peligro de las ideologías, la complicidad de todos aquellos que miraron para otro lado, la fractura de una sociedad politizada en el odio … La lista se alarga. Esto, junto con el retorcimiento de la gramática y la exposición de las dos caras de una misma moneda, producen una combinación armónica de manera que se genera en el lector un cúmulo de emociones distintas en cada capítulo: rabia, tristeza, dolor, confusión, pena… Pero que, a su vez, hace que uno no pueda dejar de leer esas seiscientas páginas, que se pasan volando.

Yo tenía tan solo nueve años cuando ETA anunció que dejaba las armas, de modo que no, no he vivido el conflicto de manera directa. Quizás es precisamente esa la razón por la cual Patria me ha fascinado y dolido a partes iguales. Mi poca y humilde experiencia como lectora me ha llevado a concluir que cuando un autor es capaz de plasmar todo ese arsenal de emociones merece la atención y reconocimiento por parte del público. Es por ello que invito a todo aquel que, desde el conocimiento o la ignorancia, como era mi caso, se deje asombrar y se adentre en el universo del que muchos ya consideran un clásico moderno.

Vida ELU Portada_Saramago_Intermitencias

Las intermitencias de la muerte (2005) – Cuaderno de Bitácora

Por:

El escritor portugués José Saramago empezó Las intermitencias de la muerte (2005) con una de esas frases que fácilmente podrían ser candidatas a aparecer en un ‘Top 10 de mejores inicios de novela’: “Al día siguiente no murió nadie”. Con solo seis palabras, sin circunloquios ni estridencias, el primer Nobel de Literatura en lengua portuguesa consigue plantear el nudo de la historia, el tema nuclear a partir del cual despliega un texto irónico, lúcido e incluso divertido de poco más de 200 páginas.

La muerte, una de las pocas certezas de los seres humanos, aceptada más o menos alegremente según las convicciones espirituales de cada uno, decide dejar de actuar en un país concreto del mundo, cuyo nombre Saramago no quiere revelarnos. En palabras del autor, nos encontramos ante “la huelga de la muerte”, pero solamente en un país. En el resto del planeta, la muerte sigue obrando con la misma constancia a la que nos tiene acostumbrados.

A partir de este suceso extraordinario, Saramago presenta un relato a medio camino entre una crónica periodística —un periodismo que narra lo sucedido en un espacio de ficción, ¡claro!— y un ensayo de meditaciones filosóficas. Se trata de una narración llena de ritmo, con pocos puntos y muchas comas, por lo que os recomiendo leerla en voz alta. Recitar las frases larguísimas pero fluidas de la novela puede servir para captar, también sensorialmente, la velocidad de los hechos descritos, el estrés social que causa la interrupción de la muerte.

Nos encontramos ante una situación que rompe el sistema social y político y obliga a toda la sociedad a enfrentarse a la excepcionalidad. Saramago repasa las reacciones de diferentes sectores sociales. ¿Cómo responderá la Iglesia a la huelga de la muerte si, como escribe el autor, “sin muerte no hay resurrección, y sin resurrección no hay iglesia”? ¿Qué soluciones inventarán los negocios funerarios y las compañías de seguros de vida? ¿Cómo se las arreglarán los hospitales, que de repente se encontrarán saturados, repletos de gente que, enferma o estando en las últimas, ya tendría que haber muerto si no fuera por la suspensión de la muerte?

En cierta medida, y salvando las distancias entre la ficción y la realidad —que a veces están más cerca de lo que quisiéramos—, este panorama excepcional me recordó a la situación que estamos viviendo desde el año pasado, y quizá por esta razón me impactó tanto leer ahora esta novela. En definitiva, y valga la paradoja, Saramago explora cómo sobrevive una sociedad, un país entero, a la no muerte. En Las intermitencias de la muerte descubrimos una “sociedad dividida entre la esperanza de vivir siempre y el temor de no morir nunca”. ¿Es la no muerte un paraíso? ¿O se parece más bien a un infierno?

“La filosofía necesita tanto de la muerte como las religiones, si filosofamos es porque sabemos que moriremos, monsieur de montaigne ya dijo que filosofar es aprender a morir”, escribe Saramago. Aunque la interrupción de la muerte es, de momento, poco más que un planteamiento literario, que solamente cabe dentro del ámbito de la ficción, esta novela nos recuerda que filosofar sobre la no muerte también puede ayudarnos a aprender a morir y, sobre todo, a aprender a vivir.

Berta Coll, segundo de la ELU

Vida ELU mujercitas

Cuaderno de Bitácora – Mujercitas (1868)

Por:

Una obra clásica para unos tiempos nuevos

Louisa May Alcott (1832-1888) escribió un libro que probablemente te suene: Mujercitas (1868) Quizás también te suene la historia, incluso te puede sonar desde tu propia vida. Esta magnífica obra trata sobre la historia de los March, concretamente de sus hijas (Jo, Amy, Beth y Meg), que viven en Estados Unidos durante la Guerra Civil.

Lo que más destaca es el realismo con el que Mujercitas fue escrito. Se nota que Alcott se basó en su propia vida porque las experiencias las cuenta con un cariño infinito. Las cuatro hermanas son distintas iguales y puedes sentirte identificada con todas a la vez. No obstante, el libro se desarrolla principalmente desde la perspectiva de Jo, la segunda hermana mayor. Jo es un curioso personaje que aporta mucha vida a la historia y que, a mí, personalmente, me entran ganas de ser su amiga. Lo mejor de todo es que Alcott no te deja con lo miel en los labios, ya que escribió también Aquellas mujercitas que continúa desarrollando la historia de nuestras hermanas favoritas (yo lo tengo ya apuntado en la lista para Navidad).

En un momento en el que tanto se echa de menos a la familia y que tanto esfuerzo se hace para ver a nuestros abuelos, este libro es como un recuerdo de que todo merece la pena. Leer las divertidas historias de estas hermanas y ver cómo dan las gracias y respetan a sus padres, te hace poner en perspectiva tu actitud hacia tu familia. Por tanto, también es un buen recordatorio de lo importantes que son las personas que cuidan de nosotros y nos quieren sin pedir nada a cambio.

Es de estos libros que apelan a tu sensibilidad y tu corazón desde la cotidianidad. Tras leerlo, solo quería estar con mis familiares. Te habla de los lazos entre las personas, los vínculos familiares fuertes que te hacen crecer y desarrollarte dentro de tu espacio propio con la confianza de ser querido por tu ser y no por tu estar. No son una familia perfecta, tienen problemas y discusiones, como todas las familias del mundo, pero todas siempre ponen por delante el amor que se tienen. Realmente es una lección de vida que te hace llorar, disfrutar, enfadarte y emocionarte. Te hace partícipe de la vida de esta familia como si fueras uno más. Sufres con cada golpe que les da la vida y te alegras con cada logro. Un auténtico relato de vida.

Entonces, ¿qué mejor momento que leer este libro en Navidad? Si estás de exámenes y ves que el tiempo se te echa encima, tranquilo, hace poco salió la película y, aunque el libro siempre es mejor, la verdad es que es fenomenal. No obstante, a mí Mujercitas me huele a chocolate caliente, luz tenue y mantita en el sofá. Felices Navidades a todos.

Marta Morcillo Martínez, 2º ELU

Vida ELU platon

Cuaderno de Bitácora – ¿Por qué leer a Platón?

Por:

¿Por qué leer a Platón?
Se supone que nadie se empieza un libro por las notas al pie de página. Sin embargo, en el acercamiento de muchos jóvenes a la filosofía occidental, es precisamente lo que sucede. Es muy llamativo empezar por Nietzsche, por Marx, por Descartes, por Camus. Pero, ¿y Platón?

Según Whitehead (1861-1947), la filosofía occidental es un pie de página a la filosofía platónica. Lo cual quiere decir que Platón ya habló de los grandes temas que se fueron desarrollando en la historia de occidente.

Este verano un amigo de la uni me propuso leer un diálogo a la semana. La verdad es que no he continuado a ese ritmo, pero me he leído bastantes, y tengo los dos primeros tomos de Gredos encima de la estantería, ya para toda mi vida. Platón es tan disfrutón que no os lo podéis perder. Por eso, os dejo aquí algunas razones por las que leerlo:

1. Porque es de lectura ágil.
Al ser un diálogo, con dos personajes hablando… El formato hace más accesible el contenido. Lo hace más atractivo. No sé si Fenomenología del espíritu sería más digerible si estuviera escrito como diálogo. Lo que sé es que la filosofía de Platón sí.

2. Muchos de los diálogos son cortos.
Lo cual facilita aún más la lectura. Los diálogos de primera etapa, por ejemplo, son de veinte, cincuenta páginas. La República ya es más largo. A veces elijo qué diálogo me leo por su longitud y por la dosis de filosofía a la que me quiero exponer.

3. Están muy abiertos a nuevas visiones…
Platón ha escrito lo que ha escrito, pero tú ya piensas lo que quieras. El Critón, por ejemplo, me recordaba todo el rato al conflicto catalán. Mi diálogo favorito creo que es el Ion, un diálogo poco importante dentro del catálogo dado que transmite ideas muy sencillas, pero que para mí son de muchísima belleza. El estilo es a veces un poco ambiguo, precisamente por ser un texto antiguo. Pero se puede sacar mucho. De hecho, si los textos platónicos han acelerado tanto la reflexión filosófica posterior es por esto mismo: porque cada diálogo puede someterse a varias capas de análisis.

4. …y a la vez, se ha escrito mucho sobre ellos.
Al estar tan abiertos a la significación, muchísimos expertos han opinado, debatido, reinterpretado los textos. Así que, si prefieres apoyarte en ideas de otros, o hay pasajes que no entiendes, tienes mucho entre lo que escoger. Yo después de cada diálogo me miraba una clase del curso “Notas a Platón” de Ernesto Castro en YouTube.

5. Es un clásico.
Entender un clásico lleva a identificar referencias por las que nos vemos rodeados. A entendernos mejor como humanos, y entender el mundo. Hay libros tan buenos que hay que leérselos por lo menos una vez en la vida. Los Diálogos, desde mi punto de vista, lo son.

No sé si alguna vez os habéis hecho la pregunta de cuál es vuestro filósofo favorito. El mío, sin lugar a dudas, es Platón. Espero que lo leáis y lo disfrutéis tanto como yo lo hago.

Luisa Ripoll

Sin categoría 1984

Cuaderno de Bitácora – 1984 (1948)

Por:

¿1984 o 2020?

Leer obras catalogadas como ‘’orwellianas’’ es sinónimo de transportarnos en tiempo y espacio a sociedades distópicas. Realidades que nos permiten echar un ojo a un posible fatal desenlace de nuestra historia como humanos. Este caso no es una excepción.

Escrita en 1948, por nombre lleva 1984, pero bien podría tratarse de una caricatura no tan exagerada del 2020. En ella, George Orwell (1903) nos plantea una aterradora realidad en la que las personas no son más que sacos de huesos, sin sentimientos ni razón. Vagan por la vida para servir a “el Partido” sin cuestionar ningún suceso que pueda tener cabida en sus vidas. Una sociedad en la que los humanos son meros autómatas prescindibles en pro de un bien mayor. Como siempre en este tipo de relatos, la historia gira en torno a un personaje que osa atentar contra el orden establecido, cuestionando la más básica de sus creencias por negarse a tragar con lo que le obligan a acatar.

Creadora de numerosos términos que hoy en día resuenan en nuestras cabezas como “el Ministerio de la Verdad”, “la Policía del pensamiento” o “el Gran Hermano”, esta novela invita al lector a una profunda reflexión sobre la existencia humana y sobre qué define a esta por sí misma y en relación con la sociedad. Cuestiona cómo la realidad es manipulada constantemente a voluntad de los que se encuentran en el poder para su propio beneficio de cualquier forma imaginable. Por ejemplo, reescribiendo la historia escrita, censurando a los disidentes que osan a utilizar su raciocinio, controlando las relaciones que cada cual mantiene con los demás (los sentimientos son signo de debilidad). Incluso mienten sin escrúpulos sobre los hechos que acontecen fuera de las fronteras de su burbuja pues nadie en realidad puede afirmar lo contrario.

Obviando el interés que me despierta por la formidable (¡y asequible!) narrativa que la caracteriza, esta obra siempre ha despertado en mí un sentimiento más próximo al miedo por lo real de sus invenciones exageradas cuando las comparamos a nuestra realidad actual. Abre debates que hoy en día están en boca de cualquiera en la más sencilla conversación escuchada en un bar. Y lo impactante es la forma en que lo logra, que, lejos de ser una invención distópica e irrealizable, parece más bien una fiel descripción de nuestro tiempo actual.

Siempre se ha dicho que para comprender el presente hay que fijarse en lo acontecido nuestro pasado, y también es bien sabido por todos que cualquier parte del conocimiento que ansiemos saber está en los libros. Teniendo esto en cuenta, no me queda más opción que recomendar encarecidamente esta lectura. Es un valioso instrumento para todo aquel que busque entender con mayor profundidad las turbulencias ideológicas que atravesamos en nuestros días, así como reflexionar sobre grandes cuestiones de la esencia humana y, de paso, disfrutar de una agradable obra fácil de leer.

Pablo Espinosa Castillo

Vida ELU manuel bueno

Cuaderno de Bitácora – San Manuel Bueno, mártir (1931)

Por:

San Manuel Bueno, mártir (1931), de Miguel de Unamuno, es uno de tantos títulos que poblaban nuestros apuntes de literatura de Bachillerato. Muchos lo conocemos como a un pariente lejano, de pasada, pero nunca hemos tenido contacto con él. Por eso me animé a darle una oportunidad a este breve libro, de unas sesenta páginas.

La premisa es muy sencilla: el párroco de una aldea ficticia, conocido por su bondad infinita al obrar, mantiene en secreto que no cree en la vida eterna. A partir de esta idea, Miguel de Unamuno desmiga docenas de dilemas existenciales y los comparte con nosotros. Para un creyente, en concreto, hay preguntas muy provocadoras: ¿se puede salvar alguien sin fe, solo a través de sus buenos actos? ¿Son “todas las religiones verdaderas”, como se sugiere, porque “hacen vivir espiritualmente” a los pueblos?

Sin embargo, cuando pensaba cómo escribir esta reseña, quería enfocarla desde una perspectiva más abierta, buscando en la obra un tema más íntimo y universal. Me pareció encontrarlo en un momento concreto, cuando un personaje le dice a Don Manuel que “la verdad [se debe decir] ante todo”. El sacerdote responde que la verdad es “algo terrible, algo intolerable, algo mortal; la gente sencilla no podría vivir con ella”.

Los universitarios tenemos esta misión muy asumida de perseguir el conocimiento y, por consiguiente, la verdad, sea a través de la investigación, la reflexión, las artes… No es algo único a nosotros, pues la sociedad en su conjunto parece situar la transparencia muy arriba en su escala de valores. Es evidente que a nadie le gusta sentirse engañado.

Sin embargo, si no somos conscientes de la mentira, ¿puede ser esta preferible a una verdad dolorosa? Este es el dilema central de la obra, a mi modo de ver, y nos toca de lleno. ¿Quién no ha contado una “mentira piadosa” alguna vez (o unas cuantas)? En el día a día, quizá no tengan gran importancia; pero cuando Don Manuel se juega la salvación de su pueblo…

¿Tenemos derecho a ocultar la verdad porque consideremos que es dañina? ¿O estaríamos entonces vulnerando el derecho a conocerla de las demás personas? Además, si reconocemos que hay verdades con consecuencias negativas, ¿no se tambalearía la idea que solemos aceptar de que lo verdadero es también bueno y bello?

Entiendo que esta reseña puede parecer más una enumeración de preguntas, pero es que el libro es una explosión de interrogantes. Si os dejo unos cuantos en estas líneas es para animaros a que lo leáis también y podamos intentar averiguar juntos qué significan; quién sabe, quizá en el próximo fin de semana de la ELU…

David Rodríguez Marín

Sin categoría books-918521_1280

Lecturas para un tiempo único

Por:

Nos ha tocado vivir un tiempo único. Cada tiempo lo es -y sus coetáneos así lo sentimos y manifestamos-; lo es cada historia humana, cada biografía… pero eso no quita que, sin duda, este 2020 esté sorprendiendo a la humanidad. Nos ha situado ante las preguntas radicales de la existencia de un modo abrupto y peculiar, pues al hacer aguas una aparente seguridad; ante el sufrimiento y la incertidumbre prolongada, no puede sino florecer lo fundamental. Y como hemos podido comentar a lo largo de este curso en el módulo de Grandes Libros y en otras ocasiones, son precisamente esas cuestiones eternas de la existencia las que abordan las grandes obras literarias.

Por ello, y también de cara a las iniciativas que comenzaremos el próximo curso, – Cuaderno de Bitácora y el club de lectura Beers & Books- queríamos sugerir brevemente algunas lecturas de obras clásicas para este periodo de verano. Lecturas de distintos periodos con las que se puede establecer un diálogo en torno a cómo vivir.

En un contexto como el nuestro, ¿a quién no le gustaría conocer la verdad de una cuestión inquietante que está acabando con la vida de personas? Puede que conocerla suponga un cambio en el trascurso de tu biografía, que conlleve la confirmación de un destino marcado, pero, ¿puede la verdad supeditarse a ello? Le preguntamos a Edipo Rey, de Sófocles, del siglo V a.C. Del mismo poeta trágico, con una temática diferente ­-ser hija, ser ciudadana, obedecer o no las leyes, etc.-, recomendamos Antígona, que además será representada en los próximos días en el Festival de Teatro Clásico de Mérida.

¿Puede alguien llevado por su ambición acabar destruyéndose a sí mismo y a los de su alrededor? Macbeth de Shakespeare -el aclamado escritor al que Harold Bloom situaba en la cúspide de los literatos- profundiza en el tema en esta famosa y oscura tragedia del XVII. También lo hace varias centurias después y con una historia diferente Albert Camus en Calígula (1944), quien, tras perder a alguien querido y quedar desprovisto de un fin que pueda orientar su existencia, se convierte en un tirano para quien la vida de otros y la propia carece del más mínimo valor.

Por otra parte, el primer fin de semana de la ELU de este curso contamos con la ponencia de José Manuel Mora Fandos que llevó por título “El placer de leer”. El profesor y escritor comenzó su exposición partiendo de Primer amor de Iván Turguénev, obra que nos recomendó. Publicado en 1860, es el relato en primera persona del proceso de enamoramiento del que cae presa un adolescente por una joven princesa, y toda la vivencia que conlleva. De un tema similar, sugerimos la lectura de la famosa obra de Jane Austen, Orgullo y prejuicio (1813). La escritora inglesa -experta en desarrollar de forma delicada la psicología de sus personajes- presenta al lector varios procesos de enamoramiento en las hermanas Bennet, siendo el de Elizabeth y el señor Darcy el que ocupa el papel central por su búsqueda de la virtud y la felicidad en la relación, después de un inicio marcado por los vicios que dan título a la obra.

¿Alguna distopía clásica que nos permita adentrarnos en situaciones irreales, pero a veces más cerca de la realidad de lo que nos gustaría? Podemos recomendar tres títulos, publicados respectivamente en 1932, 1949 y 1953, en medio de un contexto convulso como es el siglo XX: Un mundo feliz de Aldous Huxley, 1984 de George Orwell, y Fahrenheit 451 de Ray Bradbury. Estas obras abren los ojos a la necesidad de desarrollar un pensamiento crítico y nos hacen descubrir los métodos de control de la sociedad; siendo precisamente uno de los más importantes el privar de la lectura.

Y concluimos con el tema del tiempo, pues estamos llamados a vivirlo como kairos, como el tiempo oportuno en el que algo importante sucede. También en el verano, en el descanso. Nuestra vida está en juego.

¡Buenas vacaciones!

Sin categoría open-textbook-762687

¡Nueva sección! – Cuaderno de bitácora

Por:

Este es nuestro cuaderno de bitácora, escrito por y para todos los ELUs. Queremos que sirva para dejar constancia de nuestro viaje por la ELU. Como todo viaje, está lleno de vientos y cambios de rumbo, pero también de coordenadas geográficas que nos orientan. En este cuaderno, plasmaremos aquello que nos marca en nuestro camino. Por eso, ¿qué mejor que los libros? Los libros pueden ser nuestra Estrella Polar. “To travel far, there is no better ship than a book”, decía la poeta Emily Dickinson. Con esta divisa, empezamos la nueva sección.

Queremos que exista un espacio donde puedas compartir esa novela que tanto te gustó, ese libro de cuentos que te habló de ti o esa historia que tanto te llenó. Pensamos que los grandes libros son una manera única de conectar entre todos nosotros, porque nos hablan justo de eso, de los problemas fundamentales del ser humano a través de todas las épocas. Y por eso surge esta sección, para que todas las personas podamos conectar a través de los libros.

Tenemos muchas ganas de empezar este proyecto y de compartir con todos vosotros las obras literarias que nos han ido marcando en nuestra vida.

Berta Coll y Marta Morcillo.