Los elus de Madrid colaboran con el Comedor de la Obra Social-Familiar Álvaro Portillo

14 ENE

Alberto Pradas, 3º ELU

Durante la mañana del pasado 23 de diciembre un grupo de alumnos de la Escuela de Liderazgo Universitario participamos en una actividad de voluntariado en el Comedor de la Obra Social-Familiar Álvaro del Portillo, en el barrio madrileño de Carabanchel. Ayudamos limpiando, ordenando y preparando el local para el reparto de comida previsto para ese día, además de organizar la ropa de la tienda solidaria. Pero lo que nos llevamos fue un regalo inmenso en comparación con el pequeño esfuerzo que hicimos.

Todos hemos escuchado hablar de la famosa “zona de confort”, y de todas aquellas ocasiones en las que se nos ha animado a abandonarla, o lo que viene a ser salir de la comodidad y atrevernos a conocer nuestra mejor versión de nosotros mismos, y de lo que podemos aportar a los demás. Ya lo señaló Séneca, que “no hay nadie menos afortunado que el hombre a quien la adversidad olvida, pues no tiene oportunidad de ponerse a prueba”. Unas pocas horas de servicio en el Comedor Social nos ayudaron a descubrir que a menos de 15 minutos en coche de nuestras casas existía una realidad muy diferente de la “burbuja” en la que estamos acostumbrados a vivir.

A veces, no somos conscientes de que para ayudar a los demás no hace falta irse tan lejos; a veces basta con tratar de mejorar, aunque sea un poquito, el entorno de uno. A la vuelta de la esquina hay muchas personas que pasan necesidad, de manera que el Comedor Social de Carabanchel parecía un buen lugar donde poner nuestro granito de arena, nuestra pequeña gota de agua.

A través de esta experiencia, aprendemos a mirar con otros ojos al otro, no como a un extraño, sino como a un amigo, alguien de quien podemos aprender las mejores y más grandes lecciones, que no son las que se enseñan en los libros, sino las que ponemos en práctica desde el corazón, con la intención de darnos y tratar de llevar el bien allá donde vayamos. El servicio a la sociedad, sin duda, nos ayuda a vivir en clave de agradecimiento, siendo conscientes de que la vida es un auténtico regalo.

Y si este servicio es realizado junto a otros estudiantes de la Escuela, la experiencia puede resultar aún más enriquecedora, pues somos jóvenes de muy distintos entornos y estudios, pero compartimos un profundo sentimiento de responsabilidad y dedicación por ayudar a mejorar nuestra comunidad. La Escuela de Liderazgo Universitario son cuatro años que se pasan en un abrir y cerrar de ojos, y merece la pena aprovechar estas oportunidades para conocer mejor a nuestros compañeros.

Es difícil de explicar, pero, al terminar la mañana que habíamos pasado ayudando en el comedor y en la tienda, nos fuimos con dos sentimientos en mente. Por una parte, habíamos recibido una lección de realidad y de humildad que nos había sacudido. Por otra, sentimos que habiendo dado un poco de nosotros, habíamos recibido mucho.

Aquel día experimentamos en primera persona que realmente “toda acción es esperanza” y que con muy poco que hagamos, saliendo por unos instantes de nosotros mismos, podemos hacer del mundo un lugar un poquito más bueno, más bello y más verdadero.