Elus por el mundo

06 NOV

Lucila Cacho, 4º ELU

Queridos elus:

Soy Lucila, 4º de la ELU. Estudio Derecho + Relaciones Internacionales y tengo la inmensa suerte de estar cursando este semestre en Fordham University, en Nueva York.

Me dijeron que estar en Estados Unidos se siente como tener un set de grabación siguiéndote a todas partes. Correcto: hasta cierto punto, así es.

Amanece en el corazón de Manhattan. La Novena Avenida comienza a llenarse de transeúntes que se dirigen a destinos diversos: figuras trajeadas, corredores en dirección a Central Park, inconfundibles bailarinas preparadas para su clase de ballet, un joven músico o actor que aspira a ser «el futuro de las artes», el hombre que sirve todas las mañanas ese pedido on-the-go desde el food truck de la esquina, un grupo de estudiantes que entra a Fordham.

Pero Nueva York no se despierta paulatinamente; en realidad, nunca se ha detenido. Esta es la ciudad que nunca duerme. De alguna manera, siempre hay algo sucediendo, algún lugar al que poder ir, un plan improvisado, algo que descubrir, algo con lo que sorprenderte. Se trata de una urbe que te hace tomar conciencia de que, inevitablemente, la vida sigue, pasa ante tus ojos, y para cuando te des cuenta, el tiempo parece haber dejado de existir, pero sin haber cesado.

Más allá de este dinamismo, comentábamos varias amigas lo afortunadas que éramos de poder estar viviendo cada momento aquí, en nuestra privilegiada «cotidianidad», donde cuesta poco estar atenta a los pequeños milagros del día a día: en ese plan que sabes dónde empieza pero no dónde acaba, en el people-watching, en el ambiente artístico que se respira, en aprender de una cultura que «das por hecho» pero a la vez resulta tan chocante en ciertas ocasiones, en esa conversación fortuita, en esa celebridad que no esperabas conocer jamás, en una noche en la ópera o la filarmónica, o incluso en esas situaciones surrealistas que no se podrían haber dado en ningún otro lugar (las cuales doy fe de que suceden a menudo). Porque para entender Nueva York no basta con visitarla; hay que vivirla.

Desde que llegué a finales de agosto, tuve una sensación de cierta familiaridad con la ciudad (o quizás se tratase de correspondencia) con los lugares aparecían ante mí, como si ya los conociera pese a no haber estado nunca antes. Como si siempre me hubieran estado esperando. A medida que la realidad de esta experiencia se iba desplegando, tuve cada vez más claro que estaba llamada a Ser aquí.

Por todo ello, ¡qué alegría poder decir que la selección de fotos se me ha hecho complicada! Nueva York está siendo y será un sueño hecho realidad. Con no pocas semanas por delante todavía, y siguiendo en la línea de los otros ELUs por el mundo, solo puedo detenerme a agradecer este gran regalo y reconocer que probablemente sea una de las mayores experiencias de Bien, Verdad y Belleza que tenga la suerte de vivir como universitaria y como persona.

Muchas gracias por vuestro tiempo; espero haber podido compartir con vosotros un pedacito de esta ciudad que tanto me ha cautivado. ¡Un abrazo desde la Gran Manzana!