Feliz 2021

pexels-photo-5408818
pexels-photo-5408818
21 ENE

Queridos elus:

Estamos ya terminando enero y aflora la misma pregunta de todos los eneros: ¿hasta cuándo hay que felicitar el año?

Junto a ella, aparece este año una pregunta nueva que quizá nunca nos habíamos hecho pero que en este momento singular de la historia cobra, me parece, mucho sentido: ¿por qué nos felicitamos el año? ¿Acaso celebramos la revolución completa de nuestro planeta alrededor de nuestra estrella?

El año, como medida de tiempo, tiene algo de convencional. Al menos su inicio, ya que su duración viene marcada por la misma naturaleza. Más allá de los consensos históricos de los que es fruto el calendario, el hecho mismo de su existencia –del calendario– dice algo acerca de la conciencia humana que se hace vida: nuestra experiencia del tiempo es cíclica y, al mismo tiempo, vivimos proyectados hacia el futuro con esperanza.

Felicitarse el año es desear que esto que comienza, que es lo mismo de siempre y sin embargo es nuevo, sea bueno. Precisamente porque nosotros, que habitamos el tiempo y el espacio, percibimos singularmente nuestra existencia como una línea que se dirige hacia un lugar. Felicitar el año es entonces tomar conciencia de un nuevo comienzo que ofrece nuevas posibilidades y que nos permite redimir el pasado. El quicio entre un año y otro se pasa despierto porque en la bisagra sucede la transformación de lo viejo en nuevo. La ritualidad que encierra la Nochevieja es conciencia de que la realidad se transforma delante de nuestros ojos: si dormimos, nos quedamos atrás. El año nuevo no es, entonces, un suceso: es un acontecimiento.

Así, el año nuevo es un don: una oportunidad para volver a empezar. En cierto sentido es una convención, aquí en forma de relato que nos contamos a nosotros mismos. Pero toda la naturaleza –la de nuestro hemisferio, al menos– le da la razón a la fábula aunque aún de modo invisible: explotará en la primavera lo que está ahora aletargado.

Estamos hechos, también, de circunstancias. Las de 2020 no han sido demasiado buenas. De ahí el clamor universal al dejarlo atrás y la esperanza unánime al adentrarnos en 2021. Pero lo que sea 2021 para nosotros dependerá no tanto de lo que venga sino de lo que hagamos, juntos, con lo que venga.

Respondamos con esperanza al don que el año nuevo nos ofrece.

Feliz año nuevo.

Juan Serrano

Director Académico de la Escuela de Liderazgo Universitario