Elus por el Mundo – Paula López

10 MAR

¡Hola! Soy Paula López, de cuarto de la ELU. Desde septiembre tengo la gran suerte de estudiar Medicina en la universidad Ruprecht Karl de Heidelberg. No pensé que cuatro años después de visitar esta ciudad con Becas Europa, se fuera a convertir en mi hogar.

Esta ciudad estudiantil situada en el sur de Alemania cuenta con la universidad más antigua de país. El campus se encuentra esparcido por toda la ciudad lo que hace que vayas donde vayas te encuentres con muchísimos estudiantes. Su gran prestigio atrae a multitud de jóvenes de distintas nacionalidades. Me atrevería a decir que este es uno de los ingredientes que la posiciona en la mayoría de los tops 5 destinos para irte de erasmus y que también puede ser la causa de que mis avances en inglés hayan sido mayores que en alemán.

Tengo que confesaros que en el momento de irme tenía un poco de miedo. Alemania como destino Erasmus va acompañado de muchos prejuicios, que para bien o para mal, nada tienen que ver con los de otros destinos europeos. No puedo estar más contenta con mi sí y, además, a toro pasado, me doy cuenta de que poco importa el destino, porque más que nombre de ciudad, esta experiencia lleva el nombre y apellido de todas las personas que te acompañan en este camino.

A nivel académico además de un gran reto personal, ha sido una grandísima oportunidad no solo para aprender alemán sino para conocer la parte más práctica de la Medicina. Muchas menos horas de clase teórica y más práctica activa caracterizan la enseñanza médica en el país. He podido asistir durante dos semanas a cirugías en las que más que una estudiante he sido una residente.

A pesar de llevar ya seis meses viviendo aquí no me sentía preparada para recibir visitas. Me sigue quedando mucho que profundizar en la historia de Alemania y muchos lugares que conocer en Heidelberg. Sin embargo, para mi sorpresa, cuando tuve que enseñar la ciudad, lo que se me venían a la cabeza eran innumerables anécdotas. Me ha gustado descubrir que he hecho la ciudad mía. Que no he pasado por ella como si fuera algo ajeno a mí, sino que yo ya no me entiendo sin este lugar. Y esto no hubiera sido posible sin los amigos que me han acompañado. Tenemos nuestro bar, nuestro kebab de confianza, nuestra sala en la biblioteca, nuestra mesa en la mensa, nuestro camino de siempre. Sabemos reconocer las bicis buenas (sin este medio de transporte esta ciudad no sería ella) y el heladero de la Hauptstraße es amigo nuestro. 

Los amigos alemanes han tardado en llegar. Hay que tener paciencia. Es difícil pero no imposible. Sus planes son muy diferentes de los nuestros. Quedar a cocinar cuando conoces a alguien es algo muy normal (os recomiendo que os compréis calcetines bonitos). Las caminatas son otro tópico de los planes alemanes. Y no nos olvidemos de las fiestas de la cerveza.

Me ha encantado descubrir la importancia que tiene la cultura en nuestra construcción como personas. El valor de la familia, el sentimiento de pertenencia, la presencia en las calles, los valores cristianos que impregnan nuestra sociedad me hacen darme cuenta de que esto que aprendí en casa no es algo tan común fuera de ella. Aún así he podido experimentar que da igual si eres americano, checo, francés o español, porque nuestras preocupaciones son muy parecidas. Rodearnos de personas que nos quieran y buscar algo que nos apasione.

Me quedan todavía otros cinco meses viviendo fuera. Y no me puedo ni imaginar lo que se me tiene preparado. Ojalá siga teniendo la primera ilusión con la que llegué y que se respiraba en la ciudad. Estar abiertos a cualquier plan y a conocer a todos. En estas últimas líneas solo me queda dar gracias a mi familia en Heidelberg. Especialmente a Bego y a Laurita.

 No dudéis en escribirme para cualquier cosa que necesitéis. ¡Es una oportunidad única!

Bis bald!!  ¡Un abrazo!

Paula.