ELUs por El Mundo – Jorge Bautista

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30 MAY

Verdaderamente, este año de intercambio he podido vivirlo con una gran intensidad y me llevo después de todo; momentos, lugares y personas que siempre tendré presente en mí durante toda mi vida. El primer cuatrimestre lo cursé en los Estados Unidos, concretamente en la ciudad de Atlanta, y posteriormente, el segundo cuatrimestre en Corea del Sur, en una ciudad cercana a Seúl llamada Chuncheon.

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Dos vivencias únicas, muy diferente la una a la otra, pero ambas tienen en común que me han permitido desarrollar una visión mucho más amplia sobre las personas y sobre el mundo.

Aterricé en el JFK en Agosto, con muchas ilusiones y expectación sobre lo que iba a vivir allí durante el cuatrimestre. Tuve una breve estancia en Nueva York, ciudad que pasaría a convertirse en mi ciudad favorita, y no tanto por las luces y los edificios, sino por los neoyorkinos. Ciudadanos con backgrounds muy diversos que llegan a esa ciudad con la tarea  común de lograr el objetivo vital que inicialmente les movió allí, “concrete jungle where dreams are made of”, como dice Alicia Keys.

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Posteriormente me traslade a Atlanta para comenzar el curso. Honestamente, es una ciudad que no tiene demasiado misterio más allá del Coca-Cola world, los headquarters de CNN o el Stone Mountain. Sin embargo, todos los estudiantes desarrollábamos nuestro día a día en torno al campus universitario de Emory, que pude aprovechar bastante a muchos niveles; académico, deporte, ocio…  Básicamente la vida allí consistía en esas tres cosas:

Ir a las clases y a alguna sociedad de alumnos que te pudiera interesar, en mi caso me apunté a la de Relaciones Internacionales, club con el que tuve la oportunidad de participar en un modelo de naciones unidas a nivel nacional.  El segundo aspecto era hacer deporte, ya que el campus tenía unas instalaciones magníficas para todos los deportes. De hecho, formamos un equipo de fútbol para una “liguilla” de la uni entre unos cuantos estudiantes hispanoamericanos, que me hizo darme cuenta de los lazos culturales que tenemos como comunidad y el importante papel que ocupamos en el mundo. Finalmente, también hubo tiempo para salir y pasarlo bien.

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La parte 2.0 de este curso ocurrió cuando llegue a Corea del Sur, para acomodarme en la ciudad de Chuncheon, pequeña ciudad cercana a la capital, de la que sin duda recomiendo el plato típico de allí, el “Dakgalby”. La verdad es que al principio me sentía como el niño de Karate Kid, pues el inglés en las ciudades pequeñas de allí es reducido, por no hablar de mi coreano.

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Como dato de interés, y salmantino que soy, me llamo especialmente la atención como Castilla y León y Corea del Sur comparten una extensión de territorio prácticamente igual. La diferencia es que en Castilla y León somos dos millones y medio de paisanos mientras allí son cincuenta millones de surcoreanos.

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Vivía en una residencia con un gran porcentaje de estudiantes internacionales, en su mayoría procedentes de China, del este de Rusia, Filipinas…  Convivir con personas de distintos países asiáticos me ha permitido ver y comprender otras formas de entender la vida y de priorizar las cosas, más allá de los patrones occidentales, que a menudo tendemos a reivindicar como mundiales.

En definitiva, un gran año…

Jorge Bautista Pérez.