ELUS POR EL MUNDO – VÍCTOR CHOCANO

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09 MAR

¿Pero qué se te ha perdido a ti en Vietnam? ¿Se ha acabado ya la guerra?

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Esas eran las primeras preguntas que se hacían la mayoría de las personas a las que les comentaba que había solicitado movilidad no europea en este país del Sudeste Asiático. La verdad es que ellos no eran los únicos a los que este país les planteaba dudas, pero la posibilidad de poder introducirme en una cultura tan distinta y conocer Asia desde dentro podía con todas ellas. Así que un seis de septiembre con las maletas hechas y muchas ganas e impaciencia por lo que me esperaba puse rumbo a Ho Chi Minh City.

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Nada más salir del aeropuerto ya sientes que el ajetreo, la humedad y las motos van a ser tus compañeros inseparables durante los próximos meses. La ciudad de Ho Chi Minh, o antigua Saigón, a pesar de no ser la capital de Vietnam es la ciudad más grande de este país. Esto, unido a que ha crecido muy rápido durante los últimos años (y lo sigue haciendo), hace que existan unos contrastes enormes, y que con tan sólo andar veinte metros pases de estar en una pequeña calle con ancianos cocinando un rico plato vietnamita en unas brasas improvisadas en el suelo a tener delante de ti uno de los rascacielos más altos del Sudeste Asiático. Pero, a pesar del choque inicial que esto puede producir, una vez dentro te das cuenta de que ambas partes conviven en una curiosa armonía que se mantiene al menos por el momento.

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Una vez instalado era el momento de conocer mi universidad, la Universidad Internacional de Ho Chi Minh (HCMIU). En ella no tuve ningún problema desde el principio, todas las clases se impartían en inglés, por lo que el idioma no iba a ser un problema, y pude ajustar perfectamente los horarios. La metodología de trabajo allí no era muy distinta a la de mi universidad de origen: hay una evaluación continua constante, y todas las semanas tienes o bien entregas de trabajos o bien parciales, pero era un ritmo fácil de seguir y la exigencia no era tanta como podía parecer en un principio. Además nos asignaban un buddy que nos ayudaba en todo lo que necesitáramos y organizaban actividades para que nos conociéramos tanto entre los internacionales como con los locales.

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En cuanto a la vida en Vietnam era bastante distinta a como me imaginaba. El clima, al ser tropical, marca la diferencia, ya que el verano te acompaña durante todo el año, y la verdad es que ir en bermudas en pleno enero es una experiencia muy recomendable. También te das cuenta de que hay orden en el aparente caos que es el tráfico, y es que hasta que no coges una moto en Ho Chi Minh no vives de verdad la experiencia vietnamita. Pero si me tengo que quedar con una sola cosa de Vietnam es con la gente. Todo el mundo te intenta ayudarte en todo momento, incluso aunque ni siquiera sean capaces de comunicarse contigo, y siempre tienen una sonrisa para regalarte.

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Vivir en Vietnam también me ha permitido descubrir otros lugares del Sudeste Asiático, como Malasia, Tailandia, Camboya, Singapur o Filipinas. Cada país conserva su propia esencia, y esto se nota en la rica gastronomía de todos estos países, ya que, aunque de primeras pueda parecer igual, los sabores son completamente distintos dependiendo de donde te encuentres.

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En definitiva, después de haber vuelto de mi estancia puedo afirmar que es la mejor experiencia que he vivido y que no podría haber acertado más con el destino. Por ello os animo a todos a vivir la experiencia de estudiar en el extranjero, ya que te forma de una manera completamente distinta y te enriquece muchísimo como persona. Yo el año que viene repito y me voy a Polonia, donde hará un poco más de fresco, pero estoy seguro de que lo disfrutaré también al máximo. Y tú, ¿no te animas?