Elus por el mundo

14 MAY

Jaime de Francisco, 4º ELU

El pasado septiembre, comenzaba la que iba a ser una de las mejores etapas de mi vida, sonaba el pistoletazo de salida y,  mientras iba preparando las maletas, empecé a ser consciente de que posiblemente la vida en la que hasta ahora había sido mi casa, no volvería a ser la misma. Así, un sábado, día 13, emprendí mi camino hacia la Città Eterna, Roma.

Para dar comienzo a esta historia, quiero remontarme al año 2018, cuando un chico de Zaragoza, de 14 años compartió con su familia unas vacaciones en la ciudad a la que años más tarde podría llamar casa. Fue así, como un chavalín descubrió la belleza de esta ciudad, una belleza que le conmovería tanto que, para siempre, desde ese primer encuentro, acabó quedándose grabada en él.

Motivado por el asombro de ese primer encuentro que tuve con Roma, el año pasado acabé eligiéndola como mi destino para participar en el Programa Erasmus. Iba a ser el lugar donde terminar mis estudios y poner el broche de oro a esta primera trayectoria universitaria que vengo realizando como estudiante de Ingeniería de Tecnologías Industriales.

Me cautivó la idea de poder aprender un idioma tan bello como el italiano, además de tener el privilegio de formarme en la universidad histórica de la ciudad, siendo también de las más antiguas de Italia y del mundo, La Sapienza. Asimismo, me fascinó la idea de poder explorar sus rincones, descubrir las entrañas de esta ciudad, así como tener la posibilidad de recorrer Italia.

Por todo ello, tomé la determinación de comenzar esta carrera de fondo, totalmente ilusionado con lo que tenía por delante y con el presentimiento  de que iba a ser un punto de inflexión en mi vida.

Poco a poco, tras las primeras semanas, confirmé que estaba en lo cierto. Fui haciéndome consciente con el tiempo de ir recuperando la mirada de aquel niño que hacía 8 años hizo por recorrer estas calles intentándose empapar de todo aquello que se le pusiera delante y, de esta manera, me embarqué en la misión que implica descubrir Roma.

Es así como llevo viviendo en esta ciudad ya casi un año, sin saber cómo ni dónde van a terminar mis jornadas, saliendo de la cama cada mañana con la certeza de que el día va a estar lleno de encuentros que me irán construyendo como persona, con los ojos bien abiertos no solo para tratar de no ser víctima de un atropello fruto del caos que gobierna la ciudad, sino para dejarme maravillar por su belleza, por sus misterios, por su historia, por su gastronomía, por su gente…

Ahora, que dar un paseo por los alrededores del Coliseo y visitar iglesias que parecen galerías de arte se ha convertido en mi rutina diaria, echo la vista atrás, y no puedo estar más agradecido de estar aquí viviendo esta experiencia. Siento que, en cierto modo, este año está también suponiendo en mí un cambio en la manera de enfrentar la realidad que se me pone de frente en el día a día. Esta genuina curiosidad que me invade recorriendo los rincones infinitos que abundan en esta urbe me lleva a dar con explicaciones para aquellos problemas que acontecen hoy en día en el mundo. No sería posible de otra manera que, conociendo lo que sucedió en tiempos pretéritos, comprender aquello que acontece en nuestros días. Es de esta manera, como me gusta hablar de Roma, como un libro abierto en el que tanto podemos aprender de nosotros mismos. Aquí encuentras la historia dispuesta como un puzle, como piezas encajadas una sobre otra creando una armonía como ninguna otra dentro de lo que a primera vista, con unas lentes desenfocadas, se puede percibir como un desorden.

Bien es cierto que, en todos aquellos que hemos venido aquí a vivir este año he percibido un cambio notable en la manera de afrontar el devenir del día a día. Todos, en mayor o menor medida, nos hemos visto obligados a adoptar el modus operandi romano, el cual se caracteriza por la inmunidad ante el estrés causado por los continuos retrasos y el desarrollo del arte de la improvisación en el día a día. Vivir entre las ruinas de la capital de la civilización que más marcó Occidente y la escasa organización de los romanos de hoy día, trae como consecuencia abundantes imprevistos en el devenir diario, que suelen ir acompañados de sinfonías de cláxones y sirenas. No es de otro modo que dejándose transformar un poco más por el modo de ser romano, que uno puede hacer de ello algo de lo que sacar partido en su vida cotidiana, ya que uno nunca sabe si llegará a tiempo a comer a casa o si, por fortuna, se verá obligado a probar un nuevo plato de carbonara o de cacio e pepe en una trattoria cercana.

He de reconocer, que todos estos recuerdos que vienen a mi cabeza mientras escribo estas letras no tendrían sentido sin aquellos que me han acompañado en cada tarde, aventura o viaje. Son sus nombres aquellos que siempre resonarán en mi corazón cuando recuerde este año aquí, tanto de aquellos con los que vivo el día a día, como de quienes vinieron a visitarme. Es gracias a ellos por lo que encuentro el sentido de todo esto, así como de mi familia, quienes me hacen saber día a día – ya sea verbalmente, por escrito o mandándome algo de embutido – que por lejos que me vaya, siempre tendré un hogar al que poder regresar. Por tanto, creo poder afirmar estar viviendo esta experiencia con mayúsculas, haciendo de la misma un auténtico regalo, pero totalmente convencido de que, si esto es así, es por quien tengo al lado.

Me gustaría desde aquí, a todos los que leáis estas líneas, invitaros a seguir descubriendo el mundo, a venir a Roma, ya sea unos días o, si tenéis la misma suerte que yo, durante un Erasmus. Estoy convencido de que todo el que pasa por aquí no vuelve igual que ha venido, porque todo el que llega a Roma, en el fondo, está sediento de Verdad.

Con esto, quisiera despedirme, agradeciéndote el tiempo que te ha tomado llegar hasta aquí.

Ahora, llegando a la meta, ya no solo en esta pequeña ventana,  sino también en mi estancia aquí y en la Escuela, quisiera expresar la ilusión que me hace poder vivir la graduación del próximo 13 de junio, culminando estos cuatro años en la ELU y que espero todos podamos compartir.

Arrivederci! Ci vediamo!