Tabita – Voluntariado por Madrid

13 OCT

Guadalupe León, 3ºELU

Después de haber vivido el que creo que ha sido el mejor verano de mi vida e inmersa en el ritmo de septiembre, sus planes y reencuentros; el pasado jueves 24 de septiembre tuvimos la oportunidad de volver la mirada hacia los demás y mirar más allá de lo que nuestros ojos ven en la recién retomada rutina. De alguna manera, nuestros corazones querían devolver todo lo que habíamos estado recibiendo, así que juntos hicimos un hueco en aquellos días llenos de novedad para ayudar a los demás y acompañar a quienes lo necesitasen en su sufrimiento.

Tras en algunos casos una tarde de estudio, o en otros alguna clase de la universidad, llegamos todos a preparar los bocatas y organizar las bebidas y fruta que habíamos pensado para repartir. Cogimos el bus y nos dirigimos hacia Gran Vía y Sol, donde comenzaríamos con el voluntariado.

A pesar de ser una tarde muy cálida de septiembre, no faltaba gente que esperaba recibir algo de comida para poder cenar y alguien con quien poder pasar un rato y comentar aquello que tenían en el corazón (experiencias, historias, o simplemente aquellos cuya mirada, cansada y agradecida, nos hacía entender que era un poco de espacio lo que necesitaban). Tras haber repartido lo que llevamos, coincidíamos en que no era tanto el alimento lo que esperaban como la compañía o la atención de las que fuimos instrumento.

Para finalizar, mientras cenábamos el clásico bocata de calamares madrileño en su Plaza Mayor (donde terminamos con la experiencia), pudimos hablar del sufrimiento. Reconocimos todos nuestro asombro por la actitud con la que vivían las personas a las que pudimos ayudar, que a pesar de tener muy poco, aseguraban que era todo lo que necesitan para vivir. Con ello planteamos si quizás el “exceso” en nuestras vidas nos hace a veces desviar la mirada de lo verdaderamente importante; aunque tampoco podemos olvidar que, como dice la canción Respirar de Bebe, “cada uno en su universo siente su dolor como algo inmenso”, y que a pesar de a veces no resultar agradable, no debemos vivir de espaldas a él.

Este encuentro Tabita fue muy enriquecedor, pues nos recordó, una vez más y como cantan en El ciclo de la vida de El Rey León, que hay mucho más que mirar donde otros solo ven. Ahora, todo lo que vivimos y aprendimos aquella tarde, nos sirve para no olvidar que dar es la mejor manera de recibir, y que el sufrimiento también es parte del camino.