Diego Martínez

Vida ELU

Visita a los elus de Sevilla

Por:

Carmen Gago Sosa y Mercedes Sierra Antolín, 1º ELU

La visita de nuestro mentor Diego junto con la compañía de la profesora Laura Llamas supuso una oportunidad perfecta para descubrir, con una mirada muy diferente, la ciudad de Sevilla. Tanto los sevillanos de nacimiento como los universitarios acogidos por esta ciudad, tuvimos la oportunidad de recorrer hasta los más recónditos rincones de la capital andaluza, desde la Catedral de Sevilla hasta las callejuelas del Barrio de Santa Cruz.

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Pero, sin duda, si tuviéramos que elegir alguno de estos sitios, nos quedamos con el Conjunto Monumental de San Luis de Los Franceses. Pese a haber pasado frente a este lugar cientos de veces, la rutina nos había impedido ver más allá que una simple fachada con una arquitectura similar a la que vestían otros monumentos de la ciudad. ¡Qué equivocados estábamos!

Al entrar, el blanco reinaba en la estancia, pero pocos pasos detrás encontramos un gran patio interior andaluz que recogía los olores característicos de Sevilla. Nuestra visita acababa de empezar. Como decía Saint-Exupéry en El Principito, lo esencial es invisible a los ojos: y allí estaba, tras una diminuta puerta de madera, una grandiosa cúpula que nada tenía que envidiarle a otros monumentos con mucha más reputación. Amplia, luminosa y con una gran historia detrás: construida por los jesuitas a principios del siglo XVIII, simbolizando el nexo de unión entre el nuevo y antiguo testamento. Aunque actualmente esta iglesia se encuentra desacralizada, sus paredes encierran muchas historias, fruto de un largo recorrido: inaugurada como Iglesia en 1731, abandonada posteriormente por la expulsión de los jesuitas y desde entonces, ha tenido diversos usos, entre ellos, hospital de venerables sacerdotes o fábrica en el S.XIX. Tras una restauración, abre sus puertas al público en 2016, permitiendo así sorprender a todos sus visitantes. Nosotros, por suerte, contábamos con la profesora Laura Llamas, quien, con sus sabias palabras, iluminó nuestro recorrido por el monumento.

Para terminar, disfrutamos todos de una agradable cena en el pintoresco barrio de La Alameda, que nos brindó la oportunidad de conocernos un poco más, poniendo fin a un día lleno de redescubrimientos.

Vida ELU

Visita de Diego a Santiago de Compostela para ver a sus mentorandos

Por:

José Rama, 1º ELU

Cuando hemos estado viajando por el desierto de la soledad y del aislamiento, la Tierra Prometida es el otro. Otros, en nuestro caso, porque nuestro bienquerido mentor Diego vino a visitarnos a este reducto galaico muy bien acompañado: Carola vino con él. Con ellos disfrutamos de dos días que, pese a todo el viento, lluvia y sol con los que Compostela nos quiso echar de sus calles, fueron, sin duda, maravillosos.

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Como es natural y no puede ser de otra manera, y como Santiago empieza en la Catedral, nosotros ahí empezamos nuestro recorrido. Atravesar la Puerta Santa y disfrutar del edificio, tan soberbiamente restaurado, tan virgen que aún hay andamios en el exterior, es siempre una experiencia que acerca más a Dios mediante su belleza, pero poder hacerlo en compañía de explicaciones tan acertadas como las que Carola nos brindó ofrecen una nueva perspectiva.

Pese a empezar como empezamos con visita tan señalada, el día solo fue a mejor. Comimos en la terraza de Amoa bajo el vendaval (pues las medidas sanitarias son las que son), pero ni notamos viento ni sentimos lluvia, tanta y tan buena era la conversación que se dio alrededor de esos platos atípicamente gallegos. Las conversaciones cara a cara son lo que nos lleva a conocer y a apreciar más al otro. Son en estas en las que nos damos cuenta de que, como decía Bauman, la verdad solo puede emerger al final de una conversación. De estos días nos llevamos, sobre todo, tantas buenas palabras que nos dijeron y que no cabrían aquí por mucho que las intentásemos plasmar.

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Rematamos el día con una tarde de lo más completa: paseo por el parque de Bonaval, visita al Centro Galego de Arte Contemporánea y finalmente al teatro, a ver “Terceiro acto”. De la naturaleza saltamos al arte y del arte a la naturaleza y, de pronto, ambas cosas eran una. Estas actividades culturales dieron lugar, una vez más, a las mejores conversaciones y a los más acalorados debates. Ya se sabe que esta es la virtud (o la condena) del arte moderno. Todo, por supuesto, alrededor de una mesa, que esto es Galicia.

El segundo día lo comenzamos oyendo la Misa del Peregrino, pues ningún viaje compostelano está completo sin esta, y continuó por los senderos más apartados y desconocidos de la ciudad, si es que tal cosa era aún ciudad, pues parecía que nos hubiéramos internado en lo más profundo de las fragas. Comimos una penúltima vez y nos despedimos, sumamente agradecidos los elus, esperando que la próxima comida y la próxima conversación no se hiciesen tanto de rogar.