Universidad

Vida ELU

Cuaderno de Bitácora – San Manuel Bueno, mártir (1931)

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San Manuel Bueno, mártir (1931), de Miguel de Unamuno, es uno de tantos títulos que poblaban nuestros apuntes de literatura de Bachillerato. Muchos lo conocemos como a un pariente lejano, de pasada, pero nunca hemos tenido contacto con él. Por eso me animé a darle una oportunidad a este breve libro, de unas sesenta páginas.

La premisa es muy sencilla: el párroco de una aldea ficticia, conocido por su bondad infinita al obrar, mantiene en secreto que no cree en la vida eterna. A partir de esta idea, Miguel de Unamuno desmiga docenas de dilemas existenciales y los comparte con nosotros. Para un creyente, en concreto, hay preguntas muy provocadoras: ¿se puede salvar alguien sin fe, solo a través de sus buenos actos? ¿Son “todas las religiones verdaderas”, como se sugiere, porque “hacen vivir espiritualmente” a los pueblos?

Sin embargo, cuando pensaba cómo escribir esta reseña, quería enfocarla desde una perspectiva más abierta, buscando en la obra un tema más íntimo y universal. Me pareció encontrarlo en un momento concreto, cuando un personaje le dice a Don Manuel que “la verdad [se debe decir] ante todo”. El sacerdote responde que la verdad es “algo terrible, algo intolerable, algo mortal; la gente sencilla no podría vivir con ella”.

Los universitarios tenemos esta misión muy asumida de perseguir el conocimiento y, por consiguiente, la verdad, sea a través de la investigación, la reflexión, las artes… No es algo único a nosotros, pues la sociedad en su conjunto parece situar la transparencia muy arriba en su escala de valores. Es evidente que a nadie le gusta sentirse engañado.

Sin embargo, si no somos conscientes de la mentira, ¿puede ser esta preferible a una verdad dolorosa? Este es el dilema central de la obra, a mi modo de ver, y nos toca de lleno. ¿Quién no ha contado una “mentira piadosa” alguna vez (o unas cuantas)? En el día a día, quizá no tengan gran importancia; pero cuando Don Manuel se juega la salvación de su pueblo…

¿Tenemos derecho a ocultar la verdad porque consideremos que es dañina? ¿O estaríamos entonces vulnerando el derecho a conocerla de las demás personas? Además, si reconocemos que hay verdades con consecuencias negativas, ¿no se tambalearía la idea que solemos aceptar de que lo verdadero es también bueno y bello?

Entiendo que esta reseña puede parecer más una enumeración de preguntas, pero es que el libro es una explosión de interrogantes. Si os dejo unos cuantos en estas líneas es para animaros a que lo leáis también y podamos intentar averiguar juntos qué significan; quién sabe, quizá en el próximo fin de semana de la ELU…

David Rodríguez Marín

Vida ELU

ABRAHAM VELARDE, PONENTE EN EL NEXT GENERATION LEADERS FORUM CON: “LA IDEA DE UNIVERSIDAD”

Por:

Cuando nadamos mar adentro y conforme nos alejamos de la orilla vamos perdiendo poco a poco la noción de dónde nos encontramos. Es muy fácil que la inercia de la realidad y la rutina nos sumerjan de tal manera que olvidemos el lugar donde estamos. La universidad, concretamente nuestra vida universitaria, no es ajena a esta circunstancia. Y en tiempos en los que la orilla de la que se partió ya queda algo difuminada y el inicio se ve más lejano que el final es un auténtico regalo que alguien te invite a situarte, te empuje a preguntarte: ¿dónde estás? Esta pregunta, por cierto plenamente universitaria, fue la oportunidad perfecta para recordar lo aprendido en Becas Europa y lo confirmado en la experiencia que sucedió después y hasta ahora.

Hace pocas semanas, cuando aún no imaginábamos la situación en la que hoy nos encontramos, tuve la oportunidad de participar como ponente en el “Next Generation Leaders Forum” celebrado en la Universidad de Valladolid y compartir algunas nociones sobre lo que mis dos compañeros y yo acordamos en llamar: “la idea de Universidad”.

Teníamos la suerte, y también la responsabilidad, de representar a una institución que el año pasado cumplía ocho siglos de historia, un aniversario que conmemoraba los tiempos antiguos en los que Alfonso IX tuvo a bien fundar el Studium Generale, luego llamado Universitas Studii Salmanticensis, que fue germen de la actual Universidad de Salamanca. El peso de la historia y la presencia de la Universidad durante tantos años ya es muy revelador del poder de una institución que ha sobrevivido a tantos siglos y que ha despuntado como ninguna en el progreso científico y cultural de las sociedades. Esta larga vida ya resumía nuestra primera idea: la universidad como institución necesaria.

El aforismo Omnium scientiarum princeps Salmantica docet (los principios de todas las ciencias se imparten en Salamanca) no puede contener mejor la idea de la síntesis de saberes, que cada vez resiste con más fragilidad a la especialización y segmentación de las ciencias, tan arraigada en la universidad de hoy aun siendo algo tan poco universitario. Junto a la búsqueda de respuestas, la formación integral y el servicio a la comunidad vinimos a compartir un ideal universitario que en la Escuela de Liderazgo conocemos muy bien, pero que pierde todo su sentido si no se exporta y comparte.

Y como esto es una breve reseña y no quiero alargarme más, una última pregunta: ¿cómo encajaba “la idea de universidad” en un fórum sobre “next generation leaders”? Encajaba totalmente. La universidad en su significado más real y su larga experiencia ha encarnado el mejor liderazgo social, el faro que ha iluminado el saber y la técnica pero sobre todo que ha cultivado culturalmente a personas, en un sentido muy contrario a la formación de profesionales actual en la que poco espacio se le deja al pensamiento, relegado sobremanera por la transmisión repetitiva y homogénea de conocimiento impartidos bajo un plan –Bolonia- que poco o nada comparte con el origen y misión de la centenaria universidad que le da nombre.

El buen liderazgo de las generaciones futuras reside sin duda en las instituciones que forman en el presente y por eso debemos recordar dónde estamos aunque la orilla de la que partimos nos vaya quedando lejos.

Y puesta en práctica unos días después: hacer universidad alrededor de una caña…

Abraham 2

En tiempos de confinamiento y distancia, echando de menos lo más típico de nosotros mismos volvemos más a menudo sobre los recuerdos que nos impulsan a seguir. Y muy brevemente os comparto uno del pasado 4 de marzo:

La iniciativa consistió en algo tan arriesgado como divertido, una invitación anónima para charlar “el próximo miércoles a las 19 h. en la cafetería de la facultad para hablar de la eutanasia”. El mensaje, difundido entre distintas facultades, carreras y cursos no tuvo respuesta hasta llegada la hora cuando alrededor de una quincena de alumnos de distintas áreas y edades, que no se conocían entre sí, adivinaban si aquellos presentes eran los que habían aceptado la invitación.

No hubo que romper el hielo, el espíritu universitario y las ganas de todos ya se encargaron de hacerlo. Desde distintos ámbitos del conocimiento y aunque también separados por profundas convicciones, no solo tuvimos la sensación de estar llegando a puntos de encuentro sobre el valor de la vida o reflexiones compartidas sobre el sufrimiento sino que además experimentamos estar haciendo verdaderamente universidad: crear espacios de encuentro, de reflexión y diálogo, desde los distintos saberes para acercarse a la verdad y encontrar respuestas, y todo, con la cerveza compartida que nos espera cuando salgamos de esta. Mucho ánimo a todos.

Abraham Velarde