Munich

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Andrea Sánchez – ELUs por el Mundo

Por:

¡Hola a todos! Soy Andrea y como algunos ya sabéis, desde septiembre del año pasado hasta abril de este año estuve en Múnich. Hoy os quiero contar un poco más de cerca como ha sido mi experiencia, que, aunque común a todos los que hacemos un Erasmus, es diferente.

Prácticamente toda la gente que conozco define su año de Erasmus como la mejor, o una de las mejores experiencias y años de su vida, que lo recomendaría a toda costa y a quien fuera. ¡Quizá sea de las pocas personas para las que esto no se cumple! Mi experiencia ha sido diferente, con ella he aprendido, he crecido, pero muchos días no he sido feliz o no encontré motivos para decir “volvería a decir que sí”. Sé que es sorprendente y que no es lo que nos gusta escuchar, porque preferimos escuchar historias increíbles donde todo va como esperamos. Pero este año he aprendido a ser sincera conmigo misma, a respetar mis tiempos, y también a transmitir mi verdad, aunque no sea la de la mayoría o, aunque a poca gente le guste contar lo malo y yo me convierta en esa minoría de gente completamente transparente.

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Hace ya un año tomé la decisión de elegir Múnich como destino de Erasmus con el objetivo de perfeccionar mi alemán. Pero pequé de seguir la corriente. En mi clase éramos 45 y solo 5 se quedaban en España, todos los demás querían irse de Erasmus. No fui capaz de ir a contracorriente y ser la número 6 que se quedaba. Dije: si no es ahora, ¿cuándo? Y decidí arriesgarme a decir que sí sin realmente quererlo, solo para poder decir “no me quedé con las ganas”, “no decepcioné a nadie”, “di mi máximo en ese momento”.

Otro factor decisivo fue el hecho de tomar la decisión en base a la calidad de la Universidad de destino. Este es sin duda un factor importante, pero no debería ser el único. Esta universidad solo ofertaba una plaza, por lo que cuando llegué, no conocía a nadie, no fui con ningún español ni nadie de mi universidad. Y más que eso, ningún Erasmus hacía mis asignaturas, por lo que todos los días iba a clase con nativos alemanes a quienes es difícil acceder. El ambiente en clase no era lo que solemos ver en España, grupos de amigos que quedan antes y después de clase. En mi universidad la gente iba a clase sola y cuando acababa, se levantaban y se iban. No había apenas interacción entre ellos, ¡ni mucho menos conmigo!

Para futuros Erasmus, ¡valoradlo todo! El clima, el ambiente, la dificultad de adaptación, la calidad de los alojamientos… Todo cuenta para la salud mental y felicidad durante la estancia. De hecho, al haber elegido una universidad tan buena (30ª mejor universidad en economía del mundo), la exigencia era muy alta. Eso no me permitió tener un Erasmus relajado y lleno de fiesta, que es como suelen pintarlo quienes vuelven de sus ciudades.

Hasta ahora os podéis hacer a la idea de la situación: estaba en una residencia donde no había nadie de Erasmus, iba a la universidad sola y tenía mucha carga lectiva y de trabajo en casa. El clima no acompañaba y en general, la sociedad alemana (muy a mi pesar porque quería quitarme el estereotipo) sí es fría y seria. Alguien podría preguntarse, ¿cómo aguantaste entonces? Intentando sacar algo positivo cada día.

Cuando llegué un mes antes de que empezaran las clases y no conocía literalmente a nadie me fui a pasear muchas veces sola por la ciudad. Iba con mi música, pensando en mis cosas, disfrutando de los rayos de sol de la ciudad antes de que empezara el otoño (que es casi un invierno para los que estamos acostumbrados al clima mediterráneo). Me esforcé por visitar museos y encontrar cada día algo que me animara a salir de casa.

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Por fin la segunda semana de septiembre comencé a conocer a gente. Hicimos un grupo grande y salimos de fiesta el primer mes cada viernes y sábados. Fuimos a karaokes y conocí a mucha gente. Este mes sería lo más parecido a lo que suele ser el mes de Erasmus para la mayoría de la gente. A estas alturas no había empezado el curso todavía y decidí sumergirme en la vida social al completo.

Algo que marcó también mi experiencia fue el trabajar en el Oktoberfest. Durante dos semanas y tres fines de semana trabajé de 11h a 23h en la carpa Marstall sacando fotos a los turistas y vendiéndoselas posteriormente. Necesité mucha resiliencia y fuerza porque era la primera vez que trabajaba en un entorno de fiesta donde todo el mundo va ebrio menos quienes trabajamos. En estas semanas me apoyé muchísimo en el grupo de chicas de todo el mundo que trabajaban como yo en la carpa. Aquí tuve la oportunidad de ver que cuando una carga se comparte, el sentimiento de desolación desaparece. Porque cuando eran las 22h30 y acababa el día, todo lo que necesitábamos era la mirada cómplice de “yo también me he cruzado hoy en la carpa con personas ebrias desagradables”. Tuve momentos duros, pero valió la pena ya que la remuneración era alta y yo quería el dinero para ir a ver a mi novio a China, donde estaba él de Erasmus.

Esto me lleva al siguiente punto: ¡relaciones a distancia! Si tomáis la decisión de iros al extranjero y vais a mantener una relación, armaos de paciencia. Todo es posible si le echáis ganas, pero al mismo tiempo, hay que estar preparado para ser flexible, transformar la relación en lo que cada uno pueda dar durante su periodo de adaptación y también saber perdonar el no recibir lo que se vive en una relación cara a cara.

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Ya en el mes de octubre comenzaron las clases y mi curso de alemán (aquí venía yo a por mí C1 que tanto quería). La universidad como tal era increíble, los profesores buenísimos y las clases se disfrutaban. Es una universidad del siglo XIV por lo que caminar por los pasillos de esta transmitía esa ansia de “búsqueda de la verdad”. Uno podía imaginarse a eruditos subiendo las escaleras y a sabios enseñando su conocimiento en las aulas hace siglos. Fue sin duda lo que más disfruté de mi estancia: el haber adquirido unos conocimientos tan bien enseñados de la mano de profesores muy bien preparados a nivel pedagógico.

Esto fue de la mano con un rebajar la fiesta y los planes para poder llevar al día toda la materia. Sí que antes de los exámenes tuve tiempo de viajar a Salzburgo, Praga, Innsbruck, Ammersee, Liubliana… Descubrí mucho de la historia de Europa y de las gentes que viven en estas ciudades.

Pero también aprendí algo: el con quién es tan importante como el cómo y el qué. Porque unido al con quién está el para qué, y algo con lo que yo he sufrido bastante es con el sentir que toda la gente que iba conociendo era efímera, pasajera. Pensaba ¿por qué debería estar dedicando mi tiempo a personas a quienes solo les importa salir? ¿por qué no hay un interés por conocer a las personas realmente? Sentía que a mi alrededor todos sabían que en un año no sabríamos los unos de los otros y eso me vaciaba. Porque me costó encontrar a esas 3-4 personas en quienes me podía apoyar en mi día a día y con quienes podía compartir mis alegrías y preocupaciones. Personas que sí querían ser amigos, con todas las letras.

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Creo que la búsqueda de autenticidad en todo lo que hacemos nos asegura rodearnos de personas sinceras y de confianza, a quienes nos abrimos y se abren. A la vez, este deseo nos lleva a tener decepciones, a llevar un camino más lento, a no conformarnos, ser exigentes. Porque yo soy el tipo de persona que se entrega, que no quiere estudios a medias, amigos a medias. Quizás por eso mi experiencia ha sido tan diferente, porque no he conseguido ver el valor de lo efímero, ¡y probablemente sea mi error! Así que eso es lo que me llevo. Un aprendizaje personal, un autoconocimiento… ¡y el tan ansiado C1 de alemán!

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Clavis por el Mundo – Lorena Franco

Por:

¡Hola a todos!

Mi nombre es Lorena Franco Rubio y estudio Medicina en la Universidad de Zaragoza, pero este curso me he venido un poco más al norte a realizar mi quinto año de carrera. Os invito a saborear conmigo un trocito de Alemania, ¡bienvenidos/as a mi Erasmus en la Technische Universität de Múnich!

Elegir Alemania como destino no es algo muy habitual, pero me magnetizó la idea de estudiar en una de las universidades con mayor desarrollo en ciencia y tecnología de Europa, sin olvidar la oferta artística y cultural de la ciudad. Y es que en los apenas dos meses que llevo aquí, le he dado la vuelta al lema de la ciudad, München mag dich („A Múnich le gustas“), para pronunciar: München mag ich! (Múnich me gusta).

Aterricé en plena fiesta de la cerveza (Oktoberfest) y descubrí un ambiente que te embriaga de energía y buen humor, incluso a abstemios como yo. Entre Prosts! (así brindan aquí) y Brezels empecé a ser consciente de dónde estaba, de que había emprendido esta aventura sola, y de que, sin embargo, ya no estaba sola. ¡Os sorprendería saber la cantidad de españoles (o hispanoparlantes) que viven en Múnich (no solo Erasmus)!

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Una de las primeras curiosidades que quería compartir es que el nombre de Munich significa “el lugar de los monjes”, puesto que fueron los monjes benedictinos quienes fundaron la ciudad. Y a partir de ahí, la historia de la capital bávara impone, desde el Sacro Imperio Germano pasando por el Putsch de Hitler de 1923 hasta la masacre de los JJOO del 72, escenas que aún pueden sentirse en algunos lugares de la metrópoli.

Una vez adaptada a la vida bávara, aunque sin desayunar Weisswurst ni Bier, arrancó el semestre. He de confesar que las clases no distaban mucho de lo que había visto en España: la tradición de los Power Points junto con la habilidad lectora de los profesores también había arraigado en centroeuropa.

Sin embargo, las prácticas tornaron de otro color. Este semestre tenía un Blockpraktikum de cirugía, donde pude explorar muñecos, practicar vendajes, anastomosar intestino, atornillar huesos, suturar con diferentes puntos, cambiar la válvula aórtica a un corazón de cerdo, estabilizar fracturas de mandíbula y hasta hacer un training de laparoscopia. ¡Me entusiasmó semejante inversión de tiempo y dinero! De hecho, podría contaros más acerca del sistema educativo o de las Famulatur de medicina, pero prefiero invitaros a descubrirlo vosotros mismos (aunque sobra decir que podéis contactarme si queréis).

Bien sabéis que el Erasmus no es solo estudiar, y, personalmente, he aprovechado para viajar (Nuremberg, Praga, Salzburgo, Heidelberg), ir a la ópera, apuntarme a un voluntariado y hasta trabajar. La experiencia, desde luego, es muy nutritiva en todos los sentidos, pero, sobre todo, en aquellos en los que tú mismo quieras. Es cierto que se echa de menos a la familia, el sol (aquí a las 16h empieza a anochecer) o incluso el Mercadona (¡no sois conscientes de la variedad de productos que hay en España!), pero aquí los alemanes rebaten la nostalgia ( Heimweh ) con un término que me encanta: Fernweh , la añoranza de viajar fuera de tu tierra.

Lorena Franco Rubio 🙂