Europa

Vida ELU

Javier Reig recibe una de las Becas La Caixa

Por:

Javier Reig, 4º ELU

¡Buenas a todos! Soy Javier Reig, físico (el 14 de julio cuando presente el TFG) por la Universidad de Valencia. Me han pedido que escriba contando mi experiencia con las Becas La Caixa, pues hace dos semanas me enteré de que me la habían concedido, fue un subidón y un regalo.

En primer lugar, os contaré mi experiencia en la Universidad, pues la evaluación de estas becas parte principalmente de ésta. Decidí estudiar física porque me atraía entender cómo se comporta la naturaleza desde un punto de vista fundamental. Como en todas las carreras, había asignaturas duras y menos interesantes. Pero, a partir de segundo y tercero, empecé a disfrutar de cuántica, campos, relatividad, nuclear o física estadística. Me reafirmé en mis ganas de investigar, así que en cuarto decidí colaborar en el departamento de Física Teórica junto a Gabriela Barenboim. Con ella descubrí lo interesantes que son los neutrinos. Estas partículas son los únicos fermiones fundamentales sin carga. Además, son leptones, por lo que no sufren la interacción fuerte. El propio Pauli, que los postuló como un remedio desesperado par salvar el principio de conservación energía-momento en los decaimientos beta, pensaba que debido a lo poco que interaccionan con la materia nadie iba a poder detectarlos. Pero la tecnología, como siempre al servicio de la curiosidad humana, lo logró. Sus propiedades no paran de sorprendernos. La observación de las oscilaciones de neutrinos ha confirmado, en contradicción al Modelo Estándar, que tienen masa. Los neutrinos son la evidencia más clara de que hay más física más allá del Modelo Estándar, su estudio nos puede ayudar a entender muchos de los enigmas más fundamentales del universo, como por ejemplo la asimetría materia-antimateria. El tiempo de los neutrinos es ahora y su estudio es verdaderamente fascinante.

Es precisamente para seguir estudiando los neutrinos desde un punto de vista teórico, pero también con conexión con los experimentos, para lo que solicité la beca La Caixa. Y la solicité para una ciudad que a muchos de vosotros os sonará, Heidelberg. En el viaje de Becas Europa me enamoré de esta ciudad que me acogerá los próximos dos años.

Respecto al proceso de las Becas, se compone de dos partes. En primer lugar, una preselección donde seleccionan a los estudiantes dependiendo de su currículum, su proyecto, expediente y las cartas de recomendación y motivación. Después de pasar esta fase (que pasaban 240) hicimos una entrevista online con un comité y de ahí ya pasamos los 120 becarios. El proceso es largo y se hacían largas las esperas hasta que salían las listas (como con Becas Europa) pero merece totalmente la pena. Estoy muy contento de poder seguir formándome con el respaldo de estas becas y qué mejor que hacerlo en Heidelberg. Si alguno se quiere presentar otro año y tiene alguna duda que no dude en escribirme. Y si pasáis por Heidelberg, dadme un toque. Cuidaos y cuidad.

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Miriam López Ferreiro – ELUs por el Mundo

Por:

¡Hola a todos! Soy Miriam y este año he tenido la suerte de estar de intercambio Erasmus en Uppsala (Suecia). Cuando el año pasado tuve que decidir si realmente quería vivir o no esta experiencia, he de decir que no estaba totalmente segura. Gente nueva, idioma nuevo, y en definitiva costumbres nuevas. Sabía que no me iba a resultar fácil, que las cosas iban a ser diferentes, y sentía cierta incerteza e inseguridad por cómo sería todo.

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Pero también sabía que no podía dejarlo pasar y que era lo que quería y lo que debía hacer. Las primeras semanas no dejaba de preguntarme por qué había tomado aquella decisión, pero ahora os puedo decir con total seguridad que estoy enormemente agradecida de haber tenido esta oportunidad, y sin duda la recomendaría una y otra vez. 

Desde el primer momento la Universidad me facilitó mucho la llegada a Suecia e incluso la búsqueda de alojamiento. Suponía que la sociedad sueca era organizada por las cosas que se suelen decir de los países nórdicos, pero lo pude confirmar cuando en julio llegaban a mi casa por correo postal folletos de la Universidad, información para los nuevos estudiantes e incluso un mapa de la ciudad. Lo que no supe hasta que llegué es la fuerte vinculación que tienen con algunas tradiciones. En una Universidad que cuenta con algunas de las herramientas más avanzadas en el ámbito científico, el Gustavianum o el Main Building son edificios de hace cientos de años en los que se puede respirar esa sed de conocimiento y esencia universitaria que busca ALGO MÁS. Es curioso este contraste entre la innovación y la tradición, y me recordó justamente lo importante que es conocer nuestros orígenes y construirnos a partir de ellos para poder crecer y consolidar nuestra identidad, no sólo como individuos, sino también como sociedad. 

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Otra de las cosas que aprendí sobre la sociedad sueca es el respeto que tienen por el medio ambiente. Los hábitos de reciclaje o el uso tan extendido de la bicicleta como medio de transporte son claros ejemplos de ello. No dejaba de llamarme la atención la cantidad y la variedad de bicis que me cruzaba yendo por la calle los primeros días. Esta vinculación con la naturaleza también se relaciona con la forma en la que valoran la luz en general, pero sobre todo la luz del sol. Es muy común en invierno ver las ventanas con una pequeña lámpara encendida al lado, y las velas también forman parte del día a día para muchos suecos. De
hecho, existe en Suecia una festividad para darle la bienvenida oficial a la primavera cuyos orígenes se remontan a la época vikinga. Se llama Valborg y se celebra el día 30 de abril. 

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Cuando a finales de agosto llegué a Uppsala, aquello era totalmente desconocido para mí. La Catedral, la biblioteca Carolina Rediviva, el Gustavianum, Gamla Uppsala, todas estas visitas formaron parte de mis primeros días en Uppsala, y en aquel momento no sabía de qué manera iban a formar parte de mi experiencia Erasmus durante los próximos meses. Recuerdo que el primer postre que probé al llegar fue un kanellbulle (el famoso bollo de canela sueco), y aquel fue sólo el primero de muchos (¡están buenísimos!). También el primer día que entré en el Biomedicinskt Centrum (el edificio en el que tendría la mayor parte de mis asignaturas a partir de entonces) estuve dando vueltas un rato intentando encontrar mi clase. ¡Hasta ir a comprar al supermercado era una aventura los primeros días! 

Pero poco a poco Uppsala, sus edificios y su gente, se fueron volviendo el día a día, y esta pequeña ciudad se convirtió en algo más que aquel lugar que a finales de agosto apenas conocía. 

Antes de llegar tenía la intención de no relacionarme demasiado con españoles y aprovechar esta oportunidad para conocer gente de otros países. Pero al final no fue exactamente así y sin saber muy bien cómo, los españoles siempre acabábamos juntándonos. Sin embargo, la gran cantidad de actividades para estudiantes internacionales, las asociaciones dentro de la Universidad y fuera de ella, mi grupo de laboratorio, y las nations, me ayudaron a conocer también a gente de otros países. Uppsala es una ciudad con estudiantes de muchas y muy diferentes nacionalidades, y sin duda esto me  ha servido para aprender otras costumbres y entender distintas formas de actuar y de ver las cosas. Se suele decir también que los suecos no son muy sociables, y aunque es cierto que son bastante diferentes en este sentido, las generalizaciones no son buenas. Es gente a la que no les gusta entrometerse, pero suelen estar dispuestos a ayudar siempre que sea necesario. 

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Las nations son edificios tan antiguos como la propia Universidad (fundada en 1477 es la Universidad más antigua de Suecia) en los que se puede desde estudiar en la librería, hasta quedar para un fika o para cenar, acudir a eventos formales o actuaciones musicales, jugar a juegos de mesa o  simplemente salir de fiesta. Cada estudiante es miembro de una de las 13 nations que actualmente hay en Uppsala y es en ellas donde se suele hacer vida social. Además, en Uppsala se organizan muchas otras actividades, como por ejemplo conferencias anuales con Premios Nobel o conciertos musicales.

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Las horas de luz no eran muchas a partir de noviembre. Solía ir a clase de noche por la mañana, y cuando salía sobre las tres de la tarde ya era de noche otra vez. Entre esto y comer a las doce o incluso a las once y media de la mañana el horario me resultaba a veces un poco extraño, pero me acabé acostumbrando. El frío la verdad es que me gustaba en cierto modo, así que esto no fue un problema, aunque también tengo que decir que según los suecos este invierno fue uno de los más cálidos desde hacía años. El fika, ese momento del día dedicado a tomarse un café con un bollo para conversar, descansar, o simplemente tomarse un respiro, fue un buen aliado para estos meses de invierno. ¡Siempre había tiempo para un fika, sobre todo si era con un kanelbulle! 

Y así poco a poco, los días y los meses fueron pasando. Cuando a principios de marzo vine a España con la intención de regresar a Suecia una semana más tarde, no sabía que sería la última vez que estaría en Uppsala de Erasmus. Cuando empiezas algo nunca sabes cómo va a terminar, pero lo importante es ser capaz de aprovechar cada momento que pasa y de poner en práctica todo lo aprendido. A pesar de haber terminado el erasmus antes de lo esperado, lo importante ahora es seguir intentando dar lo mejor de uno mismo cada día. Y quien sabe, ¡ya habrá tiempo de volver a Uppsala! Vivir de lo que se nos da a cada instante, reconocer y disfrutar todo lo bueno que hay en las pequeñas cosas del día a día, y ser siempre agradecidos. Estas claves deberían alimentar nuestras ganas de conocer, de saber, de aprender, y en definitiva, de alimentar un sentimiento de inconformismo responsable que nos mueva a hacer cosas. Porque así, siendo capaces de valorar cada situación y adoptar la actitud necesaria frente a ella, seremos capaces de disfrutar del gran regalo que tenemos cada día. 

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Vida ELU

Victoria Nácher nos cuenta su experiencia como “corresponsal” de su Erasmus en Gante

Por:

Que este año haría cuarto de arquitectura fuera de España era algo que tenía bastante claro desde hacía ya tiempo, aunque nunca había tenido claro dónde sería. Y es que Europa lo pone difícil. Viena, Milán, Oslo o Estocolmo fueron algunas de mis primeras opciones. Pero como todo pasa por algo, finalmente me decanté por Gante. Y os explico por qué. Bueno, en realidad me decanté más bien por una universidad, la Católica de Lovaina (Katholieke Universiteit Leuven), considerada como una de las mejores de Europa y del mundo, y que casualmente tiene su campus de arquitectura en Gante. Así que aquí he acabado, y ahora, un semestre después, puedo decir firmemente que no me arrepiento de mi elección.

Pero no todo se quedó ahí. Para mi sorpresa, mientras estaba algo agobiada con el papeleo del erasmus y búsquedas interminables de pisos en Gante, en pleno junio, me llegó un correo de la universidad. Sí, de estos que nunca leemos. Pues bien, gracias a Dios que este me dio por leerlo, y lo que al principio pareció una remota oportunidad de ganar una beca de 600 euros mensuales básicamente por irme de erasmus, acabó por convertirse en una realidad que me ha hecho vivir esta experiencia desde su faceta más interesante, curiosa y gratificante.

Y es que el correo lo firmaba, enviado a través de mi universidad, la Politécnica de Valencia, la organización “Turismo de Flandes y Bruselas”. En él ofrecían un total de 8 becas de 600 euros mensuales para 8 universitarios (+2 para los meses de verano) que fueran a realizar su erasmus durante el siguiente curso académico en alguna de estas 4 ciudades de Flandes: Bruselas, Gante, Lovaina y Amberes (actualmente y desde noviembre también la ciudad de Brujas entra en esta selección de ciudades belgas). Las 8 becas se repartirían a 2 por ciudad, siendo cada una de ellas para un alumno del primer semestre y otro distinto del segundo semestre.

¿Y por qué ofrecer estas becas? Pues bien, cada uno de los seleccionados sería desde que firmase su contrato, oficialmente el corresponsal de su ciudad para “Turismo en Flandes y Bruselas”. ¿Qué quiere decir eso? Que como corresponsal el estudiante debería escribir en un blog su experiencia en la ciudad como erasmus, para así animar a futuros universitarios a venir a Flandes a vivir esta magnífica oportunidad. ¡Así de fácil! Bueno, sí, es un trabajo como cualquier otro, pero al fin y al cabo es como vivir contando en un blog tu día a día, ¿no?

Pues bien, yo tuve la increíble suerte de que, tras un proceso de selección que incluía carta de motivación, carta de recomendación y video de presentación, una tormentosa tarde de agosto me llamasen diciéndome que desde septiembre hasta enero sería la corresponsal en Gante, la ciudad que me ha enseñado tantísimas cosas…

Por eso tenía que contároslo, tanto para aquellos que queráis leerme en el blog www.erasmusenflandes.com por si algún día os encontráis haciendo vuestro erasmus en esta preciosa ciudad, como para aquellos que os animéis a participar para convertiros en el próximo CORRESPONSAL EN FLANDES. Si es así, no dudéis en contactar conmigo para cualquier duda. ¡Mucha suerte!