Diego Sánchez

Vida ELU

Diego Sánchez – ELUs por el Mundo

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Quince minutos. Es el escaso tiempo que pasa desde que salgo por la puerta de mi casa hasta que llego a la Complutense, donde estudio Matemáticas y Física. Son apenas cinco minutos más de los que tardaba en llegar al instituto. Es muy cómodo, no lo voy a negar, pero al mismo tiempo ligeramente decepcionante. Sacarme el carnet de conducir supuso un mayor cambio en mis rutinas que entrar a la universidad y eso no suena demasiado bien.

Me llamo Diego y estoy en último curso de la ELU. Cuando era pequeño, me encantaba ver “Madrileños por el mundo”. Ver a gente que se había atrevido a trasladarse a Japón, Bolivia o Noruega me resultaba fascinante. Me parecían personas muy libres y con mucho que contar. Recuerdo perfectamente decirle a mi madre que yo algún día saldría en el programa. Por eso, mi elección universitaria es un tanto contradictoria. Por eso, el pasado 2 de septiembre, cogí las maletas para irme de Erasmus a París.

Probablemente estarás pensando que París tampoco es el fin del mundo. Y tienes toda la razón. Pero me gustan mucho las matemáticas, el francés y los museos interminables, así que la Sorbona parecía un acierto seguro. Spoiler 1: lo ha sido. Spoiler 2: no es oro todo lo que reluce.

Lo primero que me llamó la atención cuando llegué a la que iba a ser mi ciudad para los próximos meses fue la burocracia. Me habían prevenido al respecto, Francia y sus papeleos son famosos, al fin y al cabo hay quien dice que la administración de los Estados modernos tiene su origen en Napoleón. En cualquier caso, no podía ni imaginarme el monstruo de siete cabezas con el que me iba a tocar batirme. El día de mi llegada a París estuve esperando cinco horas y media (¡cinco y media!) para que me dieran la llave de mi habitación en la residencia. Y fui de los que tuve suerte, hubo más de un Erasmus que tuvo que buscarse un hotel.

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Lo que en el momento fue bastante desesperante, ahora es un bonito recuerdo que me hace sonreír. Y no tanto por la idealización de algo negativo, sino por todo lo que he aprendido desde entonces. Dicho en una palabra: paciencia. Algunas de mis actividades de mi primer mes de Erasmus fueron hacer un horario juntando asignaturas de distintos itinerarios, cumplimentar la documentación para que me concedieran la beca de ayuda al alojamiento o llamar por tercera vez a la oficina de transporte público para que me dieran la tarjeta del metro. Ninguna de estas cosas es demasiado complicada, pero requiere respirar y dejar que todo fluya. He aprendido muchísimo en este aspecto, y eso se hizo especialmente patente el día 10 de enero. Era viernes, acababa de terminar exámenes y estaba saliendo de tomar una copa en un bar bastante chulo del Barrio Latino. Suerte que solamente me tomé una (los precios de París son un tema para otro día) porque recibí una llamada urgente al filo de la medianoche. Al parecer, salía agua por debajo de la puerta de mi habitación. Volví lo más rápido que el transporte público me permitió (las huelgas de París también son un tema para otro día) y me encontré con mi cuarto con dos dedos de agua por una tubería que había reventado. La cosa no acabó ahí, puesto que tardaron doce (¡doce!) días en arreglar el problema. Tiempo que yo pasé sin agua corriente, mendigando cocinas y duchas de mis vecinos, que se portaron fenomenal conmigo. Arturo, si lees esto recuérdame que te debo por lo menos un helado. Bromas aparte, estoy convencido de que el Diego de hace un año se habría visto superado. Sin embargo, asumí la situación con bastante calma y es algo de lo que me siento ciertamente orgulloso. También es cierto que con escapadas ocasionales por París junto a personas como las de esta foto todo se hace más sencillo.

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Hasta aquí la parte negativa, gracias por escucharme. Porque todo lo demás ha sido maravilloso. Es una gozada, por ejemplo, pasar una noche electoral lejos de casa siguiendo los resultados con tus amigos de Taiwán. Es aún mejor hacer una porra todo el grupo sobre cómo va a quedar el asunto y que haya españoles que acierten menos que los extranjeros. Es lo que tiene dejarse llevar más por el corazón que por la cabeza para repartir escaños, recuerden leer siempre a Kiko Llaneras antes de hacer sus predicciones. Todo ello aderezado con algún pique amistoso, muchas risas y comida de importación para celebrar la fiesta de la democracia. El gazpacho Alvalle y las galletas Rebuenas de Mercadona siendo la parte más importante de todo lo anterior, por supuesto.

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Debo reconocer, eso sí, que la multiculturalidad tampoco ha sido mi mayor fuerte en esta experiencia. Pinshuo, Peggy, Giuseppe, Mafalda y Yannick son la honrosa excepción en un grupo de amigos formado mayoritariamente por españoles que gritamos mucho y nos saludamos con efusivos abrazos. Ya les hemos pegado estas patrias costumbres, y es que no hay mejor momento para sacar a relucir el orgullo nacional que cuando estás en el extranjero. Es precisamente ese sentimiento de compartir cultura y costumbres lo que ha contribuido a unirnos tanto estando lejos de casa.

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Como no soy muy dado a utilizar Instagram, aprovecho para compartiros algunas fotos más que muestran variopintas actividades de mi vida parisina, no todas ellas previamente esperadas. He patinado sobre hielo en la azotea de las Galerías Lafayette con la Torre Eiffel de fondo, yo, que tengo miedo a esquiar. También, y para asombro de mi madre, he cocinado migas con chorizo y pimiento verde con notable éxito (compré pan de más por error, larga historia). Incluso he jugado al baloncesto a oscuras con cinta reflectante y luz estroboscópica como única manera de ver algo. Recomiendo probarlo.

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No puedo dejar de mencionar la pequeña pero bonita comunidad ELU que hemos formado durante estos meses Tessa, Miguel, Rubén y yo, con la incorporación de Paula desde Reims cuando los horarios de Flixbus lo han permitido. Juntos hemos llevado el espíritu cultureta que nos caracteriza a París, visitando la casa-museo de Rodin, la tumba de Napoleón y el 59 de la rue Rivoli, una curiosa exposición de arte contemporáneo donde resulta complicado distinguir a artistas de visitantes. Además, como en la variedad está el gusto, también hemos compartido comidas en un barco atracado en el Sena, hemos bebido cervezas acompañadas de muchos cotillELUs y nos hemos encontrado por casualidad de fiesta en las discotecas que dan descuento con la tarjeta de la Erasmus Student Network. Incluso Jorge se dejó caer por sorpresa y nos hizo una agradable visita desde tierras valencianas. Para la próxima esperemos que traiga paella. Agradezco mucho la presencia de todos ellos, los ratos que hemos pasado juntos tenían un dulce sabor a hogar.

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Evidentemente, ni en mis previsiones más pesimistas habría pensado que mi Erasmus se vería abruptamente interrumpido de la manera en la que ha ocurrido. El 12 de marzo mis padres me llamaron según salía hacia la facultad para decirme que la cosa parecía estar poniéndose fea, que había rumores de que se podían llegar a cerrar las fronteras y que quizás lo mejor sería volverse a España. Hay veces en las que es mejor no discutir lo que te dicen tus padres cuando están preocupados. Compré los billetes de avión en el metro camino a la universidad, llegué allí dándole vueltas a la cabeza, hice un examen (que no me salió nada mal dadas las circunstancias) y, esa misma tarde, maleta a toda prisa y al aeropuerto; aterricé en Madrid a las 22:00. Un día completito en el que aún hubo tiempo para una foto rápida de despedida en la cafetería de la Sorbona. Suerte que ese día llevaba una sudadera apropiada. Ni siquiera entonces pensé que sería la última vez que comería allí, basta ver lo sonriente que salgo.

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El tiempo ha volado y ya han pasado dos meses desde aquel día. Tengo previsto volver a París a recoger las cosas que me dejé y quizás a hacer algún examen presencialmente. Pero, dado lo incierto de la situación, doy mi Erasmus como tal por acabado. Escribir esto me resulta amargo, pero también siento que el recorrido personal que ha supuesto la experiencia en su conjunto es algo que permanecerá siempre conmigo. Soy una persona mejor que la que se marchó en septiembre: un poco más sabio, más adulto, más feliz.

Además, hay un último detalle a mencionar. Me estaba gustando tanto el Erasmus que me puse a buscar y… ¡encontré! En pocas palabras, me han concedido una movilidad para el curso que viene en la Université de Montréal, Canadá. Si el coronavirus lo permite, para allá marcharé a finales de agosto. Quizás, bastantes años después, estoy por fin consiguiendo parecerme a aquello que soñaba frente a la tele cuando era un enano. Ya lo dijo Gregorio Marañón: “Toda la vida seremos lo que seamos capaces de ser desde jóvenes”.

¿Volverás a Madrid? Desde luego que sí. Sin embargo, por el momento, toca perseguir el viento.

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Los ELUs en la IX Melopea de Democresía

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El pasado martes, 11 de junio, Jaime Redondo y Diego Sánchez tuvimos la oportunidad de participar en la IX Melopea organizada por Democresía. Estos encuentros, que se vienen realizando durante los últimos meses, consisten en compartir mesa, vino y conversación en torno a un tema concreto o junto con algún personaje de interés. En esta ocasión, el invitado era Borja Sémper, portavoz del Partido Popular en el Parlamento Vasco y recientemente elegido concejal de San Sebastián. Además de ser una de las voces más discordantes dentro del PP, ha publicado dos libros de poesía y es de los que combina americana con deportivas. A todas luces alguien a quien merece la pena escuchar.

La velada transcurrió en Espacio Encuentro, un curioso establecimiento a dos pasos del Parque del Retiro en el que los libros, literalmente, te rodean. Chesterton, Henry Newman y compañía escapan de las tradicionales estanterías para observarte, desafiantes, desde el alféizar de la ventana o entre las botellas de la mesa, creando así un ambiente muy apropiado para la conversación sosegada y matizada, no siempre fácil de encontrar. En este ambiente, nos pudimos acercar a la historia de Borja, un chico de Irún que a la edad de catorce años vio el cuerpo ensangrentado de un vecino de su ciudad, asesinado por la banda terrorista ETA. En base a esa particular circunstancia, su manera de entender la política estuvo siempre muy vinculada a la defensa de la paz, la convivencia y la libertad en una tierra donde imperaba el terror. A pesar de haber experimentado desde la juventud esta descarnada violencia, no es una persona de piedra, sino un hombre reflexivo y bromista, que te mira a los ojos al hablar y que, además, y esto es una opinión subjetiva, se cree verdaderamente aquello que dice.

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Pasamos más de tres horas charlando de éxito y fracaso electoral, de nacionalismos y Europa, de terrorismo y odio. De fondo, yacía el que es uno de los problemas de nuestro tiempo: la búsqueda de identidad. Aunque, más allá de preguntas puntuales, fuera Borja quien hablase casi todo el tiempo, la sensación no fue de asistir a una conferencia, sino de escuchar a un amigo con muchas historias que contar. Entre risas y algún que otro “No tuiteéis esto”, nos acercó a los intríngulis de la dinámica parlamentaria y a la peculiar personalidad de Mariano Rajoy, que ni siquiera sus más cercanos colaboradores parecen acabar de entender del todo. En definitiva, fue una tarde de ver la política “desde dentro”, de aproximarnos a una figura política muy alejada de lo convencional y una magnífica y universitaria manera de comenzar las vacaciones de verano.

Para la próxima, ¡no dudéis en apuntaros!

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BYG Give Your Best

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BYG Give Your Best es un programa formativo dirigido a universitarios de 20 a 24 años. El objetivo principal detrás de esta gran iniciativa es ayudar a los jóvenes a construir su carrera profesional proporcionándoles las herramientas necesarias para desarrollar lo mejor de sí mismos. Todo ello, con un enfoque en valores, como la superación, el esfuerzo, el trabajo en equipo o la integridad. Esta iniciativa surge de la colaboración de la Fundación Lo Que De Verdad Importa, la Fundación Endesa y Jobientation.

Ana Hauyón, Victoria Nácher, Miriam López y Diego Sánchez tuvimos la oportunidad de participar en la primera edición del programa el verano pasado. Íbamos sin tener muy claro qué nos encontraríamos, pero con la intención de dejarnos sorprender. Lo cierto es que durante 10 días pudimos aprender de la mano de gente increíble con la que poder compartir diversas actividades.

El programa tiene tres áreas de formación: Desarrollo de Carrera, Trabajo en Equipo y valores: visitas de reclutadores o directivos de recursos humanos, testimonios de diversos ponentes de la fundación LQDVI, deportes de equipo… todas las experiencias de este programa contribuyen a hacer de él algo inolvidable.

Es una experiencia muy recomendable que aporta mucho, no sólo profesionalmente, sino, sobre todo, personalmente. Después de haber participado en BYG Give Your Best te das cuenta de lo necesario que es ser agradecidos por lo que somos y con lo que tenemos, y aprendes a ver lo que de verdad importa.

Los cuatro coincidimos en que BYG es una gran aventura que merece la pena vivir. Si tenéis cualquier duda respecto al funcionamiento del programa, no dudéis en preguntarnos. Os animamos a todos a participar, y esperamos vernos en la comunidad Givers.

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Visita a la exposición “Faraón, Rey de Egipto”

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Algunos alumnos organizaron otra Actividad ELU en Madrid y uno de ellos, Diego Sánchez, ha querido contarnos qué hicieron:

“El día 22 de diciembre, algunos ELUs de Madrid nos reunimos para dar la bienvenida a las vacaciones de Navidad. El frío invierno se dejaba notar en el Paseo del Prado, una invitación inmejorable para buscar refugio en alguno de los muchos museos que nos regala nuestra ciudad. En esta ocasión, el plan era visitar la exposición “Faraón, Rey de Egipto” en el CaixaForum. Uno se podría ciertamente preguntar qué hacen un físico, una química, una abogada y un matemático en una exposición de Historia Antigua existiendo la posibilidad de tomarse un chocolate con churros. El caso es que decidimos adentrarnos en el museo a pesar de la apariencia de comienzo de chiste de nuestro variopinto grupo.

Una vez en la sala, quedamos maravillados ante la contemplación de la grandeza de la civilización egipcia. Es un juego mental realmente complicado tratar de imaginar lo que significan tres mil años de dominio casi ininterrumpido sobre las orillas del Nilo. Pudimos admirar el fruto de este tiempo en orfebrería artísticamente tallada y en piedra esculpida con misteriosos jeroglíficos. Las pantallas distribuidas por la exposición explicaban el funcionamiento de la sociedad egipcia, con su rica religión y sus curiosas intrigas políticas. Desde luego, muy recomendable para visitar si os interesa el tema. Además, y como colofón a nuestra quedada, vimos también en el mismo CaixaForum otra exposición titulada “Democracia: 1978-2018”. Ésta constaba de una serie de entrevistas en formato vídeo a personalidades de la política, la cultura, la economía, el deporte… de nuestros últimos cuarenta años de historia. Supuso un contrapunto inesperado y verdaderamente apropiado para nuestra visita.

Quizás, en el transcurso de la tarde, pudimos atisbar la respuesta a la famosa cuestión de qué es la ELU. Quizá la ELU sea lo que hacen un físico, una química, una abogada y un matemático en una exposición de Historia Antigua un sábado por la tarde. ¡Vente a la próxima actividad a descubrirlo!”