Alemania

Vida ELU

Elus por el mundo – Joaquín Martín

Por: ELU Admin

El pasado 4 de septiembre comenzó mi Erasmus en la bávara y universitaria ciudad de Würzburg. Así cobró vida una inquietud que llevaba años rondando mi cabeza: vivir en Alemania. Fue a los tres años cuando empecé a estudiar alemán en el colegio y, desde entonces, entré en contacto con la cultura y la manera de pensar germanas. Al vivir parte de mi día a día, año tras año, en alemán, surgió en mí la duda sobre la realidad de este país y sobre si podría llegar a ser mi sitio en el futuro. Por ello, no consideré ninguna otra opción a la hora de elegir el destino de mi Erasmus.


Añadiendo a este primer criterio de selección de destino, elegí una ciudad poco conocida, pequeña y rebosante de estudiantes alemanes para escapar de lo que sentía ser el modelo de experiencia Erasmus (ir a un lugar con gran presencia internacional y particularmente española, viajar constantemente). Buscaba vivir algo único, pasar un año como un estudiante más de la universidad y no sumirme en la “burbuja erasmus” dentro de un grupo numeroso de españoles.


Los últimos seis meses han sido, desde luego, los menos convencionales de mi vida académica. En Alemania, el semestre empieza a mediados de octubre, cuenta con vacaciones de Navidad y acaba a mediados de febrero. Esto me permitió pasar mes y medio adaptándome a mi nuevo hogar sin tener que lidiar con la universidad. Fueron unas semanas en las que percibí un contraste enorme respecto a los veinte años vividos con mis padres en la misma ciudad. Al principio, Würzburg parecía vacía, al igual que mi residencia; los estudiantes representan alrededor de un 23% de la población y las clases aún no habían comenzado. Quienes sí estaban allí eran los españoles y demás estudiantes Erasmus, así que, naturalmente, se convirtieron en mis amigos, tumbando de esta manera una de mis pretensiones previas a la llegada.


Este periodo pre-clases me brindó la oportunidad de viajar dos semanas a Australia a visitar a mi novia, Carmen, cuya estancia internacional transcurría en Sídney. Fue algo especialmente trascendente para mí puesto que mis abuelos emigraron a esa misma ciudad, fue donde nació mi madre y mis padres vivieron unos años (en Melbourne, que también pude visitar). Ver aquello de lo que tantas veces había oído recordar en familia, me acercó de alguna manera a lo que soy y me permitió conocer más a mis familiares. Más allá del impacto personal, fueron unos grandes días descubriendo lugares preciosos en la mejor de las compañías. Además, adquirí grandes dosis de sol que, posteriormente, echaría gravemente de menos en Würzburg.


La vuelta de Australia marcó el inicio de una nueva etapa dentro de la del Erasmus, volví el mismo día de inicio de las clases a Alemania y parecía otro lugar la ciudad. Había cobrado vida, no daba abasto de la gente nueva que conocía, todos los días acontecían infinidad de eventos y el funcionamiento de universidad exigía ser explorado.


Gestionado el bonito caos de este nuevo arranque, he encontrado en la rutina alemana una agradable combinación entre rendimiento, obligaciones, libertad y descanso. Me explico: al contrario que la universidad en Zaragoza, que exige seis horas diarias de tu tiempo en concepto de clases, en Alemania no se tienen más de dos horas semanales por asignatura y los viernes no hay clase. Esto permite una gestión mucho más libre del tiempo, a la vez que se aporta al alumno lo fundamental de cada materia. En definitiva, se tiene más confianza en el trabajo personal y, por tanto, no se te encadena a pasar horas poco productivas en la facultad. Disfrutando de este modelo educativo, he podido vivir mucho más durante el semestre; desde deporte, ver amigos, leer, viajar, salir.


Esta importante diferencia no implica que no sea exigente la universidad, el mes de enero y parte de febrero ha sido parecido (pero no igual de terrible) a los que todos vivimos en España de exámenes.


Una de las grandes alegrías de la experiencia ha sido la posibilidad de ver con más frecuencia a mi gran amigo Mario Castanera. Vive a una hora en tren de Würzburg, ya que estudia la carrera en Aschaffenburg y desde que acabamos bachillerato lo he podido ver en contadas ocasiones. Estos meses hemos tenido la oportunidad de compartir buenos ratos, que espero repetir en los venideros.


Irónicamente, mi experiencia Erasmus está siendo un poco todo aquello que decía querer evitar: me he juntado sobre todo con españoles e italianos, he viajado mucho y he hablado poquísimo alemán (todo se ventila en inglés). Curiosamente, no estoy decepcionado en absoluto; simplemente he aprendido que lo que yo esperaba de esto no era para nada acertado. Mi ciudad es tremendamente internacional, los alemanes en invierno socializan bien poco y viajar sí me apetecía realmente.


En definitiva, lo más potente de vivir esto hasta la fecha es la inexorable obligación de conocerte a ti mismo que supone el irte a vivir solo al extranjero. Llegar a un lugar donde nadie te conoce, donde cada día te ves obligado a decidir y obrar tan lejos de todo lo conocido; hace irrenunciable el hecho de preguntarte por qué estás viviendo de esta manera. Y por ello, lo recomiendo a todo universitario.

Vida ELU

ELUS POR EL MUNDO – MARISA RICO

Por:

LA ALEMANIA QUE NADIE TE CUENTA QUE EXISTE


“Siempre acabamos llegando a los lugares donde nos esperan“.

Cierro los ojos y respiro profundo. Estoy aquí, en Münster, en lo que alguna vez fue un destino incierto y que ahora es mi hogar. Un hogar que no está hecho de calles ni edificios, sino de rostros, de voces y de pequeños gestos que han cambiado mi vida. Porque, al final, no es el destino que has elegido, tranquilo… es la gente la que hace el destino. “Nos ilusiona lo que va a llegar, lo que va a venir, lo que va a acontecer; bien porque algo se acerque hasta mí, o porque yo salga a su encuentro.” Y así es el Erasmus: un encuentro continuo, con todo lo inesperado y todo lo imprevisible que conlleva.

Como bien me dijo una vez una gran amiga: “Lo que importa no se busca, sino que irrumpe”. Y no os engaño si os digo que cada día me siento un poco como cuando La Bien Querida canta: “Y es que siento como si toda mi vida me hubiera estado conduciendo a este preciso momento”, en cada conversación, en cada clase y en cada persona.

Me llamo Marisa Rico, soy estudiante de 4º en la ELU y curso el doble grado en Farmacia y Nutrición en la Universidad de Valencia. Ahora, habito en la pequeña ciudad de Münster, en el norte de Alemania, y si algo me ha enseñado este Erasmus es que la vida no se construye con planes, sino con vínculos.

Por mucho que no os lo creáis, en Alemania existe el cariño, el amor, la buena cocina y la cercanía. Donde no creíais que podríais ver el sol, soportar el frío o encontrar amistad verdadera… la vida siempre te sorprende superando todas las expectativas. Quizás la necesidad inmanente de comunicar y compartir lo que me hace feliz es lo que me impulsa a escribir esto. Espero hacer justicia a todo lo que estoy viviendo, pero perdonadme si me dejo algo… Creo que aún no soy consciente de todo lo que estoy viviendo.

Si leéis esto pensando en iros, dejadme deciros que el Erasmus empieza mucho antes de marcharse. Porque “en la medida en que soy yo mismo, estoy lleno de todo aquello que me ha precedido.” Irse te hace consciente de la importancia de todo lo construido anteriormente, de la base, de las personas hogar, aquellas que son la estancia más segura donde habitan las pequeñas cosas más grandes de tu vida. Son orza y no ancla, son motor de tus inicios y te esperan a la vuelta con los brazos abiertos, recordándote que siempre hay un lugar donde volver.

Si pensáis que el Erasmus es un paréntesis en vuestra carrera, una pausa para aplazar el tomarse en serio la vida, estáis
equivocados. Al contrario, es una oportunidad para ir aún más al fondo de lo que realmente deseáis. No es solo un cambio de idioma, casa, rutina o círculo, sino una ocasión para descubrir quién eres, donde cada decisión, encuentro y paso reflejan lo que más valoras. Ojalá que, allá donde lleguéis, aprendáis a mirar la ciudad con profundidad, a sumergiros en la cultura, a construir relaciones auténticas, a asumir sacrificios con alegría y renuncias con certeza. Ojalá que, desde la libertad, elijáis vincularos. Ojalá podáis responder a preguntas de la mano de Guardini ¿Hacia dónde quiero perder mi vida? ¿Quién soy sin la rutina, sin el peso de la costumbre? ¿Cómo me presento a los otros? ¿Qué características potencio y de cuáles intento desprenderme? ¿Qué dones he recibido?¿Qué espero de mí que quiero que recuerden?.

Porque si algo me ha enseñado el Erasmus es que la vida se comprende en virtud de lo que puede ser, que el presente siempre incluye una zona de pretérito y otra de futuro, y que los encuentros cambian la vida. Déjate sorprender por lo nuevo, sin tratar de replicar lo que ya conocías, porque el Erasmus en sí es “cambiar el tesoro a cambio del mapa” una y otra vez.

Una vez leí que “hacer que dos vidas se encuentren es prometerles a ambas una vida nueva.” Y es por ello que no puedo dejar de mencionar todas las vidas nuevas que se han cruzado en la mía: Ukasha, que siempre me espera con un té caliente, como si con cada taza me recordara que no estoy sola. Becca, que ha hecho del yogurt con mango un ritual sagrado y que me enseñó que las pequeñas cosas pueden ser las más valiosas. Amelie, con quien hasta lavarme los dientes a las 8 de la mañana se convierte en una fiesta. Kinan, que me entiende cuando nadie más lo hace y que ha sido mi espejo en los días de dudas. Lorenz, que me cuida en los detalles, en los pequeños gestos que me recuerdan que hay alguien que piensa en mí. Aylin, que llena cada espacio de la casa para que nunca nadie se sienta solo. Julius, Veronica, Lara y todos aquellos que siempre tienen un “sí” esperándome.. Alisa, Wael, Laura y Amelie, que guardan un sitio para mí en el sofá y un abrazo en los días en que más lo necesito. Angela, Sandra, María y Marina, con quienes viajar no es solo moverse, sino abrirse al mundo. Hannah, Luis, Carla y todas las personas que Dios ha puesto en mi vida, gracias a las cuales canto un poco mejor. Linnus, Christin, Florian, Kimi y todos los que han hecho que aprobar Farma sea un poco más fácil y que las tardes de laboratorio se conviertan en una auténtica aventura. Nataly, Paula, Amelie y Kim que hacen gimnasio un refugio en las tardes frías y lluviosas de invierno. Cada persona que me sonríe mientras corro, que me ofrece un saludo cuando estoy perdida o que simplemente me regala un “Hallo” al llegar a cualquier lugar.

“Más allá de lo que es, la vida del hombre se comprende en virtud de lo que puede ser. Si el ser del hombre es posibilidad, la trayectoria que siga su vida estará muy influida por la amplitud del horizonte que sea capaz de vislumbrar”.

Y hoy, mi horizonte es más amplio que nunca.

Ojalá leer esto os suscite más preguntas que respuestas, las cuales solo fuera de casa podréis responder. Nos vemos en alguna esquina del mundo.

Vida ELU

Elus por el Mundo – Laura Márquez Malia

Por:

Hola, familia:
En primer lugar, espero que vuestra salud esté en estado óptimo y, en segundo lugar, ¡viva Andalucía!, que un día como hoy hace 43 años alzamos la bandera blanca y verde que nos arropa en esta tierra de poetas.
Mi nombre es Laura, tengo veintidós años y, para los que no me conozcan, vengo de la bella ciudad de Málaga, a la que tanto extraño cuando el cielo se cubre de nubes.

EPM 1Para poneros en contexto os contaré que en septiembre terminé la carrera de Derecho hispano-alemán en Bayreuth, una ciudad pequeñita de Baviera, después de un curso sui géneris. Y, a pesar de que extrañaba mucho mi tierra, y todo lo que ello implica, decidí quedarme en el extranjero haciendo un Máster.
Al final me decanté por quedarme en Alemania, pero trasladándome al Oeste, donde la tierra alemana tiene sabor y acento francés. Y es así como estoy en la pequeña, pero más grande que Bayreuth, ciudad de Saarbrücken. Es un rincón digno de conocer, por el simple hecho de haber sido motivo de disputa entre alemanes y franceses a lo largo de la historia y, aunque el nombre no os suene de nada, ¡casi fue sede de las instituciones de la Unión Europea!
Supongo que os preguntaréis qué estoy haciendo aquí. Pues bien, como ya habréis supuesto, sigo estudiando, porque, yo no sé si os pasará u os ha pasado, pero, cuando acabas una fase de estudio, te das cuenta de que seguir aprendiendo y ser universitario en lo mejor que hay.
A inicios de noviembre comencé con un Máster en Derecho Europeo e Internacional en inglés y en alemán en el Europa-Institut y, aunque solo lleve un mes, ya he hecho tres exámenes y he conocido a gente que ha cambiado mi manera de ver el mundo.

EPM 4Estoy viviendo en un piso compartido, a lo que en Alemania se le llama WG, con tres alemanes y una francesa. En casa, como imaginaréis, aprendo mucho, pero es que, cuando llego a la facultad, sigo aprendiendo. ¡En mi programa de máster hay gente de 38 nacionalidades distintas! E imaginaos… cada uno con su trasfondo, con su contexto social e histórico-cultural a cuestas, pero con ganas de indagar en los contextos ajenos. Es cierto que el virus este, que tiene hasta cuenta de Twitter, no nos deja socializar como nos gustaría, pero, respetando las medidas, nos hemos tomado más de un vino caliente en la plaza del mercado de la ciudad. Y qué rico sabe un vino caliente cuando hace frío… pero solo en Alemania. Es como comer paella en Berlín. No pega. No sé si me explico.
Hoy por hoy, no sé a qué me quiero dedicar. Supongo que esto es lo que os quería transmitir hoy: yo que, como todos, estoy llena de miedos e inseguridades, estoy feliz de estar aprendiendo desde cero y desde fallos. Así que, desde aquí, a los que os invada el estrés por la presión de la duda de qué haréis en un futuro, os quiero transmitir un aliento de alivio. Ojalá aprovechéis tanto vuestra etapa universitaria que se os olvide lo poco que se duerme en exámenes.

EPM 2Asimismo, disfrutad la Navidad con cabeza y abrazad a vuestra familia fuerte, por todos aquellos españoles que esta Nochebuena no la pasaremos de la mano de los nuestros.
Mi madre, desde que yo era una niña, me ha leído poesía. Hoy en día, me la manda por WhatsApp. Es lo que tienen las nuevas tecnologías…
A lo que voy es que ella siempre me ha dicho que vuele y vuele como las golondrinas de Bécquer porque, a casa, siempre se vuelve. Y eso es lo que estoy haciendo y os animo a hacer.
Os mando un abrazo cálido y os deseo mucha salud.
Feliz viernes.
Con cariño,

Laura Márquez Malia