El jardín de las delicias

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mARTEs – Favoritos (III): El jardín de las delicias

Por: ELU Admin

Ya es junio… así que falta cada vez menos para disfrutar del verano, ya sea en la playa, en la montaña o, por qué no, ¡en el museo! Hemos compuesto para vosotros la última entrega (por ahora) de Favoritos, con una obra que es imprescindible contemplar durante una visita al Museo del Prado de Madrid. Estamos ante El jardín de las delicias, obra del pintor flamenco Jheronimus Bosch durante, se cree, la década de 1490. Bosch, también conocido en nuestro país como El Bosco, mostró un estilo único que jugaba con las perspectivas clásicas del Renacimiento para introducir formas y personajes que inspirarían a los surrealistas siglos más tarde. Es el cuadro favorito de nuestro seguidor @lagartigato, a quien agradecemos su contribución. ¡Esperamos que os gusten los siguientes detalles, tan solo unos pocos de los cientos que tiene!

1. ¿Qué es un tríptico? Los que hayáis tenido la inmensa fortuna de ver el cuadro en persona no tendréis esta duda. Para quienes no: un tríptico es el formato de ciertas obras de arte, compuestas por tres paneles, normalmente uno central de mayor tamaño y dos laterales, que se pueden plegar sobre el primero. Fueron muy populares en la pintura flamenca por su diseño ingenioso, que permitía incluir una cuarta escena, solo apreciable cuando el tríptico está cerrado. En este caso, El Bosco la aprovechó para representar el tercer día de la Creación mediante la técnica de la grisalla, que imita los relieves escultóricos con una escala de grises, la cual contrasta especialmente con la viveza del interior.

2. El Paraíso. El panel izquierdo representa el Edén o Paraíso de la religión cristiana, en el momento en el que se presenta Eva a Adán. Dios Padre parece mirarnos, como si acabáramos de irrumpir en una escena serena e íntima… pero esa serenidad es frágil. Hay dos detalles escondidos que presagian el Pecado Original: por un lado, una lechuza que se asoma por el hueco de la Fuente de los Cuatro Ríos, al fondo (las lechuzas eran mal augurio en la superstición medieval); por el otro, una roca en el estanque cuya silueta representa el rostro del Diablo, cubierta por anfibios (que también eran considerados malignos).

3. El Falso Paraíso. El panel central muestra la vida terrenal, en la que el ser humano se desenvuelve con la mayor de las lujurias, en posturas eróticas impredecibles. El Bosco critica que sus coetáneos crean disfrutar del Paraíso (lo cual sugiere también el horizonte, que se continúa con el del panel izquierdo), cuando tan solo es una copia frágil del real. Así, la imitación de la Fuente de los Cuatro Ríos está surcada por grietas y los tamaños de numerosos seres parecen estar invertidos: frutas, aves, almejas…

4. El Infierno. El Bosco sentencia el único futuro que le puede esperar al hombre si continúa en el pecado: la condena eterna. Al fondo, aparece una ciudad en llamas, que algunos han relacionado con una vivencia de la infancia del autor, que experimentó el incendio de su lugar de nacimiento. Sin embargo, lo que más llama la atención es el conjunto de actividades que se consideran pecaminosas: el disfrute de la música profana, los juegos de azar… Destacamos una pareja peculiar: un hombre siendo besado por un cerdo vestido de monja. ¿Podría ser una crítica del pintor al clero? No es seguro, pero la Reforma protestante comenzaría un año después de su muerte…