Australia

Vida ELU

Elus por el Mundo – Carmen Moreno

Por: ELU Admin

Llegué a Australia a finales de agosto, cuando el verano empezaba a asomar tímidamente, y me fui justo antes de Navidad, cuando todo parecía estar en su mejor momento. Tal vez por eso cuesta todavía más explicar lo que fue: porque no tuvo un principio claro ni un final rotundo, sino más bien la sensación constante de estar viviendo una de esas vidas posibles de las que hablaba Sabina en El pirata cojo. Esa idea de que no vivimos una sola vida, sino muchas versiones de nosotros mismos, algunas elegidas y otras que simplemente llegan a ti.

Australia es un país que sabe vivir. No en el sentido superficial de la palabra, sino en ese equilibrio extraño y admirable entre hacer muchas cosas y no vivir estresado por ninguna. Allí la gente estudia, trabaja, surfea, viaja, queda con amigos y, aun así, parece llegar a todo con una calma envidiable. La calidad de vida no es un eslogan: se respira. Es un país que te recibe, que te lo pone fácil, que no te exige demostrar quién eres para darte un sitio. Simplemente llegas, y con eso ya es suficiente.

Esa forma de entender la vida se notaba también en la universidad. La University of New South Wales era enorme y muy moderna, ¡a ratos casi demasiado! El campus parecía una pequeña ciudad: edificios nuevos, zonas verdes, cafeterías siempre llenas y gente yendo de un lado a otro con calma, como si no tuvieran prisa por llegar. Las clases eran muy prácticas y los profesores, cercanos y accesibles, siempre dispuestos a escucharte y a plantearte las cosas desde otro punto de vista. No sentías que fueras solo a estudiar, sino a aprender a mirar mejor.

Sídney, en concreto, es una ciudad profundamente multicultural, llena de personas que no quieren estar en ningún otro lugar. Gente de todas partes del mundo que, por razones muy distintas, ha decidido quedarse. Tal vez por eso se siente tan viva: porque está hecha de elecciones conscientes.


Yo vivía en una casa con 33 personas jóvenes, de todos los rincones del planeta. Llegué más tarde que el resto, cuando los grupos ya parecían formados, pero aun así me sentí bienvenida desde el primer momento. Como en casa. Martes de trivial, karaokes improvisados, muchísima playa, fiestas, beerpong y esa sensación de que siempre había alguien dispuesto a compartir tiempo, historias o silencios.

Cuando Joaquín, mi novio y estudiante de cuarto en la ELU, vino a verme a finales de septiembre, entendí hasta qué punto esta red humana lo atravesaba todo. No sabía muy bien por dónde empezar a enseñarle la ciudad ni cómo explicarle la rutina que a mí tanto me llenaba, así que hicimos lo único que tenía sentido: vivirla. Y juntos recorrimos Sídney de arriba abajo, como si la ciudad también se dejara conocer mejor cuando se comparte: miradores, paseos interminables y planes sencillos que acababan siendo memorables.

Viajar con amigos fue una prolongación natural de esa forma de vivir. Los destinos importaban menos que la compañía, aunque algunos se quedaran grabados para siempre: Fiyi, uno de los lugares que más me han impresionado nunca; Nueva Zelanda; varios road trips improvisados. Salté en paracaídas (mejor pedir perdón que permiso, sobre todo cuando se trata de padres…) y entendí que hay experiencias que solo tienen sentido cuando se viven sin pensarlas demasiado. Descubrí, casi sin querer, que vivir dentro de un coche puede ser el planazo del siglo: dormir donde te pilla la noche, despertarte frente al mar e improvisar constantemente. Una libertad tan básica que casi se olvida que existe.

Australia ha sido, sin duda, junto con el viaje de Becas Europa, una de las experiencias que más me ha ayudado a encontrarme. A entender quién soy cuando no tengo referencias, cuando nadie me conoce de antes, cuando todo está por construir. Y, sin embargo, me costaría verme viviendo allí indefinidamente. Muchos de mis amigos planean volver y establecerse, y lo entiendo perfectamente. Es difícil no verse a uno mismo feliz construyendo una vida allí. Pero hay algo en mí que no sabría dejar de mirar hacia casa, hacia mi familia, hacia mis amigos de siempre.

Y no es una contradicción. No le resta nada a lo vivido ni a lo increíble que para mi ha sido vivir allí. Al contrario: quizá lo hace aún más valioso. Porque hay lugares maravillosos para quedarse, pero también hay algo profundamente bonito en tener un sitio al que volver. En saber que puedes vivir muchas vidas, sin necesidad de renunciar del todo a la que te espera al otro lado del mundo, cuando te toca volver a tu realidad.

Vida ELU

ELUs por el Mundo – Javier Gutiérrez-Gil y Gonzalo Rosillo

Por:

¡Buenas a todos!

Somos Gonzalo Rosillo (ADE + RRII) y Javier Gutiérrez-Gil (Derecho + RRII), de cuarto de ELU. Este cuatrimestre estamos disfrutando de nuestra experiencia de intercambio en Sydney. Ambos estamos estudiando aquí RRII, en la UTS y la University of Sydney respectivamente.

A mediados de julio desembarcamos como descubridores en esta tierra austral que nos recibió con más frío del imaginado. No vamos a mentir, la primera toma de contacto no fue la esperada. Nuestras ideas de sol y playa todos los días se esfumaron en cuanto pudimos comprobar que las temperaturas no superarían los 15º durante el primer mes y que después de venir de un verano en el que el día acababa a las diez de la noche, pasábamos a un invierno donde nos despedíamos del sol a las cinco de la tarde. Sin embargo, nuestro espíritu ELU no podía permitir que tal adversidad supusiera un obstáculo para conocer las maravillas que oculta este país.

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Caracterizada por ser una ciudad cosmopolita, Sydney alberga una riqueza multicultural que la hace única. Personas de todos los continentes, barrios de tal contraste que llegan a hacerle a uno creer que se encuentra en diferentes ciudades en tan solo veinte minutos de paseo: The Rocks, conocido por ser el barrio más antiguo de la ciudad, que enamora a cualquiera que lo visite por sus terrazas y majestuosas vistas a la famosa Ópera de Syndey; Chinatown, donde la multitudinaria población asiática se congrega en su pequeño oasis en el centro de la ciudad; Surry Hills, un barrio bohemio que nos recuerda con cariño a las zonas de Chueca o Fuencarral; o Darling Harbour, escenario de los famosos fuegos artificiales de fin de año y el lugar ideal donde disfrutar de un Gin Fis en una noche de verano. Como podéis observar, nuestra estancia no está quedando en vano, y cualquier mínimo espacio de tiempo que tenemos es empleado en disfrutar de tan curiosa ciudad. Pero nuestra formación “Eludita” nos impulsa a salir de Sydney y conocer, no solo los bellos paisajes de las Blue Mountains o las puestas de Byron Bay, sino que saltamos el charco y visitamos Nueva Zelanda, donde la majestuosidad de sus paisajes y naturaleza hace a uno sentirse pequeño. En unas semanas, visitaremos la Gran Barrera de Coral, donde se esconde uno de los mayores tesoros de este mundo. Y nuestra travesía no acaba ahí. Como despedida, visitaremos el continente asiático, deteniéndonos en Singapour, Malasya, Tailandia y Camboya, antes de volver a España como el turrón, por Navidad.

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Por muy bonito que suene, no todo es disfrutar y viajar, también trabajamos, un poco al menos. Nuestro recibimiento en ambas universidades estuvo marcado por el respeto cultural a los aborígenes que habitaban estas tierras, acompañado de una danza tribal; pero no os vamos a engañar, nosotros nos quedamos con nuestras sevillanas. La carga de estudio es mucho menor que en España, pero se caracteriza por ser pragmática y estar sustentada en la participación activa del alumno. La metodología difiere en el sentido de que las clases son previamente preparadas por el alumno mediante la lectura de textos académicos, los cuales son tratados en las denominadas tutorials, grupos reducidos de alumnos en los que prima la intervención de los mismos.

Para desconectar de tal carga de trabajo y cansancio por viajar, nos aventuramos a conocer la fiesta sydneyesa. Ilusos e inocentes de nosotros, en nuestra primera visita al supermercado fuimos conscientes de que nuestros refrigerios nocturnos a base de Gin Fis y Ron Cokes eran una utopía ante la falta de poder adquisitivo. Éstos tendrían que esperar un cuatrimestre. Sin embargo, nos topamos con quien todos consideran su mejor amigo: el Goon. Si venís aquí, no tardaréis en conocerlo. Nos sorprendió la diferencia cultural que existe con España en lo que respecta a la vida social. Las calles no tienen la alegría de Madrid, ni la belleza de San Sebastían, pero sus enormes rascacielos y hermosos parques dotan a la ciudad de un encanto propio. Una de las grandes maravillas de Sydney son sus más de ochenta playas, de belleza impactante, que invitan a disfrutar del típico día de surf y sol tan característico de Australia. Sin embargo, no ha sido hasta hace un mes que hemos podido empezar a disfrutar de la verdadera vida “aussie”.

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Sin embargo, si solamente viviéramos así nuestro intercambio, estaríamos desperdiciando una de las mejores oportunidades para crecer personalmente. A él vinimos cada uno con una serie de objetivos propios que se nos han ido planteando desde la ELU, tanto por los mentores, como en los módulos o las experiencias vividas en ella. Encontrarnos, no solo expuestos a salir de nuestra zona de confort, sino también ante la mejor oportunidad de conocernos a nosotros mismos, nos ha hecho valorar todas y cada una de las enseñanzas que nos llevamos de la ELU. No somos ya aquellos estudiantes de primero que entraban nerviosos en el hall del edifico H, expectantes ante la incógnita de lo que depararía la universidad. Reflexionando, nos hemos dado cuenta de lo mucho que hemos crecido y madurado, de lo agradecidos que estamos a la ELU por habernos abierto los ojos, y orgullosos de haber respondido a su llamada con un sí rotundo. Es gracias a ella y a Becas Europa la razón que nos ha permitido exprimir esta experiencia como nunca hubiéramos podido hacer.

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Nos gustaría acabar este “ELUs por el mundo” como lo hemos empezado, hablando de descubrimientos. Una de las cosas que ambos nos llevamos en el corazón, a parte de la belleza natural, el crecimiento personal o la experiencia universitaria fuera de España, es el descubrimiento de la importancia de la amistad verdadera. Esta experiencia nos ha abierto los ojos ante la gran suerte que tenemos de poder llamar al otro amigo, alguien en quien confiar, y que nos brinda su apoyo desinteresadamente, pero con quien también disfrutamos mas de las experiencias que vivimos, pues las compartimos. Se trata de descubrir a alguien que sepa juzgarnos, pues conoce nuestro pensamiento; alguien cuyos elogios sean los que mas ambicionamos y su critica la que mas tememos. Al fin y al cabo hemos descubierto que la amistad es descubrir a alguien que te responda: “Vaya, pensaba que era el único”.