Filosofía de Bar – Un final y otro inicio
Por: ELU Admin
Colate Santana, 4º ELU
Queridos elus, el curso ha vuelto a empezar y uno lo nota cuando las iniciativas de la Escuela vuelven al ruedo, como seguro van a poder ver en el resto de artículos de la Newsletter. En este caso, me encargaré de comentar lo que buenamente pueda sobre el primer encuentro de este curso 26/27 de Filosofía de Bar.
Para quien todavía no me conozca, mi nombre es Nicolás Santana Tristancho, pero soy mejor conocido por Colate, y estudio Ingeniería Aeroespacial en la Universidad Carlos III de Madrid. Durante los dos últimos cursos, he estado involucrado en la dirección y organización de esta iniciativa, pero realmente asisto a ella desde su primerísimo encuentro, donde unos jóvenes Luis y Alejandro, acompañados del ilustrísimo Padre Pou, juntaban a unos 12 elus a hacerse preguntas sobre el sentido de la vida, en el mítico JJ de Moncloa. Para quien conozca a estas viejas glorias, sabrá que el relevo generacional ya es real, y por ello, para este nuevo encuentro consideramos repetir el tema de ese primer encuentro hace tres años, con cambios en la vida de todos, nuevos integrantes, una nueva localización (el piso que comparto con otros compañeros elus), pero con la misma ilusión y ganas de resolver las cuestiones que tantos han debatido alrededor de la historia: ¿Tiene la vida sentido? Si es así, ¿cuál es?
Una cuestión de semejante magnitud debía ser abordada con una píldora formativa acorde a esta complejidad, por lo que nos apoyamos en uno de los más grandes en el estudio del tema: Viktor Frankl y su obra El hombre en busca de sentido. En los fragmentos seleccionados, el autor nos provocaba con afirmaciones como: “Conoce el porqué de su existencia y podrá soportar casi cualquier cómo”, o “cuando un hombre descubre que su destino es sufrir, ha de aceptarlo porque el sufrimiento se convierte en su única y singular tarea. Es más, tendrá que llegar a la conciencia de que ese destino doloroso le otorga el valor de persona única e irrepetible.” Asimismo, el Padre nos dio numerosos ejemplos de cómo el ser humano tendía por naturaleza a unir puntos, a ver una imagen completa y no colores y elementos separados, hasta el punto de sentir un desconcierto total si no se lograba encontrar la coherencia de ese completo.
Con esto, el coloquio comenzó y, como muchas veces nos pasa, parece que se abrían más preguntas que respuestas. ¿Existe un sentido superior de la vida o, en su defecto, nos dedicamos a darle sentido a aquello que nos ocurre? ¿Y si no logramos cumplir ese sentido? ¿Puedo llegar a corresponder ese sentido en el presente, o solo analizar si mis hechos pasados se alineaban con él? Y, ¿es mi identidad y contexto el que define mi sentido, o viceversa? De nuevo, autores del pasado iban apareciendo en la conversación para darnos algo de orientación hacia posibles respuestas, como Frankl, que propone una definición del sentido basada en 3 pilares: creación (acciones, trabajo, y legado que dejamos al mundo), amor (relaciones amorosas, artísticas, amistosas o familiares) y sufrimiento (nuestra actitud ante lo inevitable). Así, Kierkegaard nos recordaba que “la vida solo puede ser comprendida hacia atrás, pero debe ser vivida hacia adelante”.
Toda esta información y preguntas siguen rebotando por las esquinas de mi cabeza, pero quisiera concluir de la misma manera que concluí el encuentro, pues fue quizás la enseñanza más concreta que me llevé del encuentro. Y es que, me llamó mucho la atención un comentario de María Longás, donde afirmaba que no podía saber si estaba viviendo conforme al sentido de su vida, pero esperaba que llegara su último día y poder sentir que así fue. Y es que, recordando conversaciones nocturnas en mi nueva hacienda, pensé que quizás esa era la clave del asunto, que la predisposición de María a vivir por su sentido, aún sin saber a ciencia cierta si este valía la pena, ya le daba una razón más que suficiente para levantarse de la cama cada mañana. Por ende, quizás el propio sentido es el camino para encontrarlo. Caminante no hay camino… ¿no? Tratamos de racionalizar este sentido, por entenderlo mejor, o sentir la seguridad de que nuestra barca va en su dirección, pero a veces podemos entrar en contacto con ello desde lo sensorial, lo trascendente y lo artístico, como hace U2 en I Still Haven’t Found What I’m Looking For. No esperamos que Bono encuentre lo que busca al final de la canción, tan solo lo acompañamos en el proceso, y ya es razón para volver a escucharla.
I believe in the Kingdom
Come Then all the colours will bleed into one
Bleed into one
But yes, I’m still runnin’
De hecho, la mayoría de cosas a las que tratamos de dar sentido, tan siquiera son nuestras, como bien puntualizó Inés. Yo me llamo porque alguien me llamó previamente. Y en este camino realizamos encuentros con personas que nos permiten amar, en mayúsculas, y tampoco sé bien a quién le debemos esa suerte. No obstante, solo nos queda agradecer.
Aprovechando que es mi último encuentro en la dirección de la iniciativa, quería agradecer de nuevo a Luis y Alejandro, por iniciar algo que, no siendo mío, aportó mucho sentido a mi vida. Al Padre Pou, por ser tan guía para nosotros en esto que mi buen amigo Jaime dice: “si el Padre perdiera la fe, no sé que haría yo con la mía.” A Laura y Alonso, por poner su hombro a la altura del mío para sacar esto adelante. A Belén, Santi, Ignacio, Jimena, Carlota, y tantos con los que compartí infinidad de estos encuentros. Y, finalmente, a Ignacio y Juan, por aceptar el reto de seguir con esto, sabiendo que hay un listón que cumplir.
No sé si esto es el sentido de mi vida, pero sin duda, en mi último día, me acordaré de estos nombres, y eso ya empieza a ser algo.
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