El Principito

Vida ELU

Encuentro en Valencia

Por: ELU Admin

Marcos Ranchal, 3º ELU

El pasado 14 de abril tuvimos la suerte de recibir en Valencia la visita de nuestra mentora Marta Luquero. Fue una de esas tardes que empiezan con la excusa de una actividad concreta y terminan convirtiéndose en mucho más: un rato de encuentro, conversación y convivencia entre elus y elumnis.

La jornada comenzó con un nuevo Beers & Books, en el que comentamos El Principito, de Antoine de Saint-Exupéry. Aunque muchas veces se presenta como un libro sencillo, casi infantil, pronto comprobamos que sus páginas esconden preguntas que siguen interpelándonos: cómo miramos a los demás, qué significa cuidar los vínculos, qué lugar damos a lo esencial y de qué manera vamos creciendo sin perder la capacidad de asombro.

El encuentro volvió a confirmar la buena acogida que está teniendo Beers & Books en Valencia, una iniciativa que, poco a poco, se está consolidando como un espacio propio dentro de la vida de la ELU. Un lugar en el que la lectura sirve como punto de partida para encontrarnos, conversar y compartir inquietudes de una manera sencilla, cercana y muy natural.

A partir de algunas de las frases más conocidas del libro, la conversación fue derivando hacia temas muy propios de la vida universitaria y de la experiencia de la ELU: la amistad, la responsabilidad, la vocación, el tiempo que dedicamos a aquello que realmente importa y la necesidad de aprender a mirar más allá de lo evidente. Como ocurre tantas veces en estos encuentros, el libro fue solo el punto de partida. Lo verdaderamente valioso estuvo en las reflexiones compartidas, en las preguntas que surgieron y en la posibilidad de escucharnos con calma.

Además, contar con Marta durante la actividad hizo que el encuentro tuviera un valor especial. Su presencia nos ayudó a conectar lo leído con nuestra propia experiencia y a abrir una conversación cercana, natural y muy enriquecedora. También fue una oportunidad para compartir tiempo con elumnis, cuya presencia siempre recuerda que la ELU no termina al acabar la etapa universitaria, sino que sigue creciendo en los vínculos que se mantienen y en las conversaciones que continúan.

Después del Beers & Books, prolongamos la tarde cenando juntos. Entre risas, anécdotas y conversaciones más informales, terminamos de redondear una jornada que fue, sobre todo, muy divertida y “muy ELU”. Porque a veces los mejores momentos no son los más planificados, sino aquellos en los que simplemente se crea un clima de confianza y todos se sienten parte de algo común.

Volvimos a casa con la sensación de haber compartido una tarde sencilla, pero significativa. Una de esas experiencias que recuerdan que leer juntos, conversar sin prisa y encontrarse con personas que comparten una misma inquietud puede ser también una forma de seguir creciendo.

Vida ELU

El Principito y la imaginación de lo invisible

Por:

Silvia Tévar, alumna de 1º de la ELU nos comparte cómo fue hablar de El Principito en la Universidad de Valencia:

“¿Qué lees? ¿Cómo lees? ¿Con quién lees?
Con estas preguntas daba comienzo el coloquio de José María Alejos y Álvaro Abellán-García; y envueltos por estas cuestiones, los asistentes fuimos conducidos por el maravilloso mundo de la lectura de El Principito y, en definitiva, por el enigmático camino de la vida.

Conducidos por los profesores, descubrimos que el propio Saint Exupéry presenta, en la introducción de El Principito, los temas que nos van a acompañar a lo largo de la obra: nuestros anhelos, deseos y melancolías más profundos, que nos persiguen a donde quiera que vayamos. Tal y como apuntaban nuestros ponentes, el sufrimiento, el sentido de la vida y la amistad, son las cuestiones que laten bajo la tinta del francés; realidades que van a “domarnos” durante toda la lectura, resonando en nuestro interior. Y es que, es de lazos, de vínculos, de tiempo, de dedicación y de amor; de lo que nos habla Saint Exupéry; en definitiva, del ilusionante misterio del ser humano, del vivir.

Así, descubrimos que la historia del piloto encierra mucho más que una desafortunada avería. Como apuntaba Álvaro Abellán, el motor estropeado no es únicamente el de la avioneta, sino el del corazón del propio aviador, que volverá a latir gracias a una voz: la del Principito. Con el mandato de dibujar un cordero, el hombre que se había “hecho mayor” es puesto de nuevo frente a su vocación: pintar realidades invisibles; una llamada que había sido descubierta a los seis años y rápidamente sofocada por “los asuntos serios” de los adultos.

De hecho, son los encuentros como este, los que comienzan con un sonido humano, y no con la visión; los que harán madurar a nuestro Principito. Así sucede con su amada Rosa: “¡Qué hermosa eres!”, o con el zorro: “¡Qué bonito eres!”, dos personajes que representan el Amor y la Sabiduría.

José María Alejos sonreía mientras leía el nacimiento de esta flor y cómo su belleza natural sacia la inquietud ontológica del Principito. Sin embargo, nuestro Príncipe es todavía demasiado pequeño para comprender esa nostalgia que le remueve y, por ello, su mirada se acaba endureciendo y centrándose únicamente en lo accesorio, en los defectos de su amada. Nuestro protagonista deja de respetar, de ver la realidad tal y como es; y así, inicia un viaje iniciático a la manera de Ulises, visitando numerosos países en busca de una respuesta, en busca de la amistad.

Ahora bien, todos sus habitantes, se encuentran encerrados en sí mismos, demasiado ocupados con sus fórmulas y reglas, con sus límites y obligaciones; y por ello, sus países son demasiado pequeños… Hasta que llega a la Tierra, donde conoce al zorro. Y, ¿qué es este, sino un maestro, un sabio? El zorro, como señalaba Álvaro Abellán, no responde rápidamente a las constantes preguntas del Principito. En su lugar, respeta sus tiempos, y deja que sea él quien redirija esa mirada que se había deshumanizado. Junto a este, nuestro Príncipe descubre que lo esencial, verdaderamente es invisible a los ojos; que el tiempo que le dedicamos a nuestra rosa, es lo que la hace única; y que él y solo él, es el responsable de lo que ha domesticado.

Por último, acompañados por Álvaro, José María y el aviador, los asistentes comprendimos que la verdadera amistad es dar la vida por el otro, y que cuando estamos dispuestos a ello, cuando el aviador deja de lado las piezas rotas de su avioneta para consolar a su nuevo amigo; es cuando descubre y descubrimos, el misterio único e irrepetible que entraña el Principito.

Y ahora me pregunto, ¿no es este nuestro día a día? ¿No es está nuestra vida? ¿Cuántas veces “amamos el ruido del viento en el trigo”, porque nos recuerda a esa persona que nos hizo crecer? ¿Cuántos momentos con aquellos que nos quieren, nos han transfigurado, nos han permitido respetar, implicarnos e intimar con la realidad? Y es que ya lo decía José María: la realidad no es plana, estamos hechos de nuestras circunstancias y de nuestros lazos; de nuestras luces y sombras; y cuanto más única y entusiasmante se nos presenta la vida, es cuanto más la conocemos, cuanto más la queremos. Es cuando salimos de nosotros mismos, que somos capaces de comprender y de amar al otro, de conocer “lo invisible”.

Por tanto, no se trata de “Pienso, luego existo”, sino de “Amo; luego existo”; y es entonces, cuando somos amados para amar, cuando saciamos nuestra sed en un pozo de vínculos, de lo invisible; cuando, por fin, podemos “volver a nuestra máquina”. Es entonces cuando, por fin, podemos vivir”.