GAWCOTT FRENTE AL CIS. UNA REFLEXIÓN SOBRE “LO NUESTRO”

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09 JUN

Recién publicados los resultados de intención de voto de la última encuesta del CIS previa a las Elecciones Generales del 26 de junio, ya han comenzado los análisis partidistas, los debates acalorados, el juicio sobre los “cocineros” de las encuestas y un sinfín de opiniones que, como politólogo, me interesan, no lo niego, pero mi cabeza ha comenzado a pensar en Gawcott. ¿En qué? ¿Por qué? Si se continúa leyendo, se entenderá.

Gawcott es un pequeño pueblo de no más de 1000 habitantes a 20 minutos de Oxford y unos 45 de Londres. Tuve la suerte de visitarlo hace un tiempo y me cautivó por varios motivos: De un lado, sus casas dignas de una revista de decoración; esas cocinas amplias con mesas de madera, hornos de hierro, teteras, manteles bordados con flores; los salones con chimenea, butacas y estanterías cargadas de libros; aquellos jardines con moreras o con casitas colgadas de los árboles para que coman y duerman los pájaros.

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De otro lado, el pueblecito mismo, con una iglesia preciosa, bien cuidada, y un cementerio aledaño donde descansan los restos de quienes han poblado aquel lugar desde hace siglos. Una escuela que nosotros diríamos “de pueblo” donde los niños parecen felices, sin nada que envidiar al niño más rico del planeta. El pub, The Crown, donde se bebe una cerveza artesanal del condado, se toman unos fish and chips realmente bien fritos y donde el olor a espuma se mezcla con el de la leña mientras llueve tranquilamente fuera.

Por último, las gentes del lugar. Como si de una atracción se tratase, nos recibieron como invitados especiales a los que cuidar y agasajar y a fe que así hicieron: comida casera, cerveza, vino, y sobre todo mucha conversación, muchas risas y mucho cariño. Salir a las 03:00 de la mañana del salón donde uno había entrado a las 20:00 sin dejar de beber (dado que el anfitrión no permitía que en momento alguno la copa estuviese vacía) y sólo tener que cruzar la calle para dormir plácidamente en la casa de tus amigos, no tiene precio.

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Idílico, ¿verdad? Sin lugar a dudas, así es. No me esperaba en absoluto que la experiencia fuese así. “Vamos a un pueblecito inglés”, me dijeron, y no quise emocionarme demasiado pues pensaba que no sería lo que uno espera que sea un pueblecito inglés. Tal vez por eso mi sorpresa fue doble, porque era exactamente como uno sueña que sea. Y si además los anfitriones (amigos nuestros) son el ejemplo de la generosidad, la hospitalidad y la simpatía, ¿qué más se puede pedir?

A la mañana siguiente me desperté el primero y bajé al salón de la casa de mis amigos. Estaba ojeando los libros y las revistas de la casa, cuando me encontré con dos papeles grapados que resultaron ser la Newsletter del pueblo. Por lo visto, además de idílico, el pueblo es participativo. En la newsletter se decían, entre otras, las siguientes cosas:

*1. Se acerca la Navidad, es momento de que decoremos nuestro pueblo. Nos citamos a tal hora en tal lugar.

  1. ¿Tienes una cena o simplemente quieres pasar una noche fuera con tu pareja? Soy Sally, alumna del colegio y me ofrezco como au-pair.
  2. El horario de biblioteca es de 10:00 a 16:00. Alguien la está cerrando antes. Por favor, deje de hacerlo por el bien de los vecinos (apunte: la biblioteca es una cabina de teléfono con estanterías).
  3. Crónica del Rememberance Day que se celebró el día 11 de noviembre.

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A este tipo de actividades, pensé, se une la celebración regular de fiestas en las casas de los vecinos para integrar a nuevos residentes (y eso es mucho considerando que gran parte de los residentes en Gawcott son de otras partes de Inglaterra y del mundo -escoceses, irlandeses, australianos, una española…), y me generó cierta envidia. Envidia, y cierta amargura, porque de pronto volví de Gawcott a los resultados del CIS, a los tertulianos, periodistas y canales despotricando unos contra otros, a la cruda realidad patria.

Ahora bien, antes de dejarme llevar por la desazón, decidí tomar perspectiva. ¿Cruda realidad patria? ¿De qué nos quejamos, de que no somos como Gawcott? Eso nada tiene que ver con haber nacido aquí y no allí, sino con lo que decidimos hacer con las oportunidades que nos han sido dadas y con las personas que, por uno u otro motivo, nos han tocado en suerte. Si nos fuéramos todos a Gawcott, ¿nos adaptaríamos, mejoraríamos o estropearíamos el ambiente? No lo sé, pero está claro que de nosotros dependería una u otra cosa. Exactamente igual que lo que pasa en nuestro entorno, en nuestro campus, lugar de trabajo, barrio, ciudad o país.

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Siempre he pensado que hay que tener muchas agallas para hacer como Edward Bloom y marcharse de Spectre (si alguien no sabe a qué me refiero, que vea Big Fish urgentemente). El pueblo es idílico, pero es la propia vida la que está aún por hacer. Y la mía ha de ver con los alumnos que me tocan en el aula (y ellos han de soportar al profesor que el destino les ha puesto en su camino), con Podemos, Ciudadanos, el PP, el PSOE, ERC, la CUP y resto de la cohorte política, con las finales que los atléticos perdemos contra el Real Madrid (¡Aúpa Atleti!), con lo mejor y peor de la cultura española, con mis propias limitaciones y defectos… Y es con estos mimbres con los que tenemos que trabajar, hic et nunc.

Los políticos no son imbéciles; los ciudadanos no somos inútiles; los periodistas no son malévolos. Pero puede haber ignorancia, incompetencia o inconsistencia en todos los que formamos parte de esta sociedad. Intentemos minimizar nuestros errores y potenciar nuestras capacidades, hagamos que las cosas pasen. Y con ese espíritu salvemos el CIS (y su océano de porcentajes), las Elecciones (ganen “los míos” o “los tuyos”), la Eurocopa (venzamos o seamos derrotados en octavos), los exámenes (suspendamos o nos aprueben, aprobemos o nos suspendan), la Declaración de la Renta (nos toque a pagar o devolver), las planificaciones anuales (sean más o menos tediosas), las enfermedades que nos amenacen (pongan o no en juego nuestra vida), las pérdidas de seres queridos (aunque se hayan ido demasiado pronto), las llegadas de nuevos rostros a la familia (que son todo potencia) y tantos otros hitos de nuestra vida que aún están por llegar. Ya lo decía Ortega: la vida que nos es dada no nos es dada del todo hecha. Pues venga, vamos a hacerlo con Gawcott en la memoria, y con el CIS tranquilamente lejos.