¡Qué bonito es el mundo!

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06 ABR

Esther Lence nos comparte a continuación su experiencia en el Harvard World Model of United Nations 2018, en el que han estado otros cuatro ELUs:

“Estas son las cinco palabras que reaparecen en mi cabeza continuamente cuando recuerdo la experiencia que tuvimos hace tres semanas. Del 10 al 18 de marzo, Guillermo González, María Muñoz, Julio Gil, Jorge Bautista, otro amigo nuestro, David Sánchez-Aguilar y yo tuvimos la oportunidad de representar a la UFV en el Harvard World Model of United Nations 2018, que este año se celebraba en Panama City.

Para los que no os suene este evento, se trata de una simulación de Naciones Unidas a nivel mundial organizado por la universidad de Harvard. Tiene lugar todos los años, siempre en el mes de marzo y va cambiando de país huésped. Seúl, Roma, Montreal… y ¡Panamá! La propuesta nos llegó de mano de Jorge y, como es comprensible, resultó muy difícil decir que no. De modo que allí nos vimos el 10 de marzo, volando hacia Panama City.

El ambiente de acogida se notó desde nuestro aterrizaje: en el aeropuerto, voluntarios panameños nos recibieron bañados por un calor sofocante que daba pistas sobre los 35 grados que nos esperaban fuera. Y así transcurrió la semana: amistad y sorpresa pero mucho calor. Nosotros seis formamos una delegación que representaba un país en el modelo, que en nuestro caso fue Paraguay. Desde España, elegimos los comités en los que queríamos participar, nos dividimos en parejas y nos lanzamos a la aventura: Julio y David se quedaron en la Comisión de Desarme, Guillermo y Jorge en la Organización de los Estados Americanos y María y yo en el Consejo de Derechos Humanos.

El primer día tuvimos el acto de apertura, donde, además de asistir el presidente de la República de Panamá, Juan Carlos Varela, pudimos disfrutar de verdaderas muestras de la cultura panameña, la presentación del equipo de Harvard y de los huéspedes y de discursos maravillosos. Quiero destacar especialmente el de Olga de Obaldía, directora general de la Fundación para el Desarrollo de la Libertad Ciudadana en Panamá, quien hizo que nos sintiéramos como en casa con un discurso al más puro estilo ELU: “No dejéis que el sistema os trague. Cuando intentéis esto, os dirán ‘oh, no te preocupes, aprenderás, nosotros te vamos a enseñar’, entonces, tendréis que decir ‘no, os voy a enseñar yo a vosotros’”; un discurso sobre la vocación de servicio a la humanidad que llenó de sentido el resto de la semana.

Así nos vimos durante los siguientes cuatro días rodeados por jóvenes universitarios de todo el mundo, comprometidos con la sociedad, intentando mejorar el mundo, literalmente. En el Consejo de Derechos Humanos, tratamos la crisis de los rohingyas en Myanmar y, de corazón, ha sido una de las experiencias más bonitas de mi vida. Mientras tratábamos de aportar nuestro granito de arena volviéndonos las más fieles paraguayas, pudimos aprender muchísimo de todos nuestros compañeros, quienes eran profesionales de los modelos de Naciones Unidas. Así, entre discurso formal, por el que las posiciones se iban desvelando, y negociaciones fuera de la sala, llegamos a la aprobación de una resolución cuya única finalidad era colaborar en que la vida de los rohingyas fuera lo más justa, plena y bonita posible.

Sin embargo, he descubierto que World MUN no es solo esto. A pesar de lo maravilloso que era vernos en un diálogo por hacer del mundo un lugar mejor, aquello era un modelo, una simulación. La semana alcanzaba su sentido más pleno cuando descubríamos a los otros 1.994 jóvenes de todo el mundo durante el resto del día y nos dábamos cuenta de que realmente lo que simulaban era por lo que vivían, que querían hacer cosas y cosas buenas. Conocimos a personas de China, de Arabia Saudí, de Alemania, de Francia, de Venezuela, de Australia, de Estados Unidos, de Perú, de Bélgica, de Canadá… Cada uno con su realidad, con una historia diferente que le había llevado hasta allí y qué interesante era hablar con cualquiera de ellos sobre cualquier tema que surgiera. Universitarios que habían viajado por el mundo, que habían hablado en Naciones Unidas, que representaban la juventud de su país… Cada uno en su grado: historia, derecho, comunicación, ingeniería, biología, empresa… Era como una ELU a nivel mundial, básicamente: repito, ¡qué bueno sentirse como en casa!

Así, nos vimos durante una semana llenándonos de experiencias, de conocimientos, de lecciones, de vida. Cierto es que una ciudad como Panama City, con sus rascacielos, su Casco Viejo, sus ruinas, sus playas, su comida, su tiempo y, sobre todo, su gente, también ayudaba, pero fue una semana que nos llenó de energía, que nos recordó la responsabilidad social que tenemos.

¡Qué bonito es el mundo! He visto parte del futuro del mismo concentrado en 1200 jóvenes y he de deciros que, si sigue así, queridos ELUs, no estamos solos en la labor de mejorar las cosas y que el futuro va a ser espectacular”.