Narci Soto – Elus por el Mundo

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26 JUL

Empecemos por el principio… Bueno, os ahorraré las 6 horas de tren de Cádiz a Barajas y las veinte horas de vuelos hasta llegar al aeropuerto de Chicago. La historia de mi año en EEUU empieza en un autobús a las 2 de la mañana en medio de los (Muchos) campos de maíz que hay en el estado de Indiana, estado de EEUU donde se encuentra la universidad de Purdue.

Tuve la suerte de disfrutar estudiando un año en esta universidad que, aunque poco conocida, ha sido el hogar de Neil Armstrong y de muchísimas mentes brillantes que impulsaron la carrera espacial y que hoy día continúan ensanchando las fronteras del ser humano. Llegaba esperando, supongo que como todo el mundo, Estados Unidos tal y como te lo pintan en las películas: rascacielos y ciudades gigantescas que se extienden hasta donde llega la vista.

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Y aunque este país sea uno de los países donde los estereotipos se cumplen más a rajatabla, la realidad no tardó en romperme los esquemas. Recuerdo despertar en el autobús que me llevaba del aeropuerto de Chicago a la universidad de madrugada, por una carretera totalmente a oscuras y en tan mal estado que parecía que el autobús fuera a desmontarse. Y tras un buen rato de desorientación y un poco de miedo, apareció el campus universitario de la nada. Una ciudad de casi 100000 habitantes donde más de la mitad de la población son estudiantes universitarios como nosotros y donde todo se ha construido con el propósito de desarrollar al máximo las capacidades de los alumnos de la Universidad.

Como os imaginaréis, este es un entorno vibrante donde uno tiene la sensación de que puede pasar de todo, desde luego no era nada que yo pudiera imaginarme conociendo los campus universitarios españoles. Para poner un poco en contexto la magnitud del asunto, os arrojo algunas cifras: El campus cuenta con casi 20 residencias Universitarias, un workshop dedicado únicamente a proyectos personales de los alumnos que requirió una inversión inicial de casi 2 millones de dólares, estadio de fútbol americano y estadio de baloncesto (Con capacidad para 57000 y 14000 personas respectivamente) y para rematar, aeropuerto propio. Esto sumado a la infinidad de laboratorios, infraestructuras e instalaciones con las que cuenta la universidad.

En definitiva, un entorno donde las posibilidades son tan amplias como tu imaginación y donde es muy fácil sentirse muy pequeño.
Podría hablar de los muchos viajes que he hecho o del frío que hace en Indiana en invierno (En serio, hace mucho frío, especialmente para un andaluz), pero en lugar de eso me gustaría explicar lo que me ha enseñado este año fuera de España:

El mundo es enorme, y es sorprendente salir de tu país y de tu zona de confort y ver que muchas cosas que damos por sentado a diario – estructuras sociales, esquemas de vida, formas de relacionarnos con el mundo – son tan diferentes incluso en otro país occidental. Es una experiencia que te abre la mente y que es imposible explicar, hay que vivirlo.

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Recursos no equivalen a desarrollo o a bienestar, ni siquiera garantizar el progreso tecnológico. Empezaba comentando que la Purdue está rodeada de campos de maíz, y para que comprendáis a lo que me refiero, me gustaría que buscarais Purdue en el mapa y os empecéis a alejar (Spoiler: Vais a tener que alejaros mucho hasta encontrar algún otro lugar habitado). Estados Unidos es un país con muchísimos recursos y desde el exterior se ha idealizado por eso, sin embargo, es un país donde una buena parte de la población viven en granjas y nunca han salido de su estado. El estado de Indiana no es un caso aislado.

Si pudiera achacar el nivel de desarrollo estadounidense a una única causa, diría que se debe a que hacen una gestión de los recursos que apoya casi en exclusividad al talento. Y aunque se debería tomar ejemplo en España, el nivel de calidad de vida en nuestro país es infinitamente mayor. Con esto también quiero destacar que no es que los estadounidenses sean las mentes más brillantes del mundo, más bien al contrario. La apuesta tan grande que hacen por el talento hace que el talento se acomode. El ingenio surge de la necesidad, y podría apostar sin miedo a equivocarme que en España tenemos muchísima mas materia prima humana para triunfar que los estadounidenses. El mundo lo mueven personas como tú y como yo.

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Como reflexión final, os diría que no tengáis miedo. Irse fuera de casa siempre impone, y es más difícil cuanto más lejos te vas. Pero nosotros tenemos capacidad de sobra para defendernos allá donde vayamos, y hay que ser dignos representantes de nuestro país, de nuestras universidades y nuestras familias, y no dejarse intimidar por lo grandes que parezcan los retos. Nosotros podemos dar mucho más de lo que creemos.

Y por supuesto, si os vais de movilidad, viajad, conoced gente, buscaros algún trabajo a tiempo parcial, prácticas, haced deporte, apuntaros a asociaciones… Todas estas cosas hicieron de mi año un año diferente e inolvidable y me han abierto las puertas para quedarme otro par de años más estudiando un máster allí, y espero que vosotros lo exprimáis aún más y disfrutéis la experiencia. Quién sabe, tal vez nos veremos en alguna esquina del mundo.