Cultura

Cultura curva y cuadrado

EXPO-JORNADAS: “IGNACIO VALLE: LA CURVA Y EL CUADRADO”

Por: Comunicación ELU

Os invitamos a la primera exposición que aúna el conjunto de relatos creados por Ignacio Valle, una personalidad compleja y fascinante que, como esa naturaleza que pretendía explicar, solamente puede entenderse a través de la simplicidad creadora del cuadrado y la curva. Un grupo de alumnos de nuestra Escuela ha tenido la oportunidad de organizar las Expo-Jornadas: ‘Ignacio Valle: La curva y el cuadradoexposición del artista Ignacio Valle Garagorri (1948-2014) que se celebrará en Espacio Ronda (c/ Ronda de Segovia 50, Madrid) del 2 al 17 de junio.

Esta exposición tiene como objetivo celebrar el arte en sus distintas esferas a través de la figura de un artista multidisciplinar que trabajó la pintura, la escultura y la poesía desde una mirada humanista.

Ignacio Valle es curva y es cuadrado: a través de ellos vio y explicó el mundo. Incansable artista, Ignacio Valle Garagorri emprendió una búsqueda en vida que no cesó jamás. Ni siquiera el culmen de su obra, el curvismo, lo sació en su ansia de comprensión. Quiso dar respuesta a su enigmática existencia y sus pasos le llevaron a recorrer África y encontrar al amor de su vida, a aprender de los maestros de la pintura, a ver la realidad a través de los ojos de El Bosco a Mondrian (pasando por Lorraine, Cézanne, Braque) a maravillarse con pensamientos lejanos al suyo. A pesar de su intenso miedo al fracaso, Ignacio Valle vivió apasionadamente, descubrió sagazmente y comprendió hasta el último de sus días.

Las actividades programadas durante la exposición se desarrollarán los días 2, 8 y 16:

Viernes 2 de junio de 2017: APROXIMACIONES A IGNACIO VALLE

19:30 h – 19:45 h

Bienvenida –a cargo de Diana Michelow

19:45 h – 20:00 h

¿Por qué Ignacio Valle? ¿Por qué la Escuela de Liderazgo Universitario? –a cargo de José Luis Parada y Laura Llamas.

20:00 h – 20:45 h

Viajando al mundo de Ignacio Valle Garagorri –a cargo de María Barral y Rubén J. Almendros.

20:45 h – 21:30 h

Cóctel de bienvenida y concierto de jazz –a cargo del grupo Sona’tin.

Jueves 8 de junio de 2017: EL PROCESO CREATIVO: LA UNIÓN ENTRE TEORÍA Y OBRA

19:30 h – 20:00 h

Adentrándose en la teoría curvista –a cargo de Juan Granero.

20:00 h – 21h00

Conversaciones sobre el curvismo –a cargo de Carolina Dolado y Fernando Ron. Con la participación de los artistas Rafa Macarrón y Manolo Oyonarte.

Viernes 16 de junio de 2017: EXPERIENCIAS DE UN COMISARIADO

19:30 h – 20:00 h

Ignacio Valle: aprendizajes de un comisariado –a cargo de Javier Jiménez y Diego Cerrillo.

20:00 h – 20:30 h

Clausura –a cargo de Diana Michelow y acompañantes.

20:30 h – 21:00 h

Lectura de poemas y escritos de Ignacio Valle –a cargo de los alumnos de la ELU.

La exposición se podrá visitar de 10-14 horas y de 17-21 horas del 2 al 17 de junio.

Es importante confirmación de la asistencia a través de este formulario:

https://docs.google.com/forms/d/e/1FAIpQLSe4TcHa6lT1L0sagK64aFGBRL6ImcMQre_bcAs8n6bzVjebUw/viewform?usp=sf_link

 

 

 

Cultura amanecer

Madrid – Irene Cedenilla

Por: Comunicación ELU

Tal vez recorra mil rutas y senderos
y puede, además que bautice autopistas;
navegaré por mares y riachuelos;
subiré montañas, bajaré colinas.
Recorreré ciudades con sus calles y avenidas
y me empaparé de culturas que no son la mía.
El mundo entero será entonces mi casa,
una noche tras otra, día tras día.
El tiempo pasará rápido,
haciendo que el recuerdo se desvanezca
de lo que un día fuera mi casa,
de lo que un día feliz me hiciera.
Más cuando pida mi cuerpo volver al hogar
y la noche fría me empuje a morir
el corazón y el alma rogarme querrán
siempre ver amanecer en Madrid.

Irene Cedenilla

Cultura johnny cash

Johnny Cash: poeta de los oprimidos

Por: Comunicación ELU

Entre las fuerzas de la naturaleza, mi preferida es Johnny Cash. No me cabe duda de que el magnetismo que ejerce sobre nosotros resulta, en buena parte, de su credibilidad. Una credibilidad que brota de la honestidad del mensaje que comunica, de su música simple, directa y diáfana, sostenida por una voz que parece provenir del centro de la tierra.

Su música y voz fueron desde temprano vividas desde una conciencia atípica y genuinamente artística: ponerse al servicio de la realidad en fuga, cuando ésta se abre en un destello capaz de transportarnos a su origen profundo. De ahí que Johnny interpretara desde sus comienzos letras escritas por otras manos que la suya, ritmos, estilos y formas siempre frescas, eludiendo sin cesar la etiqueta. Si se topaba con una buena canción, fuera de quien fuera, él le rendiría culto y la serviría aportando lo mejor de sí mismo.

El mensaje fue otra de las cosas a la que prestó pleitesía. Poeta de los oprimidos, cantó aquello que amaba, inundando el mundo con la nostalgia de América, sus paisajes, su historia y los valores irrenunciables del Sur. La más persistente de sus certezas fue el considerar que el deseo humano no se equivoca cuando pide a gritos más, y más, y más. Esta certeza empapó de sentido religioso su obra e hizo de la redención una clave fundamental de su música.

Antes de pasar a considerar el tema de la redención en la música de Johnny Cash, digamos algo sobre su vida.

Del campo de algodón a los estudios de Sam Phillips

Nacido durante la Gran Depresión americana, en una humilde familia de granjeros, Johnny conoció pronto la austeridad y el esfuerzo que nace del afán de vivir. Su padre Ray fue un modelo de diligencia y responsabilidad, aceptando cualquier oportunidad que supusiese un plato de comida para su familia (a veces literalmente, siendo un poco de comida el medio de pago en aquella época de indigencia). Johnny vería otras veces a su padre saltar al tren para ir detrás de algún posible trabajo temporal. La imagen mítica del ferrocarril quedaría en el imaginario de Johnny, y saldría a luz en su primer álbum conceptual Ride this train (1960).

Cuando la familia Cash por fin alcance cierto grado de estabilidad –afincándose en Dyess, una colonia agrícola promovida por el New Deal de Roosevelt– un desbordamiento del río Mississippi  los enfrenta al desafío de tener que recomenzar desde cero. También de aquella dura experiencia Johnny sacaría un álbum  (y una canción): Five feet high and rising (1974). Toda la familia contribuyó para superar aquél golpe. Son los años en los que Johnny dedica las tardes después de clase a colaborar en la cosecha de algodón. El soul, como no podía ser menos, regala a Johnny la oportunidad de conocer desde muy pronto el carácter telúrico de la música. Allí en el campo, su hermana mayor le enseñará –casi proféticamente– algunos clásicos como Amazing Grace o Will the circle be unbroken?, cantando juntos contra la monotonía y el cansancio. La música sin embargo era mucho más que un antídoto contra la pesada carga del trabajo. Carrie Rivers, la madre de Johnny, provenía de una familia que hacía de la música una forma de vida, incluyéndola en el día a día, impregnando de sentido la rutina diaria. Escucharla cantar canciones populares en casa, y participar regularmente de los himnos en la Iglesia local, sólo podía predisponer más y mejor a sus hijos hacia ese lenguaje que Beethoven llamó alguna vez divino. Como le ocurrió a otros grandes y decisivos músicos contemporáneos (Elvis Priestly o Jerry Lee Lewis, por ejemplo), la música llegó a Johnny vinculada a la fe cristiana y vivida desde una fuerte conciencia comunitaria.

La inesperada y dramática muerte de su hermano Jack (mientras trabajaba cortando madera una sierra le perforó un costado) le enseñó el rostro amargo del dolor, y sin duda le mostró la hondura a la que debe enfrentarse la fe si es que no quiere convertirse en quimera.

El medio por el cual Johnny salió de la estrechez de Dyess fue uno muy común en su época para los jóvenes de escasos medios económicos: el ejército. Se especializó como operador de radio y fue enviado a Alemania. De estos años salió Johnny con una esposa (su primera mujer y madre de cuatro hijas, Vivian Liberto) y con el extraño honor de ser el primer americano en enterarse de la muerte de Joseph Stalin. Una vez abandonado el ejército, Johnny conseguiría su primer trabajo como vendedor ambulante de equipos electrónicos. Si bien en el futuro sería una imagen de marca, disputada en el mundo del marketing, su primera incursión comercial fue poco gloriosa: no servía como vendedor. Pero ya se acercaba el momento decisivo en que todo cambiaría, a partir del día en que Johnny, acompañado de Luther Perkins y Marshall Grant, cantara ante Sam Phillips, el visionario director de Sun Records.

Ascenso al podio, descenso a los infiernos

Sun Records era por entonces una discográfica lo suficientemente grande para hacerse oír en todo el país y lo suficientemente pequeña para correr riesgos y apostar fuerte. Aunque Johnny y su grupo se presentaron con un repertorio de góspel (un género de limitado público), Sam Phillips reconoció en la particular voz y appeal de Cash una apuesta segura. El impulsor de Elvis y llamado por algunos “inventor del rock`n´roll” será el primer mentor musical de Johnny, con quien producirá varios de sus temas más reconocidos. De la mano de Sun Records llegará el éxito y la fama. Entre 1954 y 1956 “Johnny Cash and The Tennessee Two” aprenderán el oficio del músico tocando sin parar en bares, cafeterías, teatros y radios locales, sirviendo a veces de teloneros de artistas más reconocidos. Hacia finales del 55´Folsom Prision Blues, pegadiza en la melodía y novedosa en la manera de contar la historia de un preso, será bien recibida por el público y preparará el terreno al prometedor artista. El siguiente hit, con mayor resonancia, no se dejará esperar y supondrá un antes y un después en la carrera de Johnny. I Walk The Line resulta un éxito inmediato y repercutirá a nivel nacional. A partir de este momento, Johnny Cash jugará en las grandes ligas sin descender jamás. Una imagen que capta bien este momento en la vida de Johnny, es  la del “Million Dollar Quartet”, cuando una tarde de finales del 56´, cuatro grandes de la nueva música coincidieron espontáneamente en los estudios de Sam Phillips.

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Al lanzamiento de temas y álbumes, acompaña la vida en carretera, recorriendo EEUU en una trepidante carrera de éxito. En el 58` sale su primer álbum con Columbia The fabulous Johnny Chash, al que seguirán en muy poco tiempo otros, como Hymns By Johnny Cash o Songs of Our Soil. Es por esta época de giras y promoción continua cuando comienza el romance con las anfetaminas. Al comienzo Johnny veía en las pastillas un aliado contra el agotamiento de las giras, una forma de conservar el buen espíritu ante su ávido auditorio. Tal vez por esta razón ni él ni quienes le rodeaban mostraron preocupación; al fin y al cabo era una medicamento que Johnny obtenía por prescripción del médico. El asunto de las pastillas, sin embargo no tardaría en salirse de control. Su carácter empezó a verse afectado, ausentándose a veces de los estudios sin explicación, o de algún evento que debía ser repentinamente cancelado. Por el efecto de las drogas fue incapaz de reaccionar con prontitud ante un incidente que provocaría un incendio de gran magnitud en California. Otro momento paradigmático ocurrió en 1965 poco después del asunto del incendio. Cuando su tropa reparó en que Johnny nunca había vuelto al hotel después de una noche de parranda, comenzaron a llamar a amigos y conocidos en el afán de encontrarlo. No sería hasta unos días después cuando recibieran noticias de Johnny: había sido detenido bajo arresto en El Paso, en posesión de un alijo de 668 pastillas de Dexedrina y 475 de Equanil. Como escribiera en su autobiografía de 1975,

“I´d talk to the demons, and they talk back to me –and I could hear them. I mean they´d say, ´Go on John, take 20 more milligrams of Dexedrine, you´ll be all right`” (Hablaba con los demonios, y ellos me contestaban –Y podía oírles. Es decir, me dirían: Vamos John, toma 20 miligramos más de Dexedrina, estarás bien).

Si la relación con su mujer Vivian se había resentido por el nuevo estilo de vida de Johnny –casi siempre en carretera, poco en casa –las drogas acelerarían la crisis llevando a la ruptura y separación en el 66` y posterior divorcio (a principios del 68´).

En una ocasión en que la familia Cash se juntó a conmemorar el aniversario del fallecido Jack, Johnny golpeó, en frente a toda su familia, a su hermano Tommy, después de que éste le reprochara el estado en que se encontraba. Su familia y amigos empezaron a temer que no hubiese solución al deterioro psíquico y físico en que se encontraba. Gracias sin embargo a la paciencia y el amor de aquellos que le rodeaban, y también a la propia decisión del músico, 1968 sería el año en que comenzara a salir del laberinto de la droga. Sin duda una persona clave en este proceso fue June Carter.

Johnny & June

June Carter se unió al tour de Johnny a principios de los sesenta, en un acuerdo que beneficiaba a ambos: a Johnny, que necesitaba una voz femenina (y que siempre había admirado a La Familia Carter) y a June, que había visto como las ventas del grupo que formaba con su madre y sus hermanas caían hasta el punto de ser insuficientes para mantener una familia. Pronto formaron un excelente tándem arriba del escenario, y en este punto, la película que tiene a Joaquín Phoenix y Reese Whiterspoon como protagonistas es un buen reflejo de la química que existía entre ellos cuando se subían a las tablas. A medida que la confianza crecía entre la pareja, June comenzó a intervenir en el asunto de las pastillas, limpiando, buscando y eliminándolas allí donde las encontraba. Fue June una de las más activas del círculo interno de Johnny que se unió para buscar una solución a su problema. Poco a poco, Johnny conseguiría domar a sus demonios (aunque no sin recaídas), y comenzaría una nueva etapa. Los años más intensos de la droga habían repercutido también en la calidad de su música  y hacía falta volver a cosechar un éxito importante si quería seguir en lo más alto. Ese éxito vino con un clásico de la marca Cash: Johnny Cash At Folsom Prision, un álbum grabado íntegramente en la cárcel ante un auditorio de 2000 prisioneros.

Poco después se casaría con June Carter, e iniciaría una época de estabilidad, en las que su figura se asentaría todavía más en el imaginario americano. Un refuerzo de su imagen se lo daría su papel de anfitrión en el Johnny Cash Show, para la cadena ABC. Y también su compromiso político, como cantar para las tropas en Vietnam, o apoyar a las comunidades indígenas de América (algo que había comenzado tiempo atrás con canciones como The Ballad Of Ira Hayes). El mismo que mantenía buena  amistad con artistas como Bob Dylan o Janis Joplin, participaría de los festivales multitudinarios que convocara el predicador Billy Graham, por ejemplo el Jesus Musical Festival Explo del 72´ al que asistieron más de 100.000 personas, y que fue bautizado por Graham como el Woodstock religioso.

Johnny, que había formado parte de esa generación pionera del rock, y al mismo tiempo había sido capaz de mantenerse a flote durante la explosión de géneros musicales entre las décadas de los 60´ y los 70´ (sosteniendo la música Country entre los vaivenes de las novedades), apenas sí resistió los embates del pop ochentero. A pesar de estar en cierto sentido a la sombra de la música del momento, aquella fue curiosamente la década del reconocimiento, recibiendo el honor de entrar en el Salón de la Fama de la música Country (más adelante ingresaría también en el Salón de la fama del Rock and Roll y del Gospel). Entre las novedades de aquellos años habría que contar sin duda el grupo que formó con otros grandes nombres del Country  (The Highwaymen: Johnny Cash, Kris Kristofferson, Willie Nelson y Wailon Jennings). Aparte de ello, su actividad se redujo a los conciertos que siguió dando a sus fans, y las causas solidarias en las que participó.

Al entrar los 90´ parecía que su momento por fin había llegado, y después de cargar en sus espaldas una tras otra a varias generaciones, había que dar un paso atrás y ceder el testigo. Su propio cuerpo parecía incluso pedir un cese; su salud cada vez más comprometida (desmayos, cirugía de bypass, neumonía…) no parecía pedir otra cosa.

Ain´t no grave

La última década en la vida de JC, musicalmente no fue más que la simple suma de guitarra, y voz. Ese fue el cocktail que preparó Rick Rubin y que sirvió Johnny Cash en el álbum American Recordings, y la serie que siguió a partir de aquél éxito. Después de varias décadas, un Johnny maduro volvía a conectar con aquél joven protegido de Sam Phillips. La entrega de Johnny fue completa y a medida que pasaban los años, su salud decaía y la muerte asomaba su rostro, la voz del anciano y enfermo Cash resonaba con más fuerza que nunca. Ese fue el Johnny Cash que conectó con una generación tan distinta a la suya, con versiones tan potentes de canciones como One (U2), Personal Jesus (Depeche Mode) o la aclamada por la crítica Hurt (Nine Inch Nails). Y operó el milagro: Johnny volvía a escalar la cima.

Es en este punto de la vida –y muerte– de Johnny (murió en 2003, mientras trabajaba en American Recordings VI: Ain´t no grave) donde retomamos el tema que dio pie a este artículo: la redención en la música de Johnny Cash.

Su último álbum es el colofón de una preocupación continua en Cash, que no se reduce a una bajada musical de su experiencia en la recuperación de las drogas. Si nos retrotraemos a los comienzos de su andar, vemos que, por un lado la música de temática religiosa estuvo siempre presente. Por otro, también muchos de los temas profanos hablan de la necesidad del hombre de salir de los enredos a los que su libertad lo ha conducido. Folsom Prision Blues, aquél éxito de los 50, no sólo trata de la vida de un preso común, sino de la misma condición humana; en palabras de Johnny,

“Most of us are living in one little kind of prision or another, and whether we know it or not the words of a song about someone who is actually in a prision speak for a lot of us who might appear not to be, but really are” (Muchos de nosotros vivimos en una pequeña cárcel, de un tipo u otro, y más allá de que lo sepamos o no, las palabras de una canción sobre alguien que está de hecho en una prisión, habla por muchos de nosotros que aparentemente no lo estamos, cuando en realidad sí).

Como si aquél comienzo fuese profético, la propia vida de Johnny lo llevaría a experimentar la debilidad y fragilidad de la voluntad, ese querer y no poder. Vida y obra comienzan cada vez más a ser una misma cosa, y entre medio, da voz a los oprimidos, a los desechados de la sociedad, a los renegados. En carne propia experimenta su incapacidad para salir adelante si no es aferrado por una mano que lo impulse y lo rescate. La lectura que él mismo hace de los hechos de su vida y las redenciones continuas– lectura que comparte con sus allegados –está completada por la fe. No es que Johnny se convirtiese al cristianismo después de salir de las drogas; su certeza había arraigado ya en la infancia, y su caso fue el de un cristiano adicto, de un pecador salvado que vuelve una y otra vez a caer. Por ello su mirada cristiana nunca fue dialéctica, dividiendo el mundo entre justos y pecadores:

“I´d been converted when young but I gave my body to the devil and I really went through hell” (“Mi conversion me llegó de joven, pero di mi cuerpo al diablo y realmente pasé por un infierno”)

En el momento de tocar fondo en el asunto de las drogas, cuando Johnny no podía sentirse más hundido en el abismo, tomó una decisión desesperada. Tal como lo cuenta en su autobiografía del 97´, se dijo a sí mismo: “Go into Nickajack Cave and let God take me from this earth and put me wherever He puts people like me” (Ir a las cuevas de Nickajack y dejar que Dios me saque de este mundo y me ponga donde pone a las personas como yo). Una imagen que describe la agonía del que desespera: desear desaparecer, no ser, o acaso ser tragado por la tierra. Poderosa imagen que tiene su paralelo musical en el Sinnerman de Nina Simone.

Se metió en aquellas cuevas y durante horas se arrastró hacia sus profundidades, hasta que la batería de la linterna se apagó y quedó sumido en la oscuridad y el silencio más absoluto. Allí vivió una epifanía, “I thought I´d left Him but He hadn´t left me” (“Creí que Lo había dejado atrás, pero Él no me había abandonado”).  Con dificultad y esfuerzo consiguió salir, y fue cuando tomó la decisión de hacer lo posible por enterrar al hombre viejo que tiraba de él hacia abajo. Se puso en manos de sus amigos y allegados, y con ellos llevándolo de la mano, salió del túnel sin fondo en el que se había perdido años atrás.

“In 1967, I won, through God, the victory over drugs, through human anchors that He sent me” (“En 1967 gané, gracias a Dios, la victoria sobre las drogas, a partir de las anclas humanas que Él me envió”)

Aun cuando esta experiencia es innegable, la redención como tema que empapa su música no es sólo aquella que afecta al drama personal. Es también la injusticia informe, esa que clama al cielo, surgida de las estructuras deficientes creadas por el hombre. Es esta injusticia estructural y cósmica contra la que Johnny se rebela con la fuerza de su voz y su compromiso social. Recordando la dureza con que la policía de Jamaica trató a los ladrones que le robaron con cierta violencia a él y su familia durante sus vacaciones de 1981, Johnny diría:

“What´s my stance on unofficially sanctioned summary justice in the Third World? I don´t know… What´s yours?… I´m out of answers. My only certainties are that I grieve for desperate young men and the societies that produce and suffer so many of them, and I felt that I knew those boys (“¿Cuál es mi posición frente a la justica sumaria extra-oficial en el Tercer Mundo? No lo sé. ¿Cuál es la tuya?… No tengo una respuesta. Mi única certeza es mi duelo por aquellos jóvenes desesperados y por la sociedad que produce y sufren tantas personas, y siento que conocía a esos muchachos”).

La canción The Man Comes Around (título además del IV Álbum de la serie de American…) es sin duda un poderoso reclamo –apocalíptico – de esta redención completa del mundo y todo lo que lo habita.

Y llegamos así a su testamento musical-existencial: American VI: Ain´t no grave, su álbum póstumo, grabado mientras camina la línea de la vida y de la muerte. Se trata en esencia de un canto a la esperanza. Allí encontramos su versión de I Corintios 15, 55 en donde la aparente derrota del calvario deviene en la gloriosa Pascua que ya asoma:

Oh death, where is thy sting?

Oh grave, where is thy victory?

Oh life, you are a shining path

And hope springs eternal just over the rise

When I see my Redeemer beckoning me

Y con ello llegamos al punto final de este artículo-homenaje. Con el mismo deseo que le hizo cantar Ain´t no grave, la misma promesa que él vivió en muchos momentos, de forma adelantada:

No hay sepulcro ni losa que pueda retener tu cuerpo, Johnny.

Santiago Huvelle

(ver artículo original)

Cultura vguelos1

Experiencia Cultural – “Vuelos”

Por: Comunicación ELU

El pasado 20 de diciembre emprendimos un viaje de la mano de la compañía de danza contemporánea Aracaladanza. Durante cincuenta minutos volamos envueltos en luces, música y movimiento, acercándonos a Leonardo da Vinci de una forma completamente nueva. Dos de nuestras mentoras, Sabrina y Ainhoa, se habían reunido con el director, Enrique Cabrera, al cual habían preguntado cuál era la mejor forma de vivir esta experiencia y en qué debíamos de fijarnos. “Ninguna”, había respondido él. Y así, a la entrada del Teatro de la Abadía, ellas nos transmitían las palabras del creador de Vuelos, invitándonos a dejarnos sorprender, a acercarnos como niños y a atrevernos a soñar.

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Efectivamente, Vuelos es un espectáculo creado para los sentidos, inspirado en el legado del genio del Renacimiento, que te transporta a su mundo creador, a la utopía del hombre que soñó con volar, imaginando más allá de lo posible. “No existe un hilo narrativo”, nos explicaban los bailarines, con los que tuvimos el privilegio de hablar después de la función. Son “cuadros” que a través de la danza, la música y la luz, transportan a distintas emociones, sugieren ideas y rompen con los esquemas tradicionales buscando nuevas figuras que reivindican libertad, “porque las alas de la imaginación, nos hacen libres”.

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Tal y como Leonardo sobrevoló los límites de la imaginación, un grupo de afortunados ELUs volamos juntos esa tarde, y os animamos a todos a que probéis cómo se siente.

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Beatriz Vázquez de Miguel

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El Mr. Holmes de Bill Condon

Por: Comunicación ELU

 

En mayo de 2012, coincidiendo con el lanzamiento en DVD de Sherlock Holmes: juego de sombras (RITCHIE, 2011), la Guinness World Records anunció que, hasta la fecha, Sherlock Holmes era el personaje de ficción “humano” que más veces había aparecido en adaptaciones cinematográficas y televisivas. Un total de 254 apariciones en pantalla —48 más que Hamlet, la siguiente figura literaria en popularidad— y más de 75 actores habiendo encarnado al detective desde finales del siglo XIX avalaban tal anuncio (LEDWITH y ENOCH, 2012). ¿Qué puede añadir, entonces, una nueva entrega de sus andanzas al universo ficcional del personaje?

Cuando uno repasa la filmografía holmesiana, se encuentra todo tipo de adaptaciones, desde réplicas escrupulosamente fieles a la obra de Arthur Conan Doyle hasta revisiones libres realizadas no tanto a partir del original literario cuanto del mito presente en la cultura popular. Para entendernos, desde el Holmes escrupuloso, elegante y sereno de Jeremy Brett (COX, 1984-1994) —que muchos lectores de Doyle consideran como el más parecido al Holmes primigenio— hasta el estrafalario, exadicto y tecnófilo consultor de la policía de Nueva York de Jonny Lee Miller (DOHERTY, 2012-) o el Holmes borrachín, perezoso, mujeriego y farsante de Michael Caine (EBERHARDT, 1988). Nada nuevo, en realidad. Con más de un siglo de vida, el personaje de Holmes y las coordenadas básicas (temáticas, psicológicas) que componen su universo narrativo hace tiempo que trascendieron el molde inicial para instalarse en el imaginario colectivo. Y es que la pareja formada por Holmes y Watson remite a numerosos universales humanos: idealismo y realismo, la búsqueda de la verdad y de la justicia, el amor, la amistad y la soledad, el lugar de la inteligencia en el conjunto de la vida humana… Además, simbólicamente, también remite a otras parejas literarias, siendo quizá la de Quijote y Sancho la que más a mano tenemos los lectores hispanos.

Acaso no haya mejor manera de probar la vigencia del personaje que lanzándoles una pregunta. ¿Alguno de ustedes no conoce a Sherlock Holmes? Y otra más. ¿Dirían que es un tipo listo? Si, como imagino, contestaron que “no” a la primera y “sí” a la segunda, entonces están en perfecta disposición para disfrutar la película que aquí se comenta. Lo están porque, si les suena el personaje, podrán divertirse estableciendo conexiones y comparaciones con según qué Holmes hayan convivido y/o privilegien en sus recuerdos. Pero también lo están porque si entienden que Holmes es inteligente, posiblemente es que ya estén en posesión, consciente o inconsciente, de una idea sobre lo que es la racionalidad humana. Las líneas que siguen simplemente pretenden esbozar una breve reflexión a partir de estos dos ejes, a saber, la reinterpretación del mito de Holmes y la consideración sobre la inteligencia que se desprenden de la película de Bill Condon.

Una paradoja actual
Hablar de Sherlock Holmes en nuestro tiempo no deja de tener algo de paradójico, pues es hablar de un símbolo de la inteligencia en una época que desconfía de la racionalidad. ¿Qué época? La posmoderna, por supuesto, caracterizada por un modo de pensar y vivir que encuentra eco en el ámbito estético, en el filosófico y en el sociopolítico y que, en aras de la brevedad, podríamos resumir como una actitud de sospecha.

Una actitud no es algo que se pueda teorizar ni concluir a partir de un razonamiento, pero sí se puede rastrear en sus orígenes e indicar en sus manifestaciones. Seguramente, las raíces de la sospecha posmoderna se hallen en los tres autores —Marx, Nietzsche y Freud— que Paul Ricoeur (1973) etiquetó como “maestros” de la sospecha y cuyo pensamiento, si tiene algo en común, es justamente la sospecha de la exaltación ilustrada de la razón, cuyos adalides presentan como garantía de saber cuando, en realidad, está condicionada por intereses económicos y de clase, es incapaz de conocer un mundo que es irracional y, además, está dirigida por el inconsciente dinámico.

De aquellos polvos, estos lodos, pues ¿de qué sospecha el posmoderno? Fundamentalmente, del saber (LYOTARD, 1987). El posmoderno rechaza que haya algún conocimiento “privilegiado” acerca del mundo, de la historia, del ser humano, de Dios. Las distintas explicaciones que podemos encontrar en la ciencia, en la filosofía, en la literatura, en la economía, en la historia, en el arte… no son más que relatos, ficciones, que pueden ser más convincentes o persuasivos según quién lo defienda, pero que en modo alguno son más “verdaderos” que otros relatos, vengan de donde vengan (parapsicología, medicina mágica, astrología…). El conocimiento que tenemos del mundo es contextual, depende del momento, de las ciencias que en cada época tengan más prestigio, de los movimientos políticos, los proyectos de investigación financiados por la industria y los gobiernos, del grado de difusión que tienen ciertas investigaciones en prensa y medios… En última instancia, el mundo tal como es no se puede conocer, de ahí que haya que sospechar de cualquier discurso que se presente como un modo de “saber”. En contra del proyecto moderno y su ideal de un conocimiento racional perfecto o basado en fundamentos incorregibles, el posmoderno enfatiza que la racionalidad y el conocimiento humano siempre es interesado (FLAMARIQUE, 2010: 63-66), de ahí que a lo sumo pueda proponer una racionalidad débil.

Espiritualmente, por tanto, nuestro tiempo está muy lejos de aquel optimismo decimonónico basado en el auge de la ciencia y el positivismo que flotaba en el ambiente cuando Doyle escribió los relatos originales y que recoge magistralmente la película Sherlock Holmes y el arma secreta (NEILL, 1943) cuando su protagonista concluye que “no hay problema creado por la mente humana que la mente humana no pueda resolver”. El relato policial y detectivesco clásico, en efecto, partía de una cosmovisión para la cual “la realidad puede ser no sólo conocida sino también controlada, ordenada tanto por la lógica como por la justicia” (PARDO GARCÍA, 2007: 250). En las obras de Doyle, Agatha Christie o Edgar Allan Poe lo racional triunfa sobre lo irracional y el orden se restaura tras el desafío al mismo representado por el crimen, generando así en el lector y/o en el espectador un sentimiento de seguridad y confianza epistemológica y moral. De esta manera, el relato “efectúa una especie de exorcismo racional de la irracionalidad y refleja una visión optimista y una actitud positivista ante una realidad potencialmente caótica” (PARDO GARCÍA, 2007: 250). El misterio se comprende, el caso se resuelve, los culpables son descubiertos y reciben su castigo.

El contraste con nuestra época no puede ser más pronunciado, pues si algo es cualitativamente paradigmático en muchos de los relatos detectivescos que se escriben o ruedan hoy en día es su carácter anti-detectivesco, esto es, la negación o cuestionamiento de que la mente humana pueda encontrar o dar sentido al mundo. El rasgo fundamental de este tipo de relato es, justamente, “la suspensión de la solución, la no solución o la parodia de la solución, para así enfrentar al lector con la ininteligibilidad o la indeterminación del mundo: nada mejor para mostrar tales ideas que poner en escena un detective que se esfuerza por dar solución a un enigma pero que no lo encuentra o, si lo hace, es una solución problemática” (PARDO GARCÍA, 2007: 251-252).

Bastaría recordar La muerte y la brújula, de Jorge Luis Borges (1997 [1942]), o Insomnio de Christopher Nolan (2002) para entender de qué estamos hablando.

De ahí, en definitiva, lo llamativa que resulta la pervivencia de un personaje como Sherlock Holmes, cuyas historias nos ayudan a ver el mundo de un modo en que predomine el orden sobre el caos, el ser sobre la precariedad de la existencia. Dejando a un lado sus continuaciones literarias, la vigencia de este mito en la pantalla, hoy, sólo se explica por los sucesivos intentos de distintos autores por desmontar —parcialmente, claro— la visión idealizadora de la inteligencia que contiene el relato canónico. Así, por ejemplo, en La vida privada de Sherlock Holmes (WILDER, 1970) la inteligencia puede ser vencida por el corazón; en la serie Sherlock (GATISS y MOFFAT, 2010-) puede conducir al aislamiento y a resolver problemas sin comprenderlos; y en Mr. Holmes la capacidad analítica se ve fatalmente limitada por la edad y la memoria.

La ficción como necesidad humana
En su concepción inicial, Mr. Holmes comparte algunos rasgos del relato anti-detectivesco. La acción se sitúa en 1947, en una casa de campo donde reside un avejentado Sherlock Holmes, retirado desde hace tres décadas tras haber sido incapaz de resolver un caso. Peina 93 años y la mayoría de sus allegados ha fallecido: de Watson, Mycroft, la señora Hudson, el inspector Lestrade o el doctor Moriarty sólo queda el recuerdo. Y apenas. Sólo Roger, el hijo del ama de llaves, hará las veces de aprendiz, instando al otrora mítico detective a que termine de escribir el relato de aquel misterio no resuelto. ¿Inconveniente? Que a duras penas puede Holmes rememorar todos los detalles. Sabe que el caso terminó mal, pero no por qué. “Debo haber hecho algo terrible”, se dice a sí mismo.

A partir de aquí, la película retoma el formato detectivesco clásico para narrar tres “casos” distintos: en el presente inmediato, Holmes y el pequeño Roger procuran averiguar qué o quién está causando la muerte de las abejas que el anciano cuida a diario; en el presente más extendido, Holmes evoca un viaje reciente a Japón, a donde se desplazó a instancias de un corresponsal para encontrar una planta peculiar; y, por último, la película retrocede a 1919, en que el detective acepta el caso de Ann Kelmot, una mujer “hechizada” por una profesora de música.

Ciertamente, en la película se “resuelven” todos los casos. Y, de alguna manera, en las tres subtramas subyace una justificación lógica, acorde a la personalidad del protagonista, que practica la apicultura para obtener jalea real y demostrar sus propiedades curativas, que acude a Hiroshima para buscar una planta con que paliar sus deficiencias cognitivas, y que es capaz de descifrar las consecuencias psicológicas de la maternidad frustrada en la conducta errática de una esposa solitaria.

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Imagen 1. Holmes y Ann Kelmot, dos almas solitarias. Mr. Holmes (2015)

Bill Condon articula estos hilos mediante una puesta en escena correcta y predecible, así como de un montaje preciso y ajustado (tras la presentación de los personajes y su entorno, a los veinte minutos de metraje se introduce el caso Kelmot, que se retoma con fuerza en el segundo acto de la película, veinte minutos más adelante). Con todo, a primera vista, el resultado final del film es un tanto desigual, y así lo destacaron los cronistas tras su primera proyección en el Festival de Berlín 2015. Muchas de las críticas que, tras su estreno comercial, recibió el film replicaban las que ya generó la novela original de Mitch Cullin (2005) en que se basa la historia, a la que, básicamente, se le achacó rebajar en exceso al detective presentándolo como un mero anciano senil, detenerse más de la cuenta en la descripción de las labores apicultoras y, sobre todo, no presentar un caso central más absorbente. La adaptación de Jeffrey Hatcher hace lo que puede por integrar mejor el motivo de las abejas y modifica sustancialmente el dramático final de la novela pero, aún así, se echa en falta algo más de ambición a la hora de desarrollar la subtrama en el pasado.

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Imagen 2. Las abejas muertas, metáfora del deterioro del protagonista. Mr. Holmes (2015)

Que el más grande de los detectives solucione un caso pero sea incapaz de impedir su fatal desenlace no es novedoso en los relatos de Holmes ni le resta un ápice de grandeza al personaje. Lo que, hasta ahora, no habíamos visto en pantalla —aunque, últimamente, es un tropo que aparece cada vez más, como en Remember (EGOYAN, 2015), sobre la incapacidad un superviviente del Holocausto para encontrar al criminal de guerra responsable de la muerte de su familia— es que Holmes tiene un adversario mucho más poderoso que cualquiera de sus enemigos: el tiempo. Precisamente, es este apunte crítico-realista sobre el intelecto humano el detalle anti-detectivesco que hace que Mr. Holmes prolongue la vigencia del mito. ¿Cómo resolver un caso cuando la propia constitución física del detective lo dificulta o impide? La respuesta de la película es clara y, a la vez, sugestiva: a través de la ficción.

Tanto en la escritura como en la resolución de problemas no deja de haber una cierta lucha contra el tiempo, manifiesto tanto en el esfuerzo del investigador por reconstruir las condiciones de un problema tal que quede cancelado como en la pretensión del relato de estructurar lo que en la vida real no se da de forma ordenada y, de paso, perdurar en la memoria de los lectores. Acaso el ánimo infatigable con que el Homes literario y cinematográfico acomete cada uno de sus casos no haga sino revelar una singular forma de huída del vacío existencial o, viceversa, un ansia de hallar sentido a la vida (recordemos que otro de los lugares comunes del universo holmesiano es, justamente, el aburrimiento del personaje cuando carece de casos, quizá porque no sabe ver en la vida corriente nada asombroso). Sea como sea, en Mr. Holmes es sólo a través de la re-escritura de Sherlock Holmes y la dama de gris —la novelización del caso Kelmot por parte del doctor Watson que nunca satisfizo a su partenaire— que Holmes será capaz de trascender la verdad de los hechos y usar su razón a un nivel más allá de lo lógico, lo analítico y lo instrumental. Será capaz de comprender, un tipo de conocimiento de contornos más imprecisos que, según Hannah Arendt, implica enfrentarse a la realidad y reconciliarse con ella, en particular con el sufrimiento, cuyo afrontamiento engendra sentido y vínculo con el otro (LUDZ, 2010: 14-16).

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Imagen 3. “Estimado sr. Umezaki…”. Mr. Holmes (2015)

¿Y qué es lo que comprende Holmes? Que los seres humanos necesitamos algo más que la verdad de los hechos, los cuales son susceptibles de ser descritos con verdad… aunque carezcan de significado. ¿Es casual que los dos flash-back de la película se sitúen en 1919 y 1947, al cabo de las dos guerras mundiales, acaso la máxima expresión de irracionalidad acaecida durante el siglo pasado? Cuando Holmes visita Japón, rápidamente descubre las intenciones de Umezaki, el guía que le ha llevado hasta allí y que ahora pretende que el detective le revele la verdad sobre su padre, un diplomático nipón que hace tiempo abandonó a la familia y alegó hacerlo por consejo del propio Holmes. “No sería el primer hombre en ocultar su cobardía bajo un manto de sacrificio” deduce con rapidez Sherlock a partir de los hechos del caso. ¿Suficiente? En modo alguno. La carta final (y ficticia) que Holmes dirige a Umezaki, corroborando (y embelleciendo) en primera persona la historia del padre, se erige así en un bello y emotivo testimonio de la necesidad humana de la ficción, una cuestión meta-literaria que constituye lo mejor de Mr. Holmes.

Juan Pablo Serra Bellver

(Alberto Fijo (ed.), Cine pensado: estudios críticos sobre 30 películas estrenadas en 2015, Fila Siete, Sevilla, 2016, 185-193)

Mr. Holmes
Ficha
Dirección: Bill Condon
Guión: Jeffrey Hatcher, a partir de la novela de Mitch Cullin
Fotografía: Tobias A. Schliessler
Montaje: Virginia Katz
Música: Carter Burwell
Diseño producción: Martin Childs
Vestuario: Keith Madden
Intérpretes: Ian McKellen, Laura Linney, Milo Parker, Hiroyuki Sanada, Frances de la Tour
Duración: 103 min.
País: Reino Unido
Distribuidora en España: DeaPlaneta
Estreno en España: 21.08.2015

 

Cultura x-c1

GAWCOTT FRENTE AL CIS. UNA REFLEXIÓN SOBRE “LO NUESTRO”

Por: Comunicación ELU

Recién publicados los resultados de intención de voto de la última encuesta del CIS previa a las Elecciones Generales del 26 de junio, ya han comenzado los análisis partidistas, los debates acalorados, el juicio sobre los “cocineros” de las encuestas y un sinfín de opiniones que, como politólogo, me interesan, no lo niego, pero mi cabeza ha comenzado a pensar en Gawcott. ¿En qué? ¿Por qué? Si se continúa leyendo, se entenderá.

Gawcott es un pequeño pueblo de no más de 1000 habitantes a 20 minutos de Oxford y unos 45 de Londres. Tuve la suerte de visitarlo hace un tiempo y me cautivó por varios motivos: De un lado, sus casas dignas de una revista de decoración; esas cocinas amplias con mesas de madera, hornos de hierro, teteras, manteles bordados con flores; los salones con chimenea, butacas y estanterías cargadas de libros; aquellos jardines con moreras o con casitas colgadas de los árboles para que coman y duerman los pájaros.

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De otro lado, el pueblecito mismo, con una iglesia preciosa, bien cuidada, y un cementerio aledaño donde descansan los restos de quienes han poblado aquel lugar desde hace siglos. Una escuela que nosotros diríamos “de pueblo” donde los niños parecen felices, sin nada que envidiar al niño más rico del planeta. El pub, The Crown, donde se bebe una cerveza artesanal del condado, se toman unos fish and chips realmente bien fritos y donde el olor a espuma se mezcla con el de la leña mientras llueve tranquilamente fuera.

Por último, las gentes del lugar. Como si de una atracción se tratase, nos recibieron como invitados especiales a los que cuidar y agasajar y a fe que así hicieron: comida casera, cerveza, vino, y sobre todo mucha conversación, muchas risas y mucho cariño. Salir a las 03:00 de la mañana del salón donde uno había entrado a las 20:00 sin dejar de beber (dado que el anfitrión no permitía que en momento alguno la copa estuviese vacía) y sólo tener que cruzar la calle para dormir plácidamente en la casa de tus amigos, no tiene precio.

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Idílico, ¿verdad? Sin lugar a dudas, así es. No me esperaba en absoluto que la experiencia fuese así. “Vamos a un pueblecito inglés”, me dijeron, y no quise emocionarme demasiado pues pensaba que no sería lo que uno espera que sea un pueblecito inglés. Tal vez por eso mi sorpresa fue doble, porque era exactamente como uno sueña que sea. Y si además los anfitriones (amigos nuestros) son el ejemplo de la generosidad, la hospitalidad y la simpatía, ¿qué más se puede pedir?

A la mañana siguiente me desperté el primero y bajé al salón de la casa de mis amigos. Estaba ojeando los libros y las revistas de la casa, cuando me encontré con dos papeles grapados que resultaron ser la Newsletter del pueblo. Por lo visto, además de idílico, el pueblo es participativo. En la newsletter se decían, entre otras, las siguientes cosas:

*1. Se acerca la Navidad, es momento de que decoremos nuestro pueblo. Nos citamos a tal hora en tal lugar.

  1. ¿Tienes una cena o simplemente quieres pasar una noche fuera con tu pareja? Soy Sally, alumna del colegio y me ofrezco como au-pair.
  2. El horario de biblioteca es de 10:00 a 16:00. Alguien la está cerrando antes. Por favor, deje de hacerlo por el bien de los vecinos (apunte: la biblioteca es una cabina de teléfono con estanterías).
  3. Crónica del Rememberance Day que se celebró el día 11 de noviembre.

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A este tipo de actividades, pensé, se une la celebración regular de fiestas en las casas de los vecinos para integrar a nuevos residentes (y eso es mucho considerando que gran parte de los residentes en Gawcott son de otras partes de Inglaterra y del mundo -escoceses, irlandeses, australianos, una española…), y me generó cierta envidia. Envidia, y cierta amargura, porque de pronto volví de Gawcott a los resultados del CIS, a los tertulianos, periodistas y canales despotricando unos contra otros, a la cruda realidad patria.

Ahora bien, antes de dejarme llevar por la desazón, decidí tomar perspectiva. ¿Cruda realidad patria? ¿De qué nos quejamos, de que no somos como Gawcott? Eso nada tiene que ver con haber nacido aquí y no allí, sino con lo que decidimos hacer con las oportunidades que nos han sido dadas y con las personas que, por uno u otro motivo, nos han tocado en suerte. Si nos fuéramos todos a Gawcott, ¿nos adaptaríamos, mejoraríamos o estropearíamos el ambiente? No lo sé, pero está claro que de nosotros dependería una u otra cosa. Exactamente igual que lo que pasa en nuestro entorno, en nuestro campus, lugar de trabajo, barrio, ciudad o país.

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Siempre he pensado que hay que tener muchas agallas para hacer como Edward Bloom y marcharse de Spectre (si alguien no sabe a qué me refiero, que vea Big Fish urgentemente). El pueblo es idílico, pero es la propia vida la que está aún por hacer. Y la mía ha de ver con los alumnos que me tocan en el aula (y ellos han de soportar al profesor que el destino les ha puesto en su camino), con Podemos, Ciudadanos, el PP, el PSOE, ERC, la CUP y resto de la cohorte política, con las finales que los atléticos perdemos contra el Real Madrid (¡Aúpa Atleti!), con lo mejor y peor de la cultura española, con mis propias limitaciones y defectos… Y es con estos mimbres con los que tenemos que trabajar, hic et nunc.

Los políticos no son imbéciles; los ciudadanos no somos inútiles; los periodistas no son malévolos. Pero puede haber ignorancia, incompetencia o inconsistencia en todos los que formamos parte de esta sociedad. Intentemos minimizar nuestros errores y potenciar nuestras capacidades, hagamos que las cosas pasen. Y con ese espíritu salvemos el CIS (y su océano de porcentajes), las Elecciones (ganen “los míos” o “los tuyos”), la Eurocopa (venzamos o seamos derrotados en octavos), los exámenes (suspendamos o nos aprueben, aprobemos o nos suspendan), la Declaración de la Renta (nos toque a pagar o devolver), las planificaciones anuales (sean más o menos tediosas), las enfermedades que nos amenacen (pongan o no en juego nuestra vida), las pérdidas de seres queridos (aunque se hayan ido demasiado pronto), las llegadas de nuevos rostros a la familia (que son todo potencia) y tantos otros hitos de nuestra vida que aún están por llegar. Ya lo decía Ortega: la vida que nos es dada no nos es dada del todo hecha. Pues venga, vamos a hacerlo con Gawcott en la memoria, y con el CIS tranquilamente lejos.

Cultura ix-3

LA CIUDAD DISPERSA: INTERIORIZACIÓN DE UNA METRÓPOLI

Por: Comunicación ELU

En ocasiones he preguntado a los alumnos por su vinculación con sus ciudades de origen y/o residencia. La pregunta suele ser ésta: ¿Podrías preparar a un amigo que viene a tu ciudad un itinerario de visita en torno a los lugares más relevantes, los personajes ilustres de la ciudad (y por qué lo son), sus acontecimientos históricos y sus tesoros culturales? Ninguno de mis alumnos de Madrid ha respondido jamás afirmativamente: saben “algunas cosas”, “les suena algo”, pero en todo caso tendrían que preparárselo a conciencia, sin tener capacidad de improvisar lo más mínimo. Sin embargo, aquellos alumnos que proceden de ciudades pequeñas suelen mostrarse mucho más seguros y afirman que serían perfectamente capaces de hacerlo: conocen la tradición de la ciudad, los personajes relevantes, los hitos históricos que han sucedido…

¿A qué es debido esto? He oído diferentes respuestas. Hay quienes afirman que una gran ciudad acumula mucha más historia (e historias) que una pequeña y, por tanto, uno se pierde en una selva de datos que resulta difícil filtrar. Otros, por su parte, indican que al configurarse las grandes urbes por una cantidad grande de inmigrantes nacionales e internacionales, se diluye el sentido de pertenencia.

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Sin negar que estas posturas sean rotundamente falsas, creo que la cuestión es más profunda y ha de ver con la dispersión del ciudadano metropolitano. Tal vez, el modelo de vida que se configura en las grandes urbes influye en que se vaya perdiendo el contacto natural y armónico de las personas y la ciudad. ¿Son los ciudadanos verdaderos “habitantes” de las ciudades? El modo de vida en una gran urbe está definido por la prisa, el dinamismo, la inmediatez, el cambio y el ruido. Resulta difícil encontrar remansos de paz, y los que puedan existir, paradójicamente, están masificados, de modo que vuelve a aparecer la falta de silencio, el movimiento, el desasosiego…

¿No han perdido, pues, las grandes ciudades, la capacidad de invitar al ciudadano que la habita a conocerla? ¿Por qué huyen los ciudadanos de la gran ciudad a otras localidades los fines de semana o las vacaciones? ¿No deberían ser momentos de encuentro con la ciudad, con su cultura, sus arquitecturas, sus calles, sus plazas, jardines, avenidas, con sus historias, con las gentes que la habitaron y colaboraron a hacer de la misma ciudad otra distinta, de más valor?

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El espíritu de la dispersión está eliminando la capacidad del ciudadano de la metrópoli de interiorizar su ciudad y, con ello, de hacerla más grande, no en tamaño, sino en espíritu, pues una ciudad se define, también, por el espíritu de sus ciudadanos. Pongamos a París como ejemplo:

París es una de las capitales más extraordinarias de cuantas existen en el mundo. Sus museos, su urbanismo, sus monumentos, sus instituciones y sus infraestructuras son símbolo de la majestuosidad de la citté. Sin embargo, su magia es otra. La magia de París no está en las obras, sino en el espíritu que las inspiró o que las informa.

La Sant Chapelle no existe sino por el espíritu penitente de Luis IX, el rey santo, y su deseo pacificador. El Louvre perdería valor si no fuese por que alberga la Victoria de Samotracia o La Balsa de Medusa, por poner sólo dos ejemplos. La fuerza espiritual del Panteón radica en ser la sepultura de los mayores genios de Francia. La Plaza de la Concorde rezuma historia revolucionaria. La Sorbone recuerda el origen medieval de la universidad. El cementerio de Père Lachaise no es sino el dormitorio de Piaf, Wilde, Callas, Parmentier, Balzac, Nerval, Morrison…

Si París es París también por sus cafés (como el Procope), no es por los cafés en sí mismos, por su estilo, sino por ser el ámbito de encuentro de intelectualidad parisina, francesa y europea. Los nombres de filósofos como Malebranche, Voltaire, Diderot o Sartre, de literatos como Racine, Madamme Stael, Chateubriand, Hugo, Zola o Gide, o de artistas como Monet, Rodin, Sand, Picasso, Braque, Gris son quienes han hecho a París ser la ciudad que hoy es.

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Sucede lo mismo con Madrid. Sin embargo, ¿cuántos madrileños podrían contar las fascinantes historias de Madrid? Pocos, me atrevo a asegurar. Y es triste, porque así la ciudad se va disipando. Es por ello que invito a mis alumnos a empaparse de las ciudades, a hacerse uno con ellas, y sacar la esencia, su espíritu: “Este libro para amantes de los viajes no es una guía de monumentos y catedrales. Trata, por el contrario, de cafés y mercados, tertulias y fuentes, artesanos y artistas, sombreros y carreras de caballos, maletas y hoteles, melones y sabios, princesas y costureras, islas y antiguas ciudades (…). El buen viajero no busca la verdad sino la belleza. Y, a veces, funde las imágenes en su recuerdo y crea una ciudad nueva” (WIESENTHAL, M.; El esnobismo de las golondrinas, Edhasa, Barcelona, 2007, pp. 9-10.)

Cultura cultura-brujo

NO ES LO MISMO EL TEATRO QUE EL TEATRO

Por: Comunicación ELU

Tuve ocasión hace unos días de acudir a las Naves del Español, en el Matadero de Madrid, para ver El Jurado, obra que me habían aconsejado y que está basada en el clásico del cine Doce hombres sin piedad (siempre me ha gustado más el título original: 12 angry men, con número). Posiblemente esto ya era un aviso de que la obra, en el mejor de los casos, me iba a dejar templado, pues estar a la altura de Sidney Lumet en la dirección y de Henry Fonda en la actuación son palabras mayores. Aún así, acudí con mi mejor predisposición y, debo reconocer, la puesta en escena me pareció atractiva e incluso, pasados unos 20 minutos y con cierta fuerza de voluntad, pude obviar la sobreactuación de algunos miembros del elenco de actores.

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La cuestión bien conocida sobre la duda razonable de la película ha sido adaptada a la idiosincrasia española contemporánea, de manera que durante una hora y media se hace un repaso a aspectos que, aunque algo tópicos, no están faltos de interés: la honestidad de los políticos, la equidad impositiva, la frivolidad de la opinión pública, la banalización de lo comunitario, la corrupción, la falta de conciencia cívica, la relación entre ley y moral, la monopolización de conceptos por parte de las ideologías, la diferencia entre justicia y revancha, la demagogia como perversión de la democracia y, finalmente, la gran pregunta: ¿somos todos corruptibles?

Creo que es bueno que los espectadores-ciudadanos reflexionemos sobre estas cuestiones de vez en cuando, y si es ocasión una obra que plantea una duda razonable sobre un supuesto político corrupto, miel sobre hojuelas. El problema es que, en este caso, pierden director y actores una buena oportunidad de aproximarse a este tema sin la puñetera tendencia española de pasar todo por lo políticamente correcto, por el tamiz de la ideología, por el prejuicio y por querer que los españoles piensen como uno quiere que piensen. Vamos, que en lugar de respetar el espíritu original de la película, el director y guionista de El jurado decide culpabilizar a alguien en concreto, destrozando la idea original de lo que significa la razón, la duda, la opinión y la honestidad desinteresados. ¡Qué oportunidad perdida! ¡Qué lejos estamos de solventar nuestros problemas como sociedad si no somos capaces de abandonar los prejuicios y la mentalidad dialéctica –el conflicto de intereses como explicación última de las relaciones -de las cosas!

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Como espectador me sentí defraudado, con la obra, con los actores que entran en ese juego, y con el público que, vaya usted a saber, quizá sentían lo mismo que yo pero sus rostros y aplaudir efusivo me mueven a pensar lo contrario. No es que yo tenga la razón, pero para mi gusto, el teatro debería ayudarme a forjar el criterio –ése debe ser el objetivo del arte- no a consumir un determinado y predispuesto discurso.

Semejante desilusión había que solucionarla de inmediato, de modo que no perdí la oportunidad de ir a escuchar a Rafael Álvarez, “el Brujo” quien, durante varios meses, ha estado en Madrid celebrando los 25 años de su primera función del Lazarillo de Tormes.

Ir a visitar al Brujo es una experiencia que busco de tiempo en tiempo. No es que siempre esté magnífico, pero es extraño el día que me deja indiferente y que no me lleve a reflexionar sobre las más diversas cuestiones. Es cierto, lo reconozco, su Odisea o El asno de oro no me mataron, pero El evangelio de San Juan, Mujeres de Shakespeare, Cómico, La luz oscura de la fe o San Francisco, jugar de Dios, me arrebataron. No sólo a mí, sino a la cohorte de seguidores que Don Rafael tiene por todo el país. Y no es para menos: es difícil conseguir tantos premios como él atesora, tener tantas obras en cartel al mismo tiempo, llevar más de 45 años actuando a un ritmo escandaloso y, sobre todo, ser considerado el último trovador, un trovador contemporáneo, que no es poca cosa.

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Rafael Álvarez embruja por varias razones. Primero, por su extraordinaria memoria (cuando escribo estas líneas, el bueno del Brujo tiene no una, ni dos, ni tres, sino siete obras en cartel, amén de otras cinco obras presentadas el año pasado). Segundo, por sus dotes actorales, combinando la declamación, la mímica, la imitación o el clown de un modo tan asombroso como natural. Tercero, por su atrevimiento, al no temer recuperar obras clásicas revisándolas a su manera, como Picasso hizo con Las meninas. Cuarto, por su cultura, rica, inmensa, que pasa por el latín, el griego, el arameo, el castellano viejo, los maestros del teatro universal o los magos del Siglo de Oro español. Quinto, por su sentido del humor, siendo capaz de elevar el espíritu y hacerlo caer estrepitosamente a la arena en un segundo, a través de chanzas, charadas o jugando al despiste con su técnico de luces y sonido.

Para que no piense nadie que soy un exagerado, decidí tomar notas de aquellas cosas que nombró el Brujo mientras representaba el Lazarillo, para comprobar lo estrambótico de la situación: Zurbarán y el tenebrismo español, la orden de los Jesuitas, la cafetería Nebraska sita en la Gran Vía madrileña, el minimalismo, el liberalismo y el neo-liberalismo, la danza contemporánea, el canal 3 efecto 27 de la sala de teatro –que supuestamente había de ver con la luna-, las series de televisión españolas -cómo después de Isabel va Carlos y conseguirán unirlo con Cuéntame-, Merkel y Rajoy –“para gobernar España nunca ha hecho falta hablar bien español”-, George Clooney y la Nespresso, el 21% de IVA, el grupo teatral catalán Tricicle, Puigdemont y la política minimalista catalana, el arte conceptual del Guggenheim, la política conceptual de Rita Barberá, Fernando Fernán Gómez –“en España gusta mucho ver sufrir al actor, no al personaje”-, el teatro del siglo XVI y la Compañía de Teatro Clásico, Juego de Tronos, Norma Duval, Estopa, Rafa Nadal, el Real Madrid C.F., el performance de gestión municipal de Manuela Carmena y Rita Maestre, El Rey León y Marina Abramovic en el MOMA.

No mentía. Es todo un alarde de verborrea, sabiduría, diversión y mucha libertad. El Brujo hace sobre las tablas, literalmente, lo que quiere, pero en el sentido agustiniano (dilige et quod vis fac, ama y haz lo que quieras). Y esa es la manera que tiene el Brujo de amarnos y nosotros a él. No impone su pensamiento, no dirige al espectador a lugar alguno, no hace ideología escondida, no disfraza segundas intenciones. Él habla y se mueve, los demás escuchamos y observamos, cada uno interpreta lo que quiere, juntos compartimos un espacio de reflexión y creatividad auténtico. Esto es teatro, y por eso, opino, que no es lo mismo el teatro que el teatro.

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Cultura solos-en-la-madrugada

SOLOS EN LA MADRUGADA (dedicado a Garci y J.M. González Sinde)

Por: Comunicación ELU

Una noche de fin de semana, con la ventana abierta y un finísimo rastro de humo que flota en el ambiente, ha vuelto a suceder que un buen guión emociona a alguien que siente nostalgia de una época que no vivió. Parece mentira que haya visto tantas veces “Midnight in Paris” y sepa que no es saludable insistir en el mito de la Edad de Oro. Pero, de vez en cuando, la nostalgia es, a su modo, saludable, y retornar a Garci, a las escenas del Madrid de los 70 y a los ideales, bien merece un poquito de su tiempo.

Y es que hay momentos de claridad que no deberían quedar en el olvido. Antes bien, deberían inspirar nuestras decisiones cotidianas. Por eso, en esta ocasión, cedemos nuestro espacio a un locutor nocturno que se despide de sus oyentes:

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“Hoy se acaba “Solos en la madrugada”, pero se van a acabar también para siempre la nostalgia, el recuerdo de un pasado sórdido, la lástima por nosotros mismos. Se acabó la temporada que ha durado treinta y ocho hermosos años, estamos en mil novecientos setenta y siete, somos adultos, a lo mejor un poquito contrahechos, pero adultos… Ya no tenemos papá. ¿Qué cosa, eh? Somos huérfanos gracias a Dios y estamos maravillosamente desamparados ante el mundo.

Bueno, pues hay que enfrentarse al mundo y con esa cepa que nos da ese aire garboso tenemos que convencernos de que somos iguales a los otros seres que andan por ahí, por Francia, por Suecia, por Inglaterra.

En septiembre ya no vamos a reunirnos solos en la madrugada para contarnos nuestras penas, para mirarnos el ombligo, para seguir siendo mártires, para sufrir. No. A partir de ahora y aunque sigamos siendo igual de minusválidos, vamos a intentar luchar por lo que creemos que hay que luchar: por la libertad, por la felicidad, ¡por lo que sea! Hay que hacer algo ¿no?; para alguna cosa tendrá que servirnos el cambio. Pues venga, vamos a cambiar de vida.

A ti, Rosi ¿qué te pasa? Que tu vida con Andrés y los chicos no te gusta ¿no? Pues fuera, cada uno por su lado pero con dos ovarios, como si fuésemos mayores. Y tú Nacho ¿qué? ¿no te ha tirado siempre lo otro? Pues venga, guerra, pero sin tapujos. Ponte la peineta y a ello, pero con dignidad, con la cara bien alta, ¡que no pasa nada! Vamos a ver Andrés ¿tú no querías dejar esas contabilidades y vivir sólo con el sueldo? ¿Qué esperas?… ¿Que no puedes? Claro que puedes. ¡Plántate! ¡Plántate con Hernández, con Gil, con Troncoso, plantaos y a pedir un sueldo digno, ya verás cómo se acojonan los de la planta noble! Y a vivir como un ser humano y no como un robot, a vivir con tus hijos, a charlar con tu mujer ¿o no?

Hay que comprometerse con uno mismo, hay que tratar de ser uno mismo, hay que ir a las libertades personales.

Margarita de mi vida, ya no me sirve eso que me dices siempre, de que te pasas la vida metida en casa, que Vicente no te saca. ¿Qué pasa? Quieres ir al cine y Vicente no quiere, pues vete al cine, fíjate qué sencillo: ese metro, ese autobús, me da una butaca y ya está, ya has visto a Paul Newman, que era lo que querías.

Se ha terminado eso de ser víctimas de la vida, hay que vencer a la vida. Hay que tomar el mando en la cama, hay que mandar a la mierda la parcela, hay que tirar el televisor en color… ¡o no!. Si lo que quieres es un televisor en color, cómprate el más grande que encuentres porque es lo que quieres, no ahorres cuatro perras para dejarlas a los hijos, disfrutad de la vida vosotros porque es vuestra vida y porque además esas cuatro perras luego no van a ser nada.

Hay que empezar a tratar de ser libres. Yo también quiero ser libre. No quiero tener que mentirme tanto. Sé que tengo que hacer algo… a lo mejor escuchar, escuchar más a la gente o hacer un programa de radio para adultos, para hablar de las cosas de hoy, porque… porque no podemos pasarnos otros cuarenta años hablando de los cuarenta años…

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Ese viejo disco que vais a escuchar es el último de una melodía que no oiremos más. Yo os prometo que Ray Peterson, Raimundo Pérez si hubiese nacido en el Imperio, no volverá a decirle a Laura que la quiere, porque es que Laura tiene ya treinta y cinco castañas, cinco hijos y está casada con uno de Arkansas y eso hay que afrontarlo, coño [Se refiere el guionista a la canción “Tell Laura I love her”, de Ray Peterson].

No soy político, ni sociólogo, pero creo que lo que deberíamos hacer es darnos la libertad los unos a los otros, aunque sea una libertad condicional. Pero el caso es empezar. Yo creo que sí podemos hacerlo, creo que sí. No debe preocuparnos si cuesta al principio, porque lo importante es que al final habremos recuperado la convivencia, el amor, la ilusión. Pues de lo no que no cabe es de que tal y como vivimos, estamos fracasando.

Vamos a intentar algo nuevo y mejor.

Vamos a cambiar la vida y vamos a empezar por nosotros, ¿eh?

Vamos. Por nosotros”. https://www.youtube.com/watch?v=JneufsU2m6Y (De la película española Solos en la madrugada, 1978, dirección, guión e historia original de José Luis Garci, e interpretada por José Sacristán, Fiorella Faltoyano, Emma Cohen, María Casanova).

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Volver a empezar, El crack, Asignatura pendiente, Las verdes praderas, You´re the one, Historia de un beso, El abuelo y tantas otras películas de Garci me siguen emocionando cada vez que las veo. Y siempre me hacen recordar el personaje de Candela Peña en Princesas, cuando pregunta amargamente a una compañera, también prostituta: “¿Se podrá tener nostalgia de algo que aún no ha pasado?”. https://www.youtube.com/watch?v=XANvMXanBiI

No es momento para perder el tiempo ni para evadir responsabilidades. La vida es urgente. Y de vez en cuando es bueno quedarse a solas con un buen guión para recordar, ya nos lo decía el bueno de Jaime Gil de Biedma, que la vida va en serio.

Vamos, por nosotros. Vamos.

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DESANDAR LO ANDADO: VERDADERO ARTE EN LA PREHISTORIA

Por: Comunicación ELU

Llevarse uno a sí mismo la contraria es una de las cosas más sanas que pueden hacerse. Aunque bien mirado, no voy a llevarme la contraria propiamente, sino a cambiar radicalmente de tercio tras el último post sobre arte contemporáneo. Si la semana pasada hablábamos sobre lo difícil que resulta emitir un juicio objetivo sobre el arte actual, hoy me desmarco con algo a priori mucho más simple, al menos en apariencia, como es el arte prehistórico.

Para ser sincero, acudí al Museo Nacional de Ciencias Naturales de Madrid con no muy altas expectativas. Todo lo que recordaba de ese museo es que de pequeño vi un esqueleto enorme de dinosaurio que me impresionó, y que el día de nuestra boda mi mujer y yo decidimos hacernos las fotos de recién casados en el monumento a la Constitución Española de 1978 (así de cívicos somos) que está al lado del bicentenario edificio.

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Cuando uno ha tenido la suerte de visitar museos, instituciones, universidades y ciudades nacionales e internacionales puede caer en el error de convertirse en un bárbaro que desprecia lo sencillo y lo cercano, o sea, en un pedante ignorante y bruto. Este riesgo lo corremos todos y me reconocí como tal cuando entré en la exposición “Arte y naturaleza en la prehistoria. La colección del MNCN-CSIC”.

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“Visto uno, vistos todos”, pensé, “esto ya me lo sé”. Mi soberbia intelectual, que mete en un mismo cajón el Neolítico y el Paleolítico, se dio de bruces con una magnífica exposición que sirvió, entre otras cosas, para demostrar que la ignorancia es muy atrevida. El día me tenía preparada una lección, todo un aprendizaje en tres fases:

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PRIMERA FASE: ¡ESTO ES AUTÉNTICO ARTE! Lo que yo creía que se trataba de unas siluetas toscamente elaboradas sobre piedra resultaron ser cuidados elementos decorativos de una extraordinaria belleza, incluso impregnados de cierta magia. Un arte delicado, preciso y tecnicolor, un trabajo disciplinado, una técnica adaptada a la representación simbólica o figurativa. ¡Auténtico arte! Artistas capaces de representar la belleza con una fina pluma de ave o una modesta astilla. Cabré, famoso arqueólogo, reconocía allá por 1915, las “pasmosas lecciones de seguridad en el trazo, de sencillez en la línea, de justeza en la expresión realista” en estas pinturas.

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SEGUNDA FASE: UNA REALIDAD REPRESENTADA. Más allá de las figuras de chamanes, gurús e indalos, las figuras humanas y animales destacan por su elaboración y cuidado. Preciosas imágenes propias de un telar africano o del fauvismo que van purificándose tras varios intentos, nos permiten observar algunas vestimentas, técnicas de caza o la fauna de la zona (astur, levantina, gaditana o almeriense según hablemos de la Cueva del Pindal, la de la Araña, la Cueva del Tajo de las Figuras –donde se representan aves volando, algo muy extraño en toda la figura prehistórica conocida- o de la Cueva de los Letreros, respectivamente). A fin de cuentas, el hombre pinta lo que ve, como explica Cabré: “¿Qué harían allí tales gentes y por multiplicados días? Pues vivían de la caza, pensar en ella, en los medios para conseguirla y en prepararlos; su ambición y su ideal tendrían siempre ante los ojos las variadas carnes del mamut y del bisonte, del caballo y del ciervo, de la cabra salvaje, y no añado al reno por casi no haber existido en España”. Aunque también hay otros, como Obermales y Vega del Sella, que interpretan estas pinturas en clave religiosa: “Estas pinturas no fueron ejecutadas por un motivo decorativo, sino más bien con fines mágicos o religiosos”. Personalmente desconozco la intención ulterior, pero eso no me impide admirarme de su obra.

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TERCERA FASE: LO QUE PERMITE QUE LO CONTEMPLEMOS HOY. Me rindo ante los responsables de la exposición no sólo por el contenido, sino por poner en valor el titánico esfuerzo de ciertos arqueólogos de los años veinte y la precisa restauración de los técnicos de hoy. Lo que contemplamos en esta exposición es posible gracias a la extraordinaria empresa realizada por hombres de la talla de Juan Cabré Aguiló o de Francisco Benítez Mellado, quienes dedicaron todo su talento a la copia y conservación de las pinturas de algunas cuevas que ya no existen, o cuyas pinturas han sido devoradas por el agua y el viento. Digno de admirar es también el trabajo realizado por la Comisión de Investigaciones Paleontológicas y Prehistóricas, auténtico referente internacional en el primer tercio de siglo de cuidado y difusión del arte prehistórico. ¿Pero qué hubiese sido de aquellos calcos, de aquellas copias y representaciones sin la delicada mano de hombres y mujeres que han sabido recuperar con gran mimo aquel centenario trabajo?

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Aún anonadado salí de aquellas salas, excitado y reconfortado, valorando la vocación de los restauradores, el coraje de unos arqueólogos y el arte de nuestros antepasados. Benditos sean, pues, estos museos, auténticos oasis para el alma.

Cultura deconstructivismo

DECONSTRUCTIVISMO: APRENDIENDO A COMPRENDER UNA PIEZA DE ARTE (por Marga Rodríguez, historiadora)

Por: Comunicación ELU

Las preguntas sobre qué es el arte y qué una obra maestra suelen generar un gran debate en el que aspectos subjetivos y objetivos se confunden y, a medida que se avanza en la discusión, parece que la respuesta se va haciendo más confusa en lugar de aclararse. Esto sin duda sucede con el arte contemporáneo hasta el punto de que tanto en viajes de Becas Europa como en Experiencias ELU hemos mantenido más de una viva discusión.

Cuando afronto estas cuestiones, suelo explicar lo que viví allá por 2002 cuando, con un grupo de alumnos iberoamericanos de la primera promoción del programa Becas Líder-Fundación Carolina, visitamos en un mismo día el Chillida Leku y el Guggenheim de Bilbao.

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Por la mañana tuvimos la suerte de ser acompañados en el magistral escenario que es el Chillida Leku por Luis Chillida, hijo del difunto artista, quien nos explicó la maestría que reflejan las obras de su padre. Yo, que siempre había desdeñado las formas pétreas de Chillida (pongamos “La sirena varada” bajo el Puente de Eduardo Dato en Madrid), descubrí su grandeza y reconocí mi ignorancia. ¡Cuánta belleza, cuanto sentido y qué atrevida mi ignorancia!

Con mi nueva mirada enfilé el museo de arte moderno de Bilbao, donde el director del mismo nos introdujo a la obra y a la arquitectura del edificio. Cuando observé unas grandes planchas de un color rojizo en la entrada estuve a punto de emitir un juicio de valor, pero recordé lo que había aprendido aquella mañana. Necesitaba otra mirada, tenía que reconocer mi ignorancia y dar una oportunidad a aquella obra que desconocía.

Pues bien, hace pocos días la historiadora del Arte, Marga Rodríguez, compartió conmigo un texto sobre el Deconstructivismo en el que hacía un análisis de aquella obra. No pude dejar de recordar la anécdota que acabo de relatar y por eso le pedí permiso para hacer uso de su texto en este blog. Con su permio concedido, he aquí la primera de futuras entradas sobre Arte. Gracias, Marga.

EL DECONSTRUCTIVISMO NOS RECIBE EN EL GUGGENHEIM.

Deconstrucción significa rechazar la visión tradicional que a lo largo de la historia se ha tenido de la filosofía y el arte. Se impone la fragmentación, la parte individual y la fractura del todo para llegar a la esencia misma del ser, un concepto filosófico postmodernista que se traslada al resto de las disciplinas de la cultura, desde el urbanismo al lenguaje, desde la escultura al mundo de la comunicación. Según Libeskind, “el impulso modernista hacia el futuro se ha agotado, las bases de la modernidad: revolución, laicismo y vanguardia, se abandonan por el hedonismo y el personalismo, el individualismo y el denominado neo-narcisismo.”

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El termino Deconstrucción fue creado por el filósofo francés Jaques Derrida introducido en su libro “De la gramatología” en 1967. Pero esto no fue más que la definición lingüística de un hecho que se venía pergeñando desde inicios del siglo XX y que a partir de la segunda mitad del siglo se hace notar sensiblemente como un acto de renovación de los conceptos. Lo que Ihab Hassan denomina “Unmaking”, podríamos definirlo como descentralidad, desmitificación o dispersión entre otros términos.

Es a partir de los años 80 cuando en el mundo de la arquitectura se define el Deconstructivismo como un movimiento con un inusitado interés por la fragmentación en los proyectos arquitectónicos, que se proyecta en concursos y premios internacionales, siendo la exposición del Museo de Arte Moderno de Nueva York en 1988 “Deconstrutivist Architecture” uno de los más significativos, donde se exhibieron obras de Frank Gehry, Daniel Libeskind o Zaha Hadid, recientemente desaparecida, entre otros. Pero ese movimiento ya se había ido introduciendo en el mundo del arte, según algunos autores incluso desde los momentos iniciales del siglo XX, y tras el final de la II Guerra Mundial se deja notar con mucha más intensidad en un momento en el que el arte parece que necesita redefinirse, reinventarse y crear nuevos conceptos tanto del significado del arte en sí mismo como de la manera de representarlo. La gran mayoría de pintores, escultores, escritores, arquitectos recogen este concepto y en él desarrollan sus creaciones. De entre ellos, hoy presentamos “La materia del tiempo” de Richard Serra.

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Richard Serra La Materia del Tiempo. (The Matter of Time) 1994-2005 Siete esculturas que unidas a otra anterior ya instalada en el museo (Serpiente-Snake) hacen un conjunto escultórico de ocho piezas. Acero COR-TEN Las dimensiones varían entre los 3,46 y los 4.27 metros de altura Museo Guggenheim Bilbao Colección Permanente-

Cada una de las esculturas esta realizada por una o varias planchas de acero, de diferente longitud. Ocupan la sala más grande del museo y se denominan según se inicia el recorrido desde la entrada a la sala: Torsión espiral-cerrada abierta cerrada abierta cerrada-/ / Torsión Elíptica/ Torsión elíptica doble/ Serpiente/ Torsión espiral derecha-izquierda// Torsión espiral izquierda abierta derecha cerrada// Entre el toro y la esfera //Punto ciego invertido. La pieza más ligera pesa 44 toneladas y la más pesada compuesta por ocho planchas de acero, 276 toneladas. Las esculturas se introducen unas en otras quedando conectadas en forma elíptica, para que el visitante se introduzca en este laberinto de acero y pueda percibir el espacio de forma singular, no hay un recorrido ni itinerario prefijado, éste debe realizarse por elección personal para percibir el espacio íntimamente y a la vez de forma pública pues puede ser observado desde el piso superior por otros espectadores que percibirán el espacio al completo a la vez que el recorrido elegido.

Richard Serra (San Francisco 1936) de padre español y madre rusa, en la actualidad está considerado como uno de los mejores escultores vivos. Según el propio artista, ésta es su obra más importante y el título hace referencia a la idea de temporalidad, de la distinta duración del tiempo en que cada uno permanece en cada una de las piezas.

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Se formó en los altos hornos de las fábricas de acero de Pittsburgh, donde trabajó para pagarse los estudios universitarios en Yale donde coincide con Jasper Johns y Frank Stella. Sus primeros trabajos fueron abstractos y se introdujo en el movimiento conocido como process art (arte en proceso) donde lo importante es el proceso de realización de la obra no su resultado final. La mayor parte de su obra podemos incluirla dentro del arte minimalista, que a partir de los 70 se convierte en su etapa más prolífica, aunque como experimenta con desechos industriales también se le podría relacionar con el arte póvera y con el land art por sus grandes esculturas urbanas.

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El minimalismo es una tendencia artística surgida en Estados Unidos en los años 60 y desarrollado en la década de 1970, posiblemente como reacción contra el expresionismo abstracto. Hace referencia a la concepción del arte simplificado al máximo, despojado de cualquier elemento sobrante. Fue Richard Wollheim quien introdujo el término en un artículo de la revista Art Magazine, en 1965 refiriéndose a obras que utilizan las formas geométricas simples– como poliedros regulares- y, en pintura, ausencia de las tres dimensiones. Si el expresionismo utiliza la subjetividad y la improvisación, el minimalismo busca un arte totalmente preconcebido-estudiando incluso la ubicación exacta de la obra, el lugar donde debe ser exhibido- colores puros, superficies perfectas, y el uso de toda clase de materiales trabajados de la forma más natural posible para no alterar su calidad visual. Podemos incluir en esta tendencia a Robert Morris, Donald Judd, Carl André y a pintores como Keneth Nolan, Frank Stella o Barnet Newma entre muchos otros, pero de ellos hablaremos en otra ocasión.

Cultura sinfonias-y-biografias

SINFONÍAS Y BIOGRAFÍAS DE LA MAÑANA

Por: Comunicación ELU

UN RÉQUIEM POR LA PATRIA FRANCESA. El organista Fauré es llamado por Le Blanc, Ministro de Cultura del Gobierno Francés, mientras Francia está oprimida bajo el Gobierno de Vichy. Los teutones imponen no sólo su política sino también su estética: Beethoven, Brahms o Richard Strauss suenan y se representan mucho más en tierras francas que Berlioz. “Hay que volver a demostrar al mundo la grandeza de Francia”, reclama el ministro, y pide al organista que componga una sinfonía coral que aliente los corazones franceses. Tras años de trabajo, el resultado es… ¿un Réquiem por la Patria o un Réquiem por el Padre?

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DE CERVEZAS Y TROMPETAS EN UN BAR DE BAYREUTH, 1873. Bruckner llega a la ciudad cargado con dos pesadas maletas. Resoplando y comido por los nervios, avanza hasta la casa de Wagner, quien le invita a tomar una cerveza. En el bar, Bruckner enseña dos sinfonías al maestro quien, a pesar de estar centrado en el diseño de su teatro y haber aparcado su propia creación artística (estaba aún componiendo los Nibelungos), las observa con atención. La primera le parece ruidosa, pero la segunda le fascina. Cerveza tras cerveza pasa la noche y Wagner alaba hasta tal punto la segunda sinfonía, que acuerdan que Bruckner se la dedique. La mañana siguiente, con una gran resaca, Bruckner no recuerda cuál de las dos le debía dedicar. ¿Cómo resolverlo? Algo pasaba con una trompeta…

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LA TENTACIÓN INGLESA DE UN PIANISTA ESPAÑOL. Míster Money Coutts fuma un puro mientras espera la llegada de Isaac Albeniz. “Es usted un compositor extraordinario, excelente, diría yo”, le dice nada más entrar en la estancia el compositor, a quien ofrece otro cigarro. Mas no será el habano lo único que le ofrecerá, sino componer bajo su mecenazgo, y reactivar la música inglesa. Al cansado viajero errante que es Albeniz le invade un auténtico fervor patrio, alabando el mestizaje y magia españoles. El banquero, quien no deja de ser inglés, aplaude su patriotismo y su virtuosismo: “Es usted el Listz español”, pero recuerda la sacrificada y poco recompensada vida de los pianistas. Mister Money no ceja en su empeño de ser Luis II de Baviera y hacer de Albeniz su Wagner particular. ¿Podría él aceptarlo sin dejar de ser Albeniz?

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LORRAINE ESTÁ DE CUMPLEAÑOS EN EL CLUB DE LA 45st. Charlie Parker, Miles Davis, Charles Mingus, Tommy Porter y otros grandes del jazz acuden al club de la calle 45 a su llamada. Su pichoncito, Lorraine, está de cumpleaños y nada mejor que unir a los mejores músicos de jazz de la época para vivir la mejor fiesta entre las posibles. Una de las cosas que más le satisface es poder tocar con Charlie, quien llevaba dos años sin poder hacer sonar su saxo en lugares públicos debido a sus problemas de alcoholismo. Sin embargo, cuando empieza la música, todo fluye como antaño y las improvisaciones alcanzan un virtuosismo de leyenda. En un descanso, la pareja cómica “Stam & Stampy” actúa. A él no le hacen mucha gracia, pero Lorraine disfruta con las tonterías que hacen. Sin embargo, se masca la tragedia cuando uno de los dos actores cae sobre su trompeta. Ésta se inclina 45 grados y queda inservible. Él queda desolado, y ni siquiera las palabras de Charlie le consuelan. A modo de despedida, decide soplarla una última vez, y la trompeta gime dejando escapar un bellísimo lamento nunca antes oído. Es el descubrimiento de la trompeta de Dizzy Gillespie, a quien poco importaría saber que un francés había patentado un trompa similar hacia décadas: “Seguro que él no la inventó en mitad de una fiesta de cumpleaños como ésta”.

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Y así, entre biografías de compositores, amistades entre pianistas, excentricidades de divas de la Ópera, manías de tenores, repertorios de leyenda, sucesos calamitosos, piezas de ballet, acordes de guitarra y bocanadas de inspiración y genialidad comienzo el día todas las mañanas. De un modo casual (que hoy creo providencial) descubrí que los 11 minutos que transcurren de 08:01 a 08:12 cada día son mágicos cuando uno sintoniza “SINFONÍA DE LA MAÑANA” (Radio Clásica-RNE). Y sería un egoísta si no compartiese con vosotros esta joya que habita en las ondas hertzianas de nuestras ciudades. Ta nan ta nan ta nan ta naaaaaaaannnnnnn…

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http://www.rtve.es/alacarta/audios/sinfonia-de-la-manana/

Cultura la-bomba

PEQUEÑOS PRODUCTORES: LO RURAL Y LA IGNORANCIA

Por: Comunicación ELU

Gracias a una de esas casualidades de la vida, me encontré el otro día en un taller gastronómico organizado por el chef Christophe Pais, dueño de La Bomba Bistro, quien ha comprendido cuán importante es apostar por una cocina sostenible y de calidad. Christophe es uno de esos chefs integrales que domina técnicas culinarias, sabe escoger el producto, investiga sin cesar (son varios los libros que continuamente está leyendo) y regenta su negocio con exquisitez. Parte de su gestión consiste en identificar, entre los miles de productores que pululan por el mundo de la hostelería española y francesa, a aquellos que miman extremadamente el producto y ofrecen una relación calidad/precio poco frecuente.

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En el primer taller, Florent Mercier, un joven francés distribuidor de champagnes de pequeño productor, nos introdujo en el mundo de los orfebres del champagne. Para ello lo más importante es comenzar por el contexto y tener así una aproximación a conceptos generales sobre el champagne como por ejemplo la situación de los viñedos (su climatología, su suelo, la historia de la Denominación de Origen, su tamaño y distribución), la tipología de las uvas (chardonay, pinot noir y pinot meunier), el modo de ensamblaje o mezcla de variedades de uva y terruños, las familias que se distinguen (bruts sin añada, blanc de blancs, blanc de noir, millesime, cuvée de prestige y rosé), el proceso de fermentación (una primera alcohólica y una segunda carbónica en botella) y el dosaje (dosis de azúcar añadidas a los vinos).

Todo esto tenía como objetivo entrar a analizar y valorar la diferencia que hay entre las grandes casas que realizan champagne (las grandes marcas conocidas por todos que compran uva, barricas o botellas ya hechas y cuyos nombres se pasean altivos en campeonatos de motor, fiestas de futbolistas o presentaciones de la alta sociedad), las cooperativas (que participan por lo general en el proceso de fabricación industrial del champagne vendiendo esas uvas, barricas o botellas) y los pequeños viticultores (los cuales en ocasiones venden uva a grandes casas pero que, por lo general, son autónomos y autosuficientes).

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Estos viticultores representan en su mayoría la manera artesanal de trabajar el champagne frente a las formas industriales. Mientras los segundos buscan vinos regulares, fiables, que siempre sepan igual, los primeros buscan un champagne más auténtico, irregular, cambiante, que va cambiando sus tonalidades cada año. Ellos sólo pueden trabajar con la uva de sus viñedos (no pueden comprar nunca a terceros) y deben vinificar ellos mismos, realizando todo el proceso de principio a fin (vendimia manual, prensado, chaptalización –añadir azúcar de remolacha-, primera fermentación con levaduras seleccionadas, depósitos en acero inoxidable, etiquetado y comercialización).

¿Quiénes son estos apasionados de las formas más naturales de producción agrícola? De los 15.000 viticultores que hay entre las 4 zonas de Champagne, 12.000 producen y venden uva, quedando sólo 3.000 que fabrican su propio vino y, de entre ellos, aproximadamente 300 familias son las únicas puramente artesanas.

Pues bien, según escuchaba hablar a Florent, mi mente no dejaba de recordar una de las mejores novelas gráficas que he leído en tiempo, llamada “Los ignorantes”, de Ètienne Davodeau. En esa obra, el autor decide acompañar durante un año a un pequeño viticultor francés –Richard Leroy- para conocer de primera mano y a fondo, el proceso de fabricación artesanal del vino y, al mismo tiempo, él introduce al viticultor en el mundo de la realización de un cómic. De ese modo, los dos protagonistas de la obra pasan de podar las viñas a visitar una imprenta, de conocer la labor de los toneleros a la forma en la que se edita una obra gráfica, de ferias de agrícolas a salones del cómic… la obra se titula “Los ignorantes” porque tal cual son ambos, ignorantes en la disciplina en la que el otro es experto.

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La obra resulta magnífica por tres cosas: por el alegato socrático a reconocer la propia ignorancia y resolverla por la vía del diálogo y la experiencia vital; por aproximar al lector de manera muy sencilla y práctica a los mundos del vino y el cómic; y por supuesto, por su dibujo y su guión.

La obra está llena de sorpresas, como aquel momento en que Richard lleva a Ètienne a fumigar los viñedos una noche de luna creciente, a las 5 de la madrugada, con una mezcla casera de elementos biológicos, no químicos, basados en la filosofía biodinámica. Ètienne se muestra escéptico con este modo de proceder pero Richard, sin saber explicar por qué funciona pero convencido de que así sucede, insiste en la utilidad de esos procesos.

Cuál sería mi sorpresa cuando un mes después del primer taller de champagnes, Christophe Pais organizó un segundo taller sobre Agricultura Ecológica en el que se hablaba de la biodinámica. A cargo de ello estaba Julio Arroyo (Finca Río Pradillo), quien después de décadas dedicado a la quesería, la panadería y la ganadería, es hoy un asesor sobre técnicas biodinámicas en las cuales ciencia y filosofía convergen. A grandes rasgos, diremos que la biodinámica, fundada por Rudolf Steiner –fundador a su vez de la pedagogía Waldorf- se basa en la idea de que la tierra es un ser vivo y, por tanto, hay que trabajar el suelo de manera natural, dejándolo vivo y sabiendo qué excrementos usar y cómo, evitar los agroquímicos de síntesis por los residuos que dejan en tierra y producto, usar cuernos de vaca para realizar las mezclas, considerar los calendarios lunares y planetarios para sembrar, podar, fumigar o incluso catar los vinos…

Suene o no extraño, el caso es que los resultados de los cultivos biodinámicos son extraordinarios, y conversando con él y otros ponentes se me pasaron volando dos horas y media (después llegaría el momento de la cena. Allí estaba Hugo Vela, avezado cultivador de unas de las mejores fresas del país (Finca Monjarama), defensor del cultivo ecológico, historiador de la fresa y recitador de Cicerón: “La agricultura es la profesión propia del sabio, la más adecuada al sencillo y la ocupación más digna para todo hombre libre”. Y también se encontraba Santiago Pérez (Finca Los Cuervos), recuperador de productos autóctonos gallegos, recolector nocturno, defensor de la agricultura ética (un ejemplo: para tener los mejores guisantes lágrima de España el proceso incluye el trabajo en los bancales, la selección de las semillas, el uso de tijeras de cerámica, la recolección a las 06:00 de la mañana cantes de que salga la luz y ya haya perdido la tierra su calor durante la noche, uso de cajas de pórex con agua y hielo y la limpieza de secado antiguo sobre papel). ¿Cómo comemos? ¿Qué valoramos como consumidores? ¿Cuánto tiempo nos preocupamos por ser nosotros mismos sostenibles –no sólo las empresas, los políticos, los medios de comunicación? ¿Y por dónde empezar, si queremos cambiar la perspectiva y la actitud? A mí se me ocurren dos cosas: visitad fincas, huertos, restaurantes, y leed obras como “Los ignorantes” o “Rural”, también de Ètienne Davodeau, que en esta ocasión es testigo de los avatares de los pequeños productores de leche ecológica… Pero esto no os lo cuento, Mejor leedlo.

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Cultura sombra

Domingos con Articulistas

Por: Comunicación ELU

En una época en la que se anuncia la muerte del papel y donde lo habitual es recibir noticias a través de alertas en los teléfonos móviles, puede resultar extraño reivindicar la lectura del periódico en su versión clásica, aquella que huele a imprenta, tiene las hojas troqueladas y se pasan las páginas moviendo el brazo, no haciendo un “scroll” sobre una pantalla.

Sin embargo, desde hace unas semanas he decidido volver a comprar el periódico, aunque sólo sea los domingos, movido por la nostalgia de aquellos años en los que, siendo un chiquillo, acompañaba sábados y domingos a mi padre a comprar las tres cabeceras nacionales. Las noticias internacionales se confundían con las páginas salmón, los deportes con los pasatiempos, la cartelera de televisión con las esquelas y los suplementos infantiles con las revistas dominicales.

Me ha hecho especial ilusión comprobar que, a pesar de mi dilatada infidelidad a los diarios, todo sigue más o menos igual, y que muchos de los articulistas que antaño me emocionaban con su heterodoxa mirada, se mantienen en primera línea de batalla compartiendo aquellas ideas que les parecen dignas de ser publicadas. Aún guardo muchos artículos de esos dominicales en una carpeta que forma parte los materiales que uso en mis clases de Ética y que casi conozco de memoria.

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Pues bien, he comprobado que aquellos mismos autores siguen en esas páginas lanzando como dardos historias y pensamientos. A veces me emocionan, otras me irritan, algunas me divierten y, casi siempre, me interpelan y me hacen reflexionar sobre cuestiones que minutos antes no había siquiera considerado.

La delicia que supone leer a quien tiene algo que decir y que se expresa con elegancia es mayor cuando se lee en papel, pues no hay pop-ups, anuncios en Java o barras laterales con información que despistan la lectura. Sólo el artículo, la foto del autor y la atenta mirada de quien lo lee. Sólo así se aprecia lo leído y se predispone el lector a entrar en conversación con aquello que el escritor le propone. ¡Y qué temáticas! La vida entera se encuentra cada domingo en esas páginas. Y para muestra, un botón:

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El mismo domingo que terminaba el Fin de Semana de la ELU sobre Nazismo (10 de abril de 2016) Javier Marías criticaba la mala gestión del cuarto centenario de la muerte de Cervantes, lo que se explica en parte con el poco respeto que los españoles guardamos a la historia y a la cultura en general; Carmen Posadas pedía respeto por quienes no tienen la suerte de afrontar una enfermedad crónica con una sonrisa y se sienten turbados y apesadumbrados pues parece que la moda es tener que parecer dichoso cuando a alguien le diagnostican un cáncer; Carlos Herrera defendía la cultura taurina frente barullo ideológico, aprovechando un follón montado con la excusa de la aparición de un torero en una campaña de turismo de la ciudad de Cádiz; Rosa Montero defendía el valor de las religiones desde su agnosticismo militante, considerando que la legítima separación Estado – Iglesia no debería estar reñido con la aniquilación pública de lo religioso; Manuel Rivas criticaba el ambiente de cortesía negativa que imprime el carácter político europeo y nacional e impide el encuentro real entre facciones ideológicas distintas; Juan Manuel de Prada clamaba contra el incorrecto (y sectario) uso del lenguaje, que es menos inocente de lo que podría pareceren un primer momento; y Marcos Giralt Torrente enviaba una extraña e íntima carta a su abuelo fallecido, Gonzalo Torrente Ballester, que aún estoy asimilando… Mundo, hombre y Dios en 7 artículos, escritos por hombres y mujeres de derechas e izquierdas, católicos y anticlericales, taurinos y antitaurinos, españoles de muy diversas regiones, sin contar las columnas de los diarios y los suplementos. ¿No es acaso esto un regalo maravilloso por el módico precio de 5´80 euros?

Un auténtico regalo más aún si consideramos un octavo artículo que he querido dejar para el final. Hace años Javier Marías escribió un artículo en El País Semanal con motivo de la película “Alatriste”, haciendo una semblanza del capitán español ideado por la mente de Pérez Reverte y llevado al cine por Díaz Yanes (como director) y Viggo Mortensen (como actor). El artículo, fechado el 17 de septiembre de 2006 llevaba por título “Un hombre conforme” (http://elpais.com/diario/2006/09/17/eps/1158474423_850215.html). Pues bien, como si de un regalo del destino se tratarse, un década después me encuentro con la historia de un niño de 4 años enfermo de cáncer al que le gusta disfrazarse de Alatriste y recitar aquello de “No era el hombre más honesto ni más piadoso, pero era un hombre valiente”… en presencia de Arturo Pérez Reverte, quien emocionado por la fuerza que derrocha ese niño, escribe uno de los artículos más conmovedores que he leído en años, cuyo título es “Un tipo duro” (http://www.perezreverte.com/articulo/patentes-corso/1084/un-tipo-duro/).

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Dedicad tiempo a leer ambos artículos, en orden cronológico (primero el de Marías, después el de Reverte), fijaos en la relación entre los títulos y la coincidencia en el espacio y el tiempo, y decidme si no merece la pena invertir una hora del domingo para estos menesteres.

Cultura novelas-graficas

Benditas Novelas Gráficas

Por: Comunicación ELU

A las seis Bellas Artes clásicas (Música, Danza –en ambas dos se incluye el Teatro-, Declamación –donde se engloba la Poesía-, Pintura –y Dibujo-, Escultura y Arquitectura) se añadió hace ya cien años el Cine (por eso lo llamamos habitualmente el séptimo arte), más adelante la Fotografía como octavo y, recientemente, el Cómic como noveno. Actualmente hay un debate en las redes sobre cuál sería el décimo (¿Grafiti, Diseño digital, Videojuegos? Por mi parte, incluiría la Gastronomía, que ha llegado a límites insospechados desde el punto de vista estético).

This is a titleCuento esto con motivo de una ferviente pasión, las novelas gráficas, que me ha atrapado los últimos dos años y, especialmente, los últimos dos meses, donde me he visto de nuevo impaciente por terminar de trabajar y poder dedicarle 30 ó 40 minutos a disfrutar la lectura que la noche anterior había dejado a medias.

De niño me sucedía con Tintín, con Astérix, con Valerian y Laury, con Percevan, con Blake y Mortimer, con Jèrome K. Jèrome Bloche, con Mafalda, con Súper López, con Groonan, con 13 Rúe del Percebe… También con El pequeño vampiro, La historia interminable, El ponche de los deseos, La maldición de Monteoscuro, El gran libro verde, Los Minimals y, por supuesto, la magnífica colección de Cuenta Cuentos de Salvat. De ellos aprendí el amor por los libros, la fuerza de la imaginación y la necesidad de mirar siempre más allá para no perderse en el más acá.

Más tarde fue la poesía la que me enganchó, especialmente los poetas españoles e hispanoamericanos del siglo XX. Creo que mi pasión vino al descubrir un nuevo lenguaje y un nuevo sentido: vivencias que creía comprender, estructuras vivas y dinámicas y una mezcla de sentimientos íntimos y sociales que tocaban la fibra rebelde del adolescente que era. Lorca, Machado, Neruda, Salinas, Blas de Otero, Bonald, Gloria Fuertes, Alfonsina Storni, Gerardo Diego, Dámaso Alonso, Altolaguirre, Ángel González, Hierro, D´Ors, Adoum, Benedetti, Rosetti, Panero, Goytisolo… Los versos fluían solos, el tiempo pasaba volando, los deberes quedaban apartados en un rincón.

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Después vendría una época, la universitaria, donde se colaron de forma indiscriminada y caótica Homenaje a Cataluña, El castillo (en realidad, todo Kafka), Trece noches, La fiesta del chivo, Becket, Siddhartha, El gran divorcio, Así habló Zaratustra, Yo-Otro, El principito, Adiós a la Filosofía, Ética a Nicómaco, La república, Confesiones, Fides et Ratio, Historia de la revolución cubana, Huid del escepticismo, Nieve, Sociología de las Filosofías, Reflexiones sobre el exilio, El divino impaciente, Barioná… Obras literarias, tratados filosóficos, manuales de Ciencia Política, ensayos y Poesía se sucedían sin orden ni concierto en lo que esperaba ayudase a construir un relato claro y distinto sobre la realidad social y el sentido de la existencia. Pasar por conservadores y progresistas, descreídos y creyentes, europeos y americanos, modernos y clásicos contribuyó a forjar un espíritu heterodoxo, amigo de lo crepuscular e interesado por lo que sucede en las fronteras entre unos y otros paradigmas y cosmovisiones. Eso sí, el relato no resultó ser claro ni distinto, aunque sí sumamente atractivo.

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La vida profesional hace estragos desde el punto de vista cultural, y los años comenzaron a sucederse sin poder dedicar tiempo al dolce far niente. Todas mis lecturas estaban circunscritas a la tesis doctoral y a los manuales y textos complementarios que necesariamente había de usar para preparar lecciones y guías académicas. Por paradójico que pueda suceder, esos años fueron de mucha lectura, pero de muy poco crecimiento personal, pues leer bajo presión y buscándole una “utilidad” concreta a la lectura, es la anti-literatura. Cuánto recuerdo en aquellos años a uno de mis maestros sufriendo por la mucha gestión, por la mucha docencia y por la escasa o nula lectura pausada. Al menos descubrí en aquel tiempo, he de confesarlo, El esnobismo de las golondrinas, Momentos estelares de la Humanidad y Las palabras quedan.

Sin embargo, y quizá deba tener que ver con el final de ciertas etapas y/o con la madurez, de un tiempo a esta parte he vuelto a disfrutar como en aquella época en que volvía del colegio con ganas de leer a Tintín, del instituto deseoso de absorber poemas y de la universidad con un nuevo libro bajo el brazo. Y lo he hecho gracias a las novelas gráficas (pueden llamarse cómics) de carácter histórico y biográfico. No hablo de mangas, de DC o de cómics de humor, sino de auténticas obras de arte que ilustran, como difícilmente puede hacerlo otro tipo de literatura, la vida y circunstancias de personajes tan dispares como Richard Feyman, Tina Modotti, Bertrand Russell, Jane Goodall, B. Traven, Olimpya de Gauges, Picasso, Anna Politkóvskaya, Lorca, Kiki de Montparnase o Freud. También permiten, de un modo diferente y muy rico, abrir otras perspectivas sobre acontecimientos claves como la guerra de los Balcanes, el conflicto palestino – israelí, la república de Weimar y el ascenso del nazismo, la Guerra Civil Española y la lucha de los españoles en la resistencia francesa, los regímenes dictatoriales coreano, birmano y talibán, la lucha encarnizada en Chechenia, la historia de las sufragistas, la enfermedad del Alzheimer o del Sida, el desarrollo rural y el comercio ecológico o la situación de los Derechos Humanos a nivel global. Por todo ello, al fin, he vuelto a dejar tiempo para lo importante, incluyendo tiempo diario y obligatorio al disfrute de la lectura, que es el alimento del docente.

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En mis clases, al inicio del curso, pregunto a los alumnos qué música les gusta escuchar, qué artista plástico es su favorito y qué libro destacaría entre sus preferidos. Por cada “elegir uno es muy difícil” hay cinco “no soy de leer” y, sin negar la calidad de las series de televisión actuales, el valor de los videojuegos y lo divertido que pueden llegar a ser muchos contenidos de Internet, me pregunto qué habría que hacer para que los alumnos leyeran más. ¿Leer el qué? Da igual el qué… simplemente que leyeran, pues estoy convencido de que les ayudaría a pensar más profundamente sobre la realidad social, sobre ellos mismos, sobre el más acá y el más allá. En cierto modo creo que la cultura salvará al mundo y, como difícilmente puede haber cultura sin lectura, deseo que mis alumnos, los herederos del mañana, lean.

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Quizá lo mejor no sea que les obligue a leer Misión de la Universidad de Ortega y Gasset, así que estoy empezando a pensar en usar algunas de las novelas gráficas de las que hablaré en los próximos post. Tal vez tampoco les gusten, así que pido ideas. Yo, mientras tanto, voy a dedicarme 30 ó 40 minutos a terminar Notas a pié de Gaza, de Joe Sacco.