Carmen Montoya – ELUs por el Mundo

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14 FEB

San Diego. Una pequeña ciudad en el Estado de California caracterizada principalmente por días de playa, atardeceres de ensueño y personas de lo más sociable posible. Así es San Diego.

Esta aventura comenzó hace ya cinco meses, que se dice pronto, y hasta ahora puedo decir que es una de las experiencias que más me ha marcado, principalmente a nivel personal.

Al ser de Madrid y estudiar ahí, nunca había tenido la posibilidad de vivir fuera de casa llegando a ser completamente independiente.

La vida en San Diego es bastante distinta a la vida en España, y concretamente, porque es a partir de donde yo puedo hacer una comparación, en Madrid. A pesar de que fue una colonia española y restos de esa historia perduran en las personas que viven en la ciudad, muchas de ellas sabiendo hablar español fluidamente, o por los diferentes monumentos que hacen referencia a la cultura española como Balboa Park, la cultura americana tiene también un papel importante.

Una de las diferencias principales que he encontrado en San Diego es el horario en el que realizan las diferentes tareas del día. En San Diego amanece a una hora muy temprana, alrededor de las seis y media de la mañana durante todo el año y anochece entre las cinco y las seis de la tarde. De ahí que sea una sociedad de mañanas más que de noches como sucede en el caso de España.

La vida universitaria también tiene sus pequeñas diferencias. Para empezar, todos los estudiantes, o la mayoría de ellos, compaginan la vida laboral y la vida universitaria. Al tener un coste tan elevado las universidades en San Diego muchos de ellos no tienen los recursos económicos necesarios para poder afrontarlos. Es por ello que pasan parte del día trabajando y la otra parte yendo a la universidad.

En relación con esto, los estudiantes son conscientes del esfuerzo económico que les supone ir a la universidad, por lo que el nivel de involucración tanto en la participación en las clases como en las actividades universitarias o la inclusión de nuevos estudiantes es mucho más elevada que en España.

Podríamos decir que la universidad en España tiene un carácter más pasivo, ya que el estudiante llega a clase, toma apuntes y luego se va, mientras que en San Diego, y podría decir que en la mayoría de las universidades americanas, el estudiante tiene un papel activo, donde él es el protagonista y participa constantemente en la asignatura.

Por otra parte, Estados Unidos se caracteriza por su carácter individualista, contrario a lo que ocurre en España. Esto también se ve reflejado en las clases. Los estudiantes son individuos que organizan su carrera cogiendo materias según les convenga y no van a una clase con un grupo de amigos si no que van de forma individual a las diferentes asignaturas.

Dejando el ámbito académico y la vida aquí y entrando más en el ámbito personal, he de decir que San Diego es una de las experiencias que más me han cambiado la vida.

Para empezar, y principalmente, por las personas. En este año he conocido a personas que a día de hoy, me han cambiado la vida. Aquí los meses, las semanas, e incluso los días son tan intensos que parecen años en casa. Y esa intensidad viene acompañada de personas que lo hacen cada vez más especial.

Aparte de adquirir conocimientos impresionantes sobre ADE y Estudios Internacionales, viendo casos prácticos más que teóricos y abriendo mi mente a diversas formas de actuar en el ámbito laboral, he aprendido principalmente a conocerme a mí misma.

Cuando llegué a España en Navidad me preguntaban acerca de la vida en San Diego y cómo me sentía yo allí. Mi respuesta era siempre un poco escasa y a veces hasta banal porque es muy difícil explicarlo con palabras.

Esta experiencia se podría resumir en la palabra “aprender”. Aprender a salir de tu zona de confort, aprender a convivir con gente nueva y distinta a ti, aprender de las pasiones de otras personas y crecer con ellas, aprender a valorar lo que tienes porque el tiempo vuela y a disfrutar de los pequeños momentos, aprender a conocerte, aprender a potenciar lo bueno y a cambiar lo malo, aprender a dejarse llevar por lo que uno quiere, pero sobre todo, aprender a vivir viviendo en el presente y no quedarse anclado en pasado o proyectar la mirada solo en el futuro.

Mi motto en San Diego es “Carpe Diem”. Es una experiencia que se vive una vez en la vida, por eso lo único que podemos hacer es arriesgarnos, pensando en el presente y disfrutar de ella.