ÁNGELA RAMOS NOS CUENTA SU EXPERIENCIA EN TIERRA SANTA

Tierra Santa
08 MAR

“El pasado mes de febrero, tres alumnas de la ELU tuvimos la suerte de poder viajar a Tierra Santa con un grupo de alumnos de arquitectura de la UFV. Sin duda, un viaje en el que todos teníamos puestas muchas ilusiones y esperanzas, y que, más allá de nuestro nivel de fe individual, esperábamos nos conmoviera.

Desde la primera noche, al compartir presentaciones y expectativas entre todo el grupo, se intuía que serían días intensos y muy especiales. Y creo que si el viaje tuvo tanto éxito, fue precisamente gracias a esta puesta en común, en la que nos abrimos ofreciendo al resto nuestras más sinceras intenciones, presentando el camino que cada uno esperaba recorrer con esta peregrinación, invitándonos unos a otros a recorrerlo juntos.

Empezó así el viaje, y la primera parada fue el Primado de Pedro, lugar en el que Jesús confirmó a San Pedro al frente de su Iglesia. Primer punto de inflexión. Me hice plenamente consciente de que todos tenemos una misión. Todos estamos llamados a algo. Hemos nacido en un lugar, con una familia, unas capacidades, un carácter, unos amigos, etc. y debe haber un modo en el que volcar todo ello, que es mi persona, para servir a los demás de la mejor manera posible, de la manera más plena. ¿Por qué me ha situado Dios en este entorno y no en otro? ¿Por qué me ha dotado de ciertas aptitudes y debilidades y no de otras? ¿Cuál será el plan que tiene pensado para mí? ¿Qué espera de mí? Todas estas preguntas fueron el hilo argumental que me acompañó el resto del viaje, junto a algunas otras que fueron apareciendo.

Tras un par de días visitando otros lugares próximos al Mar de Galilea, como Cafarnaúm, Magdala o el Monte Tabor, descendimos hacia el sur por Nazaret, Caná y Belén, donde casi inevitablemente, con el ejemplo de María, uno se da cuenta de lo centrados que vivimos en nosotros mismos, y lo importante que es sin embargo abrirse a lo demás, estar atentos a las necesidades ajenas, vivir con un sí continuo que genere humildad, entrega, felicidad, amor y caridad entre quienes nos rodean.

Y finalmente llegamos a Jerusalén. Cumbre del viaje y se podría decir, centro de la Humanidad. Se trata de una ciudad en la que todo se ve con otros ojos y se siente de manera diferente. Porque celebrar Eucaristía en el Calvario, hacerse consciente de nuestras debilidades y errores en San Pedro en Gallicantu, compartir nuestras preocupaciones más profundas en Getsemaní, realizar un Via Crucis por sus calles, pensar en qué poner la verdad de la vida para no caer en las tentaciones diarias en el mismo desierto de Judea o rezar el Padrenuestro en el Monte de los Olivos es algo completamente diferente a todo lo que pueda haber creado nuestra imaginación previamente. Es algo que nos traspasa y conmueve, que transforma la forma en la que contemplamos la vida y a las personas que nos rodean.

De todos estos lugares nos íbamos con alguna reflexión, alguna frase, alguna sensación, que quedó en nosotros como una semilla, que ha ido germinando desde nuestra vuelta a España y sin duda lo seguirá haciendo, y su fruto nos sorprenderá en los momentos y situaciones más inesperadas, cuando creamos que este viaje ya era cosa del pasado. Y es que experiencias como esta, que moldean la persona en que nos estamos convirtiendo, nos acompañan ya siempre en nuestro caminar.”