Ada Junquera nos cuenta su experiencia en debates

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29 ABR

Mi historia en el mundo del debate comenzó el primer día de universidad, cuando una alumna del club de debate nos invitó a una actividad que organizaban con motivo del inicio de curso. Siempre me había interesado mucho todo lo relacionado con la divulgación científica, y la oratoria y el contraste de ideas me parecían herramientas fundamentales para forjarse una carrera profesional en cualquier ámbito.

Poco a poco empecé a involucrarme en las actividades del club, disfrutaba mucho de las formaciones y se fue abriendo un nuevo mundo lleno de personas con intereses muy variados y, sobre todo, dispuestas a compartirlos. La participación en torneos nacionales e internacionales también me ha brindado la posibilidad de viajar y conocer otras universidades españolas y europeas. Todo este tipo de proyectos son muy emocionantes, y ayudan a cohesionar a todos los estudiantes que complementan con el debate su formación.

El debate ha hecho de mí una persona mucho más informada y, sobre todo, me ha mostrado la gran escala de grises existente entre una y otra postura. El trabajo en equipo también es fundamental, ya que en nuestro formato, el BP, trabajamos por parejas. Las mociones y la postura se anuncian 15 minutos antes del debate, y no podemos consultar ninguna fuente de información durante el tiempo de preparación. Esto hace que el saber sobre muchos campos diferentes, y la puesta en común de esos conocimientos sea clave para el desarrollo de los casos, así como la rapidez mental para conseguir construir argumentos sólidos en poco tiempo.

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Del mismo modo, creo que se desarrollan mucho las habilidades analíticas y la empatía. Por ejemplo, en diferentes temas sobre políticas públicas o migratorias es importante caracterizar a los grupos influidos por la medida implementada para intentar predecir las reacciones e intereses de ese grupo de personas. Este tipo de ejercicios son útiles también en la vida real, para buscar soluciones a los problemas que nos encontremos y a tomar decisiones.

Para debatir es necesario buscar perjuicios y beneficios, y demostrar por qué unos u otros son más importantes que el material que te proporciona la otra postura. La interacción con los equipos también es un punto de aprendizaje, cada vez se incorpora más la visión europea, mucho más constructiva, donde los debates se ganan con una buena argumentación y comparación con el resto de casos, dejando la refutación en un segundo plano.

Este curso decidí asumir más responsabilidad dentro del club, dentro de la Junta Directiva. Todo este tipo de actividades y formaciones, y la organización y participación en torneos son gestionados por los propios alumnos. Este nuevo enfoque de la gestión de una asociación también me ha mostrado una nueva cara de la realidad que hasta entonces no había visto, pero tener la oportunidad de ver cómo nuevos alumnos se incorporan al club y colaborar en su formación ha sido una experiencia muy gratificante.

En definitiva, la extensión universitaria y en concreto el mundo del debate me ha dado cosas que en un aula ordinaria habría sido incapaz de conseguir. Puedo asegurar que mi paso por la universidad está muy marcado por el mundo del debate y es una actividad que recomendaría a cualquier persona dispuesta a llevar la experiencia estudiantil un paso más allá.